Pruebas
La conciencia vino a él tan de súbito como la había perdido, al principio se sintió dolorido por todas partes, pero eso dejó de importarle cuando a su alrededor se encontró con la misma neblina que los cubrió horas atrás, pero con la luz del día esta vez. Se levantó con lentitud y pesadez notando su armadura puesta, al principio pensó en avanzar pero su sensatez lo detuvo. -¡Merlin! –gritó con fuerza y sólo escuchó el eco de su voz, como si estuviera en un espacio muy grande, un cañón tal vez. -¡Merlin! –volvió a llamar, esta vez con un poco más de desesperación.
-¡Arthur! –el repentino grito del susodicho de inmediato lo hizo parar las orejas. -¡Arthur! –el llamado desesperado del sirviente le hizo soltar a la carrera tratando de averiguar de dónde proviene el ruido, pudo ver entonces que el suelo está cubierto de césped muy verde y frondoso, lo que fue raro dado que no ha visto tierras tan vivas en mucho tiempo.
-¿Dónde estás? –preguntó con un nuevo grito, empezando a sentirse frustrado de no encontrarlo con la rapidez con que le gustan las cosas. -¡¿Merlin?! –exclamó al no escuchar una respuesta pronta. -¡Merlin! –de algún modo eso fue desesperante, temiendo por la seguridad de su joven amante y no encontrarle le está preocupando de más.
-Hola Arthur. –de pronto una voz familiar a sus espaldas lo hizo girarse hasta encontrarse con Lancelot, aunque su rostro no mostraba preocupación, más bien satisfacción.
-Lancelot… escuché a Merlin. –apenas le dedicó una mirada desinteresada al que pudo ser su caballero en otro tiempo. –Debemos encontrarlo, me preocupa su estado. –esa fue una orden directa, algo que hizo con naturalidad pues tiene la costumbre de hacerlo y, si mal no se equivoca, él es el líder de esa misión, así que tendría que obedecerle sin objeciones, mucho menos al saber que es su amigo el que está en peligro, una amistad que a veces le provoca celos.
-¿Para qué, para follártelo? –esas palabras, que nunca se hubiera esperado de él, lo hicieron volverse y enfrentarlo con una mirada que podría helar a cualquiera, sin embargo, el otro ni siquiera se inmutó, todo lo contrario. –Vamos, no somos tontos, sabemos lo suyo… y es repugnante. –el príncipe se mostró rápidamente molesto.
-No te atrevas a seguir, o pagarás caro tu insolencia. –sin preámbulos llevó su mano a la empuñadura de su espada, mostrándose amenazante, pues no permitiría bajo ninguna circunstancia que alguien se burlara de su amor por Merlin.
-Igual que tu padre, pero ese es tu error, sus patéticas costumbres es lo que sentenciará tu reino también, no eres diferente a él. –siguió el casi caballero. –Pero dime, ¿qué te hace creer que aceptará tu lío con un sirviente, que además resulta ser hombre y que obviamente no puede darte herederos? –esas preguntas no fueron ofensivas, pero sí obvias y que, aunque Arthur no las dice abiertamente, las tiene constantes dentro de su subconsciente. -Tu pueblo se sentirá traicionado y te dará la espalda, no habrá quien quiera inclinarse ante un rey que los dejará a la deriva. –empezó a moverse alrededor de Arthur.
-No continúes, no quiero arrepentirme de haberte dejado con vida. –advirtió el rubio, temiendo en verdad que el otro siguiera con sus palabras.
-Eres patético. –continuó sin hacerle caso. –No sólo condenas a tu pueblo, sino a ti mismo también, porque sabes, el amor entre hombres está condenado; en el futuro no habrá quien acepte lo que a ojos divinos no está permitido, va contra el plan original. –esas palabras no parecían propias del hombre que conoció Arthur, de hecho, no pensó que tuviera semejante forma de hablar.
-Lancelot no hablaría de esta forma, ¿quién eres? –el otro de pronto se echó a reír.
