Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación me pertenece a mí.


Capítulo Beteado por: Shades


Capítulo 12: Jacob y su sorpresa.

Bella POV.

— ¡Bella apúrate! Vamos a llegar tarde… —

— ¡Ya voy, ya voy! —Por Dios… qué no puede entender que una mujer necesita arreglarse cuando sale… así sea al supermercado.

—Sabes que… voy a esperarte afuera, y ve sabiendo que has perdido la apuesta te has tardado más de diez minutos en arreglarte—Maldición… maldito sea Edward y su estúpida apuesta.

Anoche antes de irse habíamos apostado, que si yo hoy tardaba más de diez minutos, hoy en la noche cuando se quedara le tendría que cocinar. ¡Ja! Sí como no… yo cocinar. Como si no supiera que soy pésima para la cocina. Hasta el agua se me quema.

Pero claro, como él sabe todo eso, lo uso para ver si se puede divertir un rato con mis frustraciones culinarias, que de por sí son demasiadas.

Habíamos decidido ayer en el Instituto que hoy iríamos al cine a ver no sé qué. Pero según él había una película que estaba de estreno que parecía ser muy prometedora. Y el muy canalla me había apostado que me iba a tardar más de diez minutos, obvio que iba a tardar, si el muchacho llega media hora antes de lo arreglado y comienza a contar apenas entra a mi departamento, eso era hacer trampa, pero no se lo iba a decir. Esto me lo iba a pagar hoy en la noche. Muy bien se aplicaba el dicho El que ríe ultimo ríe mejor.

Al salir del edificio lo vi recargado sobre su auto cruzado de brazos con su endemoniada y perfecta sonrisa de lado. Me calcé mis Ray Ban negros y pase de largo al asiento del acompañante. Pude escuchar cómo se reía el maldito.

Mientras íbamos hacia el cine, mi memoria me fue llevando a dos meses atrás.

Parecía todo tan lejano lo que habíamos vivido esa noche donde nos habíamos declarado y entregado en cuerpo y alma, esa mañana donde la pasión y el deseo de sentirnos mutuamente nos habían acorralado en la mismísima cocina. Esa tarde donde me había confesado sus miedos del pasado esos que aún lo seguían atormentando.

Lamentaba y odiaba tanto que él llegara a sentirse de tal forma con respecto a su padre, él no merecía sentir todo ese odio dentro de él, eso solo lo lastimaba y lo dejaba imposibilitado para sentirse seguro de que yo no lo iba a dejar.

Varias veces tuve que jurarle que eso jamás se me cruzaría por la cabeza.

Por supuesto yo también tuve que confesarle varias cosas sobre mi vida. Le había contado todo, absolutamente todo lo relacionado a mi vida, mi época en la secundaria, los que en ese entonces eran mis amigos, el engaño que sufrí por parte de ellos, luego mi época en la universidad.

Me acuerdo un episodio en particular que hablando sobre la universidad me pregunto sobre "los pretendientes"

Entonces Bella… no tuviste novios en la universidad —pregunto mirándome de reojo mientras estábamos recostados sobre el sofá de mi sala, mirando una película.

No —dije, con una sonrisa bailando en mis labios. Sabía por dónde venía la cosa.

Bien —dijo más tranquilo y acomodándose mejor detrás de mí.

En realidad… solo tuve un buen amigo. Él era el único del sexo opuesto que me caía realmente bien—dije con la risa a punto de salir. Sabía que eso lo iba a poner de los pelos. Y así fue.

Acabas de decirme que no tuviste novio Isabella, ponte de acuerdo —dijo apartándome de su pecho para mirarme a la cara.

Me pongo de acuerdo Edward, Jacob solo era mi amigo nada más, aparte fue solo mi amigo, porque con Rose no se llevaban para nada bien, se odiaban —dije recordando cómo entre ellos siempre hubo rivalidad respecto a mi amistad. Aunque yo siempre y sin lastimar a Jacob preferí a Rosalie, a él solo lo veía como un hermano.

Así que se llamaba Jacob… — murmuro entre dientes. Era tan tierno cuando se ponía en celoso.

Esa noche habíamos terminados ambos bañados en sudor y agotados luego de que, según él, haberme vuelto a reclamar como de su propiedad.

Eso también me llevaba a momentos incómodos cuando por insistencia de él íbamos a su departamento a pasar el rato y nos encontrábamos a Emmett.

Había quedado todo más que bien y arreglado entre nosotros. El prometía apoyarnos y no decir nada de nuestra relación.

Esa noche en el club había tenido que desnudar mi alma y mis sentimientos para que él me creyera que lo que le decía era cierto, que yo amaba a su hermano y que jamás lo dañaría, que simplemente había pasado.

Flashback

—Dime que para ti no es un juego Bella, porque si es así yo…—no lo deje terminar.

— ¡No! Por Dios…yo… yo lo amo Emmett, te juro que jamás quise que pasara, luche contra este sentimiento… pero no pude—dije con la voz entrecortada. Emmett me miraba con un brillo en sus ojos. Él amaba a su hermano.

—Bella, entiendes que el aún es joven, que tiene toda la vida por delante…— ¡Maldición que lo sabía!

—Lo sé yo jamás le cortaría las alas, necesito que entiendas que Edward es todo lo que necesito para seguir, mi vida, que aunque siempre tuve a Rose, estuvo vacía, sufrí demasiado por amor y Edward me devolvió esa confianza… yo también tengo miedo, él es joven ¿Y si alguna vez es decide alejarse de mí? ¿Qué hare? Esta vez no lo soportaría…—no con Edward todo era diferente. Si con lo de Demetri pensé que era amor, con Edward podía dar mi vida por él. Dios, estaba jodida por él. Lo amaba.

—En el instituto se pueden enterar, tú puedes perder mucho más que Edward, ¿eso no te preocupa?

—Por supuesto, pero es un riesgo que tomare, Edward ya es mayor y sé que él lo vale, por eso queremos esperar a finalizar este último año y ya luego veremos.

