Capítulo VIII- El Lobo no se comió a Caperucita y Blancanieves no mordió la manzana.

Llevaba una semana sin verla y se me estaba haciendo interminable. Había estado contando las horas, minutos y segundos para que llegase el jueves, resultando ser que Isabella se había ausentado a las clases especiales por un fuerte dolor de cabeza. Recuerdo lo furioso que me puse ese día, me faltó muy poco para saltar sobre una de las alumnas, Carmen, que me preguntó hasta lo que no se podía preguntar, junto con su compañera Natalie que solo sabía decir ``no lo entiendo´´. Si al menos ella hubiese estado allí la clase se me hubiese hecho más amena.

He conseguido aguantar y no he ido a visitarla por la noche, es demasiado tentador e injusto, el simple hecho de ver el movimiento de su pecho cuando respira me vuelve loco. Me he replanteado varías veces si lo que siento es deseo por su sangre, por su cuerpo o por ella. Sin duda cuando Charlie me contó su historia sentí un pinchazo y quise encontrar a ese cabrón, o cabrones, Bella sabe mentir pero su informe médico fue claro y esas barbaridades no las pudo hacer una persona sola.

Me preocupo por ella, por lo tanto me importa, si solo fuese deseo carnal no me importaría su vida, ni intentaría ayudarla. Sin embargo cuando estoy con ella se me nublan los sentidos, esos ojos marrones, ese cuerpo diminuto, por no hablar de cuando se muerde el labio. Sentí como mi cuerpo reaccionaba con mis pensamientos, pero esta vez no me desahogaría con Esme, soy de lo peor, casado, mi mujer me quiere y sin embargo ha aceptado que esté con una adolescente de 17 años, estoy destrozando mi familia, Rosalie tiene razón.

Bella me destrozó desde el momento en que la vi, cuando estoy muy ansioso me voy a la planta baja del hospital y cojo alguna bolsa de cero positivo. La sangre animal ya no es suficiente para mí. He imaginado tantas veces como sería probar la sangre caliente de Bella, el roce de mis labios con su cuello, lo haría con cuidado pero el pequeño gritito cuando mis dientes se hundiesen en su cuello no se lo quita nadie. Necesito que esto acabe rápido, ella nunca se fijaría en mí, me odia, la quiero ayudar con el tema de su pasado pero la intención con la que me ofrecí fue tenerla cerca de mí, eso fue lo primero que pensé, aunque el simple hecho de que Edward no pueda leerla ha despertado en mí un gran interés por ayudarla.

Estoy cansado de pasar las horas muertas pensando en ella.

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Entrar en el instituto no ha sido lo más difícil del día de hoy, lo peor ha sido saber que esta vez sí me miraban a mí, algunos se reían o imitaban lo que hice el pasado lunes, por no hablar de las miradas de compasión que me lanzaban. La primera persona con la que me encontré fue con Ángela, se disculpó miles de veces y me recordó también que podía contarle cualquier cosa, para quitar un poco de tensión le dije que le escribiría en una hoja los temas de lo que no podemos hablar. Íbamos por el pasillo cuando tres de los Cullen nos rodearon. Alice hablaba muy rápido, me abrazó varias veces mientras el chico rubio al que nunca había visto sonreír lo hacía en ese momento. Se presentó, era un chico poco habitual, como de otra época pero me agradaba. Mientras Alice seguía hablando sobre una fiesta de disfraces, celebraba su cumpleaños si no me equivocaba, Edward no se separa de Ángela, no dejaba de mirarla fijamente y yo sabía que eso era demasiado para ella, la miré y le guiñe el ojo, ella sonrió y se metió en la clase de física con Edward.

-Entonces, ¿tienes disfraz?- miré a Alice, no la había estado escuchando, estaba completamente ilusionada con esa fiesta y ni si quiera le había confirmado que asistiría, meterme en la casa del doctor y la rubia que me odia no estaba entre mis planes- Puedo acompañarte a Port Ángeles si no tienes, te ayudaré a elegir uno que les demuestre a estos pardillos que no te pueden mirar por encima del hombro, yo iré de diosa de la naturaleza, pero no se lo digas a nadie porqu…

-Alice, Alice, Alice, por dios- Jasper la agarró por los hombros de forma demasiado cariñosa- vas a marear a Bella, estoy segura de que sí necesita ayuda te la pedirá, ¿O me equivoco?- le dio un pequeño empujón y la metió en la clase de matemáticas, antes de que él entrase me miró y me sonrió.

