Disclaimer applied

Atención: El próximo capítulo será el martes 11


El albedrío de los condenados

Capítulo 18. Traición por un sueño

—Temari —saludó Shikamaru cuando ella le abrió la puerta y alzó una ceja sorprendida.

—Vaya, vaya. No pensaba que te levantarías tan temprano viendo lo acabado que estabas anoche —apreció la rubia apoyándose casualmente en el marco de la puerta.

—Créeme, yo también lo creía —reconoció haciendo una mueca de disgusto—. Pero como siempre, los problemas acuden a mí.

Por supuesto que acudían, siempre, a cualquier hora, daba igual el sueño que tuviese. Kami, iba a matar a Sakura él mismo por esto. Cómo si no tuviera ya suficientes problemas.

—Enternecedor —dijo Temari burlonamente dándose la vuelta hacia el interior y dejando la puerta abierta tras de sí para que la siguiera.

—¿Estás sola? —preguntó Shikamaru paseando la vista alrededor con cautela.

—Sí… —contestó Temari girándose hacia él, extrañada por su pregunta y puede que un tanto sonrojada.

—Genial, vamos —urgió el muchacho empujándola hacia la sala de estar con aire conspiratorio.

—Quieres dejar de actuar como si fueras mi camello o un violador —se quejó la chica—. Me pones nerviosa. Ya sabes que puedo tumbarte de un golpe, chico problemático.

—No lo dudo —contestó Shikamaru sin prestar demasiada atención.

—En serio. ¿Estás bien? —preguntó Temari algo preocupada por la palidez y las ojeras que mostraba el ninja de la Hoja.

—Temari —la llamó clavando su mirada seria en la de ella—. ¿Puedo confiar en ti, verdad?

—Por supuesto —contestó la chica al instante adoptando el mismo tono serio.

—Nada de lo que hablemos aquí debe salir de esta habitación. Puede que la vida de muchas personas dependa de lo que voy a decirte —continuó Shikamaru y ella asintió rápidamente—. ¿Recuerdas el sobre que había sobre mi mesa anoche? Eran documentos de alto secreto pertenecientes al Consejo de Konoha. Documentos de los que ni siquiera la Hokage tiene constancia.

Shikamaru metió la mano en su chaleco y sacó el grueso sobre del que hablaba señalándole el sello rojo estampado en él.

—¿Y cómo has acabado teniéndolos tú? Shikamaru, esto es peligroso —dijo Temari alarmada—. Si te pillan con eso vas a tener muchos problemas.

—No sé cómo, Sakura se las ha arreglado para hacérmelos llegar —explicó el chico—. Seguramente lo tenía ya todo preparado cuando se marchó. Lo que pone aquí es muy gordo y lo peor es que estos documentos lo prueban todo. En estos papeles hay pruebas de que la matanza del clan Uchiha fue ordenada por el Consejo de Konoha, así como otras turbias operaciones relacionadas con Danzou en la aldea de la lluvia y otros lugares. En manos equivocadas, todo esto podría ocasionar un conflicto diplomático terrible contra Konoha, quizá una nueva guerra entre las naciones.

—¿Y por qué me lo estás contando? —Preguntó Temari tragando saliva—. ¿No deberías destruirlo?

—Venía con esta nota "Estoy segura que tú sabrás qué hacer con esto mejor que yo. Confío en ti. Sakura" —Contestó Shikamaru mirándola fijamente—. Y lo que yo creo que debemos hacer es sacar todo esto a la luz.

—Pero acabas de decir que esta información es peligrosa. ¿Es que quieres provocar una guerra dentro de la guerra? —Exclamó Temari atónita.

—No. He dicho que eso podría pasar en manos equivocadas. Las mías no lo están —Shikamaru esbozó una leve sonrisa de suficiencia—. Mira, si todo esto se hace público de la manera adecuada puede hacer que el Consejo de Konoha sea destituido sin afectar a las alianzas de la villa. Si presentamos que todo esto se hizo a espaldas de la Hokage…

—¿Presentamos? —Dijo Temari cautelosamente.

