Disclaimer applied


El albedrío de los condenados

Capítulo 8. Nada en sus ojos

No pensaba que los años te hubieran dejado tan mal la memoria —dijo Sasuke dando un paso adelante—. ¿No me reconoces, Tazuna?

¿Sasuke?

Hmp.

—Sí, eres Sasuke —rió Tazuna feliz de volver a verlo—. Tú sí que has crecido, muchacho, mírate. Has cambiado tanto cómo Naruto.

El Uchiha estrechó los ojos ante la mención de Naruto pero por suerte, el constructor de puentes no pareció notarlo, y antes de que pudiera replicar alguna grosería cortante cómo era típico en él, una nueva voz interrumpió la conversación.

—¿Sakura? —dijo un muchacho de pelo negro asomándose curiosamente por el pasillo.

—Hola, Inari —saludó la pelirrosa dedicándole una amable sonrisa al sorprendido chico.

—¿Qué haces aquí?... ¿Ese es Sasuke? —exclamó sorprendido abriendo los ojos como platos al ver al Uchiha.

Sasuke ladeó un poco la cabeza y enfocó sus ojos oscuros en él con un pequeño brillo de curiosidad al tiempo que enarcaba una ceja.

—Vaya, el mocoso llorón —dijo el Uchiha con algo de mofa.

Afortunadamente, Inari se lo tomó a broma y sonrió divertido, mientras su abuelo y su madre cerraban la puerta y guiaban a los recién llegados hacia el interior de la casa. En menos de un minuto, Sasuke y Sakura se encontraban en el comedor sentados alrededor de la mesa con un par de tazones de arroz frente a ellos. La pelirrosa removía los granos de arroz con los palillos sin mucho entusiasmo, por el contrario, Sasuke se concentraba en su plato para no prestar atención a la conversación.

—¿Y Naruto? ¿Él no ha venido con vosotros? —preguntó ansiosamente Inari mirando hacia todos lados, como si esperase ver surgir al rubio de uno de los armarios en los que su madre guardaba los platos.

—Estoy segura de que le habría encantado venir —contestó Sakura evasivamente.

—Parece que nunca podemos veos a los tres juntos de nuevo —bromeó Tazuna.

Sasuke vio de reojo cómo Sakura luchaba por mantener una falsa sonrisa que se le había congelado en la cara, tal vez para no mostrar el dolor que le causaban esas palabras. Era evidente que nunca volverían a estar los tres juntos, no sin tratar de matarse al menos, y esa certeza debía ser como un puñal en el corazón de Sakura. Por eso trataba de mantener aquella mentira, al menos ante Tazuna y su familia.

—¿Y qué hay de ti, Sasuke? —Preguntó Inari— Cuando estuvimos en Konoha no te vimos, Naruto nos explicó que discutisteis y te marchaste. Parece que al final consiguió que volvieras ¿no?

Sasuke levantó la cabeza de su plato en el preciso momento en el que Sakura hacía lo contrario y trataba de concentrarse en el suyo, aferrando con fuerza los palillos. Sabía que estaba tratando de no mirarle, de que no viera el dolor en sus ojos cuando, inevitablemente, él destapara toda aquella mentira. Aquella pantomima que ocultaba la verdad, que él no había vuelto a Konoha, que nunca lo haría, que ya no eran un equipo y que la única razón para viajar juntos era la obligación y el deseo de Sakura de salvar a Naruto, quien por cierto, seguramente estaba muerto.

La pelirrosa sentía los ojos de Sasuke clavados en ella, e intuía la cruel sonrisa que debía tener en ese momento sabiendo que iba a hacerla sufrir. Naruto había conseguido evitar que se enteraran de la traición que había cometido, pero él no haría nada por ocultarlo. Había sido una estúpida al querer conservar algo como el recuerdo que esas personas tenían de ellos. Pero algún lugar de su corazón se había resistido a dejar ir que, aunque fuera en la mente de una familia del país de las Olas, ellos continuaban siendo un equipo.

Sólo esperaba no llorar cuando viera las caras de espanto o tristeza que pondría la familia de Tazuna al ver en qué se había convertido Sasuke… en qué se habían convertido todos. Aun así sabía que ellos les permitirían quedarse cuando les dijera que iban en busca de Naruto, aunque no creía poder volver a mirarles a la cara sin recordar todo lo que había perdido.

