Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación pertenece a Gisele Maza.

Bienvenidas a esta nueva aventura, espero que disfrutéis de la mano de Gis, sin mas ceremonia os dejo :)


Capitulo 4

Conflicto Interno

Bella Pov.

—Isabella ven — me decía él, del otro extremo de un hermoso jardín lleno de flores y árboles frutales. No sabia porque estaba ahí, ni que hacia. Su esencia llegaba a mis fosas nasales de una brisa leve, aun así podía sentir su olor mezclado con el de las flores; estaba hermoso vestido, todo de blanco. Me preguntaba si los ángeles serian igual de hermosos que él.

—Isabella cariño ven, ¡Por favor! — me lo decía de tal forma que no podía negarme, pero… no, esto no estaba bien, no podía tentarme de esa forma, no con él, no así. Pero precisamente porque era el, hacia que mi fortaleza y autocontrol se derrumbara como por arte de magia, ya no tenia vuelta atrás y fui a su encuentro.

—Eso es hermosa, ven — cuando estaba a punto de tomarle sus manos, se esfumo como si fuera una bruma que es llevada por el aire.

Una brisa suave y tibia recorrió todo mi cuerpo asiéndome soltar pequeños gemidos…

— ¡Edward!— gritaba, lo llamaba desesperada — ¡Edward donde estas, no te veo… por favor regresa!— esto ultimo lo decía en lamentos y sollozos, mi pecho se contrataría cada vez mas y mas. El aire parecía no querer llegar a mis pulmones… no podía respirar…

A lo lejos escuchaba un sonido agudo y constante, de pronto todo empezaba a tornarse borroso.

Me desperté con el sueño más tormentoso de mi vida. Aun me torturaba la mente, había sido tan vivido y real, mi respiración estaba entrecortada y agitada. No podía creer lo que había soñado.

Mire de donde provenía el sonido, era mi celular, cuando pude localizarlo mire la pantalla y era Rosalie… Dios me había quedado dormida, atendí enseguida…

— Rosalie yo…— como siempre, me interrumpió con un grito

— ¡Isabella!… Dios Bella, porque no contestabas, ¿Que estabas haciendo?— me pregunto un tanto molesta.

— Rose perdón… es que me quede dormida, pero ya estoy saliendo y en media hora estoy allí— dije rápido para que no me interrumpiera.

— ¡Oh!... tan mal estuvo tu día, para que terminaras rendida — dijo compadeciéndome de mi

— No, solo necesitaba dormir un rato y bueno parece que me pase — admití vergonzosamente

— Esta bien, no ahí problema, solo te llamaba para ver si podías traer un vino — le note un poco la vos cambia — es que pensé que tenia uno, pero… bueno me acorde de que cuando vino Félix nos lo habíamos tomado — esto ultimo lo dijo en un susurro, seguramente avergonzada.

— Está bien no ahí problema yo lo llevo, ¿Te hace falta algo más? — pregunte mientras me dirigía al baño para lavarme la cara.

— Eso era todo… bueno te espero en media hora ¡hermosa!— dijo media juguetona

— ¡Ok! Nos vemos, te quiero adiós…—

Salí disparada a cambiarme, me había quedado tan dormida, y ese sueño había sido tan raro que hasta escalofríos me dio, no podía creer la forma en que se dirigía Edward a mi persona.

En el sueño me decía cariño, hermosa, se dirija a mí con cariño y amor, y eso estaba asiendo estragos en mi cabeza.

Tenia que tratar de no pensar en eso porque ya me estaba afectando… y mucho.

No hice mucho con mi vestimenta ya que iba a lo de Rose, solo me puse un pantalón de jeans y una camisa a cuadros, y en los pies mis Converse… si ya se, parecía una adolescente, pero no hace mucho había dejado de serlo, aun en ciertas ocasiones me sentía como tal, y esta era una de ellas.

Salí en busca de mis llaves y mi billetera para ir a lo de mi amiga.

Cuando estaba llegando a mi auto, sentí una vibración en la parte trasera de mi pantalón, era mi celular… ¿Y quien era? Si, Rose de vuelta…

— Rose te olvidaste de decirme algo — le pregunte.

— No, nada solo que estoy tan emocionada… no sabes me acaba de llamar Emmett, ¡y no pude esperar a que llegaras! — decía esto mientras gritaba. Podía sentir la alegría que eso le daba en su voz.

— ¡Enserio! Me alegro y bueno ¿Que te dijo? — quería saber que era lo que le había dicho Emmett. Ella era una persona muy buena contagiando su entusiasmo y buen humor, y por eso la quería tanto, ella podía convertir la situación más espantosa en algo divertido, y eso era para mí toda una hazaña.

— Me dijo que consiguió el departamento que esta adjunto al mío y que este fin de semana se van a mudar… ¡Estoy tan emocionada! — se le notaba

— Mira ya estoy en camino —le decía mientras arrancaba el vehículo— que te parece si me cuentas mejor cuando llegue a tu hogar, no quiero manejar con el celular pegado a la oreja, no quiero que tampoco me multen por eso… — no me dejo terminar.

