De caballeros y amantes

Una especie de siseo entre las ramas le hizo abrir los ojos de pronto, su instinto de precaución le evitó darse cuenta que su joven amante seguía en su regazo, durmiendo plácidamente, quizá entregado por completo a la seguridad que el príncipe le da; aunque por ahora ese chico rubio se preocupó mucho por el segundo sonido entre los arbustos que les rodeaban, de inmediato pensó en los caballos, así que con extremo sigilo dejó a Merlín y se puso de pie, pero manteniéndose agachado para cubrirse detrás de un árbol y entonces empezar a escudriñar la maleza del bosque, desde luego, su espada en la mano derecha.

Su astucia le valió el factor sorpresa para quien quiera que estuviera cerca de ellos, pues logró ver a una persona que salió de entre los árboles y se acercó hasta donde su amante seguía durmiendo, rodó los ojos al ver como el chico no se movía ni un ápice, lo que le demostraba su falta de precaución y nada de autoprotección; como fuera, a sabiendas de que seguiría igual, decidió actuar y salió de su escondite con tanta lentitud, que sus pies no hicieron ningún ruido, para esas alturas el hombre se inclinaba sobre el incauto Merlín.

-¿Qué crees que haces? –con la espada en el cuello del hombre Arthur hizo aparición y obligó al otro a que se detuviera. –Muéstrate. –le ordenó ya que iba completamente encapuchado, de alguna manera le recordó a los druidas que habitan en Camelot.

-¿Así es como tratas a tus amigos? –el hombre se quitó la capucha mostrando al siempre amigable Lancelot, que con media sonrisa se burló de la astucia de Arthur, que sencillamente bajó la espada al reconocerle, sintiéndose de pronto aliviado.

-Bajas la espada demasiado pronto príncipe. –entonces otra espada se alzó en el cuello del futuro rey, que volteó con cautela hasta encontrarse con un chico de mayor altura y cuerpo de guerrero. Es quizá la primera vez que alguien toma desprevenido a Arthur, después de todo es el guerrero más audaz de toda su tierra.

-Y tú eres demasiado confiado. –esta vez fue Merlín quien habló, sorprendiendo a los otros tres, que miraron al suelo, con un flacucho mago levantando una espada en dirección al recién aparecido que, además, se atrevía amenazar a su príncipe.

-¿A qué estamos jugando? –preguntó Arthur, cruzándose de brazos y mirando a los demás. A pesar de ello, se percató muy bien de la astucia del chico, pues no es la primera vez que se muestra vulnerable, pero sale con sorpresitas como ésta.

-Creo que ha sido una excepcional presentación Percival, pero nuestro amigo Merlín nos ha superado a todos. –habló Lancelot, sonriendo a su amigo e invitándolo a que cediera su amenaza, una vez que el tal Percival dejó de amenazar al rubio, fue hasta ese momento que se puso de pie y saludó con efusividad a su viejo amigo, algo que no vio con buenos ojos un ligeramente celoso Arthur.

-Me alegra que hayas acudido a mi llamado, Lancelot. –interrumpió Arthur, interponiéndose entre él y Merlín, saludando con camaradería al otro caballero, mirándolo con respeto y agradecimiento, algo que el otro correspondió de igual forma, provocando una mirada de orgullo en el mago, contento de ver cuánto respeto hay entre los dos, sobre todo al conocer de primera mano la historia que hay detrás de ellos.

-Él es Percival, mi amigo y de quien no puedo encontrar mayor lealtad. –se aprestó a decir Lancelot, señalando al chico más alto, quien con una reverencia saludó al príncipe.

-Perdone mi falta de respeto príncipe. – a pesar de que el rubio es considerablemente de menor estatura, ya ni hablar de Merlín, que en verdad lo veía mucho muy alto, el príncipe se mostró imponente. Lo saludó con normalidad, no sintiéndose afectado por la "presentación" del principio.