—En realidad —la voz de Sasuke hizo que la chica cerrara los ojos sabiendo lo que vendría—, fue Sakura la que consiguió convencerme. Naruto y yo aun tenemos algún asunto pendiente.

Sakura abrió los ojos anonadada por sus palabras, pero él ya no la miraba. No podía creer que hubiera mentido por ella, era tan inesperado y extraño que no sabía cómo sentirse al respecto.

—¡JA! Lo sabía, líos de faldas —rió atronadoramente Tazuna guiñándole un ojo a Sasuke y dedicándole una pícara mirada a Sakura.

La chica enrojeció hasta la raíz del cabello, negando azorada con la cabeza, y Sasuke miró interrogante al constructor como si se hubiera perdido algo.

—No es lo que piensas —consiguió decir Sakura nerviosamente.

—No tienes por qué negarlo, Sakura —siguió pinchándola Tazuna—. Desde pequeña se notaba lo mucho que querías a Sasuke, aun me acuerdo de lo mucho que lloraste cuando lo hirieron. Y tú, bien que te dejaste abrazar cuando despertaste. Se veía venir.

Sakura se atrevió a dar un vistazo a Sasuke, que al fin había comprendido lo que insinuaba el constructor, y la miraba con una ceja alzada en una expresión que iba desde un sarcástico "¿en serio?" hasta "ni de broma".

—Papá, deja a los chicos en paz —le regañó Tsunami lanzándoles una mirada de complicidad que ambos ignoraron premeditadamente.

Aquella situación era absurda, pensaba Sasuke, no recordaba que Tazuna fuera tan estúpido. Tal vez la edad lo hubiera vuelto senil o simplemente era que él había olvidado lo absolutamente imbéciles y banales que solían ser las personas de su alrededor. Viviendo sus insignificantes vidas, pensando que sus pequeños problemas hacían su día a día miserable e inventándose tonterías sobre los demás para salir de su absurda monotonía sin tener ni idea de las cosas que movían el mundo, felices en su ignorancia. Mediocres.

Si Tazuna supiera la verdad sobre él seguramente se cagaría en los pantalones; si supera lo que guardaba realmente el corazón de Sakura no estaría tan dispuesto a afirmar lo mucho que le amaba. Ella lo había dado todo por ir a salvar a Naruto, que para ello le necesitara a él no era más que un daño colateral, el precio a pagar. Le había ayudado porque le necesitaba, si no, seguramente se habría quedado mirando cómo la Alianza ponía su cabeza en una pica. No habría disfrutado con ello, lo sabía, pero no habría hecho nada por evitarlo, habría continuado con su vida olvidándole poco a poco.

Joder, te queríamos tanto…

Las palabras de Sakura retumbaron frente a él, y una pequeña y amarga sonrisa se dibujó en sus labios casi como una mueca. Sí, le habían querido en el pasado, pero él se había encargado de destruir aquel sentimiento por mucho que ellos trataron de aferrarse a él. Al final se habían dado cuenta de que estaban luchando por alguien que ya no existía.

Puede que hubiera encubierto la mentira de Sakura, pero él continuaba sabiendo la verdad y ella también, era lo que importaba. Que Tazuna y su familia pensaran lo que quisieran, eso no cambiaría la realidad, podían seguir viviendo esa falsa apariencia, no eran importantes.

—Sí… Este asunto de la guerra no es nada bueno —se lamentó Tazuna, poniendo cara de circunstancias al contestar algo que seguramente había dicho Sakura—. Nos marchamos de Konoha cuando se declaró. Nos dijeron que el País de las Olas sería más seguro. De momento, aquí no ha pasado nada, pero las noticias del continente llegan… pueblos evacuados, campos minados… mala cosa.

—¿Pero vais ganando, no? —Preguntó Inari casi exigiendo una respuesta afirmativa. Como si estuviera presenciando un partido de algún juego y quisiera enorgullecerse de la victoria de su equipo.

Sakura paseó esquivamente su mirada por la mesa evitando responder directamente. Sasuke, sin embargo, clavó su mirada vacía en el chico. Mediocres. Pensó de nuevo.

