Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación pertenece a Gisele Maza.

Bienvenidas a esta nueva aventura, espero que disfrutéis de la mano de Gis, sin mas ceremonia os dejo :)


Capítulo 5:

Pura Coincidencia

Bella Pov.

Había sido una semana complicada, mis días habían pasado muy monótonos y sin darme cuenta ya era viernes.

El día que supe que el dueño de ese hermoso Audi era él, no pude más que advertirle que ese lugar en el estacionamiento era mío. Si lo sé, parecía una niña peleando por un juguete, pero él, solo Edward podía hacer eso en mí. Lo vi subirse a su auto con una gracia que parecía un joven dios.

Lo único que me dijo fue que mis deseos eran órdenes y sin más se fue haciendo rechinar las ruedas de su auto en el pavimento.

Los días después de ese encuentro infortunado con Edward, habían sido de los más sinuosos, el estar cerca de él, inconscientemente hacia que mi cuerpo reaccionara, con tan solo mirarme, o simplemente escuchar su respiración acelerarse cuando estábamos más cerca de lo normal.

Había momentos en que no dejaba de pensar en el beso que nos habíamos dado, porque sí, yo le había correspondido muy predispuesta; aun podía sentir el sabor de su boca y la suavidad de su mano puesta en mi mejilla; me gustaba, me gustaba y ya no había vuelta atrás.

También sabia y me había dado cuenta que su cuerpo reaccionaba de la misma forma que el mío, y eso hacía que mi cabeza estuviera más confundida que nunca.

Cuando nos quedábamos después de hora trataba siempre de mantenerme alejada, pero él no me lo hacía para nada fácil, siempre me insinuaba algo o me decía indirectas, no podía negar que me gustaba lo que me decía, me hacía sentir alguien importante en su vida, aunque sabía que solo eran ilusiones mías. Edward hacia que me sonrojara de la peor forma y eso parecía tomarlo como algo gracioso.

Nos reíamos muy de vez en cuando, pero esos momentos eran en los que a mí me llenaban el corazón de alegría, su sonrisa era como un bálsamo para mi maltratado corazón y me encantaba escucharlo tan alegre.

Estaba llegando al instituto cuando en la radio de mi auto, comenzó a sonar una canción muy particular, era muy real lo que la letra decía, de pronto me sentí identificada…

Fue una día como cualquiera

Nunca olvidare la fecha

Coincidimos sin pensar el tiempo y el lugar

Algo mágico paso

Tu sonrisa me atrapo

Sin permiso me robaste el corazón

Y así sin decirnos nada

Con una sola mirada comenzó

Nuestro amor…

En verdad él me había cambiado la vida, y no solamente la vida sino que todo en mí, mi rutina, mis días, mis noches, mis sueños, mis anhelos, todo, simplemente él se me había metido tan profundo que ya no sabía cómo hacer para sacarlo…

Tú me cambiaste la vida, hasta que llegaste a mí

Eres el sol que ilumina, todo mi existir

Eres un sueño perfecto, todo lo encuentro en ti.

Tú me cambiaste la vida

Porque es que vuelto a creer

Ahora solo tus labios encienden mi piel

Hoy ya no hay duda aquí

El miedo se fue de mí

Todo gracias a ti…

Lo que no sabía era, si Edward me había cambiado la vida para bien o para mal.

La letra de la canción era tan significativa que sin darme cuenta, mis ojos comenzaron a picar…

Tan hermoso eres por fuera

Como nadie en la tierra

Y en tu interior habita la nobleza y la bondad

Hoy la palabra Amor

Tiene otra dimensión

Día y noche pido al cielo por los dos

Ahora todo es tan claro

Me devolviste la ilusión…

Trate de pestañear rápido para que las lágrimas que se estaban formando en mis ojos desaparecieran, esto era lo último que me faltaba… llorar por un chiquillo que ni siquiera sabía que era lo que quería. No me había dado cuenta, en que momento, mi vida comenzaba a verse tan patética. ¡Por dios era una mujer adulta!

Al terminar la canción, pude visualizar que ya había llegado al instituto; me mire al espejo retrovisor y note que mis ojos estaban un poco irritados, retoque la máscara de pestaña y el brillo labial color durazno que me había puesto y salí para mi último día de la semana.

Estacione mi auto y a lo lejos pude ver como Rose me esperaba en la entrada, tome mis cosas y salí, apurando mi paso y fui a su a encuentro con una sonrisa.

—Hola Bella… ¿Cómo amaneciste hoy?- dice muy risueña

—No muy bien… con la misma sensación de estos últimos días - digo pensando en cómo había sido mi semana

— ¡Ahí amiga!- soltó un corto suspiro y siguió - aun no puedo creer lo que paso, y mucho menos puedo creer como tú te sientes, jamás creí que te enamorarías de un niño y…- la corte de lleno

- ¡Maldición Rosalie! Yo no estoy enamorada de Ed… de él - ni siquiera podía nombrarlo, no tenía cara ni vos para hacerlo, lo único que me quedaba era la negación ante lo verdadero, pero la culpa y la vergüenza me consumía, sabía muy bien lo que me estaba pasando con él, cada momento que pasaba con él era un doloroso castigo que en este momento gustosa lo cumpliría, lo único que tenía era una sensación de conocerlo desde siempre y un impulso de besarlo y correr hacia él. Pero aun así siempre me controle.

Lo siento Rose, no fue mi intención enojarme contigo, yo… no se… no sé qué me pasa - le digo un poco frustrada

—Está bien, no importa… pero tienes que calmarte y dejar que todo fluya solo…- me paso un brazo por encima de mis hombros y me dice – Isabella si tiene que pasar algo, ni tu ni nadie lo puede evitar, mi vida hazme caso.- me abrazo y me susurro al oído - no trates de huirle al amor, porque no vas a poder…- me solté de su agarre y trate de mirarla a la cara, mas ella no me lo permito, se dio media vuelta y se fue…

Rosalie me había dejado más confundida y contrariada que nunca; ósea, yo no le estaba huyendo a nada, yo no estaba enamorada de Edward ¿o sí? No, ¡no, no!

No paraba de sacar conclusiones, Edward me gustaba y mucho pero allí a estar enamorada había un largo trecho… o eso creía yo.

Este último día de clases había pasado lento; estaba yendo a mi oficina donde esperaría a Edward, para su clase de tutoría, hoy nos tocaba en mi oficina ya que el salón de mi clase seria ocupado por otro profesor; esto me tenía un poco nerviosa, no sabía que podía pasar estando los dos encerrados entre cuatro paredes.

Al llegar a mí destino comencé a ponerme aún más nerviosa, acomode unos papeles que había dejado sobre mi escritorio, no sé cómo se me ocurrió pero saque de un pequeño estante un Splash House que siempre tenía para perfumar el ambiente, creo que estaba siendo un poco exagerada, ósea Edward solo venía a tomar sus clases y ya; deje de hacer lo que estaba haciendo cuando escuche como tocaban la puerta con unos pequeños golpecitos, alise mi falda y me acomode mi peinado.

Al abrir estaba él… mi único verdugo, recargado sobre el marco de la puerta, me regalo una sonrisa un poco sugestiva para mi gusto.

Me corrí a un lado y le hice un gesto para que entrara, entro y cerré la puerta.

En ese instante comenzaba mí dulce tortura…

—Tome asiento Señor Cullen—le digo separando una silla del escritorio, haciendo un gesto para que se sentiente

—Sabes que puedes llamarme por mi nombre ¿no?- si lo sabía, pero quería por lo menos aparentar un rato, aunque sabía que después flaquearía en mi decisión.