-Vaya, vaya, no eres tan imbécil como pensé. –la imagen del hombre empezó a desfigurarse hasta que frente a él una mujer de aspecto nada agradable se impuso al rubio y trató de amedrentarlo con una burla no eficaz. –De cualquier manera, ¿qué te hace pensar que Merlin es lo que aparenta? Hay cosas que no sabes de él. –esta vez su rostro se volvió contrito, pero el príncipe no se intimidó.
-Sé lo suficiente para afirmar que lo amo y nada ni nadie evitará que siga siendo así. –bajo ninguna circunstancia dudará de sus convicciones, mucho menos ahora que tiene la idea de que todo está mucho mejor ya que ha aceptado sus sentimientos.
-Pobre Arthur, tan inocente. –la mujer movió una de sus manos y despejó un poco de la neblina, sólo para mostrar a Merlin y Gwaine completamente desnudos y besándose con efusividad, Arthur se quedó helado al principio, pero su sensatez y sabiduría lo previnieron, sencillamente apartó la mirada y la concentró en la mujer.
-Eres una hechicera. –afirmó. –No creeré nada que muestres, eres tan vil como muchos que practican la antigua religión. –aunque la magia sigue estando prohibida en Camelot, Arthur ha sido menos reticente en aceptar que no importa ese arte como tal, sino la persona que los tiene bajo su control, es decir, la magia no es mala por sí misma, sino quienes la practican con fines nefastos.
-¿Vileza? Tu padre es de quien hablas, porque no ha existido hombre más vil e hipócrita. –exclamó la hechicera mostrándose molesta, lo que hizo notar algo al príncipe, pues ella se tambaleó, al parecer encontró su punto débil, uno que mostró sin darse cuenta.
-Tal vez. –respondió con indiferencia, al final de cuentas siente que puede hablar con toda libertad. –Pero han respondido de la misma forma, mi padre es tan indigno como ustedes, ninguno trató de persuadirle de otra forma, sencillamente entraron a su guerra y lo declararon su enemigo… ¿se dicen sabios? Yo no lo creo. –eso provocó la furia de la mujer que arremetió sin contemplaciones contra el rubio lanzándolo por los aires.
-Un día te darás cuenta de la verdad y te acordarás de mí, Pendragon. –la mujer levantó sus manos y recitó unas palabras que Arthur no comprendió, al segundo de terminar sus ojos brillaron en un intenso amarillo que pronto fue olvidado cuando el cielo empezó a rasgarse, una luz enceguecedora lo envolvió por todos lados hasta el punto de creer que perdía el conocimiento, pero esta vez escuchó muchas veces su nombre como un eco interminable y al reconocer la voz de Merlin, tuvo esperanza.
-o-
Cuando el príncipe abrió los ojos se encontró con el rostro del mago que repentinamente pareció aliviado, al principio intentó pronunciar su preocupación, pero su voz no salió como hubiera querido y con un gemido intentó incorporarse, siendo ayudado por su amante. Una vez que estuvo de pie se encontró en el bosque en el que acampaban, aunque el resto seguía durmiendo.
-¿Estás bien? –preguntó el joven hechicero, aunque Arthur sólo asintió, pues seguía confundido y desconfiado de que aquello fuera la realidad. –Soy yo, te lo aseguro… has superado la prueba. –entonces el príncipe frunció el entrecejo y lo encaró.
-¿De qué prueba hablas?
-Mira. –señaló alrededor y se encontró con que una decena de rocas del tamaño de un hombre los rodeaban, pero su interés aumentó cuando vio en ellas líneas que asemejaban a runas o al menos eso creyó.
-Gaius me enseñó un poco de esto, creo que dice: Los hombres sueñan y en esos sueños esconden sus miedos más profundos, leerlos es el objetivo y usarlos en su contra es la meta. El resto creo que son hechizos. –el mago se acercó a Arthur como temiendo que algo en él hubiera cambiado o pensando que tal vez habría visto algo terrible. -¿Qué viste? –preguntó sin dilaciones.
-Lo que has dicho, mis miedos. –entonces el rubio pareció empezarse a convencer y sonrió para darle tranquilidad al otro, atreviéndose a tomarlo de los hombros y verificar que él también estuviera bien. –La niebla debió confundirnos y caímos irremediablemente en este lugar. –se giró a los demás y su rostro volvió a preocuparse.