-Arthur, llámame Arthur. –le contestó al chico, demostrando una vez más su increíble humildad a la hora de relacionarse con sus súbditos. –Me alegro tenerles aquí y creo que es hora de continuar nuestro viaje, quizá durante este día encontremos al resto de nuestros amigos. –entonces salió la madurez del rubio, provocando que todos obedecieran ipso facto. Ellos por supuesto se dedicaron a recoger sus cosas mientras los otros dos iban por sus caballos que habían dejado algunos metros alejados, con la intención de causar verdadera sorpresa en sus amigos, lo que no resultó como realmente querían.

-¿A quién más has llamado? –preguntó Merlín, llamando la atención del príncipe que le ayudaba a recoger las mantas que tendieron la noche anterior, el rubio solo le miró y torció una sonrisa.

-Sólo a hombres de confianza. –afirmó, entre contestando y no a la pregunta del mago que lo miró con interrogación. –No tienes de qué preocuparte, estoy seguro que aprobarás a todos, entre ellos está Gwaine, para que te sientas seguro. –habló, demostrando un poco de esa actitud medio celosa de momentos antes.

-¿Noto celos en ti, Arthur? –cuestionó, aunque con un dejó de burla, pues le parecía de lo más tierno por parte de su amado.

-¿De qué hablas? –preguntó, tratando de no hacer mucha algarabía por lo mismo. –No tengo por qué estar celoso, ninguno de ellos es como yo… y estoy seguro de que ninguno podrá deslumbrarte más. –esa afirmación indignó al otro, al menos en apariencia.

-Ahora resulta que no puedo sentirme atraído por nadie más que no seas tú, por el simple hecho de que eres tú. –empezó a decir el chico, deteniendo su labor. –Y yo que creí que lo orgulloso se te había quitado. –agregó, cruzándose de brazos y mirándolo con reproche.

-El orgullo me ha defendido en muchas más ocasiones de las que quisiera admitir. –continuó, esta vez con un tono mordaz. –Aunque no podrás negar que te parece excitante mi manera de ser. –el otro abrió la boca y la cerró casi al instante. –Lo vez, me amas como soy. –sin dilaciones se acercó y lo abrazó por la cintura hasta pegarlo a su cuerpo. –Y yo te amo por los pucheros que haces, por las veces que me retas a pesar de ser tu príncipe… te amo por recordarme que soy un hombre como cualquiera. -esas palabras sin duda tenían un enorme significado, pues demostró unas de las razones por las que se ha enamorado de él.

-Arthur. –el chico intentó apartarse porque sabe que Lancelot y Percival pronto regresarán, pero Arthur no se apartó, al contrario, obligó a que el otro soltara su brazos y se dejara abrazar todavía más. –También te amo. –dijo finalmente, como si supiera que eso es lo que Arthur esperaba escuchar para que finalmente lo dejara libre, sin embargo, lejos de hacerlo, lo atrajo con su mano derecha y le dio un suave beso. De alguna forma ese momento tan íntimo fue producto de la necesidad del uno por el otro de mostrarse su amor, solo que Merlín fue más austero dadas las circunstancias.

-Estamos listos. –la voz de Lancelot los hizo separarse como dos gacelas huyendo de su presa, aunque aparentemente no vio nada, pues fue un momento después que apareció de detrás de uno de los árboles, jalando a su caballo del bozal y mostrándose con relativa normalidad. -¿Pasa algo? –preguntó, al verlos actuar con prisa, aunque lo que más llamó su atención fue la rojiza piel del mago.

-Nada en realidad. –respondió Arthur. –Vámonos. –aunque el rubio actuó con toda la normalidad, algo admirable, Merlín no fue tan inteligente y denotó que sí pasaba algo, como fuera, Lancelot no insistió en el asunto dado que claramente repercute en el príncipe y no se atrevería a hablar de más frente a él.

