*** Helgrid ***
El Idioma Antiguo
Zar´roc.- Suplicio
El viaje había puesto a Murtagh y a Espina más felices. No estaban en tierra salvo por las noches y no tenían que estar en la espantosa presencia de Iden. Con forme se más sea cercaban a Helgrid a Murtagh le crecía la curiosidad de saber quién era el rehén y por que era tan importante. ¿Qué clase de información valiosa traería al Imperio para acabar con los Vardenos y con Eragon?
Algo que no les daba buena pinta era que el Sombra parecía un poco impaciente por alguna razón. Tanto como Espina y Murtagh sabían que no era algo bueno.
Por otra parte Murtagh pasaba más tiempo preocupado por la elfa. No sabía que planes traía el Sombra y por su naturaleza iba a ser algo que produciría mucho dolor y sufrimiento a la elfa. Se perdía en su hermosura, en sus preciosos ojos verdes, en su cabellera, en sus mejillas sonrojadas y en su bella figura sin imperfección alguna. Aunque lo invadía un sentimiento de culpa al saber que su hermano estaba casado con ella, pero cabía la posibilidad que solo estuvieran actuando para no levantar sospechas. Aún así recordaba la mirada de Eragon al verla; en el recuerdo del guardia, la miraba con extremo cariño. Pero sabría lo que Eragon y la elfa tenían cuando los encontraran.
Al pensar en la elfa, Murtagh fantaseaba con la idea de tener una vida normal, tener un hogar, una familia, una esposa y nunca haber tenido que ser prisionero. Envidiaba a Eragon por tener a su alcance a la bella elfa, pero le mantenía todo esto oculto a Espina para no preocuparlo o hacerlo sufrir con una vida que nunca obtendrían. Murtagh sacudió su mente de esos pensamientos, no acostumbraba quedarse pensando mucho tiempo en sus sentimientos hacia la hermosa elfa por miedo de que Iden lo descubriera y pudiera utilizarlo en su contra.
Otras de sus preocupaciones era que no tenía ni una noticia sobre el último huevo. ¿Se habría prendido? ¿Lo tendrán en su poder los Vardenos o los elfos?
Al atardecer del tercer día se podía ver las montañas donde vivían los Ra´zac. A Murtagh le dio un escalofrío ver las negras y picudas cimas. Pensaron en descender para ver a Iden y saber que era lo que empezarían a hacer. Ya en el suelo, el caballo de Iden se acercó cuidadosamente a Espina que no le quitaba la penetrante mirada de encima.
-Hemos llegado las faldas de Helgrid…- anunció Murtagh al Sombra. Iden se veía particularmente feliz con el gran escenario lúgubre y maldito de su alrededor. Murtagh pensó que para Iden un lugar tan horrible debería de ser cálido y acogedor.
-Bien, para el anochecer estaremos ahí…- se dio la vuelta, ató a su corcel a un árbol y conjuró la magia negra para empezar a ascender.
Murtagh se montó de nuevo en Espina y empezaron a seguir al Sombra que se desplazaba con tal facilidad que pareciese que aquel recorrido ya lo hubiera cruzado varias veces. Ya en la cima el aire se empezó a hacer más denso y más helado; una especie de niebla se empezaba a formar. El aliento de Espina se podía ver claramente al subir cada vez más. En la cima entre las tres puntas más altas y escarpadas había una construcción oscura con grandes puertas de hierro. La morada de los Ra´zac tenía su olor peculiar: podrido. Murtagh hizo una cara de desagrado. Iden sonrió al ver que aquel lugar no le gustara. Se aproximó a la puerta y la tocó fuertemente luego pronunció.
-Soy Iden, dejadme pasar junto con mi compañía…- lo dijo con tanta autoridad que no había peligro que los Ra'zac no lo hubieran escuchado. La puerta dejó escapar un rechinido muy agudo, que lastimaba el sentido del oído. Poco a poco la neblina se fue despejando para dejar ver los cuerpos de los Ra´zac cubiertos con esas capas negras que siempre utilizaban.
-Bienvenidos a Helgrid- dijo el Ra´zac más alto con una voz gangosa y rasposa.
Espina exhaló fuego en señal que estaba disgustado. Los Ra´zac lo ignoraron y los invitaron con señas toscas a pasar adentro. El interior de Helgrid no era menos espeluznante que el exterior. En las paredes desnudas de piedra descansaban aparatos de tortura. Con cada paso que daban se descubrían más aparatos fuertes de tortura. Los Ra´zac estaban al parecer encantados de tenerlos ahí. Los invitaron a sentarse en unos bancos de piedra que tenían en lo que parecía una rustica estancia.
