Disclaimer applied


El albedrío de los condenados

Capítulo 15. Cuando se rompe el sello

Tan pronto como Neji había localizado a Sakura, todos se habían puesto rápidamente en marcha hacia el lugar que el Hyuuga indicaba. Por lo que había podido ver con su Byakugan, parecía que el temblor del suelo lo provocaba Sasuke peleando contra alguien con un chakra denso y poderoso.

A toda velocidad, habían atravesado el bosque cruzando la distancia que les separaba de la pelirrosa. Sin embargo, habían reducido el paso, horrorizados, al comenzar a ver los cuerpos muertos de los ninjas de la Alianza que Madara había masacrado. No habían podido evitar contemplar con horror aquella escena de violencia y sangre preguntándose quién había podido llegar a hacer algo así. Se trataba de un escuadrón entero de la Alianza. Un nudo se les instaló en la garganta mientras trataban de adivinar qué pelotón era aquel y quienes iban en él, por la mente de todos ellos desfilaron los nombres de sus compañeros más cercanos tratando de recordar dónde estaban destinados cada uno de ellos, con el miedo comenzando a hormiguear bajo su piel.

Entonces, algo golpeó fuertemente barriendo gran parte de los árboles cercanos y todos pudieron ver a lo lejos la batalla que llevaban a cabo los dos Uchiha, enfrentándose con sus poderosos Susanoo atacándose mutuamente. Un instante después, el Susanoo de chakra azul de Sasuke desapareció.

—Ese otro Susanoo sólo puede ser de un Uchiha. Me temo que Kabuto ha vuelto a poner en marcha su Edo Tensei, Sasuke está enfrentándose a Madara —dijo Kakashi poniéndose en marcha de nuevo para llegar al lugar del enfrentamiento.

—Madara ha desaparecido —informó Neji momentos después, mientras atravesaban la arboleda—. Parecía que iba a matar a Sasuke pero de pronto ya no está.

—¿Creéis que haya podido sellarlo? —preguntó Lee extrañado.

—Tal vez, Kabuto lo haya hecho desaparecer —opinó Sai—. Quizá no quiera matar a Sasuke, después de todo él también es enemigo de la Alianza, puede que lo considere un potencial aliado.

—Sea como sea, esto aun no ha acabado —dijo Neji—. Los ANBU que persiguen a Sakura también han llegado.

Justo cuando el muchacho pronunció esas palabras, a sus oídos llegaron las voces de Sakura y Sasuke uniéndose en un grito de dolor.

Kakashi saltó con decisión, atravesando la última línea de vegetación que les separaba de sus antiguos alumnos, y se quedó estático al ver cómo una gran bola de fuego se dirigía hacia la pelirrosa sin posibilidad de que esta la esquivara.

—¡SAKURA! —gritó Kakashi con desesperación.

Nunca habría imaginado lo que pasó a continuación. Justo en el instante en el que el fuego iba a alcanzar a la pelirrosa, Sasuke la levantó en brazos alzando al Susanoo sobre ellos y haciendo de este modo que el fuego chocara contra su impenetrable barrera desviándose sin dañarles.

Sasuke mantenía el ceño fruncido y sus ojos brillaban furiosamente con el Sharingan. Sin soltar a Sakura y antes de que pudieran advertirlo, el Uchiha hizo que el brazo Susanoo barriera a los ANBU que la habían atacado lanzándolos lejos, contra los árboles.

Kakashi notó que Sasuke bajaba la mirada hacia la pelirrosa cuando esta cayó inconsciente tras murmurarle algo. Resultaba una imagen sobrecogedora, al menos para él, ver como el Uchiha la sostenía firmemente mientras el Susanoo les rodeaba, supo que sería algo que recordaría durante mucho tiempo.

—¡Sasuke! —gritó de pronto un muchacho de pelo celeste acercándose corriendo al Uchiha, seguido de un chico alto y una joven pelirroja que Kakashi reconoció como Karin, la antigua compañera que Sasuke había tratado de matar.