—Hemos ganado algunas batallas… hemos perdido a mucha gente —contestó por fin con un murmullo—. No sé cómo se contabiliza la balanza de una guerra exactamente.

No, Sakura sólo sabía contabilizar los muertos y heridos que llegaban por decenas a las dependencias médicas. Los gritos de victoria por una batalla no llegan hasta los hospitales de campaña. Allí sólo se oye la agonía de los que tratan de aferrarse a la vida y el silencio atronador de los que ya la han dejado.

—Las guerras son horribles, gane quien gane, el sufrimiento que ocasionan es demasiado —intervino Tsunami—. Y sois tan jóvenes… Si por mí fuera os pediría que os quedarais aquí a salvo hasta que esta horrible guerra termine.

—Realmente, nos bastaría con unos pocos días —dijo entonces Sasuke, interviniendo por primera vez en la conversación—. Estamos esperando a alguien y luego nos iremos. Sería mejor si nadie supiera que estamos aquí.

Tsunami lo miró durante un segundo, a pesar de que el tono que había usado el Uchiha era casi indiferente —lo más cercano a "cordial" que él podía concebir—, su voz seguía teniendo ese tinte oscuro que hacía erizar la piel. Desde pequeño había tenido ese aire tétrico y arisco, por llamarlo de alguna manera, pero ahora era más que eso, ahora era peligro lo que transmitía con cada poro de su piel, con cada sílaba que pronunciaba.

Sin embargo, aun había algo que le recordaba a aquel niño orgulloso que apretaba los labios para evitar gritar de dolor cuando Sakura había tenido que sacarle las agujas senbon tras su combate con Haku.

Aquel día, Sasuke había llegado herido del puente. Aunque no era tan grave como habían pensado en un primer momento, todavía tenía las finas lancetas de metal clavadas por el cuerpo y necesitaba que sus heridas fueran atendidas. Sakura se había ofrecido al instante, desvivida por ayudarlo, y aunque algo hosco y reticente, el muchacho había terminado por permitírselo, seguramente pensando que ella sería más cuidadosa que su alocado compañero o su despistado maestro. De hecho ni siquiera había consentido que se quedasen a mirar y les había echado con cajas destempladas.

Tsunami había ido a por algunas toallas y al volver había podido observar por la rendija de la puerta, sin atreverse a entrar. Aquel muchacho era demasiado orgulloso como para dejar que alguien lo viera débil o gimiendo de dolor, lo más probable era que por esa razón no hubiera permitido que nadie salvo la chica que le estaba curando se quedara con él.

—Lo siento, lo siento —se lamentaba la pelirrosa cada vez que tenía que tirar de una de las agujas y sentía a su compañero tensarse y ahogar un doloroso gemido.

Una a una, iba depositando con cuidado las agujas metálicas en una bandeja, concentrada en su trabajo mientras el chico cerraba los ojos con fuerza tratando de controlarse.

—Ahh… —Un quejido escapó por fin de los labios de Sasuke sin que pudiera evitarlo.

—Perdón… —se disculpó la pelirrosa mordiéndose el labio nerviosamente—. Tal vez sería mejor que lo hiciera otro, yo no…

—Tú estás bien —cortó Sasuke todavía apretando los dientes por el dolor—. Naruto me pone nervioso, y no me quiero ni imaginar al capullo de Kakashi aquí. Sólo acaba de una maldita vez.

A pesar de que sus palabras no habían sido precisamente de apoyo, la pelirrosa pareció encontrar en ellas algún tipo de reconocimiento por su parte, ya que asintió decidida y aferró la siguiente aguja con más seguridad. Tratando de ignorar los amortiguados quejidos que se le escapaban a Sasuke cada vez que tiraba de una de las púas, Sakura continuó su trabajo con concentración. Pocos minutos más tarde, había extraído todo el metal y miraba con cariño al chico que finalmente había quedado inconsciente por el agotamiento y el dolor.

Tsunami recordaba cómo Sakura había retirado con cariño el flequillo de la frente perlada de sudor de Sasuke. Y cómo al ir a levantarse, se había sorprendido al darse cuenta de que el muchacho, inconscientemente, había estado agarrado con fuerza a la tela de su vestido rojo para aguantar el dolor.