-Creo que estarán bien mientras se superen a sí mismos. –se adelantó a decirle. –Este lugar no daña físicamente, pero tal vez lo haga en el interior. –torció un gesto que le preocupó sobremanera al otro.
-¿Qué ha pasado en tu sueño? –se atrevió a preguntar, esta vez más cerca, sin importarle que cualquiera de los otros pudiera despertar en cualquier momento. Merlin se quedó en silencio e inevitablemente empezó a llorar.
-Te vi morir Arthur. –la conmoción de aquellas palabras hicieron que el príncipe terminara la distancia y lo abrazara con fuerza.
-Tranquilo, no debes temer, no moriré, no en muchos años al menos. –esa ternura sólo es entregada a quien más ama, en cualquier otro momento sencillamente le habría dado un golpe en el hombro y se habría burlado en apariencia. –Son sólo miedos y no debemos aferrarnos a ellos, la vida tiene un propósito y no debemos pasar la vida con preocupación. –se alejó un poco y con toda la normalidad le dio un beso.
-Tu sabiduría acrecienta mi fe en ti. –afirmó el menor, luego de corresponder el beso. –Debemos ayudarles. –con lentitud se separó del cuerpo del príncipe y fue directo a donde Lancelot, el príncipe sintió una ligera punzada pero la ignoró lo más pronto posible, sabiendo que aquella pesadilla solo merecía ser borrada de su mente, pues confía en Merlin, jamás dudaría de él. Así fue como poco a poco lograron despertar a los caballeros, todos parecían confundidos, sobre todo Gwaine, que se puso más pálido de lo normal, lo que hizo pensar a los demás lo difícil que debió ser enfrentarse a sí mismo. Aunque en realidad todos padecieron de igual forma.
Nadie comentó sus frustraciones, mucho menos de las personas que estuvieron en sus sueños, tal vez porque creyeron que sólo se trató de su mera imaginación; volvieron a montar sus caballos y a continuar su camino, no tenían ganas de dormir, sobre todo por el miedo a sufrir nuevas pesadillas. Entre ellos, sólo Arthur pareció indiferente a lo recién ocurrido, su rostro, impávido y valeroso como de costumbre, les dio la fortaleza que necesitaban. No hablaron mucho durante la nueva jornada, a medio día comieron con normalidad y se pusieron en marcha otra vez, para todos estaba volviéndose rutinario. Merlin no se despegaba de Arthur y casi siempre iba tras él, sin embargo, en un momento se distrajo y se retrasó un poco, sólo hasta que Lancelot lo alcanzara.
-¿Has visto algo? –preguntó al mago con intriga, observando a su alrededor.
-Aguarda. –le respondió, bajándose de su caballo y entrando en la maleza sin perder mucho tiempo, se puso a mirar con mayor detenimiento hasta que encontró lo que buscaba, unas hierbas muy conocidas gracias a Gaius y con propiedades de curación muy efectivas contra venenos poderosos, incluso maldiciones. –Esto es suerte. –atinó a decir, sonriendo ampliamente.
-Ya lo creo que sí. –apenas soltó un bufido de gusto, había pensado que tal vez se tratara de algo más interesante.
-Si una maldición cae sobre ti, ten la seguridad de que esto te salvará la vida. –agregó el mago, guardando las hierbas y subiendo a su caballo. –Lo que menos quiere Arthur es perder a uno de nosotros y menos si desconocemos a lo que nos enfrentamos. –el rezago fue mayor con la palabrería de Merlin, hasta que estuvieron a varios metros de la pequeña caravana, lo suficiente para no ser escuchados, lo que pareció conformar a Lancelot.
-Mucho menos a ti. –la repentina frase del caballero conmocionó al mago que le miró con detenimiento. -¿Crees que son ciego, Merlin? –preguntó, sonriendo de lado. –Siempre supe que sentías algo por el príncipe, aunque temí que no fueras correspondido, lo que a la larga te atraería dolor y sufrimiento… me alegra ver que no es así. –el sonrojo del chico fue descomunal, sonriendo como idiota y tratando de ocultar su mirada a la inquisitiva de Lancelot.
