Misión
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Cientos de aves salieron disparadas al cielo cuando el ruido fuerte y estruendoso de una armadura golpeando el suelo se escucho por muchos metros a la redonda seguido de un quejido que podría igualar al susurrar de un dragón, pero para aves tan sensibles como las del bosque aledaño a Camelot, fue suficiente para huir.
-¡Merlin! ¿Estás bien? –la pregunta hizo que el otro medio se levantara y lo mirara con ojos de dolor. –De verdad lo siento, a veces se me olvida lo… bueno, perdón. –el rubio mirò con vergüenza a su sirviente y le ofreció la mano para ayudarlo a levantarle. El joven mago, confundido, accedió.
-Descuida, no es la primera vez. –su mala gana de contestar provocó una reacción que solo conocía desde días atrás, cuando regreso al servicio del príncipe. No estaba seguro de lo que pasaba, pero de pronto la condescendencia de Arthur superaba por mucho a la que pudiera haber aspirado.
-Creo que es suficientemente entrenamiento por hoy, regresemos al castillo, mi padre debe esperarme para almorzar. –le dio una palmada en el hombro y le sonrió como si nada, provocando que Merlin se quedara de piedra por unos segundos, entes de correr tras su amo, quitándose algunas partes de la armadura que tanto odiaba, esa cosa pesaba mucha más que el mismo, ¿Cómo quería Arthur que se defendiera si apenas podía resistir estar dentro de ella?
Hizo todo lo correspondiente para llevar las cosas de Arthur y subirlas al caballo, después, ambos montaron y se encaminaron a la ciudadela. Las personas que los veían pasar hacían las típicas reverencias al príncipe, algunos incluso llegaban a gritar por su salud y bienestar, no cabía duda de que el pueblo amaba a su futuro rey, nada sorprendente dada la capacidad de este al demostrar bondad y respeto por todas las personas.
Justo cuando llegaban, un séquito de caballeros los esperaba a las puertas del castillo. –Mi señor… el rey lo espera en la sala del consejo. –Arthur se extrañó de la mirada de apuro de Sir León, así que apresuró el paso. Juntos atravesaron buena parte de aquella enorme construcción hasta la zona donde se realizaban las principales ceremonias, todas protocolarias, aunque más en el fondo, se encontraba una habitación en la que se reunían el rey y sus consejeros, además de reuniones privadas con otros nobles.
-Mi señor. –fueron las palabras de los guardias de aquella puerta, antes de erguirse y dar paso al joven príncipe, seguido de Merlin, que solo tenía rostro de preocupación. Al entrar se encontraron con las miradas de los más ancianos de la ciudad, todos ellos consejeros del rey; Uther le dedicó una mirada de alivio, como si su mejor esperanza acabara de llegar.
-¿Qué es lo que pasa, padre? –fue directo al grano, la tensión que se sentía en el lugar no daba a dudas de que algo malo estaba pasando.
-Hijo… -su padre lo guió para que se pusiera a su lado, mientras Merlin cruzaba los brazos en su espalada y se mantenía a una distancia pertinente, aunque al lado de Gaius, quien por lógica también se encontraba ahí. No sorprendió a nadie que el rey y el príncipe se enfrascaran en una conversación silenciosa y muy privada.
-¿Qué es lo que pasa? –murmuro el hechicero a su más grande maestro, este solo se removió un poco y se alejó de los demás consejeros.
-Algo muy grave… -Gaius parecía muy decidido a explicar todo a Merlin, cuando el carraspeo de la fuerte garganta del rey los hizo callar a todos, la conversación con su heredero terminó más rápido de lo que pudieran pensar.
-Será mi hijo Arthur quien lleve a cabo esta campaña, es en quien más confío y en el que más esperanzas veo. –fueron las primeras palabras del rey, aunque el rostro de Arthur no fue precisamente de alegría, de hecho, Merlin pudo ver un atisbo de miedo, uno que nadie más pareció detectar y que le provocó mucha más preocupación.
-Considero esencial que el príncipe no vaya solo, un grupo de sus mejores caballeros sería ideal. –se apresuró a decir uno de los ancianos, quizá el más anciano de todos.
-No… iré solo. –fueron las determinadas palabras del príncipe, mostrando de pronto una fortaleza poco usual. –Si voy acompañado pondré en riesgo lo que debo hacer. –al parecer todos trataban de evitar hablar del tema, según la percepción de Merlin, quien de pronto tuvo la necesidad de contrariar las palabras de su amo, pensando en que él sí debería acompañarlo. –Solo llevare a Merlin. –muchos miraron al escuálido muchacho, algunos levantaron una ceja.
