Uff…hace mucho que no escribía XD. Veamos que tal queda este capítulo, ya me gustó hacerlo en partes XD.

Disclaimer: Todo lo relacionado a Naruto es propiedad del grande y todopoderoso Masashi Kishimoto, ¡que hizo que Gaara y sus hermanos volvieran al manga! (¡Que guapos!) (Bueno…esta noticia ya todos la han de saber pero de hecho es nueva porque no es el día en que publico el capítulo XD).


Capítulo 18: La leyenda del samurái fantasma.

Los shinobis de Konoha y Suna llegaron al pequeño pueblito, muy desconcertados por lo que veían.

-¿Qué está pasando aquí? –preguntó Neji mientras los chicos venían caminando en busca de un lugar donde pasar la noche.

-Algo me huele mal… -dijo el Nara mientras giraba los ojos por todos lados.

-Lo siento –expresó Naruto-. Se me salió.

Absolutamente todos se alejaron tres pasos del chico.

-No me refería a eso, Naruto –continuó el chunnin-. Pero gracias por la información.

Los ninjas quedaron varados a la mitad del pueblo.

-¿Por qué no hay nadie? –inquirió Sakura-. Apenas está anocheciendo.

Gaara se acercó a una casa y dio unos leves golpes en la puerta. Una asustada mujer de tez blanca y cabellera castaña se asomó por una ventana. Rápidamente dejó que todos entraran.

-¡¿Qué hacen afuera a estas horas? –preguntó la señora.

-Somos ninjas de Konoha –contestó Kiba-. Venimos en una misión.

-¿Quién es usted? –le preguntó Kankuro.

-Mi nombre es Yoshida Kanna.

-¿Podemos preguntarle qué es lo que está sucediendo? –inquirió Hinata.

-Se nota que no son de por aquí –respondió la dama temblorosa-. Este pueblo es asediado por un fantasma.

-¿U-Un fantasma? –inquirió la rubia incrédula.

-Así es –continuó la mujer con sus ojos verdes puestos fijamente en ellos-. Es el samurái que busca su venganza.

-¿Un samurái? –preguntó Haruka.

-Así es –volvió a responder la señora-. Siéntense por favor, les contaré la historia y pueden quedarse aquí esta noche.

-Vaya –murmuró Shikamaru-. Nos sacamos la estancia sin tener que pagar.

Una vez que dejaron al hombre capturado amordazado e igualmente que seguía inconsciente, los shinobis dejaron sus armas y se colocaron en una amplia sala de estar.

-Verán –comenzó Kanna con su relato-. Hace muchos años, vivía un gran samurái llamado Yamamoto Daichi, era el protector de esta pequeña aldea, la mayoría lo admiraba por su valentía, su fuerza, y sobretodo su sabiduría. Tenía una esposa, aunque no recuerdo su nombre, pero era una mujer muy hermosa y sumamente amable. Un día hubo un tumulto de varios ninjas de un país lejano. Daichi protegió con coraje al pueblo, pero ni con todo eso pudo proteger a lo que más amaba, a su mujer. La encontró muerta en su casa una vez terminada la revuelta. Su cabeza cercenada dejó un rastro de sangre por todo el lugar, pero sólo pudo localizar el cuerpo de la dama. El hombre quedó totalmente devastado, tanto que perdió la razón y se quitó la vida incrustándose su espada en el corazón. Desde aquel entonces su fantasma asedia este lugar, buscando venganza de aquellos que le arrebataron a su amada. Y siempre que hay alguien afuera al oscurecer, termina muerto, y especialmente…decapitado, como recuerdo a su esposa.

-Yo me largo de aquí –dijo Naruto mientras se ponía de pie y Kanna lo detenía por un brazo.

-No, jovencito –le incitó-. Si sales, terminarás muerto.

-Disculpe… -dijo Haruka-. ¿Puedo pasar a su baño?

-Claro, linda, está al final del pasillo a la izquierda.

-Gracias, debo ir a vomitar –respondió la peli-violeta corriendo con una mano en la boca.

-¿Y a ésta qué le pasa? –preguntó Kankuro extrañado.

-Chicos –dijo Shikamaru poniéndose de pie-. Tenemos que avisar a Tsunade que demoraremos más en llegar.

-¡¿Qué? –exclamó la Haruno-. ¿Qué tienes planeado, Shikamaru?

-Vamos a detener a "este fantasma".

Naruto se desmayó al instante. Haruka llegó por un lado completamente verde.

-Se supone que la que se sentía mal era yo –respondió viendo al rubio pálido tirado.

-¿Por qué rayos fuiste a vomitar al baño? –le preguntó el marionetista.

-Me sentí mal al oír la historia…

-Ay, por favor –continuó el castaño-. Que niña eres.

-Gracias por notarlo.

-No me refiero a eso tarada, ¿eres un ninja y te da miedo oír hablar de sangre?

