Disclaimer applied


EL albedrío de los condenados

Capítulo 13. El olor de la venganza

—¡Naruto! ¡Vuelve aquí inmediatamente! —gritaba acaloradamente Shizune mientras corría tras él por los pasillos del hospital.

Resultaba impresionante la velocidad que el rubio podía alcanzar apoyándose en sus muletas. ¡Si incluso derrapaba en las curvas! Y eso que sólo podía apoyar una pierna, ya que llevaba la otra escayolada desde los dedos a la ingle.

—¡Ni hablar, dattebayo! ¡Me voy a enterar de una vez por todas de qué es lo que pasa aquí! —respondió Naruto sin aminorar su velocidad, ni siquiera cuando un anciano con andador le llamó gamberro por casi arroyarlo en su carrera.

—¡Naruto-kun! ¡Por favor, estás convaleciente! ¡Vas a hacerte daño! —suplicaba Hinata corriendo en pos del rubio junto a Shizune.

Sin embargo, Naruto continuó con su carrera hacia la puerta empujándose con sus muletas sin descanso. Llevaba ya casi dos semanas hospitalizado, y eso sin contar el tiempo que había estado inconsciente, y nadie se dignaba a decirle qué estaba pasando con la guerra. Lo único que le habían permitido saber era que, después de matar a Tobi, el ejército enemigo se había replegado. ¿Pero qué pasaba con Kabuto y su Edo Tensei? ¿Habría conseguido pararlo Itachi? Y se negaba a creer que Sasuke no hubiera hecho nada todavía, el muy bastardo.

Casi había alcanzado la entrada cuando Shizune por fin consiguió enganchar la parte de atrás de su camiseta y frenarlo con un tirón que hizo crujir las costuras y casi le ahogó con el cuello de su propia ropa.

—¡Sueltame! ¡Quiero hablar con la vieja, dattebayo! —Se revolvió Naruto enfurruñado.

—Ya te he dicho que Tsunade-sama no está en Konoha —contestó Shizune perdiendo la paciencia—. ¿Quieres que te diga el mensaje que me dio para ti? "Mocoso, casi estiras la pata así que no se te ocurra levantar el culo de la cama hasta nueva orden".

—Naruto-kun, debes descansar —pidió Hinata resollando por la carrera.

—¡Tarde o temprano me voy a enterar de lo que pasa! —Bufó Naruto— ¡No voy a quedarme aquí sin hacer nada para siempre, dattebayo!

—¡Se acabó! Te confisco las muletas —dijo dignamente Shizune quitándoselas de un tirón, por lo que el chico tuvo que apoyarse en la pared para mantener el equilibrio—. Ahora vuelve a tu habitación ya y deja de montar tanto escándalo.

—¿Y cómo se supone que voy a volver sin eso si no puedo andar? —masculló Naruto enfurruñado.

—Acabas de recorrer medio hospital para salir a hacer quien sabe qué. Te las arreglarás —contestó Shizune airada.

—Empiezas a hablar como la vieja, dattebayo —refunfuñó el chico por lo bajo.

—Hinata. ¿Puedes acompañarle a su habitación, por favor? Así evitaremos que se abra la cabeza… de nuevo —añadió Shizune con una torva mirada a su frente vendada.

Cuando la ninja médico se alejó por el pasillo para atender otros múltiples asuntos del hospital, Hinata ayudó a Naruto a caminar pasándose su mano por los hombros para servirle de apoyo.

—No puedo quedarme sin hacer nada cuando sé que algo está pasando —se lamentó Naruto—. Tú lo entiendes. ¿Verdad, Hinata-chan?

La chica le lanzó una tímida mirada y asintió levemente apartando los ojos en seguida. La cercanía entre ellos la ponía nerviosa y hacía que sus mejillas se sonrojaran sin remedio.

—Pensé que cuando Kakashi-sensei y Sakura-chan vinieran a verme me dirían algo, dattebayo, pero no han aparecido por aquí —añadió el rubio tratando de restar importancia con su tono a la evidente preocupación y desilusión que eso le causaba.

