Disclaimer applied
El albedrío de los condenados
Capítulo 6: Konoha ¡No!
Sasuke había decidido que ya había dormido lo suficiente por esa noche. Lo cierto es que dudaba de haber podido conciliar el sueño aunque hubiera querido, la pesadilla sobre su hermano todavía estaba demasiado reciente y no quería arriesgarse a retomarla. Además, todavía no se fiaba de dejar a Sakura desprotegida con Suigetsu y Juugo alrededor, le hacía sentir vulnerable no ser capaz de controlar por completo su propia seguridad.
Sentado en un rincón oscuro, sobre una de las mesas de las que se habían caído todos los asquerosos trastos de Orochimaru, continuó observando a los demás… a Sakura.
Podía haber tratado de ocultarlo cuanto quisiera, pero la sangre de sus manos no había escapado a la vista del Uchiha. Tampoco la fugaz expresión de nerviosismo que había cruzado su rostro al darse cuenta de que él la miraba y, sin lugar a dudas, se había dado cuenta de su pequeño secreto.
Sólo para comprobar que no se había equivocado, Sasuke apretó los dedos con fuerza sobre las heridas de la palma de su mano, notando una punzada de dolor. Y observó cómo Sakura movía, molesta, su propia mano y cambiaba de postura, todavía dormida. No había duda de lo que significaba, lo había sabido en cuanto vio que las manos de Sakura presentaban las mismas heridas que las suyas, en las que él se había clavado las uñas. El sello funcionaba en ambos sentidos.
Sakura debería haber sabido que tarde o temprano habría terminado dándose cuenta de ese detalle, y sabía que no le había hecho ninguna gracia que lo hiciera. Una sonrisa mezquina curvó levemente sus labios. Sí Sakura sufría algún daño, él también lo padecería, pero al parecer, si él salía herido, el sello tenía el mismo efecto en la pelirrosa. Eso abría una nueva perspectiva. No creía que la chica estuviera realmente dándose cuenta de lo que hacía cuando había convertido aquello en una guerra por ver quién tenía mayor tolerancia al dolor.
Tal vez si conseguía hacerle el daño suficiente a través de sí mismo, ella se viera obligada a romper el sello. Estaba seguro de poder soportar mejor el dolor que ella, aunque si se desmallaba, estaba seguro de que él también lo haría. Era un juego peligroso, ya que ambos tenían en sus manos la vida del otro sin otra defensa que estar atada a la suya propia. De modo que la verdadera pregunta no era quién aguantaría más dolor, sino quién estaba más dispuesto a sacrificarse por conseguir sus objetivos.
Sasuke frunció el ceño, él siempre había sacrificado cualquier cosa con tal de seguir adelante con sus deseos de venganza. El problema de este asunto era que necesitaba seguir vivo para conseguir lo que quería. Sin embargo, sabía que Sakura estaría dispuesta a dar su propia vida, arrastrándole a él, si se atrevía a amenazar verdaderamente la seguridad de los que ella amaba. Estúpida.
En ese momento, observó como en medio de su sueño, Sakura suspiraba, dándose la vuelta de nuevo. Una luz verde iluminó sus manos durante unos segundos para luego apagarse sin perturbar el descanso de la pelirrosa.
Con un tranquilo parpadeo, Sasuke bajó la vista hacia sus propias manos comprobando lo que ya había notado. Las heridas que se había provocado ya no estaban. Miró sus manos durante unos segundos más, todavía manchadas de sangre seca, pasando el pulgar por la piel en el que hacía unos segundos estaba rota por cuatro medias lunas. Finalmente, las cerró en un puño, cerrando también los párpados y echando la cabeza hacia atrás para apoyarla en la pared. Tal vez, sí sería buena idea tratar de dormir un poco.
. */*/*/*/* .
Sakura despertó sobresaltada al sentir una mano sobre su boca. Abrió los ojos, con el corazón casi saliéndose de su pecho por el susto, y encontró a Sasuke inclinado sobre ella llevándose un dedo a los labios en señal de silencio mientras retiraba la otra mano de su boca, una vez seguro de que ella había comprendido que debían ser sigilosos.
