¡Sí! He vuelto a las andadas. Por fin, después de siglos. Ay, es que si vieran cómo está mi pobre agenda T_T. No hay ni un espacio libre. Bueno, no entretengo. Disfruten el capítulo. Ahora que me doy cuenta, ¡ya llevo un año escribiendo esta historia! =). Hurra por el aniversario número uno. 11-04-10.
Disclaimer: Todo lo relacionado a Naruto es propiedad del sabio genio Masashi Kishimoto, el creador del mejor animé del mundo.
Capítulo 26: Cuarto día de entrenamiento.
Los Sabaku No tuvieron que pasar la noche en el hospital, por una parte para recuperarse de las heridas y por otra, el hecho de que Haruka no había despertado.
A la mañana siguiente, el primero en levantarse fue Kankuro, seguido por su hermana pocos minutos después.
-¿Y Gaara? –el castaño iba caminando por los pasillos del hospital junto a la de las cuatro coletas.
-Ya lo conoces, debió haber salido. No creas que el hospital de noche le hubiera parecido divertido.
-Tienes razón. ¿Crees que Haruka haya despertado?
-No lo sé. Si quieres vamos a buscarla -en su camino se toparon con Tsunade.
-Buenos días Hokage-sama –ambos hicieron una reverencia.
-Buenos días chicos. ¿Van hacia donde Haruka? –preguntó como si leyera sus mentes.
-Pues sí –contestó el marionetista-. Queríamos ver si ya había despertado.
-Creo que será pronto –habló la Godaime dirigiéndose a la habitación de la peli-violeta seguida de los hermanos.
Al abrir la puerta, los tres se toparon con el pelirrojo.
-¡Gaara! –Temari se sorprendió-. ¿Qué haces aquí?
-Está a punto de despertarse –dijo sin rodeos el menor.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí? –cuestionó su hermano.
-Mmm…unos cinco minutos. Entré por la ventana ya que la aldea se me hizo más aburrida que este hospital, sin ofender –miró hacia Tsunade.
-No te preocupes –replicó ella-. Últimamente no pasa nada interesante en este lugar, al menos que te topes con Naruto y haga alguna tontería.
-Mhm, ni que lo diga –la Sabaku No se burló por lo bajo.
La Hayashi abrió sus ojos poco a poco al escuchar voces leves a su alrededor.
-¡Haruka! –exclamó Temari acercándose a su amiga-. ¿Cómo te encuentras?
-Bien…creo –respondió tajante mientras se sentaba lentamente en la cama-. ¿Qué sucedió? –entonces lo recordó todo y sus ojos se abrieron desmesuradamente.
-Chicos –habló Tsunade-. ¿Podrían dejarnos a solas un momento?
Los tres asintieron y salieron de la habitación.
-¿Qué haces Kankuro? –preguntó su hermana viendo al castaño pegado a la puerta.
-¿Tú qué crees? Quiero escuchar lo que pasa.
-o-o-o-
-Haruka –dijo seriamente la Hokage sacando a la Hayashi de su trance.
-¿Sí, Tsunade-sama? –preguntó tratando de apartar la mirada.
-Sabes lo que ocurrió, ¿no?
Ella sólo pudo asentir con la cabeza.
-¿Por qué lo hiciste? –le reprendió duramente-. Te dije que el entrenamiento continuaría ayer, fue por esto precisamente por lo que no quería que te quedaras sola. Lo que hiciste fue algo realmente impertinente.
La peli-violeta agachó la cabeza.
-Sabes perfectamente lo que hiciste, pudiste haber lastimado a alguien, y no a cualquier alguien, sino a tus propios amigos. ¡Fue una insensatez! No quiero que se repita. Entiéndelo, no sólo pudiste dañarlos a ellos, pudiste haberte lastimado a ti misma, tanto física como mentalmente. Vienes recuperándote de varias crisis que marcaron tu vida y no estás en condiciones como para volver a usar ese tipo de poderes –Haruka, más que enojada con la Hokage, se veía frustrada y decepcionada consigo misma-. Es por ello que tanto yo, como los Sabaku No te vigilaremos para evitar que vuelva a ocurrir algo como lo que pasó ayer.
-¿Ayer? –inquirió.
-Sí, estuviste dormida desde ayer. Ya te lo dije, no quiero que se vuelva a repetir. Es por ello que cuando te sientas mejor, continuaremos con tu entrenamiento, bajo mi supervisión.
-¿Qué? –preguntó Haruka abriendo los ojos moderadamente.
-Lo que oíste. Te espero cuando estés lista.
-¡¿Por qué lo hace? –Tsunade estaba a punto de girar la perilla de la puerta cuando fue interrumpida por el grito de la kunoichi-. ¡¿Acaso no vio el daño que causé? ¡¿No me tiene miedo sabiendo que lo podría volver a hacer y que usted no estará presente?
-Es por ello mismo que debes aprender a dominarlo ya –la rubia la interrumpió.
-¿Por qué lo hace? –se tranquilizó un poco.
-Porque soy la Hokage y ayudar es mi deber –la Godaime reanudó su camino mientras Kankuro caía al suelo por haber estado recargado sobre la puerta.
