De lo bueno a lo malo y viceversa

Arthur no podía creer que aquello estuviera pasando, la decisión que tomó le costó la vida a su padre, ahora se encontraba frente al hombre que había respetado y amado por mucho tiempo. El cuerpo del gran rey Uther yacía sin vida sobre un pedestal puesto para despedir al que una vez gobernó con fuerza al reino de Camelot. Arthur se inclinó a besar la frente de su padre, llorando con desconsuelo, sus lágrimas mojaron la piel del hombre, pero este no pareció quejarse, siguió inmóvil, aunque en el corazón de Arthur la esperanza de que se moviera y le dijera que todo aquello se trataba de un gran broma; no le importaría quedar como un idiota frente al reino entero. Pero su mente le decía lo contrario, le regresaba a la realidad, una en la que su padre ha dejado de existir.

Los rayos del sol iluminaron la enorme sala, anunciaron al príncipe que ya no tenía más tiempo para llorar a su padre, que ahora es su turno de gobernar. Con pesar se separó del cuerpo y luego de mirarlo por varios minutos más, decidió salir. Sus pasos resonaron en las padres conforme se alejaba, cuando abrió las puertas el crujido hizo eco en todos lados, pero la imagen de Merlin, sentado cerca de las escaleras lo hicieron detenerse en seco. La realidad le cayó de golpe y comprendió que ya no había marcha atrás. Su rostro apenas se inmutó cuando observó la mirada de su sirviente, quien de prisa se levantaba.

-¿Has estado aquí toda la noche? –fue lo primero que se atrevió a preguntar, mirándolo con cariño y comprensión, agradeciendo que sea él la primera persona con la que se encontrara después de pensar durante toda la noche, para finalmente aceptar la muerte de su padre.

-Quiero que sepas que siempre estaré a tu lado, aun cuando té mismo me alejes. –fueron las palabras del joven sirviente, torciendo un gesto que pudo interpretarse como una sonrisa, aunque tímida, comprendiendo que no es el momento. Arthur recordó que antes de entrar a despedirse de su padre, el chico le acompañó hasta ese lugar, pero no le permitió la entrada, pues Arthur necesitaba despedirse apropiadamente de Uther.

-Gracias Merlin. –acortaron la distancia, pudiendo poner su mano en el hombro y mirarlo con amor. –No hay nadie mejor. –sin mayores preámbulos, lo acercó a su cuerpo, lo tomó del mentón y lo besó con dulzura. El beso fue corto, pero sustancial, pues en él demostraba cuanto amaba al chico. Unos momentos después, se separaron, pero sin romper la mirada. –te amo… -fueron sus siguientes palabras.

-Yo… -Merlin pareció que diría algo, pero justo en ese momento lagrimas empezaron a correr por su rostro, la cantidad fue tanta, que el príncipe pensó que sufría mucho más por la muerte del rey. –Yo… maté a tu padre. –el sufrimiento por aquellas palabras no fue reconocido por Arthur, quien solo abrió los ojos con sorpresa.

-¿De qué hablas? –fue la pregunta que mejor se le ocurrió, mirándolo con horror y no comprendiendo aquella declaración. Aun así, se separaron por unos centímetros, con un príncipe preocupado por el cambio tan repentino.

-Así es… yo lo maté. –de pronto el joven mago empezó a reír con júbilo. –Y muy pronto lo haré contigo. –la sonrisa se ensanchó, pero esta no fue como la conocía, se notaba la burla por el dolor de Arthur, quien conmocionado se alejó, asustado por lo que escuchaba. De un momento a otro el Merlin de siempre desapareció y poco a poco se convirtió en una mancha oscura, hasta que el rostro Morgana se divisó entre aquella oscuridad, riendo con extrema locura, festejando la muerte de Uther. El príncipe sintió su corazón agolparse en su peche, sintiendo un terrible dolor que lo hizo doblarse, comenzado a gritar con desesperación, negando que aquello estuviera pasando.