"Vamos" gesticuló Sasuke hacia ella sin usar la voz.
Sakura se levantó recogiendo sus cosas con cuidado. No entendía bien el aire conspiratorio de Sasuke pero decidió confiar en él. Tal vez había detectado algún tipo de peligro y tenían que huir en silencio para no alertar a sus perseguidores. Hizo ademán de acercarse a Juugo que dormía hecho un ovillo en el suelo a unos pocos metros, pero el Uchiha la agarró por el brazo negando con la cabeza. El chico tiró de ella para avanzar, pero en cuanto se giró y levantó la vista soltó un bufido y se cruzó de brazos.
—¿Qué hay para desayunar? —preguntó Suigetsu sentándose con las piernas a lo indio y mirándoles con una brillante sonrisa.
Sasuke maldijo entre dientes, había tenido la esperanza de que Sakura y él pudieran marcharse antes de que se despertaran y evitar, así, una tediosa conversación con Suigetsu. Pero, cómo no, ese estúpido que sólo vivía para molestar se había despertado en el último instante únicamente para joderle.
—Nada —gruñó el Uchiha—. Nosotros nos vamos.
—Mierda, Sasuke, ni siquiera hemos comido nada —refunfuñó Suigetsu—. ¿Ya vas a empezar otra vez con las prisas para viajar?
—Tú puedes hacer lo que te dé la gana —contestó Sasuke—. Sakura y yo, nos vamos. Vosotros no.
—¿Qué? ¿Nos estás echando? —preguntó el espadachín con un sobreactuado tono dolido— Qué cruel eres. Nosotros buscándote por cielo y tierra y cuando por fin nos reunimos, tú pasas de nuestro culo. Muy bonito.
—Exacto —corroboró el Uchiha tirando del brazo de Sakura para marcharse.
—Oh, ya veo. Lo que quieres es estar sólo con la chica bonita ¿no? —dijo Suigetsu en tono pícaro—. No te preocupes, no nos meteremos en vuestras intimidades, si ese es el problema. Podréis "quereos" tan fuerte como deseéis y ni siquiera notaréis que estamos ahí.
—¡¿QUÉ? —gritó con furia la pelirrosa, notando cómo su cara comenzaba a quemar de vergüenza ante la insinuación. Lo único que evitó que se lanzara a golpear a Suigetsu fue el agarre de Sasuke.
—Piérdete —espetó Sasuke con tono aburrido.
—¿Dónde vais con tanta prisa de todas formas? —continuó preguntando Suigetsu.
Sasuke estrechó los ojos, empezaba a pensar que ese idiota era un enviado de los dioses para atormentarle. Le habría matado hace rato, si no fuera porque comenzar una pelea con Sakura tan cerca le parecía demasiado peligroso. No podía acabar rápidamente con Juugo y Suigetsu si tenía que estar pendiente de proteger a la pelirrosa.
—No es asunto tuyo —contestó lanzándole una mirada peligrosa—. Aprovecha la oportunidad y lárgate antes de que cambie de opinión.
No pensaba darle ninguna pista de su destino o puede que le diera por seguirles. Por otra parte, sabía que a Sakura no le iba a hacer ninguna gracia saber que iban a ir a Konoha. Ella se opondría de pleno, así que cuanto más tardara en enterarse menos problemas daría. Conseguir a Karin era la forma más rápida de encontrar a Kabuto y acabar con todo aquello de una vez.
—Vas a ir a buscar a Karin ¿eh? —dijo Suigetsu con tono de haberle pillado.
—Cállate, imbécil —gruñó amenazadoramente el Uchiha. Sin embargo, ya era demasiado tarde. De un tirón notó cómo Sakura se soltaba de su agarre y lo miraba furiosa.
—¡Te dije que no íbamos a ir a Konoha!
—¡Karin es la única que puede encontrar a ese idiota! —gritó Sasuke con el mismo tono iracundo— ¡Ya estoy harto de tus estupideces!
Los ojos de Sakura relampaguearon con furia, pero antes de que pudiera contestar, otro grito la interrumpió.
