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El albedrío de los condenados

Capítulo 9. Nada importante

Cuando Sakura despertó, no se sorprendió al descubrir que Sasuke ya se había levantado y plegado impecablemente su futon. En otro tiempo, se habría encontrado preguntándose a sí misma si Sasuke realmente dormía, sin embargo, tras haber sido testigo día tras día de su horrible humor mañanero, además de oír su respiración regular en la oscuridad cada noche, ya no lo dudaba. A pesar de ello, siempre conseguía despertarse antes de que ella abriera los ojos, incluso un par de veces había tenido que espabilarla con unas cuantas palabras ásperas o lanzándole algo impacientemente.

Con un suspiro que terminó siendo un bostezo, Sakura rodó sobre sí misma hasta salir del futon quedando bocarriba sobre el suelo. Dejó que su mente divagara con la mirada perdida en el techo, imaginándose por un segundo que estaba mirando el techo de su habitación en Konoha; que era un día cualquiera, de esos que tenía a cientos antes de que la guerra comenzara, en los que su única preocupación era no llegar tarde al entrenamiento con Tsunade.

No debía caer en la autocompasión. Ella había elegido esto y debía continuar adelante sin lamentarse por lo que había dejado atrás. De modo que dejó pasar ese segundo y se levantó con aplomo, reteniendo a pesar de todo, un pequeño sentimiento de nostalgia que se negaba a abandonarla a pesar de la prohibición que se había autoimpuesto.

Yo lo elegí…

Debo ser fuerte y continuar…

De un tirón, Sakura abrió la ventana, dejando que la brisa salada del océano la golpeara en el rostro y se llevara todo aquel aire viciado que la rodeaba junto con sus preocupaciones.

No se arrepentía de la decisión que había tomado, había elegido hacerlo libremente a pesar de que habría sido mucho más sencillo no intervenir, acatar sus órdenes y simplemente esperar, tal vez suplicar al aire que todo se arreglara de alguna forma. Esa habría sido la decisión "buena", la que todo el mundo esperaba que tomara, la opción correcta, porque era una ninja de Konoha, una buena persona, y las buenas personas siempre toman las decisiones buenas.

¿Podía llamarse a eso libertad? ¿Lo era realmente cuando el precio de una de las opciones era tan caro que no te atrevías a tomarlo? Resulta tan hipócrita como decir, claro, eres libre de elegir caminar por este camino asfaltado o elegir lanzarte al vacío por esa ladera pero si lo haces morirás, haz lo que desees… eres libre. Nadie elige morir.

Sakura se apartó de la ventana y se acercó al espejo que había sobre la cómoda para adecentarse un poco. Al menos, esa noche había podido dormir del tirón y no tenía tantas ojeras. Esperó que eso hiciera que Tsunami se preocupara un poco menos. No quería que le hiciera más preguntas, ya sabía demasiado sobre lo que realmente estaba pasando, no necesitaba que se pusiera a investigar más o decidiera decirle algo a Sasuke. Afortunadamente, parecía que Tsunami había captado bastante bien el lado peligroso del Uchiha.

El reflejo del espejo le devolvió una imagen de sí misma, piel demasiado pálida, labios agrietados y ojos tristes. Lanzó un suspiro pasándose las manos por la cara hasta llegar al pelo y se quedó así un segundo. Definitivamente no era su mejor momento. Todo aquello le venía demasiado grande, lo sabía, a pesar de querer aparentar control sobre la situación, sobre Sasuke y sobre lo que iba a hacer. En cualquier momento todo se le iría de las manos.

La chica bajó las manos y volvió a mirar su reflejo. Repentinamente, frunció el ceño y tomó el trozo de tela roja que usaba a modo de cinta atándosela con brusquedad. No iba a ser débil de nuevo, Naruto no lo sería si estuviera en su situación así que ella tampoco iba a acobardarse. Trato de obligarse a formar una sonrisa, si no podía ser alegre, al menos, segura. Y aunque no se sintió muy satisfecha con la mueca que se dibujó en su cara, era mejor que la expresión de abatimiento con la que se había levantado.