—Sí lo sé, pero como soy Tú Profesora - enfatice la última frase - prefiero llamarte por tu apellido - quería jugar un poco y sabía que a él le molestaba y mucho que lo llamaran por su apellido.

—Ok, pero yo prefiero llamarte por tu nombre, es un nombre hermoso - mire para otro lado ya que gracias a sus palabras mi cara se había sonrojado.

—Bueno dime que fue lo que vimos ayer - quería cambiar de tema pero él no me lo hacía para nada posible.

—Esto, y esto - dijo tendiéndome unas hojas; las mire y saque de uno de los cajones de mi escritorio un libro.

—Muy bien hoy te ejercitaras en esto - digo dándole el libro, uno de mis favoritos.

— ¿Qué es esto? - pregunto con una extraña mueca en su carita.

- uhmm creo que es un libro - digo un tanto graciosa y soltando una risita.

—Ja, Ja, Ja , ya lo sé, es solo que… ¿Pretendes que lea? - Me pregunta con una extraña mueca de horror fingida.

—Sip, en lo que va de la semana, no hemos practicado lectura en ningún momento y déjame decirte algo, a mí me gustan mucho las personas que leen bien… - no quería, pero se lo dije y quería que él sea una persona culta y yo me iba a encargar de eso.

—Bueno… si tú lo dices…- dice tomando el libro de mis manos, lo abre donde está el señalador y dice- ¿Qué es lo que voy a leer? -Me encanta cuando parecía querer concentrarse en lo que hacía.

—Bueno… si tú lo dices…- dice tomando el libro de mis manos, lo abre donde está el señalador y dice - ¿Qué es lo que voy a leer? - Me encanta cuando parecía querer concentrarse en lo que hacía.

—Un capítulo de Warm Bodies - digo… amaba ese libro, para mí era uno de los mejores libros sobre zombis

— ¿Que capitulo es? - me pregunto un poco entusiasmado con lo que pretendía leer.

—El libro está dividido en tres partes, o pasos como lo menciona el autor. Tú vas a leer solo lo que está entre separadores y es del Segundo paso: Aceptar… bueno ya anda, ¡lee para mí! - le dije esto último regalándole una tonta sonrisa, él me sonrió y comenzó con su lectura.-

Había leído bastante así que ya era momento de que terminara, se nos estaba haciendo tarde pero antes lo iba a dejar que terminara de leer ese párrafo que era muy interesante.

"…Espero acordarme de cómo se hace.

Entro en el servicio tambaleándome y apoyo la frente contra la pared de delante del urinario. Bajo la cremallera, miro hacia abajo y ahí está. El mítico instrumento de la vida y la muerte y los polvos en el asiento trasero de la primera cita. Cuelga flácido, inútil, juzgándome en silencio por todas las formas en que lo eh maltratado al cabo de los años…"

— Hasta ahí… es suficiente –digo y el deposita el libro en mi escritorio- déjame decirte que lees muy bien Edward… muchas gracias por haber leído, a los chicos de tu edad no les gusta leer - el me miraba tan intensamente que hacía que mi cuerpo temblara.

—Gracias pero déjame decirte, que a mi si me gusta leer y mucho - bueno eso lo voy a tener en cuenta - me dije para mis adentros.

—Bueno es todo por hoy, ya a esta hora…- deje mirando mi reloj de muñeca - no debe quedar nadie en el instituto, creo que nos pasamos con la lectura - dije riéndome

—Si es verdad, pero me gustó mucho lo que leí - dijo mostrándome una hermosa sonrisa

—Si quieres te puedo prestar el libro– le pregunte como quien no quiere la cosa.

—Si no te molesta, me gustaría mucho - dice y estaba más que agradecida, de que el comparta conmigo aunque sea una de mis tantas paciones como eran las novelas de zombis.

Él se dispuso a recoger sus cosas, y cuando yo quise dar la vuelta a mi escritorio para despedirlo hasta la puerta, me tropecé con una silla que estaba adjunta y caí al piso.

Se escuchó un sordo ruido y con eso vi como unos brazos me levantaban y me sentaban en el escritorio.

— ¡Isabella, ¿estás bien?! - parecía preocupado-

—S-si yo… me duele un poco mi rodilla - quise parecer calmada pero él parecía no captarlo ya estaba con su ceño fruncido y miraba con determinación mi rodilla; estaba como debatiéndose algo.

Volvió su mirada a mi cara y como si nada acaricio mi mejilla con su mano; dios como extrañaba su tacto… él se fue acercando de apoco y muy peligrosamente yo ya estaba más que extasiada con su simple toque, que no pude apartarlo.

Nuestras respiraciones iban y volvían por la cercanía que habíamos adquirido. En mi cabeza resonaban las palabras de Rosalie diciéndome: "Isabella si tiene que pasar algo, ni tu ni nadie lo puede evitar, no trates de huirle al amor, porque no vas a poder"…

Y convenciéndome de eso me deje llevar y tome la iniciativa diciéndome a mí misma que con lo que pensaba hacer, ya después tendría tiempo de arrepentirme.

Por inercia, mis manos se levantaron y fueron a parar a su carita, sentí como se estremecía y con ese simple acto Edward cerró sus ojos y me dice:

—Por favor Isabella… no me sueltes - sus palabras parecían ruegos y eso hacía que mi determinación se agrandara a mas no poder.

—No pensaba hacerlo - Y con eso tome posesión de sus labios, en un principio fue un dulce y tierno beso, el empezó moviendo sus labios tan delicadamente que hacía que me derritiera.

Acaricio mi labio inferior con su lengua, pidiéndome permiso para entrar en mi boca, y así fue que lentamente nuestras lenguas empezaron a danzar en un baile lento.

Sus manos empezaron a bajar por mi costado y eso ya era una señal de que esto tenía que terminar.

Separándome y cortando muy despacio el beso logre que el gruñera por lo bajo, lo sabía ninguno de los dos estaba dispuesto a dejar de poseer los labios del otro, pero se estaba tornando cada vez más profundo y en ambos la temperatura iba en acenso.

Esta vez fui yo quien junto nuestras frentes como en nuestro primer beso y sentíamos como nuestra respiración medio agitada nos acariciaba el rostro de los dos…

— Edward yo…- enseguida pude sentir su dedo en mis labios haciéndome callar.

-—Shhh… no digas nada - dice, pero pareciera que yo estaba empeñada en querer arruinar el momento.

—Es que… yo… no…- quise volver a intentar y volvió a cortarme.

—Por favor no rompas este momento, solo quedémonos así un momento - me pidió con tanta dulzura que no pude decirle que no.

Nos quedamos así un rato, acariciándonos… ¡Dios! Ya no había vuelta atrás para esto, él me tenía en sus manos, de pronto empecé a sentir un miedo, de que algo o alguien pudiera romper y terminar con esto… trate de razonar y de pensar, aunque teniéndolo así no me ayudaba mucho, pero tenía que acomodarme de mis ideas, este no era el lugar para estar haciendo esto.

—Edward, alguien nos puede ver… ya es tarde - quise tratar de decir, pero el parecía no querer soltarme. Junte la poca dignidad que me quedaba y me aleje un poco de él, para poder mirarlo a los ojos, quería que por lo menos, entendiera que esto estaba mal, que estaba prohibido para nosotros - Por favor, puedes entender que esto no está bien, que no podemos hacer esto, que está mal…-me corto.

-Isabella, ya lo sé, ¡pero qué quieres que haga!- dice mirándome a los ojos - no me puedo, ni me quiero resistir más…- veo como sus ojos brillaban, y yo tampoco quería resistirme más, pero tenía que hacerlo.

