Capítulo III- Primeras Impresiones
Abrí los ojos lentamente algo confusa, me encontré con la mirada de Charlie, estaba segura de que no me volvería a dejar salir por la noche.
-Bells, ¿cómo te encuentras?- estaba muy preocupado no deja de retorcer con sus manos los guantes, sus labios apretados, era tan fácil de leer.
-Estoy bien, solo me duele un poco la cabeza, nada que no pueda solucionar un paracetamol- comencé a incorporarme, se acercó para ayudarme- Charlie, estoy bien, solo me asusté, ya sabes, no somos una familia con buena salud-intenté sonreír. Me fui a atar los cordones de mis Converse y sentí un fuerte pinchazo en mi cabeza, al momento lamenté haberme quejado, cuando quise darme cuenta Charlie ya había llamado a tres enfermeras.
-Señorita Swan, debe reposar aún no sabemos exactamente lo que le pasó, deberá pasar la mañana aquí, el doctor Cullen la verá a mediodía- la enfermera comprobó mis constantes y se retiró.
-En fin, supongo que ya no podré pasar desapercibida por el instituto, eso es un problema, no me gusta llamar la atención.
-Le pedí a Sarah y a Robert discreción pero ya sabes cómo es Forks. No sabes el susto que le diste a su hijo, Mike, se ha pasado la noche conmigo, no paraba de hablar de ti, debes de ser una especie de afrodisíaco para los muchachos de Forks.
-Charlie…
-Bells tienes 17 años es normal, dime ¿te interesa alguno?- ambos sabíamos lo incómodo que nos resultaba hablar de esto, pero supongo que era su obligación como padre.
-¿Vamos a hablar de esto?-me reincorporé para alcanzar una manzana roja que había en mi mesilla- en realidad al único que recuerdo es a Jake, y simplemente es un amigo.
-Yo no lo creo- me interrumpió y yo le fulminé con la mirada, ambos sonreímos, volvió a retorcer los guantes, algo me iba a preguntar.- ¿Qué tal le va a tu madre?... ¿Es feliz?
-Sí, ya sabes cómo es, un alma joven.
-Supongo que eso fue lo que no funcionó, mi alma envejeció mucho más rápido, soy un viejo carcamal.- asentí y ahora fue su turno de lanzarme una mirada fulminante.
Después de un largo silencio mientras veíamos un programa de cocina, Charlie miró su reloj debía irse a trabajar.
-Bells, debo irme, ¿estarás bien?- dijo mientras se ponía su chaqueta.
-Claro que sí, como si no me conocieses, soy una mujer fuerte.
-Una mujer…fuerte e independiente- se acercó y me besó la frente- vendré por la tarde, dentro de dos horas te visitará el doctor Cullen, él te trajo esta noche así que agradéceselo.
-Sí Charlie- le dije en tono reprochante.
-Cierto, eres una mujer sabes lo que debes hacer. Ah! Se me olvidaba te traje este libro de casa, sé que lo has leído, pero creo recordar que era tu preferido.
-Gracias, sí, es uno de mis preferidos, muchas gracias Charlie- le sonreí.
-Adiós Bells- se giró para irse.
-Charlie…-me miró, después de unos segundos en silencio- te quiero- me sonrió, incluso creo que se pulso algo rojo. No era muy habitual en mi las muestras de cariño, pero Charlie era de las pocas personas por las que decidí seguir en este mundo…hubiese sido muy egoísta por mi parte. Abrí el libro que me había traído, Cumbres Borrascosas, tenía el marcador en la página 213 y subrayada una frase que leí en voz alta.
Si todo pereciera y él se salvara, yo podría seguir existiendo; y si todo lo demás permaneciera y él fuera aniquilado, el universo entero se convertiría en un desconocido totalmente extraño para mí.
Sonreí, que tonta fui, creer en el amor, eso que me destruyó, en realidad no fui tonta, vivía en una burbuja alimentada por historias románticas de libros y series. Dejé el libro en la mesilla y me levanté para asomarme a la ventana. Torpemente me caí al tropezar con la alfombra, me levanté, el dolor de cabeza era cada vez más insoportable. Abrí la ventana para que me diese el aire. Cerré los ojos la brisa y los pocos rayos de sol que llegaban a Forks chocaron con mi rostro, sonreí.
De repente sentí una extraña sensación como si alguien me estuviese observando, miré a la espesura del bosque pero no alcancé a ver nada.
