*** La Enfermedad***
El Idioma Antiguo
Diön.- Marca plateada en la piel que sólo tiene la realeza de los elfos
Ebrithil.- Maestro
Bjartskular.- Escamas Brillantes
Rimgar.- Serie de ejercicios físicos que los elfos utilizan para mantenerse en forma y no perder elasticidad.
Un sonido fuerte en la puerta sacó a Murtagh de sus sueños. De mala gana se levantó y abrió. Dio un respingo al ver a Iden parado en el umbral de su habitación. Lo vio con esos horribles ojos negros que poseía, lo estudió. A Murtagh le fastidiaba el aire de superioridad con el que lo estudiaba detenidamente.
Prepárate para salir hacia Helgrid… - le dijo en tono de orden y se dio la vuelta- y… apresúrate – añadió.
Claro- Murtagh cerró la puerta y se dedicó a cambiarse de mala gana. ¿A Helgrid? ¿Qué era lo que necesitaba Iden de ese despreciable lugar? Espina entró en contacto con él.
Ya estás despierto?
Si…- de mala gana- cómo has dormido?
Bien – una excitación se oía en la voz del dragón.
Qué sucede? – preguntó Murtagh sorprendido por aquél comportamiento. En la torre de Iden no había mucho que hacer y estar feliz y ansioso no era algo común ahí.
Hoy saldré de esta jaula! – dijo el dragón.
Murtagh sonrió. Sabía que en esa celda Espina no se podía mover mucho y que necesitaba más espacio, así que un descanso para estirarse y salir volando no les caería mal. Además en el cielo no eran presas de Galbatorix ni del Sombra. Un alivio llenó a Murtagh al ver la situación de esa manera, abrió la puerta y bajó hacia donde estaba Espina. Ahí los dos guardias abrieron la jaula. Espina salió rápidamente hacia el patio. Estiró sus alas, sus poderosas piernas y batió su cola contento.
Te sientes bien?
Claro!- dijo el dragón feliz. Murtagh lo abrazó.
Me alegro mucho- y sonrió. A paso apurado llegó Iden. Junto con él llegó un erdor a muerte.
Veo que ya estáis listos para el viaje…- dijo con malicia- Partiremos en un segundo…- se volteó y habló con un guardia en una lengua desconocida para Murtagh y Espina. Murtagh sin perder tiempo se trepó en la silla de Espina. Tomó aire, como añoraba esos momentos. Iden regresó su atención a Murtagh y al Dragón. Al poco tiempo el guardia le trajó un fino caballo negro- Estáis listos para partir?- dijo el Sombra.
Si…- dijo Murtagh mirando a Espina fijamente. Definitivamente se sentía mejor arriba de él.
Una última cosa…- Iden sonrió con aquel satisfacción que le daba el sufrimiento de los demás- no traten de huir… o lo pagarán caro- su cara adoptó un silencio macabro- todo entendido?
Si…- dijo a regañadientes Murtagh.
Y así empezó su viaje hacia Helgrid; la guarida de los Ra´zac. Un viaje que no entusiasmaba a Murtagh ni a Espina.
-*-*-*-*-*-*-
Eragon se despertó con el ruido del aparato extraño del color y forma de una almendra. Se sentó en la cama y se llevó las manos hacia la cara, preocupado por Aymie. Se levanto lentamente y se fue a lavar con cierta pesadez. Para cuando él había terminado Saphira ya estaba despierta y lo esperaba.
Buenos días pequeñajo, cómo has dormido?
Bien- dijo Eragon con pesar y tomó la bandeja que le habían dejado con comida
Calma, está bien…- le dijo Saphira mirándolo. Eragon no dijo nada y se dedicó a comer lo que le habían dejado. Después se fueron hacia la casa de Oromis. En el trascurso Eragon estubo bastante distraído y callado con Saphira, a veces decía un "si" o un "no" o solo movía la cabeza en senial de aprobación, así que Saphira dejó de intentar hablar con él, sabía que él necesitaba un tiempo para asimilar lo que estaba pasando.
Oromis estaba sentado como de costumbre en la mesa que tenía afuera y escribía apresuradamente en un pergamino. Alzó su sabia vista a Eragon y Saphira que se aproximaban. Glaedr aterrizó delicadamente atrás de Oromis y los miró con sus ojos dorados.