Más segura de sí misma, salió al pasillo dispuesta a bajar a desayunar.

—Hmp. ¿Cuánto puede tardar un ser humano normal en levantarse? Llevo dos horas esperando —protestó la voz de Sasuke a sus espaldas, haciendo que Sakura diera un salto.

—Si me da un infarto, ten por seguro que a ti también te reventará el corazón —respondió la pelirrosa girándose hacia él con una mano sobre el lado izquierdo del pecho mientras trataba de controlar sus pulsaciones tras el susto.

Sasuke elevó una ceja con escepticismo y se separó de la pared dónde había estado esperando cruzado de brazos.

—¿Acaso tienes ochenta años? No va a darte un infarto —replicó el chico con aburrimiento, rodando los ojos ante la exageración de Sakura.

—Preferiría no tentar al destino así que no vuelvas a hacerlo —advirtió la pelirrosa.

—Cómo sea —dijo Sasuke quitándole importancia—. Deja de quejarte y bajemos de una vez.

—Eres tú quien se estaba quejando sobre cuanto había tenido que esperar —refunfuñó Sakura—. ¿Para qué me estabas esperando de todas formas?

—No pienso perderte de vista mientras mi seguridad dependa de la tuya —espetó Sasuke inexpresivamente.

Con la habilidad que tenía Sakura para meterse en cosas que no le incumbían, Sasuke no iba a arriesgarse a dejarla sola ni por un segundo. No estaba dispuesto a pagar por su incompetencia y más cuando el precio era tan caro. Así que cuando les habían anunciado que dormirían en la misma habitación había sido un alivio. No quería pasarse la noche pensando en todas las formas en las que un ANBU podía trepar hasta la ventana de Sakura y asesinarla mientras dormía. Jodida molestia.

De manera que cuando se había despertado —bastante antes que la pelirrosa—, se había debatido entre dos opciones. Despertarla sin ninguna contemplación, lo cual implicaría tener que aguantar sus quejas durante horas, o esperar hasta que ella tuviera a bien despertar. Finalmente, había ganado la segunda opción y él había salido al pasillo esperando que Sakura no tardase demasiado para bajar a desayunar.

Tenía que admitir que la idea de aparecer sólo en la cocina de la casa tampoco le entusiasmaba. Sabía que su presencia pondría nerviosa a Tsunami y él tampoco se sentía muy cómodo después de haber escuchado su conversación con Sakura el día anterior. No era como si le importara lo que la gente pensara de él, era ese absurdo parecido que aquella mujer tenía con su madre lo que afectaba estúpidamente a su juicio. No le gustaba lo que había dicho de él aunque supiera que era cierto. Sin embargo, en el mismo momento en el que sintió que aquello le afectaba de algún modo, sus defensas reaccionaron inmediatamente poniendo la debida distancia. Ella no era su madre, su madre estaba muerta, de manera que daba igual cómo le mirara aquella desconocida.

Sin embargo, la confianza en él que había en las palabras de Sakura había resultado abrumadora y completamente inmerecida. Ella seguía pensando que todavía quedaba algo bueno en él, defendía algo que no existía, una fuerza que él no tenía… que hacía mucho tiempo que había perdido.

—Por supuesto —contestó Sakura frunciendo los labios— ¿Puedo bajar sola las escaleras o temes que tropiece y me parta el cuello?

—No me hagas tener que cargarte porque sabes que lo haré —avisó Sasuke al ver que la pelirrosa comenzaba a bajar haciendo el tonto, actuando como si temiera caerse en cada escalón.