— Ok, ok… pero por favor apúrate que te lo quiero contar rápido… ah y no te olvides del vino, que quiero festejar contigo — estaba tan entusiasmada que termino pegándome su humor

—Ok, no me olvido, ahora te dejo que ya agarre la calle principal — le dije un poquito apurada — Nos vemos, ¡Adiós! — me despedí y pensé en darle una sorpresita, sabia muy bien que a ella le gustaría mucho.

Decidí que en ves de comprar un vino llevaría una botella de champaña. A Rose le encanta la champaña, y bueno esta era una ocasión muy especial para ella, iba a volver a ver a su primer amor y me alegraba tanto, que teníamos que festejarlo. De paso necesitaba despejarme un poco la mente, liberando mis emociones y que mejor esta oportunidad, las dos estábamos pasando por un momento para nada normal. Ella volvía a su antiguo amor… y yo… bueno yo, no sabia que era lo que me estaba pasando y necesitaba que por lo menos Rosalie, tratara de explicarme que era eso que me estaba desquiciando.

Estaba llegando al departamento de Rose con una caja en cada mano, ahí venían las champaña. Había dejado mi vehículo estacionado justo en la calle de enfrente, solo por si las dudas.

Subí en el ascensor hasta el piso de Rose y cuando estaba saliendo un hombre salía de unos de los departamentos continuos a los de mi amiga. Me saludo mientras guardaba un manojo de llaves en el bolsillo trasero de su pantalón.

Cuando llegue a la puerta de Rose, solo tuve que golpear una sola vez. Sentí como del otro lado de la puerta venia caminando a paso apresurado, solo pude reír ante eso, Rosalie era una chica extraordinaria.

Al abrir, una Rose radiante me recibía con un fuerte abrazo de oso, realmente se veía que estaba muy contenta, hacía mucho que no la veía con ese entusiasmo verdadero, ósea ella siempre estaba alegre pero no con esa alegría nata, que solo Emmett parecía dársela.

— ¡Bella! —pego un grito a penas verme y me abrazo— ¿Como estás? ¡Ven entra! — me dijo soltándome del abrazo y asiéndome un gesto para que entrara.

Entre y me fui directo al sofá que estaba en su sala…

— Rose te traje una sorpresa —dije, y note un brillo en sus ojos, sabia que le gustaba y mucho que le diera sorpresas— ¡Chacchan! — me hice la graciosa mientras sacaba de una de las cajas una botella de champaña. A Rose enseguida se le formo una enorme sonrisa en la cara mientras se acercaba y tomaba la botella de mis manos. Empezó a dar vueltas y a dar saltitos

— ¡Oh si nena!… pero no debiste molestarte, no hacia falta — me decía mientras se me acercaba y depositaba un sonoro beso en mi mejilla.

— Voy a poner a que se enfríen un poco mientras termino de preparar la cena — se fue dejándome sola en su sala.

Se escuchaba como mi amiga terminaba de preparar la cena para ambas. Mientras me disponía a poner un poco de música para relajarme y pensar bien lo que le iba a decir.

No sabia como empezar a contarle lo que me estaba pasando, ni siquiera yo sabia lo que me pasaba. No encontraba explicación para todo esto, simplemente no lo entendía, no entendía como un joven en tan solo un día podía perturbarme de tal forma, que no dejaba que mi cabeza pensara en otra cosa que no fuese él y su perfecta carita, sus ojos, sus labios… - ya deja de pensar eso Isabella - me dije mentalmente.

En ese momento Rose apareció con una bandeja y dos platos de comida; uno lo puso frente a mí y el otro lo dejo frente a ella. Íbamos a comer en la mesita de la sala, eso lo hacíamos con frecuencia nos parecía mas cómodo. Volvió a irse a la cocina y regreso con dos vasos y una jarra de agua.

Comimos muy a gusto hablando de cómo había estado nuestro día, los programas de estudios, sobre horas por tomar, y otras cosas sin sentido.

Rose me conto con lujo y detalles, que Emmett la había llamado esta tarde confirmándole que este fin de semana se mudaría a su edificio a un departamento que estaba en su mismo piso, nunca en todos los años que la conocía la había visto con ese brillito de alegría en sus ojos, su cara irradiaba de tanta felicidad que yo no podía estar mas feliz por ella, Rose se merecía todo, se merecía un hombre que la haga feliz y que viviera solo para ella, y esperaba que Emmett sea ese amor.

— ¡Estoy tan ansiosa… ya quiero que llegue el fin de semana! —decía mi amiga

— Se te nota Rose, no paras de hablar de Emmett… ¡lo compadezco! —le dije en un tono que sonó medio burlón.