El Susanoo desapareció y Sasuke trastabilló un paso, parecía cansado pero finalmente se mantuvo firme. Alzó la vista y se encontró con la mirada de Kakashi, por un segundo, una fugaz expresión de sorpresa cruzó su rostro para después tornarse seria y casi desafiante cuando vio a los otros tres ninjas que le seguían y alternaban una mirada anhelante entre él y la pelirrosa inconsciente en sus brazos.

Los ojos de Sasuke, semiocultos por el pelo, volvieron a encontrar los de Kakashi. Y a este le pareció ver un destello de duda en los del Uchiha, sin embargo, no acertó a descubrir a qué podía deberse, ya que al segundo siguiente este volvió la cabeza hacia sus compañeros y les gritó una orden cortantemente. Momentos después, el grupo desaparecía entre ilusorias llamaradas, tal y como Sai había visto hacer a Sasuke aquella vez en la guarida de Orochimaru.

—Con esta técnica no han podido ir demasiado lejos —dijo Lee—. Si inspeccionamos los alrededores seguro que los encontramos.

—Antes deberíamos volver para informar a Konoha de esto —sugirió Neji refiriéndose a la aniquilación completa de aquel escuadrón—. Tenemos que avisar a la Alianza de que Kabuto se está moviendo de nuevo.

—¿Habéis oído eso? —preguntó Sai moviendo la cabeza hacia los lados buscando el origen de aquel gruñido.

—Sí, parece un ladrido —respondió Kakashi.

—¡Mirad, es Akamaru! —gritó de pronto Lee, reconociendo al embarrado perro de Kiba.

Con el corazón en un puño, todos se acercaron rápidamente hasta el animal, encontrando tal y como esperaban, al propio Kiba tendido en el suelo con muy mal aspecto.

. */*/*/*/* .

Poco a poco, Sakura fue abriendo los ojos, parpadeando por la molestia que le causaba la luz. Conforme fue recuperando la consciencia se dio cuenta de que se encontraba bajo techo, tumbada en una cama que olía un poco a sábanas enmohecidas pero que al menos era confortable.

—¿Dónde estamos? —preguntó la pelirrosa al incorporarse adolorida y ver que el antiguo equipo Taka estaba en la habitación.

—¿Dónde crees? —Contestó Suigetsu con sorna—. Pensión Orochimaru "mohoso y serpenteante confort para todas las edades". Si esa víbora se hubiese dedicado a montar una cadena de hoteles se habría cubierto de oro. Cuenta la leyenda que una ardilla puede cruzar el país saltando de guarida en guarida sin tocar tierra.

Karin rodó los ojos con paciencia desde el lugar en el que estaba, apoyada en la pared en el fondo de la habitación. Y Juugo, sonriendo de medio lado por los descarados comentarios del chico, se acercó para acomodarle una almohada en la espalda a la pelirrosa.

—Genial —suspiró Sakura moviendo el hombro herido para desentumecerlo—. ¿Y Sasuke?

El ambiente pareció congelarse en cuanto Sakura pronunció el nombre del Uchiha. Incluso Suigetsu esquivó su mirada con gesto incómodo.

—No es él quien debería preocuparte ahora —dijo Karin casi a regañadientes—. Te vimos romper el sello con el que lo atabas…

—¡Karin! —la regañó Suigetsu con una brusquedad inusitada que la hizo enmudecer apretando los labios y mirar de nuevo al suelo. La pelirroja sabía que no debía preocupar a Sakura en aquellos momentos pero la chica debía saber en qué situación estaba.

Sakura palideció recordando lo que había hecho. Miró su mano con horror encontrando el corte que le surcaba la palma, señal de que, efectivamente, había liberado el sello que la unía a Sasuke. En aquel momento, había actuado sin pensar. De verdad había creído que no sobreviviría a aquel ataque y no había podido condenar a Sasuke a morir con ella, por mucho que le hubiera hecho, que quisiera hacer a todos, su corazón no había sido capaz. Y ahora iba a pagarlo con su vida. No había olvidado que Sasuke había prometido matarla cuando rompiera el sello, ya lo había intentado antes y ahora no había nada que se lo impidiera.