Al decir esto, Sakura lo miró con los ojos muy abiertos y volvió rápidamente la vista al frente al notar que se sonrojaba fuertemente. Bajó los escalones rápidamente maldiciendo su reacción y sabiendo que él era muy capaz de cumplir su amenaza. Sólo esperaba que no hubiera visto su sonrojo, había sido algo realmente estúpido, pero sólo pensar que él podía simplemente llegar hasta ella y levantarla en brazos había hecho que su cara se encendiera como un farolillo. Debía controlarse, ya no tenía doce años para actuar de ese modo cada vez que Sasuke se acercaba a ella, además, no ayudaría en nada a su situación que él pensara que no era más que una chiquilla enamoradiza que podía controlar a su antojo.

—¿Cuanto crees que tardarán Suigetsu y Juugo en volver con Karin? —preguntó Sakura, tratando de desviar la atención al sentir a Sasuke tras ella.

El Uchiha se encogió de hombros a su lado.

—Depende de los obstáculos que se encuentren —contestó con un gesto ambiguo, no parecía demasiado preocupado—. De cualquier modo, no debería ser más de unos cuantos días.

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—¿Y vosotros quienes sois? —preguntó Lee mirando a los desconocidos con desconfianza.

Llevaban varios días buscando por bosque sin encontrar ningún rastro de Sakura. Prácticamente no habían parado a descansar. De modo que no es de extrañar que en un segundo de descuido, Ino perdiera la concentración y tropezara con una rama precipitándose hacia el suelo. Lo que realmente no esperaban era que fuera a caer precisamente en los brazos de un desconocido de aspecto bastante extraño.

—¿No debería presentarse primero quien se ha caído encima del otro? —preguntó Suigetsu mirando a la chica rubia con una ceja enarcada—. No lo digo yo, lo dice el protocolo —añadió al ver que esta estrechaba los ojos con molestia.

—¿Protocolo? ¿Pero qué protocolo? No existe ningún protocolo para caerse de un árbol —farfulló Ino poniéndose en pie y apartándose de Suigetsu.

—¿No? Parece que he vivido engañado todo este tiempo, eh grandullón —bromeó el ninja lanzándole una mirada divertida a Juugo.

Ino retrocedió unos pasos hasta situarse junto a Lee, mientras miraba a Suigetsu cómo si pensara que tenía un grave problema mental.

—Somos ninjas de Konoha —contestó Lee finalmente, mirándolos con cautela.

Suigetsu asintió sonriente, a pesar de que hacía ya un rato que él y Juugo habían reparado en las cintas ninja que ambos lucían en la cintura, decidió hacerse el desentendido. No quería dar demasiadas explicaciones a esos ninja, sobre todo, si tenían que infiltrarse en su aldea para liberar a una prisionera. Así que lo mejor era pretender ser lo más simple y desvalido que pudiera, los ninjas de Konoha babean por indefensos a quienes ayudar. Agradeció que Juugo prefiriera mantenerse al margen cuando trataban con extraños, así no metería la pata.

—Nosotros sólo somos simples viajeros —dijo Suigetsu encogiéndose de hombros con aire inocente—. Ya sabéis, la guerra ha hecho que estas zonas sean demasiado inseguras. Así que buscamos tierras más amables, algún campo sembrado de cereales en lugar de minas, nada del otro mundo.

Lee asintió con pesar, muchos de los que vivían en zonas de guerra estaban emigrando a otros territorios en busca de la seguridad que había perdido su hogar. Era uno de los muchos males que traía consigo esta guerra.

—Entonces tal vez deberíais dirigiros hacia el País del Rayo —dijo Ino—. Es un territorio protegido por la Alianza.

—No quisiera ofenderte, preciosa, pero "protegido" tal vez no sea la palabra que estás buscando —rió Suigetsu—. Por mucho que sus ideales sean mucho más nobles no deja de ser un territorio en guerra, no es el lugar ideal para vivir, y ya no por los posibles ataques. ¿Tú sabes todo lo que come un ejército? ¿De dónde crees que sale esa comida más que de los campos de ese país? Mucho trabajo y poca comida. No gracias.