-Gracias- le susurré.

Al entrar en la clase de biología observé que el único sitio que había libre era al lado de Jessica, la última vez que la vi no le agradaba demasiado, sin embargo en cuanto entré levantó la mano y con demasiado énfasis me dijo que me sentase con ella. Me acerqué insegura.

-Bells, ¿cómo te encuentras? No veas que susto nos diste.

-Estoy bien, solo fue…

-Un bajón de azúcar lo sé- la miré completamente extrañada- Edward se lo dijo a Ángela, Carlisle estuvo aquí, así que supongo que luego se lo contó.

-¿Carlisle?- seguía atónita.

-Claro no lo recuerdas, no sé cómo lo hizo, pero a los cinco minutos llegó, suponiendo que estaba en el hospital y con todo el tráfico que había debió tardar veinte minutos o más, pero lo más interesante es que te metió en el coche de Alice, había venido a pie- las palabras de Jessica se iban acumulando en mi cerebro y cayendo por su propio peso, era imposible, algo no cuadraba.- Por cierto, disculpa por lo borde que estaba el otro día, es que pensé…

-Lo sé, pero ahora no es el mejor momento para tener una relación, además seguramente él no estaría entre mis opciones- Ni si quiera intentó ocultar la sonrisa.

-No sabes lo feliz que me haces, seremos muy buenas amigas Bells.

Sin duda había sido la mañana más extraña desde que llegué a Forks, salí al aparcamiento y junto a mi camioneta me encontré a Jake.

-Bells- se acercó con una de sus sonrisas y me abrazó mientras me daba vueltas- no sabes lo preocupado que me tenías.- Me oculté tras él sabiendo que la gente estaba mirando.

-Bueno, no soy yo la que ha estado desaparecida- le dije sarcásticamente.

-Me fui de campamento con unos amigos- le miré vacilante- es la verdad.

-¿Quieres que te lleve?- le dije mientras dejaba la mochila en el asiento de atrás.

-En realidad, no venía a verte a ti, tenía un asunto entre manos, vi tu camioneta así que decidí esperar a que salieras y verte.

-¿Un asunto entre manos? ¿Aquí?- le pregunté curiosa.

-Lo siento Bells pero yo también tengo mis secretos- sin duda eso formaba parte de una venganza personal. Le sonreí, le di un pequeño puño y me fui.- ¡Espera! Casi se me olvida, una de las Cullen me dijo que te diese esto, ¿desde cuándo eres amiga de esos chu… de esos?

-La mayoría son simpáticos.- Abrí el sobre, era la invitación para el cumple de Alice, el sobre era precioso lleno de flores y con alguna piedra brillante, daba pena romperlo, sin duda era una clara referencia a su disfraz. Sería imposible decirle que no. Iría a su fiesta pero en cuanto pudiese me escaparía, seguro que nadie notaría que falto, o al menos eso era lo que yo deseaba. La fiesta era el sábado, necesitaba un traje. Tuve suerte, Ángela también había sido invitada, supongo que por Edward, podría pasar tiempo con ella si él no me la robaba.

Los días de la semana se fueron sucediendo rápido, ya era jueves, y desgraciadamente hoy no podría librarme de las clases de cirugía si quería conservar mi Ipod y mis libros, Charlie estaba realmente enfadado cuando se enteró de que no asistí.

El instituto estaba vacío, en parte eso me gustaba, cogí una libreta y un bolígrafo que tenía en el asiento de copiloto y salí de mi camioneta. Se me cayó el bolígrafo y, para mi desgracia, cuando me fui a agachar para recogerlo alguien se me había adelantado.

-¿Qué tal tu dolor de cabeza?- el hombre del cabello rubio era demasiado guapo para ser tan estúpido.

-Estoy mejor- le dije cortante mientras aceleré mi paso en vano, sus piernas eran mucho más largas que las mías.

-Verás Bella-le lancé una mirada fulminante- Isabella- dijo divertido, realmente parecía un adolescente.- Tengo entendido que el sábado te veré en mi casa.

-Aún no se si podré asistir- intenté parecer calmada, pero su sonrisa cada vez me ponía más nerviosa.