-Tampoco… tampoco creí ser correspondido alguna vez. –admitió luego de unos momentos, ocultarle algo así a su amigo no tiene sentido. –Pero, tengo miedo… no sé si funcione. –esta vez tuvo la necesidad de consejo, desde que admitieron sus sentimientos a nadie se lo ha contado y ahora parece tener una oportunidad, una que aprovechará.
-No es necesario, digo, habrá dificultades, siempre las hay, pero si el amor que se profesan es verdadero siempre superarán esas vicisitudes. –la sinceridad con que el caballero empezó a hablar causó emoción en Merlin. –Sus ojos los delatan, cada vez que se miran se profesan profundo amor, sobre todo ahora, no he visto jamás semejante necesidad del uno por el otro. –esas palabras avergonzaron al menor, pero se sintió orgulloso de sí mismo. –No podrán ocultarlo a nadie y después de esto, te aseguro que tendrán que enfrentarse a todos, incluido el padre de Arthur. –eso volvió serio el rostro del mago.
-Lo sé. –no pudo contestar algo diferente, entristeciéndose un poco por semejante destino. Iba a continuar, pero justo en eso los demás caballeros aparecieron en el camino, Arthur decidió parar a esperarlos, en su rostro se notaba desconcierto por la repentina desaparición de su amante y uno de sus caballeros. Merlin se adelantó hasta donde el príncipe y le mostró lo encontrado, ante ello el rubio puso cara de orgullo y decidió continuar, no sin antes mirar a Lancelot que sencillamente le dedicó un asentimiento de respeto, correspondiendo de la misma forma.
Cuando la noche llegó se prepararon una fogata, verificando que no hubiera cosas raras alrededor y no tuvieran que pasar por lo mismo que antes, ninguno durmió con demasiada facilidad, al menos en un principio, pues a escondidas el joven mago decidió soltar un hechizo que les dio calma a las mentes de todos, incluida la de Arthur. Para nadie fue sorprendente que la primera guardia la hicieran el príncipe y su sirviente, mucho menos que se apartaran un poco de los demás y hablaran en voz baja; el disimulo en su relación se volvía cada vez más laxo y los demás empezaban a hablar entre sí sobre aquello, por fortuna, nadie se sentía ofendido o lo veía como algo imposible, antes bien, se sentían contentos por los otros dos. Al medio día del siguiente día llegaron a Derbeint, lo que les hizo sentirse aliviados, pues dormirían otra vez en camas.
-Los veo mañana temprano para continuar, cada quien es libre de ir a donde le plazca. –dijo Arthur una vez que estuvieron en el hostal donde pasarían la noche. –Sus habitaciones ya están pagadas. –agregó, aunque los demás no esperaban menos. Tal vez irían a una misión extraña, pero por lo menos aprovecharían la riqueza de Arthur antes de cualquier batalla. Todos se pusieron prestos para aprovechar la noche, apenas dejaron los caballos y sus cosas se pusieron a recorrer el pueblo, de alguna forma fue estratégico para pasar desapercibidos, aunque muchos siempre mantenían el sospechosismo sobre cualquier viajero.
Durante el resto de la tarde Arthur y Merlin pasearon juntos por el pueblo, al nadie conocer sus identidades, fue fácil deambular y observar la cultura de reinos más allá de Camelot; esas tierras, aunque poco conocidas, pertenecen a aliados a los que no avisaron de su paso, por mera precaución. Hablaron de muchas cosas, sobre todo de lo que Arthur sueña con hacer con su pueblo, crecer no sólo económicamente, lo que por cierto su padre ha logrado bastante bien; también quiere ver un mundo unido en paz y bien fortalecido. Esos sueños parecían muy utópicos, pero Merlin los secundó, deseando que así fuera, pensando claro en que la magia sería admitida por el rubio y ya no sería vetada para nadie. Los buenos consejos del mago salieron a relucir en varias ocasiones, logrando que Arthur le amara un poco más cada vez que lo escuchaba, atreviéndose el rubio a afirmar que "juntos crearán un nuevo mundo".