Aquellos tres debían saberlo también, por eso les costaba mirarla a la cara. Sabían de algún modo que ya no tenía influencia sobre Sasuke y que él estaba deseando librarse de ella para poder continuar con su plan —si es que tenía uno— y destruir Konoha. Mierda. A pesar de que siempre había sabido que podía llegar aquel momento, estaba asustada.

—Fuera —la voz grave y seria de Sasuke la sobresaltó. Y al alzar la cabeza lo vio en la entrada de la habitación, mirándola con expresión de piedra.

Cuando habían huido del lugar en el que había peleado con Madara, no había tenido demasiado tiempo para pensar. El jutsu de transporte no les llevó muy lejos, sólo lo suficiente como para alejarse del alcance del Byakugan de Hyuuga y despistar a sus perseguidores, pero Sasuke sabía muy bien hacia dónde dirigirse. Sabía que cerca de allí había uno de los "lugares seguros" de Orochimaru, nada como una de las grandes y subterráneas guaridas en las que podías encontrar cualquier cosa, esta simplemente era una pequeña base en la que el Sannin podía resguardarse si estaba de paso. Era una de las cosas que había que agradecerle a esa serpiente, estuvieras donde estuvieras, si tenías un problema, seguro que había uno de sus escondites cerca. Era una ley no escrita del mundo ninja según el payaso de Suigetsu.

Sin embargo, en cuanto había contado con la seguridad de un techo sobre su cabeza, las consecuencias de los acontecimientos de las últimas horas habían caído sobre él. Era libre. El corte que le cruzaba la palma derecha —la única herida que compartía ahora con la pelirrosa— lo confirmaba. Ya no estaba atado a Sakura, no tenía obligación de respetar su vida por poner en peligro la suya. Ahora podía matarla y quitarla de en medio como había querido hacer aquel día en el que le había colocado ese maldito sello. Ya se lo avisó, le advirtió de lo que pasaría si conseguía librarse de esa restricción.

El Uchiha entró con paso lento pero firme, adelantándose hasta situarse frente a la cama en la que estaba Sakura y un silencio tenso se instaló a su alrededor. Los tres antiguos Taka se habían quedado inmóviles ante las palabras de Sasuke, aunque sabían que él había ordenado lo contrario.

La pelirrosa encontró los ojos de Suigetsu que apretaba las mandíbulas como si luchara contra sí mismo. Juugo miraba a Sasuke apenado y Karin se ajustaba las gafas removiéndose incómoda.

—He dicho que os larguéis —repitió Sasuke ladeando la cabeza hacia ellos sin girarse del todo y haciendo saltar unas cuantas chispas eléctricas de su cuerpo.

Sakura le lanzó una mirada de súplica a Suigetsu y movió levemente los labios con algo parecido a un "por favor" sin sonido. Le estaba suplicando que se quedara, que no permitiera aquello. El muchacho le devolvió una mirada angustiada a través del pelo que le caía levemente sobre los ojos, pero finalmente cuando Karin tiró de él para que se moviera, desvió la vista con culpabilidad y se dirigió hacia el pasillo.

—Sasuke… —comenzó Juugo, pero una mirada fría de advertencia por parte del Uchiha bastó para hacerle callar y salir fuera con los demás tras una triste mirada hacia la pelirrosa.

En cuanto la puerta se cerró tras ellos, Sasuke volvió a mirar a Sakura. La chica había salido de la cama y apoyaba su espalda en la pared tratando de andar lateralmente usándola como sostén. Las rodillas le temblaban, no supo si por la falta de fuerzas o por puro miedo.