—¿Dónde vais entonces? —preguntó la rubia con curiosidad— ¿A Konoha?

—Me temo que en Konoha encontraríamos el mismo problema. No, nosotros preferimos probar suerte más al sur, vamos al País de las Olas. Dicen que por allí aun se respira algo de paz —contestó Suigetsu con una sonrisa cansada. Las mejores mentiras siempre tienen su punto de verdad, según él era lo que les daba credibilidad.

—¿Habéis visto algo raro por el camino? —preguntó entonces Lee— ¿Tal vez alguien peculiar?

Ino comprendió enseguida la pregunta de su compañero. Si esos viajeros venían desde lejos recorriendo los caminos, tal vez se hubieran topado con Sakura por casualidad. El pelo rosa de la frentona era difícil de olvidar y si, como sospechaban, Sasuke la acompañaba, tampoco era muy probable que nadie olvidara su forma de mirar sin la ayuda de un psicoterapeuta.

Suigetsu reprimió una sonrisa, si ellos supieran lo "peculiares" que eran los dos que les habían enviado allí, una pelirrosa neurótica y un Uchiha psicópata, seguramente ni siquiera lo creerían.

—Nada fuera de lo común —respondió en su lugar—. No había demasiados viajeros en el camino, son malos tiempos para hacer turismo. ¿Por qué lo preguntas? ¿Hay problemas acaso?

—Siempre hay problemas, tú lo has dicho, estamos en guerra —contestó Ino evasivamente.

No se atrevían a dar más datos sobre lo que estaban buscando, si esos dos pasaban por Konoha en su viaje y comenzaban a hablar sobre unos ninjas que les habían preguntado por los dos fugitivos, seguramente Lee y ella tendrían problemas.

—Me refería al tipo de problemas que pueden cortarte el cuello en un recodo del camino —dijo Suigetsu con aire resuelto. No era que le preocupase especialmente el tema de los bandidos. Seguramente, si se toparan con algunos serían ellos los más perjudicados, pero suponía que para la gente común debía ser un problema preocupante.

Ino y Lee se miraron. ¿Deberían advertirles sobre Sasuke? Lo cierto es que el Uchiha nunca había atacado a ningún civil, lo más seguro es que si se topaba con ellos simplemente pasara de largo.

—No —dijo Lee finalmente—. Aunque si vais solos y os sentís más seguros podríais contratar ninjas en Konoha como escoltas.

—Tentador —contestó Suigetsu forzando una sonrisa—. ¿Y a qué distancia queda Konoha más o menos?

—No muy lejos, a unos diez o quince kilómetros en esa dirección —estimó Lee señalando el camino—. De todas formas podéis estar tranquilos, los alrededores de Konoha están muy vigilados, no hay nada que se nos escape.

Lee sonrió brillantemente tratando de infundir confianza mientras levantaba un pulgar, sin saber que esas palabras eran como un jarro de agua fría para Suigetsu.

—Mucho más tranquilo, si señor —exclamó el antiguo Taka con fingida alegría—. Mucho más. ¿Tú no, Juugo?

El gigantón asintió sin una palabra y consiguió esbozar una pequeña sonrisa, siguiéndole el juego a Suigetsu.

—Está bien, buen viaje —dijo Ino antes de saltar a una rama junto a Lee—…Y gracias —añadió hacia Suigetsu.

Tal vez si el chico no hubiera estado tan concentrado en mantener la cara de felicidad que por nada del mundo sentía, hubiera contestado con alguna de sus habituales galanterías, pero siendo así, se limitó a levantar la mano como saludo hasta que los dos se perdieron entre los árboles.

—¿Has oído eso, Juugo? —Refunfuñó dándole un manotazo en el pecho— "Muy vigilados". Mierda. Podría haber dicho, vigilados, o ligeramente atendidos… Pero no.