-La sangre no me da miedo… -contestó la Hayashi-. Me da náuseas ver cabezas…uff…tengo que regresar al baño –dijo mientras volvía a salir corriendo.

Una vez que Haruka se encontró normal y cuando lograron finalmente despertar a Naruto, el Nara ideó una estrategia.

-Bien, no es de nuestra incumbencia, pero lo mejor será que ayudemos aquí. Mandaremos un mensaje a Tsunade.

-¿Y qué hacemos con el hombre? –preguntó Lee indicando al ninja que estaba despertando.

-Yo me encargaré de él –intervino la mujer dándole un sartenazo que lo volvió a mandar a dormir.

-¿Cómo le mandaremos el mensaje a la Hokage? –inquirió el Inuzuka.

Los Sabaku No miraron a Haruka.

-¿Por qué me miran a mí?

-Llama a tus halcones –respondió Temari.

-Oh, claro.

La kunoichi hizo su sello con las manos.

- I-inu-tori-saru-hitsuji. ¡Jutsu de invocación!

Al instante apareció un ave de color café claro.

-¡Ey! ¿Ahora qué sucede? –preguntó el pequeño mirando a todos lados.

-Genial… -murmuró Haruka-. Tenía que ser él…

-Oh, Haruka –siguió su aliado-. Por Kami…¿tienes que verte tan mal cada vez que vengo?

-Sí Kei –respondió la chica-. Es por eso que diario me alegra verte…eres tan simpático –concluyó con una sonrisa forzada y un tic en el ojo.

-¿En qué quieres que te ayude?

-Necesito que lleves esto a Konoha, es un mensaje importante para la Hokage, dile que te mandan los shinobis de Suna.

-De acuerdo –contestó el pequeño mientras salía volando con el papel en las garras.

-¿Estás segura de que llegará hasta Konoha? –preguntó el Hyuuga.

-Claro que sí –respondió la peli-violeta-. Al menos que se estrelle con un árbol…Kei es muy torpe volando en la oscuridad…debió venir su padre –dijo mientras agachaba la cabeza.

-El mensaje ya fue enviado –dijo el chunnin-. Este será el plan. Necesitamos salir de aquí, nos ocultaremos detrás de los árboles que están a lo largo del pueblo. Naruto, ocupo que tú seas el señuelo, por así decirlo.

-¡¿Y por qué yo? –exclamó el rubio.

-Porque eres el que más rápido corre…al menos que tengas miedo.

-¿M-M-Miedo? ¡Jaja! Por favor, ¿yo?, ¿miedo? ¡Claro que no! –respondió con las piernas temblando.

-De acuerdo –siguió el Nara-. Los demás, trataremos de atacar o hacer que esa cosa se vaya para lograr que descanse.

-¿Y qué tal si no es un fantasma? –preguntó Hinata-. Tal vez sólo sean historias.

-Tal vez… -dijo el pelirrojo-. Pero es mejor investigar.

-Ustedes cuatro –continuó Shikamaru indicando a los de la Arena-. Necesito que se queden aquí, serán el respaldo sorpresa por si algo sale mal.

-De acuerdo –asintieron.

-¡Vamos todos!

Al momento de salir, Naruto se quedó tomado de los marcos de la puerta.

-¡Sal ya, Naruto! –exclamó Sakura empujando al rubio que yacía con lágrimas en los ojos.

-¡Yo no quiero que me corten la cabeza! –gritó el chico sosteniéndose lo más que podía.

Todos seguían empujando pero el portador del Kyuubi continuaba resistiendo.

-Ay, por favor –dijo Haruka-. Más de cinco shinobis, ¿y no pueden sacarlo de aquí? Apártense.

La kunoichi alineó una de sus manos en dirección a Naruto, tomó aire y le dio una patada tan fuerte que lo mandó de bruces a mitad del pueblo.

-Uy…creo que me pasé…

-¡¿DE VERAS? –exclamó el Uzumaki encolerizado.

-¿Te encuentras bien, Naruto? –preguntó el Inuzuka.

-¡Perfecto! –respondió el aludido sarcásticamente-. ¡Tragándome la tierra no podría estar mejor! ¡Tiene un sabor exquisito, ¿no quieres probarla?

Una vez que todos tomaron su puesto, el rubio se encontraba temblando a mitad del lugar.

-o-o-o-

-¿Creen que todo saldrá bien? –preguntó Kankuro dentro de la casa con los otros tres shinobis, mirando por una ventana.

-Claro que sí –respondió Haruka-. Después de todo es Naruto –dijo cerrando los ojos.

Pasados dos segundos los volvió a abrir.

-Oh…oh…

-¡Ahhh! –gritó Temari-. ¡Que alguien salga a ayudarlo!

-Si lo pusieron allí es por algo, Temari –contestó su hermano menor.

-¡Pero es Naruto!, ¡Kankuro! ¡Ve a ayudarlo antes de que lo decapiten!

-¡¿Y por qué no vas tú?

-¡Porque soy tu hermana mayor y te lo ordeno!