—¡OS MATARÉ!
Todo fue tan rápido que de lo único que Sasuke tuvo tiempo fue de agacharse en el momento justo en el que el puño de Juugo pasaba sobre él, después de haber atravesado el fluido cuerpo de Suigetsu con un chapoteo de agua. Con horror, el Uchiha se volvió para mirar hacia Sakura, sabiendo que no llegaría a tiempo para apartarla del ataque de Juugo, y mentalmente se preparó para el dolor que vendría cuando la chica fuera golpeada. Sin embargo, para su sorpresa, el dolor nunca llegó, pues Sakura había conseguido, de alguna forma, parar el golpe de Juugo y lanzarlo contra la pared de manera estruendosa.
—¡Juugo esto no va a hacerle ningún bien a nuestra convivencia! —gritó Suigetsu con furia, volviendo a formar su cuerpo.
El antiguo Taka yacía medio sentado entre los cascotes, sacudiendo la cabeza con confusión, mientras Sakura le miraba con chakra brillando en su puño, dispuesta a contraatacar en cualquier momento.
—¿Pero qué haces? —exclamó Sakura con indignación. No entendía por qué, aquel chico que se había mantenido prácticamente callado y mostrándose tímido durante todo el tiempo, ahora la atacaba con esa furia asesina.
—Yo… lo siento… —musitó Juugo mirándola con ojos atormentados y los hombros hundidos.
Sakura parpadeó anonadada. Desde luego, de todo lo que había esperado que contestara, una disculpa era una posibilidad que se le hubiera pasado por la cabeza. ¿Qué le pasaba a ese chico? Ahora volvía a lucir incapaz de matar a una mosca, sin embargo, cuando los había atacado, su expresión era la de un psicópata sediento de sangre. ¿Sería un truco? Por si acaso, no bajó la guardia aunque relajó un poco su postura.
—¡JA! ¿Has visto eso? Ha tumbado a Juugo de un golpe —exclamó Suigetsu emocionado—. Ahora entiendo por qué es tu chica, Sasuke.
—No es mi… —comenzó a aclarar Sasuke cuando se dio cuenta, alarmado, de que Sakura se estaba acercando tentativamente a Juugo.
—¿Qué te ha pasado? —preguntó la pelirrosa dulcemente, dando unos pasos hacia él con precaución.
—Sakura —la llamó Sasuke en un tono de advertencia que ella ignoró completamente.
"Por supuesto" pensó el Uchiha con fastidio, ahora Juugo era el nuevo cachorrito desvalido de turno y Sakura tenía que socorrerlo. Porque como siempre, no podía dejar pasar la oportunidad de convertirse en salvadora de causas perdidas. Si había alguien desamparado o sufriendo en diez kilómetros a la redonda, el jodido radar de Sakura lo detectaría.
—No quería herir a nadie —dijo Juugo encogiéndose contra lo que quedaba de la pared al ver que la chica se acercaba—. A veces no puedo controlarlo y… pierdo la cabeza, hago daño a los demás.
—Ah, estás enfermo —concluyó Sakura alegremente, como si por fin hubiera entendido el problema y no fuera nada de lo que preocuparse.
Juugo abrió mucho los ojos y miró a Sasuke temeroso de su reacción, cuando la chica se inclinó sobre él para curarle un rasguño que se había hecho en la frente al estamparse contra la pared.
—Deja de perder el tiempo, Sakura —dijo el Uchiha con sequedad—. Tenemos que irnos.
—No a Konoha, Sasuke —pidió la pelirrosa seriamente—. Es peligroso, habrán reforzado la seguridad al saber que te has fugado. Además, los ninjas de la Alianza todavía nos persiguen.
—Precisamente, la habilidad de Karin es lo único que puede encontrar a Kabuto lo suficientemente rápido y escondernos de la Alianza antes de que todo su puñetero ejército se nos eche encima —contrarrestó Sasuke. Era lo más lógico, al final tendría que reconocerlo, además, tampoco es que él estuviera saltando de alegría ante la perspectiva de volver a encontrarse con Karin.
