Candy llevaba ya dos semana en Inglaterra, para Terry sería hipócrita no admitir los muchos cambios que había tenido en su persona, estaba más relajado, sonreía con más facilidad y no soltaba tantos insultos como antes, su mundo se apartaba de las sombras. Por fin. Había asediado a su chica de ojos verdes sin descanso, había hecho todo lo que estaba a su alcanza para estar el mayor tiempo posible con ella, ¿Pero la había conquistado?
Ese día había invitado a Candy a un paseo a caballo, habían quedado en encontrarse frente a las cuadras de uno de sus amigos que reía de Terry al verlo tan atento con una chica por primera vez en la vida, cabalgarían hasta un rio que cruzaba el paisaje y entonces después de dos semanas de cortejo el dejaría en claro sus intenciones, no era una amistad lo que buscaba, y no tampoco quería tratar fraternalmente a la mujer en quien pensaba como su esposa.
Por eso cuando llego el día acordado espero con paciencia a la pecosa, llevaba apenas cinco minutos en el lugar acordado cuando vio que llegaba, en sus más de veinte años de vida no había sentido tal cantidad de bilis como cuando noto que ella no llegaba sola, a su lado, galante y rubio se encontraba su primo Anthony Brower.
—Anthony disfruta de los caballos más de lo que yo haré nunca –le explico la rubia cuando vio la sonrisa forzada del duque.
Terry no se conformo con la explicación pero lo dejo pasar, lo que no pudo evitar fue darse cuenta como el rubio había hecho lo posible por apartarlo, fue Brower quién subió a Candy a la yegua baya que el mismo se había encargado de elegir, la había tomado por la cintura y ella había reído antes de acomodarse en la montura, fue ese preciso instante cuando una realidad golpeo al duque.
Su futura esposa no era indiferente al cariño que le profesaba Anthony. Entenderlo le dolió casi tanto como el día que fue a Estados Unidos y al no encontrar a la pecosa se había estrellado con su moto y se había roto una pierna. Pero esta vez temía que iba rumbo a estrellarse con algo más fuerte que un muro de contención.
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EL BESO DE TUS OJOS
PARTE: III
Por: Gaiasole
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Dedicado a mis lectoras, especialmente: Candicita 1998, Hikari Mitsuki, candice 1981, lupita1797, Maggy de Andrew, Flor, Candicita, Candicita 1998, karin, cyt y Mia Londono. ¡Gracias chicas, hasta otra historia!
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—Mi hijo no está –informó Eleanor a Candy mientras le servía una nueva taza de té Earl Grey.
—¿A que hora regresara?
—Está en Londres, salió ayer por la noche y no estoy segura cuando regresará, fue a hablar con un hombre que le ofreció trabajo en California, Terry a ultimo momento se disculpo y dijo que no haría el trabajo, el hombre estaba muy enojado así que telefoneo a mi hijo y prácticamente lo amenazo con una demanda si incumplía el contrato.
—Pobre Terry, ¿Esta muy preocupado?
—Parece que no conoces a mi hijo –rio Eleanor—. Es más probable que en este momento este insultando al pobre hombre que llegando a un acuerdo, y en caso de que el hombre en verdad lo demande estoy seguro que Terry entrara a la cárcel pero por desacato, ya sabes que mi hijo no es seguidor del orden.
Candy rio al imaginarlo, ciertamente Terry siempre dejaba en claro lo poco que le gustaba la autoridad, después haber pasado los últimos días juntos él se había topado en más de una ocasión con la Tía Elroy, por alguna razón a la tía se le había metido en la cabeza reprobar todo lo que hacía el duque, y el cambio le respondió con algún comentario que ponía a echar humo a la vieja matriarca.
—Avíseme cuando regrese –pidió Candy cuando salió de la casa vecina para dirigirse a la propia.
La rubia salió con la imagen de Terry rondando sus pensamientos, se sentía nostálgica y eso que apenas lo había visto hace algunas horas cuando habían ido a montar a caballo, no había dejado de notar su molestia frente a Anthony, iba concentrada en el recuerdo que casi choco de frente con su rubio primo que la esperaba frente a la mansión Ardley, el rubio sonrió al verla.