— ¿Por que dices eso? ¡Heyyy!… Yo no soy insoportable…—no pudimos contener más las risas, ambas nos reímos un buen rato de sus ocurrencias. Y no pudiendo retrasar mas el tema Rose comenzó suspicaz a pregunta.

Ella noto como me había tensado…

— Isabella… — empezó y note como se me venían las preguntas

— ¿Si?—digo

— Que fue lo que me tenias que contar cuando te llame esta tarde, te note muy rara, parecías triste —dijo sin rodeos. No sabia como empezar, que decirle, como decírselo, tampoco sabia como iba a tomarlo, realmente estaba muy nerviosa.

— Rosalie… yo… yo… no se como empezar, ni que decirte — no podía formular oración y como siempre ella supo como aplacar mi nerviosismo

— Bella, tú sabes muy bien que puedes confiar en mí y contarme lo que sea ¿No? —

— Sí ya se, es que es muy difícil, ni siquiera se que es lo que me pasa y porque estoy así — dije y me encogí de hombro frustrada por no saber expresarme

— Empieza contándome por el principio —se quedo pensando un momento—, de que se trata, es sobre el trabajo —me pregunto

— No Rose… yo —no podía hablar se me habían atorado las palabras en mi garganta.

— ¡Ahí!… —pego un gritito— por el amor de Dios Isabella… que es lo que te pasa —dice ya molesta

— Yo… yo…creo —largue un suspiro largo y profundo—, en realidad me pasa algo raro con un muchacho — pude notar como la cara de Rose se transformaba y las comisuras de sus labio de a poquito iban formando una pequeña sonrisa.

— ¿¡Qué!? —dijo en un grito.

— ¡Shhh!... puedes bajar la vos por favor —le dije y enseguida se me colorearon mis mejillas— no entiendes verdad —Rose seguro pensaba que era un hombre común el que rondaba en mi cabeza.

— No, y no entiendo porque tienes esa cara de espanto, no tiene nada de malo que te sientas atraída por un hombre —definitivamente ella no entendía.

— No es lo que piensas Rose, y ese es el problema, que no es un hombre —dije y enseguida note una mueca de disgusto en su cara, acaso ella pensaba que… yo…

— ¡Ahí no Rosalie! —Digo elevando demasiado la voz para mi gusto— tampoco es lo que piensas, ósea si es un hombre pero no como crees —tenia que explicarle antes de que terminara más confundida de lo que estaba.

Tome un respiro y suspire largo y tendido había llegado el momento

— Bueno… hoy conocí a mis nuevos alumnos —notaba la confusión en su rostro— y hay un alumno… Edward… él… mierda, no es normal la forma en que me mira y… —no me dejo terminar

— Isabella, no me digas que… —pareció entender de lo que estaba hablando— el hombre del que estamos hablando es un ¿Jovencito? —dijo y yo no pude mas que agachar la mirada y sonrojarme como un puto tomate.

— Rosalie, déjame que te cuente bien que es lo que me pasa, necesito que me escuches bien, porque sinceramente ni yo se que tengo —tenia que contarle todo desde el principio para ver después que era lo que pensaba Rosalie de mí… y esperaba que no sea nada malo.

Empecé contándole el primer sueño tan raro que había tenido, esa mirada verde oscura pero deseable que tan insistentemente me miraba en mi clase, y como me había despertado con una sensación rara. Le conté también como había conocido a Edward, como su mirada me había desequilibrado de tal forma que no pude dar mi clase como solía darla, si no que había estado todo lo que había durado mi hora muy nerviosa y no había sido muy profesional como yo suelo ser.

Rose me escuchaba muy atentamente solo asentía cuando lo ameritaba, parecía querer comprender lo que estaba oyendo.

Le conté todo lo había ocurrido el día de hoy, como me sentí cuando me había tocado la mano por primera ves y que me paso cuando me la soltó, también le comente como su compañera y alumna mía, Tanya, se había acercado a él, como me compare y me puse a la altura de una jovencita diciendo que yo no tenia nada que envidiarle a ninguna porque yo tenia lo mío, y que aun seguía siendo una mujer joven; note como Rosalie fruncía el ceño, yo sabia muy bien que eso le había molestado, siempre me decía que éramos muy jóvenes para la vida que llevábamos pero que si queríamos seguir dándonos los lujos que teníamos, teníamos que hacer uno que otro sacrificio.

También le describí como había echado a Tanya, y como nos habíamos quedado solos. Rose estaba tan sorprendida que en minutos no había parpadeado ni una sola vez.

Le narre la forma tan extrema de sonrojarme cuando nuestras miradas se habían conectado, como mis piernas no se podían mantener firmes. Dios la cara Rose fue impagable cuando le comente que había aceptado ser su tutora, era para sacarle una foto…

— ¿Isabella tu aceptaste tener a ese muchacho bajo tú tutoría? —sabia que no era eso lo que le molestaba. Yo siempre me había dicho que nunca iba a tener bajo mi tutoría a nadie por el simple echo de que no estaba para andar enseñando fuera de hora, y eso Rose lo sabia muy bien, y demasiado eran las hora que pasaba con ellos en clase, como para también tenerlos fuera de ellas. Por eso siempre había tratado de ser recia y distante con mis alumnos, era para no darles posibilidad de preguntarme nada. Aparte ninguno se merecía mí tiempo como para tomarme el trabajo de dedicarles horas, así que cuando alguien insistía, casi siempre eran varones, o trataban de sugerir algo los redirigía a otros profesores y ya.