—Vamos —suspiró Juugo poniéndose en marcha de nuevo.

Un par de kilómetros después Suigetsu seguía quejándose y pateando cualquier piedrecilla que encontraba con indignación.

—Todo esto apesta.

—Te recuerdo que fuiste tú quien nos ofreció voluntarios —apuntó Juugo con paciencia.

—¿Quién iba a pensar que había tantos ninjas pululando por aquí? —Espetó Suigetsu con exageración—. Están en medio de una jodida guerra, deberían estar en el frente luchando contra… el mal, no aquí dándonos por el culo.

Juugo simplemente se encogió de hombros con una mueca de "qué se le va a hacer".

—Y además, cuando lleguemos a Konoha aun tenemos que encontrar a la perra pelirroja entre todos esos guardias —rezongó Suigetsu con pereza—. Porque claro, no es como si fuéramos a encontrárnosla por casualidad corriendo hacia nosotros mientras nos lanza chocolate y besos… Encima de rescatarla tendremos que…

Suigetsu no pudo terminar su inspirado discurso porque alguien se le echó encima haciendo que cayera al suelo junto con su atacante y ambos rodaran en un nudo de piernas, brazos y pelo rojo.

—¿Qué mierda haces tú aquí, imbécil? —preguntó la chica que había arrollado a Suigetsu ajustándose las gafas torcidas para enfocarle.

El muchacho por su parte la miraba anonadado. Acababa de chocarse, nada menos que con Karin que venía corriendo desaforada hacia ellos, tal y como él lo había descrito, a excepción de los chocolates y los besos —en su opinión podía quedárselos—.

—Joder, soy el puto elegido.

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No había mucho que hacer salvo esperar. Ellos no podían avanzar hasta que Juugo y Suigetsu volvieran, así que eso les dejaba con unos largos y ociosos días sin nada para ocupar su tiempo. En un alarde de ingenio, Sakura había sugerido ir a visitar las aguas termales de la ciudad, aunque aún no había terminado de plantearlo cuando Sasuke contestó con un rotundo "ni lo pienses", porque claro, él no iba a dejar que fuera sola y por nada del mundo iba a meterse también.

De este modo, las posibilidades de ocio de Sakura se habían reducido a tomar el sol en la pequeña cala cercana la casa, bajo la estrecha vigilancia del Uchiha. No es que le molestara exactamente su presencia, de hecho, toda su vida había buscado su compañía y atención, pero no se engañaba, no era que estuviera preocupado por lo que pudiera ocurrirle, sino por lo que podía herirle a él a través de ella. Sasuke se sentía vulnerable porque la consideraba débil e incapaz de protegerse, así que no se atrevía a dejar que vagara libremente por ahí. Si algo había aprendido de él últimamente es que odiaba no tener el control, de manera que no tenerlo sobre su propia integridad lo exasperaba.

—Por curiosidad —comenzó Sasuke con aburrimiento— ¿Si tanto sol te da cáncer lo sufriré yo también?

Sakura ni siquiera se giró a mirarle, sabía dónde estaba, sentado a la sombra unos metros más atrás, apoyado en un tronco de árbol y lanzando piedrecitas a objetivos imaginarios con hastío.

—Tal vez lo sepamos dentro de diez años —contestó la pelirrosa con desinterés— ¿Por qué? ¿Estás planeando matarme por sobreexposición solar?

—No digas chorradas, Sakura, no estoy de humor —bufó Sasuke con una mueca de desdén.

—Nunca lo estás —suspiró Sakura.

El Uchiha la fulminó con la mirada inútilmente ya que ella no podía verle, sin embargo, deseó que la sintiera quemar en su coronilla. ¿Cómo iba a estar de buen humor si lo había obligado a estar allí sin hacer nada? Todo era su jodida culpa. Él debería estar ahora mismo participando en la guerra, cumpliendo su venganza, no haciendo de niñera para una estúpida.