—Por favor no me lo hagas más difícil - quería razonar a toda costa, pero nunca me espere una reacción de esa forma por parte de él.

— ¡No! - grita y me soltó tan rápido que me hizo trastabillar, pareció darse cuenta del tono que uso y trato de serenarse un poco, aunque parecía costarle - ¿Que no te das cuenta como me tienes?... Yo sé que es difícil para ti, pero también lo es para mí - me decía caminando de un lado para otro por toda mi oficina - tú no tienes idea de lo que siento por ti… todo fue tan rápido que no me dio tiempo ni siquiera de tener miedo, porque con solo mirar tus ojos puedo calmar el mayor de mis temores, es poco lo que te conozco, pero siento que lo hago de toda la vida… – se me acerco, tomo mis manos que para esto ya estaba más que temblando y me dice –Isabella, aun ni siquiera te tengo y ya tengo miedo de perderte y no sabes el dolor que me causa eso… tú no sabes cómo calaste hondo en mi corazón con tu sonrisa, como tus ojos me perforan cada vez que me miras… y no sabes cómo mi cuerpo cobra vida cada vez que mis labios acarician los tuyos – mis ojos empezaban a picar, no podía creer todo lo que me estaba diciendo, él era el que no se daba una idea de la forma tan profunda que sus palabras se estaban metiendo en mi corazón… pero tenía que ser fuerte no podía derrumbarme delante de él – Por favor necesito que sepas algo – me dijo y yo empezaba a sospechar lo que quería decirme, pero aun así lo deje seguir – Yo… yo… - suspiro como queriéndose quitar un peso de encima y siguió – estoy profundamente enamorado de ti…- no me pudo aguantar la mirada y agacho su cabeza.

Su mirada estaba perdida y mis ojos estaban abiertos como platos, no podía creer lo que había escuchado… Edward estaba enamorado de mí, y yo que le iba a decir ahora, ni siquiera estaba segura si también yo lo estaba de él, no podía jugar con sus sentimientos… ¡Dios esto se me estaba yendo de las manos!

En mi oficina reinaba un silencio sepulcral yo no me animaba a decir palabra alguna, y él se encargó de romper con ese silencio que lastimaba.

—Isabella… yo no te pido nada, solo que no te alejes de mí, no lo soportaría – mientras decía esto tomaba sus cosas y se dirigió a mí a paso lento – Por favor… piensa en lo que te dije, y tú eres la que tiene que entender y admitir lo que nos pasa - se acercó y junto nuestros labios en un pequeño beso.

—Edward por favor…- le digo apartándome solo un mísero centímetro, de su cara.

—Por favor Isabella… acepta de una vez que a ti te pasa lo mismo que a mí… pero ya no te voy a decir nada más… por ahora. Solo te daré tiempo para que pienses y ordenes tus sentimientos.- y diciendo esto se fue, dejándome con mis ojos nublados por las lágrimas de no saber si lo que estaba haciendo estaba bien o mal.

Yo aún permanecía sentada en el escritorio y a lo lejos sentía un ardor en mi rodilla, pero eso no me importaba en lo más mínimo en este momento, estaba sumergida en mis pensamientos, en ese beso tan íntimo que nos habíamos dado, en esas caricias tan apacibles que mutuamente nos habíamos regalado y en esa confesión que me había hecho unos minutos antes. Sentí unos golpes en la puerta y me alarme.

—Si… un momento por favor – digo bajándome del escritorio y acomodando mi ropa.

— Pase…- Grite, se abrió la puerta y era Rosalie.

—Amiga te vine a buscar para que salgamos juntas…-me dijo – Bella ¿te pasa algo? ¿Estás bien?- me pregunto con su ceño fruncido.

- S-sí, ¿porque? - pregunte queriendo aparentar.

- No sé, dímelo tú, mira tu cara…- se quedó pensando unos segundos y me dijo – ¿Edward tenia hoy su tutela aquí verdad? ¿Y puede ser que se allá ido hace un momento? -¡Dios tan obvia era!

—Sí, hace un momento se fue,… pero por favor aquí no, primero vayámonos y luego te cuento quieres - le digo queriendo salir urgentemente de ese lugar.

—Claro que quiero, anda agarra tus cosas y vayámonos - tome mis cosas y salimos de ahí como alma que nos lleva el diablo, cerré la puerta con el cerrojo y salimos desfilando por los pasillos del instituto.

Estábamos caminando Hacia donde estaban nuestros autos y de pronto recordé el beso tan efusivo que nos habíamos dado, eso hizo que mis mejillas se sonrojaran y al parecer Rose lo noto.

—Bells ¿porque te pusiste colorada? ¿En qué estás pensando?- me dijo y yo me sonroje aún más.

—En nada solo… olvídalo - quise omitir lo que vendría.

— ¡no, ni lo sueñes! Ahora me cuentas… anda dime - quería que le cuente todo, pero era mi confidente y se lo tenía que contar sino mi cabeza estallaría.

—Ok… pero aquí no, vayamos a Break y te cuento todo - le digo y la invito al mismo sito que solíamos ir cuando finalizaba la semana, allí descargábamos tenciones tomándonos unos tragos, nada fuera de lo normal.

—Bueno entonces nos vemos ahí, yo te sigo con el auto - me dice y se aleja para ir a su vehículo.

Íbamos directo al pub Break, era el mejor en la zona, cada vez que necesitábamos ahogar nuestras penas siempre recurríamos a ese lugar.

Estacionamos a media cuadra del lugar y ambas nos bajamos a la misma vez de nuestros respectivos autos. Me fui al encuentro con mi amiga y nos metimos en el lugar.

Break era un lugar muy acogedor, intimo con un estilo bohemio pero por sobre todo era muy discreto, con solo mirar la fachada del sitio te dabas cuenta que era uno de los pub más exclusivos del momento.

Rose y yo nos acomodamos en unas de las mesas más alejadas, una que daba a un pequeño y hermoso jardín japonés con estilo moderno. La mesa de verdad estaba alejada, no quería causar un espectáculo cuando dejara salir a flote mis sentimientos que parecían estar pugnando en salir.

Se acercó un camarero y nos preguntó que íbamos a pedir, ambas pedimos un Cosmopolitan, el camarero nos tomó el pedido y se alejó diciendo que en un momento nos los traería. Mientras esperábamos los tragos Rose me contaba que Emmett la había llamado para avisarle que al otro día temprano se mudarían al departamento y que él quería agradecerle todo lo que había hecho ella, agasajándola con una cena en su nuevo hogar.

Pero… acaso había dicho ¿¡Mudarían!?

- Rose, dijiste… ¿¡Se Mudarían!? - pregunto un poco interesada.

- Si… ¿Acaso no te conté? - me dijo y me miro con carita de disculpa, en ese momento caí en la cuenta de que se había olvidado de contarme algo - Bueno… ¡creo que se me paso contarte!- objeto.

- ¿Qué se te paso? – pregunto

—Emmett no se mudara solo… él se mudara con su hermano – admitió con el ceño fruncido-

- ¿Con su hermano? ¿Tiene un hermano? ¿Y tú lo conoces? ¿Por qué no me has dicho nada?- en ese momento se acercaba el camarero con los Cosmopolitan, nos quedamos cayadas, el joven puso una copa frente a Rose y la otra frente a mí, el apuesto muchacho se retiró dándome una sonrisa no muy educada para mi gusto. Tomamos un sorbo de la bebida que nos habían traído y Rose siguió hablando

—Amiga una pregunta a la vez… primero, si tiene un hermano y si se mudan los dos, segundo si lo conozco pero no me acuerdo para nada de él, no lo veía mucho, será porque cuando iba a su casa el chiquillo siempre estaba en su habitación, y tercero no te conté por el simple hecho de que me olvide… lo único que espero es que no sea de mucha molestia – me dice como si nada, muy divertida.

