Aquí vengo con la segunda parte, sinceramente me estoy complicando un poco para que vaya más o menos en términos lógicos, pero espero tenga el resultado que deseo y que por supuesto os agrade.

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Merlin estaba aterrado por la forma tan fuerte en que lo sostenían, definitivamente era un hombre de batalla aquel, probablemente algún esbirro de los enemigos de Camelot, aquellos que han intentado destruir el reino desde hace tiempo. Intentó zafarse, era lo menos que podía hacer, pero fue imposible, aquel era mucho más fuerte y no estaba seguro de usar su magia, ya de por si usarla sin premeditación había causado muchos problemas.

-En verdad eres impetuoso Merlín. –la voz de Gwaine estaba realmente sorprendida por la forma en que aquel muchacho escuálido y sin mucha fuerza se aferraba a defenderse de una forma tan aguerrida, que ni el mejor de los caballeros.

-¿Pero qué? ¡Gwaine! –una enorme sonrisa se formo en su rostro, había pasado al menos un par de meses desde que lo había conocido y lo había visto partir de Camelot. Sin contener y debido a la euforia y tranquilidad al saberse fuera de peligro se abrazo al hombre, festejando su presencia.

-Calma Merlin, que cualquiera pensaría mal. –contestó con media sonrisa el otro por la manera tan peculiar en la que se la había arrojado a los brazos, no es que le incomodara, para nada, pero no estaba acostumbrado a tanto afecto, no con la vida que llevaba.

-Lo siento, perdón… no quise exagerar. –agregó, aunque a sabiendas de la felicidad que a su amigo también le causaba el reencuentro. –Un momento. –dijo el joven mago, mirando al otro con espanto. –No deberías estar por aquí, tu vida corre peligro, si algún soldado de Uther te ve… -pero Gwaine lo calló levantando la mano.

-Lo sé Merlin, solo estaba de paso, de hecho perdí la noción de mi posición y cuando me di cuenta ya estaba en terrenos de Camelot, pero precisamente estoy de salida, no tengo muchas ganas de visitar a tu rey. –hablaba, a sabiendas de la actitud tan despótica que Uther tomaba, a pesar de haberle salvado la vida a su heredero.

-Pues agradezco tener la suerte de haberte encontrado. –sonriente le dio un ligero golpe en el hombro, Gwaine para Merlin se había vuelto especial y cuando Arthur fuera rey de Camelot, le pediría que quitara la restricción sobre el chico, desde luego no dudaría en que el otro la quitaría sin muchos miramientos.

-¿Qué tal vas con Arthur? –la pregunta confundió un poco a Merlin, pero este solo rodo los ojos afirmando que todo seguía como siempre. – Hablo en serio…

-No entiendo a que te refieres. –cuestionó Merlin. –Todo está bien, Arthur sigue siendo el mismo ególatra de siempre.

-Ex extraño. –comenzó a decir Gwaine, con media sonrisa. –Cuando mencionas a Arthur tus ojos parecen brillar, es más, tu voz se escucha con completo orgullo, debes ser honesto Merlin. –aquellas palabras tensaron a Merlin sobremanera, ¿Es que aquello era tan obvio?

-N-no sé de qué hablas. –estaba rojo como un tomate, definitivamente no podía ser tan transparente y de Arthur siempre se expresaba igual, así que no encontraba fundamento a las palabras de su ahora amigo y parecía ser que confidente.

-Eh viajado tanto por estas tierras, que a veces logro comprender los sentimientos de la gente con verlos y escucharlos, desde que te vi y oí hablar de Arthur, supe que lo tuyo era más especial, diferente, incluso que de Gwen. –aquello no estaba ayudando a los nervios que saltaban del pobre mago. –Mira, no quiero entrometerme, después de todo se tu condición. –se acerco a Merlin, que no hizo más que tensarse más, si es que eso era posible. –No eres el primero y dudo que el último sirviente que se enamora de su rey o en este caso futuro rey. –agrego con cierto tono divertido. –Yo mismo lo he experimentado. –los ojos de Merlin se abrieron tan enormemente que Gwaine se echó a reír con fuerza. –Bueno, yo me enamoré de una princesa, pero como te darás cuenta no funcionó. –se apresuro a decir, la emoción de Merlin pronto se apagó.

-Bueno, yo… no sé qué decir. –balbuceo el pobre muchacho, era la primera vez que alguien le hablaba de ello tan abiertamente, todas las personas de Camelot sabían lo unidos que estaban Arthur y su sirviente, pero jamás alguno pensó en darle ese tipo de palabras, unas donde afirmaban que el mago estaba enamorado de su príncipe. De solo pensarlo la piel se le ponía arisca, si el Rey buscaba a los que poseían magia, no dudaría en cortarle la cabeza a Merlin por atrever a enamorarse de su hijo único.

