Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación pertenece a Gisele Maza.
Bienvenidas a esta nueva aventura, espero que disfrutéis de la mano de Gis, sin mas ceremonia os dejo :)
Capítulo 3:
Hechizado
Edward Pov.
Desde lejos te veo y pienso, como sería tenerte
Quien será ese afortunado que de mil besos te llene
Haciendo que este deseo que estoy sintiendo por ti
Sea mas profundo aún que perfume de jazmín
No hay noche que no sueñe, con tu mirada perdida
Con quererte, con besarte con concederte la vida
Con caminar de la mano intercambiando sonrisas
Que tranquilizan el alma, cual dulce sinfonía
Siempre imagino que me quieres como yo a ti te quiero
Corresponderte mi amor, con esperanzas espero
Y aunque sean cien años los que pase en soledad
Si un segundo junto a ti estoy, entonces feliz me muero.
Era el primer día de muchos de los que iba a pasar en este maldito lugar. Aun no entendía, y no me entraba en la cabeza, que mi padre me hubiera dejado a cargo de mi hermano mayor, cuando este estaba pensando mudarse en unos días. Mi padre le había pedido a mi hermano explícitamente que alquilara un departamento cerca de instituto. No se como había echo Emmett, pero había conseguido uno muy bueno por medio de una supuesta amiga, si como no, supuesta "amiga", y yo era el rey de España…
Lo único que me hacia querer asistir al maldito Instituto y que además era mi motivación, era el echo de que iba a conocer a la mujer mas hermosa que jamás había visto en toda mi vida, Isabella Swan. Hoy, hoy seria el día, hoy la conocería.
Flash back
El día que mi hermano me había llevado a inscribirme en el instituto, obligado por supuesto, diciéndome que por mas que papá me había dejado bajo su cuidado, entre nosotros dos el trato era que yo podría hacer lo que quisiera mientras no me metiera en problemas, pero que con respecto a mi educación y a mis clases de piano, no iba a cambiar de parecer.
Papá lo había dejado bien claro antes de marcharse y dejarme con Emmett. El instituto y las clases de piano no las podía dejar.
El nos iba a depositar todos los meses en el banco una suma de dinero para nuestros estudios, los víveres, la comida y por supuesto para el alquiler del departamento, y además nos dejaba nuestros autos. Emmett todavía iba a la universidad y lo usaba a diario, yo obviamente no podía molestarlo, ya demasiado con tenerme en su casa, así que con toda mi fuerza de voluntad y dejando mi orgullo de lado, tuve que pedirle a mi padre que me facilitara un medio de transporte, y aunque le pedí específicamente que no sea para nada algo ostentoso ya que yo solamente le pedía un algo sencillo.
Como siempre hizo todo lo contrario, comprándome un Audi R8 descapotable, color negro. Me había negado rotundamente a aceptar el auto, alegando que no lo iba a poder mantener, y por supuesto el tratando siempre de quedar bien y queriendo limpiar su conciencia dijo que con lo que nos iba a pasar todos los meses, nos iba a alcanzar para vivir como reyes y que en eso también incluía los gastos para el mantenimientos de los vehículos. Así que no me había quedado de otra que aceptarlo; era obvio que quería tener todo cubierto para que en el futuro no lo molestáramos.
Cuando habíamos llegado con Emmett al instituto, él había pedido a las autoridades que nos mostraran a los profesores para yo poder elegir un tutor ya que como iba a ser la primera vez que estaba en este instituto, iba a estar un poco atrasado con respecto a los programas que dictaban los maestros. Con eso fueron pasándome uno a uno los porfolios de los profesores con fotos e información básica, no personal sino académica.
La última imagen era la de una mujer, pero no cualquier mujer, era una sumamente hermosa, por lo que había podido leer no hacia mucho que enseñaba. Por su corta edad no me hacia falta ver cuantos años tenia, con tan solo ver su preciosa cara se veía reflejado que estaba en la flor de su juventud. Con eso y todo era una de las profesoras mas joven del instituto, pero eso no le quitaba merito, al parecer era una de las mejores educadoras del colegio, según leía.