—Naruto-kun… —suspiró Hinata con pesar—. Si ellos no… no han venido a verte es porque no pueden… Estuvieron muy preocupados por ti. Lo que deberías hacer es… hacer caso a los médicos para recuperarte… Deja que ellos se ocupen de las cosas hasta que mejores… es lo que hacen los amigos. Confía en ellos.

Naruto se giró para mirarla a la cara deteniendo su marcha como si estuviera pensando en sus palabras. De pronto, frunció el ceño con determinación.

—Tienes razón Hinata-chan —dijo con los ojos brillantes de convicción—. Así no seré de mucha ayuda, pero mejoraré rápidamente para poder volver a luchar junto a mis compañeros 'ttebayo. Yo soy el único que puede parar a Sasuke y tengo que estar en plena forma para poder con ese terco bastardo.

Hinata volvió a desviar la vista mientras reanudaban la marcha hacia la habitación. Naruto no sabía la razón que tenía en aquella última frase.

. */*/*/*/* .

Otra carcajada llegó hasta sus oídos y Sasuke ni siquiera se volvió. Sabía perfectamente de dónde provenía y no merecía la pena el esfuerzo de girarse y fulminarla con la mirada, por mucho que le irritase.

Desde que se habían despertado aquella mañana para ponerse en marcha, Suigetsu no se había despegado de Sakura. Caminando a su lado mientras le contaba cien mil chorradas que hacían a la chica reírse continuamente. Payaso.

No era suficiente con que Sakura tratara al impredecible Juugo como si fuera un oso de peluche, sino que también se acercaba a Suigetsu sin ningún tipo de reparo, como si no fuera un sádico cabrón. Joder, pero si había tenido que ser él ¡él! Quien había tenido, al principio, que prohibirle matar a todo ser viviente con quien se encontraran. Esa estúpida conseguiría que la matasen, y a él también de paso.

—Venga, algo tiene que haber —insistió Suigetsu sonriendo con complicidad.

—No, ya te lo he dicho —contestó Sakura riendo—. Ya le conoces, Sasuke era elegante hasta persiguiendo gatos. No tiene momentos ridículos… sólo…

En ese momento, una luz pareció cruzar los ojos de Sakura cuando un recuerdo le vino a la mente. Acto seguido estalló en carcajadas, incluso se dobló por la mitad sujetándose las costillas por la risa.

—¿Qué? —preguntó Suigetsu riendo levemente por contagio de las risas de la chica— ¿Qué es?

—No, esto no puedo contarlo —negó Sakura recuperando el aliento—. Si te lo digo Sasuke me mata.

—No creo que te haga nada —insistió el chico.

A pesar de pretender que no hacía caso a la conversación, caminando por delante, Sasuke no perdía palabra y podía imaginar exactamente qué vergonzoso momento de su infancia estaba rememorando Sakura. La chica tenía razón, si se le ocurría contar aunque solo fuera una palabra de aquel "incidente" con Naruto en la academia, nadie saldría con vida de allí. Por si acaso la chica decidía dar rienda suelta a su lengua pensando que él no escuchaba, se dio un pellizco en su propio brazo a modo de aviso sabiendo que ella lo sentiría también.

La pelirrosa soltó un pequeño gritito y se frotó el brazo mascullando entre dientes contra el Uchiha mientras Suigetsu la miraba con curiosidad y lanzaba un sospechoso vistazo hacia Sasuke.

—Lo siento, es demasiado personal —se disculpó Sakura negándose a revelar la vergonzosa escena de Sasuke.

—Guardas demasiados secretos, mi querida Sakura —sonrió Suigetsu sobreactuando con galantería—. ¿Ni siquiera te apiadarás de mí dándome una pista sobre mi espada?

—Pierdes el tiempo —dijo entonces Sasuke volviéndose finalmente hacia ellos—. Ella no va a decirte nada. Seguramente esa espada la tiene algún inútil de Konoha y no va a decirte cual, así que largo.

—Tranquilo macho alfa, ella sólo tiene ojos para ti —se burló Suigetsu levantando las manos mientras aparentaba inocencia—. Ha dicho que eres elegante.

