Frenesí
Cuando Merlin despertó pudo escuchar las brazas de un fuego arder a su lado, al principió creyó que se trataba de una noche normal en el bosque cuando iban de expedición a alguna parte del reino, con Arthur dormido probablemente a unos cuantos pasos de él y el resto de los caballeros a una distancia prudente de ambos, la mayoría tenía conocimiento de la cercanía del rey y su sirviente, la que por cierto agradaba a todos, pues le daba un humor positivo a todo aquello. Intentó incorporarse pero una punzada en su cabeza lo hizo soltar un quejido de dolor, soltando su cuerpo y volviendo al suelo.
-Merlin… -el príncipe se acercó corriendo apenas vio al otro intentar levantarse. –Tranquilo, el golpe fue muy fuerte, te tomará más tiempo del que crees. –con una amabilidad poco propia en el rubio, el joven mago acató la sugerencia sin oponerse ni un segundo y es que en verdad el golpe había sido demasiado fuerte.
-¿Cuánto tiempo ha pasado? –preguntó, recostándose boca arriba y mirando el despejado cielo, con estrellas en casi todos los lados a donde miraba.
-Varias horas… -no quiso dar un número exacto, pero le serviría de momento.
-No recuerdo mucho. –dijo después, recordando entonces el beso, aunque ahora que tenía la oportunidad de pensarlo, presentía que todo se trató de su mera imaginación, que tal vez su deseo por el príncipe se le escapó de las manos y su mente empezó a mostrarle alucinaciones.
-No necesitas recordar. –torció un gesto de preocupación. –Creí que la hemorragia no pararía, pero recordé una de las prácticas de Gaius. –el mago se tocó la frente, encontrando restos de ceniza encima de una venda que obviamente obtuvo de su bolso. Merlin, como discípulo de Gaius, siempre lleva consigo lo necesario para cualquier eventualidad.
-Tienes talento. –una pequeña sonrisa por parte del chico hizo que el otro mostrara un rostro tan condescendiente que le hizo pensar en alguien relajado, como si llevara horas de preocupación y finalmente encontrara un consuelo. –Creo que debemos seguir, ya te he retrasado demasiado. –dijo de pronto, recordando que estaban en una misión muy importante.
-No, tienes que recuperarte, seguir viajando ahora solo empeoraría tu estado. –evitó que se levantara. –Incluso he pensado en regresar…
-Claro que no… mucho depende de esta misión y si renuncias… -apartó con suavidad las manos del príncipe. –No soy tan débil como crees… sigamos. –con lentitud se pudo incorporar, sintiéndose torpe, pero con la típica fuerza de voluntad en él. De pronto trastabilló, pero los brazos de Arthur estuvieron ahí para sostenerle. –Un error de cálculo solamente… solo, ayúdame a subir al caballo. –el tiempo no fue mucho, sin embargo, si demasiado para la actividad, aunque al final pudo estar sobre el animal.
-Tú ve por delante. –le dijo Arthur, sabiendo que no podría convencer al chico de regresar y consiente de que la misión es mucho más importante. Terminó de recoger las cosas, apagar el fuego y subir a su propio caballo.
El príncipe estuvo atento del mago todo el tiempo que podía, notó que se esforzaba, pero que poco a poco empezaba a sentarse con normalidad; avanzaban despacio, pero sin entretenerse mucho tiempo. Así pasaron cerca de tres horas, hasta que el día los alcanzó de nuevo, llegando a una ladera desde la que se podía ver un pueblo cercano.
-Pasaremos por provisiones, el siguiente pueblo está a tres días y será ahí donde nos encontraremos con nuestros aliados. –el príncipe adelantó su caballo hasta quedar al lado del chico, aprovechando que el caminó les daba esa posibilidad. -¿Te sientes mejor? –preguntó.
-Si, creo que también serías buen médico. –el humor de Merlin no parecía menguar y por eso mismo es que el heredero al trono le tiene tanta estima.
Siguieron avanzando hasta llegar a la comunidad, que al verlos los trató como simples visitantes, algunos tal vez los miraban con recelo, pero la mayoría evitaba cualquier contacto visual. La ciudad tenía el suficiente tamaño para contar con un medico y un representante del reino, mismos que no aprovecharían por lo secreto de la misión. Aun así, Arthur se arriesgó a pedir un poco de medicinas para su desafortunado amigo; las recibió, a cambio de un poco de oro.