Nos reímos y un momento después me tense de tal forma que se me derramo un poco del trago, mi amiga parecía tener censores de movimientos; cada acto o movimiento que hacia ella se daba cuenta y esta no fue la acepción.

—Isabella… me puedes contar de una vez que es lo que paso en esa oficina… ¡mírate como estas!- me dice con un tono burlón pero sin quitarle seriedad al asunto – anda cuéntame – me dijo.

Yo tome un sorbo de mi trago y suspire para contarle lo que le venía a contar

—Rosalie … amiga yo… me bese con Edward…- me quiso interrumpir pero no la deje - no déjame terminar - suspire y seguí - Yo… nos besamos, nos besamos de una forma tierna, pero no por eso menos apasionada, no sabes cómo me beso y no te das una idea como yo lo bese, me olvide de todo y de todos, del lugar donde estábamos, no me importaba nada… tú… tú tenías razón ya no lo puedo evitar, no puedo huir, me tiene atada yo… yo… no sé qué me pasa, cuando el me acaricia me estremezco con su toque tan suave. El me hizo una confesión…- Rosalie estaba tan sorprendida que a mí me sorprendió que no me interrumpiera ni un solo segundo asique decidí seguir – él me confeso que está enamorado de mí, y yo le creí, lo vi en sus ojos, en sus besos, en sus caricias, lo sentí en cada palabra que me dijo y yo… yo no sé qué me pasa - no me había dado cuenta en que momento, mis ojos habían comenzado a emanar lágrimas, comencé a sollozar mientras le seguía relatando – No entiendo este sentimiento que se empezó a formar, solo hace cuatro días que lo conozco, sin embargo siento que lo conozco de toda la vida, y sabes que es lo que más me duele…- Ella negó con la cabeza pero pude darme cuenta que sus ojos brillaban por lagrimas que se estaban formando - Que cuando mi corazón se digna a sentir devuelta derrumbando los muros que yo misma me puse, lo hace con la persona menos indicada, con alguien que está prohibido para mí, porque él es mi alumno, y yo… Dios… yo no sé qué hacer con eso… lo único que sé es que me gusta, me encanta, que me tiene enjaulada en sus ojos y no pretende dejarme salir y me lo dijo… Rosalie yo no sé qué paso, no sé qué hacer…- le digo y no puedo evitar que mis lágrimas terminaran de salir del todo. Sollozaba a más no poder, dejando salir todos mis sentimientos y mis frustraciones. Me separe un poco de ella y tome la copa de la mesa, me la bebí de un solo sorbo y cuando la deje de nuevo en la mesa levante mi mirada y le hice una seña al camarero para que me trajera una copa más, me hizo un gesto con la mano como captando lo que le había pedido.

Cinco minutos más tardes el joven camarero me traía el Cosmopolitan; dejo la copa llena y se la llevó vacía. Rosalie trataba de reconfortarme sobándome la espalda y dándome palabras de aliento.

—Bella hermosa, tienes que darte tiempo para poder aclarar tus sentimientos, como bien te dijo Edward… y tú no le fallaste a nadie, tu ética está más alta que nunca, que te hayas enamorado de un alumno no quiere decir que le hayas fallado a tu profesionalismo…- le corte

—Rosalie yo no estoy enamorada… yo no creo que este enamorada… no lo sé estoy muy confundida – le dije muy contrariada, era verdad no sabía si estaba enamorada pero tendría que averiguarlo cuanto antes, ya no podía seguir así. Y así, hablando de cómo me sentía había sacado la conclusión con la ayuda de mi hermosa Rosalie que cuanto antes tenía que hablar con Edward, pero hablar con la verdad, contarle como me siento y aclarar todo…

Estuvimos en Break cinco horas, sí… ni yo podía creer que el tiempo pasara tan rápido; necesitaba sacar todo afuera y en este momento el alcohol pareció solucionar todas las cuestiones… sin darme cuenta había bebido mucho más de la cuenta.

Quise pararme para ir al baño y volví a caer en la silla, no podía mantenerme parada y para colmo estaba con tacones… genial era lo único que me faltaba.

—Bella… me parece que bebiste demasiado - me dijo mi amiga, yo me sentía morir, estaba cansada y ese dolor que sentía dentro estaba ganándome la partida.

—N-no estoy bien - ahí Dios mi vos había salido balbuceante por el efecto del alcohol.

—Isabella mírate amiga, ni siquiera puedes hablar - me decía Rosalie y tenía razón, había bebido mucho más de lo que me imaginaba, pero yo ni siquiera había llevado la cuenta de lo que había tomado.

—Estoy bien Rose, anda acompáñame hasta el baño y luego nos vamos que se hace tarde - le digo, solo necesitaba refrescar un poco mi cara y salir del lugar cuanto antes.

— ¡Ok! haremos esto, vamos a ir al baño y luego tú te vas a ir a mi departamento – Ja, Ja, Ja estaba loca si pensaba que iría a su departamento.

- ¿Qué? - quise sonar lo más seria posible pero mi vos salía cada vez más ronca.

—No pensaras que te dejare ir en ese estado en tu auto, no señorita… no se habla más, hoy dormirás en mi departamento…- me dijo y tenía razón, yo no podía manejar en mi estado, sería un accidente andante - Hoy por ti mañana por mí - declaro, aun me acordaba la última vez que la tuve que entrar arrastras a mi departamento, estaba igual que yo.

Fuimos hasta el baño, o mejor dicho me llevó al baño y pude refrescarme la cara y despabilarme un poco, pero no funciono, todo me daba vueltas y el sueño me estaba envolviendo cada vez más.

Salimos del baño y volvimos hacia la mesa a buscar nuestras cosas. Rose me llevaba del brazo cuando nos dirigimos a una de las barra donde estaba una señorita en la caja registradora. Le pedimos que nos cobrara lo que habíamos consumido, nos cobró y nos dijo que volviéramos cuando quisiéramos, con un tono de vos divertido le dije a la chica que seguro me vería muy seguido por allí; ella, yo y Rose nos reímos a grandes carcajadas.

Cuando quise darme la vuelta para salir por la puerta el joven camarero que nos había atendido se acercó a mí y me tendió la mano, y yo se la di pensando que quería saludarme; el muy sinvergüenza me había dado un papelito con su número telefónico y decía.

…01147270989

Hermosa yo sé que querías esto, llámame

Estoy disponible para ti…

¡Que mierda!… le di una sonrisa socarrona y le arroje el papel en la cara, que se creía este…

-Tú no le llegas ni a los talones, a mi Edward - Lo empuje y me salí del lugar lo más digna posible y con Rosalie a cuesta.

—Rosalie… yo no puedo dejar mi coche aquí - me había percatado que ambas habíamos venido en coches diferentes y si ella pensaba llevarme mi auto se quedaría aquí.

—No te preocupes voy a mandar a que lo busquen… tú confía en mi - no estaba segura si confiar o no, pero tenía que hacerlo. Y sin más me llevo hasta su auto.

Ya dentro de la seguridad se su vehículo, no pude más que relajarme, y como si nada Edward volvía a mi cabeza una y otra vez reviviendo ese beso tan hermoso que nos habíamos dado. De mis ojos salieron lágrimas de tristeza, lágrimas de una cobarde, que no se animaba a reconocer sus sentimientos.

