¡Aloha a todos! Sí, ahora estoy escribiendo más rápido n_n

Disclaimer: Todo lo relacionado a Naruto es propiedad del grande y todopoderoso Masashi Kishimoto.


Capítulo 6: Historias de vida.

Haruka ya no lo pudo aguantar más. Sus piernas no resistieron su peso y cayó de rodillas, pero algo le había evitado el impacto que estaba a punto de recibir. Veía a su alrededor borroso, pero logró distinguir aquello que le había impedido el golpe.

-¿Uh?...¿Arena?..

En medio de la confusión que rodeaba su mente, efectivamente, había arena a su alrededor, la cual la levantó con cuidado y la sentó en una silla. Ella siguió las partículas con la vista, hasta que entraron de nuevo a la calabaza que llevaba colgando el pelirrojo en su espalda, el cual estaba demasiado tranquilo, con los ojos cerrados y los brazos cruzados. Temari y Kankuro vieron lo sucedido sin decir nada.

-Ten más cuidado, niña torpe –le dijo Gaara.

Haruka sabía que tenía que el chico era fuerte, pero no era del tipo de personas que soportaba que los demás le hablaran así.

-Nadie te pidió ayuda y nadie me da órdenes –le respondió.

El pelirrojo la miró con cara impasible al abrir sus ojos. Ella se volvió a poner de pie.

-Detente –le incitó Temari.

-Ya dije que nadie me da órdenes.

-No estoy dando ninguna orden –contestó-. ¿Por qué te levantas como si nada?

-Porque estoy perfectamente bien –respondió sosteniéndose de la mesa y volviéndose a agarrar la cabeza con la mano-. Sólo…necesito…algo de hielo.

Las pulsaciones en su frente se volvieron cada vez más fuertes, obligándola a ponerse de rodillas, hecha un ovillo. Temari se colocó a su lado, entregándole una bolsa con hielo.

Tercer intento para ponerse de pie, se dio la vuelta y fue subiendo las escaleras con cuidado.

-¿No necesitará…ayuda? –preguntó la rubia.

-Déjala –le dijo Gaara.

-Pero…

-Gaara tiene razón, Temari –intervino Kankuro-. Ella parece no querer nuestra ayuda, por el momento estará bien.

-Es que… -insistía la chica-. Parecía que le dolía mucho.

-Opino que sólo era un dolor de cabeza –le respondió el castaño-. Ya cálmate.

-o-o-o-

Haruka venía caminando con dificultad por el pasillo para regresar a su habitación a descansar, no podía concentrarse para evitar el dolor que la estaba abrumando. Se detuvo unas puertas antes de su cuarto, recargándose hasta que su mirada se topó con un lugar que no había visto antes. Una puerta de madera que se encontraba a un lado del baño. Tenía la mente en otro lado y una curiosidad la incitó a ver lo que había allí dentro. Abrió la puerta que rechinó, había una pequeña biblioteca acogedora, con tres estantes llenos de libros y otra puerta que daba directo al balcón de la casa. La chica movió unas delgadas cortinas de color marrón y abrió la gran ventana que dejaba entrar una refrescante brisa que le acariciaba el rostro. Se sintió un poco relajada y se sentó en un gran sofá antiguo, dejando la bolsa de hielo a un lado. Tenía un libro polvoriento en sus manos, que tenía escrita la historia de la Aldea de la Arena. El lugar parecía que no había sido visitado durante unas semanas.

-o-o-o-

Los hermanos habían terminado de cenar, Gaara había salido hace un par de minutos. Kankuro y Temari subieron para ir a dormir, pero algo llamó su atención, la puerta enfrente de la habitación del castaño estaba entreabierta.

-¿Entraste a la biblioteca, Kankuro? –le preguntó su hermana.

-Claro que no, hace mucho que nadie va allí.

-¿Entonces?

Ambos abrieron la puerta con cuidado y la encontraron tranquilamente sentada enfrente de la ventana, con un libro cerrado en las manos.

-¿Haruka? –preguntaron los dos al unísono.

Ella sólo giró ligeramente la cabeza.

-¿Qué haces aquí tan tarde? –inquirió la rubia.

No recibió respuesta.

-Vamos, ya te dijimos que puedes confiar en nosotros –le repitió Kankuro.

-Ya sé que lo dijeron.

