Disclaimer applied
El albedrío de los condenados
Capítulo 16. Arroz para tres
—¿Está despierto? —preguntó Kakashi al ver salir a Ino.
La chica dio un suspiro y asintió. Acababa de salir de la habitación a la que habían llevado a Kiba después de horas tratando de sacarlo adelante, había sido el único superviviente del escuadrón masacrado y, según Ino, era un milagro que siguiera vivo.
—Todavía está débil pero al menos vivirá —murmuró Ino—. Tenía más chakra de Sakura que suyo en el cuerpo… le salvó la vida, prácticamente lo resucitó. Si no llega a ser por ella habría sido demasiado tarde cuando lo encontrasteis.
Kakashi asintió y se dispuso a entrar cuando la rubia le puso una mano en el brazo para detenerle.
—Naruto ha estado preguntando por ti mientras estabas fuera —informó Ino—. ¿No vas a ir a verle?
El jounin no contestó, simplemente se dispuso a continuar sin mirarla, como si no la hubiera oído a pesar de que había tensado sus hombros evidenciando lo contrario.
—Él también te necesita…
—Lo que él necesita es que arregle todo esto —replicó Kakashi moviéndose de nuevo para dejar atrás a Ino y entrar en la habitación.
Sabía perfectamente que Naruto había preguntado por él cuando había despertado, y muchas otras veces después, pero él no había ido a verle a pesar de haber estado en Konoha un par de veces mientras buscaba a Sasuke y Sakura. ¿Qué iba a decirle? ¿Una mentira? ¿Iba a hacer como si todo estuviera bien cuando no era así? ¿O tal vez iba a decirle que había dejado que Sakura cometiera una locura?
Les había fallado, les había fallado a los tres. No había sabido leer en el corazón de Sasuke que pretendía marcharse, luego no había sabido traerlo de vuelta y finalmente lo había dado por perdido. Tal vez si no hubiera apoyado la condena a muerte de Sasuke, si se hubiera opuesto, Sakura no se hubiera visto obligada a algo tan desesperado para salvarle. O puede que si no hubiera metido en la cabeza de la pelirrosa tanta mierda sobre el trabajo en equipo, ella se hubiera preocupado un poco más por sí misma y no tanto por sus compañeros.
Tampoco debería haberle contado a Sakura lo que Tobi les había dicho sobre la masacre Uchiha y sobre Itachi, por mucho que le hubiera insistido. Al saber el dolor y la traición que cargaba Sasuke en su interior, su corazón se había ablandado y justificado las acciones del Uchiha. Sabía que Sakura no quería que él destruyera Konoha, sin embargo, tampoco veía justo que Konoha le destruyera a él siendo que era la culpable de que fuera así. Según había escrito en su carta de despedida, Konoha le debía una vida y ella iba a darle esa oportunidad.
Por todo eso, ¿Cómo podía mirar a Naruto a la cara y decirle de uno de sus mejores amigos debía morir para salvar al otro? No, esa era una carga que sólo le correspondía a él.
Dentro de la habitación, Kiba reposaba con aire lánguido en la cama, cubierto de vendas y con Akamaru tumbado a los pies. Al oírlo entrar, el muchacho se incorporó levemente con una mueca de dolor en su cara surcada por tres arañazos enrojecidos. Seguramente le quedaría cicatriz.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó Kakashi.
—Como si me hubiera masticado un biju —respondió Kiba con una pequeña sonrisa que Kakashi le devolvió levemente.
—En realidad, que puedas sentir dolor es bueno. Significa que todavía puedes sentir algo, ya sabes, que estás vivo —añadió el jounin.
—Feh… eso dicen, pero deberían ser un poco más generosos con los analgésicos ahora que ya sabemos que estoy vivo —gruñó Kiba rascándose la herida que surcaba el puente de su nariz.
—¿Recuerdas algo de lo que pasó? —preguntó Kakashi.
—¿Quieres decir sobre Sasuke y Sakura? —aclaró Kiba enarcando las cejas.
Kakashi cambió el peso de una pierna a otra y asintió levemente. Era demasiado evidente que quería saber si Kiba tenía alguna pista sobre dónde se dirigían o que iban a hacer a continuación.
—La verdad, no recuerdo demasiado de nada —suspiró Kiba—. Ino lo ha llamado amnesia post-traumática, creo. Recuerdo que Akamaru estaba nervioso, luego apareció Madara y lo demás está borroso, creo que algo me golpeó… no sé. Lo siguiente es que desperté aquí… Y puede que lo soñara, o que lo relacionara con Sakura porque me dijeron que ella me había salvado, pero creo que puedo recordar su voz que diciéndome que no podía morirme. Sé que como información es una mierda.