Antes de que Sakura pudiera indignarse por el comentario, Sasuke se adelantó fulminándolo con la mirada.

—No digas gilipolleces —espetó Sasuke con desdén, indicándole con la cabeza que se fuera.

Suigetsu hizo una profunda reverencia ante Sakura y se adelantó para alcanzar a Juugo y Karin que se habían detenido en un riachuelo que pasaba más adelante.

—Sólo hace esas idioteces para conseguir que le digas dónde está su espada —dijo Sasuke.

—¿Crees que no lo sé? —Preguntó Sakura divertida— He contado por decenas las insinuaciones sobre espadas que me ha hecho en toda la mañana.

—No quiero que te acerques a él —ordenó Sasuke de pronto.

Sakura simplemente le miró enarcando una ceja decidiendo si había oído mal o estaba dándole tiempo a Sasuke para rectificar lo que creía haber escuchado.

—¿Qué? —dijo finalmente la chica al ver que él no decía nada.

—Me pone nervioso —siseó Sasuke apretando los dientes.

—No me digas que estás… celoso —le retó Sakura a pesar de que la idea le resultaba absurda. Aun así, una parte de ella se sentía poderosa por pensar que pudiera estarlo. Esa parte inconfesable de sí misma deseaba que lo estuviera por imposible que fuera.

—No seas ridícula —espetó Sasuke intimidante, dando un paso hacia ella. Retándola con la mirada a repetir aquella insensatez.

¿Celos de Suigetsu? No, gracias. Puede que ese payaso no estuviera tan podrido por dentro como él pero, desde luego, estaba lo suficientemente jodido como para no querer estar en su lugar, tenía bastante con su propia mierda. Si quisiera tener celos de alguien, algo que no ocurría, debería ser de Naruto. El eterno salvador del mundo. Si a esos imbéciles de Konoha les dijeran que dieran una mano por él, se cortarían las dos sin dudarlo. Sólo había que ver a todo lo que estaba renunciando Sakura por él.

—Suigetsu no es tan inofensivo como parece, de hecho, no es inofensivo en absoluto —prosiguió Sasuke tajantemente—. Pajareando a su alrededor te pones en peligro y lo que es peor, me pones en peligro a mí con tu estupidez.

—¿Es que acaso le tienes miedo? —preguntó Sakura sólo para molestarle.

—Lo que me inquieta es tu incompetencia para cuidar de ti misma —contestó Sasuke elevando el tono.

—¡¿Mi incompetencia? —Gritó Sakura con indignación haciendo que todos la miraran— Si mal no recuerdo no fue tu Sharingan lo que te sacó de esa celda, sino mi… ¡Sakuragan!

Dicho esto se alejó dando zancadas mientras Sasuke asimilaba perplejo lo que acababa de decir, en medio del congelado silencio de los demás que, pese a estar un poco alejados, no habían podido evitar oír la última frase de la pelirrosa.

—Ha dicho "Sakuragan" —susurró Juugo como si quisiera comprobar que había escuchado bien.

—Sí, eso ha dicho, grandullón —respondió Suigetsu, demasiado sorprendido como para reír todavía—. Creo que a Sasuke le va a salir una úlcera.

—Por la cara que está poniendo creo que ya la tiene —estimó Karin enarcando una ceja con ojo crítico.

Sasuke se había quedado quieto, con los ojos cerrados y el ceño fruncido, como si estuviese acumulando paciencia infinita… o tuviese dolor de muelas. Y es que la palabra "Sakuragan" bastaba para desarmar a cualquiera. ¿Qué tenía esa mujer en la cabeza? Con un suspiro estoico abrió los ojos y se acercó hasta los demás.

—Y peor cara que va a poner —agregó Suigetsu con una pequeña sonrisa—. Creo que sé que es lo raro entre esos dos y voy a comprobarlo.

—De eso nada, idiota —espetó Karin con una mirada de advertencia—. Respeto enormemente tus ganas de morir, pero tus idioteces ya nos dejaron sin la cena de anoche y no permitiré que nos dejen sin comer hoy.