Qué bien que ya están aquí…- les dijo. Cuando se acercaron más, Oromis se paró.
Cómo habéis dormido?
Bien- dijo Saphira. Oromis enarcó una ceja.
Después de tus lecciones podrás ir a ver a Aymie- le dijo a Eragon y le puso sus manos en sus hombros- Pero necesito que pongáis tu mente aquí, y no con ella…
Si, Maestro- respondió Eragon. Oromis sonrió satisfecho.-Cómo esta?
No tan bien como quisiéramos…
Ya saben que es su enfermedad?- dijo Eragon esperanzado aunque una gran parte de él le advertía lo contrario.
No, aun no tenemos idea… No les comento nada en el trascurso del viaje?
Nada, se la cayó…- dijo Eragon triste y cerró los puños para reprimir una ola de lágrimas. Oromis cerró los ojos.
Ahora- dijo cambiándole tema de conversación- empezaréis con Rimgar y tu Saphira iras a volar con Glaedr- Los dos dragones emprendieron el vuelo- Ahora dejadme ver tus habilidades…- Eragon empezó a hacer las primeras poses del Rimgar y poco a poco iba avanzando a las más difíciles. No había perdido tanta elasticidad y estaba haciendo los ejercicios bastante bien para todo el tiempo que los habia dejado de practicar. Todo trascurría bien hasta que recordó a Aymie, perdió el equilibrio y cayó al suelo- levántate Eragon…- le pidió calmadamente Oromis.
Si, Maestro- dijo y reinicio el ejercicio, pero lamentablemente le sucedió lo mismo. Se levanto y Oromis lo observó fijamente, aunque con una mirada inexpresiva.
Debes de poner tu mente en blanco y concentrarte, Eragon- el muchacho asintió. Empezó a concentrarse en los pequeños ruidos a su alrededor, poco a poco la calma se fue apoderando de él, con unas pocas respiraciones dejó su mente en blanco y siguió enfocado en lo que Oromis le pedía. Empezó de nuevo los ejercicios y los culminó con éxito, al terminar su cuerpo le temblaba. Su cuerpo le estaba reclamando las grandes exigencias que Eragon le estaba pidiendo- Bien, no esperaba mas ni menos- dijo Oromis- Ahora ve a lavarte. Eragon se fue a lavar y Oromis lo acompañó.
Maestro…
Si, Eragon?
Sabías la verdad de mí?- Oromis enarcó una de sus cejas.
Explícate…
Me refiero si sabias que era hijo de Morzan y que Murtagh era mi hermano…- dijo lentamente. Oromis bajó su mirada.
No, no lo sabía… Arya nos trajo esas noticias recientemente- le dijo- pero no te dejes gobernar por esa idea, no eres nada parecido a él- dijo Oromis. Eragon pudo notar en su voz un hilo de dolor y enojo aunque no supo la razón.
Maestro, los Jinetes tenían familia?- dijo Eragon vistiéndose de nuevo. Oromis lo miró tristemente.
Los Jinetes no se daban el lujo de tener familias, aún que algunos las tuvieron, no te voy a mentir al decirte que no experimentaban el amor como cualquiera otra persona, pero tenían una vida de deberes y misiones que los mantenían lejos de sus familias y eso no era justo para su pareja…
Por qué no me hablaron sobre Aymie, la vez pasada?- se atrevió Eragon a preguntar.
Porque todavía no convenía que supieses de ella- le dijo Oromis con la serenidad que lo distinguía.
Qué es exactamente la Diön?- preguntó Eragon impaciente por aplacar sus dudas
La Diön Eragon, es una magia muy antigua, se remonta desde mucho antes que los elfos llegamos a Alagaësia; aparte de ser una marca que distingue a la realeza, les da sabiduría y poderes superiores a los demás, con excepción de los Jinetes...
Entonces, la Reina es más poderosa que cualquier elfo que viva?
Si… y no, poderes no necesariamente se refiere a la magia, se puede referir al tamaño de su intelecto, o alguna otra virtud…
Ya había habido una princesa Jinete?
No, en nuestros largos años no había pasado nada semejante, Aymie es la primera que lo es…- a Eragon le llegó una duda- será una leyenda.
Maestro, había sido antes un Jinete una mujer?
Disculpa?- Oromis apretó la mandíbula.