—Lo único que me mantenía con vida era ese sello ¿verdad? —preguntó Sakura con la voz quebrada y una sonrisa triste como si se resignase a la dolorosa respuesta. A pesar de haber creído, aunque fuera por un instante, que había compartido un pequeño lazo si ya no de amistad, al menos de aceptación con él, se había engañado a sí misma. El único vínculo que lo unía a ella había sido un grillete obligado que ya no existía. Y eso dolía, por lo menos a ella.

El Uchiha avanzó hacia la chica y con una mano en su cuello la empujó para pegarla más a la pared. Sakura jadeó por su brusquedad y cerró los ojos. No lloraba, notó Sasuke, por una vez en su vida tenía más motivos que nunca para llorar y no lo hacía. A través de la mano que tenía sobre su cuello notaba su pulso acelerado y su respiración contenida aunque él no estaba apretando realmente. Debía matarla, había sabido que tenía que ser así desde que se reencontró con ella, era una molestia que se interponía en sus planes. Sin embargo, no lo hacía, no la estaba matando. Podría haber acabado con aquello en un segundo, un haz de Chidori desde su mano y todo volvería a la normalidad. No era tan difícil, ya había estado a punto de hacerlo en otras ocasiones y no le había causado ningún problema.

Sasuke arrugó la nariz y apretó los dientes. Aquello era una estupidez. Sólo tenía que matarla y ya no volvería a molestarle con sus estúpidas preguntas a todas horas, con su moralismo, su debilidad, su compasión, su pelo irritantemente rosa, su sonrisa sin venir a cuento, su risa escandalosa…

Un atisbo de verde asomó entre los párpados de Sakura cuando esta abrió los ojos poco a poco y le miró. Seguía sin llorar, no entendía cómo podía derramar lágrimas por todos, por gente de la Alianza que ni conocía, por Kiba, por Naruto, incluso por él más que por nadie, y no era capaz de llorar por sí misma.

El Uchiha frunció el ceño cuando sus ojos se encontraron y en un arrebato de sadismo tomó a la fuerza la mano que sabía que la chica tenía herida por la rotura del sello y le apretó la palma con el pulgar.

—Ahh… —Sakura se encogió de dolor y trató de liberar su mano, pero él no se lo permitió. Agarró su muñeca y la levantó para que ella viera el corte.

—¿Por qué? —Reclamó el Uchiha— ¿Por qué rompiste el sello si sabías lo que iba a pasar? Te lo advertí.

El muchacho soltó su mano bruscamente pero continuó reteniéndola contra la pared con la otra mano ciñendo su cuello. No parecía reparar en el hecho de que él se mostraba más furioso que ella por tener que matarla.

—No estaba pensando en eso cuando lo hice —contestó Sakura dolida.

—¿Y qué puede ser más importante que tu vida? —Espetó Sasuke con enfado.

—La tuya… —reconoció Sakura con un hilo de voz, en esta ocasión los ojos comenzaron a llenársele de lágrimas pero parpadeó para contenerlas—. No era justo que te arrastrara conmigo… Además, por todo lo que te han quitado, Konoha te debe una vida.

Sasuke recordó que ella no había liberado el sello cuando él había estado luchando con Madara y había tenido altas posibilidades de morir. Se había sacrificado aguantando el dolor del sello para curarle a través de él y sólo cuando pensó que ella iba a morir, había roto el vínculo para no arrastrarle. Estúpida, mil veces estúpida.

—No la tuya —siseó Sasuke entre dientes—. Tú no me debes nada.

Sakura simplemente le devolvió la mirada en silencio con sus ojos verdes llenos de luz en contraste con la oscuridad que había en los de Sasuke, y él se dio cuenta. Sakura era todo lo que él nunca sería, compasiva, altruista y alegre. Ella era como Naruto, ellos dos podían recorrer el mismo camino pero a él le estaba vedado. Su destino era diferente pues su camino era el odio.

—Te dije que cuando se rompiera el sello te aseguraras de estar muy lejos de mí, que corrieras porque ese día te mataría —le recordó Sasuke con crispación.

El chico cerró los ojos y respiró hondo dejando después salir el aire despacio. Todavía sin mirarla, retiró la mano de su cuello.