La profesora Isabella, era una diosa bajada del Olimpo, si con tan solo mirar sus ojos marrones atreves de un simple papel quedabas atrapado literalmente de esos mares de chocolate. Eran increíblemente hermosos, no podía imaginarme como seria tenerla enfrente. Eran atrayentes, imnotizantes, embriagadores, simplemente te perdías en esos orbes.
En la información que venia adjunta a la foto no especificaba que edad tenia pero no parecía tener mas de veinticinco años, y eso para mi estaba mas que perfecto… Solo tenia claro una sola cosa, y era que tenía que conocer a esta mujer en persona.Y si para eso tenia que aguantarme todo este maldito circo, lo iba a hacer con tal de conocerla.
Ya para esto Emmett había firmado todos los papeles, y habíamos aclarado de que empezaría la próxima semana. Pero para poder verla tenía que esperar un día después de que todo el alumnado empezara, porque ese primer día tenía que ir a recoger el bendito auto de la concesionaria.
Íbamos en el auto con Emmett de regreso a su departamento, yo estaba sumergido en mis pensamientos y en un silencio profundo, no había dicho ni una palabra desde que habíamos salido del instituto y eso para mi hermano parecía ser algo muy raro…
— Eddy… ¿te sucede algo? ¿Estas muy callado? - Dios tenía un puto nombre, porque tenía que ponerme esos diminutivos tan horribles
—Emmett por favor, podrías llamarme por mi nombre y dejar de decirme de esa forma - le dije un poco molesto
— Perdón hermanito, solo quiero saber porque estas tan callado… acaso ¿hay algo del instituto que no te allá gustado? - dijo sin más preámbulo
— No, todo en el instituto esta bien, mas que bien diría yo…- y no pude evitar que se formara una tonta sonrisa en mi rostro
—Que es tan gracioso, ¿Qué es lo que me perdí?, ¿Porque dices que el instituto esta mas que bien? —Me dijo y pude divisar en su cara una mueca de disgusto — Edward por favor, no quiero que en la primera semana me estén llamando porque te han llamado la atención…— no lo deje terminar.
—Tranquilo Emmett, solo lo digo porque no esta nada mal el lugar… - fue su turno de cortarme-
— Solo te ruego que no te mandes ninguna de las tuyas, dentro de tres semanas estas por cumplir tu mayoría de edad, y de verdad te digo, que no quiero tener problemas… ¿Lo entiendes? ¿Puedes cumplir eso? - ya estaba fastidiándome con su sermón-
— Te lo prometo Emmy… solo dame una chance y veras que no te voy a defraudar - le dije para acallar su palabrería. Me miro con el seño fruncido, odiaba que le dijera Emmy, pues bien que se la aguante.
—¡OK! Ya no te voy a molestar mas con eso…- y agrego - antes de ir a casa tenemos que pasar por el centro comercial a comprar un par de cosas que necesitamos… ¡No pensaras que nos alimentaremos del aire no! - me dijo y yo no hice mas que bufar. Solo quería llegar a casa y descansar un poco acostado en mi cama, pensando en la dueña de esos perfectos ojos color chocolate, y mi hermano me estaba llevando a un centro comercial… ¡Genial simplemente estupendo!
Fin del Flash back
*O* *O*
Una semana Después
No podía dejar de mirarla. Podría estar toda la vida mirando esos ojos, esa boca, esa nariz, era realmente una mujer perfecta. Tenia un cuerpo de infarto, un cabello largo que le llegaba hasta su cintura, me imaginaba como seria sentir su cabello entre mis dedos.
Algo curioso me pasaba, y era que sentía que yo no le era para nada indiferente.
Cuando hoy me había levantado, me había prometido que seria un gran día. Me había despertado con un poco de retraso así que me había dado una ducha rápida para poder bajar a desayunar. Me puse el uniforme del Instituto y trate de peinarme el cabello, aunque sabía muy bien que seria una pérdida de tiempo ya que en cuanto se me secara pasaría a tener vida propia, no le dedique más tiempo que el necesario y baje al encuentro con mi hermano.
En la cocina estaba Emmett con una enorme sonrisa en su cara. Me preguntaba en que estaba pensando que le hacia tener semejante cara de tonto.