La gente del lugar les miraba con recelo, pero nadie se atrevía a decirles nada, mucho menos a acercarse, eso causó intriga en Merlin, pero no dijo nada. Por la noche la joven pareja fue en busca de sus amigos a la taberna más popular de la ciudad, no fue difícil encontrarlos, mucho menos por el escándalo de Gwaine y Percival que sorpresivamente parecieron llevarse mucho mejor con una cervezas bebidas sin miramientos. El ambiente los distrajo de la tensión del viaje y pronto se enfrascaron en charlas sin sentido y juegos en los que Merlin nunca perdió, atrayendo la atención de los lugareños quienes se vieron fascinados por la suerte de tan enclenque muchacho. Sólo Merlin no bebía esa noche y Arthur se mantenía lo más sobrio posible, el resto disfrutaba de cada trago.
Unas chicas, impresionadas por el carisma del joven mago, se acercaron a él una vez que todos los demás parecían distraídos en sus propios asuntos, es decir, compitiendo por saber quién bebe un tarro de cerveza más rápido. –Pero que suertudo eres. –dijo una de ellas, de aspecto risueño y sonrisa descarada. -¿Por qué no vienes con nosotras? Podríamos aumentar tu suerte. –Merlin, que en ese momento estaba tranquilo, casi se atraganta por la sorpresa, sonriendo como tonto y sonrojándose como nunca por semejante invitación.
-Eh, no, no… gracias. –respondió con cautela, tratando de alejarse de ellas, pero estas se atrevieron a tomarlo de las manos y jalarlo hacia otro lado. –De verdad, no es necesario. –trató de usar toda la fuerza pero le fue posible.
-Cariño, estoy seguro que te agradará. –insistió la segunda, esta vez con un tono demasiado meloso y suplicante. Halándolo con mayor vehemencia, empezaron a alejarlo de los demás, al grado de tenerlo casi fuera de la taberna, eso empezó a preocuparle al mago, quien miró al grupo de sus amigos, sobre todo a Arthur, pero todos seguían enfrascados en su diversión.
-Sólo queremos festejar tus victorias. –el chico quiso gritar al príncipe, pero lo que menos quiere es sentirse como una niña indefensa que debe estar bajo la protección de su amante, así que siguió luchando por ser soltado, pero la fuerza de aquellas mujeres fue mayor cada vez y cuando menos se dio cuenta se encontró en el sueño de la calle debido a la fuerza con que lo halaron de una sola vez.
-Me temo que no soy el tipo de chico que buscan. –se atrevió a decir, observando como las otras dos se reían de su caída. Se levantó lo más rápido que pudo y se sacudió las ropas, cuando levantó la mirada las dos mujeres le miraban con vehemencia, eso le causó extrañeza. -¿Pasa algo? –preguntó, pero las otras dos sólo se atrevieron a soltar un grito ensordecedor y de pronto empezó a ser atacado por dos enormes arpías.
Sus pies apenas le alcanzaron para correr por la calle y sin rumbo fijo, sólo tratando de ponerse a salvo de las criaturas; lo espeluznante que se veían fue suficiente para huir despavorido entre las calles, escuchando palabras en la lengua antigua, como si trataran ponerse de acuerdo para acorralarle y atraparle de una vez. Mientras corría pudo sentir por la espalda un fuerte tirón que lo hizo levantarse por los aires, por fortuna pudo resbalar los brazos de su chaqueta y volver al suelo, aunque no con mucha delicadeza.
-No llegarán Emrys, este mundo está condenado al fracaso y ni tú ni nadie podrá evitarlo. –la voz de una de las arpías, más áspera y ruda que cuando se veía como una simple mujer, resonó desde el cielo, en alguna parte que no pudo ubicar. Pudo escuchar los aleteos fuertes y rudos contra el viento, pero parecía que provenían de todos lados, así que sencillamente se arrastró con agilidad hasta sentirse seguro debajo del techo de una casa. Curiosamente nadie en el pueblo pareció notar el ataque.