—Hazlo… Corre —ordenó sin abrir los ojos. No debería estar haciendo eso, debería estar matándola.

Sakura no se movió, sorprendida por aquel gesto. Sasuke estaba dejándola ir, no quería matarla a pesar de todo. Sin embargo, ella tampoco quería marcharse.

—No —contestó en un repentino arranque de valentía e insensatez.

Sasuke abrió los ojos de repente fulminándola con una mirada de odio. Esa jodida molestia siempre tenía que hacerle las cosas difíciles. ¿Acaso no tenía instinto de supervivencia? Joder, debería haberla dejado con Kakashi, lo había pensado cuando lo había visto, únicamente tendría que haberla dejado en el suelo y haberse largado. Fin del problema. Pero no, en contra de toda lógica, la había llevado consigo.

—¿No? —Repitió despacio el Uchiha con voz peligrosa y repentinamente, golpeó la pared junto a Sakura con ira, dejando su puño allí e inclinándose para quedar a centímetros de su rostro—. ¿Es que quieres morir?

—Si realmente quisieras matarme ya lo habrías hecho —se arriesgó a decir Sakura aparentando mayor seguridad de la que sentía.

Provocar a Sasuke era algo peligroso y ella se había quedado sin trucos bajo la manga. La primera vez que lo había encarado al liberarlo sabía que intentaría matarla, pero también sabía que el sello se lo impediría. Pero ahora ya no tenía un plan magnifico que seguir, sólo le quedaba confiar en que algo de lo bueno que había visto en Sasuke siguiera realmente ahí.

—Oh, quiero matarte, créeme —siseó Sasuke apretando los dientes—. Pero por alguna estúpida razón no puedo hacerlo. ¿Qué me has hecho? Esto tiene que ser cosa tuya. Un efecto secundario de esa mierda que me pusiste o algo así.

No debería estar siendo tan difícil acabar con ella, pensaba Sasuke atormentado. En otras ocasiones no se había parado a pensarlo dos veces, la había visto como un estorbo en su camino y se había limitado a hacer lo que hubiera que hacer para apartarla. Sin embargo, ahora que ningún maldito sello se interponía entre ellos se veía incapaz de hacerlo. No podía negar que aunque tedioso, compartir aquel tiempo con ella había sido interesante en cierto modo. Sakura tenía un modo extraño de ver la vida, la había visto sonreír por cosas inverosímiles y enrabietarse por gilipolleces. Si la mataba no volvería a oír su crispante risa ni a comer ese asqueroso estofado que preparaba. Sasuke comprendió entonces por qué no podía matarla… si la mataba, la echaría de menos, y ya echaba demasiadas cosas de menos en su vida.

—Te juro que esta vez no he hecho nada —dijo Sakura.

La furia de Sasuke parecía haberse disipado quedando sólo una sensación de resignación o derrota. Mantenía los brazos apoyando las manos en la pared uno a cada lado de Sakura pero laxos, sin intención de intimidarla.

—Hmp. Eso no soluciona nada —dijo finalmente el Uchiha—. Más bien lo empeora.

Sakura buscó sus ojos para encontrar una explicación a sus palabras y él la miró a regañadientes.

—No podemos ser amigos, Sakura, ni siquiera compañeros, esa es la verdad —dijo el muchacho—. Hace mucho que nuestros caminos se alejaron. Yo voy a seguir con mi venganza, y tú no va a abandonar tu estúpida búsqueda. De modo que ni tú vas a acompañarme ni ya hay nada que me obligue a ir contigo.

Los ojos de Sakura se abrieron con horror al darse cuenta de que él tenía razón. Pero no podía dejarle ir, no podía permitir que echara a perder su vida con una venganza que lo destrozaría todo, incluido a él. No ahora que había descubierto que aun había algo bueno en su interior. Y lo que más pesaba en su corazón… no quería alejarse de él, había luchado contra ese sentimiento que había vuelto a cobrar fuerza en su interior pero había sido inútil.