-¿Tienes planeado un dolor de cabeza?- realmente parecía que se lo estaba pasando bien.-¿De qué irás disfrazada?

-¿Por qué?- le pregunté intentando acabar la conversación.

-Para ir a conjunto por supuesto- le miré incrédula al escuchar esa respuesta y comenzó a reírse a carcajadas.- Es broma Bell…Isabella.- todavía quedaban unos pasos hasta el laboratorio y aproveché para pagar una cuenta pendiente.

-Carlisle- noté como su rostro se ensombrecía, pensé que haría alguna broma pero no lo hizo, noté como su cuerpo de tensaba- quería darte las gracias- apartó la mirada- Me han contado que fuiste tú el que me llevó al hospital, no tenías por qué haberlo hecho. No me agradas y eso ya lo sabes, pero eso no significa que no sepas aceptar las cosas que haces bien.

-Soy tu médico, es mí deber ayudarte- contestó secamente.

Finalmente llegamos al laboratorio, hizo un gesto para que yo pasase primero. En el camino hasta mi asiento me fui preguntado por qué había hecho eso, Charlie me dijo que se lo agradeciese pero nunca se habría enterado de si lo había hecho o no, supongo que a pesar de ese odio que le tengo, soy sensata.

Durante la hora de clases no me volvió a dirigir la mirada, ¿le habría molestado el que le diese las gracias? Eso es absurdo, quizás es porque le dije que no me agradaba, pero es que no quería que me malinterpretase, no quiero tener nada que ver con él.

La clase se alargó casi una hora ya que dos de las alumnas no paraban de preguntar cosas. Se había hecho de noche y el parking ya estaba vacío, comencé a acelerar el paso, sentí que alguien me seguía y de nuevo ese miedo paralizante se hizo dueño de mi cuerpo.

-¡Isabella! Soy yo, -el cabello rubio de Carlisle me hizo reaccionar- tranquila estás conmigo- estaba temblando- todo está bien.- Te acompaño a la camioneta- llegamos a ella en silencio, no quería que mencionase nada relacionado con el tema y así lo hizo, como si pudiese leer mis pensamientos.-Bueno, ten cuidado- se disponía a irse cuando inconscientemente le llamé.

-Carlisle- se giró con rostro inexpresivo- sé que después de cómo me he comportado contigo, y de lo que te dije no tengo derecho a pedirte nada, pero, ¿te importaría acompañarme?- Me quitó suavemente las llaves de las manos, y cuando nuestros dedos entraron en contacto un escalofrío recorrió mi cuerpo.

-Vamos- dijo lanzando una sonrisa muy forzada. Durante el camino estuvimos ambos en silencio, solo escuchaba mi respiración entre cortada. Ninguno de los dos nos miramos. Antes de llegar le pregunté cómo volvería y me dijo que no me preocupase por él.

Me acompañó hasta la misma puerta aunque le dije que no era necesario, me preguntó si estaría bien, ya que Charlie aún no había llegado, asentí.

-Gracias y siento las molestias- le dije sinceramente.

-Toma- se sacó un pequeño papel de su bolsillo- es mi número por si alguna vez necesitas…cualquier cosa- me lanzó una mirada maliciosa. Volvía a ser él, Carlisle Cullen era un Don Juan, pero conmigo se equivocaba.

-Adiós señor Cullen- iba a cerrar la puerta cuando su mano me lo impidió, me puse muy nerviosa había traído al lobo a mi propia casa.

-Tranquila no pienso comerte- todavía, pensó divertido sabiendo lo nerviosa que ella estaba.

-¿Qué quieres?- le pregunté con tono borde.

-¿Aún no me has dicho de que te vas a disfrazar?- dijo apoyándose de forma muy sexy sobre el marco de la puerta.

-Tendrás que adivinarlo- le cerré la puerta en sus narices sabiendo que él se había quitado. Mierda…acaba de entrar en su juego otra vez. Pero ésta Blancanieves no va su morder la manzana.

Nota de la Autora: bueno ya empieza a haber más Bella/Carlisle aunque va a ser una relación con muchos altibajos, espero que les siga gustando. Gracias por leerme :D

CaroBereCullen: intento que el suceso que marcó la vida de Bella no sea muy evidente, aunque tengo el factor sorpresa para cuando se descubra.