—¿Sabes por qué Sasuke se marchó de la aldea? —preguntó entonces Shikamaru ignorando su pregunta.

—Tengo entendido que se marchó con Orochimaru por poder —contestó Temari.

—Sí, pero no fue simplemente poder. Quería hacerse fuerte para matar a su hermano Itachi, que masacró a toda su familia cuando él sólo tenía ocho años. Por eso se marchó, no para atacar Konoha —continuó Shikamaru—. Sin embargo, ahora sabemos que la muerte del clan Uchiha fue ordenada por los altos mandos de la aldea e Itachi sólo cumplió órdenes y cargó con la culpa para proteger a Sasuke… Imagino que por su odio a Konoha, Sasuke debe haberse enterado de eso después de matar a su hermano. Así que, tal vez, si hacemos justicia condenando al Consejo, él ya no desee borrarnos del mapa.

—¿Y no sería mejor que le dieras esto a la Hokage y lo hiciera ella? —propuso la chica.

—¿La Hokage denunciando la corrupción de su propia aldea? ¿Cómo crees que se vería eso? —preguntó Shikamaru— No, si ella se ocupa de esto, se verá obligada a tratarlo como un asunto interno de la aldea y nadie se enterará. No podrá hacer nada contra el Consejo porque tienen demasiado poder político en Konoha… Por eso, debe ser otra aldea quien lo presente ante la cúpula de la Alianza, si se hace público como un aviso de traición al Hokage dentro de la propia aldea no se creará ningún conflicto.

—¿Quieres que yo…?

—Quiero que le hagas llegar esto a tu hermano Gaara —explicó Shikamaru—. Suna y Konoha tienen una fuerte alianza, que el Kazekage avise a la Hokage de algo así se verá como una muestra de amistad y lealtad entre nosotros. De esta manera Tsunade-sama podrá actuar contra el Consejo por crímenes contra su propia aldea, por amenazar la paz con otras aldeas, conspiración y un montón de cosas según estos papeles.

Temari lo miró en silencio abrumada por la tremenda confianza que Shikamaru estaba depositando en ella. Si lo que decía de esos documentos era cierto, era algo que podía destruir su aldea. ¿Tan seguro estaba de su lealtad como para poner el futuro de su aldea en sus manos? Era cierto que Suna y Konoha ahora eran fuertes aliadas, pero no siempre había sido así. Él mismo había vivido el ataque que su hermano y su aldea habían protagonizado contra la Hoja traicionándolos con Orochimaru… ¿Acaso él no recordaba aquello?

—Temari… Eres la única persona en la que confío para hacer esto —dijo el muchacho tendiéndole el sobre con seriedad como si hubiera adivinado sus pensamientos—. Si voy yo a ver al Kazekage será muy sospechoso.

La chica tomó con solemnidad los documentos que él le tendía sabiendo que el destino de toda una aldea, incluido el del muchacho frente a ella, estaba en sus manos.

—No te decepcionaré —prometió Temari.

—Nunca podrías —contestó Shikamaru con una media sonrisa que produjo un involuntario sonrojo en las mejillas de la chica.

. */*/*/*/* .

Mierda. Aquello no tendría que ser tan complicado. Joder. Ni siquiera tendría que estar dudando, lo que había visto no cambiaba nada. Karin apretó los dientes con furia crispando los puños y estampando un puño en la pared, logrando únicamente hacerse daño en los nudillos y un pequeño escorchón en el muro.

No debería tener tantos escrúpulos, nadie los había tenido con ella de todos modos. Así que ¿por qué poner la vida de otros por delante de la suya? De eso se trataba ¿no? De sobrevivir en aquel mundo de locos, no importaba lo que tuvieras que hacer.

La vida es algo más que simplemente sobrevivir…

Las palabras que había dicho Sakura en una ocasión resonaron en los oídos de la pelirroja. Sí, eso era muy bonito, una idea excelente para pensar mientras crecías con un cómodo techo sobre tu cabeza, con una comida caliente en la mesa y una familia que te protegiera. Pero cuando seguir viva dependía únicamente de ti, cuando no sabías si al día siguiente te encontrarías en la calle o decidirían que eras prescindible, aprendías a valorar lo que significa sobrevivir. Puede que fuera una existencia vacía y sin sentido, pero era una existencia al menos.