— Pues si, ves de eso estoy hablando… con él es diferente, a él no podía, ni puedo negarle nada, cuando me lo pidió, no pude negarme solo acepte… Rosalie tengo miedo, esto no es propio de mí, y mucho menos profesional, yo… tuve… tuve… —no podía formular palabra, sentía mucha vergüenza de confesar que había tenido pensamiento para nada éticos de mí parte sobre él.

— Tuviste ¿QUÉ? — dijo Rose un poco exasperada.

—Yo… yo tuve pensamientos no muy éticos de mí parte hacia Edward… —lo ultimo lo dije en un susurro, sentía muchísima pena y vergüenza y si Rose me recriminaba algo yo la comprendería.

Se quedo meditando unos minutos largos y luego hablo como si nada, como si estuviera hablando del tiempo…

— Ahí amiga… sabes que es lo que te pasa… —temí por lo que iba a decir.

— ¿Qué? —dije no muy convencida.

— Ese chico, el tal Edward… que desgraciadamente es tu alumno… —soltó un suspiro y siguió— ¡Te Gusta! —esto ultimo lo dijo en un grito que casi me perfora los tímpanos del oído

— ¿Qué? no… yo no…—no podía creer esto ultimo que me había confesado, claro que no me gustaba ¿o si?— claro que no, a mi no me gusta Edward… —Rosalie él es mi alumno, tiene que ser otra cosa, eso no…—me corto de lleno.

— Isabella entonces como explicas todas esas sensaciones que sentiste cuando lo viste o cuando te toco —decía, mientras yo negaba con la cabeza muy confundida, a mi no me podía pasar esto y mucho menos con un alumno. No era otra cosa, eso no. Todo menos eso.

No me podía volver a pasar esto, no otra vez.

Hacia seis años me había hecho una promesa, de que nadie más iba a irrumpir en la tranquilidad de mi corazón. Había tardado mucho tiempo en sanar las heridas que un amor traicionero y manipulador me había dejado. Y esto no iba a ser una excepción.

Lo que me pasaba con Edward seguro era algo del momento, me pude haber deslumbrado por lo guapo que es él y por la forma tan educada de dirigirse a mi, si, estaba segura que era eso.

— No lo se, estoy muy confundida… pero lo que si se es que esto no me puede volver a pasar, lo voy a tener bajo mi tutoría porque soy una profesional y porque ya le di mi palabra, no me voy a permitir pensar nada indebido y…—otra vez Rose me interrumpió.

— Bella mi vida… tu sabes muy bien que yo no te juzgo y mucho menos soy quien para hacerlo, pero también tienes que saber que si en un día te paso todo eso, ¿Te imaginas como va a ser cuando lo tengas fuera de hora? ¿Te imaginas cuando estén solos? —dijo y ya no sabía que más decirle, ella tenía razón. — Amiga tu sabes que uno no manda en nuestros corazones, y si este se digna a sentir, una no puede hacer nada contra eso…—nunca quise tanto a Rosalie como en este momento.

Le había hecho una confesión que para otra persona hubiera sido algo deshonorable y sin ética, en cambio con ella, mi amiga, mi confidente, mi hermana del alma fue todo lo contrario, me había entendido como solamente ella sola podía hacerlo.

Así, hablando de cómo me sentía pasamos varias horas. Había momentos en que Rosalie hacia que el tema se volviera algo divertido pero nunca sacándole seriedad. Habíamos pensado en como iba a sobrellevar la situación con Edward, solo esperaba que el no me complicara la existencia, y yo tratar de solucionar mi conflicto interno.

Brindamos por Rosalie con la champaña que había traído. Brindamos por todo lo que se nos pasaba por la cabeza, por nuestra amistad, por nuestra juventud, por la vida que teníamos y hasta por él bebe de Rosalie. Si ella tenía a Mora, una hermosa Shar Pei de nueve meses, era adorable.

Me hacia mucha falta esta conversación con mi amiga, eso y todos sus consejos se los había agradecido con un largo y prolongado abrazo, demostrándole cuanto la quería y deseaba toda la felicidad del mundo para ella.

Eran las Diez y treinta y cinco de la noche y ya era la hora de irme, sin darnos cuenta se nos había echo demasiado tarde.