Presenciar aquella escena había hecho que la mujer se diera cuenta de que después de todo, tras su faceta fría e indiferente, Sasuke no era más que un niño que también necesitaba a los demás aunque no se diera cuenta de ello y se empeñara en parecer de hielo. ¿Cuánto de eso quedaba en el imperturbable joven que la miraba ahora con ojos vacíos?

—Claro, podéis quedaros todo el tiempo que necesitéis —respondió Tsunami con una sonrisa que aunque comenzó un poco forzada pronto se volvió sincera.

—Muchas gracias, Tsunami. Prometo que no causaremos molestias —se apresuró a agradecer la pelirrosa.

—No es ninguna molestia —aclaró Tazuna alzando el vaso que había rellenado con sake—. El equipo siete siempre es bien recibido aquí.

El sabor salado de la sangre llegó a la boca de Sasuke y este supo que Sakura se había dado un mordisco en la lengua debido a las palabras de Tazuna. La referencia al equipo siete tampoco había resultado muy grata para él, no le gustaba evocar cosas de la vida que dejó atrás, pero para Sakura había sido como una bofetada. No obstante, la chica se recuperó rápidamente y ocultó su dolor.

—Siempre es bueno oír eso —mintió con una sonrisa—. Y dime, ¿Qué ha pasado por aquí en este tiempo?

Sakura se estaba volviendo buena en eso de ocultar lo que sentía según su conveniencia, pensó Sasuke, mientras veía a la pelirrosa reír y conversar cómo si todo fuera normal. Aunque no tan buena como para engañarle a él, para él la kunoichi era tan transparente cómo el agua. Sabía perfectamente cuando pretendía hacerse la fuerte y cuando fingía que algo no le importaba o cuando trataba de ocultar su nerviosismo, realmente aun no se explicaba cómo había conseguido embaucarle con lo del sello.

Estuvieron conversando con Tazuna y su familia hasta que cayó la noche, o mejor dicho, Sakura conversó, ya que Sasuke se limitó a quedarse en silencio paseando su mirada aburrida de uno a otro. Finalmente, Tsunami les guió hasta la habitación en la que dormirían. Era la misma en la que se habían alojado cuando habían estado allí cómo equipo. Al verla, Sakura se preguntó cómo habían cabido allí los cuatro, creía recordarla mucho más grande, o tal vez, el hecho de tener que compartirla con Sasuke fuera lo que estrechara las paredes.

—Sakura ¿Puedes venir a ayudarme a sacar los futones? Creo que los guardé en el armario de Inari —pidió Tsunami.

—Por supuesto —accedió la pelirrosa, siguiendo a la mujer por el pasillo y dejando a Sasuke sacando sus cosas en la habitación.

Tsunami la guió hasta la habitación de su hijo, no había cambiado mucho. La foto del hombre que el chico había querido como un padre seguía sonriendo desde la mesa, y la gran ventana con vistas al mar ahora estaba cerrada para que el aire nocturno no enfriara la estancia. Sakura se dirigió hacia el armario que había al fondo, sin embargo, se sorprendió al comprobar que Tsunami había entornado la puerta y la miraba con seriedad.

—¿Qué está pasando, Sakura? —preguntó la mujer dando un paso hacia ella—. Sé que no puedo decir que te conozco muy bien pero sé cuando algo va mal.

A pesar de todas las sonrisas que les había brindado la pelirrosa, Tsunami no había dejado de notar las ojeras que marcaban su rostro o la tristeza en sus ojos. Estaba pálida y siempre en tensión, incluso había una pequeña herida en su labio inferior que ella misma se había ocasionado inconscientemente al morderlo una y otra vez con nerviosismo.

—No sé de qué…

—Sí lo sabes —cortó la mujer suavemente—. Has estado tensa desde que has entrado, estás pálida ¿Cuánto hace que no duermes bien?

—Estamos en mitad de una guerra —contestó evasivamente Sakura encogiéndose de hombros.

—Y en mitad de esa guerra que tanto te preocupa estáis aquí, en el único país al margen de ella, en lugar de ayudando en el frente —hizo notar Tsunami con perspicacia—. Sin bandas ninja y tratando de pasar desapercibidos.

—Si quieres que nos vayamos, lo entenderé —dijo la pelirrosa con seriedad.