—Un poco de ayuno no le vendrá mal a tu pandero, vaca vieja —contestó el chico sin prestarle demasiada atención—. Ahora, debéis prestarle atención a Sakura. Juugo, finge que peleas conmigo y pe…

—¡¿A quién llamas vaca, maldito imbécil?

Ni siquiera pudo terminar la frase antes de que Karin se le echara encima con las uñas por delante y rodaran ambos por el suelo, arrastrando a Sasuke que hasta entonces había estado sentado tranquilamente a la sombra.

No era exactamente cómo Suigetsu lo había planeado, pero serviría. Tratando de que Karin no le diese un golpe demasiado fuerte en algún lugar irreparable, Suigetsu forcejeó con ella arreglándoselas en mitad del caótico nudo de brazos y piernas, para conseguir darle un "accidental" zarpazo a Sasuke en la cara que le dejó dos sangrantes arañazos en la mejilla.

En cuanto oyó a Sasuke gruñir por los rasguños y, lo que fue más importante, a Sakura soltar una maldición un poco más lejos de ellos, Suigetsu agarró a Karin y rodó para alejarse un poco, consiguiendo inmovilizarla tumbándose sobre su espalda y retorciéndole el brazo hacia atrás para que dejara de golpearle.

—¡Anormal de mierda! —forcejeaba Karin tratando de soltarse.

—Cállate y mira, zanahoria —susurró Suigetsu en su oído retorciéndole un poco más el brazo.

Sasuke se había levantado del suelo y mascullaba algo que sonaba a "mataré a esos idiotas", mientras se sacudía la tierra de la ropa. Unos pasos por detrás de él, Sakura se tocó la mejila con la mano y descubrió sangre al mirarse los dedos.

La pelirrosa había estado remojándose un poco la nuca con el hilo de agua que bajaba por el riachuelo, cuando notó como Karin y Suigetsu arrastraban sin querer a Sasuke hasta el suelo y poco después había sentido un arañazo en la cara. Genial. Incluso tenía sangre. Si no hubiera preferido no llamar la atención sobre el vínculo que compartía con el Uchiha, Sakura le habría restregado por la cara lo "bien" que él sabía cuidar de sí mismo. Pero en aquel momento se contentó con una mirada de superioridad enarcando las cejas.

—Tienen… tienen la misma herida —notó Karin extrañada— ¿Pero cómo…?

—Cuando luchamos con esos ANBU, Sasuke no pudo salir herido porque el Susano le protegía —prosiguió Suigetsu hablando bajo para que sólo ella le oyera—, sin embargo, tenía sangre en la ropa… exactamente en el mismo lugar que ella.

—¿Comparten las heridas? —preguntó la pelirroja anonadada.

—Eso parece, si uno sale herido el daño se refleja en los dos —hizo notar el chico estrechando los ojos para cavilar la causa.

—Un sello vinculante —concluyó de pronto Karin con los ojos abiertos por la sorpresa—. No puedo creerlo. Ella le ha atado con un vinculante de daño físico. Todo el daño que sufra ella también lo sufrirá él, y al revés.

—Por eso está ayudándola, por eso no la ha matado —especuló Suigetsu—. Vaya putada de trato, hay que estar muy desesperado para usar algo como eso, y más aún para usarlo con él.

. */*/*/*/* .

Akamaru saltó al suelo desde la rama y olisqueó el aire. Había algo raro en aquel ambiente y no lograba captar qué.

—¿Qué pasa Akamaru? —Preguntó Kiba desde su lomo, palmeándole el costado— ¿Has encontrado algún rastro?

El enorme perro ninja simplemente gruñó en respuesta y siguió caminando, husmeando el suelo todavía para buscar de dónde provenía aquella sensación que le erizaba el pelo.

Kiba suspiró y estiró el cuello pasándose la mano por él para desentumecerlo. Su pelotón llevaba ya varias semanas rastreando posibles rastros del ejército enemigo, querían saber dónde se estaban reagrupando después de la muerte de Tobi ya que nadie se creía que todos sus enemigos hubieran desaparecido sin más. Sin embargo, no habían encontrado nada sobre esas extrañas bestias blancas, ni tampoco ningún célebre ninja resucitado por obra y gracia del Edo Tensei.