-Nos honra su presencia- empezó a decir el Ra´zac más bajo. Su voz era poco entendible.
-Gracias, pero no hemos venido a pasar aquí el tiempo- lo interrumpió Iden- hemos venido por el rehén… queremos ver que información valiosa le podemos sacar- el Sombra se rió macabramente.
-Claro… lo podrán ver en poco tiempo…
-Háblenos de él, ¿en dónde lo capturaron?- preguntó Iden interesado.
-Lo capturamos cuando el Rey nos envió por el primo del Jinete… a Carvahall…- dijo el Ra´zac más bajo
-El propio padre la ha entregado, para que no se fugara con el resto de los aldeanos…- terminó el más alto. Murtahg pudo percibir el odio hacia los humanos de parte del Ra'zac.
-Es una mujer?- preguntó el Sombra impresionado
-Si… es el amor del primo del Jinete…-añadió el Ra´zac alto con un tono burlón. Ellos no podían saber que era el amor, solo sabían lo placentero que era matar y torturar a cualquier ser vivo.
-Cuando podremos verla?- pregunto Iden
-Si les place, podrían pasar a verla en este instante, aunque es muy arrogante y le falta respeto- dijo el Ra´zac más bajo.
-No nos importa, los recuerdos y las vivencias que tiene son sumamente importantes…- se apresuró a decir Iden.
-Entonces seguidme…- dijo el Ra´zac alto y los empezó a conducir por una cantidad de pasillos con celdas llenas de huesos, que para Murtagh parecían humanos, y un gran número de aparatos de tortura. Se preguntaba con impaciencia cuando podrían marcharse de ahí.
Había una celda que estaba cerrada con varios candados. Los Ra´zac los abrieron sin dificultad y entraron. La celda no tenía nada en especial solo que tenía poca paja en el suelo donde al parecer se dormía la rehén. En la pared había una joven de cabello castaño largo y rizado, atada por cadenas, dos en sus muñecas y otras dos en sus pies. Su piel estaba amarillenta y rasposa. Su cara estaba demacrada por el abuso y los malos tratos. Vestía un vestido roído. Incluso junto a ella, Murtagh y Espina parecían nobles; en los tratos. Un gran sentimiento de pena y lastima llenaron a Murtagh y al parecer también a Espina. Los Ra´zac soltaron las cadenas de sus pies y las de las manos; dejando que cayese secamente.
-Levántate!-le ordeno el Ra´zac más bajo y la empujó para apurarla. A Murtagh le hirvió la sangre y desenfundó a Zar´roc.
-Cuidado!- los amenazo. Los Ra´zac se hicieron hacia atrás.
-No necesito un perro faldero del Rey para protegerme!- gruño la rehén aún en el suelo.
Se paró con dificultad. Espina rugió al escuchar la contestación de la joven. Pero ella solo se movió poco, trató de ocultar su asombro y su miedo. Había escuchado las historias de los antiguos Jinetes y sus maravillosos dragones. Pero siempre había pensado que eran una sola historia para asustar a los niños y para forzarlos a portarse bien. Pero al ser trasladada a la prisión de los Ra´zac había escuchado el rumor que Eragon se había convertido en Jinete, en esos momentos se empezó a preguntar si de verdad existirían los Dragones. Aunque en su niñez había soñado con ellos, pero nunca había soñado con los Ra´zac y con la otra creatura que estaba junto a ellos. No sabía exactamente que era, pero podía sentir su maldad. Cada vez el mundo estaba más loco, dragones, hechiceros, Ra´zacs, Sombras… ¿Qué seguía… Elfos, enanos?
-Quién eres?- le preguntó con saña Iden.
-Soy Katrina de Carvahall… y ustedes?- dijo con odio.
-Somos Murtagh y Espina…- dijo Murtagh apuntando hacia el dragón rojo que estaba afuera de la celda y a si mismo- y él es…- dijo apuntando a Iden- Es un Sombra, llamado Iden… - dijo con cierto recelo, por las palabras que le había dicho hacia unos momentos por tratarla de ayudar.
-¿Y qué querréis con migo?- dijo altivamente.
-Señores…- dijo Iden refiriéndose a los Ra´zac- gracias por traernos hasta aquí, se pueden retirar…- los Ra´zac salieron de la habitación y cerraron la puerta tras ellos…
-Lo que queremos es que nos cuentes todo lo que sepas de Eragon…- dijo Iden sonriendo con malicia…
-¿Y si me negará?- dijo la muchacha. Murtagh se sorprendió del valor de la mujer.
-Te lo sacaremos de una u otra forma…- la muchacha se quedo pensativa un momento.