Cuando creía estar a salvo asomó su cabeza al cielo, sólo para encontrarse con que una de ellas lo esperaba salir y apenas rugió con agudeza se lanzó contra el pobre chico que fue sostenido desde los hombros, no pudo evitar soltar un grito de dolor al sentir las garras del ser enterrándose en su piel, ni siquiera pudo intentar lanzar un hechizo porque el dolor le evitó pensar qué conjuro usar, ni siquiera sus frenéticos movimientos evitaron que lo levantara por los aires, dispuesta a capturarlo. El mago pensó que sería su fin, sin embargo, un grito nuevo y desgarrador surcó por los cielos y apenas levantó la mirada vio una lanza clavada en el costado de la arpía; agradeció por un instante, pero luego se arrepintió cuando fue soltado a una altura considerable, el viento pasó por su rostro con velocidad y en menos de lo que creyó se halló en el suelo tratando de no gritar de dolor.
-¡Merlin! –la voz asustada de Arthur le hizo sentirse aliviado, pero no lo suficiente para mitigar el dolor físico. Junto al rubio llegaron el resto de caballeros, todos con el rostro de espanto y más blancos que la luna iluminando su rostro, incluso parecían sobrios otra vez.
-Arthur. –la voz del mago fue lastimera y apenas pudo percibir cómo el príncipe lo sostenía en su regazo, después todo fue oscuridad. En su mente se perdió la realidad, hasta que pronto lo asaltaron sueños extraños, unos en los que Camelot era atacado y Morgana se alzaba como la nueva reina de todas esas tierras; él se vio como simple espectador de todo ello, con un Uther capturado y tratado como delincuente, encerrado en las mazmorras junto a Gaius. Se formó un nudo en la garganta del chico y temió que todo aquello estuviera ocurriendo en verdad.
-o-
Cuando despertó recordó casi de inmediato lo sucedido, quiso incorporarse pero el dolor en sus hombros lo evitó, al abrir los ojos se encontró con una habitación desconocido y bastante bien arreglada, lo suficiente para afirmar que no se trata de alguien pobre. De inmediato saltaron a su mente las arpías y de cómo alguien atacó a una de ellas, aunque su mayor preocupación fue Arthur, muy a pesar de su estado. No pasó mucho tiempo para que empezara a obtener respuestas, una chica rubia y de aspecto amable entró a su habitación, se notaba tensa, pero al mismo tiempo aliviada de ver despertar al joven mago.
-Te has recuperado con rapidez. –habló la chica, sonando muy dulce a la vista, aunque creando desconfianza en el mago, quien la noche anterior fue engatusado de la misma forma. –Descuida, no soy una arpía, te lo aseguro. –la sonrisa amable de la chica le dio cierta tranquilidad. –Eres el primero que sobrevive a un ataque. –dijo después, sentándose a su lado y revisando las heridas de su hombro, quitando la vendas con suavidad, vendas que por supuesto fueron puestas durante su inconciencia.
-¿Dónde está Arthur? –fue la inmediata pregunta, ni siquiera agradeció el gesto de la muchacha, demostrando su amor por el príncipe de una forma que pocos podrían entender; la rubia sonrió un poco y colocó las vendas en su lugar.
-Descuida, está bien… no se ha despegado de ti en ningún momento. –respondió, moviendo la cabeza a un lado, señalando la esquina de la habitación, ahí yacía el príncipe, recostado en una silla y recargando su cabeza en la pared. –Debe haberse dormido hace un momento. –ahora cayó en la cuenta del porqué la chica hablaba con demasiada suavidad. –Antes de que preguntes por tus amigos, te aseguro siguen con vida, herir a esa bestia les dio la ventaja de hacerlas huir y ojalá que no vuelvan nunca. –esta vez la mujer entristeció su rostro.
-¿Cuántas veces han atacado? –sus cavilaciones lo llevaron de inmediato a hipótesis, no tan descabelladas, pues ya antes ha sucedido que cosas extrañas suceden en los pueblos remotos.
-Hace tres meses fue el primero… aunque todo empeoró cuando uno a uno nuestros mejores soldados desaparecieron, los ataques se volvieron más constantes, sobre todo ahora que el pueblo es más vulnerable, por eso es que nadie sale durante las noches. –se notó la intensa preocupación. –Supongo que nadie te advirtió. –el chico negó con la cabeza. –Creo que es normal, todos tenemos miedo y procuramos mantenernos a salvo nosotros mismos. –torció un gesto desaprobatorio. –No estoy de acuerdo, pero la mayoría prefiere que sean viajeros y no sus familias. –de alguna forma pareció disculparse.
