Disclaimer: Junjō Romantica no me pertenece, si no a Shungiku Nakamura. Solo tomo prestado sus personajes para satisfacción mía y de mis lectores, obviamente, todo sin fines de lucro.
The Horror of Our Love
Third Shot
"¿A dónde cree que va, Kamijō-sensei?"
Hiroki sintió un poco de alivio al escuchar la voz de Nowaki pero, aunque no había volteado a verlo, tenía la impresión que este no había bajado el arma todavía. Se quedó en su lugar sin atreverse a mirar hacia atrás.
"¿Ahora has decidido matarme?" preguntó intentando no sonar nervioso.
"Me facilitaría el trabajo," respondió y el profesor sintió un nudo en el estomago "Y culparía a los hombres que lo quieren muerto… pero al mismo tiempo sería aburrido."
Una mano tomó uno de sus hombros para hacerlo girar media vuelta y quedara frente a frente con el pelinegro, quien mostraba una sonrisa.
"El ruido era de unos perros callejeros," le comentó cambiando rotundamente el tema y bajó la mano del hombro hasta una de las muñecas del otro "Regresemos."
Comenzaron a caminar por la maleza hasta salir de la vegetación y adentrarse de nuevo en la pequeña vivienda. Durante el camino, el profesor no pudo evitar pensar que las manos grandes del asesino eran demasiado cálidas a comparación de otra persona que él conocía perfectamente. Despejó su mente de tales pensamientos cuando el pelinegro lo había soltado ya dentro de la casa, diciéndose mentalmente que no debería tomarle importancia.
oOOo
El castaño ya había leído la mitad de la novela y quería seguir haciéndolo pero decidió dejarlo para otro día ya que no sabía por cuánto tiempo más estaría encerrado.
Ambos hombres no se habían vuelto a dirigir la palabra desde el incidente en la maleza, Nowaki se veía muy ocupado en su computadora mientras que Hiroki intentaba no morirse de aburrimiento. La semana ya se había cumplido y las cosas no habían cambiado mucho aparte de que el profesor se enteró que Usami Akihiko fue quien se encargó de los gastos de su 'protección.'
Por un tiempo Hiroki se sintió feliz de que se amigo hubiera hecho eso, con la ilusa esperanza de que su amigo de la infancia por fin le correspondía sus sentimientos. Pero luego se dio cuenta que solamente eran eso, amigos de la infancia, el escritor le quería y haría lo que fuera para que su amigo se encontrara a salvo… pero nunca se daría cuenta del amor que el castaño sentía por él.
Hiroki se levantó del sofá y fue hacia la pequeña cocina sin darse cuenta que el pelinegro le seguía con la mirada. Tomó una botella de agua y estaba por abrirá cuando sintió una calidez en su mano derecha. El castaño levantó la mirada para toparse con unos hermosos ojos azules.
"Es bastante incómodo verlo tan deprimido, Kamijō-sensei."
Quitó sus manos lejos de las del asesino pero este lo tomó por las muñecas, "Suéltame."
"¿Tanto extraña a Usami-san?" preguntó sin esperar ninguna respuesta "¿Qué le parece si le hago recordar?"
Los reclamos del profesor fueron callados por un beso algo brusco, el cual el castaño intentaba terminar pero sus fuerzas no se comparaban con las del pelinegro. La botella de agua cayó al suelo cuando Nowaki tomó ambas manos del castaño sin soltar sus labios y aunque el mayor de los dos seguía forcejeando, poco a poco este iba cediendo sin comprender por qué.
Ya habiendo probado los labios, inmediatamente continuó con la barbilla seguido por el cuello de Hiroki, dando pequeños mordiscos mientras recorría la piel. El castaño dejó caer su cabeza hacia atrás mientras intentaba evitar que sus gemidos salieran de su boca, estaba seguro que lo que estaba pasando no era algo que pasaría si hubiera estado con Akihiko pero ya de un momento a otro ya no le estaba importando eso.