—No, claro que no —negó inmediatamente la mujer—. Siempre seréis bien recibidos aquí, no importa cómo. Sólo trato de entender lo que ocurre y cómo puedo ayudarte.

Sakura sonrió con afecto algo aliviada. A pesar de ello, Tsunami seguía viéndola como si estuviera soportando una carga de toneladas sobre los hombros.

—Estoy bien, no hace falta que… Yo puedo hacerlo… Puedo hacer esto —contestó Sakura ya sin saber si trataba de convencer a Tsunami o a sí misma.

La mujer la miró unos segundos en silencio, como si estuviera decidiendo si decir o no lo que estaba pensando.

—He visto cómo miras a Sasuke —dijo finalmente Tsunami provocando que Sakura girara rápidamente los ojos hacia ella, tensa—. Recuerdo cómo le mirabas cuando eras pequeña, con admiración y amor, cómo si él hubiera puesto la luna en el cielo… He visto cómo le miras ahora… cómo si de pronto fuera a levantarse y fulminarte con un rayo…

Sakura sintió cómo la bilis le subía a la garganta al recordar el momento en el que Sasuke había estado realmente a punto de fulminarla con un rayo al atacarla con el Chidori. Levantó una mano para apoyarse en el armario.

—Le tienes miedo —continuó Tsunami—. No soy ninja pero puedo ver la oscuridad que rodea a Sasuke, es peligroso… también para ti.

La joven ninja negaba con la cabeza apenada.

—No lo entiendes —suspiró Sakura—. No sabes todo lo que han hecho sufrir a Sasuke, dices que es peligroso… ¿No lo somos todos cuando no nos queda nada que perder? Todo el mundo tiene oscuridad en su interior, forma parte de nosotros siempre, sólo elegimos qué cara queremos mostrar. ¿Qué harías tú si te arrebataran a las personas que amas? ¿Y yo? De todas formas, lo que sea ahora no borra lo que una vez fue… es complicado…

La pelirrosa no quería dar demasiadas explicaciones sobre Sasuke, Tsunami ya había notado demasiado sólo con verlo, no quería que se diera cuenta de cuan peligroso podía ser en realidad… no deseaba recordarlo ella misma.

—Ten cuidado Sakura, no conozco bien a Sasuke pero también me he fijado en cómo te mira, en cómo mira a todos, no hay nada en sus ojos —dijo Tsunami con pesar.

—En Sasuke hay mucho más de lo que todos creen, de lo que él mismo cree —contestó Sakura mirándola a los ojos con seguridad.

Todos creían que podían manipular a Sasuke para sus propios fines; que tocando las notas necesarias, él les seguiría como una especie de cobra encantada. Sólo una herramienta que usar, que lanzar contra ese u aquel objetivo. Pero ella sabía que dentro de él tenía que haber mucho más que eso, más que simplemente las voluntades que otros habían puesto en él.

—Parece que esperas mucho de él —apreció Tsunami.

—Yo no espero nada de nadie —corrigió Sakura encogiéndose de hombros—. Esperar es lo que he hecho toda mi vida y no ha servido de nada, esta vez no voy a hacerlo.

—Sakura, tú…

Fuera lo que fuera lo que la mujer iba a decir, se perdió, ya que en ese momento, Sasuke empujó la puerta y entró en la habitación.

—Tazuna ha encontrado los futones en el armario bajo la escalera —informó el Uchiha con voz impersonal—. No hace falta que sigáis buscándolos.

A Sakura le resultó imposible saber por su tono si había estado escuchando la conversación o no, de todos modos, Sasuke no le parecía de los que se quedaban escuchando conversaciones tras la puerta, le habría parecido más probable si se tratara de Naruto. Sin embargo, por alguna razón, el Uchiha no apartaba su mirada de la de ella siguiéndola con sus ojos negros como si tratara de asomarse dentro de su alma, como si la viera por primera vez.

—Ah, es cierto, debí cambiarlos de lugar la última vez que los usamos, lo siento —se excusó Tsunami con una risa nerviosa—. Bueno, ha sido un día largo, lo mejor será que nos vayamos todos a dormir.