Los tres hermanos estaban uno detrás del otro esperando por quién entraría primero. El marionetista ingresó seguido por Temari y el pelirrojo.
-Parecemos los tres reyes magos en fila india hacia el pesebre.
-No empieces con tus estupideces, Kankuro –le reclamó su hermana-. ¿Cómo te sientes Haruka?
-Bien –respondió lacónica.
Hubo un momento lleno de un silencio incómodo.
-Lo siento –la Hayashi rompió el hielo mientras apretaba los puños fuertemente contra su cuerpo-. No fue mi intención herirlos –dicho esto salió corriendo de la habitación con la mirada hacia el suelo.
-Parece que sí le afectó –el pelirrjo siguió el camino de la chica con la mirada.
-o-o-o-
Los Sabaku No fueron "dados de alta" y salieron del hospital casi al mediodía. Habían buscado a su compañera desde en la mañana, pero desde que desapareció del cuarto, no pudieron hallarla.
-¿Dónde estará Haruka? –preguntaba el marionetista mientras una recepcionista apuntaba algunos datos sobre los tres.
-¿Haruka? –preguntó la mujer, de unos treinta años de edad-. Ese nombre me suena. ¿No es una chica con un color de cabello llamativo?
-Sí, como morado –contestó la rubia.
-Ah, sí, ella –trataba de recordar-. Creo que se fue hace una media hora.
-¿Se fue? ¿A dónde? –inquirió Kankuro con curiosidad.
-No lo sé –respondió-. La Hokage me dio órdenes de dejarla irse cuando se sintiera mejor y así fue.
Los tres se miraron entre sí mientras se dirigían a la salida.
-¡Chicos! ¡Chicos! –llegó corriendo un rubio mirando a los hermanos-. Me enteré de lo ocurrido y vine a verlos. ¿Cómo se encuentran?
-Bien Naruto –respondió Temari.
-¿Y Haruka?
-No lo sabemos –contestó el pelirrojo-. Se esfumó hace un par de horas.
-Mhm…ya veo. Debió ser algo cruel lo que sucedió, considerando ustedes saben, por lo que ha pasado.
-Sí… -el marionetista murmuró por lo bajo.
-Espero que se recupere –el Uzumaki era realmente sincero-. ¡Nos veremos luego! ¡De veras!
-¿Y a dónde vamos ahora? –Kankuro se estaba desesperando.
-A la casa, no nos queda de otra –la rubia se resignaba lentamente-. Probablemente la encontremos ahí.
Los hermanos continuaron su camino hasta llegar a su destino.
-¿Haruka? –preguntó Temari sin obtener respuesta.
-Parece que no está… -Kankuro miró por algunos lados sin hallarla.
-Creo saber dónde se encuentra –el pelirrojo se dirigía hacia el exterior.
-¿Gaara? –la de las cuatro coletas veía a su hermano menor con curiosidad.
-Sólo síganme.
El marionetista y la maestra del viento lo siguieron.
-Uff –Temari movía su mano enfrente de su cara-. Algo apesta aquí.
-El que lo huele se lo echó –contestó el castaño.
-Por Kami…creo que perdí el sentido del olfato.
Los tres siguieron avanzando hasta llegar a los campos de entrenamiento.
-¿Qué hacemos aquí? –preguntó Kankuro viendo el árbol contra el cual Haruka lo había hecho estrellarse.
Pero el pelirrojo no se molestó en contestarle. Caminaron otros cuantos metros hasta llegar a una de las zonas más alejadas. Conforme se fueron acercando, pudieron divisar a tres figuras.
-o-o-o-
-No, no y no –repetía la mujer-. No tienes que dejar salir todo ese poder así de rápido, es por ello que te sales de control.
La Hayashi suspiraba duramente y seguía dispersando su chakra de una manera sumamente lenta, algo que la desesperaba mucho.
-Hokage-sama –habló Temari saludando-. ¿Qué hacen aquí?
-¿Mhm? Le dije a Haruka que cuando se sintiera mejor, nos pondríamos a entrenar.
La peli-violeta mantenía la cabeza baja y se concentraba en lo que debía hacer.
-Chicos –intervino Shizune acercándose a los Sabaku No y alejándolos un poco-. No es conveniente que estén aquí. Haruka se siente realmente mal por lo que pasó y por ahora necesita aprender a controlar su técnica.
-No le tenemos miedo –aclaró firmemente el marionetista-. Incluso, si vuelve a salirse de control, Tsunade-sama está aquí para ayudarnos, no hay de que temer.
-No lo digo por eso –la peli-negra trataba de convencerlos para que se fueran-. Es algo complicado.
-Tenemos tiempo, dínoslo –demandó la rubia.
-Lo que sucede es que su mente está afectada por lo sucedido y digamos que le puede resultar perturbador estar con las personas que hirió.
Hubo miradas de confusión. Shizune suspiró profundamente.
-Miren, Haruka no está en excelentes condiciones psicológicas.
-De que está loca, eso ya lo sabemos –habló Kankuro-. Todos lo estamos un poco.