Una mano cálida se introdujo debajo de su camisa y con su mano libre se sujetó de la camisa de Nowaki, quien seguía bastante ocupado en el cuello y el rostro. Todo estaba haciendo que una parte especifica de su cuerpo comenzara a despertar y cuando hubo un roce entre ambos cuerpos Hiroki se dio cuenta que eso mismo le estaba sucediendo al de ojos azules.
Las cosas pudieron continuar sin complicaciones, pero fue entonces cuando unos leves golpes a la puerta se escucharon. El asesino inmediatamente se separó del agitado profesor con una mirada seria hacia la entrada. Antes de ir a atender a la visita, besó nuevamente al castaño y al cortarlo se acercó al oído de este para murmurarle que después terminarían con el juego.
Hiroki, molesto y ofendido, empujó al pelinegro y se encerró en la habitación, cerrando con un portazo haciendo que la puerta principal se abriera de golpe. Dos hombres vestidos de trajes negros entraron con armas en manos y las guardaron cuando Nowaki les dijo que todo se encontraba en orden. Le dejaron comida para otra semana y un sobre tamaño carta con documentos, diciéndole al asesino a sueldo que debía estar al tanto de la investigación en proceso.
Cuando los hombres ya se habían retirado, el pelinegro se le quedó viendo a la puerta de la habitación por unos segundos. Decidió dejar al hombre de cabellos castaños solo por un rato en lo que él se dedicaba a revisar los documentos que le fueron entregados. Se sentó en el sillón y con mucha calma se dedicó a leer todos los papeles. Al terminar se dio cuenta que ya había oscurecido y que la puerta de la habitación seguía cerrada.
Se levantó de su lugar y se colocó frente a la puerta, "Kamijō-sensei."
No hubo respuesta, supuso que el profesor ya se encontraba dormido pero al querer abrir la puerta se dio cuenta que la perilla estaba fija, cuando estas estaban previamente diseñas a no tener seguro, dando a entender que el otro hombre se encontraba del otro lado de la puerta sosteniendo la puerta con su cuerpo.
"Está gastando sus energías en vano, sabiendo usted que puedo tirar la puerta de un solo golpe," nuevamente hubo silencio y decidió optar por otra forma para sacar al hombre "Tiene que comer algo, no ha probado bocado desde medio día."
"Eso te viene importando un bledo," contestó Hiroki desde el otro lado "Así que déjame en paz."
"Ya le he dicho que tengo órdenes—"
"¡No me interesa sus estúpidas ordenes y sé que a ti tampoco!" le interrumpió gritando "¡Si te importara la 'perfección' en tus estúpidas misiones no me estuvieras fastidiando de esta manera!"
Hiroki sintió una fuerte fuerza que lo tiró bocabajo directamente al suelo y volteó a ver sobre su hombro cuando la puerta se abrió de golpe. Inmediatamente intentó huir cuando el pelinegro se fue contra él, sujetándolo fuertemente de las muñecas. Luchó como pudo pero al final terminó perdiendo, ahora se encontraba bocarriba con sus manos a cada lado de su cabeza y al asesino encima suyo, con sus grandes manos sosteniendo las suyas y sus rodillas a cada lado de su cadera.
"Tiene razón…" susurró mientras miraba con sus ojos azules al asustado profesor "No me importan las estúpidas órdenes." Apretó con fuerza las manos del hombre debajo suyo, "Antes de mis misiones recibo órdenes especificas para cada una, pero hay una que se aplica a todas… No involucrarte sentimentalmente con la persona en cuestión o las personas cercanas a ella. Nunca he tenido problemas en seguir esa orden, hasta hoy…"
Los ojos marrones del castaños se abrieron de par en par al escuchar esas palabras mientras veía el verdadero rostro de aquel joven. Durante todo el tiempo que convivieron podía decir que el pelinegro era alguien frío, sarcástico y manipulador… alguien con quien definitivamente no se podía confiar. Pero algo en esa nueva mirada le decía que esas palabras si eran sinceras. ¿Cómo saber que no se trataba de un truco? Dicen que los ojos son la ventana al alma de una persona y Hiroki pudo ver la realidad a través de esos ojos azules.