— Acuérdate lo que te dije…—decía Rose acompañándome hasta mi coche. Me había aconsejado que cuando lo tenga a Edward en frente tratara de pensar en los años académicos que habíamos tenido y en la ética y formación que habíamos recibido, solo esperaba que eso funcionara— ¡ah! y amiga… solo… trata de no te castigarte a ti misma, las cosas solo pasan y suceden por algo, pero hazme caso no le des tanta importancia al asunto, quieres —dijo y con eso vino acompañado con un abrazo y un sonoro beso en mi mejilla, se dio media vuelta y camino hasta el porche de su edificio

— ¡Adiós Amiga! —Dije gritando y agitando la mano con un gesto de saludo— ¡Descansa y no pienses tanto que te harás vieja! —esta mujer no cambiaba, solo puede agitar mi mano en respuesta y con eso me adentre en la tranquilidad de mi auto, arranque y le di una ultima mirada a mi amiga del alma, ella me sonrió y así pude irme con la seguridad de que contaba con todo su apoyo con… cierto asuntito.

Llegue a mi departamento recién pasada las once pm. Dios estaba muy cansada, me fui directo a mi habitación, me saque las zapatillas y así con ropa y todo me desplome en mi cama, no pensé en nada solo me deje llevar por un placido sueño.

….

Dios… sentía un dolor de cabeza tremendo, cualquier ruido me molestaba. Debió de ser por el champaña de anoche.

Como me había levantado con algo de tiempo, me había dado un baño bastante largo.

Salí de la tina y me fui a secarme a mi habitación, había decidido ponerme unos pantalones y una camisa de jeans al cuerpo y unos hermosos tacones-sandalias color marrón chocolate, y a mi cabello lo sujete en una coleta alta, mi pelo ondulado caía como una cascada, me gustaba ese efecto.

No tenia muchas ganas de maquillarme así que solo aplique un poco de mascara en mis pestañas y un leve gloss en mis labios. Salí a mí cocina y me prepare un café bien cargado, necesitaba estar bien despierta para lo que venia hoy, y pensar en eso hacia que me estresara mucho mas...

Deje acomodado todo, el desorden de hacia unos días que había en mi departamento había desaparecido, tome mis cosas y salí a enfrentarme con todo lo que hoy me esperaba.

Llegue al imponente edificio que era el instituto, a la misma hora de siempre. Cuando me iba a estacionar vi que en mi lugar de siempre había un ostentoso Audi color negro.

—Diablos…—dije mal humorada, pensé en positivo y me dije que si empezaba mal mi día lo tendría que terminar de la mejor forma posible. Solté un sonoro bufido y busque un lugar para poder aparcarme.

Cuando salía del auto, sonó mi celular dentro de mi bolso, lo tome y vi que era mi amiga.

— Hola Rose… ¿Porque todavía no estas aquí? —pregunte, había notado que faltaba su auto, ella siempre lo estacionaba dos lugares antes que el mío.

— Hoy no voy a ir, estoy descompuesta —me preocupe un poco, Rose nunca se enfermaba eso era algo raro en ella— igual no te preocupes, solo son cólicos, ya le comunique mi estado al rector y lo entendió…—se quedo un momento en silencio y continuo— Isabella… en realidad te llamaba para desearte suerte con… bueno ese asuntito, tu me entiendes —dijo en un susurro.

— Si esta bien, la voy a necesitar, ya empecé mal… alguien estaciono su vehículo en mi lugar y tuve que buscar otro lugar que para colmo es bastante alejado… ni modo —dije y con eso empezaba a apurarme, ya había sonado la campana de ingreso y yo todavía estaba fuera del instituto.

— Ok, no te frustres por eso, solo relájate y vas a ver como todo te sale bien… —dijo con algo de diversión— amiga mas tarde te llamo para ver como te fue… nos vemos adiós —dijo con un poco de dificultad.

— Adiós y cuídate… ¡Te quiero!—y con eso colgué

No había hecho tiempo de pasar por mi oficina para dejar las cosas que no necesitaba y por eso iba media cargada, se me estaba haciendo dificultoso llevar todas las cosas.

Cuando estaba llegando a la puerta de mi clase, sentí como alguien me hablaba a mis espaldas

— ¿Quieres que te ayude con eso? —mi cuerpo entero se tenso de tal forma que se me cayeron dos libros, escuche una risita medio tímida pero aun así no me di vuelta

— Profesora, aquí tiene sus libros —dijo Edward posándose frente a mi y mostrando una hermosa y amplia sonrisa, no me había dado cuenta en que momento había levantado los libros y acercado a mi. Abrió la boca para decir algo, pero yo lo corte de inmediato de una forma para nada educada y agradable. Sabia que estaba actuando como esa profesora por la que todos mis alumnos temían, estaba siendo fría y distante, mi rostro no mostraba alegría alguna. Aun así hice el esfuerzo y hable. Llegue a notar como su sonrisa fue disminuyéndose y no pude aguantar más.

—Gracias —dije cortante… pero ¿Porque me disgustaba tratarle de esa forma? No lo sabía, pero tenía que seguir asiéndolo. Esquive su cuerpo y entre en mi clase dejándolo con la palabra en la boca, ni siquiera buen día le dije. No soportaba tratarlo de esa forma y eso había causado una punzada en mi pecho, que no podía explicar el porque.