—Él comenzara la universidad, ¿y tú que harás?

—Yo… yo aún no lo sé, más adelante veremos—se quedó pensando un minuto y luego hablo—entonces lo amas… vaya, quien lo diría, el pequeño Eddie enamoro a toda una mujer—se rio y pude ver la aprobación a nuestra relación.

— ¿Entonces estás de acuerdo con lo nuestro? –

—Aunque no lo esté Edward jamás me haría caso, así que prefiero confiar en que tú lo sabrás cuidar Bella, él… nosotros sufrimos demasiado y la verdad no nos hacen falta más golpes a nuestras vidas.

—Entiendo, igual ahora estamos enojados… él… él me dejo plantada y…

—Con respecto a eso yo… es culpa mía, nosotros discutimos, lo golpee, se le ha roto el celular yo no deje que asistiera… en fin ya el luego te lo contara todo, aparte de todo esto, nuestros primos están de visita por el cumpleaños de Edward y…

— ¿Esas… esas chicas son… son tus primas?-

—Sí… vinieron de sorpresa, veraz ellas y mi primo…—Y así nos quedamos un rato más mientras él me contaba un poco sobre esas chicas.

Juro por dios, que no cabía de alegría cuando supe por fin que Emmett nos apoyaba, al final las cosas volvían a su caudal. Necesitaba a Edward, ahora más que nunca necesitaba de él.

Fin Flashback

Mierda aun lo recordaba y me daban escalofríos.

Luego de esa vez no nos veíamos muy seguido, solo cuando quedábamos en casa de Rose o las veces que Edward me llevaba a su departamento.

Aun así cada vez que nos cruzábamos se podía palpar su incomodidad de ver a su hermano con su profesora. En ese aspecto Emmett no se podía quejar. Edward no le había llevado problemas y sus calificaciones eran más que buenas. El simplemente lo aceptaba y nos respetaba.

En la semana que transcurrió luego de su cumpleaños, pude conocer a sus primos. Eran chicos realmente divertidos. Tanto Rose como yo habíamos congeniado muy bien con las chicas. Alice la novia de Jasper era una chica realmente enérgica, y más ahora que estaba con los preparativos de su boda, que por supuesto nos había dicho a mí y Rose que seriamos parte de sus Damas de Honores junto a las mellis. Kate e Irina eran tan diferentes pero a la vez tan iguales. El amor que ellas profesaban por los muchachos era inmenso y que decir por su hermano Jasper, tanto él como ellas sabían comunicarse con una simple mirada.

Mi amiga y hermana del alma como siempre volaba entre las nubes cuando entre medio de conversación aparecía en nombre de Emmett.

Luego de esa noche en el club, ellos habían hablado y comenzado una relación de novios.

Una tarde luego del Instituto nos habíamos reunido en Break y me había contado que luego de salir del club y de llevar a Irina al departamento él la había acompañado hasta la puerta del suyo. Ella ni lenta ni perezosa y con cierto grado de alcohol en su sangre lo invito a entrar. Según ella, la había dejado fuera de juego al arremeterla contra el respaldo de su sofá para luego llevársela a la cama y estar toda la noche juntos.

Di por seguro que parte de mi incomodidad cuando me cruzaba con Emmett, era por los relatos tan detallados que me contaba mi amiga.

Obvio que yo también le había contado como había estado mi noche, por supuesto que sin los detalles, eso me los guardaba para mí.

Lo recordaba todo tan bien y con tanto entusiasmo que a veces se me hacía irreal lo que estaba viviendo. Solo había veces que la realidad de lo que me pasaba me llegaba como pequeñas descargas eléctricas, cuando veía como la mocosa de Tanya Denali se le insinuaba a mi novio, sin yo poder hacer nada.

Varias veces tuve que interceder cuando las cosas iban demasiado lejos al ver como ella acariciaba su cabellos o parte de sus brazos… maldita pendeja de mierda… la única que podía tocar su cabello era yo, y la muy perra lo hacía. Podía ver como Edward trataba de controlarse quitándole sus manos de encima, pero yo sabía que la pendeja esta no aceptaba negativas y en esos momentos tenía que intervenir yo.

No todo en nuestra relación era perfecto, había altos y bajos, pero siempre sabíamos cómo solucionar todo. Aun así, mi inseguridad a veces salía a flote cuando de Edward se trataba. A veces sentía miedo de lo que podía suceder en un futuro, sí Edward conocía alguien más joven y de su edad, pero inmediatamente alejaba esos pensamientos tontos que tenía, yo podía ver el amor en sus ojos, lo podía sentir, él me lo hacía sentir cada vez que hacíamos el amor. Él me amaba.

— ¿En qué piensas?, has estado cayada todo el viaje… ¿estas enojada? —Dijo mientras estacionaba en las instalaciones del cine.

— ¿Qué? No amor, claro que no… solo estaba pensando—dije mirándolo con una sonrisa.

— ¿Sobre qué? — preguntó mientras se acercaba y me sentaba en su regazo.

—Sobre nosotros y sobre lo mucho que te amo—dije antes de besarlo dejando que mi lengua jugara sobre sus labios. El abrió su boca y dejo que mi lengua liberara una guerra con la suya.

Luego de calmar esa imperiosa necesidad que ambos teníamos de besarnos, él se separó y junto nuestras frentes.

—También te amo, lo sabes ¿verdad? — claro que lo sabía, él me lo demostraba en cada beso, caricia, gemido… ¡Mierda, me estaba excitando!

—Lo sé—me volví a acomodar en mi asiento, porque lo más seguro es que terminaríamos haciéndolo en el asiento trasero.

Bajamos, él compro las entradas y nos fuimos a la sala donde nos tocaba la función.

Pude distinguir las escasas parejas que también estaban a la espera de que empezara la dichosa película.

Recargue mi cabeza sobre su hombro y sin más mis ojos se fueron cerrando.

.

.

.