"Tal vez no sea creíble lo que estoy diciendo, hasta suena tonto," embozó una pequeña sonrisa "Kamijō-sensei… no, Hiro-san… creo que estoy perdidamente enamorado de usted."
"¿Pero qué sandeces dices?" desvió la mirada hacia otro lado "No sabes lo que estás—"
"Estoy seguro de lo que digo," le interrumpió y con una de sus manos suavemente tomó el rostro del otro para que lo mirase "Y estoy seguro de mis sentimientos." Se miraron por unos segundos más y pudo sentir el nerviosismo del profesor, "Este es mi último trabajo y cuando todo haya acabado comenzaré una nueva vida… quiero que Hiro-san sea parte de ella."
"Yo—" fue silenciado por un pequeño beso en los labios.
"No tiene que darme una respuesta ahora…"
"¿Y cómo quieres que te mire a la cara mientras tanto?" pensó algo molesto "Solo complica más las cosas."
"La investigación sobre su caso va en bueno pasos," explicaba Nowaki, dando un repentino cambio de tema "Según Tempa-san—"
"Preferiría otra posición," le interrumpió con un sonrojo e n las mejillas "Para ese tipo de asuntos, el piso es demasiado—"
Se escucharon una ráfaga de disparos dejando a Hiroki paralizado, sin saber qué hacer, mientras que Nowaki no se había alejado de él, sirviéndole al profesor como un escudo humano. Se seguían oyendo las balas golpear las ventanas, que se rompían instantáneamente, y las paredes de la vivienda lo que causaron la reacción del castaño a aferrarse al pelinegro mientras deseaba que todo terminara. Los disparos se disiparon y el más joven aprovechó esa oportunidad para buscar refugio, movió la cama hacia un lado y en el piso se encontraba una pequeña puerta de forma cuadrada. El profesor se incorporó mientras observaba al de ojos azules abrir el compartimiento.
El asesino tomó a Hiroki de un brazo y lo jaló para guiarlo a que entrara al cuarto secreto, que parecía un sótano pero más pequeño pero lo suficientemente grande para tener a tres personas dentro y de pie. Ya estando ambos adentro, Nowaki tomó un arma y se la entregó al profesor en sus manos.
"N-Nowaki—"
"¿Sabe cómo usar un arma, Hiro-san?" el castaño negó con la cabeza y quiso reclamar pero el pelinegro continuó "Sosténgala con ambas manos y apunte, después jale del gatillo." Se agachó para tomar una caja de madera que se encontraba en una esquina, la abrió y tomó las armas junto con las municiones que se encontraban adentro. Se levantó cuando tenía todo listo y se dirigió nuevamente hacia el otro hombre, "Quédese aquí, al que quieren es a usted, mientras no lo encuentren todo estará bien."
"¿Qué hay de ti?" preguntó preocupado.
"Lo protegeré y no solo porque me ordenaron a hacerlo, si no porque yo quiero hacerlo. Esos malditos sinvergüenzas no se saldrán con la suya," se acercó al mayor y le dio un profundo beso en los labios "Espero que esto no sea un beso de despedida."
Antes de que Hiroki pudiera detenerlo, Nowaki ya había salido del pequeño cuarto y cerrado la puerta. Usando la caja de madera como escalón, intentó empujar la única salida pero sentía algo pesado sobre esta impidiendo que se moviera.
"¡Nowaki! ¡Nowaki!" gritó con todas sus fuerzas pero era silenciado por los disparos que ocurrían afuera. Se quedó estático cuando se escucharon tres balazos que terminaron la orquesta tétrica. "¡NOWAKI!"
oOOo
"Cuénteme Kamijō-san lo sucedido. Esto es necesario para su pronta recuperación de su secuestro."
"Ya le he dicho que no era un secuestro."
"Pero estuvo encerrado bajo su propia voluntad, ¿o me equivoco?"
"…No."