-Pero él no podrá protegerte joven príncipe. –volvió a insistir el mismo anciano, a quien Merlin comenzaba a detestar.
-No voy a pelear, será una misión de reconocimiento nada más. –refutó Arthur. –Y les recuerdo que él me ha salvado la vida más de una vez, no hay persona en todo Camelot a quien le confíe tanto. –Merlin se sintió orgulloso, incluso se sonrojó un poco, pero pareció dejar insatisfechos al resto de los ancianos, exceptuando a Gaius por supuesto.
-Se ha tomado una decisión. –tuvo que intervenir Uther antes de que los demás saltaran a contradecir las palabras de su hijo. Lo cierto es que, aunque Uther no lo decía, confiaba mucho en las decisiones de su heredero, muchas veces le ha demostrado lo acertado de éstas.
La sala pronto se comenzó a mover, las puertas se abrieron y empezaron a desalojar la sala, solo los más cercanos a la familia real se mantuvieron quietos, fue en ese momento que Merlin pudo ver a Morgana, al parecer se había mantenido sentada y Uther la tapaba con su fornido cuerpo. La mirada que se dedicaron no fue precisamente de cordialidad y casi por presentimiento, supo que ella estaba metida en el problema.
-De ser Morgana. –afirmó, pero solo a Gaius.
-No te precipites muchacho, ni siquiera conoces el problema. – le contestó el anciano, negando con la cabeza.
-Y no hace falta, sé que es ella. –agregó con rotundidad, sin esperar a que le volviera a contestar, adelantándose para estar más cerca de Arthur, quien de reojo pudo decirle que todo estaba en calma. A veces solo hacían falta un par de movimientos o miradas para que pudieran sentirse tranquilos y es que su relación cada vez se volvía muy poderosa, unidos parecían indestructibles. Aunque eso estaba lejos de comprobarse.
-Partirás por la madrugada Arthur. –le dijo su padre, tomándolo de un hombro para que lo siguiera, al parecer aún tenía muchas cosas que decirle. Merlin solo se mantuvo a una distancia prudente, observando como Gaius tomaba otro camino. Hasta que de pronto sintió a Morgana muy cerca.
-Me pregunto si de verdad tienes la capacidad de salvar la vida de Arthur otra vez. –fueron las primeras palabras de su enemiga declarada, sonriendo con tanta naturalidad, que Merlin sintió la sangre hervirle de coraje.
-Lo haré tantas veces como sea necesario. –fue su contestación, usando el mayor autocontrol que tenía dentro de sí. No podía creer el error que cometió al salvarle la vida, aunque claro, de estar en la misma situación, lo más probable es que lo volviera a hacer. Es su naturaleza, no puede evitarlo. Tal vez el gran dragón afirmara que es su mayor debilidad, pero no le importaba, la vida es preciada para él y no dudaría en protegerla, así fuera la de su peor enemigo.
-Espero que lo puedas hacer esta vez. –sonrió con burla. –Te recuerdo que si él muere… yo me convertiré en la próxima reina de Camelot. –Esas palabras hicieron que el chico se girara sorprendido, ¿cómo es que sabía que él lo sabía? -¿Sorprendido? –cuestionó. –Desde que mi hermana me advirtió de ti he decidido poner más atención y he descubierto que tus narices están más puestas en los asuntos de este reino que ninguna otra persona, exceptuando a tu mentor. –el chico tragó saliva, preguntándose hasta que punto ella conocía de él. –Mucha suerte Merlin, espero regreses. –sin más, se alejó, como si cantara victoria respecto de algo.
No podía creer que aquello estuviera pasando, técnicamente no sabía nada de lo que sucedía, nadie le reveló nada y al parecer solo Arthur podía hacerlo. Se sentía un poco contrariado por aquello, pero no podía exigir explicaciones, al menos no por ahora. Siguió a los nobles lo màs cerca que pudo, esperando poder escuchar algo, pero Uther tenía una habilidad casi natural para hablar en susurros, quizá solo alcanzó a escuchar palabras como "peligroso" "lejanía" y "magia". Obviamente no sonaba muy bien. Cuando al fin se separaron, Arthur le indicó que se pusiera a su lado, tomando dirección a la habitación de este.
-Necesitaremos provisiones Merlin, muchas. –le miró por unos momentos. –Esta misión será muy tardada y debemos ir bien preparados. –esas palabras no le gustaron nada a Merlin, pero se mantuvo en silencio, ya tendría oportunidad de preguntar. –Ve y preparara todo, te espero a las cuatro de la mañana en los establos. –le dio un ligero golpe en la espalda.