-¡Arthur! –reconoció la voz de quien gritó, se trataba otra vez de Merlin, pero esta vez su voz se escuchaba desgarradora, como si sufriera por algo. Pero luego la risa de Morgana, más terrible que antes, opacó cualquier otro sonido.

-o-

-¡Nooo! –Arthur se despertó de golpe, levantando su espada por instinto, mirando de pronto la oscuridad a su alrededor, con los árboles ciñéndose sobre él, amenazadores. Su rostro pálido y el sudor de su frente delataban la pesadilla que acababa de tener.

-¿Arthur? –a su lado pudo ver a Merlin, levantándose un poco para verlo, en su rostro se notaba la preocupación. -¿Estas bien? –la pregunta fue lógica, podía ver la desesperación del rubio. Aunque sin esperar a que le contestara, se quitó las mantas que lo cubrían y corrió hasta donde su amo.

-Sí, si… fue una pesadilla. –fue la contestación más simple que le dio, aunque con la voz apagada, aquello había sido tan real, que su garganta le impedía hablar con el habitual tono de voz. –Vuelve a dormir Merlin. –le dijo ya con más tranquilidad, sonriendo un poco para que el otro quitara ese rostro de preocupación.

-¿Seguro? –volvió a cuestionar el otro, quien parecía muy reticente a dejar las cosas así, aunque Arthur le dedicó una mirada de agradecimiento que ha visto más veces de lo normal durante los últimos días. –Bien… -que Arthur no fuera grosero es algo que agradecía profundamente, en otro momento habría ironizado aquello y alardeado que no necesitaba la compasión de un sirviente.

Una vez que ambos estuvieron listos para dormir de nuevo, el príncipe comenzó a pensar en el sueño, las cosas fueron incongruentes, además, la muerte de su padre la veía aún muy lejana como para detenerse a escudriñar aquello. Lo que lo perturbó más fue soñar con Morgana, como una persona mala que le hacía daño, no solo a él, sino a Merlin y a su padre. Pero se trataba de un sueño, no podía tomarlo en serio. Auto-tranquilizándose se giró hacia el otro lado, viendo a Merlin dormir con el rostro al cielo, iluminado apenas por el fuego desvanecido de la fogata. No podía negar más sus sentimientos, su corazón le exigía dejarse llevar por él y vivir para amar al que seguía siendo su sirviente.

A pesar de todo, podía ver muchos inconvenientes en una relación con Merlin, la primera es saber si podía corresponderle, porque bueno, aunque la fidelidad del chico es inquebrantable y superior a cualquier otra, no estaba seguro de que se tratara de algo más, a pesar de que su instinto le decía que sí. El segundo inconveniente estaba acompañado de complicaciones, por un lado, se trataba de un hombre de quien se sentía enamorado, que además, se trataba de su sirviente; estaba seguro de que su padre se enfadaría más porque se tratara de un sirviente y no de un miembro de la realeza. Y tercero, pero no menos complicado, jamás ha sido bueno expresando sus sentimientos, ¿cómo le haría para declararse a un chico? Estaba perdido.

Respiró hondamente y se recostó boca arriba. Mejor sería olvidarse de aquello por unas horas o no dormiría como es adecuado, el sueño fue relegado a algo sin importancia, dejando en claras sus ideas de no creer en algo como eso y aunque no pensar en Merlin fue más complicado, poco a poco empezó a entregarse a los brazos de Morfeo, hasta que cedió.

-o-

Cuando el príncipe se despertó, pudo percibir el olor de comida. Con un ánimo mejorado, se levantó, encontrando también agua a su lado para asearse el rostro. A veces no podía creer tantas atenciones de parte de parte del chico, quien parecía actuar por instinto, como si supiera exactamente lo que Arthur requería.

-Buen día Merlin. –le dijo al muchacho, viéndolo mover con detalle la olla de comida, concentrándose en lo que hacía.

-Oh, buen día. –el muchacho parecía estar demasiado concentrado en aquello, como si deseara que fuera perfecto o algo así. –El desayuno está listo. –le dijo después, ensanchando una sonrisa y levantándose rumbo a donde Arthur.