—Bella cariño, no te puedo ver así, dime cómo puedo ayudarte - su vos sonaba desesperada, pero yo lo único que quería era dormir y no despertar más.

—Con estar a mi lado, ya me estas ayudando…- Quise despreocuparla pero parecía que en este momento solo estaba capacitada para hacer todo mal - ¡Soy tan patética! - dije para mí, pero a Rose y a sus antenas no se les escapaba nada, pero sí lo era, era la peor de todas.

—No digas eso, tú no eres patética… mira a mí no me gusta verte así, pero es lógico cómo te sientes - quiso reconfortarme pero no me estaba ayudando mucho.

— ¿Y cómo me siento según tú? - quería ver cuán patética y estúpida podía llegar a verme mi amiga

—Sientes una frustración en tu corazón, por no poder estar con Edward, pero déjame decirte… que eso no es un problema, y yo te lo voy a demostrar amiga - ¡ahí no!

—No te entiendo Rosalie, explícate - quería saber que era lo que estaba tramando, porque aunque estuviera tomada aun me daba cuenta de la picardía que denotaba su voz.

—Tú déjamelo a mí… pronto acabara ese dolor… ya verás…- quise tranquilizarme y darme esperanza con sus palabras, pero eso lo haría más tarde ahora solo quería dormir, y con eso me sumergí en la inconsciencia del sueño.

.

.

Mi olfato percibía el olor del café recién hecho, y el de pan tostado, aun con los ojos cerrados pero ya despierta sentía una fuerte punzada en mi cien, empecé a abrir mis ojos de apoco y – ¿¡donde estoy!? - me dije para mis adentros, esta no era mi habitación, este no era el olor de mi casa y esta no era mi cama, sin más rodeos levante las sabanas y el cobertor para ver en qué estado estaba mi cuerpo.

Me pare de un salto y el cobertor y las sabanas volaron por los aire, me mire un poco y mi cabeza empezó a palpitar cada vez más fuerte.

Me mire y… ¿Qué me había pasado?, de quien era esta ropa de dormir, que déjenme decirles era todo tan… diminuto… que no quedaba nada para la imaginación, me quedaba bien, muy bien diría yo, pero esto no era mío, esto se parece más a la ropa de dormir de… ¡Rosalie!

Fui como estaba, a la cocina donde se suponía debía estar mi amiga.

Solo podía escuchar un movimiento de ¿platos? Entre a la cocina sin anunciarme y sobre la mesa de la cocina había un desayuno como para un batallón…

—Rosalie… ¡que es esto que me pusiste! - ella se sobresaltó un poco y se dio media vuelta, pude ver una risa que quería salir en su boca, pero aun así se contuvo.

— ¿Que, no te gusta? Te queda muy bien amiga, eres una mujer hermosa… aparte ese conjuntito es tuyo… te lo regalo - y sin más se dio vuelta y me dio la espalda.

Me senté en la mesa y aun me seguía pareciendo que se había esmerado mucho con el desayuno, yo solo tomaría un café; pero antes tenía que tomar un analgésico para el dolor de cabeza… me estaba matando.

—Rose… ¿tienes algo para el dolor de cabeza? Me está matando – saco de uno de los cajones una cajita y de ahí me dio una pastillita blanca – Gracias… umhh me puedes decir porque hay tanta comida…- y en eso sonó el timbre de su puerta,-Voy- grito Rose.

—Ahí está tu respuesta…- me dio una sonrisa y se alejó, me di cuenta de que no estaba con la ropa adecuada, me pare y me dirigí hacia la puerta, cuando de la nada una Rose muy sonriente apareció por la puerta acompañada por dos muchachos.

—Bella… te presento a Emmett – el muchacho soltó una sonrisita nerviosa y me tendió la mano.

—Ho-hola, mucho gusto…- le devolví el saludo, mi cara se había tornado de un rojo intenso.

—Yo...- no podía articular palabra, no podía creer lo que mis ojos veían, mis pies parecían estacas.

—Y él es su hermano Ed…- dijo dirigiéndose al otro acompañante, yo no la deje continuar y su nombre salió sin que pudiera retenerlo en mi boca.

—Edward… - mis piernas temblaban; aun no podía moverme, debía hacerlo no podía estar frente a un alumno en esas fachas, pero mis piernas parecían no querer moverse.

—Ustedes… ¿ustedes se conocen?- me pregunto una muy confundida Rosalie.

—Si yo… yo soy su profesora en el instituto - las palabras me salían atoradas, necesitaba salir de esa situación o me desmayaría en cualquier momento.

¡Qué rayos hacia Edward aquí!

Ninguno decía nada, Rosalie me miraba a mí y luego a Emmett, para pasar la mirada a Edward.

Edward me miraba de arriba abajo, sus ojos me penetraban como dagas, toda mi cara hasta parte de mi cuello se había encendido en un fuego abrazador, para colmo mi cerebro parecía no mandarle la señal correcta a mis piernas para moverse y salir de ahí.

— ¡Un momento! Acaso él es el mismo Edward del que hablamos - mi amiga pareció entender que Edward el hermano de Emmett, no era nada más ni nada menos que mi Edward.

— Bueno… al parecer soy famoso - comento Edward con una risa bailando en su boca, mirando directamente Hacia mí. Mis mejillas se colorearon ya más de lo que estaban, tenía que salir de ahí urgente.

—Yo… enseguida vuelvo - me dirigí a la puerta y arranque a paso apresurado hacia la habitación de mi amiga, tenía que sacarme esta ropa, me decidí por tomar una ducha rápida para sacarme el brote de nervios que tenía.

Tome prestado ropa de Rosalie y la dejo sobre la cama, salí por el pasillo de su habitación Hacia su baño, ya que el recinto estaba fuera. Me metí y enseguida me di una ducha muy veloz. Al salir me envolví en una toalla y fui a cambiarme a la habitación.

Cuando salí del baño casi corrí al lecho de mi amiga, no quería encontrarme con nadie, me metí en el lugar y cerré la puerta sin mirar, me percaté de que la puerta no hizo el sonido característico cuando uno la cierra, me di vuelta para ver qué fue lo que la detuvo y mi corazón un poco más y salía de su lugar.

— ¿Qué demonios haces aquí? – le pregunte a un muy descarado Edward, este chico quería matarme.

— ¿Por qué estas enojada conmigo?- ¿Qué? El creía que yo estaba enojada con él, como podía pensar eso después de lo de ayer.

— Vete, no puedes estar aquí – quise esquivar su charla.

— No… no me voy hasta saber porque estas enojada conmigo – por Dios él no se iba a quedar tranquilo hasta que le conteste.

— Rayos… no Edward no estoy enojada contigo, solo estoy un poco confundida, por favor vete, nos pueden ver - claro que no estaba enojada, como le dije solo estaba confundida, mi cabeza estaba queriendo procesar lo sucedido.

— Confundida ¿por qué? por verme aquí, o por ser el hermano del amigo de tu amiga - ¡no se me notaba! Claro que estaba confundida, de echo lo estaba por todo… un momento acaso él sabía que Rosalie era mi amiga… ¿acaso él sabía que Emmett y Rose eran amigos?

— Por… espera, tú… tú sabias que Rosalie y tú hermano eran amigos, ¿tu conocías a Rose?- le pregunte.

— Sabia que Emmett era amigo de Rosalie, pero lo que no sabía, era que tú eras amiga de ella… aparte ni siquiera me acordaba de Rose, pero ahora que la veo - se quedó pensando un minuto - ella es profesora del instituto también ¿no? - me pregunto

— Si ella es profesora de inglés extranjero - conteste - ahora, por favor vete que necesito cambiarme – volvió a mirarme de arriba abajo y yo sujete más mi toalla.