-Bueno, ¿entonces podemos saber que haces aquí? –le volvió a preguntar Temari.

-Perdón por entrar así, pero me llamó la atención tanta cantidad de libros, que por cierto, necesitan una limpieza –dijo señalando unas telarañas que estaban en los estantes.

Temari sopló para quitar una capa de polvo, haciéndola toser.

-Hace mucho que no venimos a este lugar –le respondió el marionetista.

-¿Y por qué? –preguntó Haruka.

Los hermanos se miraron.

-Supongo… -dijo Temari-. Que no tenemos mucho que hacer aquí.

-¿Saben todos los libros que tienen?

-Más o menos.

-¿Y los han leído?

-Algunos, no todos –interrumpió Kankuro.

-Deberían venir más a menudo, en este libro, únicamente en este, se habla de todo el pasado de la aldea, desde la fundación con el primer Kazekage hasta que llegó al poder el cuarto.

-¿Cómo conoces el final del libro? –le preguntó Kankuro.

-Ya lo terminé de leer.

-¿T-Tan…pronto O_O?

-Sí, es que tengo memoria fotográfica.

Hubo silencio un momento.

-Él era su padre, ¿verdad? El cuarto Kazekage.

-Sí –afirmó la rubia.

-¿Y lo extrañan?

Los dos se volvieron a mirar.

-No mucho –contestó Kankuro-. La verdad es que no…por él…

Temari le dio un codazo antes de que continuara.

-¿Por él qué? –preguntó Haruka.

-No, nada.

-Mhm…pensé que podría confiar en ustedes, y para poder hacer eso, necesito que respondan a mis preguntas.

-También nosotros tenemos preguntas, ¿nos las responderás?

-De acuerdo.

-o-o-o-

Gaara venía caminando por el techo de su casa, se dirigía a su habitación, mientras se deslizaba por un montículo de arena. Llegó hasta el balcón y su mirada se topó con sus hermanos y esa chica. Los tres estaban platicando, al pelirrojo no le interesaba en absoluto, hasta que alcanzó a oír su nombre. Él no era entrometido en las conversaciones de los demás, pero esta vez sus hermanos estaban hablando de él, y esto, sinceramente le interesaba.

-o-o-o-

-¿Y bien? –preguntaba Haruka-. ¿Qué hizo su padre que no quieren hablar de eso?

-Bueno…no es lo que hizo…con nosotros –decía la rubia-. Sino lo que hizo con nuestro hermano pequeño…con Gaara.

-Verás… -continuó Kankuro-. Gaara no es como nosotros pero…

A los hermanos les costaba demasiado trabajo hablar, presentían que si le decían a Haruka sobre lo que tenía Gaara dentro de él, la chica se iría huyendo y no volverían a saber nada de ella.

-Creo que ya sé lo que quieren decir –interrumpió las miradas de los hermanos.

Silencio sepulcral.

-Él… –continuó la chica-. Tiene al Shukaku en su interior, ¿verdad?

Los ojos de los tres se abrieron como platos, Gaara escuchaba silencioso y oculto a un lado de la ventana de la biblioteca.

-¿C-Cómo lo sabes? –preguntó Temari con cara más que de sorpresa, asustada.

-Yo sé cosas de muchos en esta aldea, incluyéndolos a ustedes.

-P-pero… -dijo Kankuro-. Si sabes que tiene al demonio…tú…¿no le tienes miedo?

-¿Por qué habría de tenerlo?

Los mayores bajaron la mirada.

-Todos o por lo menos la mayoría en la aldea le han tenido miedo desde que era pequeño…incluso nosotros y ahora tratamos de enmendar nuestros errores y recuperar todos esos años perdidos –contestó el castaño.

-Además –dijo Haruka-. He oído que está cambiando, ¿no es así? Ahora se preocupa un poco más por los demás.

-Sí…

Gaara también bajó la mirada.

-No… -siguió la chica-. Yo no le tengo miedo…porque…sé lo que se siente.

Los chicos alzaron la cabeza.

-¿Podemos preguntarte algo? –inquirió Kankuro.

-¿Cómo qué?

-¿Cómo fue que terminaste aquí?

-¿Qué cómo terminé aquí?

-Lo que Kankuro quiere decir –interrumpió Temari con cara de fastidio-. Los ancianos del consejo nos dijeron que tú naciste aquí, en Suna y te fuiste, ¿por qué?