Cuando entre pude sentir que iba a ser una tortura estar cerca de él, pero una tortura placentera y lo sabia… Ya acomodada en mi lugar, vi como el entraba y se sentaba en su banco, su carita estaba pálida. Y bien se sentó agacho su cabeza como si estuviese derrotado.

En toda la clase no había levantado su vista para posarla en mi, y eso hacia que me embargara una extraña sensación de abandono. "Pero quien diablos te entiende Bella" me dije mentalmente. Ni yo misma lo sabía.

Mi plan de mantenerme alejada, estaba a punto de fracasar cuando vi que Tanya mi otra alumna que se paraba y se dirigía a Edward, eso hizo que mi pulso empezara a acelerarse

—Señorita Denali, podría volver a su banco por favor —dije lo mas dura posible, y sin darme cuenta mi voz salió afilada por el coraje que tenia. Funciono, porque con solo haber dicho Señorita, la muchacha ya estaba regresando a su lugar.

— Cullen… —su apellido había salido de mi boca sin que yo pudiera reprimirlo, sabia que después de esto que estaba por hacer me iba a arrepentir, pero quería saber como estaba, y quería… no, necesitaba, volver a ver su carita relajada y con una sonrisa en ella.

Hoy Edward estaba muy guapo, aunque estaba enfundado con el uniforme del instituto, a el le quedaba perfecto. Cuando habíamos estado fuera del aula había podido percibir un poco de su perfume y era realmente exquisito. Dios ese perfume debía de ser considerado un pecado.

Levanto su cabeza como resorte, y cuando nuestras miradas se engancharon vi un extraño brillo en sus ojos que me pareció de lo más tierno

— Po-podría acercarse por favor —me miro extrañado con mi repentina petición, sin mas se levanto y se acerco hasta mi lugar. Se poso frente a mi escritorio tapándome la vista de toda la clase. En ese ángulo nadie vería si yo me acercaba a darle un beso… "Que mierda estas pensando Isabella… Por Dios contrólate" me dije mentalmente.

No dijo nada solo me miraba, eso hacia que me sonrojara, tenia que hablar y hacer que su rostro se iluminara de vuelta.

— Edward, te acuerdas que después de clase tenemos que quedarnos para trabajar en tu retraso ¿No? —dije lo primero que se ocurrió para entablar una conversación

— Ah… si, yo le traje todo lo que usted me pidió —su vos sonaba tímida y casi hablaba en susurros parecía triste, definitivamente tenia que cambiar mi postura.

— Ok, entonces cuando toque la campana no te vayas… por favor —esto último pareció mas a una suplica. Sus ojos volvieron a posarse en mí, lo se lo había tuteado pero no me importaba. Mi corazón dio un brinco que hasta pude jurar que dolió un poco, pero ya no estaba tensa ni nada.

— No quédese tranquila que no me voy a mover de aquí, o por lo menos no hasta que usted me lo pida… —me sonroje de la peor forma ante sus palabras y eso él pareció notarlo ya que de la nada me sonrió y yo no pude mas que sonreírle también, ¿Eso era lo que tanto extrañaba de él? Si, era eso, el verlo de esa forma.

Mi actitud con el había sido muy descortés y mal educada y ¿Eso había causado ese estado de tristeza en él? Podía ser…

Con eso se fue dejándome como en trance por su presencia.

Me jure que ante esta guerra contra mis sentimientos hacia él, iba a pelear sin caer rendida, sabia que iba a ser difícil luchar contra ellos, pero tenia que hacerlo, Edward era una persona joven y obviamente no estaría dispuesto a tener nada conmigo, yo no podía permitirme tener ni siquiera un pensamiento con algo de ilusión hacia él, él sobre todo era mi alumno y yo por desgracia era su profesora… si eso era una desgracia, había pasado tanto tiempo en fijarme en una persona y cuando mis ojos se dignaron a fijarse en alguien ,ese alguien resulto ser mi alumno, maldita sea mi suerte.

Pero yo iba a dar todo de mi parte con tal de no involucrarme demasiado, iba a ser difícil lo se, pero tenia que hacerlo, por él y por mi, sobre todo por mi.

No quería volver a sufrir sabía muy bien que mi corazón no aguantaría una desilusión mas, aunque yo era una persona fuerte por fuera, en mi interior estaba muy frágil y débil, y por esa razón no me podía dar el lujo de que el me gustara.

Pero ya no podía negarlo más, Rosalie tenía razón… Edward me gustaba y demasiado, no entendía como había pasado, si solo lo había conocido hacia un día y ya me gustaba de esa forma, no quería ni imaginarme como seria en el futuro.

Solo quería sobrellevar su tutoría de la mejor forma y eso haría, porque por sobre todo era su tutora y tenia que cumplir con mi trabajo por más que me pesara.