—¡Vaya! Esta vez no te has quedado con tu querido duque.
—Él no se encontraba –dijo ella como si eso lo explicara todo.
—Después de dos semanas pegado a ti me alegro sinceramente de que no este, ¿Ah donde fue?
—A Londres, no se cuando regresará.
—¡Oh! Bueno, no tendrás tiempo de acordarte –dijo Anthony tomándola de la mano—. Tengo muchos planes para hoy, y todos ellos te incluyen a ti Candy.
Él día, como siempre que estaba en compañía de Anthony, le pareció que pasaba muy rápido, la rubia disfrutó cuando ambos desayunaron en un curioso y pequeño local de comida Francesa, también disfruto del paseo por una plaza mientras ambos comían unos mantecado que sabían a gloria y rio como niña cuando fueron a dar con una feria que estaba de paso. Aún cuando el día solo podía describirse como perfecto no pudo dejar de preguntarse como habría sido en compañía de Terry, el castaño era mucho más osado que Anthony, su primo era magnifico pero su presencia no le imponía tanto como la mirada de Terry, esos ojos debían haber derretido a la persona más fría del mundo.
—¿Pasado mañana te gustaría ir a ver una exposición? Creo que te gustara, el artista no es otro que mi amigo Archie Cornwell.
—¿Ese estirado? –pensó la rubia sin atreverse a mirar a Anthony al decir—. Me gustaría ir.
La exposición estaba siendo tal como había imaginado Candy, llena de personas ricas que tomaban, fumaban, reían y muy de vez en cuando se fijaban en las pinturas de Archie, a ella ya le habían gustado dos cuadros pero ni muerta se lo diría al artista, ya conocía al amigo de su primo y sabía que halagarlo apenas un poco era subirle el ego hasta los limites además de que se extendería en las razones de su arte, lo que Candy describía en dos palabras como cuadro-bonito, Archie lo hacia en trescientas.
—¡Has venido Anthony! –saludo el castaño.
—No podía fallarte –admitió el rubio con su típica sonrisa animada. Ese día más prominente ya que era Candy la dama que llevaba del brazo.
Los dos intercambiaron las preguntas habituales antes de que Archie se interrumpiera bruscamente.
—¡Ah venido! La prima ballerina, bueno una lastima que no haya venido sola tal como le sugerí.
Candy miro con atención a la pareja que acababa de entrar a la exposición, con sorpresa se dio cuenta que reconocía a la mujer, ¡Era Susana! La bella bailarina iba muy sonriente del brazo de un hombre de cabello castaño vestido de frac igual que otros hombres en la habitación, aunque ninguno se veía como él, nadie podía imitar la distinción del duque de Grandchester, llevaba la cabellera sujeta y pareció sorprendido de verla, él estaba para quitar el aliento y era justo admitir que a ella si que se lo había arrebatado.
—¡Señorita Marlow! –saludo Archie—. Se ve encantadora, me honra que haya aceptado mi invitación, ¡No esperaba que dejará Londres por un pobre artista como yo!
Susana rio hasta que noto que sutilmente Terry se deshacía de su brazo y la dejaba en compañía del artista, el castaño no noto el enojo de Susana, esta inmerso en su tarea de acercarse a Candy, se le notaba preciosa con el vestido verde que llevaba, resaltaba su piel pálida y la mirada verde que el recordaba de memoria.
—Que sorpresa señorita Ardley, señorito Brower –Terry sonrió al ver la mueca de Anthony por llamarlo señorito—. Mañana mismo pensaba visitarlos, por suerte mi estancia en Londres no hubo necesidad de prolongarla.
—Una lastima –respondió Anthony—. Londres me parece perfecto para usted señor Grandchester.
—¿De verás, sabe que destino elegiría para usted Brower? Estados Unidos, seguro que extraña su tierra natal, debería regresar lo antes posible.
Candy los miro tensa, los dos hablaban educadamente pero si las miradas mataran ella ya estaría vistiendo de negro.
—Viniste con Susana –murmuro Candy.
—Si –Terry la miro con tanta atención que la incomodo—. La encontré en Londres y me pidió que la acompañara a esta exposición, pensé que me aburriría mucho con el estirado de Archie.