Karin apoyó la espalda en la pared y suspiró con frustración. ¿Si tan claro lo tenía, por qué dudaba tanto? Esos malditos ANBU estaban dando vueltas a unos kilómetros hacia el este, esperando seguramente a que ella delatara la posición en la que se encontraban. Que les entregara a sus compañeros en bandeja. Habían aprendido de sus últimos encuentros y habían pedido refuerzos, en esa ocasión librarse de ellos no sería un paseo por el campo.

Tampoco es como si hubiera sido idea suya, pensó a la defensiva, había sido la situación la que la había obligado a traicionarlos. De hecho, había sido Sasuke quien casi la mata y la había abandonado a su suerte en Konoha. No habría tenido que hacer aquello si él no hubiera sido un cabrón traicionero.

Todo había sido un cúmulo de mala suerte. Ella simplemente quería desaparecer y dejar todo aquello atrás de una maldita vez. Se había sentido tan orgullosa e inteligente cuando había conseguido huir de Konoha engañando a aquellos dos bobos que custodiaban su celda. Un poco de teatro y ya estaba fuera, salir de la aldea tampoco había sido muy difícil, con la reconstrucción y la guerra aquello era un caos. Pero no había recorrido más de un par de kilometros de bosque cuando detectó que unos ninjas le salían al encuentro, estaba claro que no estaban ahí por casualidad.

Aquellos ninjas cuya máscara los identificaba como miembros del ANBU, le hicieron ver que poco del merito de haber escapado le pertenecía, más bien habían dejado que se fuera. Al parecer, les había quedado bastante claro a aquellas alturas que ella no sabía nada realmente importante y que tampoco tenía demasiada utilidad como rehén.

—Sabemos que no le guardas lealtad a Uchiha después de que tratara de matarte —había dicho uno de ellos—. Sin embargo, puede que ahora él te necesite de nuevo. Así que Konoha te ofrece un acuerdo. Tenemos razones para creer que una kunoichi de Konoha viaja con Uchiha, si consigues infiltrarte en el grupo y revelarnos su paradero, Konoha te ofrece inmunidad, ya no serás perseguida e incluso serás aceptada como ninja en nuestras filas.

En ese momento, Karin no había querido prestar atención a las palabras de aquellos ANBU, acercarse a Sasuke era un suicidio y ninguna recompensa valía el riesgo, no quería volver a ver a ese bastardo en la vida ni mezclarse con sus asuntos nunca más. Así que valiéndose de sus habilidades de ocultación y rastreo había conseguido escabullirse con la única idea de marcharse lo más lejos que pudiera de aquella locura. Que ellos mismos se ocupasen de buscar a esa chica.

Sin embargo, todo su plan de huida se había ido al traste cuando chocó contra el idiota de Suigetsu por estar más preocupada de si la seguían que de lo que tenía delante. Él la había hecho comprender sin saberlo que jamás conseguiría huir de aquello, nunca conseguiría vivir en paz si todo el mundo la quería muerta, necesitaba a alguien que la respaldara… alguien como Konoha. Cuando Suigetsu mencionó que una chica de Konoha viajaba con Sasuke, sus dudas se disiparon, fue como una señal. De modo que aceptó acompañarles y envió un mensaje a los ANBU para hacerles saber que aceptaba el trato.

Desde aquel momento, les había guiado hasta el país de las Olas y había ocultado su presencia en el puente hasta que atacaron. No se había sentido mal por traicionar a Sasuke, él casi la había matado, se merecía pagar por todo el sufrimiento que ocasionaba a los demás, por ser un egoísta preocupado únicamente por sí mismo, así que si ellos conseguían pararle mejor para todos. Sin embargo, no había creído que ellos quisieran matar a Sakura, había pensado que Sasuke la retenía y ellos querían liberarla. Aun así, a pesar de las dudas que aquello le había ocasionado, había indicado a los ANBU la dirección para perseguirles tras la pelea del puente, Sakura le caía bien pero no estaba dispuesta a arriesgar su vida por ella.