Había recibido noticias de sus compañeros hacía unas semanas y todavía no había llegado a asimilar lo de Sakura. Que la pelirrosa hubiera sido declarada traidora era algo que le superaba. Cuando había ido con ella para disuadir a Naruto de continuar con la búsqueda de Sasuke y más tarde a matarlo, se había dado cuenta de lo mucho que se esforzaba la pelirrosa por enterrar los sentimientos que la ataban al Uchiha y todo por el bien de Naruto y de la aldea. ¿Cómo era posible que después simplemente hubiera hecho lo contrario? Tal vez, él la había obligado. ¿No tendría eso en cuenta el Consejo? Uchiha era muy capaz de usarla de manera tan horrible.

Kiba volvió a removerse sentándose mejor sobre Akamaru, tampoco había encontrado ninguna pista sobre Sakura por mucho que hubiera buscado su rastro como le habían pedido.

De pronto, sintió como Akamaru se detenía en seco y miraba inquieto hacia los lados. Su propio instinto se disparó, detectando algún tipo de peligro sin tan siquiera verlo todavía.

—¿De luchar contra Kages a esto? —Escuchó una voz profunda y desdeñosa—. Qué manera de desperdiciar mi tiempo.

Kiba vio a un compañero suyo caer convertido en una llamarada negra antes de entender qué es lo que realmente estaba pasando, después todo fueron gritos, fuego y sangre.

. */*/*/*/* .

Después del accidentado descanso, el grupo de Sasuke había reanudado la marcha a pesar de las protestas de Suigetsu que deseaba echar una tranquila cabezada a la sombra.

Sakura caminaba en esta ocasión junto a Juugo, lo que no tranquilizaba mucho a Sasuke, pero era mejor que ver al payaso revoloteando a su alrededor. Al menos podía tener un ojo en Juugo para prever cuando podría tener uno de sus ataques, Suigetsu era impredecible. Juugo al menos era incapaz de crear maquinaciones perversas, si se daba la vuelta, podía ver cómo contestaba pacientemente a la pelirrosa que no paraba de preguntarle cómo se llamaban todos los animalejos que se encontraban.

Sasuke respiró hondo. Al hacerlo notó que había un olor dulzón en el aire y arrugó la nariz.

—Deberíamos tomar el camino sur, daremos más vuelta pero así rodearemos Konoha sin acercarnos, sus alrededores están muy vigilados —le informó Karin.

El Uchiha la ignoró y volvió a tomar aire intentando averiguar de dónde provenía aquel olor tan extraño y en cierto modo desagradable. Olía a algo dulzón y a hierro… Sasuke se tensó.

—Mira, un kunai —dijo Suigetsu agachándose para cogerlo—. Este me lo quedo, está casi nuevo… Oh, aquí hay otro…

El chico se levantó extrañado y miró alrededor viendo que estaba rodeado de armas abandonadas en el suelo.

—¿A qué huele? —preguntó entonces Karin frunciendo el ceño contrariada y olfateando el aire.

Al dar otro paso, un chapoteo de barro hizo que Sasuke mirase hacia abajo encontrando con que había metido el pie en un charco rojo.

—A sangre —contestó el Uchiha, retrocediendo un paso y girando la cabeza para fijarse en su alrededor.

Suigetsu, pálido como la muerte, soltó el kunai que repiqueteó en el suelo. Y Karin contuvo las arcadas para evitar vomitar al contemplar la imagen que tenían delante.

En los árboles cercanos había ninjas empalados en las ramas, colgando de formas grotescas allí dónde habían muerto, como peleles de trapo. Al principio no habían reparado en ellos, sólo en el olor de la sangre. Pero conforme avanzaba la vista, el panorama se iba recrudeciendo, el suelo estaba surcado por ríos de sangre y por doquier se amontonaban cuerpos descuartizados o quemados. El olor, ahora que sabían de donde venía, resultaba imposible de respirar, denso. Aquello era una masacre.