—Archie no es ningún estirado –dijo Anthony a la defensiva, no noto que Candy se había sonrojado pero Terry si lo hizo y soltó una carcajada que como siempre atrajo muchas miradas, en su mayoría femeninas.
—A veces el pensamiento es similar –dijo Terry sin importarle la confusión de Anthony—, encontrar a alguien que comparta el pensamiento me es fascinante. En fin, buenas noches primos Ardley.
El duque regreso a lado de Susana y el resto de la noche no dirigió ni una mirada a los primos, a veces era mejor tomarse un descanso antes de vencer.
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Casa de lo Thompson. Nueve en punto. Lleva pantalones y botas.
T.
¿Estaría soñando? A Candy le temblaba la mano al leer la carta con la caligrafía de Terry, en cinco días ni un mensaje y de repente le mandaba un mensaje que bien podría haber sido un telegrama por lo conciso de sus palabras, aún así su rostro se iluminó.
-¡Dorothy! –llamó Candy-. ¡Necesito tu ayuda!
-¿Para qué?
-¡Quiero verme guapa!
Dorothy la miro con una sonrisa antes de ponerse manos a la obra. A las nueve en punto la rubia esperaba en el camino frente a la casa de los Thompson, llevaba un pantalón de montar de color caqui, botas cafés, una sencilla camisa blanca y el pelo estaba trenzado informal, a ella el atuendo le parecía demasiado sencillo pero Dorothy había insistido en que estaba perfecta, la única joya que llevaba era un pulsera de oro, regalo del duque años atrás.
-¿Por qué estará tardando? –se pregunto la rubia antes de escuchar el sonido de una moto que se acercaba por el camino, sonrió al ver quién la conducía y como paraba frente a ella-. ¿Una moto?
-Más específicamente una Triumph Thunderbird –Terry extendió una mano y le ofreció un casco-. Póntelo y sube.
-¿Tú no usaras casco? –preguntó mientras notaba que el llevaba de nuevo el cabello sujeto.
-Póntelo –ordeno sin hacer caso de la pregunta.
-Como la tía abuela me vea… seguro me retira el apellido.
-Igual lo vas a perder –ella no entendió el comentario y el se limito a encogerse de hombre porque estaba confusa-. Y para que sea un hecho que lo pierdes me asegurara de pasear frente a tu señora tía.
-Sí, serias capaz –dijo Candy al subir detrás de él ya con el casco puesto-. ¿Dónde debo poner mis manos?
-¡Sobre mi! –dijo Terry arrancando, a la rubia apenas le dio tiempo de abrazarlo y aferrarse a él con fuerza, ella le grito algo sobre ser un bruto pero el solo se rio, Candy no supo cuantos kilómetros recorrieron, o los paisajes que veían, solo se daba cuenta lo bien que olía Terry y lo mucho que le gustaba su cuerpo, se sonrojo cuando imagino la visión de ambos-. Candy, ya paramos. Puedes soltarme ahora.
-¡Si! –dijo con resignación, cuando se giro a ver a dónde la había llevado se dio cuenta que estaban de nuevo frente a la casa de los Thompson-. ¡Solo me has dado una vuelta!
-Sí, ¿No estabas prestando atención? –Terry no dejo de notarla nerviosa, si ella supiera que el se sentí igual de inquieto-. Además ya no es la casa de los Thompson, se mudaron hace un año y yo les compre la casa, bájate pecosa hay un desayuno esperándonos dentro.
La rubia asintió, bajo de moto y Terry imito el movimiento, antes de darle tiempo a quitarse el casco él se lo quito y lo dejo de lado, ella se iba a alejar pero él la tomo de la mano y la llevo consigo dentro de la casa, ella nunca había entrado al lugar pero parecía amueblado por una mano femenina.
-Mi madre –dijo él.
-¿Qué?
-Estas pensando quién lo decoro, fue mi madre si por mi fuera no habría puesto ni cortinas.
-¿Por qué compraste la casa?
-Aburrimiento –Terry siguió caminando, pasaron por un comedor, la cocina y finalmente llegaron al patio de atrás-. Y también la compre por esto.