Si… nunca he escuchado de una mujer que sea Jinete, las hubo?- Oromis observó el cielo, luego bajó la cabeza y se puso a meditar.
No…- soltó- Nunca hubo ninguna mujer que fuese Jinete.
Por que?- preguntó Eragon. Su curiosidad empezó a crecer. Además se empezó a maravillar de Aymie.
Eragon, creo que deberías de ir a meditar…
Pero, maestro… quiero saber…
Lo sé, pero este no es el momento más adecuado- después Oromis lo mandó a meditar en el bosque. Eragon había perdido. Al llegar, Eragon le describió todo lo que había visto y oído en el claro- Oromis sonrió satisfecho- Haz progresado notablemente…
Un aleteo se empezó a escuchar y Glaedr y Saphira aparecieron en el cielo azul.
Saphira esta en buena forma…- dijo Glaedr a Oromis
Al igual que Eragon, ahora podéis marcharos- le dijo Oromis a Eragon
Maestro, iré a practicar mañana con Vanir?- añadió Eragon
No, todavía no- le dijo Oromis- ahora podéis ir a ver a Aymie…- Eragon sonrió y se dirigieron a los aposentos de la elfa. Al estar frente a la puerta Saphira lo paró.
Debes recordar que esta en malas condiciones… lo puedes soportar?- Eragon tomó aire.
Si…- y tocó la puerta. Una elfa alta con cabello plateado les abrió la puerta- Quisiéramos ver a Aymie, se puede?
Si…- dijo la elfa en un susurro.
Eragon y Saphira pasaron a la espaciosa habitación de Aymie. Ella estaba en la cama tapada con sus sabanas finas. Eragon empezó a avanzar lentamente. A un lado de la cama estaba una silla de caoba, así que se sentó en ella. Blasse estaba del otro lado con su cabeza recargada en la otra mitad de la gigantesca cama.
Cómo estas?
No muy bien, pero mejoraré…- dijo Blasse sin mirarlos, los ojos de la dragona estaban perdidos en su propia mente.
Nos alegra escuchar eso…- le dijo Saphira y se sentó al frente de la cama.
Aymie estaba pálida, fría y tiesa. Tenía unas pronunciadas ojeras, sus labios humectados estaban partidos, sus lacios cabellos estaban opacos y no dejaba de temblar. Al verla por primera vez Eragon no podía creer que estuviese así. Se sentó afligido y tomó una de sus manos.
No ha despertado?- le preguntó a Blasse sin dejar de mirar a la elfa.
No… ni he podido entrar en su mente… una fortaleza la protege y es impenetrable…
Qué síntomas ha tenido?- preguntó Saphira apenada
No, muchos, en la noche tubo fiebre alta y parece que algo la atormenta… se movía de un lado a otro violentamente… Oromis la ha tenido que amarrar a la cama para que no se lastimará por sus movimientos…- dijo la dragona con dolor y una lágrima recorrió las escamas de su mejilla. Eragon siguió frotando la mano de Aymie hasta que llegó a una correa que la sujetaba fuertemente, y entendió a que se refería Blasse con que la tenían amarrada.
Todo pasará…- la quiso reconfortar Saphira.
Las dos dragonas empezaron a hablar pero Eragon no les prestó atención. Solo veía a Aymie y le sobaba cariñosamente la mano. De pronto Aymie abrió los ojos. Eragon se asustó al ver su pupila totalmente dilatada. Aunque los hubiera abierto estaba ausente y no los podía ver. Se trató de sentar pero las correas que la amaraban no le permitían mucho movimiento. Se empezó a mover violentamente como Blasse había descrito. Trataba de huir de algo por que parecía como si corriese. Unas indescifrables palabras salieron de sus labios. Eragon se concentró para saber que decía… Dejadme… no!...- susurraba con miedo. El ataque le duró como medía hora. Cada vez a Eragon le quedaban menos fuerzas para resistir aquello. Al pasar el horrible ataque Eragon se puso de pie.
Comprendo tu dolor, Blasse y si hay alguna manera de aminorarlo, por favor háznoslo saber…
No hay nada, amenos que Aymie se recupere… pero gracias por su amabilidad- Un sentimiento de lastima recorrió a Eragon.
Nos retiramos, y avísenos si pudiéramos hacer algo…- dijo Saphira y los dos regresaron a su habitación.
