Capítulo IX- La tortura tiene cuerpo de mujer.
-¿Cómo lo hacéis?- le pregunté a Alice y a Jasper.
-¿Hacer qué? –Dijo ella divertida.
-¿Cómo aguantáis tantas miradas a la vez?- ambos comenzaron a reírse a carcajadas, era increíble cuando pensaba que no podían ser más perfectos, ves sus sonrisas y te das cuenta de que estabas equivocada.
-¿En qué piensa señorita Swan?- Edward me cogió de la cintura para apartarme del grupo, intenté deshacerme de sus brazos pero era imposible- Necesito que me hagas un favor- le miré extrañada- necesito saber de qué irá disfrazada Ángela a la fiesta.
-No lo sé.
-Pues averígualo- me miró vacilante- ¿Tú de que irás?
-¿Por qué quieres saberlo?- le pregunté sin entender porque ese interés en mi disfraz.
-Curiosidad- contestó lanzándome una media sonrisa que me puso nerviosa-, realmente no me había parado a pensar que opciones había, porque mi subconsciente ya tenía un traje para mí. ¿Y si él le había dicho a Edward que se informase? Al fin y al cabo, él acaba de hacerlo mismo conmigo.
-¿Conoces el cuento de Caperucita?- la otra noche entré en el juego de Carlisle, así que si lo iba a terminar en esa fiesta no podía hacerlo de mejor manera que quedando por encima de él.
- Mándame un sms con el disfraz de Ángela- me dijo mientras cogía el móvil y escribía algo.
-No tengo tu teléfono- le contesté mientras sacaba el mío para apuntar su número.
-¿Segura?- no me dio tiempo a contestar, cuando miré en mi agenda, ya estaba allí su número.
-Así que ¿de Caperucita?- Alice me miró con un brillo en sus ojos.
-En realidad no…- la sorpresa inundó su rostro.- Tengo algo mejor pensado, y necesito tu ayuda, pero debe ser secreto- se le dibujó una sonrisa maliciosa y traviesa- nadie, y nadie he dicho, puede saberlo- no estoy cien por cien segura pero creo que me entendió, sabía a quién me refería. Esa familia debía ser muy extraña si aceptaban que el cabeza de familia tontease con una adolescente.
-Cuéntame- susurró agarrándome del brazo.
-¿Sabes coser?- puso los ojos blancos y bufó.
-Isabella Swan ¿en serio me estás preguntando eso?- La miré asintiendo- pues claro que sé coser, la moda es uno de mis vicios por excelencia. Que poco me conoces.
-Entonces quedemos esta tarde y te cuento mi idea.
Finalmente llegué a mi clase de química, tuve suerte, Ángela se había sentado sola.
-Hola Bells, ¿preparada para una divertida clase de formulación orgánica?- nótese la ironía.
-Sí, sobre todo cuando el señor Perkins vea que no hice mis tareas.
-Que rebelde te estás volviendo señorita Swan- dijo divertida mostrándome lo que estaba haciendo…ella tampoco los había hecho- El examen de física me ha tenido absorbida toda la semana, gracias a dios ya llega el finde.
-Por cierto- le dije en tono casual- ¿De qué piensas disfrazarte?
-Bueno sé que a esa fiesta las chicas van a llevar disfraces súper glamurosos, pero yo no tengo dinero para comprarme uno, así que he decido ponerme uno que me regaló mi madre hace dos años. Y sí, todavía me queda bien- aclaró antes de que me diese tiempo a preguntarle.
-¿Y bien?- le dije sonriendo.
-Hermione Granger- dijo casi en un susurro.-Vaya eso es genial- le contesté completamente convencida.
-¿Y tú?
-He pensado en el cuento de caperucita, pero aún no está claro.
-Edward me ha pedido- se hace un gran silencio y sonríe tímidamente, la miro curiosa- estar cerca de mí toda la noche.
-Te has puesto roja Ángela, ¿Qué pensamientos impuros se te han pasado por la cabeza- dije divertida.
-¡Isabella!- dijo alarmada mientras me daba un pequeño puño- no sé, quiere pasar la noche cerca de mí pero no me ha preguntado de que iría disfrazada- aprecié su disgusto. -¿Quizás se avergüence de mí?
-No lo creo, al igual que yo he visto cómo te mira, estoy segura de que todas las chicas que suspiran por él se habrán dado cuenta. Y si no fuese así, si intenta…forzarte algo, me buscas y nos vamos.