—Tranquilo, Kiba. Descansa —dijo Kakashi dispuesto a marcharse.
—Kakashi… —llamó el muchacho haciendo que el jounin lo mirara de nuevo— Sakura me salvó la vida y… si puedo hacer algo por ayudarla no dudes en decírmelo.
—Descuida —prometió Kakashi.
—¿Kakashi-sensei? ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué Sakura-chan necesita ayuda dattebayo?
Kakashi cerró los ojos y cogió aire antes de girarse, sabiendo a quién iba a encontrar allí.
—Hola, Naruto.
. */*/*/*/* .
—Sakura… ¿Ahora somos amigos, no? —preguntó Suigetsu ladeando su sonrisa.
El muchacho estaba encaramado con las piernas cruzadas a una de las encimeras descascarilladas que había en la estancia, y miraba como Sakura iba y venía haciendo algo a lo que él no estaba prestando atención.
La pelirrosa se detuvo un momento para mirarle con una ceja alzada, entre divertida y extrañada por la pregunta. Habían pasado un par de días desde que llegaron a aquel "refugio" si podía llamársele así, ya que aunque no estaba tan abandonado y destrozado como las otras guaridas de Orochimaru, tampoco podía decirse que fuera habitable. Durante el tiempo que llevaban allí, Sakura había estado recuperándose del encuentro con Madara y apenas había visto a Sasuke —ni a nadie, ya que el Uchiha había ordenado a los demás que la dejaran descansar—, aunque sabía que él rondaba cerca de la puerta de su habitación continuamente y en ocasiones —cuando creía que ella dormía— entraba unos segundos y se iba con los puños apretados. Sakura no sabía exactamente como tomarse aquel comportamiento pero decidió que todavía le dolía demasiado la cabeza como para entretenerse en desentrañar los misterios de la mente de Sasuke.
—Recuerda que hice cambiar a Sasuke de opinión cuando quería matarte —se defendió Suigetsu levantando las manos ante su incredulidad.
—En realidad, él ya había decidido no hacerlo por sí mismo —rió Sakura ante su descaro.
—Sí, pero mi atrevida acción lo puso prácticamente entre la espada y la pared —añadió el chico.
—Creo que tenemos recuerdos algo diferentes de esa noche —remarcó la pelirrosa, divertida.
—Pobrecita, debe ser porque estabas exhausta y no sabías lo que veías —dijo Suigetsu con fingido desconsuelo.
Sakura puso los ojos en blanco y negó pacientemente, manteniendo una pequeña sonrisa ante sus ocurrencias, antes de volver a lo que estaba haciendo.
—Bueno, pero entonces, quedamos en sí que somos amigos ¿verdad? —insistió Suigetsu.
—… Supongo que algo así… —contestó Sakura algo insegura, mientras lo miraba sospechosamente tratando de averiguar qué tramaba exactamente.
—Y los amigos se cuentan las cosas… —continuó tentativamente.
—Déjate de rodeos y dime exactamente qué quieres, Suigetsu —cortó Sakura elevando una ceja. Creía saber a dónde iba a dirigirse aquella conversación.
—…De modo que, si por un casual… tú, mi querida amiga Sakura, supieras dónde podría estar mi espada me lo dirías ¿verdad? —preguntó lanzándole una traviesa sonrisa llena de dientes.
—Oh, por favor —suspiró Sakura—. Ya te dije que no sé exactamente dónde está, tengo una idea de quién la tenía la última vez que la vi pero eso fue hace meses, no creo que la conserve.
—Me conformaría con una pequeña pista —pidió Suigetsu haciendo un mohín.
—Si te digo quién la tenía seguro que vas a ir a hacerle frente con tus bravuconadas y terminarás echo papilla, además bastantes problemas le he causado ya como para que tenga que enfrentarse a ti por mi culpa —sentenció la pelirrosa.
—Tal vez sólo se la pida educadamente —sonrió ladinamente Suigetsu.
—Sí, claro —Sakura rodó los ojos con paciencia—. Hay cientos de espadas ¿Por qué no simplemente consigues una nueva? ¿Por qué estás tan obsesionado con la otra?