Sasuke dio un paso atrás y dejó caer sus brazos apartándose de ella. No había nada más que decir.

—Todavía tengo los documentos sobre el Consejo. Dijiste que los querías —dijo de pronto Sakura con algo de ansiedad en su voz y repitió—. Dijiste que los querías.

El Uchiha la miró por un segundo y volvió a acercarse a la chica.

—Sí, los quería —reconoció con satisfacción—. Los sigo queriendo, de hecho.

—Sigue ayudándome y serán tuyos —se apresuró a prometer Sakura.

Era una excusa patética y ambos lo sabían, únicamente un hilo al que aferrarse, una pantalla de humo que les ayudaba a sentirse mejor. Como siempre él pretendería que el motivo era real y ella fingiría creérselo.

—Hecho —aceptó Sasuke sin querer reparar en el hecho de que tiempo atrás, cuando Sakura le había propuesto lo mismo, él había pensado que sería más sencillo recuperarlos de su cadáver.

Sakura sonrió tímidamente y Sasuke se percató de lo pálida que estaba y de cómo se apoyaba en la pared para mantenerse en pie, realmente, el enfrentamiento con Madara la había dejado hecha polvo, pues a pesar de no haber luchado directamente había cargado con las heridas y empleado mucho chakra en sanarlas… en sanarle a él. Notó un sabor amargo en la garganta.

—No deberías confiar en mí —dijo Sasuke con seriedad. Era cierto, tal vez en aquella ocasión no había sido capaz de matarla, pero eso no quería decir que en algún momento la situación cambiara y la balanza se inclinara en su contra. Al fin y al cabo, era un vengador y vengarse era la única meta de su vida. Confiar en alguien que sacrificaría cualquier cosa por sus fines era un billete de ida al infierno.

—Hay muchas cosas que no debería hacer —remarcó Sakura con algo de mofa pero sin perder la sonrisa.

Sasuke no dijo nada, simplemente la miró en silencio. ¿Cómo alguien tan aparentemente frágil podía ser tan fuerte? Ahí estaba, aguantando su mirada con seguridad, pequeña a su lado, con aquella pequeña herida en el labio por el hábito de morderlo con nerviosismo, imposiblemente rosa, sonriéndole a pesar de que él le había dicho que habría deseado ser capaz de matarla.

Mierda.

Ahora sabía por qué no había podido acabar con ella. Porque de alguna jodida manera, esa molesta cría había acabado ganándose su respeto y algo parecido a una retorcida forma de afecto. Había terminado por acostumbrarse a ella, por notar todas sus pequeñas sandeces y admirar su determinación y su manera de arriesgarse hasta el final por lo que quería. Y por toda esa basura no había querido renunciar a su compañía y no la había dejado con Kakashi aunque sabía que habría sido lo mejor. Igual que ahora sabía que debía matarla y no iba a hacerlo.

Joder, como la odiaba.

—Sasuke… —más que oírlo, Sasuke vio como los labios de la chica se movían pues se había quedado pensativo mirándolos y subió la vista hacia sus ojos cuando comenzó a hablar—. Sasuke-kun, gracias.

—¿Por qué? —preguntó con la voz algo ronca frunciendo levemente el ceño, confuso. Realmente no creía que Sakura fuera el tipo de personas que decía "gracias por no matarme".

—Por salvarme la vida —contestó Sakura con sencillez—. Ese jutsu de fuego habría acabado conmigo… y bueno…

—Hmp. No sabía si el sello había dejado de funcionar —mintió Sasuke.

No lo había hecho por que pensara que podría morir con ella si le ocurría algo, pero tampoco podía decir que le hubiese salvado la vida por algún tipo de heroico altruismo que desde luego no poseía. Él simplemente había actuado sin pensar, como aquella vez en la que había salvado a Naruto de las agujas de Haku interponiéndose en su trayectoria.

—De todos modos, te lo agradezco —dijo ella.