-Para menso no se estudia…se nace con eso, y por desgracia tenía que ser mi hermano –Temari se lamentaba-. Es más, si hubiera profesiones para ser el más idiota, Kankuro sería el jefe de todos, él en compañía de Naruto.
-No me refiero a eso –continuó la pelinegra-. Saben que cuando una persona tiene una pérdida, no se recupera completamente. Haruka ha estado afectada desde la muerte de toda su familia y no se ha repuesto del todo y menos con lo que acaba de pasar. No está tan estable de su mente por el momento.
-De acuerdo –la rubia se resignaba mientras emprendía su marcha de regreso a la casa.
-¿Temari? –preguntó el castaño mirando a su hermana mientras Gaara avanzaba también.
-Creo que no tenemos nada que decir –habló éste último-. Vámonos ya.
El castaño no tuvo más remedio que seguirlos.
-o-o-o-
El marionetista tamborileaba sus dedos sobre la mesa, realmente incómodo.
-Cálmate ya, Kankuro –Temari trataba de tranquilizarlo mientras colocaba varios platos enfrente de cada uno-. Has estado así desde que regresamos de los campos.
-Haruka ha estado fuera desde hace más de seis horas.
-¿Y eso qué? –le reclamaba el pelirrojo-. Ese tipo de entrenamientos debe llevar su tiempo.
Justo en ese momento, la puerta de la entrada se abrió lentamente dejando ver a una Haruka en muy mal estado.
-¡Haruka! ¡Por Kami! ¡¿Qué pasó? –la rubia se acercó corriendo hacia su amiga.
La peli-violeta sólo movió la cabeza apartándola de su camino con el brazo para dirigirse hacia su habitación. Tenía la ropa rasgada y su falda completamente destrozada. Varios raspones cubrían todo su cuerpo al igual que las manchas de sangre.
-¿Qué rayos pasó? –preguntó Kankuro con los ojos abiertos como platos –su hermana sólo hizo un gesto de negación y se sentó abrumada.
-La veo muy desinflada –dijo ella con una mano sobre la frente.
-¿En serio? Yo la veo bastante gordita.
-No eso, tonto, ¡deprimida!
El castaño subió para ver el estado de su amiga mientras la voz del menor lo detenía.
-Si vas allá arriba, ella te hará pedazos.
-Espero que lo digas en el buen sentido.
-Es mejor que no vayas –intervino también la de las cuatro coletas-. Apoyo a lo que dice Gaara, parece que no quiere compañía y si tratas de verla…es posible que te golpee.
-No me importa –subió las escaleras rápidamente para tocar levemente a su puerta-. Oi, Haruka, ¿puedo pasar? –sabiendo que no recibiría respuesta, entró asomando la cabeza con sutileza.
La Hayashi se encontraba sentada en el suelo, con la espalda desnuda, y limpiándose varias heridas con alcohol.
-Maldita sea Haruka, ¿qué demonios te puso a hacer Tsunade? –estaba realmente sorprendido de que su compañera llegara en una pieza-. ¿Necesitas ayuda? –preguntó viendo cómo curaba una cortada que se veía algo profunda-. Oi Haruka –trataba de llamar su atención-. ¿Te quedaste muda o qué?
-Son detalles anodinos –contestó sucinta mientras se bajaba su blusa y salía por la ventana en un salto.
-o-o-o-
-Bueno, parece que sigue vivo –Temari veía cómo su hermano llegaba y se sentaba junto a la mesa-. ¿Y bien?
-Nada –respondió con un largo suspiro-. Creo que está molesta, aunque no sé por qué. Pero de lo que sí estoy seguro es que esa Tsunade se está sobrepasando del límite.
-¡Ten más respeto por ella! –le reclamó la rubia-. Sabes que por algo es la Hokage.
-Ya lo sé, pero de verdad se excedió en el entrenamiento de Haruka. Cuando entré a su cuarto tenía toda la espalda llena de lesiones, como provocadas por un kunai.
-¿No te dijo nada? –el pelirrojo intervino en la conversación.
-Que eran detalles anodinos.
-Por Kami –la de las cuatro coletas no se lo creía-. Acaba de salir del hospital y ya quiere volver a terminar en él. ¿Y a dónde se fue?
-No lo sé. Te digo que parecía que no me quería ni dirigir la palabra.
-Espero que no vaya a hacer locuras –la rubia miraba atentamente una gran luna que brillaba en el cielo a través de una ventana.
-o-o-o-
-Tengo que perfeccionar esta técnica –la Hayashi se encontraba sentada en el la cima de un árbol-. No permitiré que vuelva a pasar algo así, nunca más –desquitó la frustración que sentía partiendo todo el tronco a la mitad. Sólo la luz blanca del cielo alumbraba sus acciones en medio de la oscuridad.
Bueno, este es el fin del capítulo 26 n_n. ¡Estoy tan feliz de volver a escribir! ¡El final está cada vez más cerca y lo más bueno se aproxima! Nos leemos en la próxima. Lo malo es que ya empiezan mis exámenes. ¡Maldita sea! Bueno, ya que.
¡Sayonara!