—Por favor, no me obligues a enfrentarme a Konoha —musitó Sakura finalmente, suplicando derrotada sin tan siquiera mirarle a los ojos—. Por favor.
Sasuke la miró en silencio. Suplicaba. Estaba suplicándole para no tener que atacar a nadie de esa villa de mierda. Porque ambos sabían que si entraban por la fuerza en Konoha tendrían que luchar. Lejos de conmoverle, este hecho le enfureció. No sabía por qué, pero el hecho de que se negara a volverse contra ellos le hacía hervir de rabia. Qué patética era, ni siquiera la demostración de fuerza y astucia de la que había hecho gala hasta ahora conseguían enmascarar la verdad, era débil.
—Has sido tú quien ha elegido esto —le recordó con crueldad.
Sakura cerró los ojos con dolor ante esas palabras. Sí, ella lo había elegido, había elegido seguir a su corazón y traicionarlos a todos, pero eso no significaba que quisiera hacerles más daño. No sabía qué podía pasar si entraban en Konoha… no sabía si podría soportar ver a sus antiguos amigos como enemigos. Y tampoco sabía si podría controlar la fuerza con la que Sasuke atacaría ahora que él había descubierto la doble cara del sello. El juego se había vuelto peligroso para ambos, no sabía cuánto podía presionar sin que aquello se les fuera de las manos y acabara en algo irreparable.
—Tiene que haber otro modo —susurró Sakura negando sin abrir los ojos.
—No lo hay —contestó Sasuke rotundamente haciendo que la chica se estremeciera.
La angustia formó un nudo en la garganta de Sakura. Qué estúpida había sido al pensar que podía conseguirlo, Kakashi tenía razón, no había nada que pudiera…
—Eh, eh —oyeron a Suigetsu con voz apaciguadora—. Si el problema es ese, ¿por qué no dejáis que Juugo y yo nos ocupemos de ir a por la bruja?
Inmediatamente, Sakura abrió un ojo enfocado a Suigetsu, y Sasuke se giró hacia él con un movimiento brusco de cuello.
—No me miréis así —dijo el ninja encogiéndose de hombros—. Estabais berreando sobre ir o no a Konoha a por la pelirroja, ¿verdad? Bueno, Juugo y yo podemos hacerlo.
El gigantón se levantó lentamente de entre los escombros y asintió en silencio.
—¿Y por qué ibais a querer hacerlo? —preguntó entonces Sakura dándole una mirada evaluadora. No parecía del tipo de persona altruista, que hacía favores a los demás, y menos aun favores tan peligrosos.
—No tenemos nada mejor que hacer. Además estamos en guerra y todo el mundo necesita un bando ¿no? Bien, no creo que la Alianza nos vaya a acoger de buen grado en su seno, así que apostamos por el otro —sonrió Suigetsu.
Sasuke bufó rodando los ojos, pero no se opuso a la idea. Estaba claro que no iba a conseguir acercarse a Konoha mientras dependiera de Sakura. Además, meterse en una batalla así todavía conectado a ella no parecía tan buen plan en realidad. Sin embargo, el gesto de sus antiguos compañeros le seguía pareciendo demasiado noble para haber salido espontáneamente.
—Además…
Por supuesto, había un "además" pensó el Uchiha enarcando una ceja.
—… cómo habrás notado, Sasuke —Suigetsu pronunció su nombre especialmente claro, lanzándole una mirada—, he perdido mi espada Kubikiribōchō. Esos "hospitalarios" samuráis me la quitaron y cuando Juugo y yo nos marchamos, no la encontré por ninguna parte. Viajando contigo tendré más oportunidades de enfrentarme a la Alianza y recuperarla. Y si tengo que viajar a Konoha, bueno, puede ser un buen lugar para empezar a buscar.
—No está en Konoha —musitó Sakura.
En cuanto las palabras abandonaron sus labios quiso morderse la lengua, en realidad, lo había dicho pensando en voz alta. Sin embargo, la posibilidad de que no la hubieran oído se desvaneció cuando a ávida mirada de Suigetsu se posó en ella.