—Tal vez es que no le encuentro sentido a que te empeñes en tumbarte bajo el mismo sol que casi nos mata de calor viniendo hacia aquí, es estúpido —espetó finalmente con acritud.

—No tengo nada mejor que hacer —reconoció Sakura—. Y tranquilo, lo más grave que puede pasarte es que te salga alguna peca.

—A la sombra, ya —ordenó Sasuke tajantemente.

Sakura soltó un suspiro derrotado y se levantó para ir a sentarse a su lado. Era mejor no discutir con él, además, nunca había sido capaz de llevarle la contraria durante demasiado tiempo, había algo en sus ojos que la intimidaba, hacía que se sintiera pequeña y cediera.

Sasuke la miró mientras se sentaba y apoyaba su espalda en el mismo árbol que él. Tenía las mejillas algo más rosadas, seguramente se había quemado la piel con el sol, tan sólo deseaba que las suyas no mostraran el mismo aspecto o se vería ridículo, ya lo había sufrido tras atravesar el mar bajo el ardiente sol y no le había gustado nada.

—Tal vez deberías dedicar tu tiempo a algo más productivo —sugirió Sasuke—. Pensar que vas a hacer cuando encontremos a Kabuto, por ejemplo.

—Por todos los… ¿Es que nunca te relajas? —espetó Sakura mirándolo incrédula.

—Estoy relajado —señaló el Uchiha sin alterarse.

—Me refiero a desconectar por un momento de toda la… mierda que tenemos encima —explicó la pelirrosa gesticulando exageradamente—. A hacer algo simplemente porque quieres hacerlo, porque te gusta.

—Yo siempre hago lo que quiero hacer —respondió Sasuke—. Quería vengarme y nada me detuvo a la hora de marcharme a perseguir mi objetivo.

—Dudo mucho que eso sea lo que te guste hacer, puede que quieras hacerlo porque crees que debes —contestó Sakura—, porque lo que hicieron a tu familia fue injusto. Pero dudo mucho que disfrutes matando a los que antes fueran tus amigos y malgastando tu vida para conseguirlo.

El muchacho no dijo nada, sólo la observó en silencio. Lo primero que pensó fue en decirle que no tenía ni idea de lo que hablaba, ordenarle que se callara. Sin embargo, una pequeña parte de su interior reconoció parte de verdad en las palabras de la pelirrosa. El deber. ¿Qué motivo le había llevado a abandonar Konoha de niño? Tenía amigos, una vida, un prometedor futuro como ninja, pero todo aquello había pasado a un segundo plano porque tenía un objetivo más grande que sí mismo, era el último, el único Uchiha que quedaba y sobre él recaía el deber de vengar a su Clan.

—Yo hablo de olvidarse por un segundo de lo que debes hacer, de quién te han dicho que eres y simplemente hacer algo porque te apetece a ti, no porque vayas a conseguir algo o te acerque más a tu objetivo —terminó Sakura con una sonrisa soñadora.

La mirada de Sasuke se perdió en el mar cuyas olas el viento agitaba rompiéndose una y otra vez frente a la costa… Quien te han dicho que eres… ¿Y quién era? Le habían dicho tantas cosas, hermano, hijo, amigo, Uchiha, genio, vengador, asesino, traidor… ¿Qué era realmente? ¿Qué sería si no tuviera que ser él? Sus ojos pasearon nuevamente por el ir y venir de las olas, le gustaría… le gustaría saber qué se siente al estar ahí dentro dejando que el agua te golpeé y se mueva alrededor. Podría levantarse en ese mismo momento y comprobarlo… pero sabía que no iba a hacerlo.

—Deberías dejar de pensar que hay algo más dentro de mí que odio y venganza —dijo Sasuke volviéndose para mirarla con su oscura mirada—. No te engañes, no lo hay.