Al final decidieron pasar el resto del día y la noche en el hostal más próximo a la salida, bajo nombres falsos y con ropa común, como siempre que viajaban. Dejaron los caballos cómodos y bien alimentados y entraron a su habitación, la misma, con dos camas a los costados. El mago fue directo a sentarse a la cama que usaría, cuando el rubio se le acercó y empezó a quitarle la venda.
-¿Qué haces? –preguntó, frunciendo el entrecejo, sonriendo como tonto y mirándolo con interrogación.
-¿No es obvio? –a pesar de que el aprendiz intentó detenerle, quitó sus manos con un ligero golpe, dejándolo sin la vendas en pocos segundos. –Debe limpiarse. –la manera en que comenzaba a actuar le pareció extraña, pero no dijo nada. Usó todo lo que estuvo a su alcance, incluyendo lo que le compró al médico del pueblo, dándole un buen tratamiento a la herida, cosa que impresionó a Merlin.
-Esto es más avanzado de lo que debe saber un príncipe. –le dijo con aparente tranquilidad, tocándose el nuevo vendaje y admitiendo que se sentía mucho mejor.
-Hay muchas cosas que te falta por saber de mí, Merlin. –le contestó, yendo a su propia cama.
-Como el hecho de ayudar a un sirviente, cuando debería ser al revés. –soltó sin más, no con la intención de reclamarle.
-Me diste un susto, no podía dejarte así como así, además, me has ayudado tantas veces, que lo creí una buena forma de regresarte el favor, así que no alardees y muéstrate agradecido. –ese gesto provocó mucha felicidad en Merlin, el humor del príncipe pareció volver, quizá por la confianza en revisar la herida del chico. –Y por cierto, a partir de mañana, los roles vuelven a la normalidad. –se recostó y con un bufido le dio la espalda a su sirviente, de cierta manera, ese es el Arthur al que el chico está acostumbrado y le alegraba verlo de ese humor.
A media noche los ojos de Merlin se abrieron por instinto, todo estaba silencioso como todas las noches que conocía, aun así, se levantó con rapidez, saliendo del hostal y alejándose un poco, hasta internarse en los arboles, una vez que creyó que estaba lo suficientemente alejado, se llevó una mano a su frente y usando un poco de magia, aceleró su curación. Podría hacerlo en su habitación, pero tenía mucho miedo de que Arthur lo descubriera y entonces dejara de verlo como un aliado y amigo, cosa que devastaría al muchacho, de ahí tantas precauciones.
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A la mañana siguiente, Arthur despertó con cierta pesadez, se sentía un poco aturdido por todo lo sucedido en día anterior, pero recordando su misión, terminó por levantarse, encontrando vacía la cama del sirviente. No supo por qué, pero le entró un temor desconocido, uno que lo hizo arrojar las sabanas y salir corriendo a buscarle.
-¿Ha visto el chico que me acompaña? –preguntó al hombre que les rentó la habitación el día anterior, en su rostro se notaba preocupación.
-Desde luego, ha salido muy temprano, al parecer fue a… mire, ahí viene. –por la puerta principal entró el delgado muchacho, con una cesta en su brazo y sonriendo al ver a su príncipe.
-Arthur, conseguí un poco de fruta. –le mostró la canasta, pero al mirar al rubio el encanto se acabó. -¿Pasa algo? –cuestionó, no comprendiendo esa actitud.
-Avísame la próxima vez. –sentenció, dándose la vuelta y regresando a la habitación. El mago se extrañó por la actitud del príncipe, así que sin mirar a otro lado fue tras de él. Al llegar dejó la canasta con algo de fuerza en la pequeña y única mesa del lugar.
-¿Cuál es tu problema? Solo fui por comida. –empezó a decir, cruzándose de brazos, hablando con la misma insolencia a la que acostumbraba.
-Recibiste un fuerte golpe Merlin… solo creí… -no continuó, no aceptaría abiertamente que estúpidamente pensó en lo peor, que tal vez lo habían raptado, que los tipos del otro día los siguieron y regresaron a vengarse. Obviamente sobreactuó.