-¡Señorita Swan! Como debo decirle que no debe levantarse- la enfermera me agarró del brazo y me metió en la camilla, seguidamente cerró la ventana- está enferma, ¿quiere ponerse peor?- baje mi mirada, era muy antipática, y no hice otra cosa más que asentir para que se fuese cuanto antes.
-Disculpe… ¿es la habitación de Isabella Swan?- un chico rubio de ojos azules entró mirando al suelo.
-¿Acaso es ciego?- le respondió bordemente la enfermera- tiene media hora después el doctor vendrá a verla.
-Pero vendría a mediodía- le dije confusa.
-Ha decidido adelantar la cita, cuanto antes se vaya mejor- dijo con segundas intenciones. Finalmente abandonó la habitación con un aire se superioridad que la dejaba en ridículo ante los ojos de ambos adolescentes.
-Que antipática- Mike me miró a los ojos pero rápidamente desvió la mirada, estaba nervioso, de hecho se fue a sentar y se tropezó al igual que yo con la alfombra se puso rojo.
-Parece que somos iguales, yo también me he tropezado- le dije sintiendo lástima, y consiguiendo hacerle sonreír- Charlie me dijo que pasaste aquí la noche con él, quería darte las gracias porque aunque no lo aparente y no lo exprese estaba muy preocupado.
-No fue nada, estaba preocupado por ti, hacía años que no te veía y cuando mi madre me dijo que estabas en la tienda me alegré tanto que mis amigos pensaron mal y bueno ya sabes…tú ¿estás bien?
-Sí, supongo que tenía hambre y junto con el cansancio del viaje, no sé- miré a la ventana, no estaba muy cómoda hablando del tema puesto que no recuerdo nada de lo que pasó.
-En realidad me he pasado a dejarte esto, le dije a Charlie que me los diese y que yo te los llevaría- me dio una bolsa con unos vaqueros y…ropa interior- lo eligió él- me dijo rápidamente cuando vi el contenido de la bolsa- tengo que irme ya, prometí ayudar a mi madre en el supermercado, espero verte el lunes en el instituto, adiós Bells.
Salió rápidamente de la habitación sin mirarme, casi se vuelve a tropezar, pero esta vez tuvo más equilibrio, el pobre chico se fue rojo. Pero ¿por qué mi padre me traería ropa? Si tan solo he pasado una noche. Me vino a la cabeza la imagen de Charlie eligiendo mi ropa interior que había pasado de tener dibujitos a ser de encaje, no creo que se acostumbre a verme como una mujer adulta, aunque tan solo tenga 17.
Intenté recordar algo de lo que pasó pero era muy frustrante, sinceramente no estaba bien, quizás necesitaba ayuda y de que Renee se enterase de lo que me había pasado… ¿dónde podría irme? ¿alguna vez podría olvidar? La única opción para olvidar la deseché por Charlie y Renee.
Hundí mi cabeza entre mis manos, estaba cansada, agotada. Necesitaba salir de allí cuanto antes. Comencé a ponerme los vaqueros ahora que la enfermera no miraba, sé que Charlie se enfadaría pero me comprenderá. Estaba atándome los cordones de las Converse cuando alguien me interrumpió.
-¿Se va a alguna parte señorita Swan?- levanté mi cabeza asombrada por la voz del hombre que estaba en la puerta junto con la enfermera ``incordio''
-Yo…- fue la única palabra que pude articular cuando lo vi acercarse a mí. Un hombre de melena rubia y ojos de un color que nunca había visto, entre dorado y rojizo, con una sonrisa resplandeciente, de una belleza impresionante tomó mi mano para comprobar mi pulso.
-¿Está nerviosa Isabella?- oír mi nombre en sus labios causó un efecto muy negativo, y mi corazón se aceleró.
-¿Qué?- le pregunté desconcertada.
-Suelo causar ese efecto en las mujeres no te preocupes- lo miré atónita al escuchar esas palabras, era guapo eso es cierto, pero se lo había cargado todo con ese aire de prepotencia.
-No se equivoque doctor Cullen, estaba nerviosa porque se iba escapar, ¿o me equivoco señorita Swan?- dijo con un tono de voz muy irritante.
-Eso no es verdad, simplemente iba a por algo de comer- intenté justificarme.
-Váyase enfermera –dijo con el mismo tono que ella utilizó-si la necesito la llamaré.