—Joder zanahoria, déjame que te diga que tienes un poder husmeador de mierda —dijo Suigetsu mirando alrededor con desagrado.

—La gente muerta no tiene chakra que pueda sentir, imbécil —contestó Karin débilmente con cara de estar a punto de vomitar.

—Tampoco sentiste a esos ANBU el otro día y nos encontraron aunque tú estabas ocultando nuestro charka —contraatacó el muchacho.

—Eso es porque quizá entre ellos había algún ninja sensor y me anuló —respondió con furia la pelirroja sonrojada.

Sasuke seguía mirando alrededor sin prestarles atención y reconoció enseguida las bandas que portaban los muertos en sus frentes, eran ninjas de la Alianza.

—Mierda —maldijo mientras retrocedía rápidamente sobre sus pasos.

Llegó frente a Sakura impidiendo que pudiera avanzar hacia el horror que la aguardaba más adelante. ¿Cómo podía reaccionar Sakura si veía todo aquello? Tal vez incluso conocía a alguno de los desgraciados que habían muerto en esa carnicería.

—¿Qué pasa? —preguntó Sakura sorprendida por la repentina llegada de Sasuke.

—Vamos a ir por otro camino —dijo Sasuke firmemente.

—¿Por qué? ¿Ha ocurrido algo? —cuestionó la pelirrosa, escéptica, mientras trataba de ver detrás de él.

La chica se sorprendió aun más cuando Sasuke la sujetó por los brazos para que se estuviera quieta.

—No, sólo cambiamos de ruta —explicó parcamente el Uchiha. Confiando en que esa respuesta bastara para que simplemente obedeciera de una jodida vez.

Sakura se estaba poniendo nerviosa, todo aquello era demasiado extraño. Vio a Karin y Suigetsu acercarse, serios y pálidos, y supo que algo no iba bien.

—No, pasa algo. ¿Qué hay ahí delante? —preguntó ansiosamente moviendo la cabeza para tratar de avistarlo.

Cuando Sasuke la tomó por la barbilla y la obligó a mirarle, se habría sonrojado si no hubiera estado tan preocupada.

—Sakura, mírame —ordenó el Uchiha clavando sus ojos en los de ella con fiereza—. No quieres ver lo que hay ahí. Hazme caso por una puta vez en tu vida.

Los labios de Sakura temblaron y su respiración se aceleró. Sus ojos pasaban de Sasuke a lo que tenía detrás, indecisa mientras mil horrores pasaban por su cabeza imaginando lo que habría. Avistó un par de kunais clavados en el suelo. Con un brusco movimiento se soltó de su agarre y avanzó a trompicones temerosa de lo que podría encontrar.

Sasuke no trató de detenerla, cerró los ojos un momento para después volverse y observarla. Sólo esperaba que no se desmayara, si lo hacía puede que él también perdiera la consciencia y si lo que había hecho aquello estaba cerca, debían estar alerta y salir de allí lo antes posible.

Lo primero que vio la pelirrosa fue la sangre en el suelo, charcos enteros de barro enrojecido cubrían la tierra y manchaban la hierba. Entonces comenzó a ver cuerpos. Estaban por todas partes, ensangrentados y destrozados, yaciendo de forma grotesca sobre el suelo o las ramas. Un angustioso gemido se escapó de los labios de Sakura cuando los reconoció como ninjas de la Alianza. Trató de respirar pero el oxígeno no parecía llegarle a los pulmones por muy fuerte que lo hiciera, sólo la inundaba el olor que lo impregnaba todo.

Todo un escuadrón de la Alianza masacrado ante sus ojos, no quería mirarlos más detenidamente porque estaba segura de que si reconocía a alguien —lo que era más que probable—, no podría soportarlo. Podría haber sido ella, pensó mareada, todos los escuadrones llevan equipo médico.