-¡Creí que llevarías agua Merlin! –la voz de Arthur sonó fuerte en el bosque, ambos se giraron solo para ver su mala cara, su aspecto indiferente y su porte soberbio al caminar directo a ellos. El rubio recrimino con la mirada a su sirviente, pero pronto se encontró con la de Gwaine, que al verse descubierto se sintió preocupado, el príncipe parecía descontento al verle. –Gwaine. – comenzó a decir con ironía. –No esperaba verte tan pronto por aquí, mucho menos por las circunstancias que te lo prohíben. –Merlin frunció el entrecejo, esa no era la actitud que hubiera esperado de Arthur.

-Fueron mis pies los que llegaron a estas tierras Arthur, nada más. –contestó sin temerle al príncipe, pues estaba claro que los títulos nobiliarios no eran nada para él y que, aunque Arthur no era igual a todos los reyes déspotas de estos tiempos, sus palabras no llevaban el más mínimo respeto.

-Pues agradece que hoy estoy de buenas y que tengo cosas que hacer. –le sonrió sin verdadero sentimiento y siguió su andar hasta los caballos, que no estaba tan lejos ya, fue entonces que notaron al ciervo que llevaba entre sus manos, no era tan grande, así que no había necesidad de echárselo al hombro. –Es hora de irnos Merlin. –ordenó, subiéndose a su caballo, el joven mago se despidió de Gwaine con toda la cordialidad posible. –Espero que reconsideres tus viajes por Camelot Gwaine, no siempre se puede ser condescendiente. –aquel definitivamente no parecía ser el príncipe Arthur, el más noble de los príncipes. Hostigó al caballo con sus talones y lo hizo andar, dándole la espada al que una vez le salvo la vida, Merlin miro a Gwaine con tristeza, pidiendo disculpas por el príncipe.

-Descuida Merlin, se dé que se trata y déjame decirte algo… eres afortunado. –sonriendo se dio la vuelta y siguió caminando, el mago se quedó pensando en las palabras del hombre, dejándolo completamente perplejo. Sin más arreo el caballo y alcanzo a Arthur.

-No debiste ser tan descortés con Gwaine. –si había algo que pocos sabían, era que Merlin se pasaba de insolente, usualmente le decía sus verdades al príncipe y lo mejor era que este parecía comprenderlas y no le reprochaba nada, algo inusual, pero también divertido e interesante. –El solo pasaba por casualidad…

-No quiero que vuelvas a verlo. –interrumpió Arthur, el mago abrió la boca para protestar, pero pronto la cerró, quedándose sin argumentos lógicos, ¿Qué le estaba pasando a Arthur? –A veces confías demasiado en las personas Merlin y eso está mal, no sabes cuando alguno de ellos puede apuñalarte por la espalada, eres demasiado confiado. –era la primera vez que Arthur le hablaba así, de esa forma, dándole un consejo. –Que te quede claro que en este mundo no todos son buenos. –le advirtió, levantando su mano, como si lo amenazara y mirándolo directo a los ojos. Merlin ya no supo que decir, de hecho ni siquiera se imaginaba que contestar.

-Creo que exageras. –contestó entonces, sonriendo como tonto, creyendo que todo aquello parecía un juego o un truco de Arthur para burlarse de su inteligencia, lo que sería lo más normal en esos momentos.

-¡No Merlin! –grito Arthur, acercando su caballo al que cabalgaba Merlin y tomándolo de sus prendas con fuerza. -¿Sabes las consecuencias de que algo te pasara? –aquello no hizo más que poner de los mil nervios al mago, tratando de no mirar a los ojos de Arthur y sintiendo que el tiempo se detenía de mas. –G-Gaius no me lo perdonaría. –eso ultimo parecía demasiado inverosímil, como si solo tratara de excusar su preocupación, logrando un ligero tono carmesí en sus mejillas que jamás le había visto. –Sí, ese sería el problema, dejando de lado tu incompetencia para el resto de tus asuntos. –habló, como encontrando una respuesta muy rebuscada; lo soltó y siguió avanzando, no volviendo a mirar a Merlin, que estupefacto hizo lo mismo.

-Pues no te preocupes, Gaius sabrá que fue por mi deber. –se atrevió a decir, tomando en cuenta que el deber de cualquier sirviente era el de proteger a su amo, aun a costa de su propia vida. Pero Arthur ya no hablo, solo negó con la cabeza, ordenando que lo dejara, que ya no era tiempo de seguir hablando.

El resto del camino ya no se dirigieron palabra alguna, volviendo el rato de lo más desagradable y común, no era normal que ninguno dijera nada, lo peor llego cuando al llegar, Arthur simplemente bajó de su caballo, tomó el ciervo y subió las escaleras a la entrada del Castillo, Merlin por supuesto lo siguió, pero Arthur no lo dejo, simplemente le dijo –Ve con Gaius, no te necesito mas – esas palabras fueron desgarradoras para el mago. Ese día definitivamente no había sido bueno, apenas llegaba la tarde y aunque pudiera leer un poco de los libros de magia, no era igual con la actitud con que Arthur lo había despedido, no es que quisiera una algarabía, pero usualmente no era tan frívolo. Triste, decidió ir a la casa de su mentor.