Suigetsu la miró un momento con la boca ligeramente abierta como si hubiera querido decir algo pero le hubiera sorprendido su pregunta. Por un segundo, Sakura pensó que iba a soltar alguno de sus chascarrillos, pero él hizo una mueca y fijó la vista en algún punto de la pared de enfrente.
—¿Conoces las espadas de los siete espadachines de la Niebla? —Suspiró con resignación—. La que perdí era una de esas.
—Y quieres una de esas espadas porque son poderosas —dedujo Sakura.
—Las quiero todas —dijo bruscamente Suigetsu sorprendiendo a la chica.
—…Pero… ¿Y para qué… para qué quieres siete espadas? —preguntó Sakura en un murmullo desconcertado.
—Bueno, todos tenemos un objetivo ¿no? —Se encogió de hombros y sonrió travieso— ¿Para qué quieres tú siete vestidos?
—Yo no tengo siete vestidos —respondió Sakura con indignación.
—¿No? Pues deberías, creo que tus encantos se lucirían encantadoramente en algo más apretado y revelador —dijo giñándole un ojo con picardía.
Sakura puso los ojos en blanco y levantó las manos en señal de rendición mientras oía las risas de Suigetsu que se balanceaba precariamente sobre la encimera. Sin embargo, no le había pasado desapercibida la forma en la que él había cambiado de tema, ni la mirada seria y algo melancólica que había puesto al hablar sobre esas espadas. Parece que al final todos ocultaban algo en su interior y se protegían como podían de ello, Sasuke con su frialdad y puede que Suigetsu con todas esas bromas y sonrisas.
—¿Qué… ¿Qué se supone que estás haciendo? —preguntó entonces Suigetsu frunciendo el ceño al prestar atención por primera vez a lo que estaba haciendo Sakura.
La pelirrosa había acumulado trozos de madera pertenecientes a muebles rotos y las había apilado en el centro de la estancia en un pequeño montón.
—Fuego —contestó Sakura como si fuera la cosa más normal del mundo—. La cocina no funciona, así que hay que hacer una hoguera pequeña. Lleváis cocinando así desde que llegamos, no sé por qué te sorprendes.
—¿Cocinando? —Repitió algo alterado.
—Sí, Suigetsu, sí, cocinando —corroboró Sakura como si fuera obvio y él padeciera algún tipo de retraso.
El chico murmuró algo sobre que tenía que irse y se precipitó hacia la salida sin que ella le hiciera caso. Suigetsu derrapó al cruzar la puerta y cerró tras él para lanzarse a correr por el pasillo, topándose con Karin que lo miraba como si estuviera loco.
—Pelirroja —dijo Suigetsu aferrándola por los brazos—. Rápido. ¿Dónde está Sasuke?
Karin tenía una mueca extraña en la cara, ese idiota sólo la llamaba pelirroja cuando quería algo que no fuera discutir… lo que había ocurrido en dos ocasiones contando esa.
—¿Qué mierda te pasa? —bufó la chica.
—No hay tiempo para explicaciones, ya me lo agradecerás luego —dijo Suigetsu zarandeándola por los brazos—. ¿Sabes dónde está Sasuke?
—¡Dime qué coño pasa!
—¡Te he dicho que no hay tiempo!
—¡Te costaría dos segundos explicármelo, idiota! ¡Estás perdiendo más tiempo haciendo el ganso!
—¡Baaah! —soltó Suigetsu exasperado antes de dejarla por imposible y seguir corriendo para buscar al Uchiha.
Finalmente, después de patear unas cuantas puertas que daban a habitaciones vacías, Suigetsu encontró a Sasuke examinando, sin mucho interés, unos rollos de pergamino que había encontrado por ahí.
—¡Sasuke! —exclamó Suigetsu aliviado, deteniéndose bruscamente y provocando que Karin, que venía corriendo tras él, se chocara contra su espalda.
—¿Qué quieres? —espetó Sasuke con aburrimiento levantando la vista de sus papeles.
—Es Sakura… —contestó con gravedad—… Está cocinando.
Sasuke se levantó de un salto dedicándole una mirada entre fulminante y alarmada al chico. Por su parte, Karin lanzó un suspiro y le asestó una colleja desde atrás.
—¿Y por esa chorrada armas tanto escándalo? —Espetó la pelirroja, iracunda, mientras Suigetsu se lamentaba agonizante llevándose las manos a la cabeza por el golpe— Por Kami pensaba que era algo grave.
—Es que es grave —se quejó Suigetsu encarándola—. Tú no lo entiendes, zanahoria, nunca has comido nada preparado por esa mujer.