-No soy un niño de cinco años…
-Pues como si lo fueras, se supone que deberíamos estar en camino, no disfrutando de la ciudad como dos turistas. –a estas alturas no sabía ni porqué estaba enfadado.
-Perdóname por pensar que merecías un descanso. –se acercó al rubio, hablándole como su igual. -¿Por qué no dejas de actuar como el niño de cinco años? –lo cuestiono, mirándolo con molestia.
-Recuerda tu lugar Merlin. –le advirtió, mostrándose más reticente.
-Muy bien su alteza, ¿por qué no me pone una correa para que esté atado a sus pies? –esa pregunta provocó una sonrisa irónica en el rubio. –No sé ni el motivo de esta discusión. –para el mago no tenía sentido la exasperación del príncipe.
-Porque me preocupo por ti. –el menor se quedó sin argumentos, notando hasta ese momento que la distancia era más escasa de lo que jamás en otro momento.
-No creo que debas hacerlo… es mi deber protegerte, no el tuyo… -soltó su brazos a los lados sabiendo que esa situación se tornaba un poco extraña.
-Te equivocas… -de pronto el rostro del rubio se ablandó, cerrando la distancia con el más delgado, tomándolo de un hombro y acercando su rostro a una distancia muy corta. –Eres más importante para mi de lo que crees. –el mago tragó saliva, sin dejar de mirarle, creyendo que se trataba de un sueño o algo parecido. –Merlin, hay algo que debes saber. –sus ojos estaban fijos en cada uno de ellos.
-Arthur. –aunque no fue su deseo que sonara como a súplica, ese fue el tono en que dijo el nombre de su señor y fue suficiente para que el otro actuara. Sus labios se juntaron en un delicado beso, al principio torpe, como si no encajaran, pero poco a poco encontraron la forma perfecta de acoplarse, acostumbrándose a la sensación de aquel gesto tan revelador. Sus corazones latieron más rápido que nunca, sus respiraciones se detuvieron por breves momentos y dejando de lado cualquier pretensión, se abrazaron con fuerza y aumentaron la intensidad del beso. Ahora se apretaban contra el cuerpo del otro, besándose con pasión y lujuria, como si dejaran escapar deseos reprimidos por mucho tiempo.
Ninguno de los dos supo en que momento comenzaron a desnudarse, arrojando las ropas a los confines de la habitación, acariciándose como podían, expresando sus deseos de una manera ilógica, entregándose de lleno a deseos carnales; prohibidos y oscuros pensamientos pasaron por sus mentes, sobre todo cuando sus pieles se juntaron con dureza. No hubo momentos para dilaciones, actuaron por instinto, como animales en celo, atrapándose los labios, lamiéndose, mordiéndose, tocándose, excitados desproporcionalmente, como si el orgasmo estuviera en cada uno de sus movimientos. Algunas veces sonrieron como tontos, pero sin parar de entregarse a los brazos de su amante. Por la mente del mago solo pasaba una cosa, sus sueños volviéndose realidad.
Con pasos torpes llegaron hasta una de las camas, se arrojaron sin muchos preámbulos, rodando de un lado a otro en ella, cada uno aprovechaba los momentos en que estaba sobre el otro, sin embargo, pocas veces separaban sus labios, parecía como si trataran de reponer todo el tiempo que no pudieron desenfrenarse de esa manera. Aun así, evitaban hacer mucho escándalo, sabiéndose en un lugar donde podrían ser descubiertos en cualquier momento, aunque extasiándose aún más por ese detalle, parecía más una fantasía que otra cosa. Sus cuerpos comenzaban a experimentar un calor nuevo, uno que les agradaba mucho más que encontrar la forma de explicarlo, sería su primera vez y no dudarían en aprovecharla al máximo.