— Buen día - dije con mi vos un poco ronca
— Buenos días hermanito, tu desayuno esta servido, apúrate que llegaras tarde a tu primer día -dijo divertido, no sabia que podía ser eso que lo divertía a esta hora de la mañana
— Genial - no tenia mucho animo para seguirle la conversación, pero tenia curiosidad de que era lo gracioso
— Emmett porque traes esa cara de payaso de circo ¿eh? - dije queriendo parecer divertido aunque por su expresión no funciono mucho.
—Es que…- parecía dudar si contarme o no - Veras… anoche llame a… Rosalie, te acuerdas de ella - tarde un poco en acordarme de esa chica ya que yo era chico cuando ella venia a casa, no me acordaba mucho pues cuando ella venia yo estaba metido en mi habitación jugando en mi consola de juego.
—Ah sí, pero no me acuerdo mucho de su cara - dije diciendo la verdad - ¿Que hay con eso? -
- bueno la encontré por Facebook, por medio de una conocida del instituto al que íbamos, sabia que ellas eran muy cercanas, la cosa es que hablando con Lauren, le pregunte si sabia algo de Rosalie y me dijo que si, que ya se había recibido así que le pedí su numero, y decidí llamarla - cada ves que hablaba y nombraba a esa chica Rosalie se le iluminaba el rostro, el tonto tendría que agradecerle a esa tal Lauren por haberle pasado esa información…
— ¿Y qué paso? - pregunte ya con curiosidad
—Estuvimos hablando de todo un poco y me dijo que en el edificio donde ella vive hay un departamento desocupado, me dio el numero del dependiente…- no lo deje terminar
—Emmett no me digas que solo hablaste del departamento, ¿no la invitaste a cenar? O no se, ¿a tomar algo? - no podía ser mas lento porque no tenía tiempo
— No, porque… yo pensé que tal vez cuando nos mudáramos podría invitarla, no quise asustarla, no quería que pensara nada malo - y no pudo más que encogerse de hombros.
—Ok, entonces cuando nos mudemos, lo primero que tienes que hacer es invitarla a salir para agradecerle por el dato del departamento - dije subiéndole un poco el animo y su autoestima, mi hermano a veces solía ser un poco… tímido, a pesar de su físico el siempre fue muy autocritico con el mismo. No tenia mucha vida social Así que encontrar a su amiga no le caería nada mal en este momento
—Sí eso are… ok ahora solo come que ya llegas tarde - me sirvió el desayuno y el se sentó frente a mi.
Desayunamos sin hablar mucho, obviamente no sin dejar de decirme su ya insoportable sermón, de que no le traiga problemas, de que tratara de hacer amigos nuevos, de no pelearme con los profesores, bla bla bla… ya me sabia de memoria todo lo que me decía. Solo me dedique a escucharlo y a asentir cada vez que era necesario.
-Ed, mas tarde llamare al dependiente del departamento, pero por las dudas tendrás que ir preparando tus cosas, no quiero ningún percance o que te olvides algo - asentí sin mucho animo.
A veces podía sentir tanto odio hacia mi padre, por manejarnos la vida de tal forma, que pensaba que mi corazón podía estallar de tanto sentimiento acumulado. Lo último que se le había ocurrido era que nos teníamos que mudar cerca del instituto donde yo iría, para que no pudiera perder ninguna clase. Claro como el no iba a estar cerca, quien mejor que Emmett para ocuparse de mi si llegara a pasarme alguna urgencia.
A veces pensaba que él no, nos quería. Si solo nos mostraba cariño era porque antes estaba mi madre quien se lo pedía y ahora era mi hermano, quien le recordaba que existíamos y que yo existía.
Mi madre había muerto hacia un año, y el muy sin vergüenza ya estaba con otra mujer. Siempre tuve la sospecha de que mi padre tenía otra mujer mucho antes que mi madre muriera, pero nunca pude comprobarlo, pero esa es otra y muy desagradable historia.
Terminamos ambos de desayunar a la misma ves, yo me apure a tomar mis cosas para salir directo al Infierno donde solo tendría un momento de paz cuando la viera, solo en ese momento me sentiría satisfecho. Estaba un poco inseguro de lo que me pasaba pero yo se lo atribuía a eso y aunque no lo crean fue con tan solo mirar su foto. Algunas personas les llaman amor a primera vista, y yo bueno… aun me costaba aceptarlo.