-Pero quería saber…
-Ahora no Merlin, mañana te explico todo, también debo prepararme. –no lo miró con molestia, le habló con normalidad, pidiéndole que no insistiera. El chico no pudo oponerse a ello, quizá si el otro le hubiera respondido más molesto, se habría enfrascado en una discusión, pero la extrema amabilidad del príncipe lo dejaba sin armas para oponerse.
-Si debo proteger tu trasero, debo saberlo todo. –no pudo evitar advertirle, señalándolo y mirándolo con determinación, eso provocó una dulce sonrisa por parte de Arthur, quien solo rodó los ojos y siguió su camino. Merlin se sintió satisfecho y cambió su rumbo.
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La hora de la partida casi llegaba, el joven mago se levantó con algo de pesadez, pero consciente de que Arthur le gritaría si no llegaba a la hora indicada, se apresuró a vestirse, luego se quedó pensando por unos momentos, tratando de que nada se le olvidara; seguro de todo, tomó su enorme bolsa y la echó a su hombro. Bajó las escalerillas, justo para encontrarse con Gaius, quien se mostraba entre preocupado y esperanzado.
-Cada vez entiendo menos de que trata esto. –dijo, como señal de saludo, pero correspondiendo a la mirada del anciano.
-Ya lo entenderás. –le respondió su mentor. –Por favor, no actúes precipitadamente, cuídate y cuida de Arthur… -su mirada lo hizo sentirse intranquilo, pero no dijo nada, solo sonrió.
-¿Quién puede contra nosotros? –preguntó con orgullo. –Arthur, un poderoso caballero… yo, un poderoso dragonlord, ¿Qué podría pasarnos? –se llevó las manos a la cintura, claramente aquello se trataba de una broma, pero necesitaba darle confianza al anciano y no pensó en otra forma.
-Se que harás todo lo posible. –Sin poder contenerse abrazó al chico. Eso no le gustó a Merlin. –Tengo un presentimiento Merlin… por favor, te cuidado. –el anciano torció una sonrisa y se separó.
-Tranquilo Gaius, saldremos de esto, aunque no sepa nada. –sonrió con ironía, con la esperanza de que no fuera tan malo como empezaba a imaginar. –Arthur solo habló de misión de reconocimiento, no lucharemos ni nada por el estilo. Deja de preocuparte. –le habló con cierta seriedad, el anciano solo asintió y le dio vía libre. Se acercó a la puerta, no sin antes echar un último vistazo a lo más cercano que tenia a un padre. Al abrir, se encontró con Gwen.
-¿Qué haces aquí? –preguntó con sorpresa y no con reproche.
-Se que tú y Arthur saldrán por un largo tiempo. –la mirada triste de la chica lo hico sentirse bien, se notaba la preocupación, lo que agradeció sobremanera.
-Descuida, volveremos antes de lo que puedas imaginar. –contestó con un renovada alegría, la chica es su mejor amiga y que se atreviera a despedirlo a esa hora le gustaba sobremanera. –Recuerda que tenemos una plática pendiente. –agregó, recordando lo sucedido semanas atrás.
-No hay mucho que decir, ya lo he superado. –sonrió con sinceridad. –Estoy segura que incluso Arthur podrá explicártelo. –le dio un rápido abrazo para evitarle decir más. –Suerte Merlin. – después de eso se alejò, dispuesta a irse.
-Espera… ¿no te despedirás de Arthur? –preguntó, sabiendo del gusto de la chica por el príncipe, pues, aunque él también se sentía atraído por Arthur, preferiría verlo con alguien que realmente pudiera hacerlo feliz. Además, parecían corresponderse.
-Ya lo hice, descuida. –después, su silueta fue consumida por la oscuridad. Merlin tuvo un poco de celos, como siempre, pero esta vez podía comprenderlos, ambos necesitaban despedirse, estar mucho tiempo alejado podría ser difícil, al menos Merlin tenía la oportunidad de estar a su lado, aún cuando no pasara nada más.
Si mayores preámbulos, fue directo a las cabellerizas, ahí ya lo esperaba Arthur, quien revisaba a su caballo, no porque no confiara en Merlin, sino porque quería tener mayor contacto con el animal, siempre ha considerado menester hacerlo, para que el vínculo entre jinete y caballo se pronunciara más y respondiera como debía en situaciones de peligro.