-¡Que vaya Gaara!

-¡Te dije que fueras tú!

El castaño miró indeciso por todos lados.

-¿Qué te sucede? –le preguntó Haruka.

-Bueno…yo…se los diré si prometen no reírse.

-Kankuro –dijo la rubia-. Somos tus hermanos, nos vamos a burlar de todos modos.

-Sí –siguió la peli-violeta-. Y yo soy tu amiga, así que mi burla será mayor.

-De acuerdo –dijo el marionetista suspirando-. Es que yo le tengo miedo a los fantasmas.

Temari y Haruka estallaron en carcajadas.

-¡Y pensé que Naruto era el miedoso! –gritó la Hayashi mientras se tiraba al suelo sosteniéndose el estómago.

-¡Debes ver tu cara! –gritó Temari agarrándose de una silla para no caerse.

-¡¿Y QUÉ USTEDES NO ESTÁN ASUSTADAS? –inquirió furioso el ninja.

-¡Claro que no! –exclamó su hermana-. ¿Y qué vas a hacer? ¿Encerrarte en un armario en lo que terminamos esta "misión extra"?

-Si elijo esa opción… -continuó el marionetista-. ¿Me llevarían comida?

-¿Acaso nos viste cara de meseras? –inquirió Haruka.

-Por favor…los fantasmas no existen –dijo la rubia-. Tal como dijo Hinata, han de ser puros cuentos.

-¿Ah, sí? –inquirió el pelirrojo señalando algo afuera de la ventana-. ¿Por qué no se lo preguntan a él?

La piel de las chicas y Kankuro se erizó completamente al ver una figura blanca de un hombre descender y llegar hasta el suelo, a pocos metros de distancia de Naruto.

-¡AHHHHHHHHHH! –se oyeron los gritos del pobre rubio, que salía corriendo despavorido.

-¡Ahora! –exclamó Shikamaru mientras todos salían al ataque.

Después de varios intentos fallidos de daño hacia el adversario, que por cierto…todos los objetos lo traspasaban, los shinobis de la Arena salieron en su ayuda. Los habitantes del pueblo veían con asombro lo que estaban haciendo los jóvenes. El samurái dio su lucha sacando una afilada espada.

-¡La llama de la juventud no está despierta en la noche! ¡Ayuda! –gritó Lee mientras escapaba de la enorme cuchilla que se dirigía a su cuello.

Sakura lanzó unas shuriken que lograron evitar aquel corte mortal.

-No vamos a poder con esa cosa si no lo podemos atacar pero él sí a nosotros –dijo Temari.

-¿Y qué esperabas? –preguntó su hermano castaño-. ¡Te dije que íbamos a morir!

-No vamos a morir idiota, además, eso nunca lo dijiste –respondió Haruka.

-Bueno…pero lo pensé.

Una pequeña vela encendida afuera de una casa hizo que se iluminara el prendedor que la Hayashi traía en su cabello, desviando un rayo de luz hacia el fantasma, el cual, rápidamente se alejó de ese lugar.

-¡Eso es! –exclamó la kunoichi-. Es un fantasma y por ello le teme a la luz.

-¡¿Y de dónde sacamos luz a estas horas? –gritó Naruto esquivando un cuchillazo.

-Piensa Haruka –se decía a sí misma.

-Si Haruka –siguió Kankuro-. Nadie te está presionando…¡pero esa cosa se dirige hacia acá, así que pon a trabajar a tu pequeño cerebro!

-Veamos…si la luz…un momento –dijo la Hayashi cambiando de tema-. ¡Mi cerebro no es pequeño! ¡Por lo menos no tiene telarañas como el tuyo!

-¡Concéntrate Haruka! –gritó Temari al ver al samurái acercarse a ellos.

-¡Lo tengo! Gaara, manda un poco de tu arena hacia el fantasma.

-¿Qué piensas hacer? –inquirió el pelirrojo.

-Ya lo verás.

Gaara abrió su calabaza y un montículo de granos amarillos se colocaron flotando sobre el hombre muerto.

-¡Muere, samurái! –se oyó a Naruto gritar desde el otro extremo.

-Él ya está muerto, idiota…pero que buen respeto por los difuntos. –dijo el Hyuuga.

Haruka tomó la vela que se hallaba en el suelo. Iba a mandar una gran cantidad de fuego con la ayuda de Temari para lograr hacer que la luz lo ahuyentara, pero la suerte no estaba de su lado. El viento sopló fuertemente apagando la llama y el fantasma tenía acorralados a los tres hermanos contra un muro de piedra…

Continuará…


¡Buahahaha! ¡Adoro el suspenso! ¿Ustedes no? n_n

Bueno, tendrán que esperar para saber qué es lo que pasa en el siguiente capítulo, ¿se salvarán los Sabaku No? ¿O terminarán lastimados, como sus demás compañeros?

¡Nos leemos la siguiente semana! ¡Sayonara!