Me despedí de mi queridísimo hermano, no sin antes recibir una advertirme que me portara bien. Yo había pasado por varios Institutos y en todos no había salido de la mejor manera, se podría decir que era un poco… revoltoso, no me gustaba que me dijeran que hacer, faltaba mas decir que tampoco me gustaba formar parte de esos típicos grupos populares, ósea yo tenia todo para ser parte de esas etnias, no era por agrandarme ni mucho menos pero era un chico guapo con un buen porte atlético. Desgraciadamente tenia una buena posición económica y sobre todo y por lo que las chicas y porque no algunos chicos morían era porque tenia un hermoso Audi… si, al final había terminado aceptando ese "regalo"… de igual modo yo era mas bien una persona solitaria, sin muchos amigos.
Me gustaba sumergirme en mi mundo y olvidarme de todo; no me malinterpreten solo me gustaba escuchar música con mi Ipod y dormirme lentamente.
Siempre me dije, que el día que encuentre a una chica que realmente valga la pena, le entregaría mi corazón y mi alma, y no solo eso, le daría todos los gustos que ella me pidiera gracias a que poseía varias cuentas bancarias; que según mi padre, por derecho me pertenecían, pero ese también era otro tema.
Deje mis cosas en el asiento del copiloto, y sin mas me dispuse a irme al Instituto. Me puse mi Ipod y le subí todo el volumen, necesitaba distraerme y solo lo conseguía de esa forma.
En menos de media hora ya estaba en el odiado lugar; maldije diez mil veces a mi padre por haberme comprado un vehículo tan ostentoso. Al entrar al estacionamiento del Chalette Colage, todo el alumnado que esperaba a que sonara la campana de ingreso, posaban sus miradas en mi, o mejor dicho en mi queridísimo auto. Ni modo, este año iba a ser largo y tortuoso, pero a la ves placentero y excitante.
Antes de salir a enfrentarme con aquello, hice tres respiraciones largas y profundas; tome mis cosas y me dispuse a bajarme del auto.
Podía escuchar como murmuraban a mi espalda cada vez que avanzaba hacia adentro de las instalaciones. Podía ver como algunos jóvenes que estaban a los costados de sus autos me miraban de una forma no muy agradable y otros solo me miraban con la curiosidad reflejada en sus ojos.
Las muchachas eran un tema aparte, me devoraban con la mirada. Al pasar por un grupo de ellas, una me miro de una forma tan descarada e insinuante que me dio ganas de mostrarle lo que había desayunado esta mañana. No eran feas ni mucho menos, pero mis pensamientos eran de una sola persona, y no había nada mas dando vuelta en mi cabeza, que sus preciosos ojos.
Solo rogaba que esa chica y ninguna de ese grupito estuvieran en ninguna de mis clases, no tenía ganas de lidiar con esos arranques de hormonas.
Hice oídos sordos a todas las cosas que decían y pase de largo sin importarme nada.
Camine buscando mi casillero y cuando lo encontré guarde todas mis pertenencias dentro, tome todo lo que me hacia falta y salí para mi primera clase.
Dios parecía quererme hoy. Cuando vi en la hoja donde tenía los horarios de mis clases; mi corazón había comenzado a palpitar de una forma cada vez más fuerte… Si, era con ella, con ella tendría mi primera clase.
No se cuantos minutos había pasado estático mirando aquel papel, pero podía sentir como la gente ya había comenzado a entrar al lugar, así que solo pude atinar a comenzar de nuevo con mi trayecto apurando un poco el paso.
Entre en la clase y pude divisar un asiento en la mitad de esta, deje mi cuaderno y libreta sobre el taburete, y me senté a esperar.
No había pasado ni un minuto y yo ya estaba con la cabeza gacha cuando se sintió la puerta abrirse de un fuerte y estruendoso golpe, levante mi mirada para ver quien era el causante de tal disturbio, y no solamente era una persona sino que era un grupo de chicos, entre ellos hombres y mujeres; a la cabeza iban… No, definitivamente este no iba a ser mi día perfecto. Venía entrando una pareja de jóvenes rubios muy parecidos a Barbie y ken, seguidos por un sequito de chicos.