-Gracias Bells, estoy segura de que no podría hablar de esto con nadie más.
-Bueno eres de las pocas personas que sigue hablándome desde aquel lunes- le dije sonriendo.
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-Sabes- dijo Carlisle mientras leía algo en su móvil- había pensado que en la fiesta de disfraces…
-¿Llevase el vestido de algodón blanco? ¿Y tú el traje de pelo negro?- dijo Esme adelantándose.- Alice me ha enviado un mensaje diciéndome que esta tarde iría con Bella buscar un disfraz de caperucita.
-Lo siento- dijo Carlisle dándose cuenta de lo egoísta que estaba siendo- iremos de lo que tú quieras- dijo con la esperanza de que no estuviese enfadada. Ella lo miró sonriendo.
-Carlisle…ya te dije que aceptaba esta situación, pero que la acepte no significa que no me duela. He comprado un billete para Italia, unos viejos amigos me invitaron a su casa de la Toscana.
-¿Cuánto tiempo?
-No lo sé, solo he comprado la ida, pero no te preocupes pienso volver, solo que ahora…necesito un tiempo para pensar.- Esme se disponía a salir de la sala, cuando Carlisle se levantó más rápido que la velocidad de la luz y la besó, desgraciadamente ese beso para Esme sabía a despedida.
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Finalmente había llegado el sábado, y Bella tenía la excusa perfecta para escabullirse de la fiesta, el examen que el señor Perkins había puesto para el lunes sería su excusa para salir de allí.
Sin duda Alice había sabido captar mi idea, recreó el disfraz que quería como si me hubiese leído el pensamiento. Era un vestido de seda blanca, casi transparente, exceptuando el la zona del vientre y de los pechos, en los que había piedritas rojas, imitando a la sangre. El escote tenía forma de corazón. La parte de atrás era más larga y estaba igualmente cubierta por las piedritas rojas, totalmente cubierta. La zona de abajo del vestido estaba rasgada, de hecho había una apertura que dejaba al descubierto gran parte de mi muslo. Vestido que complementé con unas sandalias tan finas que parecía que iba descalza. Me miré en el espejo, estaba muy incómoda con este traje, no me gustaba llamar la atención, pero con Carlisle… con Carlisle era distinto. Desde que lo conocí he querido quedar por encima de él, un odio extremo que hace que me ponga cosas como estas y que haga cosas que nunca se me pasaría por la cabeza.
Antes de irse Alice me había peinado, bueno, si a eso se le podía llamar peinado, había revuelto todo mi pelo, como si me acabase de despertar después de una noche loca, pero lo había hecho de tal manera que quedaba algo sexy, me coloqué una diadema que tenía dos orejas de lobo pegadas a ella. Mi disfraz estaba casi acabado. Me puse una máscara preciosa que imitaba el rostro de un lobo, finalmente me pinté los labios de un rojo muy intenso. La mujer lobo estaba preparada para acabar de una vez por todas con Carlisle Cullen.
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Sin duda el hecho de que Esme se fuera me dejó con un profundo disgusto, pero era aún peor saber que en cuanto viese a Bella se me olvidaría completamente la mujer que me ama y que acepta mi obsesión por la chica de Phoenix.
No podía dejar de imaginármela de Caperucita, estoy seguro de que si me quedo a solas con ella esta noche ya no podré aguantar más. Este lobo tiene pensado darse un suculento festín.
Los amigos de la familia comenzaron a llegar puntuales, no era el cumpleaños de Alice, todo había sido ideado por ella para que Bella se acercase a mí, o yo a ella mejor dicho. Pero ellos no lo saben, y aunque lo supiesen son fieles amigos no se involucrarían. Muchas de las vampiresas más veteranas me preguntaron por Esme, todas me dejaban con la decepción en su rostro por no poder ver a su querida amiga. Comencé a arrepentirme de haberme vestido de lobo, no había ni una sola caperucita, el deseo había bloqueado mi mente, todos me juzgarían, acaba de cometer un gran error.
El sentimiento de culpabilidad se esfumó en cuanto distinguí el ruido del motor de la camioneta de Bella, no había entrado en la casa y ya podía oler su perfume, perfume que olí por primera vez la noche que fui a cenar a su casa y que no había vuelto a abandonar mis fosas nasales. Estoy seguro de que si fuese humano ahora mismo me faltaría al aire, sin embargo cuento con la ventaja de no parecer nervioso. Alice me miró desde la otra punta del gran salón y me guiñó el ojo.