Los ojos de Sasuke seguían fijos en ella y Sakura ni siquiera oyó a la mujer, incapaz de romper el contacto visual. Quiso llamarle, pronunciar su nombre para preguntar el por qué de aquella mirada, sin embargo, cuando abrió la boca, Sasuke ya se había girado y salía de la habitación como si nada hubiera pasado.

Me he fijado en cómo te mira, en cómo mira a todos, no hay nada en sus ojos…

¿De verdad era cierto aquello? Pensó Sakura mientras seguía al Uchiha hacia el pasillo bajo la mirada preocupada de Tsunami. No, definitivamente, la mirada de Sasuke si podía expresar algo… aunque fuera algo que no le gustara a nadie.

. */*/*/*/* .

—Deberíamos haberle pedido dinero a Sasuke para el viaje. Se me está partiendo el culo de dormir en el suelo —se quejó Suigetsu mientras apartaba una rama para pasar y la soltaba despreocupadamente, haciendo que esta diera un latigazo a Juugo que caminaba tras él. Afortunadamente, la altura del ninja hizo que le atizara a la altura del pecho y debido a su corpulencia no le hizo daño, aunque arrancó un suspiro de paciencia de sus labios.

Sin percatarse de nada, Suigetsu seguía caminando y quejándose con aire despreocupado.

—Cualquiera pensaría que Sasuke debería estar agradecido por nuestra lealtad —rezongó el muchacho—. Pero no, el muy imbécil casi nos lanza un Chidori. ¿Viste que casi tuve que rogarle para que nos permitiera hacer su puto trabajo sucio? Imbécil, si no fuera porque le necesitamos para cubrirnos las espaldas le metería su katana por un lugar que no le gustaría. Es más, lo haría de todos modos y pasaría de él, si no fuera porque esa pelirrosa enfurruñada que le acompaña sabe dónde está mi espada.

Juugo puso los ojos en blanco, sabía que a Suigetsu le daba miedo Sasuke, por lo tanto nunca haría nada con su katana en ningún lugar, por mucho que refunfuñara y se quejara sin descanso.

—Te lo juro, en cuanto consiga que me diga dónde está mi espada, nos largaremos —continuó rezongando Suigetsu—. Tu y yo, grandullón ¿Qué te parece? Pasaremos de toda esta mierda y nos iremos a algún sitio lejano a vivir la buena vida. Dejaremos a la zorra pelirroja con Sasuke como regalo de despedida envenenado, que se joda. Ya lo verás, será genial, las mujeres se desplomarán en nuestros brazos.

En ese momento, para sorpresa de ambos, una chica rubia cayó de una rama con un grito y aterrizó en los brazos extendidos de Suigetsu.

—Lo ves, grandullón, ya ha empezado —bromeó el chico emocionado.

—¡Ino! ¿Estás bien?

Un segundo después un extraño chico vestido de verde se plantó ante ellos lanzándoles una mirada de desconfianza.

—Mala suerte, me pido la guapa y no vale cambiar —avisó Suigetsu a Juugo apretando más a la rubia contra sí.


Hola :) Espero que hayáis disfrutado del capítulo, puede que no haya avanzado mucho en el tiempo pero ha habido bastante trasfondo por ahí.

No sé si he plasmado muy fielmente a Tsunami ya que de ella se sabe bastante poco, pero teniendo en cuenta que crió a su hijo prácticamente sola y a todo lo que tuvo que enfrentarse con lo de Gato, pienso que tiene que ser una mujer valiente e inteligente que siempre cuida de las personas importantes para ella sin importar nada más.

Sasuke no quiere echar a perder el escondite que les brinda la familia de Tazuna y trata de mantenerse al margen, dejando que Sakura se ocupe de los problemas, ya que ella misma los está causando según él.

Vi que echasteis de menos a Suigetsu en el capítulo anterior, pero ya lo tenéis de vuelta y encontrándose con Ino y Lee nada menos.

Sobre lo que comenté del lemon, me llegaron muchas opiniones e ideas al respecto, así que finalmente no sé qué haré, tal vez lo escriba y lo edite al finalizar el fic, o qué se yo, dependerá también de cómo evolucione el propio fic (ya que no siempre lo incluyo) y lo que pase finalmente con las normas de la página.

Muchas gracias por vuestros reviews y sugerencias, las aprecio mucho.

Besos, Ela.