— Isabella pudiste pensar algo de lo que hablamos ayer - ¡oh no otra vez! Este no era el momento para hablar de esas cosas. Pero me sincere, era lo único que podía hacer.

— Créeme que lo que menos pensé fue en ello – creo que fui demasiado sincera, quise patearme al notar como su sonrisa se desfiguraba - Por favor Edward, no me apures solo dame tiempo ¿sí? Esto es muy difícil para mí - de verdad que ya no sabía cómo sobrellevar todo esto.

— Y tú que crees, ¿que para mí no?- sabía que era difícil para él, pero tenía que entenderme necesita un tiempo para pensar bien.

— Sé que es difícil para ambos pero yo soy tu profesora y tu mi alumno y encima, aun eres menor de edad – lo último no quise decirlo, pero delante de él parecía que mi boca se mandaba sola. Él pensó algo por un momento y luego hablo.

— Eres hermosa… te preocupas por todo – claro, porque si lo dejaba pensar y decidir a él, ya a estas alturas todo el instituto se hubiera enterado de todo.

—Si no lo hago yo, quien lo hará ¿tú? No lo creo… ahora vete que se deben estar preguntando por que tardas tanto – ya me imaginaba a Ros preguntándose donde estaba Edward, a ella no se le escapaba nada.

—Ok, me voy, pero antes dime, ¿tú vives en este edificio? - quiso saber, y gracias a Dios que por mi bien no vivía aquí.

—No… yo… es largo de explicar, luego te cuento – le dije y pareció más tranquilo, se acero a mí y me tomo por la cintura

—Bueno…- empezó - la ropita que traías hoy se te veía muy linda – me dijo y mi sonrojo volvió a mi cara, Edward era un atrevido irrefutable, pero solo a él le podía y lo dejaba ser como era conmigo y el sabia eso.

—Vete…- le dije y me aparte de su agarre sujetándome aún más mi toalla. Me soltó con una risa en sus labios y se fue dejándome con las piernas temblando.

Me vestí con unos jeans y una camisa muy ajustada, Rose solo usaba ropa ajustada, decidí no ponerme nada en los pies ya que estaba harta de tacones, me sujete el cabello en un moño alto y así me fui hacia la puerta, cuando me acorde de que no me había puesto perfume, busque mi bolso y saque el perfume que siempre llevaba encima, me puse en los puntos clave, en mi cuello y en mis muñecas. Lo deje dentro de mi bolso y fui donde los otros estaban.

Casi llegando a la cocina pude oír como Edward se reía, una tonta sonrisa se formó en mi cara, pero aunque quise, no lo pude evitar.

Entre en la cocina y lo primero que mire fue a Edward, nuestras mirada se engancharon y así nos quedamos un segundo, sentí como alguien se aclaraba la garganta e inmediatamente agache mi mirada.

Estuvimos desayunando por un largo rato, conversando de cómo Emmett y Rosalie se habían conocido en el instituto. Pude notar como sus caras y en especial la de Rose se entristecía cuando relataban el momento en que se tuvieron que separar, pero solo duro unos minutos, porque enseguida mi amiga salto de su silla y abrazo a Emmett y le dijo que de ahora en más comenzaba una nueva historia de ellos dos, se quedaron mirando por un momento y pude jurar que se estaban por besar, pero si no fuera por el inoportuno de Edward, que aclaro su garganta lo hubiesen hecho. Envidioso.

Por otro lado estaba él, mi dulce tortura, que no dejaba de mirarme yo no podía creer que estaba sentada en una mesa con Edward, su hermano y la loca de mi amiga, ya me imaginaba la charla que tendríamos cuando estuviéramos solas, porque me lo dio a entender con unas miraditas que me daba de a rato.

—Que les parece si luego de que guarden sus cosas almorzamos todos juntos… podemos pedir algo, ¿les parece? – ahí no, Rose y su bocota, que no se podía quedar callada.

— ¡No! – Dije, de pronto todos me miraron – quiero decir, que yo no puedo Rose, me tengo que ir, anoche no llegue a mi departamento… - no me dejo terminar

—Nadie te espera allí mujer… a menos que el señor Almir… - dejo la frase sin terminar, no podía creer la cabeza pervertida que tenía Rosalie, mire de reojo a Edward y pude notar la cara de enojo que había puesto.

—Qué te pasa Rosalie, el señor Almir es como mi abuelo, no seas tonta… y puede que nadie me esté esperando ahí pero es mi hogar y necesito mantenerlo…- dije mientras me levantaba y me dirigía hacia su habitación en busca de mis cosas. Estaba entrando en su habitación cuando sentí su mano en mi muñeca. Inmediatamente me di cuenta que era él.

—Isabella… por favor no te pongas así, ella solo… solo quiere ser cortes con nosotros – él pensaba que estaba enojada por las ocurrencias de Rose, pero la verdad era que estaba muy cansada; necesitaba estar en mi casa.

Él era mi perdición, estaba tan cerca de mí que podía sentir su aliento en mi cara

—Ed… yo…- por inercia mi mano se levantó hasta su mejilla – yo no estoy molesta o enojada… solo estoy cansada necesito dormir un poco y recuperarme nada más, y Rosalie ella solo… solo bromeaba eso es todo, no te preocupes no se van a aburrir sin mi… - dije intentando bajar mi mano pero él la tomo y beso mis dedos prendiéndolos fuego con cada beso que les daba. Intente alejar mi mano pero él la seguía presionando.

—Nos pueden ver y no…- no me dejo terminar.

—Me llamaste Ed… así era como me llamaba mi… mi madre…- pude sentir como se estremecía; lo mire a los ojos y puede ver como la tristeza los consumía, pero solo duro un momento antes de recomponerse y regalarme una tímida sonrisa.

—Edward yo… yo lo siento, no quise…- de la nada me tomo de un brazo y me adentro en la habitación de mi amiga.

—Edward que haces no…- cerró la puerta detrás de él y apoyo su frente en la misma

—Abre la puerta, nos pueden ver… demonios, porque eres tan infantil, ahora mismo se deben estar preguntando donde estas, a Rosalie no se le escapa nada… por favor Edward, por favor… no me hagas esto - lo último lo dije en un susurro más para mí que para él

— ¿Que no te haga que?… maldición, que no ves, que no me ves, no soy un niño soy un hombre – me dijo un poco exaltado dándose la vuelta, quedando frente a mí.

— Y no te preocupes por ellos, se acaban de ir a buscar unas cajas y a llevarlas a nuestro departamento… les dije que me quedaría a esperar que terminaras de cambiarte porque quería hablar contigo del instituto - dijo, y se encogió de hombros.

—Edward… yo… te dije que tenía que pensar, por favor…- le rogué

—Lo sé, es solo… - suspiro pasándose la mano por su cabello - no puedo estar lejos de ti, todo de ti me atrae, tu vos, tu olor… tus ojos… - dijo acercándose, como si me estuviera acechando. —Me gusta todo de ti… me vuelves loco, no me importa nada, no me importa nuestra edad, no me importa que tú seas mi profesora… puedes entenderlo… nada, ¡no me importa nada! – y con eso me beso.

Era un beso dulce pero con desesperación, lo pude sentir, me tomo de la cintura y me atrajo hacia él, uno de sus brazos rodeo mi cintura y el otro cruzo mi espalda tomándome la nuca, yo ya no me aguante mas y deje que el momento me llevara.