—Amor… despierta—sus labios se paseaban por el largo de mi cuello y me susurraba bonitas palabras a mi oído

—uhmm… ¿Qué? aun no empieza la película—pregunte un poco somnolienta, sentí como se formaba una sonrisa en sus labios.

—Bella amor, la película ya termino, te has dormido todo—dijo acariciando mi mejilla.

—Lo siento, yo… estaba cansada— ¡Qué vergüenza!

—Está bien entiendo, anoche te quedaste hasta tarde corrigiendo trabajos – me beso e hizo que me levantara.

— ¿vamos a mi departamento? Emmett no está, salió con Rose y volverán tarde.

—Ok, pero solo un rato recuerda que hoy íbamos a quedarnos en mi departamento, oh y antes tengo que pasar a la casa a recoger las galletas que te hice—dije recordando la receta que me paso Rose

— ¿Tu cocinaste? —Lo mire ofendida por el tono que uso.

—Por supuesto, Rose me paso la receta, fue fácil, la primera bandeja se me quemaron todas no pude salvar ninguna, pero la segunda me salieron bien… supongo.

—Está bien—

Salimos del cine y de camino a mi departamento se me ocurrió molestar a Edward

—Edward… sabes, Tanya me ha pedido tu número celular.

—Y… y ¿se lo diste?

— ¿Quieres que se lo dé?

—No, por supuesto que no… no me dejara de molestar, esa tipa es tan molesta –

—Lo sé, pero no te parece molesta cuando acaricia tu cabello.

— ¿Qué? Tú sabes que eso me irrita y que yo siempre le quito la mano, aparte… —no lo deje terminar. Amaba cuando se enojaba

—Amor tranquilo… lo sé, solo quería molestarte un poquito.

— ¡Oh tu tonta! —Yo me largue a reír y el acompaño mis carcajadas.

Así en un ambiente lleno de alegría llegamos a mi departamento, tomados de la mano.

Edward estaba esperándome en la sala mientras yo estaba en la cocina guardando las galletas en una bolsita de papel, cuando se escuchó el timbre de mi puerta.

-Yo abro Bella— me grito Edward mientras se disponía a abrir.

Pude escuchar como Edward hablaba con alguien. Salí de la cocina con la bolsita en mis manos y tanta fue mi impresión de saber quién era que solté la bolsa llena de galletas…

— ¿Jacob? —Dios mío, era él, mi amigo.

—Él mismo…- dijo él, usando ese tonito que tanto fastidiaba a Rose—Corrí hasta él y lo abrase. Hacía más de dos años que no, nos veíamos, habíamos perdido contacto cuando se había ido a Europa a concretar una beca para un máster en Psicología.

—Jake… tanto tiempo, pasa por favor—

—Bells puedo venir en otro momento si estas ocupada—dijo mirando a Edward.

— ¿Qué? No, pasa—

—Bien…

Nos sentamos en los sofás de mi sala yo junto a Jacob y Edward frente a nosotros mirándonos con su ceño fruncido ¿Qué le pasaba?

—Cuéntame Jake ¿cómo has estado?, ¿cómo te ha ido en Europa?, ¿hace cuánto que volviste?… - antes de seguí hablando fui interrumpida por un ¿enojado? Edward

—Isabella no, nos presentas—Oh lo había olvidado, de seguro Edward se había enojado por eso.

—Si lo siento… Jacob él es Edward mi…—no me dejo terminar y contesto por mi

su novio…—contesto frio y sin humor remarcando las palabras, lo que no me espere jamás fue lo que hizo a continuación. Se paró de su lugar y fue hasta donde yo estaba tomándome de la mano y llevándome consigo, sentándome en su regazo.

—Edward ¿cuál es tu problema? – pregunte un poco enojada.

—Ninguno—dijo rodeándome con sus brazos. Estaba tenso, podía sentirlo. Pero no veía Jacob hace mucho y él tenía que entender eso. Él era mi amigo también.

—Bien, entonces déjame sentarme en el sofá –

— ¿No estas cómoda aquí? Siempre te gusta sentarte en mi regazo—

—Podemos dejar esta conversación para otro momento—agacho su cabeza y aflojo su agarre, aun así no me levante. Sabía lo que le pasaba, se estaba sintiendo inseguro. Por esa misma razón ni siquiera atine a levantarme, pero luego hablaría con él. Edward debía tenerme confianza.

Me acomode en sus piernas para quedar frente a Jacob que nos miraba con una sonrisa a punto de salir.

— Y bien Jake, cuéntame ¿Cómo has estado? —le pregunte contenta y feliz de que el haya venido a buscarme. Teníamos tanto de que hablar. Oh cuando se enterara Rose, pegaría el grito en el cielo.

— Bien, acabo de volver hace dos días, eh llamado a tus padres y ellos me dieron tu dirección, pensé que ya no vivías más aquí… pero déjame decirte que tienes un departamento de lujo has cambiado todo –

— Sí lo he logrado con mucho esfuerzo y sacrificio

— Lo sé, siempre supe que lograrías obtener tu propio hogar, ¿Sigues dando apoyos escolares?

— No Jake, eso fue cuando aún no me había recibido de profesora. Ahora soy titular en el Instituto más caro de todo Seattle junto a Rose –

— La rubia también enseña ahí… Oh eso me gustaría verlo

— No seas malo, ella es una de las mejores

— Apuesto a que en ese instituto, solo hay niños caprichosos—pude sentir como Edward se tenso

— Emm… no, no todos son así. Pero Jake por favor, cuéntame ¿cómo estuvo tu viaje?

— Bueno… cuando me fui de aquí y perdí todo contacto de ustedes, pensé que ya no nos íbamos a volver a ver. En Europa estuve viajando por España, Francia, Italia e Inglaterra. Bells ese continente es hermoso, las personas, sus diferentes geografía, sus culturas, sus historia.

Conocí muchísima gente durante estos dos años, y también extrañe a mucha gente.