Cuando la clase estaba ya casi en sus últimos momento, mire muy furtivamente hacia el dueño de esos ojos color esmeralda y como supuse, el miraba en mi dirección con una sonrisa media ladeada, eso hizo que bajara mi vista en menos de un segundo. Dios eso lo hacia ver tan hermoso, quise probar otra ves y cuando volví a mirarlo el seguía mirándome, pero esta ves no baje mi mirada sino que se la sostuve hasta que la campana sonó.

Lo se, estaba perdida, no se como pero cada día seria toda una odisea terminar la jornada sin dejarme llevar por la tentación.

Los chicos iban saliendo uno a uno a paso acelerado, pero el seguía sentado con su mirada puesta en mi. Como me gustaba su mirada, su postura de querer parecer una persona adulta, eso me parecía muy tierno de su parte.

Nos quedamos solos y le hice un gesto para que se acercara y así lo hizo. Le dije que también trajera sus cosas y un banco para situarlo delante de mí

— Estos son los temas en los que estoy teniendo problemas —dijo mostrándome una pila de hojas que para mi gusto eran muchas, ¿Tal mal y atrasado estaba?

— Emm… está muy atrasado me parece —quise sonar algo profesional pero me salió con un tono medio burlón.

— Si, eso creo, pero podemos empezar de a poco —dijo y note como me sonreía.

— Si eso haremos iremos de a poco, no hay mucho apuro, aun falta mucho para que cierre el trimestre así que… con esto vamos a empezar primero, ¿Le parece? —pregunte queriendo saber si estaba de acuerdo con lo que le proponía.

— Si lo que tu digas yo…—no lo deje terminar, no era la primera ves que el me tuteaba y quería saber porque lo hacía.

— Cullen ¿Usted me esta tuteando? —pregunte con una vos cautelosa

— Emm… yo…—parecía nervioso— sí, yo… lo siento, si le molesta no lo vuelvo a hacer… —lo volví a cortar.

— No, no me molesta, pero cuando estemos delante de tus compañeros me gustaría que te dirija a mi como tu profesora —el pareció entender lo que le dije y continúe— es para que no digan que hago favoritismo con mis alumnos… —fue su turno de cortarme.

— En cierto punto soy tu preferido ¿No? —pregunto.

— ¿Porque lo dices? —pregunte.

— Porque tú me habías dicho que nunca habías tenido bajo tu tutoría a alguien, y bueno yo soy el primero y eso me hace diferente a otros ¿No? —sus palabras parecían tener un doble sentido… pero no, era mi imaginación.

—Bueno, mirándolo de ese punto puede ser —digo, y sí o sí tenía que terminar con esta conversación. Me parece a mí o sin querer le coquetee. Da igual tenia que seguir con lo que veníamos a hacer — ¿Que te parece si empezamos de una ves? —digo y el asiente.

Estuvimos una hora y media trabajando en ese tema, y el pareció entenderlo muy rápido. Debes en cuando nos quedábamos mirando por unos simples segundos, que aunque sean mínimos me hacia dar cuenta que con ese simple acto, si el quisiera podía ver hasta lo mas profundo de mi alma.

Hubo risas y una que otra conversación esporádica, nada con importancia.

Así termino su tutoría del día, nos quedamos en silencio un momento y fue el quien hablo

— mm… bueno, entonces mañana ¿Que vamos a ver? —pregunto

— Yo voy a ver tu hermosa carita y tú… —deje de hablar tan bruscamente por que mis palabras se habían quedado atropelladas en mi boca. No podía ser, por favor que me tragara la tierra, había dicho mi pensamiento en vos alta… ¡ahí como salía de esto!

— Isabella… yo…—no lo deje terminar no quería escuchar lo que tenía para decirme.

— No Edward, por favor no sigas, lo siento, no quise decir eso… yo… no es debido hablar de esta forma con un alumno no es ético de mi parte… lo siento yo… —no me dejo terminar, y nunca me vi venir lo que hizo.

Se me acerco de apoco, lento y tortuoso, no era capas de mirarlo a los ojos estaba hipnotizada con sus labios. Como si nada tomo mi mejilla con una sola mano y junto nuestros labios en un casto beso. Lo sentía verdadero, sentía que había sentimiento en ese simple y efímero beso.

¿Dónde mierda se me había la ética? No lo se, ni tampoco quise averiguar.

Separo nuestros labios y junto nuestras frentes, sentía su aliento fresco y dulce en mis labios su respiración era tranquilizadora y eso me estaba volviendo loca.

Como había podido dejar que pasara esto, por Dios como pude haber dejado que cruzara mi muro, como pude haber permitido que me besara, cualquiera nos pudo haber visto estábamos en un curso…

En ese preciso instante me di cuenta donde estábamos; me separe de él, y pareció como si ese alejamiento me quemara con cada centímetro que me alejaba.