Cuando la chica me vio cambio radicalmente su postura, paso de una actitud socarrona e irónica a una puritana y amigable; estaba de más decir que estas dos últimas cualidades no le quedaban para nada bien, eran tan falsas como ella misma. Era la misma chica que en el estacionamiento me miraba y se dirigía a mí de una forma descarada.
Solo trate de mirar hacia otro lado y no darle demasiada importancia.
Ya estaban todos mis supuestos compañeros, solo faltaban unos minutos para que empezara la clase, y se me hicieron los minutos más eternos de mi vida…
Cuando sin previo aviso, a mi vista apareció traspasando la entrada del lugar, una mujer de un hermoso y sedoso cabello, dueña de un cuerpo de infarto, unas piernas firmes y estilizadas, una cintura pequeña que de seguro entre mis brazos quedaría aun mas pequeñita, y sobre todo dueña de esos imnotizantes y abrazadores ojos, Dios mío… era la mujer mas preciosa del mundo yo no podía creer que esta agraciada mujer dueña de una pulcra belleza seria mi profesora.
La foto que había visto hacia una semana, no le hacia justicia alguna en nada, verla en persona era realmente algo magnífico, si… esa mirada tenia que ser un regalo divino sin duda.
No podía dejar de mirarla, todo de ella me atraía, tenía que comportarme y no dejarme llevar por mis impulsos, ahora más que nunca tenía que demostrar que podía ser una persona madura, mejor dicho un hombre maduro…
Pero… y si… ¿ella me ve como un niño? Seguro que si, ósea yo no era nada más ni nada menos que su alumno así que lo más probable era que ella me viera como lo que era, su alumno.
Una mujer con tales características no podía andar por este mundo sola, sin ningún compañero, no… ella de seguro tenía una lista interminable de pretendientes a la espera de poder acortejarla. De pronto sentí una punzada en el centro de mi pecho con la sola mención de que ella le perteneciera a alguien más. ¿Estaría casada o de novia? No, no podía apresurarme a los acontecimientos; pero yo ya me encargaría de averiguar cual era su estado civil, y cruzaba los dedos para no llevarme una desilusión, no, eso no podía pasar no ahora que… ¡No, simplemente no podía pasar!
La profesora Isabella entro caminando de una manera natural, aunque para mi era de lo más sensual. Dejo sus cosas en su escritorio y un segundo después empezó a preguntar quienes habíamos faltado el día anterior para luego preguntar los nombres y apellidos.
Solo faltaba un chico y el siguiente era yo… Ah, los nervios me estrujaban el estomago; el chico empezó hablando
-Mi nombre es Ian Lankers, y tengo diecisiete años - dijo el interpelado. Isabella era sumamente profesional sabia que, como y cuando decir algo, pero podía notar que algo la tenia un poco molesta, porque constantemente fruncía su ceño levemente. ¿Y si lo que le molestaba era mi constante e insistente mirada? ¿Y si yo no le agradaba? ¿Y si pensaba que era uno mas de estos, que por lo único que se preocupaban eran por cosas materiales? No, sin duda tenia que darle una buena impresión.
Era mi turno, así que empecé por ponerme de pie y presentarme, este iba a ser mi momento…
Ella hizo un gesto y comencé
-Cullen… Edward Cullen - dije - y tengo diecisiete años - que por suerte dentro de poco seria mayor de edad y eso era mas que bueno.
En ningún momento había dejado de posar mis ojos de los de ella yo sabia que si no era mañana, algún día los iba a poder contemplar de la forma mas intima posible, sin prejuicios y sin el que dirán. ¿Qué me estaba pasando?
Termine presentándome de forma agradable y educada, ella me hizo un gesto majestuoso con su mano para sentarme y yo así lo hice.
Minutos después nos dio unas hojas con un trabajo, que pareció ser un test, para evaluar en que nivel estábamos.
Literatura era la materia, aparte de deportes, que más me gustaba y que por suerte la tenía eximida, pero eso no se lo iba a decir; yo tenía que estar en todas sus clases. Si por estar contemplando y admirando su belleza yo tenia que perder horas que tranquilamente las podía ocupar en otra cosa, con eso y todo no me importaba, porque la profe, MI PROFE, me tenía endemoniadamente hechizado y por estar cerca de ella lo haría.