Sin poder aguantarlo más, Sakura se inclinó junto a un árbol y vomitó. Juugo trató de acercarse a ella pero la chica rechazó su ayuda apartándolo con el brazo, se limpió la boca y trató de caminar trastabillando con los ojos empañados de lágrimas.

—No… —sollozaba entre agitadas respiraciones, pasando junto a los cuerpos de sus antiguos compañeros, reconociendo algún rostro que había combatido junto a ella en las batallas o que había sanado en el hospital de campaña.

Sasuke estaba algo mareado debido al ataque de ansiedad que estaba sufriendo Sakura, el oxígeno no le llegaba bien al cerebro y por lo tanto a él tampoco. Lo que era un total incordio en conjunto. Tenían que salir de allí.

—Sakura —la llamó con seriedad.

La pelirrosa se giró hacia él, mirándole con los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas.

—No querías que lo viera —le dijo— ¿Por qué? ¿Acaso no piensas hacer tú lo mismo en Konoha? ¡¿No es esto lo que tanto deseas?

Esas palabras hicieron que un escalofrío recorriera la espalda de Sasuke hasta llegar a su cabeza. Miró a su alrededor y esta vez vio a los muertos masacrados con las caras de personas que conocía, Naruto, Sakura, Kakashi… incluso recordó la que había tenido su madre muerta sobre el suelo de su propia casa. Esta vez sintió como su propio estómago se revolvía.

—¡Mira a tu alrededor! —Seguía gritando Sakura, descargando su dolor contra él— ¡¿No querías muerte y venganza? ¡Aquí la tienes!

Sasuke se había acercado hasta ella para conseguir calmarla aunque fuera por la fuerza. Era peligroso seguir allí.

—Sakura, cálmate —ordenó aferrándola por los antebrazos.

—Podría haber sido yo —sollozó Sakura rindiéndose y agarrándose temblorosamente a la ropa de Sasuke.

Demasiado cerca, demasiado íntimo para dos personas que estaban tan distantes, que eran demasiado diferentes como para compartir nada o sentirlo. Sin embargo, Sasuke no la apartó, si bien tampoco hizo otra cosa, dejó que su aliento chocara contra su cuello y que sus manos temblorosas se cerraran fuertemente en su camisa. No era un abrazo, no lo era por ninguna de las dos partes. Era la manera de Sakura de intentar no caer en su propia angustia, de aferrarse a algo real por muy dañino que le resultara.

—Por favor… dime que no es esto lo que quieres… que no te alegras de esta carnicería —suplicó ella con la voz tomada por el llanto, prácticamente susurrándole pegada a él—. Dime que tú no lo harías…

Sasuke sabía porque le estaba diciendo aquello, necesitaba convencerse a sí misma de que él no era como los monstruos que habían cometido aquella masacre, de que aun quedaba algo de humanidad en él, lo suficiente como para saber que aquello era una atrocidad. Lo era. ¿Pero podía asegurar que no haría lo mismo si llegaba el momento de cumplir su venganza? ¿Podía decirle que él no sería un monstruo? No, no podía.

Notó como las lágrimas de Sakura le humedecían la ropa hasta llegarle a la piel.

—Tenemos que irnos de aquí —dijo Sasuke con voz algo ronca, ignorando el ruego de la pelirrosa y apartándola suavemente pero con firmeza.

Evitó mirarla a los ojos que notaba fijos en él, quemándole como brasas.


Hola!

Antes de nada quería daos las gracias a todas por las felicitaciones que me llegaron :D Sois geniales, muchos besos. Me preguntaron cuantos cumplía, cumplí veintidós.

Ahora, al capítulo, creo que ya se va viendo algo de Sasusaku un poco más cercano. En capítulos posteriores irá avanzando gradualmente, como siempre poco a poco. Además hoy vimos algo parecido a los celos por los que el público clamaba jaja.

Por cierto, mientras afiláis vuestras hachas, tengo que recordar que lo de Kiba ha sido culpa de Kabuto y Madara, no mía. Ya sabéis que amo a ese chucho.

También hemos visto algo a Naruto, que de momento se mantiene… "tranquilo" en Konoha… veremos cuanto le dura.

Besos, Ela.