Rodee su cuello con mis brazos, mientras acariciaba los vellos de su nuca, lo necesitaba, carajo, si lo necesitaba, pero nunca se lo iba a decir en vos alta.

El beso se estaba tornando cada vez más apasionado, cuando nuestras lenguas comenzaron a danzar, teníamos que parar con esto, o terminaríamos lamentándolo. Corte de apoco su beso y junte nuestras frentes…

—Ed… ya no puedo, tú serás mi perdición – volví a besarlo pero solo con un beso – ahora tienes que irte, necesito cambiarme – dije dándole un besito en su mejilla.

—Me puedo quedar – lo iba a matar-

— ¡NO! – le dije con un fingido enojo – no puedes… - quise soltarme de su agarre pero él me lo impidió abrasándome y apoyando su mentón en mi hombro.

—Eres la mujer más importante de mi vida, luego de mi madre – eso me dejo muy descolocada y un tanto asustada, sentí su respiración entrecortada en mi cuello, el… él estaba ¿sollozando?

Lo separe de mi un poco para poder mirarlo a los ojos, no podía creer sus ojos estaban nublados por las lágrimas sin derramar. Mis manos tomaron sus mejillas y acaricie su frente sus pómulos; él estaba triste, algo lo atormentaba, lo pude ver en su mirada me preguntaba que le había pasado en su vida para tener esa tristeza en sus ojos, el no parecía ser un chico introvertido, y nunca me había dado cuenta pero ahora él estaba dejando caer una máscara, ahora estaba viendo al verdadero Edward, no al que sonreía por todo, este era el verdadero y me dolía comprobarlo.

Él había nombrado a su madre antes cuando lo había llamado Sam, y pude ver su tristeza aunque sea solo un momento; pero ahora cuando volvió a nombrarla su angustia no desapareció tan fácilmente. Lo único que sabía es que era algo referido a su madre, de eso no había duda.

—Edward, estoy aquí… mírame – él estaba mirando hacia abajo – mírame Ed… – volví a intentar, pero él no quería.

Él me tenía que mirar a los ojos para yo poder decirle, lo que tenía que decir, pero él no quería. Y sin más se lo dije, ya no podía ver como el sufría; porque si, lo pude sentir en su cuerpo, en sus abrazos y en sus besos, el sufría. El temía perderme.

—Edward Cullen, a mi… yo…- estaba nerviosa, di un fuerte suspiro – también me pasan cosas contigo…- ok ya lo había dicho, lo había admitido, le estaba diciendo que me gustaba que me pasaban cosas con él.

En ese instante levanto su rostro y pude ver como una lagrima escapo de su ojo derecho. No lo pensé solo lo hice… me acerque a él volviendo a enroscar mis brazos en su cuello y tome su lagrima con mis labios, el cerro los ojos y lo oí suspirar. Corrí mi cara solo unos centímetros y uní nuevamente nuestras bocas.

Estuvimos solo unos minutos besándonos tenía que separarme, pero no quería, ya no quería. Estábamos tan absortos en el momento, que no nos dimos cuenta que alguien estaba mirándonos.

- ajamm… - alguien se aclaró la garganta, y eso fue suficiente para separarme de él como si fuera un rayo.

Nos miraba con una sonrisa bailando en su boca… ¡maldición!

—Yo… yo te puedo explicar, no es lo que crees, de enserio, solo…- no me dejo terminar mire de reojo a Edward y no podía creer lo que veía, él estaba como si nada cruzado de brazos.

—Que te crees Isabella, que no sabía que de seguro esto iba a pasar… por favor si este chico estaba esperando que nosotros nos vayamos para poder buscarte, solo tendrían que tener más cuidado – dijo mirándome con burla, para luego mirar a Edward - pudo ser tu hermano el que los haya visto, y estoy segura que él no se lo hubiese tomado tan a la ligera como yo – y tenía razón su hermano no sabía nada o eso creía yo, pero aun así no quise arriesgarme a complicar más las cosas.

—Rosalie, por favor no… - no me dejo terminar

—Amiga no tienes que pedírmelo, sabes que yo no diré nada, pero por favor se más cuidadosa – se rio, ella estaba mofándose de mí, ¡maldita perra engreída!

—Y tú – dijo mirando a Edward, que ni se inmuto con lo que dijo Rose – tu hermano te espera necesita tu ayuda – se dio media vuelta y antes de irse dijo – ahora si trata de no tardarte demasiado, tu hermano no es ningún tonto – y se fue cerrando la puerta.

Camine hasta la cama y me tire boca arriba tapándome la cara con las manos. Sentía que me estaba asfixiando, como pude ser tan irresponsable, Dios mío, qué hubiera pasado si hubiera sido Emmett el que nos encontraba, no, no quería ni imaginármelo.

—Bella, hablare con mi hermano y…- sí, el en realidad quería matarme.

— ¿Qué? – había escuchado mal, si había sido eso.

—Sí, le hablare con la verdad, le diré… le diré que estoy malditamente enamorado de ti y que tu…- no lo deje terminar, acaso él se había vuelto loco.

- No, no espera – dije sentándome en la cama de golpe – Ed, por favor – pase mi mano por mi cabello intentando tranquilizarme - ya avanzamos demasiado, por favor dame tiempo, yo enserio necesito pensar, mi cabeza está a punto de colapsar, admití que me pasan cosas contigo… ¡Que más quieres de mí! – dije levantando la voz más de lo deseado, él se quedó mirándome para luego avanzar, tomarme de los brazos con fuerza me llevo con el hacia su pecho.

— ¡Todo… maldición quiero todo de ti! – y me beso, pero no fue tierno, no, fue un beso duro y fuerte como si de ello dependiese su vida, su lengua entro sin permiso e invadió mi boca buscado mi lengua; en cuanto ambas se rozaron ya no pude más, estaba perdida y le devolví el beso de la misma forma, jale su cabello con fuerza y pude escuchar como ahogaba un gemido brutal en mi boca, eso me desconcertó un poco haciendo que perdiera el equilibrio, el dándose cuenta de eso bajo sus manos por mi costado y tomo mis muslos, dándome la posibilidad de enrollar mis piernas en sus caderas, así lo hice, el camino y se topó con el borde de la cama se inclinó y caímos sobre ella, el encima mío. Y eso fue suficiente para mí.

—Edward… no, por favor – había dejado de atacar mi boca, para tomar mi cuello – ¡Edward, para!- Dios me estaba excitando y eso no podía pasar; de mi boca salió un leve sollozo, fue mínimo, pero aun así él lo escucho, volvió sus ojos y me miro. Yo sentía terror mesclado con excitación y eso me asusto, demasiado.

— ¡Oh Dios mío!… lo siento, mi amor lo siento… yo… yo no sé qué me paso, ¡por favor perdóname! – trato de levantarse pero se lo impedí el me miro confundido.

—No está bien solo… solo me incomode un poco, me asuste – el me miraba asustado dándose cuenta de que se había dejado llevar.

—Perdóname, yo… perdóname, no volverá a pasar te lo prometo – de eso no estaba segura, más que seguro que en un futuro… capas… ¡Dios que estaba pensando!

—No estoy tan segura de eso…- él no entendió el doble sentido de mis palabras y pensó que por causa de lo que había pasado me alejaría de él.

—No volverá a pasar Bella, te lo prometo solo… no me alejes de tu lado…- ahhh como negarle algo cuando me ponía esos ojitos tristes.

—No pensaba hacerlo, pero tienes que prometerme que no le dirás nada a tu hermano, aun no estoy preparada para enfrentar eso todavía, no te digo que no lo hare en un futuro, pero no ahora – me miro a los ojos y pude ver cierta duda – ¡prométemelo Edward! – dije acariciando su mejilla

- lo prometo, prometo no decir nada hasta que tu estés preparada – le di una tierna sonrisa y acaricie su mejilla.