No podía aquietar mi intranquilidad, ya que dentro de mí ser se estaba gestando una necesidad de sus ojos sobre los míos.
Después de haberle dicho mi nombre, y de entregarnos los trabajos, no había vuelto a mirarme, parecía incomoda y su mirada la tenia fija en su carpeta. Tenia que hacer algo, ya no aguantaba más, así que haciendo caso omiso a mi cabeza y dejándome llevar por mis impulsos me puse de pie dirigiéndome hacia ella, ya sabia lo que tenia que hacer y decir.
No podía no darme cuenta, de que la chica rubia que me irritaba tanto con su forma de ser, me miraba como yo me encaminaba hacia el escritorio de la profesora Isabella. Esta chica que no sabía ni como se llamaba tenía la curiosidad pintada en su semblante, pero no iba a dejar que eso me atormentara, ni mucho menos. Me tenía sin cuidado lo que crea o piense.
Me iba acercando lentamente, deduje que no se había dado cuenta cuando me pare junto a ella. Mi mano como si tuviera vida propia, se movió en dirección a su mano y la tomo.
Su piel era suave y tibia, en ese momento levanto su rostro. Petrificada ante mi tacto y ante tanta cercanía miro nuestras manos unidas y levanto su mirada, nuestros ojos se encontraron y pude sentir como mi pecho se inflaba, y sin poder detenerlo un calor delatador subió por todo mi cuerpo y se instalo en mi cara.
- Profesora después de clase podría hablar un momento con usted, si no es mucha molestia – quise sonar lo más seguro posible.
- S-si no hay problema - en sus palabras pude notar un cierto nerviosismo, no quería soltar su mano, pero las circunstancias no eran las apropiadas, ni mucho menos era el momento para que alguien se diera cuenta de que la profe me interesaba, no podía tomar ese riesgo o por lo menos no por ahora.
No podía creer lo que había echo, ahora que le iba a decir… no quedaba mas que veinte minutos para que terminara la clase y tenia que tramar algo, yo solamente quería escuchar su preciosa vos pero no quería que piense que estaba jugando… tenia que pensar algo y tenía que ser ahora.
Mientras pensaba, sin darme cuenta comencé a trazar en la esquina superior de mi hoja su delicado perfil, se me hacia tan natural dibujarla; era bueno para el dibujo pero no tan bueno como en el piano y… ¡De pronto se me prendió la lamparita! Si era eso, era justo lo que estaba necesitando, como me decía mi hermano, ¡Yo era brillante cuando quería!
Le iba a pedir que sea mi tutora, con la cuestión de que yo era nuevo iba a necesitar alguna orientación para mis clases. Aunque no las necesitara no podía dejar pasar esta oportunidad.
Unos chico habían entrado en una discusión, de quien seria rey del baile de no se que, me importaba poco y nada de lo que estaban hablando… pero una vos sumamente chillona, proveniente de esa chica insoportable decía que este año había muchos candidatos para el puesto de rey del baile, no se porque empezó a mirarme de una forma sugestiva, pero lo único que pude sentir con esa mirada era que venia cargada con doble sentido y por supuesto no me gustaba para nada. La chica camino hacia mí y me dijo…
— Tú eres el chico nuevo, ¿no es así? –
— Si.- conteste de forma cortante pero educada
—Bueno - hizo una pausa y siguió - Soy Tanya, me preguntaba si por ahí necesitabas a alguien que te muestre las instalaciones y bueno quería saber si te gustaría que sea yo… ¿que te parece? - ¡Mierda! No podía creer que estaba perdiendo el tiempo hablando con el intento de seducción por parte de esta chica. Bueno ahora por lo menos sabía como se llamaba… Tanya… esta chica iba a ser mi calvario este año.
—Te agradezco mucho, pero no estoy interesado, quizás en otro momento - quise ser lo mas cortante posible, para que entienda que conmigo no iba a poder conseguir nada. Tenia ganas de mandarla a volar pero tenia que comportarme delante de Isabella, necesitaba solo guardar unos minutos mi compostura.