—Vaya, vaya, vaya —canturreó el ninja dedicándole una sonrisa de dientes afilados—. Así que sabes dónde está.
Por supuesto que lo sé.
—Sé dónde NO está —contestó sucintamente la pelirrosa, dedicándole otra sonrisa de vuelta—. En Konoha.
Suigetsu soltó una leve carcajada sin alegría, pero no desvió su mirada, sino que la mantuvo sobre ella, evaluándola con un brillo divertido y curioso en los ojos, como si no estuviera muy seguro de cómo catalogarla.
Sakura le mantuvo la mirada sin vacilar. Estaba mintiendo y sabía que él se había dado cuenta, pero no pensaba decir que esa espada la tenía Kakashi. No conocía a Suigetsu, pero no pensaba enfrentarle a su sensei, ya le había causado demasiados problemas, no necesitaba que le enviara a un —ni siquiera sabía lo que era ese chico— tras la espada de Zabuza.
—En cualquier caso, iremos a por Karin —interrumpió Juugo dando un paso al frente.
—Claro, grandullón —concedió Suigetsu reteniendo unos segundos más la mirada en la de Sakura antes de apartarla—. Dalo por hecho.
—De cualquier manera, no podemos quedarnos aquí —dijo Sasuke volviendo a tomar el control de la situación—. Seguro que la Alianza tiene ninjas pisándonos los talones.
—Necesitamos ocultarnos en algún sitio hasta que ellos vuelvan con Karin —asintió Sakura—. El problema es que estamos en medio de una guerra mundial ninja, en mitad de la zona de lucha para más señas. Tras la muerte de Tobi, las fuerzas enemigas se replegaron, pero la Alianza espera un nuevo ataque y está peinando la zona en su busca.
Sasuke chascó la lengua con desagrado. Genial, lo único que les faltaba era un ejército ocioso con la única tarea de registrar la zona en busca de enemigos.
—¿Y por qué no vais al país de las Olas? —preguntó entonces Suigetsu—. Parecía muy tranquilo cuando Sasuke y yo fuimos a por mí espada —concluyó lanzando una significativa mirada a Sakura al mencionar su arma perdida. La pelirrosa por su parte sólo estrechó los ojos ante la insinuación.
Sasuke pareció meditarlo un momento hasta que por fin habló.
—Puede funcionar, el país de las Olas está lo suficientemente aislado como para no ser zona de conflicto. Además, carece de fuerzas ninja por lo que no ha intervenido en la guerra —valoró el Uchiha.
No les sería difícil llegar hasta allí, incluso podían hacer un tramo del trayecto andando sobre el agua cómo había hecho cuando fue hasta allí con Suigetsu. De este modo, evitarían pasar por zonas habitadas y llamar la atención. Nadie que les estuviera siguiendo esperaría que tomaran esa dirección, seguramente creerían que iban a dirigirse hacia Konoha. Por otra parte, también servía para deshacerse de la estresante presencia de Juugo y Suigetsu —sobre todo de la de Suigetsu—. Un poco de tranquilidad le vendría bien para analizar la situación y pensar en cómo salir de ella. Todo había sucedido tan rápido que se había visto arrastrado por un acontecimiento tras otro, sin saber exactamente dónde iba a llegar.
—En marcha, entonces —sentenció Sasuke, y saltó fuera de la guarida encaramándose a una de las ramas del bosque comenzando el viaje sin demora.
Sakura no pudo evitar que una triste y derrotada media sonrisa se dibujara en su rostro. El país de las Olas le traía más recuerdos de los que estaba dispuesta a admitir, y aunque lo esperaba, no pudo reprimir una punzada de dolor cuando Sasuke había mostrado tanta indiferencia al decidir ir allí, cómo si no se acordara de todo lo que habían vivido en ese lugar.
—Vamos —dijo la chica a Juugo y Suigetsu, tomando aire y volviendo a sonar decidida, antes de saltar para seguir a Sasuke.
. */*/*/*/* .
—… ¡Imbécil! ¡¿Cómo se atreve a tratar de matarme? … ¡Oh! No puedo estar enfadada con él, con esa cara de ángel.