-¡Cielos! –exclamo Candy con sorpresa al ver el lago que se extendía frente a ellos-. ¡No sabía que… es precioso!
La impasible agua parecía un paisaje inmejorable.
-¿Te ha gustado el paseo en moto? –pregunto el de repente.
-Sí –no se había enterado de casi nada del paseo pero claro que le había gustado el pretexto para abrazarlo.
-¿Sabes que hace no mucho choque una? Estaba en Estados Unidos, había ido a buscarte y cuando me dijeron que no estabas ni regresarías en un buen tiempo me puse furioso, arranque la maquina, maneje no se cuanto rato antes de chocarme contra un muro, creo que mi cabeza dura me ayudo porque por suerte solo me rompí una pierna.
-¿Y eso es suerte? –Candy lo miro con ojos llorosos y el pensó en detenerse y no decir nada más, pero no pudo.
-Estaba enojado porque por fin me había animado a buscar a la rubia que me perseguía sin tregua, cuando supe que te ibas lo acepte, al menos durante un día, el resto del tiempo estaba furioso, me molestaba ver a Susana, me iba a casar con ella pero solo de verla sentía ganas de gritarle, siempre buscaba, mejor dicho, siempre te buscaba, estoy enamorado como idiota de ti y no me di cuenta hasta que desperté gritando tu nombre –Terry la soltó y dio algunos pasos de regreso a la casa-. Pensé en mudarme en Estados Unidos, se lo sugerí a mi madre como un beneficio para ella, pero en realidad solo deseaba el pretexto para verte, pero antes de mudarme te vi junto a tú Anthony, ¡Qué celos, que idiota sentir que me engañabas!
Candy tembló antes de caminar hacía él, Terry la escucho y se giro a verla, la recibió con brazos abiertos cuando ella se estrecho contra él, las manos masculinos tomaron la cintura y la acercaron más a el, el castaño se inclino hasta recargar su frente en la de ella.
-No es mío, Anthony es mi primo y lo quiero pero siempre pierde frente a ti. Creo que el lo sabe, creo que tu lo sabes, te amo.
Terry lo sabía, su madre siempre decía que era muy inteligente para su propio bien, pero en ese momento se sentía como un tonto que había perdido mucho tiempo, el castaño abarco más la cintura femenina con sus manos, su cabeza se inclino y la beso, primero tiernamente, un roce o dos antes de buscar su sabor, cuando por fin ella accedió él se encontró disfrutando de las caricias ocultas en un beso, la probo con fervor y solo se separo cuando ella quiso recuperar el aire, Terry la sintió temblar cuando el se inclino de nuevo, pero esta vez en vez de tomar su boca probo su cuello, y fue descendiendo hasta rozar a un centímetro de sus formas más féminas.
-Si me sigues besando… -murmuro Candy-. Tu pelo, ¿Puedes soltarlo?
Al castaño no le dio tiempo decir nada porque la rubia le paso los brazos por el cuello y desato con facilidad su cabellera.
-No deberías amarrarlo –decía Candy al acariciar los mechones sueltos-. Te prefiero así, sin ataduras.
-Es la primera vez que noto lo erótico de que te acaricien el pelo.
-¡Terry! –exclamo roja como manzana.
-Venga futura duquesa, sabes que en el futuro te diré palabras más provocativas, mejor que te vayas acostumbrando –dijo antes de morderle la oreja-. Si las palabras te causan estragos imagínate cuando las palabras se vuelvan hechos –Terry rio con ganas al sentir como un escalofrió la recorría-. Esas pecas tuyas ya se están moviendo, contare una a una cuando estés abrazada a mi en la cama.
Candy lo acuso de burlarse de ella pero el solo siguió riendo y hablando cosas que si a ella la escandalizaban a la tía abuela le abrían provocado una apoplejía, desde la casa se veía la figura de Eleanor imaginando los preparativos de la boda, a su hijo le había tomado casi diez años pero por fin lo había conseguido. Tendría que contarle a Candy que lo tenía conquistado desde la primera vez que la vio, una niña de siete años, coletas y unas dotes de mono envidiables.
F I N