Así fue como los cuatro se pusieron en marcha, rebasaban ya la mitad de su trayecto, por lo que pronto empezarían a sufrir desavenencias, esas tierras cada vez se ponían más hostiles y a esa distancia el frío empezaba a calar en los huesos de los viajeros, sin embargo, el ímpetu de Arthur no les permitía quejarse en ningún momento. Durante el día hablaban de muchas trivialidades, Arthur aprovechaba incluso para conocer un poco a Percival y comprobar así que se trata de un hombre justo, leal y servil en toda la expresión, algo que le ganó su admiración; en las noches dormían en camas separadas, lo que no gustó a ninguno de los dos, aunque la insistencia de Merlín en mantener todo en secreto no les dejó otra opción; en algunas ocasiones se escapan de los otros dos y tenían contactos íntimos, como algunos besos y caricias muy pasionales.

Al séptimo día del encuentro hallaron a Gwaine teniendo problemas de faldas en uno de los pueblos en los que se detuvieron a reorganizarse y obtener más comida, tuvieron que salvarle el pellejo, aunque éste ni siquiera se los agradeció, pero pronto se unió a la causa; un día después se encontraron con Elyan, el hermano de Gwen a quien alguna vez le salvaron la vida y que debía obediencia a Arthur sin dudar, sobre todo por proteger a su hermana en muchas circunstancias. Luego de ello ya no hubo más encuentros, aunque con lo seis tenían más que suficiente según Arthur, a lo que Merlín replicó que ni un ejército entero podría destruirlos, claro, todo en señal de broma que causó la risa de todos. Un caso curioso es que Merlín no actuó como el sirviente de ninguno de ellos, de hecho, para nadie pasó desapercibido que Arthur le dio un lugar privilegiado dentro de todos ellos, lo que causó revuelo en Lancelot, que se mantuvo en silencio frente a todo ello.

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Todos seguían con los mismos ánimos, ya se sentían cerca de Geraint, pues según los cálculos de Arthur les quedaba menos de una semana de camino, lo que causó cierta alegría en Merlín, pues el recorrido fue en menos tiempo del que esperaban, al parecer ser pocos y haber llegado desde distintos puntos fue suficiente para apresurar el viaje. Llegó el anochecer, cuando llegaron a otro de los pueblos, Thome, el clima a esas alturas ya es más frío del que están acostumbrados, aunque lo que realmente les causó estupor fue que no se escuchaba mucho ruido en las casas y mientras avanzaron entre las maltrechas calles podían oír puertas y ventanas cerrándose, el crepitar de los caballos pareció ser más fuerte que en otras ocasiones, aunque en realidad fue normal.

-¿Por qué tengo un mal presentimiento? –habló Gwaine y el resto sólo le miró, aunque causó preocupación en Arthur, que con lentitud se colocó al lado de Merlín, quien simplemente correspondió con la mirada. Avanzaron un poco más, hasta que un viento helado los hizo erizarse como pocas veces.

-Algo no está bien. –habló Merlín, acercándose todo lo posible al caballo de Arthur. -¿Recuerdas cuando viajamos al pueblo de mi madre? –preguntó a su amante, susurrando lo más cerca del otro, armándose de valor, pues siempre ha estado decidido a proteger al príncipe, mucho más ahora que las cosas han resultado muy bien con él.

-Es precisamente lo que se me vino a la mente. –respondió, pero por más que sus pensamientos parecían nefastos nada sucedió, aunque no encontraron ninguna posada abierta, lo que sin duda los llevaría a acampar hasta el otro lado del pueblo, esa decisión la tuvo el líder de todos ellos casi desde que llegaron, más como presentimiento que por otra cosa, aunque fuese la opción menos factible. Así fue como bajaron de los caballos y se pusieron prontos a sus lechos de esa noche, ninguno de ellos hablaba, casi como si algo les evitara decirse algo alentador, de hecho, hasta empezaron a sentirse más desanimados que nunca.