Había pasado más de un mes desde que los hombres que trabajan con Nowaki lo encontraron en el sótano después de la balacera. Hiroki inmediatamente le preguntó que había sucedido con el pelinegro, pero los hombres no le dieron ninguna respuesta por más que el castaño les exigió. Inmediatamente lo entregaron a quien había pagado por su seguridad, Usami Akihiko, quien se alegró al ver que su amigo se encontraba a salvo. Antes Hiroki se hubiera derretido al sentir los brazos de escritor alrededor suyo, pero ahora no era lo mismo.
No pudo regresar normalmente a su vida, tuvo que cambiarse de domicilio al igual que de número de celular. La universidad le había ofrecido trabajo en otra escuela hermana al norte de Japón y aunque la paga era mucho mejor, rechazó la oferta sin pensarle mucho, diciendo que el cambio de cuidad no era necesario.
Todos los días se preguntaba si Nowaki se encontraba con vida o no y en sus tiempos libre se dedicaba a investigar dando como siempre resultados nulos, haciendo que se deprimiera bastante. Ahora se encontraba en sesión con el psicólogo de la universidad gracias a Miyagi, quien le obligó a que asistiera con el fin a que eso le ayudara a superar la experiencia. Pero eso era lo que menos sucedía, el profesor de literatura se sentía mas fastidiado después de cada sesión y la intranquilidad se le desbordó cuando el psicólogo lo diagnosticó con síndrome de Estocolmo.
"¡Vaya estupidez!" pensó molesto mientras caminaba hacia su departamento después de su última cita con el doctor. Convenciéndose a sí mismo no regresar jamás y que no sufría de ningún síndrome ni de efectos secundarios de la experiencia.
Pero a pesar de decir que el diagnostico era completamente erróneo, Hiroki sabía que su vida no había vuelto a la normalidad como esperaba y que su días encerrado como forma de protección si le habían afectado aunque odiara admitirlo. ¿Cómo explicar el motivo de qué buscaba cualquier cosa que le ayudara a saber del pelinegro? No podía, simplemente investigaba cómo podía pero parecía que la persona que conocía como Nowaki nunca hubiera existido.
No le sorprendía, estaba tratando con un asesino a sueldo, obviamente no debería haber información sobre él y sabía que perdía su valioso tiempo en tratar de buscar a alguien que, lo más seguro, ya no se encontraba con vida; pero quería seguir teniendo fe en que algo encontraría.
Muchas veces intentó preguntarle a Akihiko como es que llegó con el jefe del pelinegro, pero se retractaba antes de siquiera abrir la boca. No quería a más gente involucrada y por supuesto no quería darles otra excusa para que lo mandaran con un psicólogo, o peor… un psiquiatra.
En su recorrido a casa siempre pasaba por un parque público, se detuvo para observar un poco el ambiente y decidió sentarse en una de las bancas en el centro de este, tal vez un poco de contacto con la naturaleza no le vendría nada mal.
"Desde el principio de este incidente las cosas iban de mal en peor y por un momento pensé que todo cambiaría… vaya iluso," pensó tristemente mientras bajaba un poco la cabeza "Creo que es momento de superar todo esto y enfocarme en mi doctorado, él desapareció de la faz de la tierra y jamás lo volveré a ver… ¿verdad?"
Y antes de que pudiera contestarse, escuchó como un objeto venía hacia él muy rápido. Levantó la mirada y un objeto volador que por un segundo no pudo identificar cayó enfrente suyo causándole un tremendo susto. El movimiento de unos arbustos lo hicieron voltear hacia la izquierda y expresión cambió completamente cuando sus ojos marrones se encontraron con unos azules, pero su corazón seguía latiendo sin control.
El joven parecía no haber notado al castaño y caminó hasta el objeto, que era un cohete de plástico, para recogerlo del césped. Cuando se estaba levantando, giró su cabeza hacia el profesor y le dedicó una sonrisa.
"Mucho gusto," dijo mientras tomaba una de las manos de Hiroki "Mi nombre es Kusama Nowaki."
END