—Bueno, si, quizás sea en otro momento… Si cambias de opinión, ya sabes donde encontrarme - dijo Tanya señalando su banco con la mano… - sigue soñando - me dije en mi cabeza
Hasta que mis oído por fin escucharon el canto de una sirena… Dios… nunca me iba poder acostumbrar a sentir esas sensaciones en mi cuerpo era algo sumamente perturbador pero a la ves excitante; esta mujer no se podía dar una idea de las cosas que despertaba en mí.
Aunque le note la vos un poco irritada aun así me pareció estar escuchando el mismísimo canto de un ángel.
—Silencio por favor, quiero que me entreguen las hojas que les di, se acabo el tiempo, recuerden que solo era para ver a que nivel están, este trabajo no va con calificación… vamos apuren que no tengo todo el día - dijo, pero y no sabia porque, pero yo la notaba un poco incomoda.
Algunos compañeros comenzaron a murmurar cosas por lo bajo, un chico dijo algo como "ya me parecía raro que no comenzara a mandonear" no entendía muy bien pero no parecía ser muy querida entre los alumnos.
Lo que quedaba de la hora pasó como un pestañar, la campana sonó y pude jurar que casi se me va el plan por un caño cuando Tanya, se me insinuó delante de MI profesora cuando estábamos solamente los tres, en el curso. Habían salido todos y cuando yo me dirigía hacia Isabella la maldita chica se me acerco.
—Oye me preguntaba si querías ir a la cafetería, a mi grupo le gustaría mucho conocerte, ¡aparte de mí! ¿Quieres? - no no y no niña, no entiendes que no es no, por todos los cielos ya me estaba encabronando y agotando la paciencia. Sentía que mi cara se estaba trasformando con mi enojo, Tanya efectivamente no aceptaba negativas, y eso para mi iba a ser un maldito problema.
—Niños toco el timbre que no escuchan - dijo la dueña de mis suspiros y pensamientos, salvándome de aquella situación, solo pude sonreírle en forma de agradecimiento por ayudarme con Tanya
—Si profesora solo…- Isabella no la dejo terminar interrumpiéndola y haciéndole notar su temperamento y posición superior a ella, a mi solo me hacia querer tomarla en mis brazo.
Me acerque a mi profesora favorita, a mi diosa, cuando de repente ambos notamos la presencia de alguien; era Tanya. Nunca había visto en mi vida una chica tan insistente e insoportable.
Note que Isabella seguía aun en su postura haciéndola ver para mi gusto muy sexy. Le pregunto a la chica si le faltaba algo, a lo cual tampoco no la dejo ni siquiera terminar una frase, diciéndole que si no le faltaba nada podía retirarse, no sin antes decirle que cerrara la puerta al irse, dejando así a una Tanya horrorizada y saliendo en estado de trance.
Mi respiración empezó a cambiar y acelerarse cuando sus ojos se posaron en mi, haciendo que un escalofrió brotara desde el nacimiento de mi columna vertebral llegando hasta mi nuca erizando todo mis bellos a su paso.
Empecé a notar un leve temblor en Isabella y tuve la necesidad de preguntarle que le pasaba
—Profesora ¿se siente bien? - le pregunte con mi mejor tono
— S-si yo no… que era lo que quería preguntarme - dijo y note el esfuerzo que estaba haciendo para poder terminar la frase.
Cuando me di cuenta lo que me estaba preguntando, empezó a salir de vuelta mi nerviosismo.
Gracias a mi frenético estado mi vos salió un poco entrecortada cuando le pregunte si ella tenia alumnos bajo tutoría, a lo cual ella me respondió que no, que no tenia a nadie; la forma en que me lo dijo me había dado a entender que en realidad no quería a nadie bajo su tutoría, mi desilusión pareció notarse ya que ella enseguida dijo
—No tengo a nadie, porque simplemente nunca nadie me lo pidió, si usted quieres una tutora yo…-
Mi corazón empezó a acelerarse y mi efusividad salió a flote interrumpiéndola y no dejándola terminar
-SI, SI QUIERO… perdón… me gustaría que usted sea mi tutora… claro si usted así lo desea - no podía aguantar más mi alegría, quería gritar para que todo sepan que ella, mi profesora, había aceptado ser mi tutora y que nadie más podía pedírselo.