-Más te vale, debemos seguir el camino cuando antes. –fue su simple contestación, arrepintiéndose por sonar tan rudo, lo que menos deseaba es ser un malagradecido, sin embargo, debía concentrarse en aquello o su padre lo desheredaría del trono si falla. El mago se quedó a la mitad del camino, mostrando un rostro decepcionado, que le rompió el corazón al príncipe. –Gracias Merlin… -dijo de la nada. –por el desayuno. –señaló la olla, necesitaba resarcir aquella indiferencia mostrada segundos antes.

La tensión se disipó y pudieron seguir moviéndose con naturalidad, Merlin ya no avanzó a donde el príncipe, pero se regresó a servirle un plato de comida. Pronto se encontraron sentados en rocas distintas, pero de frente, solo separados por la fogata. Ninguno dijo nada por varios minutos, como si temieran no hablar de manera apropiada.

-Tienes un talento nato para cocinar Merlin. –Arthur habló sin pensar mucho, pero buscando una forma de ser agradecido por la atención del chico.

-Gracias. –no quiso decir que su madre le había enseñado, porque sonaría demasiado tonto para su gusto. Aquello realmente se estaba volviendo un problema. Es decir, siempre deseó que Arthur lo tratara de esa forma, pero repentinamente extraña que lo llamara idiota o que le exigiera más y más, pues ese es al Arthur del que se enamoró y del que, aunque le cueste admitirlo, siempre lo estará, aun cuando no le corresponda.

-Si bueno, creo que es mejor seguir. –para Arthur aquello tampoco se veía bien, se suponía que llevaba a Merlin por la confianza que le tenía y porque al menos no se aburriría estando con él, sin embargo, después de admitir sus sentimientos, le costaba mucho más hablarle, insultarlo o siquiera mirarlo. Definitivamente eso era estúpido.

Se levantaron y evitando mirarse, cada quien fue a sus propias tareas, incluso Arthur se atrevió a levantar su cama para que Merlin pudiera darse prisa en recoger lo demás, pero cada quien manteniendo sus propios pensamientos, lo que les llevaba a ser demasiado obvios, pero imperceptible para los dos. De pronto el príncipe pudo escuchar como los trastes que Merlin recogía caían sobre las rocas, se giró para reprenderlo, pensando que podrían mantener la misma actitud de siempre, sin embargo, solo pudo ver un espada en el cuello del chico.

-Vaya, vaya, vaya… -la voz de un hombre se alzó por el ruido de varias pisadas, propias de un grupo de personas. Arthur pudo ver entonces que estaban bajo un ataque sorpresa uno que tontamente no percibió. Alrededor de quince hombres hicieron un circulo alrededor y por lo que podía observar, se trataba de simples ladrones, pero liderado por el que retuvo a Merlin.

-Suéltale. –fueron sus primeras palabras, llevándose la mano hacia su cintura, pero notando que no llevaba la espada en su vaina. Maldijo por sus adentros. –Solo estamos de paso, puedes llevarte lo que quieras. –dijo después, dispuesto a dialogar con aquel rufián.

-Eso es muy atento de tu parte. –con un movimiento de cabeza ordenó a sus hombres que tomaran todo lo que les sirviera. –Aun así, debo saber a dónde se dirigen, no todos los días encuentras a un par de muchachos vagando por las tierras de Camelot. –técnicamente aún seguían las tierras de su padre, sin embargo, se trataba de los límites por lo que es imposible que alguien pudiera socorrerlos.

-Solo erramos por los bosques. –fue la primera respuesta que se le ocurrió, no podía decir que se trataba del príncipe o empeoraría las cosa, no deseaba ser secuestrado y que pidieran una recompensa a su padre, solo un par de días desde que se marchara, sería humillante.

-¿Así? –el hombre no se lo creyó. –Es raro que dos chicos como ustedes sean simple nómadas, en algún lugar tienen que vivir, tú tienes fachada de guerrero. –obviamente no trataba con ladrones estúpidos, o el manos no ese hombre.