—Ahora joven Cullen – dije con mi vos profesional – podría levantarse eh ir a donde lo están esperando – suspiro sobre mí cara dejándome media aturdida, pero ya no podía volver a recaer.

Él se levantó perezosamente y me ayudo a levantarme.

—Puedo verte mañana – me miro con suplica en sus ojos – para poder conocernos, me gustaría saber todo sobre ti, podemos ir a comer a algún lado, luego ir al parque, tomar un helado – él me quería conocer, quería tener una cita

—Me estas pidiendo una ¿cita? – el asintió sin emitir palabra.

—Si no quieres está bien… yo… yo puedo esperar hasta que tu qui… - no lo deje terminar.

—Ok… acepto – sus ojitos brillaron de una manera en particular… era alegría, felicidad, mi pecho se hincho de orgullo por ser yo quien lo hacía feliz.

—Bien - se acercó y me dio un beso para darse vuelta y marcharse.

— ¡Espera!– lo llame, él se detuvo y me miro, tome mi bolso y saque una libreta y mi birome, le anote mi numero celular – ten, para que nos pongamos de acuerdo, llámame cuando estés solo – tomo el papel y volvió a besarme

—Nos vemos mañana – y se fue.

Sentía que todo lo que estaba haciendo, lo estaba haciendo mal, que era un error un error fatal, pero aun así no me arrepentía de nada, le había confesado como me sentía, me había dado cuenta que detrás de esa mascara de chico feliz había una vida llena tristeza y sufrimiento. Y estaba segura que tenía que ver con su madre.

Decidí tomar todas mis cosas, en realidad solo tome mi bolso ya que mi ropa no la veía por ningún lado, acomode la cama de mi amiga y camine hasta el espejo que estaba sobre una cómoda de ropa que tenía Rosalie. Acomode mi pelo en un moño alto me puse un poco de mi perfume y salí a despedirme de mi amiga, de Emmett y de mi pedacito de cielo… si eso era el para mí, después de todo tenía derecho a volver a confiar en un hombre no todos eran iguales a… a… bueno a, no quería nombrarlo.

Baje y pude ver como mi pedacito de cielo, dejaba unas cajas sobre la vereda mientras que su hermano y Rose descargaban cajas de una camioneta que supuse que era de Emmett.

El portero de Rose me abrió la puerta de la calle y le agradecí con una sonrisa radiante.

Mi amiga me vio y camino hacia mí con una sonrisa en su rostro, me sonroje de la peor forma y agache mi cabeza y camine hacia ella.

—Rose… yo siento mucho lo que viste allá arriba yo… - me interrumpió.

—shhh, no te preocupes pero, me tienes que contar todo y con lujo de detalles – esa era mi amiga.

—Ok, me puedes llevar hasta mi departamento – le pedí acordándome de mi auto, lo había dejado en el estacionamiento de Break.

—No hace falta, ahí está tu auto – me dijo señalando mi coche estacionado en la vereda de enfrente – te prometí que lo mandaría buscar y así fue – era la mejor

—Gracias Rosalie, no sé qué haría sin ti – le di un abrazo y un beso en la mejilla, en ese momento se acercaba Emmett.

—Oh ¿ya te vas? – me pregunto, Dios sentí mi cara sonrojarse por la vergüenza de estar unos pisos arriba con su hermano menor siendo yo su profesora.

—Si yo… yo tengo cosas que hacer – no podía mirarlo a la cara y mis mejillas estaban de un rojo vivo.

—Ok entonces… fue un gusto haberte conocido, me alegra que Edward te tenga de profesora, el necesita un poco de disciplina y estoy seguro que en el instituto se la sabrán dar – empecé a hiperventilarme mentalmente y me sudaban las mano.

—Si el gusto fue mío… y ¡me alegra haberte conocido! – eso lo había dicho de enserio, el parecía ser una muy buena persona y estaba segura que Rosalie estaba más que feliz y eso ya era suficiente para mí.

—Gracias… ¡Edward!- grito en dirección de su hermano – Ven despídete de tu profesora – ¡oh Dios mío!…

- ¡ya se va profesora!- dijo con vos de niñito bueno… maldito.

—Si ya me voy… nos vemos el lunes, adiós… y ¡pórtate bien!– le di un golpecito en su cabeza, me di vuelta y mire a su hermano y mi amiga que nos miraban con cierta sonrisa en sus labios. Y pude ver que Emmett le decía algo a Rosalie haciendo que ella sonriera.

— ¡Adiós a ustedes también! – agite mi mano saludando y me fui a mi auto.

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Luego de acomodar mi departamento, asear todo y abrir las ventanas para ventilar el ambiente, termine exhausta, tome un baño relajante que duró una hora y mientras pensaba todo lo sucedido durante el día, sentí que mis músculos ya estaban adormeciéndose, decidí salir, enrolle una toalla en mi cuerpo y me fui hasta mi habitación, me puse un simple camisolín de algodón, necesitaba relajarme y que mejor forma sino escuchando a mi cantante favorita, puse mi reproductor Ipod y me tendí en la cama, mientras la melodías de la canción Someone like you hacían que me durmiera lentamente, sentí vibrar mi celular; Lo tome sin mirar la pantalla y conteste.

—Hola –

— ¡Hola preciosa! – ¿Quién era?

—Edward… ¿eres tú? – no estaba segura, pero si era él tenía su voz rara, parecía agitado

—Sip quien más, esperabas que te llamara otra persona – le sentía la vos media ronca que estaría haciendo.

—No… Quiero decir, te dije que me llamaras, ¿estás solo? – le pregunte y sentí como maldijo en vos baja.

Si…- se quedó un momento en silencio y continuo - te extraño – su vos estaba cada vez más melosa, dios, que estaba haciendo.

—Ed… por favor – no aguantaba esa vos, me ponía los pelos de punta y no de forma mala, no, todo lo contrario – ¿Que estás haciendo, te noto la vos… rara? – Se quedó callado y luego sentí un jadeo – ¡EDWARD, QUE RAYOS ESTAS HACIENDO! – grite desesperada el estaría acompañado y me estaba mintiendo.

—Perdón… solo… solo pensaba en ti, y sentí la necesidad de… de… - dio un suspiro largo y prolongado y continuo – necesitaba oírte – dijo recuperando su voz normal pero aun lo sentía medio agitado - ahora si pongámonos serios, y dime adonde quieres ir mañana – ohh me había olvidado.

— Mmm no sé a dónde tú quieras – y me arrepentí de haber dicho eso, vaya a saber dónde me llevaría.

- ¿A dónde yo quiera? – me dijo con su vos media ronca otra vez, maldición que demonios estaba haciendo que hablaba así.

- ¡Edward! – le dije en mi mejor tono de advertencia… él se rio y continuo con su discurso…

Nos pusimos de acuerdo, en el lugar y el horario, y ahí nos íbamos a encontrar. Mañana a las cuatro de la tarde era la dicha cita… si, íbamos a tener una cita, solo rogaba a Dios no arrepentirme más a delante de lo que estaba por suceder.

Hablamos más de una hora hasta que nos despedimos, forzadamente porque él no se quería despedir y quería seguir hablando.

Cerré mis ojos pensando en lo que sería de mañana, estaba asustada y con miedo no lo iba a negar, pero aun así intente no pensar en eso.

El sueño me invadió llevándome a la inconsciencia y teniendo por primera vez un sueño húmedo con Edward.