A cada lugar donde iba, siempre había algo que me atraía. Las universidades de cada país eran lo más, aunque la mejor creo que fue la Universidad de Cambridge en Inglaterra, fue la mejor, su programa de estudio es uno de los mejores que he podido apreciar a lo largo de todo mi viaje…

Y así me fue contando como disfrutó de su beca, los lugares que visito, la gente que conoció. Como había logrado perfeccionar su carrera, sus logros tanto personales como profesionales. Nos mostró algunas fotos que había traído ya que las otras las tenía en una memoria. En las fotos se podía apreciar los paisajes, gente que posaba junto a Jake, fotos en las distintas universidades donde había estado y… Jake con una chica. Esa chica aparecía en muchas de las fotos era hermosa, cabello rubio ojos celestes, facciones delicadas, simplemente hermosa. Lo mire un segundo y el pareció entender el porqué de mi mirada inquisidora, me sonrió y agacho su cabeza.

— Que te puedo decir Jake… estas fotos son geniales, me alegro que te hayas disfrutado de tu viaje.

— Sí, realmente el pase bien – pude ver como por un momento su mirada se entristecía cuando hablaba, para luego recomponerse y sonreírme.

Edward no había pronunciado palabra, estaba tenso y nervioso, a cada momento pasaba su mano por su cabello despeinándolo aún más si era posible.

—Jake ¿dónde te estas hospedando?

— En un hotel, hasta que decida volver a La Push, pero primero tengo que avisar y hablar con mi padre —dijo medio cauteloso. Algo le pasaba, y estaba segura que tenía que ver con su viaje y esa chica rubia, que aprecia en sus fotos, luego le preguntaría.

— Sí quieres puedes quedarte aquí, en lo que avisas a tu padre y lo pones al tanto de todo— Jacob era mi amigo y el que lo conocía podía ver a simple vista que no lo estaba pasando bien.

Edward me sujeto de las caderas con sus manos y me acomodo en su regazo. Sabia de primera mano que mi propuesta a Jacob no le era para nada de su agrado. Esto me traería una discusión, pero él tendría que entender.

— Bien, sí a ti no te es mucha molestia acepto quedarme, solo tendría que ir a recoger mis cosas al hotel y canelar mi cuenta.

— Claro anda yo estaré aquí cuando vuelvas.

— Ok…—se paró y se acercó hasta la puerta acompañado por mí— gracias Bells, te debo una ahora más que nunca necesito de una amiga.

— No te preocupes, luego hablamos de eso, apuesto que esa chica de las fotos tiene algo que ver —un brillo iluminó sus ojos y di por afirmativa su respuesta. Miro por encima de mi hombro y saludo a Edward…

— Fue un placer Edward.

— Adiós… —dijo Edward de mala manera.

— Nos vemos Jake.

— Adiós Bella —me dio un beso en mi mejilla y salió.

Edward se paseaba por la sala alrededor del sofá de tres cuerpos.

— Edward me puedes decir ¿qué demonios te pasa?

— ¿Qué, que me pasa?

— Sí.

— Bella ese tipo se va a quedar aquí en tu departamento, y no quiero, no me gusta.

— Ese tipo, tiene nombre y es Jacob, mi amigo y se quedara aquí te guste o no. ¿Qué piensas que hare estando con él, los dos solos?, Edward a Jake lo veo como a un hermano y sé que él está necesitando de mi ayuda en estos momentos.

— ¿Y qué hay de nosotros?, hoy íbamos a estar juntos, los dos solos.

— ¿Qué hay con eso?, puedes quedarte si quieres.

— No, no quiero.

— Estas actuando como un niño Edward, deja la paranoia, mañana si quieres podemos ir a tu departamento —él pareció pensarlo— anda no seas así, Jacob es solo mi amigo, y está necesitando de mi ayuda.

— ¿Y cómo lo sabes?, él no dijo nada de que necesitara ayuda.

— No hizo falta, lo conozco, aparte estoy segura que no dijo nada porque tú lo estuviste mirando con mala cara desde que llego —me acerque a él, que se había sentado en él apoya brazo del sofá y me acomode entre sus piernas, pase mis manos por sus hombros y acaricie su nuca.

— Edward, por favor no seas así, Jacob es una buena persona, ¿acaso desconfías de mí?

— No… solo, me cuesta aceptar que un hombre que no sea yo se quede aquí contigo.

— Amor, sabes que te amo ¿verdad?

— Lo sé, pero… —no lo deje hablar y lo bese pasando mi lengua por sus labios y entrando en su boca sin permiso alguno. El beso era demandante y lleno de pasión, adoraba besarlo.
Edward llevo sus manos a mi trasero por debajo de mi minifalda de jeans y lo froto con ganas y fuerza haciéndome jadear. Me acerque más aun hasta frotar mi pelvis con la suya haciendo fricción y notando como aparecía ese bulto en sus pantalones. Lo tome de las manos e hice que se para y lo encamine hasta que quedo sentado en el sofá, me pare entre sus piernas y lleve mis manos al botón de mi falda y lo desabroche. Me quede en bragas y con la camisa de gaza transparente puesta

— Bella, está por venir tu amigo —dijo pasando sus manos por mis piernas y llevándolas a mi trasero, para acercarme a él y hacer que me sentara a horcajadas sobre su sexo.

— Seremos rápidos —dije frotando mi centro contra su erección ardiente y palpitante, lleve mi mano entre nuestros cuerpos y trate de quitarle sus pantalones junto con sus bóxeres y bajarlos hasta sus rodillas.

Sentir nuestras carnes rosándose, llenándonos de placer era algo a lo que jamás me acostumbraría, para mí cada vez que hacia el amor con Edward era como la primera vez, me entregaba a él sin dudar, dejándome llevar por tan exquisitas sensaciones.

No aguante más, e hice a un lado mi braga tome su miembro acariciándolo unos segundo y lo acomode en mi entrada frotándolo contra mis labios vaginales esparciendo toda la humedad que él me había provocado

— Bella…—dijo mientras levantaba su pelvis inconscientemente. Sus ojos estaban cerrados y sus labios entre abiertos soltando sonoros gemidos. Sin más me deje ir de golpe gimiendo ambos por el gozo que sentimos. Me acomode bien sobre él y comencé a subir y bajar lento y tortuoso.