-Pero doctor Cu…
-¿Acaso es sorda? Váyase- bajó la mirada a sabiendas de que había ganado esa batalla con la ayuda del doctor, aunque he de admitir que era muy estúpido. Fue tras ella para cerrar la puerta de la consulta, aproveché esos segundos para colocarme un poco el pelo, ¿por qué hacía eso?
-Bueno Isabella- ¿desde cuándo había cogido esa confianza?, rápidamente agregó como si pudiese leer mi mente- Señorita Swan si lo prefiere- me dijo con ojos divertidos.
-Isabella está bien- no era mi amigo, y no era de mi agrado nunca le dejaría llamarme Bella- quería agradecerle lo que hizo por mi anoche, pero estoy muy cansada así que si no le importa, ¿puede darse prisa?
-Vaya, ¿tanto me odia?- ¿acaso podía leer mi mente?, ¿o era demasiado transparente?
-Simplemente estoy cansada- le dije cortante, ¿por qué negar que no me agradaba?
-Muy bien, he estado examinando su caso y no debe preocuparse, me han dicho que ayer se trasladó desde Phoenix, cosa que nunca hubiese adivinado por su color de piel- le lancé una mirada fulminante, que le hizo sonreír- realizó un viaje largo y no cenó, y si además sumamos el cambio de clima es una ecuación que tiene como resultado un resfriado.
-Muchas gracias doctor, si solo es eso iré a la farmacia y me compraré paracetamol- me estaba levantando para irme, cuando continuó hablando.
-No fue solo eso- por un momento me pareció que la prepotencia había pasado a ser preocupación.
-¿Qué?- le dije mientras me volvía a sentar temiéndome lo peor.
-Estaba asustada, y ambos sabemos que hay pruebas de ello- estaba confusa, ni si quiera sabía de qué hablaba. De repente lo vi mirando a mis pantalones y comencé a unir piezas, noté como mis mejillas se sonrojaban.
-Mierda- no podría volver a mirarlo a la cara.
-No te preocupes, es normal, pero tengo la curiosidad de saber que pudo ver para llegar hasta ese punto.
-No lo sé, no recuerdo nada de lo que pasó anoche.
-Mientes, un amigo tuyo me dijo que cada vez que mientes te muerdes el labio, lo hiciste antes con la enfermera y lo vuelves a hacer ahora.
-Creo que hemos acabado, ya le he dicho que no recuerdo nada, gracias por atenderme- me levanté de la camilla sin mirarle y volví a tropezar con la alfombra, pero esta vez estaba él para sujetarme. El contacto con su piel hizo que me alarmase, estaba frío, realmente debía estar enferma. Nuestras miradas se cruzaron.
-Tenga cuidado señorita Swan no voy a estar todo el tiempo alrededor de usted para salvarla- me susurró al oído con una sonrisa satisfecho.
-No se preocupe lo crea o no soy capaz de cuidarme- me solté bruscamente, aunque creo que fue él el que lo hizo, era más fuerte de lo que aparentaba. Salí sin mirar atrás, miré a la enfermera con un aire de superioridad recordando la pasada victoria. Al salir del hospital un chico de tez morena se me acercó sonriendo.
-¡Jake!- me abrazó- ¿qué te has hecho en el pelo?
-Bueno, ahora que estás aquí debo cuidarme más-me dijo sacando una de sus mejores sonrisas. Era demasiado directo, cambié de tema.
-¿Y eso?- señalé los cascos que llevaba en la mano.
-Es de eso- apuntó hacia una moto negra.
-¿Es tuya?, ¿ese casco es para mí?-asintió.
-Charlie me dijo que viniera a por ti porque le había surgido algo, un asesino en serie o algo así, pero pensé que saldrías más tarde.
-Me han adelantado la cita, hemos acabado aquí- le contesté cortante- el doctor Cullen ¿es siempre tan prepotente?- le pregunté enfadada mientras nos dirigíamos a la moto.
-Bueno no había escuchado a ninguna mujer hablar así de él, al contrario es como un dios, aunque yo pienso igual que tú- me dijo con una sonrisa divertida- ¿qué te ha dicho?
-Tonterías- mientras me montaba detrás de Jake volví a tener esa sensación de que alguien me observaba, pero esta vez sí lo encontré. Miré a la ventana de la que había sido mi habitación y allí estaba él, Jake arrancó y lo último que pude ver fue la sonrisa del doctor.
-Te mira como si te fuese a comer Bells.