-Podría pensar que tú eres uno también, de no ser por tu olor. –hasta ese momento empezó a hablar Merlin, tratando de zafarse del agarre de aquel tipo. -¿Qué te importa y vagamos por aquí y por allá?, solo buscamos vivir nuestra vida. –Arthur no podía creer que el chico se mostrara tan insolente, lo que no ayudaría a que les dejaran con facilidad.

-Llevan mucha comida Alain. –uno de sus secuaces adelantó el caballo de Merlin, mostrando una de las maletas.

-No me gusta que me mientan. –el rostro del hombre se contorsionó en un mueca de fastidio. –Ni que se burlen de mí. –le dio un golpe en las piernas al joven mago, obligándolo a hincarse, provocando que Arthur se moviera con deseos de defenderle, pero siendo detenido por la espada de otro de los ladrones.

-Ya les dije, llévense todo lo que quieran, pero déjenos en paz. –Arthur esperaba que las cosas no empeoraran, la tensión en el ambiente cada vez era peor.

-No. –contestó el hombre. –Esto tiene que ser divertido. –arrojó su espada aun lado, pero tomó a Merlin de los hombros, levantándose de nuevo, pero llevando con rapidez contra un árbol y golpeándolo a este con fuerza, Arthur pudo escuchar el quejido del muchacho. Lo que de verdad descoló a Arthur fue la manera en que el hombre se pegó al cuerpo del muchacho. –Creo que puedo divertirme. –esas palabras hicieron que los ojos de Arthur se abrieran enormes.

-¡¿Estás demente? –gritó el príncipe, aquello le parecía inverosímil, no podía creer que aquel tipo intentara aprovecharse de Merlin de esa forma, trató de correr a ayudar a su amigo, pero de un solo golpe lo hicieron caer de rodillas.

-¡Déjame! –el joven mago trato de soltarse del agarre del hombre, era la primera vez que un ladrón lo tomaba de una manera tan obscena y repugnante, su asco aumentó cuando enterró su rostro en el cuello del chico, cosa que lo hizo pensar en usar la magia, no permitiría que lo tocara de esa manera. Pero estaba Arthur, y aunque miraba con horror, claramente no podía hacer mucho, lo que lo ponía en tremenda disyuntiva. Las manos del ladrón empezaron a tocarlo por la cintura obligando a Merlin a pegarse más al árbol.

El mago miró hacia arriba, deseando que aquello no estuviera pasando, cuando se encontró con las ramas de un árbol, sus ojos apenas brillaron cuando una de las más grandes y más cercanas se vino abajo, el ladrón pudo verse en peligro y se alejó a toda prisa arrojando al chico, aunque no con la intención de salvarle. Esa distracción le sirvió al príncipe, quien con agilidad y rapidez fue hasta donde su espada, la que por cierto estaba por ser tomada por otro de los ladrones, de no ser porque el mismo caballo evitó que pasara.

El heredero de Camelot se enfrascó en una dura batalla contra sus enemigos, sabía que prácticamente sería avasallado, pero no permitiría que fuera tan fácil, al menos se llevaría a los que pudiera a la inevitable muerte. Pudo abatir a dos de los hombres, pero justo en ese momento el líder hizo aparición y se lanzó contra el rubio, que apenas pudo retener su embestida. La batalla entre los dos fuertes guerreros se mostró dura y terrible casi desde el inicio, claramente era a muerte, algo que el príncipe entendía y que no dudaría en ganar.

Desde el lado de Merlin, tuvo que dedicarse a evitar los intentos de los otros hombres por hacerle daño, algo complicado pues es sabido desde tiempo atrás su casi nula habilidad con las espadas. Aprovechando la concentración del rubio en su lucha contra el principal oponente, lanzó varios hechizos al resto, buscando la manera de reducir el número lo más posible, para que de alguna forma el príncipe tuviera más posibilidades de victoria.