De la fogata se encargó Gwaine y Merlín, mientras que de las camas cada quien se hizo responsable, aunque para Arthur fue un placer preparar la de Merlín muy cerca de la suya; de alguna forma todos quedaron en círculo a la fogata y lo más cerca posible, pues el frío calaba demasiado en sus pies y manos; Lancelot y Percival ataron a los caballos cerca de donde todos y se aseguraron que ninguno de ellos pudiera alejarse mucho o huir y perderse. Luego de media hora todos se encontraron listos para dormir.

-Merlín y yo nos encargaremos de la primera guardia. –habló Arthur con determinación, a lo que nadie pudo refutar, así que pronto se pusieron a dormitar esperando que nada perturbara su sueño, los dos amantes se sentaron en dos rocas cerca de la fogata, por unos minutos estuvieron en silencio, uno cómplice, pues esperaban a que todos estuvieran lo suficientemente adormilados como para no escuchar nada de lo que pudiesen hablar. Fue Arthur quien decidió romper su alejamiento y tomó la mano del joven mago entre las suyas.

-¿Desde cuándo me amas, Arthur? –no supo por qué hizo esa pregunta el sirviente, pues fue su corazón quien expresó aquella curiosidad, sin que su mente pudiera razonarla e impedir que su boca terminara de hacerla.

-No lo sé con exactitud. –respondió el rubio sin dudar. –Quizá desde el momento en que te conocí, cuando tuvimos aquel percance en el mercado y defendiste a nuestro bufón del día, convirtiéndote claro en mi nueva obsesión. –rió ante sus propias palabras, pues ahora mismo comprendía que ambos estaban destinado desde el principio. –Es realmente curioso, no sé si coincidencia, pero a partir de ese momento no dejaste mis pensamientos. –lo miró con ternura y Merlín correspondió.

-Tenías una manera muy particular de demostrarlo. –siguió el mago, aunque no como reproche, sino más bien como observación y con un tono gracioso.

-Tenía que buscar alguna forma de llamarte, aunque tal vez jamás elegí las correctas, pero vamos, no podía admitir lo mucho que amo tu inocencia, tu torpeza y hasta tu fragilidad. –acarició su mano y lo jaló a él con suavidad, depositando un tierno y rápido beso en los labios del menor. –Ahora eso ya no me importa. –para Merlín fue claro el cambio de Arthur, hablarle de esa forma respondía a su nueva necesidad de amor por él. Cada vez que se separan les da un repentino frío, quizá por el hecho de que no se sienten cómodos si no están lo más juntos posible.

-Me haces sentir… ya sabes… especial. –el mago se avergonzó como nunca y sus mejillas lo demostraron al sonrojarse sobremanera, lo que causó ternura en Arthur que no se contuvo a dar un segundo beso que de pronto fue interrumpido por un fuerte jalón que los sometió con dureza y rapidez.

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Merlín abrió los ojos con dificultad, encontrándose maniatado y amordazado, la preocupación lo invadió y busco al príncipe encontrándolo frente a él y en la misma posición, por fortuna consciente, y aunque trataron de zafarse del amarre ninguno tuvo éxito. Se dieron cuenta que estaban frente a una hoguera, pero no la misma en la que estaban antes de perder el conocimiento, ésta es diferente y en tonos más coloridos que los comunes, como si las ramas que arden fueran de árboles diferentes, incluso el olor que desprenden al quemarse es diferente. No pudieron hablarse y en el momento en que intentaron ayudarse el sonido de unos pasos acercándose los detuvo.

-Hace mucho tiempo que deseaba conocerte. –apareció entonces un hombre adulto con ropas muy típicas de un druida, su aspecto parecía sereno, menos hostil de lo que ninguno de los dos esperaba. –Las leyendas cobran vida en ti y la esperanza de un mundo mejor resurge de entre las tinieblas, Albión será bendita como raras veces ocurre. –el hombre se detuvo frente a la fogata y pareció mirar el fuego, de pronto, con un solo movimiento de sus manos las mordazas desaparecieron.