— Bella… por favor amor —sus manos iniciaron el camino a mis pechos amasándolos y pellizcando mis pezones volviéndome loca.

Tomo mis caderas para incrementar la velocidad y así lo hice.

— Así… así, muévete como… a mí me gusta… ahh Bella.

Lo monte tan desesperadamente que a los pocos minutos sentí formarse ese orgasmo, que estaba segura sería inminente y delicioso.

Chille como condenada mientras lo tomaba de los cabellos y lo jalaba, para luego llevar mis manos a su pecho y acariciar sus pezones por encima de su playera. Eso termino de enloquecerlo.

— Oh… oh… Bella estoy por… —escondió su cara en el hueco de mi cuello y yo lo tome de su cabello incrementando la velocidad. No aguante más, contraje mis paredes vaginales dejándome llevar por ese orgasmo abrasador.

— Oh mierda… Bella…—lo sentí liberarse dentro de mí llenándome de él. Su respiración era agitada, aun jadeaba. Sobre su rostro, una fina capa de sudor brillaba, algunos mechones de su cabello estaban adheridos sobre su frente haciéndolo ver ante mis ojos al ser más hermoso de la tierra, y era mío… completamente mío.

— Fuimos rápidos ¿verdad? —él se rio y me abraso. Pasamos un momento así como estábamos sin movernos, solo abrasados. El tomo mi rostro entre sus manos y lo acaricio…

— Lo siento Bella, siento mucho ser tan infantil —lo bese y el volvió a separarse— Jacob se puede quedar aquí contigo yo no me opondré —lo mire con los ojos entrecerrados pero con burla.

— Yo no te he pedido permiso.

— Lo sé, solo quería que sepas que acepto tus decisiones.

— También lo se… no tienes que preocuparte, te amo.

— Y yo a ti.

Nos dimos una ducha rápida y el decidió irse para que cuando Jacob regresara no se sintiera incómodo y pudiéramos hablar.

Se despidió en la puerta besándome y dijo que en la noche me llamaría y que al otro día lo pasaría todo el día completo conmigo.

Luego de quince minutos, de haber acomodado el desorden que habíamos dejado, comencé a preparar lasaña para cuando viniera Jacob. En lo que la ponía en el horno sonó el timbre.
Fui a atender y sí era mi amigo, que venía cargado con dos maletas y un bolso de mano.

— Pasa Jake.

— Bella, enserio muchas gracias.

— No tienes nada que agradecer, para eso estamos los amigos. Acabo de hacer lasaña para que comamos mientras me cuentas que es eso que te preocupa —él asintió, su semblante era triste y cansado— ¿me contaras todo? —pregunté.

— Te contare todo —me confirmo dándome una triste sonrisa.

Antes de indagar en su vida, le mostré donde dormiría.

Cuando había comprado el departamento me había asegurado de que el mismo, tuviera una habitación de huéspedes, y aunque era muy pequeña, demasiado diría yo, la había podido amueblar de modo que había quedado, bastante bien. Sobre un piso elevado, sin cama ni nada, había acomodado un colchón matrimonial, el fondo de la habitación la había diseñado mi padre, simulaban maderas desgastadas. La habitación era pequeña, pero muy luminosa.

Jacob dejo sus maletas al pie del colchón y salimos hacia la cocina a preparar la mesa para la cena.

Una hora después, con un Jacob muy satisfecho y yo realmente llena, nos dirigimos a la sala mientras el café que habíamos decidido tomar se terminaba de calentar.

Me acomode sobre el sofá y Jake se sentó junto a mí pero alejado.

— Jake…—no me dejo terminar y comenzó contándome que era eso que lo hacía lucir así de triste.

— En unos de mis viajes conocí a una chica, Renata Speranza. Al principio me caía como una patada en las pelotas, no nos hablábamos y si lo hacíamos era solo para pelear y basurearnos –decía mientras sonreía, no lo interrumpí, solo deje que se desahogara– ella era realmente odiosa. Pero un día me demostró todo lo contrario. Una noche habíamos quedado con unos compañeros en terminar un trabajo de exposición, ella estaba en ese grupo junto a otras personas. Habíamos terminado tarde y solo quedábamos nosotros dos, cuando terminamos salimos del bar donde solíamos ir a estudiar y fue cuando un muchacho la tomo del brazo queriéndosela llevar. Era su hermano, Santiago.

Él la acusaba gritándole, que era una puta, por estar con un tipo como yo, al parecer él nos había visto dentro del bar y pensó que ella y yo estábamos en una cita o algo así. Ella le gritaba, lo insultaba y le decía que él no era su padre para meterse en su vida, eso lo había enfurecido y la abofeteo.

En ese momento vi todo rojo y quise matarlo por haberla golpeado, pero Renata me contuvo y volvió a gritarle que yo era la persona que amaba y eso era lo que a ella le importaba.

Tendrías que haber visto la cara de idiota que puse al escuchar eso. Luego de eso ella se sentía tan mal, la vi tan vulnerable, frágil… la chica soberbia que siempre había visto, había desaparecido. Yo aun en shock la había llevado al Hotel que me estaba hospedando, ahí quise preguntarle si lo que le había dicho a su hermano era verdad o solo lo decía para joderlo a él, pero ella no me dejo ni terminar solo me beso y me dijo que sí, que era verdad. Al parecer ella estaba enamorada de mí desde hacía bastante tiempo y no sabía cómo demostrármelo… Ya sabrás como terminamos esa noche. Y aunque yo no la amaba, ella con paciencia y esfuerzo logro enamorarme. Luego de un año, puedo asegurarte que Renata es el amor de mi vida, es mi cable a tierra, simplemente lo es todo.

No podía creer la historia de amor que había escuchado, Jacob hablaba con adoración cada vez que la nombraba, cualquiera que lo escuchara podría asegurar que la amaba con locura.