No entendía porque actuaba de esa forma, y eso hacia que me desconcertara cada ves mas, simplemente a el no le podían pasar cosas conmigo por el simple hecho de que yo era, no, mejor dicho soy su profesora… pero de donde salió ese arranque de besarme ¿Podía ser que a él le pasara lo mismo que a mi? No estaba muy segura pero, no dejaría que se siga confundiendo, no de esta manera, no cuando ambos podíamos salir perjudicados.

Estaban en juego mis años académicos y mi buena reputación, eso era lo más importante ¿No?

Me levante como resorte y comencé a caminar de un lado a otro, no encontraba palabras para explicar lo que había pasado, de pronto percibí que se me acerco y tomo una de mis manos.

— Isabella… por favor no te arrepientas, porque yo no lo hago —sonaba como a una suplica, Edward no se arrepentía y eso estaba jugando en mi contra.

— Edward, entiende que soy tu profesora… ¡Esto no esta bien! —lo ultimo lo dije elevando un poco la voz.

— Sí lo entiendo, pero también entiendo y se, que ahí algo que nos pasa, puedo sentirlo y se que tú también lo sientes, lo supe en el preciso momento en que tú me correspondiste el beso… Isabella, por favor… —lo corte enseguida ya no podía seguir escuchando.

— Por favor nada Edward, esto no puede volver a pasar… —vacile antes de decir lo que iba a decir, no quería decirlo pero el me estaba obligando a hacerlo— Si no… —no podía decirlo no quería…

— ¿Si no que? —

— Si no tendré que redirigirte a otro profesor para que conduzca tu tutoría —finalice agachando mi cabeza, mis ojos por alguna extraña razón comenzaron a picarme, era un sentimiento que estaba oculto en lo mas profundo de mi alma y hacia mucho tiempo que no lo sentía… dolor. Mierda.

Hacia mucho que no sentía dolor, pero no ese dolor como si me estuvieran lastimando a mi, si no el dolor de ver lastimada a la persona que uno quiere, y eso era lo que precisamente estaba sintiendo en este preciso momento…

Cuando levante mi rostro para mirarlo, un jadeo suave e imperceptible salió de mis labios al ver lo que había causado con mis palabras.

El poco color de sus mejillas había desaparecido, su carita estaba pálida como en el principio de la mañana estaba cuando lo había tratado con descortesía, sus ojos estaban oscurecidos mas de lo normal, su hermoso semblante mostraba una mueca de dolor, me quería patear la cabeza por haber sido la causante de ese malestar. Tenia que hacer algo para cambiar eso que mis ojos veían, ya no quería ver su carita obnubilada de tristeza. No lo soportaba.

— Eso hare si esto vuelve a pasar, mientras tanto seguiré siendo tu tutora, yo te di mi palabra y la voy a cumplir —pude ver como su semblante cambiaba y se relajaba.

— Ok… te prometo que no volverá a pasar, no hasta que tu me lo pidas…—dijo y yo lo mire con rabia— lo siento es una broma… era para alivianar la situación —se separo de mí, comenzó a recoger todas sus cosas.

— Isabella, mañana volveremos a estar juntos — ¿Este muchacho quería matarme?— digo después de clase como mi tutora —pregunto y yo solo pude asentir con mi cabeza, el me respondió con una hermosa sonrisa que adorno su carita y no pude estar mas feliz por haberle hecho sacar esa bonita sonrisa.

Se dirigió hasta la puerta y desde esta me dijo…

—Yo no me arrepiento de nada, y me gusto mucho el beso…—diciendo esto se fue dejándome con la palabra en la boca y sin dejarme replicar.

Lo que quedaron de las horas pasaron tan rápidas que cuando me di cuenta ya estaba tomando mis cosas para retirarme, ya que mi jornada había finalizado.

Caminaba el pasillo que daba al estacionamiento del edificio y como era de costumbre me fui hasta mi lugar de siempre. Claro que ahí no estaba mi auto, me había olvidado de donde estaba ya que de costumbre me fui hasta el mismo lugar. Por supuesto ya todos estaban saliendo entonces decidí que esperaría al dueño o dueña de este vehículo y aclararía un par de cositas.

El vehículo no esta mal, para nada mal diría yo, era un 0 km y parecía muy caro. Cuando estaba mirando las llantas del vehículo medio inclinada hacia a delante, sentí pasos que venían…

— ¿Ves algo que te guste? —pregunto su ya familiar vos, me puse rígida y lo mire.

— Perdón, estoy esperando al dueño de este vehículo —le dije a Edward dándole la espalda y dejando mi peso en una sola pierna.

— Bueno… no quiero desilusionarte… pero yo soy el dueño de este coche —dijo y mis ojos se abrieron como plato.

Agradecí el haberle dado la espalda, si no hubiera visto el espectáculo que mi cara había echo, tome aire, y no pude mas que suspirar a sabiendas que aun mí día no iba a terminar de la mejor manera.


Espero que os haya gustado tanto como a mí :)