Haruka apretó ligeramente los puños y la cabeza le volvió a doler.

-¿Estás bien? –le preguntó la de las cuatro coletas.

-Sí, sí, sólo es un dolor de cabeza.

-Te lo dije –le murmuró Kankuro, el cual recibió otro codazo en las costillas.

-Verán… -comenzó Haruka-. Sí, yo nací aquí hace 13 años, mi padre era Kinomoto Daisuke, mi madre, Hayashi Akira y mi hermano mayor, Hayashi Jiro. Tenía algo que me identificaba, el color de mis ojos, nunca supe por qué los tenía así, pero no me importó mucho.

-Genial, esto ya nos lo dijo el viejo –pensaba Kankuro-. Esto es lo que pasa cuando Temari mete su cuchara.

-Yo era feliz con mi familia –siguió la chica-. Hasta que cumplí cinco años…

-¿Qué ocurrió? –inquirió la rubia.

-Bueno…fue en mi cumpleaños número cinco, en el que aprendí el poder que había estado dormido durante los últimos años. Todo esto lo recuerdo como si hubiera sido ayer, me habían regalado una pequeña pelota de goma, de color plateado que llamaba mucho mi atención. No es que quiera presumir, pero desde niña aprendía muy rápidamente y tenía el intelecto demasiado alto con respecto a los demás niños de mi edad. Bueno, en fin, con la pelotita, que cabía en la palma de mi mano, empecé a utilizar "este poder", por así decirlo, podía levantar esta esferita con la vista, aunque requería mucha concentración. Al principio creí que era un kekegenkai, pero el problema era que yo no pertenecía a ningún clan con esta característica y que yo supiera, mi familia tampoco, ni mis ancestros, pero seguí pensando que era ese gen lo que hacía que pudiera usar la mente como algo en forma de "telequinesis". Seguí practicando durante un año, hasta que pude levantar objetos más pesados, pero no sólo eso, lograba deformarlos con hacer una presión o movimiento con las manos.

-Perdón por interrumpir –dijo Temari-. ¿Pero…por qué esto intervino en que dejaras la aldea, fue tu familia?

-Para allá voy, sí, tal vez fue mi familia…pero…siempre me dije a mí misma que eso no fue cierto. Cuando ya tenía seis años, una noche les mostré mi habilidad a mis padres, a mi madre casi le da un infarto, me tomó bruscamente del brazo y me llevó a mi habitación, gritándome que no volviera a hacer algo así, que no era normal y yo se lo prometí. Aunque…hay frases que dicen que la naturaleza del ser humano no puede permanecer oculta durante toda la vida y eso mismo me ocurrió. Un día, iba caminando con unos amigos de mi clase a la tienda, hasta que nos topamos con un hombre de unos cincuenta años. Un pequeño niño estaba contra la pared, con ese hombre sujetándolo por el cuello. A mí me dio una rabia extrema ver esa escena, y fue ese odio lo que hizo que volviera a usar eso que había practicado durante un año…mi ira tomó el control de mis acciones, logré separar al hombre del niño, elevándolo a unos dos metros del suelo, lo fui estrujando lentamente hasta que perdió el conocimiento, cuando lo dejé caer, yo ya había recobrado la cordura, pero creo que le debí haber roto varios huesos. Mis amigos estaban tan asustados que echaron a correr. Para cuando llegué a mi casa, mis padres me miraban con cara de odio y temor mezclado. Muchos más habían visto lo que hice…y le reclamaban a mi familia que era un peligro si no lograba tomar consciencia de lo que hacía. Me pasó algo similar a Gaara…me empezaron a llamar "monstruo".

Temari, Kankuro y hasta Gaara escuchaban atentamente cada palabra de la chica.

-No podía soportar que me trataran de esa manera por mucho más tiempo, una cosa era que los demás me miraran con indiferencia…pero…¿mi propia familia? –una lágrima rodó por su mejilla tratando de contenerla. -. Otro día venía caminando por la tarde, mientras todas las madres les decían a sus hijos que no se me acercaran, todo era dolor hasta que me encontré con él…


¿Qué fue lo que pasó con Haruka para que se comporte de esta manera? Más de su pasado en el siguiente capítulo.

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¡Sayonara!