La última vez que Sakura se había ocupado de cocinar había sido antes de que Karin estuviera con ellos, y Suigetsu todavía se preguntaba cómo se las había arreglado para quemar el pescado por fuera sin que estuviera hecho por dentro. De hecho, ninguno había podido olvidar que además de eso, Sakura había cocinado una "sopa" que pareció tener buen aspecto hasta que tuvieron la mala fortuna de decidir meterse una cucharada en la boca.
Sasuke también recordaba ese "caldo del diablo" y cómo había tenido que ir deshaciéndose de él deslizándolo en el plato de Juugo cuando creía que nadie miraba. Negarse a comer abiertamente habría sido demasiado infantil para su pose estoica. Pero después de eso, habían decidido no dejar nunca que Sakura volviera a acercarse a ningún tipo de alimento que requiriese la más mínima preparación.
—Es imposible, la cocina no funciona —dijo Sasuke cortando la discusión.
—Está haciendo fuego —explicó Suigetsu manoteando exageradamente.
—Mierda —espetó Sasuke dirigiéndose a la puerta a zancadas—. Te juro que esta vez te comes tú toda la olla, Suigetsu.
—¡Qué! —gritó Suigetsu entre asustado e indignado, sabiendo que Sasuke era perfectamente capaz de cumplir su amenaza.
Enviándole una mirada alarmada a Karin, se apresuró a seguir a Sasuke con la pelirroja pisándole los talones. Más le valía deshacerse de lo que fuera que estuviera cocinando Sakura o preveía una pesada digestión esa noche.
Encontraron a Sakura en el mismo lugar en el que Suigetsu la había dejado, con la diferencia de que un pequeño fuego estaba encendido en el centro de la cocina —que gracias a Kami tenía rendijas de ventilación— y la pelirrosa estaba ocupada removiendo una cazuela de lo que parecía cemento armado.
—¿Qué haces? —preguntó Sasuke con seriedad.
—¿Uh? —Sakura levantó la cabeza de su labor para lanzarle una sonrisa radiante— Arroz para la cena.
—Arroz —repitió el Uchiha mirando la masa informe que removía Sakura y preguntándose en qué momento de su evolución eso fue algo parecido al arroz.
—Sí, le he preguntado a Suigetsu antes si le gustaba el arroz y me ha dicho que sí —dijo la chica encogiéndose de hombros inocentemente.
Suigetsu por su parte palideció notablemente mientras trataba de responder con una vacilante media sonrisa a la mirada de Sasuke, que le prometía infames sufrimientos o lo que era lo mismo… iba a lamer esa olla hasta que quedara brillante. Mierda… Realmente no estaba pensando en que cuando Sakura le había preguntado sobre si le gustaba el arroz, estaba tomando su respuesta como una invitación a prepararlo. La verdad es que no había prestado mucha atención a la conversación, más bien, había estado planeando una manera de sonsacarle información sobre su espada.
—Bueno… le he puesto más cosas para darle sustancia —reconoció la pelirrosa haciendo gestos con la cuchara que llevaba en la mano y sujetando la olla con la otra—. Por eso se ha quedado un poco… mmm… pegado. Pero sólo tengo que echarle algo más de agua y ponerlo a cocer un poco más.
—Buena idea —siseó Sasuke mirando a Suigetsu con sádica satisfacción.
En ese momento, Suigetsu decidió que debía hacer algo, cualquier cosa, para lograr que el contenido de aquella olla terminara en el suelo en lugar de en su estómago. Así que se adelantó corriendo voceando algo sobre ayudarla a preparar la cena como excusa, ahora sólo tenía que fingir un tropiezo y darle un manotazo para que a Sakura se le cayera. Todos serían felices y él habría salvado el día… El problema es que la mayoría de los planes nunca salían como él pensaba.
En el momento en el que Suigetsu fingió tropezarse, la pelirrosa apartó la olla impidiéndole alcanzarla y convirtiendo su falso tropiezo en verdadero. El resultado fue que el muchacho se estrelló contra ella. No fue bonito a pesar de que no cayeron al suelo. Suigetsu pensó que tal vez se había roto un diente porque su boca había chocado con la de ella de forma violenta. Cuando abrió los ojos, se encontró con los de Sakura muy abiertos por la sorpresa mirándole a centímetros y se dio cuenta de que todavía tenía los labios practicamente pegados a los suyos. Tal vez, si lo hubiera pensado mejor habría hecho otra cosa —apartarse rápidamente—, pero siendo como era, lo primero que le salió fue una risilla bobalicona ante la situación, de la que trató de aprovecharse acercándose del todo y moviendo los labios para darle un beso a Sakura segundos antes de que ella le volcase la olla en la cabeza violentamente.