— Jacob, ¿y cuál es el problema? —pregunté queriendo saber porque aun con los ojos vidriosos al recodar como es que había llegado a amar a Renata, seguía con su semblante triste.

— Su madre y hermano no aceptan nuestra relación y ahora mucho menos más que antes, la desheredo de su herencia —lo mire sin comprender ¿herencia? Acaso la chica era ¿rica? – sí Bella, Renata es rica o lo era, no sé ni me importa —dijo frustrado pasándose las manos por su cabello corto.

—Oh… puedo entender por lo que están pasando, pero hay algo que sigo sin entender… ¿Por qué ahora más que nunca ellos no aceptan su relación? —no entendía como una madre no lograba ver cuán feliz era su hija

— Porque…—tomó aire y lo soltó despacio— porque Renata está embarazada –sus ojos brillaron por lagrimas sin derramar —ella sigue en Italia, le prometí mandarle el pasaje en cuanto hablara con mi familia y los pusiera al tanto de todo, pero…

— ¿Pero qué? Jacob… no pensaras dejarla sola ¿no?

— ¡Por supuesto que no Bella! —Dijo mirándome medio enojado— pero, ¿te acuerdas cuando te conté las tradiciones de los Quileutes?… Bella, ellos se casan entre ellos, tengo miedo, miedo de que mi familia no acepte a Renata y si eso ocurre ¿Qué hare? Sin su familia y sin la mía yo… yo no sé si podre —pude ver las primeras lagrimas asomarse de sus ojos. Me acerque a él y lo abrace.

—Tranquilo Jake, veraz como tu familia los ayudara. Jacob es tu familia tú más que nadie los conoces, recuerdo cuando me decías como era tu padre contigo y tus hermanas, y lo amorosas que eran ellas ¿En verdad piensas que ellos no aceptara tu felicidad, y más sabiendo que ese amor dio su fruto? —él me miro a los ojos y en los suyos pude ver esperanza. Le sonreí y frote su espalda.

— Gracias, gracias por escucharme y ayudarme en este momento.

— De nada, pero ¿cuándo hablaras con tu padre?

— Mañana a primera hora llamare mi padre, y le contare por lo menos parte de la verdad, creo que para la noticia del bebe sería bueno que estuviera Renata conmigo —al mencionar a su bebe sonrió orgulloso.

— ¿De cuánto esta Renata?

— De cinco meses, mira… —saco de su bolsillo trasero su celular y me mostro la pantalla. En ella se podía apreciar el perfil de un bebe en una ecografía 4D. Dios era hermoso

— Es precioso Jacob…

— Preciosa Bella… es una niña, voy a ser papá de una bella bambina* – lo último lo dijo en con un lamentoso sollozo. Me partía el alma verlo así— extraño a Renata, extraño su panza, extraño acariciar su vientre, besarlo, dormir y despertarme junto a ella… estraneo l'amore della mia vita* —él debía hablar de inmediato con su familia, estaba segura que ellos no le darían la espalda.

Él me siguió mostrando fotos de su celular donde aparecía Renata con su abultado vientre y de otras ecografías de su bebe. Hablamos de cómo había hecho todo este tiempo, me contó que mientras estudiaba trabajaba en una librería, y que eso les alcanzaba para los gastos médicos de Renata ya que él y ella vivían con la beca que Jacob había obtenido.

— Bella ¿Te puedo hacer una pregunta? —preguntó mirándome.

— Sí.

— Edward y tu ¿De verdad son novios?

— Sí, es verdad —dije suspirando, acordándome de la tarde apasionada que habíamos tenido— él… él es el amor de mi vida… si supieras como apareció en mi vida, fue toda una odisea darme cuenta de cuanto lo amaba, aún sigo teniendo una piedra en el camino que no nos deja ser completamente libres —le sonreí melancólica.

— ¿Y cuál es esa piedra? Bella tú no eres de esas mujeres que se deja amedrentar por cualquier cosa, ¿Qué puede impedirles ser completamente libres? —preguntó interesado, por lo que le iba a decir. Suspire y lo mire a los ojos por lo que estaba por decirle.

— Edward… él es mi alumno —sus ojos se abrieron como plato, pero no dijo nada— yo enseño en el Instituto donde él asiste, aparte de eso soy su tutora —mis ojos se aguaron al darme cuenta de cuán difícil es nuestro amor.

— Wow Bella, se me cruzaron un montón de cosas por la cabeza de que podría ser, pero jamás tu alumno… yo no soy quien para juzgarte y sé muy bien la clase de mujer que eres, y sé también que si no estuvieras realmente metida hasta el tuétano, jamás hubieses dejado que pasara algo así —me sonrió y paso su brazo por mi hombro —se te nota a leguas lo enamorada que estas, cuando lo miras tus ojos se encienden —lo mire y me zarandeo un poco.

— Lo amo Jacob, jamás pensé enamorarme de esta forma y mucho menos de un alumno pero así sucedió y solo Dios sabe cuánto pelee con este sentimiento que termino ganándome– recordé las veces que me negué lo que sentía

— ¿Su familia lo sabe?

— Sí, su hermano quien es novio de Rosalie en un principio tuvo sus dudas conmigo, pero ahora está todo bien y lo acepta, además Edward ya es mayor de edad eso ayudo bastante—

— Así que la rubia es la novia de tu cuñado… pues quedo todo en familia vendrían a ser algo así como con-cuñadas —reí a carcajadas por su ocurrencia, nunca me había puesto a pensar en eso.

Luego de calmar mi risa, un bostezo de mi parte me indico que ya era hora de ir a la cama, Jacob se dio cuenta y me tomó de los brazos para levantarme. Lo salude con un beso en la mejilla y le dije que mañana todo estaría mejor, que descansara y que soñara con su Renata y su bebe, él me aseguró que no hacía falta pedirlo ya que todas las noches lo hacía.

Me tendí sobre la cama rendida, hoy no había estado con Edward… ¡Edward! Mierda… me incorpore y salí hacia la cocina donde había dejado mi celular cargando.