-Sólo se que vivía en la última granja del valle de Palancar, escapó después que su tío murió por una extraña causa, desde ese entonces no lo he visto ni he sabido nada de él…- dijo arrastrando las palabras
-Dime más, acerca de su familia…- dijo el Sombra cansado de la arrogancia de la chiquilla.
-Eso es todo lo que sé… era un joven honrado y pacifico…- dijo levantando una ceja.
-Estas mintiendo- dijo Iden enseñando sus filosos y amarillentos dientes.
-Eso es mentira- su voz empezó a temblar- ¿qué eres?- dijo con miedo.
-Una de tus peores sueños- dijo Iden con maldad y empezó a entrar en la mente de la muchacha.
Para ser una campesina era muy fuerte, pero no le costó nada entrar a su mente. La muchacha empezó a gritar del miedo y del dolor. Iden corroboró lo que la joven le acababa de decir, además averiguó que ella estaba locamente enamorada del primo del Jinete, un tal Roran… El joven era casi un hermano para el Jinete, al parecer estaban a punto de casarse… qué tierno, pensó el Sombra con asco… descubrió pasajes donde la joven había hablado con Eragon. Después de varios minutos dejó la mente de la joven. Esta cayó a la paja, completamente débil.
-Ya he vaciado su mente… no he encontrado más cosas del Jinete de las que ya sabíamos…- dijo Iden satisfecho del sufrimiento de la muchacha- ya no nos sirve de nada…
-¿Qué? ¿Va a dejar que la maten?- se atrevió a decir Murtagh
-Si- dijo el Sombra dejando ver una de sus sonrisas maliciosas. Se quedo pensativo unos momentos- o tal vez no… he de suponerse que el primo del Jinete, tendrá que venir a rescatar a su futura esposa… cuando lo haga estaremos listos… podría decirnos más él del Jinete que ella…- y se rió- además mis guardias estarían encantados con un manjar como tú- le dijo. La joven se llenó de horror y miedo. Miró a la ventana que tenía barrotes, ya estaba oscureciendo. Salió de la habitación dejando a Murtagh y la gran cabeza Espina en la puerta de la celda de la joven. Murtagh trató de ayudarla a pararse, pero Katrina lo esquivó rápidamente.
-¿Qué te sucede?, solo trato de ayudarte…- dijo en reproche.
-Como ya lo he dicho, no necesito al perro faldero de Galbatorix me ayude…- dijo con enojo- ¿además que confianza le puedo tener a alguien que esta del lado de Galbatorix?
-Yo no estoy de su lado…- dijo Murtagh con enfado.
-¿Así?- dijo ella con sarcasmo- entonces, ¿por qué estas aquí con sus hombres?
-Yo no estoy aquí por decisión propia- dijo apretando los dientes.
-¿Oh si? Supongo que te han obligado, ¿no?- dijo en tono de burla
-Si…
-¿Y con esa lagartija a tu lado?- dijo con sarcasmo. Espina exhaló fuego y quemó la piedra desnuda de la pared, cerca de la joven.
-Es algo que una simple campesina no lo entendería…- dijo Murtagh dándose la vuelta para abandonar la celda.
-¿Una simple campesina? Acaso no crees que te conozco, ¿hijo de Morzan?- la respuesta dejo congelado a Murtagh, ¿cómo era posible que supiera quien era su padre?
-¿Cómo sabes eso?- dijo Murtagh sorprendido
-Los Ra´zac no son tontos, entienden más esta guerra y a cada peón de lo que tu entenderás en toda tu vida- dijo con odio- son unas criaturas detestables, pero están bien informados… conozco toda la historia, sobre los Jinetes de dragón, sobre la gran guerra, sobre los elfos, aunque- añadió- ellos son un cuento de hadas, sobre los apostatas, se acerca de Morzan… el primero y último de los apostatas… si señor, el rey estuvo hace tiempo aquí… ahí me enteré de todo…- Murtagh se sobresalto, la campesina que tenía en frente sabía casi todo.
-¿Qué más sabes?
-Lo suficiente…- dijo altiva
-¿Qué más?
-Sé sobre las derrotas del Imperio contra los Vardenos y sé que esta guerra acabará pronto y tú y todo el gabinete de Galbatorix se podrirán- dijo.
-Te equivocas…- dijo Murtagh apuntándole con su dedo índice- te estas jugando el pellejo… ¿además no extrañas a Roran?- era su turno de jugar con sus sentimientos. La cara de la joven se entristeció- Morirá tan pronto como ponga un pie aquí…- dijo con malicia.
-¡No! ¡Mientes! ¡Él lo logrará!- gritó- además no lo conocen… ¡es mejor que tú!