La tarde no avanzó como a Eragon le hubiese gustado. La tristeza invadía cada centímetro de Ellesméra, el bosque podía comprender aquel sufrimiento de los elfos y trataba de ser solidario. Los árboles parecían sombras frágiles, los animales murmuraban palabras de pena, las flores se habían cerrado.
Pobre Blasse… no se que haría yo si eso te pasará- le dijo Saphira triste al entrar a su casa.
Calma, no me pasará… - la tranquilizó Eragon
Eragon le había dicho a Saphira sobre sus preguntas a Oromis. Ella al igual que él se sorprendió de que ninguna mujer había sido Jinete antes. Pero también experimentaron un sentimiento de saber más. ¿Por qué Oromis no le habría querido decir más cosas a Eragon sobre el porqué las mujeres no habían sido Jinetes? ¿Por qué habría reaccionado de tal manera? ¿Tendrían un gran secreto? ¿Si hubiese secreto, cuál sería? ¿Sería importante? Ésas y más incógnitas pasaron por las mentes de Eragon y Saphira.
Eragon y Saphira no salieron más de su casa, Eragon tratando de huir del recuerdo fantasmagórico de Aymie se durmió. No despertó hasta la mañana siguiente. La cual trascurrió normalmente y sin ninguna mejoría.
No Eragon, concéntrate más… y trata de mantener de nuevo el equilibrio- lo regañaba Oromis. Eragon con pesar hacía la nueva y difícil maniobra que Oromis le estaba enseñando. Saphira y Glaedr repasaban las tácticas de guerra en el aire. Entre aquel ajetreo llegó un elfo de mediana estatura corriendo.
Oromis y Glaedr Ebrithil Eragon Asesino de Sombra y Saphira Bjartskular- dijo jadeando- la reina necesita que valláis a ver a Aymie, rápido- la alarma alarmó a todos y rápido se dirigieron hacía el cuarto de Aymie.
Al entrar en la habitación solo se podían oír sollozos de la Reina. Islanzadí sostenía un pañuelo y con el se secaba las abundantes lagrimas de sus ojos. Eragon miró a Aymie se retorcía de dolor y parecía que destruiría la cama. Gritaba y lloraba. Las lágrimas de la elfa sorprendieron a Eragon, no eran lágrimas normales; sino de sangre. Eragon sintió que las piernas las fallaban y se apoyo en Saphira que estaba igual de impactada. La cara de Oromis se lleno de sufrimiento. Ante la escena Aymie empezó a decir unas palabras, pero le eran descifrables para todos.
Maestro, por qué esta llorando en sangre?- dijo asustado y en un hilo de voz ya que nunca había visto algo semejante ni se lo había imaginado.
El llanto de sangre es la peor pena y dolor que se puede sufrir, Eragon… Aymie ahora esta sufriendo demasiado…- la respuesta dejo helado a Eragon y un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Eragon se trato de concentrar en las palabras que decía Aymie… al principio sólo le eran letras revueltas pero lentamente empezó a entender aquel murmullo. Al oír aquellas palabras se hizo para atrás, lo que ocasionó que cayera. Rápidamente Oromis y Saphira lo levantaron, pero estaba tieso y temblaba.
Qué ha pasado?
Sus palabras…- murmuró Eragon sin aliento
Que dice? Lo haz entendido?- lo zangoloteó Oromis
Si…- pero fue interrumpido por los gritos de Aymie, esta vez agudos y entendibles…
Blasse…- se movía violentamente de un lado hacia el otro y de adelante hacia atrás. Blasse apoyó su cabeza debajo de la mano fría de Aymie- Eragon… - dijo asustada en un chillido- no!! Saphira!- se retorcía y todos la miraban con lágrimas en los ojos- Arya!! Madre!!- la reina se quiso desmayar al escuchar su nombre- Oromis! Glaedr!- y terminó diciendo un nombre no tan claro. Eragon recuperó las fuerzas y fue hacia donde Aymie estaba acostada. La agarró de los hombros cariñosamente. Ella se dejó de mover un momento, pero de pronto sus correas que le sujetaban sus delicadas muñecas se rompieron y tomó fuertemente a Eragon de sus hombros, lo colocó enfrente de ella, cara a cara- Mátame!!- le susurró pero sin soltarlo.