—Eres un maldito aprovechado —le recriminó la pelirrosa frunciendo el ceño con molestia.
—Ha merecido la pena —dijo Suigetsu con la voz amortiguada desde dentro de la olla, que desparramaba su contenido sobre sus hombros. Trató de sacársela de la cabeza, pero Karin le asestó un golpe al recipiente haciendo que volviera a caer y el ruido retumbara en sus oídos.
Sasuke todavía tenía la mueca de extrañeza y desagrado que se había instalado en su cara en cuanto había visto aquel incidente. ¿Realmente la gente disfrutaba pegando sus bocas a las de otros? Vagamente podía recordar aquel episodio con Naruto y cómo había querido arrancarse la lengua después. Sin embargo, aunque Sakura estaba molesta, el payaso de Suigetsu parecía encantado. ¿Cómo sería besarla? En realidad, él nunca se había preocupado por esos temas, las chicas siempre habían sido algo molesto a su alrededor que lo perseguía, por lo que trataba de llamar su atención lo menos posible. Sin embargo, hasta ese momento nunca había tenido la sensación de que tal vez se estaba perdiendo algo.
—Es la lujuria que me pierde —siguió excusándose Suigetsu tratando de aguantar la risa—. A mí se me conquista por el estómago… no he podido resistirme.
Esta vez fue Sasuke quien volvió a hundirle la olla en la cabeza de un sonoro golpe, tal vez más fuerte de lo necesario. Ese estúpido era demasiado irritante, y esta vez le estaba molestando todavía más que de costumbre. En realidad, a pesar de que el golpe que le había dado había sido fuerte, se había contenido para no darle uno que le partiera el cuello. Eso le pasaba por ser un imbécil que le sacaba de sus casillas con todas sus gilipolleces.
Tal vez, Suigetsu sintió la repentina sensación de peligro hacia su persona porque se encaminó hacia la puerta lamentándose por el golpe.
—Creo que iré a darme un baño antes de que el… "arroz" se cuaje en mi cabeza —dijo Suigetsu quitándose por fin la olla de la cabeza y revelando los pegotes que se le habían quedado en el pelo.
Al notar que Karin le seguía hacia el pasillo se giró hacia ella con una sonrisa sugerente, algo estropeada por el efecto de la pasta de arroz escurriéndole por la cara.
—Así que vienes conmigo, zanahoria… chica mala.
—No tienes tanta suerte, imbécil —espetó Karin—. Voy a buscar unas tijeras, seguramente habrá que cortarte el pelo al cero.
La refunfuñante respuesta de Suigetsu se perdió por el pasillo cuando ambos siguieron andando hacia el baño o dónde quisiera que fueran al final.
—¿Qué haces? —preguntó Sasuke al ver que Sakura estaba apagando la pequeña hoguera que había encendido para cocinar.
—¿En serio quieres que vuelva a tratar de preparar algo? —Preguntó Sakura enarcando una ceja—. Sé que cocino fatal, no hace falta que nadie me lo diga. Me aburría. Sólo tenía curiosidad por ver cómo de locos os pondríais.
—Sin embargo, al final, el único que ha terminado divirtiéndose parece haber sido Suigetsu —remarcó Sasuke clavando su mirada en ella—. Hoy le has besado… el otro día me besaste a mi ¿No crees que repartes tu afecto demasiado libremente?
—¡¿Qué yo te qué?! —Exclamó Sakura enrojeciendo hasta la raíz del cabello antes de darse cuenta de que se refería al pequeño beso en la mejilla que le dio el día que llegaron—. En primer lugar yo no he besado a Suigetsu por propia voluntad y por si no te has dado cuenta le he volcado una olla en la cabeza. Y en segundo, lo que yo te di fue una inocente señal de agradecimiento. ¿En serio no sabes distinguir eso de un beso? ¿Has besado a alguien en tu vida, para empezar? ¿A alguien que no sea Naruto?
Tocado y hundido.
Sasuke se acercó a ella irguiéndose con arrogancia y estrechó los ojos con desafío.
—¿Y tú? ¿Acaso has besado a alguien que no sea Suigetsu hace unos cinco minutos? —siseó con desdén. No era como si ella tuviera una gran experiencia para darle lecciones.
Las mejillas de Sakura enrojecieron de nuevo y su ceño se frunció con indignación.