¡Santa mierda! Tenía cinco llamadas perdidas y diez mensajes de texto, cuatro llamadas de Edward y una de Rose, y los diez mensajes eran de él. Mierda mañana, me tocaría aguantarme un sermón de la puta madre por no haber contestado. ¿¡Porque coño lo había apagado!?

Frustrada me encamine para mi habitación. Ya era muy tarde para llamarlo, aunque sí lo llamaba él de seguro atendería, pero no, ya mañana le explicaría todo y el entendería.

Volví a tirarme en mi cama y me deje llevar por el sueño.

El sonido de mi celular me despertó avisándome que me había llegado un mensaje.

Me estire sobre mi costado y lo busque por la cama. Era de Rosalie avisándome que en media hora pasaba a desayunar conmigo… Mierda, tenía sueño.

Me incorpore y me fui directamente al baño. El agua estaba exquisita, pero fue un baño rápido. Salí envuelta en una toalla y busque en mi closet un pantalón corto de jeans y una playera negra que siempre usaba cuando mi humor se ponía negro, me calcé unas Converse rojas y salí sin peinarme el cabello, acomodándolo en una coleta alta.

Al llegar a la cocina quede boquiabierta. Sobre la mesa había un extenso desayuno, había café recién hecho, jugo de naranja, pancakes, frutas, huevos revueltos, tocino, donas… ¡Maldición había donas!

— Jake, ¿qué es todo esto? —medio grite, logrando que mi amigo pegara un salto.

— Bella… me asustaste —dijo llevando se una mano a su pecho. Lo mire con una sonrisa tirando de mis labios.

— Lo siento, pero ¿Qué es todo esto? ¿Desde qué hora estas despierto?— indague queriendo saber desde que hora estuvo preparando toda esta comida.

— Desde temprano, es que no tenía sueño y pensé en hacerte a modo de agradecimiento un desayuno con lo que tenías en tu heladera… ah y solo tuve que salir por las donas —se encogió de hombros.

— Vaya… no pensé que tenía todas estas cosas, casi siempre solo desayuno café con una tostada —dije tomando una fresa y llevándomela a la boca.

—Pues si… al parecer tenías bastantes cosas que ni tu sabias —ambos reímos.

— ¿Alcanza para una persona más?

— Sí, creo que hasta te va a sobrar pero ¿Por qué preguntas? ¿Vendrá Edward?

— No, pero si Rosalie, acaba de avisarme.

— Genial, quiero verle la cara cuando me vea.

— Ya lo creo que ella también estará muy gustosa de verte —dije con mi voz sonando a burla

Nos quedamos hablando un rato, contándole como habíamos hecho con Rosalie para ingresar a tan prestigioso Instituto.

El timbre de la puerta se escuchó y fui a atender.

— Rose, pasa ¿Cómo estás?— entro y me abraso, en sus manos llevaba dos cafés Starbucks mocca y una pequeña bolsita con brownies de chocolates.

— Hola Bella… cariño sostenme esto— me tendió los cafés y los brownies y comenzó a buscar algo en su bolso.

— Rose, te tengo una sorpresa —me miro a la cara con la curiosidad reflejada en sus ojos. Ella adoraba las sorpresas. Ya lo creo que adoraría esta sorpresita. — ¡Sorpresa!—grite hacia la cocina. Rose me miro intrigada.

Saliendo con una sonrisa como el del gato en Alicia en el país de las maravillas, apareció Jake caminando tan desgarbadamente como solo él solía caminar.

— ¡Rubia, tanto tiempo! —se acercó a Rose y la abrazo. Rosalie se quedó estática de la impresión y el asombro, mirándome por encima del hombro de Jake.

— ¿Perro? —preguntó Rose separándose de Jake, mirándolo a la cara.

— Él mismo que viste y calza… pero lo de perro estuvo de mas, por esta vez te lo voy a dejar pasar —dijo Jake en tono burlón

— Pero, ¿cuándo volviste Jacob? —lo decía con una sonrisa y ambos rieron.

— Chicos, que les parece si pasamos a la cocina a desayunar ya está todo listo —ambos asintieron. Rosalie aun parecía asombrada.

— Sí, que estoy que me muero de hambre—Jake poso sus manos sobre su vientre y lo froto.

— ¡Cuando no! —le dijo Rose a Jake, empujándolo cuando pasaba por su lado.

Nos dirigimos a la cocina. El desayuno paso entre risas y bromas por parte de los tres.
Rose se sorprendió pero a la vez se puso contenta, cuando Jake le conto que iba a ser papá y que pronto conoceríamos personalmente a su Renata.

Como siempre aparecieron las bromas por parte de los dos; Rosalie le decía a Jake que de seguro había hecho alguna brujería para poder atrapar a una chica tan bonita. Y él la hacía enfurecer cuando le preguntaba en tono inocente si ella seguía usando el mismo tinte para oxigenarse el cabello.

Por momentos parecía como si nunca hubiese pasado el tiempo y aun nos encontrábamos en la universidad.

Las bromas siguieron hasta que se escuchó el timbre de la puerta. Me levante, llevando conmigo una fresa.

Abrí la puerta y un muy enojado Edward me dejaba ver su semblante frio y serio.

— Hola amor…— dije con una sonrisa medio nerviosa. Había olvidado llamarlo.

— ¿Hola amor? ¿Enserio Bella?— dijo adentrándose en el departamento. Quise darle un beso pero me esquivo. Mierda, realmente estaba enojado.

— Lo siento, se me paso llamarte, anoche tenia apagado el celular y… —no debí haber dicho eso.

— ¡Apagaste tu celular! ¿Por qué? Acaso no querías que te molestara —dijo elevando su voz la cual sonó escueta.

— Por supuesto que no, sabes que tú jamás me molestarías, pero se me había acabado la batería y lo puse a cargar como estaba, luego me dormí y hoy a la mañana simplemente se me paso… Edward lo lamento —lo mire a los ojos y él vio la verdad de mis dichos. Suspiro y se acercó a mí, me rodeo con sus brazos y me beso.

