Todos los personajes pertenecen a S. Meyer.

Capítulo II- El Renacer

Hoy como cada viernes me tocaba comprar algo de comida, comida que siempre iba a parar al comedor social, en Forks apenas se pueden guardar secretos y una familia que no compra comida sería algo muy sospechoso. Había olvidado el sabor de la carne, de las verduras, el olor del pan recién hecho, el sentirse vivo. Ahora solo podía recordar muy a mi pesar ese olor a óxido de la sangre, al principio me daba asco de lo que me había convertido, no era una persona era un monstruo, o al menos eso pensaba hasta que me di cuenta de que podía ayudar a la gente. Había llegado a un punto de su larga vida en la que ya todo le resultaba aburrido.

El alboroto procedente de un grupo de muchachos le hizo reaccionar, se dirigía a pagar lo que había cogido aún sumergido en sus pensamientos cuando la señora Newton tiró de su brazo, él lo retiró bruscamente no acostumbrado al contacto con otras personas que no fueran pacientes, pero la cara de pánico de Sarah y sus latidos hicieron que se dieran cuenta de que el alboroto del grupo de muchachos había pasado de ser gritos de alegría por gritos de preocupación. Las pulsaciones de todos ellos se habían acelerado, la preocupación se respiraba en el aire. Entre tanto alboroto pudo distinguir la voz del señor Newton que no paraba de gritar un nombre.

-¡Bella!¡Isabella! reacciona por favor- los gritos procedían del pasillo anterior, respiré profundamente, no olía a sangre. Giré y encontré al grupo de muchachos junto con Robert Newton alrededor de un cuerpo, el cuerpo de una chica que se encontraba tendida en el suelo.

Me acerqué lo más rápido posible siendo consciente de que detrás de mí estaba la señora Newton, lo primero que hice fue comprobar sus pulsaciones, eran normales, simplemente se había desmayado pero hubo algo que le llamó la atención, sus vaqueros estaban mojados.

-¿Qué ha pasado?- pregunté desconcertado, mientras repasaba mentalmente todo tipo de enfermedades.

-No lo sé- se adelantó uno de los muchachos- iba a saludarla, es una vieja amiga, pero cuando nos vio se puso pálida y empezó a temblar, luego se desmayó. Era como si estuviese…

-Asustada- le interrumpí aún desconcertado.

-Sí- contestó el muchacho.

-Me la llevo al hospital- la cogí, no pesaba nada, era como una pluma entre mis brazos- avise a su padre, y dígale que no es nada por lo que se tenga que preocupar- La coloqué en el asiento del copiloto, estaba consciente, la oía susurrar algunas palabras, pedía ayuda. No parecía enferma, sin duda estaba asustada. Finalmente cerró los ojos, supuse que era la hija del jefe Swan, nunca la había visto antes y la gente últimamente no para de hablar de ella.

Le volvió a comprobar el pulso, pero esta vez sintió un pinchazo, sintió bajo sus dedos como fluía su sangre, su cuerpo caliente, lleno de vida. Estaba encerrado en su Mercedes con ella y eso comenzaba a ser peligroso, hacía años, miles de años que aprendió a controlar su sed y tan solo habían pasado dos días desde la última vez que cazó. El camino hacia el hospital se le estaba haciendo eterno, piso al acelerador mientras apretaba fuertemente el volante.

Finalmente llegaron, la volvió a coger en brazos, ella estaba sudando quizás si tenía algo. En ese momento estaba bloqueado. En cuanto entró en el hospital un par de enfermeros se la llevaron. Él se dirigió directamente al ascensor, en su mente los pensamientos chocaban entre ellos, lo que debía hacer y lo que no, golpeé el ascensor, me faltaba el aire y ni siquiera lo necesitaba, Bella, Bella, Bella,…su imagen se repetía en mi mente, su olor se había impregnado en mi piel.

Llegó a la planta baja, tuvo suerte, no había nadie. Estaba cegado por el hambre y no sabía cuánto se iba a arrepentir de haber estado en el supermercado la misma noche que la señorita Swan. Abrió uno de los refrigeradores y sacó una pequeña bolsa donde se podía leer cero positivo. Sus ojos adquirieron un color rojizo. Vio su imagen reflejada en uno de los refrigeradores, había pasado, comenzó a reírse, a carcajadas, se pasó la mano por su melena rubia.

-¿No quería un cambio en mi vida? Parece ser que ese cambio ha llegado y desgraciadamente tiene nombre y apellido…Isabella, Isabella Swan.