-Descuida, comprendo. –afirmó. Justo en ese momento el príncipe pareció despertarse, casi como si se lamentara haber cerrado los ojos por un segundo.
-Has despertado. –los ojos del rubio no disimularon la intensa felicidad, tal fue su reacción que ni siquiera reparó cuando la mujer se levantó y le hizo espacio para que se sentara en el lugar que ocupaba. Apenas estuvo cerca del mago lo tomó de la mano. –Me has dado un gran susto. –admitió, pero pronto se calló, lo que menos quiere es mostrar esa sensibilidad frente a alguien que no sea Merlin.
-Los dejaré solos y descuida joven príncipe, su amigo está mucho mejor. –con una inclinación ligera salió de la habitación. Merlin cuestionó a Arthur con la mirada.
-Tuve que usar mi posición para que alguien viera por ti, por suerte es discreta y ha sabido callar ante los demás. –sin dudar un segundo acarició la mejilla del menor. –Me has dado un gran susto… otro más. –ambos rieron ante el recuerdo de su travesía, no podían creer que han sufrido más desperfectos que en muchos de sus otros viajes.
-Esas arpías, trataron de asesinarme y me advirtieron de continuar. –se apresuró a decir, siendo feliz de recibir semejante atención de Arthur, pero esperando ser claros en su misión.
-Y por eso es que no debemos detenernos, Geraint está a tres días más si aplicamos velocidad, y por eso mismo es que he decidido que debes quedarte aquí. –el rostro del joven mago de sumió en la sorpresa, sus ojos se abrieron de par en par, al parecer la preocupación de Arthur le pedía no poner más en riesgo a Merlin. -No quiero que algo más te pase, no me arriesgaré a perderte. –la contundencia del príncipe no fue del agrado de Merlin, quien de inmediato empezó a imaginar la manera de deshacer sus argumentos, él no se iría sin él, no mientras siguiera con vida. Sus miradas se encontraron, casi como si estuvieran a punto de iniciar su primera discusión como pareja, ninguno de los dos estaría dispuesto a ceder al otro, no si se trata de protegerse.
-Jamás me he apartado de ti antes Arthur, no lo haré ahora. –el rostro del rubio se llenó de orgullo y amor atreviéndose a besarle con efusividad y pasión, una vez que estuvieron separados y con las respiraciones un tanto agitadas se miraron, no hubo más palabras, ni siquiera reproches o intentos de persuasión; se conocen tanto, que ya ni siquiera necesitan expresar todo lo que piensan. Se sonrieron. Bien pudieron expresarse su amor, pero en ese momento apareció Lancelot y el resto de los caballeros, todos con los rostros aliviados al enterarse de la suerte de Merlin.
-Es hora. –Arthur se levantó y como el digno príncipe que es se recompuso en una posición de increíble fortaleza. –Estos ataques no son coincidencia y me temo que los pueblos cercanos a Geraint sufren la misma suerte. –había hablado con la mujer por mucho tiempo y las cosas que le platicó le dieron certeza a sus futuras decisiones. –Partiremos ahora mismo. –algunos miraron al sirviente con preocupación, pensando que quizá sufriría el viaje, pero Arthur los ignoró, pues conoce al chico y aunque quisiera dejarlo por su seguridad, el otro no desistiría y sería capaz hasta de ir tras ellos a hurtadillas. Nadie objetó nada y se dispusieron al viaje.
Continuará…
-o-
Ok, lamento la tardanza, pero heme aquí con otro capítulo. Me disculpo con todo, he recibido una cantidad muy alentadora de mensajes y para compensarlos alargué más este capítulo, a fin de que la historia sea más explícita y pronto pueda concluirla, aunque aún no tengo determinado el número de capítulos totales. Esta vez han sido muchos reviews y me encantaría responder a cada uno, pero tomaría mucho tiempo, a la mayoría les respondo, excepto a los que no tienen cuenta, aunque les agradezco mucho a ustedes también por la molestia. Espero sigan ahí. Un abrazo.