— Lo siento, es que estaba preocupado, no lo hagas más— dijo juntando nuestras frentes.

— No, lo prometo… ¿Desayunaste?— me separe un poco de él y lo mire a los ojos.

— No, por eso venia ¿Quieres que salgamos a desayunar? —me encogí de hombros, sabía que se volvería a enojar. Al parecer hoy era el día en que todos se dignaban a invitarme a desayunar.

— Amor… es que…— no pude terminar de hablar ya que de la cocina se escuchó una fuerte carcajada por parte de Rose. Me miro interrogándome y se soltó de mí para dirigirse a dónde provenía esa carcajada.

Al entrar en la cocina se encontró con Jake y Rosalie riendo por una foto que Jacob le mostraba en su celular.

— ¿Quieres desayunar? Jacob preparo todo, Rosalie había venido también a invitarme, pero Jake preparo de más así que se quedó, tú puedes quedarte si quieres —me miro con el ceño fruncido y por una milésima de segundo cerro sus ojos con fuerza.

— Claro —se sentó junto a mí y suspiro. Le tendí un plato, cubiertos y comencé a servirle.

— Yo puedo hacerlo Bella —comenzó a servirse él mismo sin mirar a nadie.

— Hola Edward ¿Cómo estás? —dijo Rose mirando a Edward y luego mirándome a mí.

— Bien Rose —dijo él sin mucho humor.

— ¿Qué tal Edward?— le pregunto Jacob alegre, él nunca se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Edward lo miro y si las miradas matasen… ¡Uf!

— Bien gracias, ¿y tú?— pregunto devuelta mientras se llevaba una taza de café con leche a la boca

— ¡Oh yo estoy de maravillas! — Edward volvió a mirarlo y agacho su mirada al plato sin volver a decir nada.

Rosalie miraba a Edward para luego mirarme a mí y preguntarme con la mirada que le pasaba, yo solo me encogía de hombros.

Sabía que le pasaba y yo tenía parte de la culpa, pero pensé que eso ya lo habíamos superado ayer cuando habíamos hablado.

Al parecer a Edward tenía que estarle explicando a cada momento como era la cosa, eso me enojo un poco. Él decía ser un adulto, pero su actitud estaba lejos de ser la de uno.

Hoy sería un largo día… solo esperaba que luego pudiera tener un momento a solas con Edward y volver a plantearle ciertos puntos.

El veía a Jacob como una amenaza, pero lejos de sentirme alagada, por su posesividad, me enojaba a más no poder. Jake era un buen amigo que necesitaba de mi ayuda ahora más que nunca y yo no lo iba a dejar solo. Le explicaría la situación de Jake y él tendría que aceptarlo, por el simple hecho de que Jake solo tenía ojos para su familia.

Edward tenía que entenderlo, o tendríamos serios problemas y ya no hablaríamos tan cordialmente.

Luego del incomodo desayuno de mierda, me dispuse a lavar las cosas que habían quedado sucias. Jacob quiso ayudarme pero Rosalie, dándose cuenta de que Edward y yo necesitábamos hablar decidió llevárselo a conocer a Emmett.

Termine de poner todo dentro de la lava vajillas y acomode la mesa donde antes habíamos comido.

Me di la vuelta y lo encare…

— ¿Me puedes decir cuál es tu problema Edward? —le pregunte con el ceño fruncido.

— Ninguno —me miro pero lejos de creerle seguí preguntando.

— ¿Ninguno? ¿Estás seguro? Entonces porque actúas de esa forma frente a Jacob, él no te ha hecho nada, sí sigues enojado porque no te he llamado ya te dije que lo sentía—

— No, lo que me enoja es que ni siquiera te dignes en avisarme que hoy otra vez no vamos a pasar el día juntos ¿O me equivoco? —a pesar de que se lo veía enojado, su mirada me mostraba cuan triste estaba.

Edward tenía razón, Jacob estaba en mi casa y no podía dejarlo solo como si nada.

¡Maldita sea!

Me encogí de hombros y suspire. Pero él no debía ser egoísta, Jacob solo se iba a quedar unos días aquí y luego todo volvería ser como antes.

No dije nada y él se dio cuenta que mi respuesta era la que él esperaba.

— Sabes… cuando tengas tiempo y tu "amigo" – dijo señalando con los dedos amigo — te dé un respiro me avisas — ¿Qué mierda quería decir?

— Edward ¿Qué quieres decir? Jacob es mi amigo y si tú no tienes la suficiente capacidad para entender eso, vete, piensa en lo que has dicho y luego vuelve

— ¿Me estas echando Isabella?

— No, pero entiende de un puta vez que Jake es mi amigo… solo quiero que vayas a tu departamento y recapacites sobre lo que has dicho… con tu "amigo" – dije imitando su gesto de comillas con mis dedos— has querido decir que Jake es algo más que mi amigo y eso no te lo permito Edward.

— Tienes razón, me voy, este no es el mejor momento para hablar —se giró y se fue hacia la puerta.

— Edward…— lo llame, se detuvo pero no se giró— ¿No te despides? —dije queriendo que por lo menos me diera un beso. Tampoco quería que se vaya de esa forma.

Al ver que no se daba vuelta un nudo se formó en mi garganta y mis ojos comenzaron a aguasen.

— Este tampoco es el mejor momento —abrió la puerta y se fue dando un portazo.

¿Por qué Edward actuaba de esa forma?, Jake solo era mi amigo, él tenía a su familia y lo estaba pasando mal lejos de ella.

Edward no podía ser así de egoísta.

Un dolor se instaló en mi pecho y un presentimiento me hizo ver que ese dolor se quedaría por un buen tiempo.


*una bella bambina: una hermosa nenita

*estraneo l'amore della mia vita: extraño al amor de mi vida


Chicas lamento no haber actualizado la semana pasada pero es que no tuve el tiempo para subir el cap :/ PD recuerden que la historia no es mía )