En ese preciso momento la tenía frente a mí. Sentía un calor inundar mi cara, y como mis mejillas se tornaban de un color rosa bebe, era el mismísimo cielo esta mujer, bella como ella sola.
- Claro, que si quiero… Edward usted, seria único bajo mi tutoría así que… no se… le parece que mañana me tenga preparado algunos de los temas en lo que usted este teniendo problemas… solo para que vayamos avanzando, solo quiero que sepa que yo…- se quedo en silencio por unos segundos - nada solo olvídelo, ¿lo veo mañana? - me dijo y yo no podía estar mas que feliz de que mañana iba a estar con ella después de clase.
—Si profesora, mañana le voy a tener todo preparado, nos vemos mañana Adiós - le dije ya despidiéndome quería que ella pudiera disfrutar del receso que recién estaba empezando.
Estaba llegando a la puerta y en mi cabeza estaba dándome vuelta una pregunta que me estaba volviendo loco, asique me di media vuelta y le pregunte.
—Profesora Isabella… le puedo hacer una pregunta - dije primero, no quería que se abrumara y luego de que ella me diera el ok, continúe - ¿Usted… cree… en el Amor a primera vista? - tenia que decirlo despacio no quería que se asustara y pensara que le estaba haciendo una broma. Pero lo que mas me sorprendió fue su respuesta.
—No se… creo… que ¿si? Nunca me paso - dijo un tanto ruborizada lo cual eso me pareció de lo mas tierno – ¿porque lo preguntas?- me dijo y yo no pude estar más que feliz
—Por nada…solo necesitaba saberlo…- le dije, si necesitaba saberlo, necesitaba saber todo de ella, necesitaba saber cuales eran sus miedos, sus temores, sus alegrías, sus metas, sus anhelos, sus deseos, sus gustos, sus deleites, todo necesitaba saber, todo. Yo simplemente dije lo que pude ya que estaba en un estado de éxtasis
— Yo… yo si creo en el Amor a primera vista - ya no podía negarlo más… eso, era eso lo que sentía por Isabella, era AMOR A PRIMERA VISTA…
—Me alegra saberlo - dijo, pero pareció arrepentirse al instante y en su estado de nerviosismo que ya era notable, solo pudo salir de su boca un trabalenguas - quiero decir… olvídalo… emhh… nos vemos mañana, ya vete de una ves que vas a llegar tarde a tu próxima clase - quería reírme pero no podía, estábamos en receso y tuve que decírselo, parecía confundida… no podía creer que yo la estaba poniendo nerviosa.
—OK… entonces ve a disfrutar con tus compañeros de lo que queda del receso - dijo levantando levemente su vos parecía querer aparentar que estaba dirigiendo bien la situación.
—Sabe… creo que nosotros nos vamos a llevar bien - quería retrasar mas el momento de irme.
— ¡Ah sí! Y yo creo que nos vamos a llevar bien si usted se comporta como debe y no me hace renegar - eso me hiso acordar a mi mamá.
- Yo jamás la haría renegar…- de eso no estaba tan seguro.
—Eso espero. No quiero arrepentirme de cubrir sus turarías, así que ya sabe lo que tiene que hacer - bajo su mirada buscando algo en su escritorio revisando papeles.
—Muy bien… le prometo que no se arrepentirá - mierda… no me quería ir, pero este también era su receso.
—Bien… ahora váyase de una vez, lo veo mañana - acomode bien mi mochila y me dirigí a la puerta y antes de salir me despedí atreviéndome a tutearla a último momento
—Está bien ya me voy… la veo mañana… descansa - ojala no se haya molestado
Salí del salón ya después lidiaría con su reproche por haberla tuteado no podía dejar de pensar en lo todo lo que había logrado… seria mi tutora y no solamente eso… seria único bajo su tutoría, iba a tener mi oportunidad; solo debía de tener sumo cuidado de cómo lo hacia, no quería arruinar y echar todo a perder.
Solo debía ser paciente y esperar, e ir convenciéndola de apoco que ella si podía creer y confiar en el amor a primer avista, yo no lo creía y mírenme ahora.
Espero que os haya gustado tanto como a mi, nos leemos el proximo viernes :)
Cambio y fuera...