-¿Te pasa algo Merlin? –preguntó al anciano medico de la corte a su pupilo, luego de ver su semblante, el común estos días, sobre todo después de que Morgana declarara su fieles intenciones de acabar con Camelot. -¿Está todo bien con Arthur? –la pregunta hizo que el mago mirara al anciano con sorpresa.

-¿Es que mi vida es tan patética que todo circula a través de Arthur? –la pregunta iba llena de conmoción, de indignación, de melancolía, tenía tantas cosas que podían transmitir, que Gaius, con toda su vasta experiencia, supo que aquello no iría para mejor. –Estaré leyendo un poco. –sin muchos preámbulos fue a su habitación, encerrándose como realmente quería. El anciano se quedo pensativo, su mente de inmediato comenzó a trabajar, porque sabía que cada palabra del chico, tenía un significado.

Ya en su cuarto, saco el libro de hechizos y lo hojeó, pero su mente no pudo retener ninguno de ellos, estaba demasiado concentrada en Arthur y tratar de desviarse era inútil, aparecía sin ser invitado y recordaba lo sucedido con Gwaine. El príncipe no se había mostrado sensato y después mucho menos, algo no estaba bien, ¿y si estaba hechizado? ¿Si alguien, en su ausencia, lo había embrujado para fines malévolos? Tenía que investigar. Fue cuestión de minutos para que saliera a toda prisa de la casa de Gaius, a quien dejo mas confundido por el cambiante humor de su pupilo.

La noche estaba por caer sobre la ciudad, pero no era anormal ver al joven Merlin ir al Castillo, todos sabían que era el sirviente más preocupado por su príncipe que ningún otro. Los caballeros y guardias lo ignoraban al verlo pasar y más cuando sabían que iba en camino de los aposentos de Arthur. Pero no todos podían hacer lo mismo.

-¿Mucho trabajo Merlin? –de la nada se le apareció Morgana entre los pasillos y no tardo mucho en escupir el veneno que desde hacia mese soltaba al ver al joven sirviente. -¿Es que Arthur no deja de ser un pesado? –hablaba con tono hipócrita, medio sonriendo, como burlándose del mago. En realidad lo estaba haciendo. Lo que llevo al mago a pensar otra cosa, Gaius le había dicho que desde que Morgana se había enterado que era hija de Uther, sus aspiraciones al reino podrían ser prioridad, pero para ello debía eliminar al único estorbo. Arthur.

-En realidad solo me asegurare que las cosas estén en orden. –tuvo muchas respuestas, todas ofensivas, pero no podía arriesgarse a que aquella muchacha lo acusara y Uther lo separara de Arthur, dejándolo a merced de todos sus enemigos.

-Sí, tu siempre tan atento a tu futuro rey. –espeto con desdén la mujer. –Cuídalo bien y amalo que siempre, no sabemos que podría pasar en el futuro o imagínate, quedarnos sin Arthur, sería una tragedia. –sonriente siguió su andar y sin más desapareció entre los pasillos, dejando a Merlin comiéndose el coraje, justo lo que buscaba. Pero el mago rápidamente se recompuso y volvió a caminar, logrando llegar a su objetivo.

Como siempre entro sin tocar, pero solo para encontrarse con que Gwen estaba ahí, en la habitación de Arthur, con las manos entrelazadas con las de Arthur. En un principio no supo cómo actuar, se quedo moviendo la boca, tratando de articular alguna palabra, pero su corazón parecía interponerse con el habla y un extraño dolor le impedía decir algo.

-¿Es que no sabes tocas Merlin? –preguntó Arthur, soltándole las manos a Gwen y dando la espalda a Merlin, caminando rumbo a la ventana, hablando con fuerza y enfado. –Es todo Gwen, puedes irte. –aquello no se lo esperó Merlin que ya se le había ocurrido salir corriendo y no interrumpir mas.

-Te veo luego. –le musito Gwen, a lo que el mago solo pudo asentir, aunque pudiendo captar tristeza en los ojos de la chica, además de ver claramente que sus ojos estaban llorosos. Merlin sintió celos, si, ¿para qué negarlo? Estaba claro que debía captar su lugar, que Arthur jamás lo miraría de ninguna forma como algo mas, de hecho, ni siquiera como amigo pues ya lo estaba demostrando.

-Te estás tomando demasiadas atribuciones Merlin. –comenzó a decir Arthur, aunque de hecho no era la primera vez que entraba sin avisar, no sabía a qué venía el enfado. –A partir de ahora tendrás mas cuidado con tus movimientos, no quiero que te pases de la línea otra vez, soy el príncipe. Recuérdalo. –sentenció, pero sin darse la vuelta y mirando por la ventana.

-¿De qué hablas? –preguntó con plena confusión, terminando de entrar y cerrando la puerta, como usualmente lo hacía. Arthur entonces se dio la vuelta y lo miro, en sus ojos no se veía enojo, solo, decepción. Al menos eso percibió Merlin.

-Ya no serás mas mi sirviente… -el mundo se había acabado para Merlin.

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Pues esta es la segunda parte, de verdad espero que os haya gustado, nos vemos en la tercera. Cualquier cosa, Rw. Saludos a todos. ^^