—Eso no te importa —espetó con toda la dignidad que fue capaz, sabiendo que su experiencia se limitaba a algún fugaz roce de labios en alguna de las fiestas a las que la había arrastrado Ino, dónde todos iban demasiado borrachos como para que significase nada real.
—En ese caso, te contesto lo mismo —dijo Sasuke con tono desafiante.
—Por favor. ¿En serio pretendes que me crea que tú has besado a alguien? —replicó Sakura en una burla furiosa.
—¿Tan extraño resultaría? —Preguntó con petulancia— Te recuerdo que en Konoha las chicas corrían tras mí, únicamente tendría que haber elegido a alguna y me habría rogado por ello, incluida tú, si no recuerdo mal.
Había sido un golpe bajo, lo admitía, pero al ver ese destello de dolor mezclado con ira en sus ojos verdes algo en su interior rugió con satisfacción. Porque sí, por mucho que ahora quisiera ocultarlo u olvidarlo, hubo un tiempo en el que la perfecta y sacrosanta médico de Konoha había bebido los vientos por el traidor Uchiha. Y recordárselo le hacía sentir poderoso ante ella.
—Sin embargo nunca lo hiciste —le recordó la pelirrosa—. ¿Cómo vas a hacer algo así si ni siquiera soportas estar con alguien en la misma habitación?
—Pues parece que por ahora lo estoy soportando bastante bien —hizo notar Sasuke enarcando una ceja.
Ambos estaban en lo cierto, aunque pareciera contradictorio. En realidad Sasuke nunca había aguantado lo que él calificaba como idioteces, demasiado tiempo. De modo que enseguida se largaba de cualquier tipo de reunión con otras personas. Sin embargo, tenía que admitir que últimamente la compañía de Sakura no le era desagradable, se había habituado a ella e incluso la buscaba de cuando en cuando.
La espalda de Sakura topó con el borde de la encimera, sin darse cuenta había ido retrocediendo conforme Sasuke avanzaba hasta que había quedado prácticamente acorralada contra el mueble. Sasuke por su parte no parecía haber reparado en ello y seguía mirándola con ofensa y desafío en sus ojos.
—¿Sabes por qué creo que es imposible? —Dijo Sakura en voz baja, pues estaban tan cerca que podían oírse perfectamente sin alzar demasiado la voz—. Porque para besar a alguien necesitas dejar que se te acerque, que invada tu espacio personal…
De pronto, Sakura fue consciente de lo cerca que estaban, su ojos quedaban prácticamente a la altura de la boca de él… tan cerca que sólo parecía existir eso en el mundo.
—…, que te toque… —continuó casi en un susurro.
La pelirrosa movió sutilmente la cara de tal modo que su nariz y sus labios casi acariciaron la mandíbula de Sasuke, percibiendo el calor de su piel sin llegar a tocarlo realmente y notando cómo él se tensaba. No se detuvo a pensar que debía ser masoquista o algo por el estilo para torturarse de aquella manera por alguien que estaba tan lejos de ella, sólo podía pensar en que la distancia física que les separaba era prácticamente nula y que no podía pensar en otra cosa que en tocarle aunque sólo fuera aquella vez, en guardar aquel segundo en su memoria y luego todo lo demás podría desmoronarse si quería.
—…, tienes que desearlo…
Sentía la respiración de Sasuke rozar suavemente su mejilla… tan dolorosamente cerca. Y, que su corazón la perdonara, pero se inclinó de puntillas y lo besó en los labios. Con la garganta quemándole de angustia y su mente repitiéndose "sólo una vez", "sólo por un segundo y se acabó". Porque aquello no debía pasar y sólo terminaría destrozándose a sí misma.
Hola! Bueno, espero que a nadie se haya desesperado mucho por el retraso. He estado unos días (hasta hoy) fuera de mi casa y no tenía ni internet ni mi pc ni nada así que difícilmente podía actualizar. Antes de irme dejé todo preparado para actualizar en cuanto volviera y que no tuvierais que esperar demasiado. Sé que esperar un capítulo nuevo puede ser desesperante, aun así creo que soy bastante respetuosa con ello de modo que no creo que se acabe el mundo por un día de retraso :) Gracias por vuestra paciencia.
Pasando a lo que realmente importa, por fin vemos sasusaku con todas las letras ¿no? Sakura pierde el control y se lanza. El pobre Sasuke es tan inocente en ese aspecto que me da ternura jaja
Besos, Ela.