Para Arthur, la batalla cada vez empeoraba, se sentía un poco agotado y empezaba a temer por la vida de ambos, sobre todo por la de su más preciado sirviente, por el que ahora se ha resuelto como la persona de la que se siente muy enamorado. La idea de que ambos murieran en esas circunstancias le parecía ridícula, no solo porque ante su padre se vería deshonroso, sino porque no podría demostrarle a Merlin que de alguna manera lo quería mucho más de lo que pudiera imaginar. Asestó un golpe contra su oponente, haciéndolo caer de espaldas, momento que aprovechó para girarse a ver al chico, precisamente en el momento en que uno de los hombre arremetía contra el muchacho y lo golpeaba de una forma brutal en la cabeza.

-¡Merlin! –su voz retumbó con fuerza entre los árboles, pero solo pudo terminar de ver como el delgado cuerpo de su compañero se desplomaba con fuerza contra el suelo, lo peor fue que no se movió ni un poco, haciendo creer a Arthur lo peor. La angustia le hizo intentar ir en su ayuda, pero su enemigo, de nuevo incorporado, no le dio tiempo y volvió a atacarlo. Arthur no supo cómo, pero fuerzas de la ira que le provocó el ataque al sirviente aumentaron tan grandemente, que fue como ver a un gigante ir contra un insignificante hombre. Alain apenas pudo resistir el ataque del príncipe, solo hasta que se sintió atravesado por la espada de este, supo el error que había cometido.

El resto de los ladrones se asustaron al ver la furia del guerrero, incluso creyeron ver su rostro contorsionado en una mueca que asustaría hasta el más valiente, todos salieron corriendo sin rumbo fijo, solo esperando no ser perseguidos por el monstruo al que habían provocado. El rubio no perdió más tiempo y fue en auxilio de Merlin, al llegar a su lado lo encontró inconsciente, observando como de por su sien escurría sangre a chorros.

-No, no, no, no… Merlin. –su boca se entreabrió con angustia, pero conociendo las medidas pertinentes para heridas como esa, rompió parte de sus ropas y la hizo en rollo, al tiempo que volvía a cortar otro pedazo de tela y con audacia lo amarraba alrededor de la cabeza de Merlin, sin olvidar poner el enrollado en la herida de donde salía la sangre, al menos así detendría por unos minutos la hemorragia y con suerte, la cortaría. Abrazó el cuerpo de Merlin y lo mantuvo en su regazó, apretando en la parte herida, esperanzado en que solo eso bastara. –Aguanta, por favor. –le habló, aunque sin mirarlo, sabiendo que esos momentos críticos pasarían a dejar de serlo si el chico recuperaba la conciencia.

-Arthur… -apenas vio abrir los ojos del chico, cuando sin pensarlo se acercó a su rostro y le plantó un beso lleno de angustia y desesperación, no supo actuar de otra forma, pues al contacto con los labios del joven mago sintió un tremendo alivio, uno que lo hizo olvidarse de todo lo demás, salvo de la seguridad y bienestar del chico al que amaba y que no deseaba perder. No supo por qué, pero ese pequeño altercado, fue suficiente para sentir que lo perdía y luego de su resolución sentimental, besarlo fue la mejor de las opciones.

Continued…

-o-

Bueno, aquí llega la quinta parte, luego de ver los capítulos de la cuarta temporada de la serie y con lo tremendamente slashy que se ha puesto, la inspiración nace sola. El inicio del fic lo dedico de plano a la despedida de Anthony Head de la serie, algo lamentable por su inigualable actuación. También quiero agradecer de manera muy especial a Soy YO-SARIEL por su amable y lindo comentario, a princesa_tsunade por quien decidí terminar el capítulo con un beso xD y a moamoa2 a quien le digo que no actualizo anualmente, solo que me atrasé por problemas personales, pero haré los capítulos lo más rápido posible. Espero que todos sigan leyéndome, pues me llenan de inspiración sus comentarios. Por último, un agradecimiento a los que han agregado la historia a sus alertas, un saludo a todos. Cualquier cosa RW.