-Claro que si… lo he visto en batalla… un loco, demacrado y sediento de sangre… tienes razón… él es mejor que yo, él destaza a las victimas con su gran martillo, yo sólo las mató, pero él disfruta haciéndolo…
-¡No, él no es así!- una lágrima rodó por una de sus mejillas.
-Si, no sabes en lo que se ha convertido…- dijo Murtagh- la guerra cambia a la gente o peor aún, las descubre, las hace ver y tal cual son…
-¡NO! Él es mejor persona que tú… ¡que todos ustedes!
-Tal vez… pero tu y yo somos lo mismo…- se suavizó
-Claro que no…
-Si- la interrumpió- un prisionero de Galbatorix, con sufrimiento y dolor…
-Tu no sabes lo que estoy pasando, las cosas que me han hecho… ¡esas atrocidades no tienen nombre!
-Claro que si… tu no estas obligada a servirle a un monstruo, no estas obligada a hacer sufrir a las personas, a matar a gente inocente, a maltratar, a servirle a un demonio- Katrina estaba sin aire- además tu no vez como maltratan a tu otra mitad…- dijo con tristeza. Katrina se quedó un momento para contestar.
-Tal vez… pero tu no estas obligado a pensar en el bienestar de esa persona especial, ¡a preocuparte porque sabes que en cualquier momento lo puedes perder esta guerra, por su sufrimiento!
-Claro que si…-dijo con pena. La dejó en la celda hecha un mar de llanto.
Murtagh al salir escuchó las voces de los Ra´zac agitadas. Se aproximó y empezó a escuchar…
-Es muy arriesgado, Iden y lo sabes bien… hace siglos que eso no se usa, es una formula muy antigua y guarda en ella un gran peligro…- decía el Ra´zac más pequeño
-Tal vez, pero esto nos ayudará quitarnos a un poderoso enemigo. Era indudablemente poderosa…- decía agitado Iden
-¿Pero y si todo fracasa? En eso no has pensado… el Imperio perdería algo más que un Sombra, suponemos que habías visto el ritual de almas, ¿verdad?
-¿A que te refieres?- dijo el Sombra sorprendido.
-Si todo fracasa, la formula tiene que tomar varias almas… que igualen a la persona que le estas queriendo matar… si es tan poderosa, eso tomaría muchas vidas del Imperio…- dijo el Ra´zac más alto. Katrina tenía razón, los Ra´zac sabían más de lo que aparentaban- aunque sean simples humanos, pero son los soldados que combaten en el frente…
-Pero no fracasaré… en pocos días pasará a la etapa final, puedo resistir hasta que eso pase, y nadie ha escapado de la etapa final, ¿no es así?
-Si, pero nadie te lo garantiza, además los elfos también tienen ese libro, lo robaron el la gran batalla de espíritus… si lo recuerdan eso podría ser tu fin… y también él rey no se mostraría muy feliz por tus planes… - le advirtió el Ra´zac bajo. Murtagh estaba atrapado en aquella conversación. ¿A qué formula se referirán? ¿Si no funciona eso significa que Iden morirá? ¿Qué batalla de los espíritus? ¿Qué clase de mal podría ser aquello? Su cabeza estaba llena de dudas. Iden iba agregar más pero el Ra´zac alto los interrumpió.
-Alto, temo decirles que esta conversación ya no es privada…- dijo y salió y tomó a Murtagh por el brazo. Lo agarró con tal fuerza que el muchacho creyó que se lo iba a partir.
-Murtagh…- los ojos de Iden se clavaron en él y denotaban cierto enojo que recorrió a Murtagh- ¿Dónde dormiran?
-En las celdas de la tercera parte…- dijo el Ra´zac alto.
-Creo que es hora de llevar Murtagh y a su dragón a su celda- ordenó el Sombra.
-¡Con gusto!- dijo el Ra´zac bajo. Entre los dos tomaron a la fuerza a Murtagh y lo empezaron a arrastrar. Espina iba a quemarlos pero Iden añadió
-Espina, no hagas ninguna tontería y acompaña a tu Jinete… es una orden- el dragón rojo lo miró con desprecio y siguió a los Ra´zac.
-Los Ra´zac pasaron por la celda de Katrina, dejaron que Murtagh entrara en su celda, después dejaron que el dragón entrara a una mayor y cerraron la puerta con candado. Murtagh y Espina se sintieron otra vez prisioneros. Aunque las dudas y las nuevas cuestiones los iluminaban, ¿qué era la cosa que no querían que se enterasen? ¿Por qué causaría un enojo al Rey? Espina se acomodó en la paja que tenía la celda. Murtagh se acostó junto a él. Y hecho un manojo de preguntas se durmió.