-Estás ciego. –fueron las primeras palabras de Arthur, lo que no sorprendió a Merlín quien también se percató, el hombre solo asintió. –No sé de qué hablas, pero no sabes lo que estás haciendo y te exijo que nos liberes al instante. –las palabras del rubio fueron duras y contundentes, pero el hombre solo soltó un bufido.

-La educación de tu padre ha sido incorrecta por muchos años y tu diplomacia ha fallado una vez más. –respondió. –Pero no es eso lo que me preocupa, pues la razón de que cambies tus actitudes está con nosotros. –por instinto la mirada del rubio se posó en Merlín, que no demostró nada más que preocupación, pues en su mente se debatía una lucha tremenda, pues sabe que seguramente su magia saldría a relucir en cualquier momento, lo que complicaría todo y eso es lo que más teme.

-Tú no sabes nada de nosotros. –respondió Arthur otra vez, pensando que Merlín se callaba por temor a provocar al secuestrador que obviamente usa magia. –Yo no tengo nada en contra de los druidas, tampoco en la magia, así que te pido que al menos liberes a Merlín. –de alguna forma presentía de lo que se trata todo ello y si está en lo correcto, lo mejor es hablar directamente.

-¡Deberías matarlo! –la voz aguda de una mujer resonó a su alrededor y no fue hasta que apareció del otro lado que ambos descubrieron su forma. –El ejemplo de su padre condenó a toda esta tierra, ¿acaso crees que él será diferente? –notaron que la mujer vestía en ropas más viejas y sucias, aunque en general se notaba de la misma forma.

-Él no es igual a su padre. –respondió el hombre, sin perder la calma, como si sólo se hubiese encontrado con una vieja conocida. –Tu temor es lo que realmente podría condenar nuestro futuro. –sentenció, aunque Merlín pudo notar el cambio de tono en su voz, fue menos respetuoso que al principio.

-El futuro es incierto Vortigern y nada de lo que hagas evitará nuestra extinción. –se giró al rubio y lejos de mirarlo con desprecio, lo miró con un odio de muerte. –Su juventud es nuestra ventaja y debemos asesinarlo. –dio unos pasos amenazantes hacia Arthur con la firme intención de hacerle daño.

-¡No! –el grito de Merlín detuvo la acción de la mujer y provocó una imperceptible sonrisa en el druida.

-¿Crees que evitaras que nos mate a todos? Incluyéndote desde luego. –le respondió la mujer, estirando un brazos y levantando por los aires la espada de Arthur, que hasta ese momento apareció cerca de la fogata, incluidas otras de sus armas. –Atravesaré su corazón de una sola vez y te aseguro que no sufrirá, a pesar de que se lo merece. –Arthur tragó saliva, pero no tuvo miedo, incluso le dedicó una mirada que trató de tranquilizar al mago. La espada se detuvo unos momentos en el fuego y luego salió disparada en dirección a Arthur.

Continuara…

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Listo, otro capítulo. Agradecimientos a quienes han agregado la historia a sus alertas y/o a sus favoritos. Un saludo especial a quienes han dejado comentarios: Audrey Holmes, también me encantan estos "cabezotas"; Soy YO-SARIEL, como habrás notado hay más cursilería, pero vamos, ¿no actúan así los enamorados? xD; a Rainbullets, te agradezco tu comentario, es agradable saber que mis fics hacen sentir bien a los demás, sobre todo en momentos tristes, aunque ahora mismo hay algo de drama xD; Y a Youko Saiyo, listo, actualizado y espero te guste xD. No duden en decirme cómo va sucediendo la historia y qué les gusta y qué no, eso me ayuda a darle mejor rumbo a la historia. Saludos y abrazos.