Sasuke no pudo evitar su sorpresa cuando Sakura se puso de puntillas y depositó casi con miedo, un tímido y fugaz beso en su mejilla. El Uchiha dio un paso atrás sin saber cómo reaccionar a ese atentado contra su espacio vital, que sin saber por qué le había dejado la boca seca. ¿Qué significaba aquello? ¿Gracias? ¿Por qué lo había hecho? Nadie nunca se le acercaba tanto. Nadie. En mucho tiempo. Nunca.

De pronto, la puerta se abrió de un bandazo sobresaltándolos a ambos, y por ella entraron los antiguos miembros de Taka.

—Sasuke, hemos decidido que no queremos que la mates —dijo Suigetsu con determinación—. Y te lo va a impedir… Juugo.

Para consternación del pobre gigantón, Suigetsu dio un paso atrás y le empujó levemente hacia adelante mientras murmuraba algo sobre "es un trabajo en equipo, grandullón". Karin suspiró con resignación.

Sasuke enarcó una ceja entre desdeñoso e incrédulo al ver a Juugo mirándole sin saber qué hacer. Suigetsu se estiró dándole otro tentativo empujón en la espalda para que diera un paso al frente, a lo que Juugo reaccionó avanzando veinte centímetros con un traspié y levantando la mano para saludar a Sakura que observaba apoyada en la pared tras Sasuke. Suigetsu hizo un sonido de exasperación y cerró los ojos, y Karin se llevó una mano a la frente.

Sasuke rodó los ojos con paciencia y les dio la espalda volviéndose hacia Sakura.

—Descansa —ordenó con algo de brusquedad.

Después se dio la vuelta y salió de la habitación sin mirar a nadie, ni siquiera a Suigetsu que se encogió cuando pasó a su lado como si temiera que fuera a pegarle. Idiota.

—Bueno, parece que Sasuke no va a matarla —resumió Karin mirando a Sakura algo impresionada. No le había gustado la idea de que muriera, e incluso había apoyado el intento de "insubordinación" de Suigetsu, aun así no había creído que pudieran realmente hacer nada para evitarlo. Cuando Sasuke decidía matar a alguien pocas cosas podían detenerlo. ¿Qué tenía aquella pelirrosa para ejercer esa influencia sobre Sasuke?

—Genial, grandullón —rió Suigetsu dándole una palmada en el hombro a Juugo—. Sabía que lo conseguiríamos.

—Tú no has hecho nada, imbécil —replicó Karin.

—Siempre quedándote en los detalles, zanahoria —contestó Suigetsu con desilusión.

Sakura no supo si siguieron discutiendo mucho más tiempo porque en cuanto consiguió meterse de nuevo en la cama se quedó dormida de nuevo, a veces Sasuke tenía razón, descansar era lo mejor que podía hacer en ese momento. Sin poder evitarlo, una pequeña sonrisa curvó sus labios al pensar en el Uchiha.


Hola!

Ya os dije que el Sasusaku comenzaría a estar presente pronto y cada vez con más fuerza.

Sasuke no la ha matado y ha buscado excusas para justificar quedarse con ella, aunque nadie ha hablado de amor ni nada parecido, al menos es un avance importante en la relación. No penséis que Taka ha interrumpido algo otra vez porque tampoco iba a pasar nada más entre ellos, creo que Sasuke tenía demasiado que procesar con un simple y casto beso en la mejilla.

Kakashi se ha quedado algo impactado con que Sasuke salvara a Sakura, hay que tener en cuenta que la última imagen que tiene de él es mirándole sádicamente tras Sakura mientras él se quedaba inconsciente sin augurar nada bueno para la pelirrosa. De ahí a cogerla en brazos hay un abismo.

Un aviso, no creo que ocurra, pero si por algún casual una de estas semanas se retrasa la publicación no es que haya muerto ni abandonado, simplemente igual he salido de vacaciones por unos días. Repito que no creo que pase porque no tengo nada planeado pero por si acaso me surge algo en el último momento lo dejo dicho.

Muchas gracias por los reviews :D

Besos, Ela.