Al oír los gritos procedentes del interior de la celda, uno de los ninjas que custodiaban la entrada suspiró con cansancio.
—Joder, ya ha empezado a gritar otra vez —se quejó llevándose las manos a la nuca para estirarse— ¿Es que nunca se cansa?
—Bah, déjala —contestó el otro guardia reclinando sobre dos patas la silla en la que estaba sentado—. Creo que está algo perturbada. Que Uchiha quisiera matarla debió aflojarle algún tornillo.
—…¡Pero intentó matarme! ¡Bastardo!...
En ninja resopló desplomándose en otra silla junto a su compañero, tratando de ignorar la repetitiva retahíla de gritos que profería la prisionera a cada momento.
—Venga, trae eso aquí —dijo señalándole a su compañero un tablero de shougi—. Vamos a jugar una partida a ver si se nos pasa la guardia más rápido.
—Con el sueño que tengo seguro que me ganas, mi hijo pequeño no nos ha dejado dormir en toda la noche…
Tras la puerta que delimitaba su celda, Karin agudizó el oído para asegurarse de que sus guardianes ya no le prestaban atención y por si acaso, lanzó un último grito bipolar para que no sospechasen que estaba haciendo algo raro.
— ¡Oh! ¡Si no fuera tan guapo!
De nuevo se quedó inmóvil para escuchar, comprobando que los ninjas seguían con su conversación. Perfecto. Sin ninguna contemplación, sacó la lámina del retrato de Sasuke, que le habían permitido conservar, y sacó los alambres y ganzúas que ocultaba debajo.
Esos tontos eran demasiado confiados, sólo porque actuara como una tonta perturbada por el desamor no quería decir que lo fuera. Si le preguntaban su opinión, Sasuke podía irse al infierno. No necesitaba a un sádico narcisista con complejos de superioridad y tantos traumas que harían la delicia de cualquier psiquiatra. No un psicólogo, no, lo de Sasuke ya excedía eso, lo suyo era propio de acabar en una habitación acolchada.
Ese cerdo había intentado matarla, bien, tenía una idea de lo que podía morder la próxima vez que estuviera herido, y desde luego, no era a ella. Bastante tenía con estar metida en todo aquel embrollo por su culpa. ¡Cabrón desagradecido!
"Adios Karin" su propia voz le repetía una burlona imitación de las palabras que le había dedicado Sasuke cuando se disponía a acabar con ella. ¡Qué hijo de puta! Y pensar que… ella le había querido a pesar de ver cómo se hundía más y más… es igual, había terminado con ese imbécil, dejaría que se ahogara en su propia mierda. Ella no necesitaba a nadie para salir de allí.
Formando una expresión decidida, Karin apretó con más fuerza de la necesaria la ganzúa con la que iba a abrir la cerradura y se dirigió hacia la puerta pisando al pasar el retrato de Sasuke en el suelo.
Hola!
Bueno, las cosas ya se ponen en marcha. Sasuke y Sakura ya tienen algo parecido a un plan, aunque parece que Karin se está adelantando a su propio "rescate" y desde luego no se la ve muy dispuesta a querer ayudar a Sasuke.
Siempre me imagino a Sakura siendo amable con Juugo, sé que ya es algo un poco cliché, pero sinceramente no puedo idearlo de otro modo, lo siento. Siendo médico no creo que fuera a rechazarlo por estar "enfermo" por muy peligroso que sea.
En cuanto a Suigetsu, ha descubierto que Sakura sabe dónde puede estar su querida espada y desde luego no piensa dejarlo pasar.
Por cierto, menuda sorpresa me llevé cuando vi que en Fanfiction ahora se puede añadir portadas a los fics. He estado cacharreando para probar como funciona, y al final no he podido resistirme a hacer una portada para este fic. Espero que os guste, aunque tened en cuenta que mi dominio del Photoshop es bastante básico por no decir patético. A pesar de que dicen que más vale una imagen que mil palabras, en mi caso más fácilmente daría las mil palabras antes que conseguir una imagen decente :P
Muchas gracias por los reviews :)
Besos Ela.