El timbre sonó pero Jasper se me adelantó y abrió la puerta, como si de uno de los nuestros se tratase, Bella entró atrayendo la atención de todos los invitados, en ese momento lo único coherente que pude pensar fue el error tan grande que había cometido metiéndola en una casa llena de vampiros. Pero poco duró ese pensamiento al verla caminar mostrando gran parte de su muslo derecho. No fue hasta que Alice dijo `` bienvenida a mi manada´´ para darme cuenta de que no iba de caperucita sino de loba, me la había jugado con ese intelecto tan retorcido.
La observaba desde una esquina mientras hablaba con unos viejos amigos, ella no me buscó en ningún momento lo que hirió mi orgullo. Y cuando por fin parecía estar buscando a alguien se trataba de una compañera suya, de la que Edward no dejaba de hablar. Estuvo con Jasper, Alice, Edward y Ángela gran parte de la noche, no sabía cómo acercarme sin ahuyentarla.
De repente veo que saca su móvil, era Charlie preocupado por su hija, ella le dijo que sobre medianoche volvería a casa, solo quedaba media hora. Salí al balcón donde ella había escapado para poder hablar con su padre.
-¿Creías que no te reconocería si te ponías una máscara?-le dije sin saber cómo empezar la conversación. Su mirada penetró a lo más profundo de mi alma, si es que me quedaba algo de eso.
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Sin duda había caído en mi trampa, pero no había contado con el perfecto contraste que hacía su cabello rubio con su traje negro. Sus ojos estaban llenos de deseo, debía haber salido de allí cuanto antes, pero una parte de mi cuerpo estaba bloqueado y la otra deseaba que el doctor se acercase más. Sin embargo alguna neurona de mi cerebro seguía siendo coherente.
-En realidad no pensé en ello, de hecho, ahora que lo dices podía haberlo intentado más, y así me hubiese ahorrado este encuentro- el aire comenzaba a faltar en mis pulmones y mi corazón no paraba de golpear mi pecho a un ritmo muy rápido.
-Te hubiese encontrado igualmente- dijo acercándose a mí- o acaso ¿no te has dado cuenta del efecto que causas en mí?- me susurró al oído mientras me apoyaba en la pared.
-Siento decepcionarte, pero tengo que irme- le dije como último recurso, si no me iba ahora mi cuerpo me iba a traicionar.
-A medianoche- cuando quise darme cuenta sus manos se encontraban alrededor de mi cuello y su lengua no había pedido permiso para entrar en mi boca, intenté resistirme pero era inútil, sus manos habían bajado hasta mi trasero y me estaba apretando contra su tenso y excitado cuerpo. Creo que en ese momento ya no era dueña de mi cuerpo y que me había sublevado por completo a él, si hubiese sido un poco más fuerte habría conseguido salir de ahí, pero por el momento era suya.
Los jadeos empezaron a brotar de mi garganta y pude notar como sonreía mientras me besaba, le agarré del pelo y lo eché hacia atrás para hundirme en su cuello mientras lo besaba lentamente, sacando la loba que llevaba dentro. Él metió una de sus manos por la apertura de mi vestido, la que dejaba al descubierto mi muslo y no pude hacer más que susurrar su nombre.
-Bella, eres mi tortura y hasta que no acabe contigo no podré vivir tranquilo- el calor subía hasta mi rostro, lo estaba contemplando mientras sonreía, lo odiaba tanto, ya me lo había dejado claro no me dejaría hasta hacerme suya, mi orgullo estaba dañado pero al estúpido de mi cuerpo parecía darle igual. Tenía que pensar algo rápido para escapar de mi lobo particular. Gracias a dios el destino me salvaría de sus garras.
Nota de la Autora: espero que no se os esté haciendo pesada la historia pero es que quiero contar tanto sin aburrir. Y lo sé, soy una pesada, pero mil gracias de nuevo por las visitas, favoritos, etc
Johana: mil gracias por leerme espero que la historia cada vez vaya a mejor.
CaroBereCullen: como siempre un gusto responderte querida lectora ;) Yo solo te digo chica lista, puede que por ahí vayan los tiros.