De un momento a otro, Arthur se encontró sentado en la cama, con un Merlin sentado sobre sus piernas, rodeándolo con fuerza como si no quisiera soltarle, sintiendo la virilidad del chico sobre la suya, como si explotara ante el más mínimo roce de éstas, pero resistiendo lo más posible, tratando de alargar aquello el mayor tiempo posible. Hasta ese momento desconocían cuanto llevaban tocándose de esa manera, pero como si se tratara de su mero instinto, Arthur lamió dos de sus dedos y los llevó a la entrada del joven mago, aprovechando la posición y la necesidad que el chico mostraba de igual manera. Al principio solo introdujo uno de sus dedos, provocando ligeros gemidos en Merlin, pero reprimiéndolos en el cuello del rubio; después metió un segundo, hasta un tercero, logrando que luego de unos minutos, se dilatara la estrechez del mago.
-Por favor… -el más delgado soltó esas palabras con suplica, a las que Arthur no pudo oponerse y con determinación lo acomodó de tal forma que su miembro quedó dispuesto. Claramente ambos lo deseaban, así que con sus potentes brazos, levantó un poco al chico hasta dejar que él mismo y a su ritmo perdiera la virginidad. El mago pudo sentir la invasión, pero al tener la oportunidad de controlarlo y de aferrarse a la espalda del rubio, rápidamente se olvido del dolor y dio paso a una sensación de placer que no hubiera concebido ni en sus más perversas fantasías. Poco a poco empezó un sube y baja sobre Arthur, quien lo tomó de la cintura para volver más cercano el momento y para tener una vista más completa del rostro de Merlin, como si quisiera ver el placer ante tales movimientos. La cama dio pequeños rechinidos de queja, pero no les importó, siguieron con su labor, notando hasta ese momento el sudor en sus frentes, con sus cabellos pegados a la piel y los ojos sumidos en el goce.
Después de unos minutos, Merlin solo tuvo que quedarse quieto, pues fue Arthur el encargado de darle fuertes embestidas, como si quisiera marcarle para que no se olvidara de él en mucho tiempo y unos momentos más tarde, ambos se entregaron al frenesí de sus movimientos, soltándose sin reparos, sin importarles que la cama parecía estar a punto de partirse en dos. El mago se aferraba al cuello del rubio, dejándose llevar. Ambos sabían que estaban a punto del verdadero orgasmo, el momento cúspide de uno de los mayores placeres de la vida. Arthur se mantuvo constante al penetrar a su amado, mientras que el otro siguió ayudando con movimientos más fuertes, deseando que el placer no terminara.
Las cosas dejaron de ser coherentes, la cabeza les dio vueltas y sus mentes se perdieron en el limbo del sexo, aunque sus jadeos fueron reprimidos en lo posible, algunas veces dejaron escapar un grito de placer, que rápidamente se perdía en el olvido. –Estoy a punto… -habló el príncipe entre jadeos y como si ambos se pusieran de acuerdo, sus músculos se tensaron, Arthur apretó la cintura de Merlin y éste su cuello, y con un grito hacia adentro, dejaron escapar en espasmos todo el deseo, el amor y la pasión que acumularon durante todo ese tiempo, ¿cuánto?, es en lo que menos pensaron. El semen de Merlin se explayó en el abdomen del rubio, pero de momento tampoco les importó, solo se recostaron un poco, con el mago en el regazo de su señor, con los cuerpos aún sudorosos y su aliento agitado; luego de unos minutos, Arthur alcanzó las sabanas y cubrió sus cuerpos, cerrando los ojos, dormitando, al igual que Merlin.
Continuara…
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Antes que cualquier otra cosa. ¡Feliz año nuevo! Espero que se cumplan todas vuestras metas, que las cosas mejoren en todos los sentidos respecto de su familia y su persona, que vivan con alegría, paz y amor todo el tiempo que se pueda. Recuerden que las cosas grandes se logran con el trabajo bueno y sincero. Mucho éxito.
Ahora, agradecimientos especiales a Soy YO-SARIEL, princesa_tsunade y HEIDE por sus comentarios del anterior capitulo, saben que me inspiran chicos. También a quienes todavía han agregado la historia a sus alertas o favoritos, pero que no se atreven a dejarme review (no es reclamo ni nada xD) Un agradecimiento especial a Eternity Dreamer por sus amables comentarios respecto de mis otros fics y no recuerdo si éste también, pero por si las dudas. Ustedes son parte de esta historia y desde luego se las dedico con cariño y agradecimiento. Saludos y un fuerte abrazo.