—Nos escuchaste… —suspiró Sakura tristemente.

—Parece que Tsunami es más observadora de lo que aparenta —comentó el Uchiha desviando la conversación hacia temas menos personales—. ¿Cuánto sabe?

—Nada concreto, presiente que estamos actuando al margen de Konoha…

—Hmp. ¿Crees que podría entregarnos? —preguntó Sasuke duramente.

—¡No! Por supuesto que no —contestó la pelirrosa indignada.

—Bien. No me gusta no saber lo que sucede —declaró Sasuke—. Me engañaste con lo de Tobi. ¿Hay algo más que deba saber antes de seguir con esto?

Sakura lo miró seriamente unos segundos con un único pensamiento ocupando su mente, tan enorme que temió que lo viera en sus ojos. Sin embargo, parpadeó y contestó con tranquilidad.

—Nada importante.

. */*/*/*/* .

Eh, chico… Naruto. Creo que ya va siendo hora de que despiertes.

¿Kurama?

La risa del Kyuubi resonó en la cabeza del muchacho.

Abre los ojos de una vez, no puedes tenernos toda la vida durmiendo, ahí afuera hay una guerra.

Una guerra… ¡Una guerra dattebayo!

Cuando abrió los ojos repentinamente, lo primero que vio fue un techo inmaculadamente blanco que le hizo parpadear. Trató de moverse y descubrió que le dolía todo el cuerpo como si le hubieran dado una paliza y le hubieran machacado los huesos.

Con esfuerzo, consiguió incorporarse. Estaba en una mullida cama cubierto de vendas de la cabeza a los pies. A su alrededor no había demasiados muebles, únicamente un par de sillones, una mesilla con un jarrón y un armario al fondo, la reconoció como una típica habitación de hospital.

De pronto, la puerta de la habitación se abrió y por ella entró una chica con un café humeante en la mano.

—Hinata ¿Qué ha pasado dattebayo? —preguntó el rubio al reconocerla.

La muchacha dio un respingo soltando el café que se desparramó por el suelo mirándole con los ojos de par en par.

—¡Naruto-kun! —Hinata se acercó corriendo emocionada, por un momento pareció que iba a abrazarle pero finalmente se contuvo— Voy a avisar a Shizune. No… te muevas. Oh, Kami-sama, pensábamos que no…

La chica hablaba entrecortadamente con su débil voz casi sin poder contener las lágrimas.

—¿Dónde estamos? ¿Qué pasó con Tobi dattebayo? —preguntó de nuevo Naruto soltando un siseo de dolor al moverse demasiado bruscamente.

Al instante, Hinata estaba a su lado para ayudarle a recostarse de nuevo.

—Utilizaste una gran cantidad de chakra para… atacar a Tobi —contestó Hinata mirándose los pulgares—. Le derrotaste… pero casi te matas. Has estado inconsciente… desde entonces. Tus niveles de chakra eran tan bajos que ni siquiera po…podíamos sentir el chakra del Kyuubi… Llegamos a pensar que no podrías despertar…

Hinata le sonrió mientras se llevaba la mano a los ojos para borrar unas cuantas lágrimas indiscretas.

—Por cierto,… estamos en Konoha.


Ups…

Bueno, queríais saber dónde estaba Naruto ¿no? Pues ahí lo tenéis, dormidito en Konoha… Uy, qué mentirosa es Sakura ¿no creéis? (tuturú). Ahora la duda será ¿Qué mierda quiere hacer esa loca? Jaja

En fin, creo que en este capítulo ha habido un poquito de "sasusaku", al menos han interaccionado entre ellos, que ya es algo.

Ah, y por supuesto ha vuelto a salir Suigetsu al que le siguen lloviendo mujeres del cielo jaja por lo menos se han librado de tener que ir a buscar a Karin hasta el fin del mundo

Hasta la semana que viene :) Muchas gracias por los reviews.

Besos, Ela.