Solo se dirigieron palabras de saludo, la flojera típica de Merlin y la ligera molestia de Arthur por lo impuntual de su sirviente, a pesar de haber recibido excusas. Como fuera, pronto salieron a trote de la ciudad, fue cuestión de media hora para que se internaran en el camino del bosque y empezaran a sentirse alejados de la seguridad de Camelot. Merlin se removía incómodo en su silla, necesitaba hacer muchas preguntas, pero no sabía como empezar sin que Arthur se molestara por su exceso de curiosidad. Pero caray, estaban en una misión, ¿cómo lo protegería si no se enteraba de lo que pasaba?
-Merlin… -empezó a decir Arthur, una vez que llegaron a un camino más ancho, donde podían ir aparejados. –Iremos a la tierra del rey Enid, Geraint. –eso no le sonaba mucho a Merlin. –Es un antiguo aliado de mi padre. –agregó, suponiendo la ignorancia del chico en ese dato. –Recibimos una carta de auxilio de su parte, sin embargo, dada la distancia y el tiempo, lo más probable es que lo que sea que haya pasado, terminó, pues su reino está muy al norte, tardaremos al menos un mes en llegar. –de solo escuchar el tiempo, el rostro de Merlin se contorsionó en una mueca de horror, pero no vista dado que la luz del día aún no los iluminaba bien.
-¿Pero entonces porqué tu padre no dejó que marcháramos con al menos un batallón? –preguntó el mago, quien de inmediato comenzó a pensar en más preguntas y sacar sus propias conclusiones.
-Porque a pesar de ser aliados, Enid tiene muchos más aliados cercanos, lo que nos hace pensar en algo peor. –la voz de Arthur se volvió más gruesa. –La carta hablaba de una invasión mágica. –eso no le gustó a Merlin. –Y aunque creas que eso también es razón para salir con un ejército, mi padre teme por Camelot y prefiere mantenerse precavido con la mayor de sus fuerzas aquí. –el mago cada vez entendía menos.
-Pero si esa invasión es cierta, ¿qué podremos hacer tú y yo? –su pregunta podría tener cierta lógica.
-Quien quiera que haya invadido, debe ser alguien poderoso y si podemos negociar paz, lo mejor es no mostrarnos hostiles. –afirmó, convencido de esa posibilidad. –No sabemos mucho Merlin, por eso es que mi padre decidió mandarme a mí, pues puedo actuar en situaciones de distintas formas. –a eso no pudo objetar. –Además, no iremos tan solos como crees. –eso provocó que el otro se girara con brusquedad.
-¿A qué te refieres? –hasta donde sabía, nadie más podía ir.
-Esto fue decisión mía y ni siquiera mi padre lo sabe. –su voz se volvió repentinamente más seria. –Ya lo verás. Y no preguntes. –advirtió.
-Aun si nos acompañan más personas, si se trata de alguna magia poderosa, dudo que estas armas puedan hacer algo. –su negatividad cada vez fue mayor.
-No importa Merlin, no nos quedaremos con los brazos cruzados. –esas palabras le provocaron cierta emoción, no sabía duda de que Arthur seguía siendo bondadoso, protegiendo a quien sea que le pidiera ayuda. Esperaba que las cosas sucedieran lo más normal posible, usualmente llamaban mucho la atención a los otros hechiceros su unidad con el príncipe.
Llegaron hasta una parte en la que debían comenzar a descender, Merlin estaba a punto de hacerlo, cuando se detuvo a observar a Arthur, se veía imponente en un pequeño risco, de frente al sol y al vacio en la tierra. Incluso parecía brillar más de lo normal, una fiel imagen del príncipe perfecto. No pudo evitar amarlo aún más. De pronto el rubio giró el rostro al mago y le sonrió.
-Me alegro que vengas conmigo… -de haber podido, Merlin se habría lanzado a sus brazos, para besarlo con pasión y decirle cuanto lo amaba, pero se limitó a solo mirarlo, pero de una forma en la que no notó que irradiaba pura necesidad, algo no desapercibido por Arthur, quien se sintió más que complacido. –Sigamos… en una semana empezaremos a encontrarnos con nuestros aliados, si mis cálculos son correctos. –el joven mago asintió y siguió su camino.
Continued…
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Y por fin puedo actualizar. De pronto decidí dar seguimiento a mis historias, no quiero dejarlas inconclusas, no esta vez. Un agradecimiento especial a las siguientes personas: Yukka Sam, princesa tsunade, Rainbullets, Varda-Elentari, TaliaUchiha, cristy222able, Soy YO-SARIEL. Muchas gracias por sus amables comentarios. Ahora, con aires renovados, he decidido darle un poco más de aventura a la historia, por supuesto, conjugada con el amor entre los chicos, que poco a poco se irá consolidando. Espero sigan ahí. También un saludo a quienes han agregado las alertas. Saludos.