Y siguió llorando sangre. De nuevo empezó a recitar los nombres, Eragon podía ver la tristeza y el sufrimiento en la cara de Aymie. Apretaba la quijada y tensaba todo su liviano cuerpo. A Eragon se le resbaló una lágrima al oír las últimas palabras entendibles de la elfa.
No! Déjalo en paz… él no tiene la culpa… - la agonía se le notaba en la cara y en su voz- No!! Eragon!!- dejó escapar un grito de agonía que hizo temblar a todo Du Weldenvarden.
Eragon sintió unos brazos que lo sacaban de las manos de Aymie. Era Oromis, el muchacho no puso resistencia por el impacto que las palabras y el grito le produjeron. Oromis lo sacó del cuarto y a Saphira también. Ya afuera Eragon se desplomó, se llevó las manos hacia la cara y dejó que las lágrimas humedecieran su cara.
Ya es hora que se vayan a sus aposentos…- les dijo Oromis recuperándose del grito, aquel grito devastador también había creado gran impacto en él.
Pero…- empezó a decir Saphira, su voz estaba temblorosa- por qué?
Verla en esas circunstancias no es muy saludable para ustedes…- dijo y ayudó a Eragon a levantarse. El chico temblaba al levantarse y le costaba mantener el equilibrio- Estas bien, Eragon?- le preguntó.
Si…- dijo Eragon con un hilo de voz- creo que nos veremos mañana…- dijo limpiándose sus húmedas mejillas.
Nos veremos mañana…- se despidió Oromis y entró de nuevo al cuarto de Aymie.
Eragon trató de caminar pero perdía el equilibrio muy seguido, así que optaron por que Saphira lo llevará a la casa del árbol. Cuando llegaron Eragon se sentó en la cama con la mirada perdida. Saphira al verlo se preocupó.
Estas bien?- le dijo y se acercó para verlo a la cara. Su mirada estaba ausente.
Si…- dijo en un hilo de voz. Su mente todavía no dejaba el recuerdo de Aymie llorando sangre. Era algo tan espantoso verla como sufría. Sacudió su cabeza para que su mente quedará en paz.
Ha sido duro verla así…- admitió Saphira
Crees que se curará?
Eragon, yo no se…- sus palabras se quedaron en el aire. Eragon trató de zafarse del sentimiento pesimista con respecto a la hermosa elfa.
Qué tipo de enfermedad puede causar tanto sufrimiento?- dijo Eragon empezando a llorar de nuevo.
No sé, pero todo saldrá bien…- dijo Saphira y se acercó a él y le lamió la mano.
Gracias…- suspiró- buenas noches…
Buenas noches, pequeñajo- le dijo Saphira cariñosamente.
Eragon se durmió muy pronto. Toda la noche soñaba con el dolor de Aymie hasta que el aparato que Oromis le había dado lo sacó de sus pesadillas. Tenía la frente llena de sudor frío y temblaba. Miró a su alrededor Saphira todavía estaba dormida. Suspiró aliviado de que ya se había acabado sus pesadillas. Se desvistió y se lavó. Al terminar, Saphira ya se estaba despertando.
Cómo dormiste?- le pregunto más alegre que en la noche pasada.
Bien- dijo Saphira en su bostezo, dejando ver sus grandes dientes- y tú? Te encuentras mejor?- él suspiró y tardó tiempo en contestar.
Mejor… - dijo y bajo su mirada.
Desayunó y se fueron a la casa de Oromis. El elfo ya estaba afuera esperándolos. El día empezó con el Rimgar como siempre. Oromis también le enseño unas poses a Saphira para que tuviera más elasticidad. A la dragona no le costó mucho aprenderla y hacerlas. Después se fue con Glaedr para pelear en el cielo. Oromis entró a su casa y sacó unos pergaminos.
Toma, es momento que empieces a memorizar más hechizos…- y le tendió el primer pergamino.
Gracias, Maestro- dijo Eragon y se dedicó a leer el pergamino.
Te encuentras bien?- le preguntó Oromis
Mejor…- dijo Eragon- espero que su sufrimiento le dure poco…- dijo y sintió un impulso de volver a llorar. Pero se concentró más en el pergamino.
Debió de ser muy difícil vela en ese estado…- dijo Oromis y le puso una mano en el hombro.
Gracias…- dijo Eragon y siguió leyendo el pergamino.