Pero ahora, muchas cosas habían cambiado. Había pasado tiempo con Sakura dándose cuenta de que era demasiado buena para su propio bien, que a pesar de haberlo tenido todo estaba dispuesta a sacrificarlo por los que amaba. No merecía que su propia aldea la matara. Tampoco Juugo y —moriría antes que admitir esto— Suigetsu merecían verse involucrados en ello, puede que fueran molestos pero… ¿Qué haría sin ellos? ¿Qué haría de nuevo sola? Sin tener a Suigetsu para atormentar con sus comentarios y pelear por cualquier cosa, sin llegar a saber nunca a qué se debía esa obsesión suya con las espadas. Y después, en contraposición a todos ellos, estaba Sasuke, ese bastardo sin corazón… o al menos eso había creído.

No debería haberlo visto, lo sabía, pero había quedado demasiado sorprendida para dar media vuelta. La noche anterior, tras el incidente con el arroz, había ido a buscar unas tijeras para asustar a Suigetsu con la posibilidad de cortarle el pelo y al no encontrarlas por ningún lado, había decidido que tal vez en algún destartalado cajón de esa "cocina" en la que habían estado antes podría encontrar algo útil. Sin embargo, al llegar a la puerta se había quedado paralizada por lo que veía a través de la rendija que quedaba abierta. Fue testigo silencioso de cómo Sasuke y Sakura se fundían en un beso pasional, del oculto dolor del rechazo que sintió Sasuke, de las dudas de Sakura y sus tormentosas lágrimas, y de las palabras de Sasuke, del torpe afecto de su abrazo.

Con la espalda pegada a la pared recargó la cabeza en el muro con los ojos cerrados y volvió a golpear hacia atrás con los puños cerrados. Mierda. ¿Cómo podía pensar en traicionarlos ahora si incluso el bastardo Uchiha tenía corazón? ¿Cómo había podido traicionarlos desde el principio cuando ellos la habían aceptado y protegido? Un doloroso nudo se instaló en su garganta. No tenía ni idea de cómo salir de aquello, en cuanto supieran lo que había hecho… Kami, se sentía tan mal que ni siquiera le importaba lo que le hicieran. Sólo con imaginarse sus miradas de desprecio, de traición, las lágrimas le picaban en los ojos. Dejó que su espalda se deslizara por la pared hasta sentarse en el suelo con la cabeza enterrada en las rodillas.

—Zanahoria, por fin —oyó a Suigetsu gritar alegremente al aparecer en el solitario recodo del pasillo que ella había elegido para autocompadecerse.

Karin gruñó en respuesta sin tan siquiera alzar la cabeza para mirarle.

—Mira lo que he encontrado —exclamó sonriente, mientras agitaba lo que parecía ser una bola de vidrio rellena de copos blancos que caían como si fuera un paisaje nevado—. Es una bola de nieve… asesina —concluyó emocionado cuando al terminar de posarse la "nieve" en su interior, la esfera se deformó en un puntiagudo y afilado pincho que se retorció para tratar de atravesarle la mano al chico que la sujetaba.

—Tienes un serio problema con las cosas afiladas y letales —gruñó la pelirroja.

Suigetsu rió y lanzó la "bola asesina" contra la pared haciéndola añicos para después dejarse caer junto a ella.

—Supongo que tiene que ver con ser criado como un espadachín —dijo encogiéndose de hombros—. Cualquier cosa puntiaguda que se clave en otra me fascina… y por una vez no lo he dicho con dobles sentidos, sé que tienes la mente sucia.

—Ni siquiera sé cómo buscarle el doble sentido a eso —bufó Karin exasperada.

—Oh, es fácil, te lo explicaré. Veras, "cosa puntiaguda" es una alegoría para… —comenzó el muchacho dispuesto a sacarle los colores a su compañera.

—En serio, no quiero saberlo —espetó la pelirroja con desgana. Realmente no estaba para aguantar las chorradas de Suigetsu.

—Qué decepción —masculló el chico con una mueca y giró la cabeza para mirar a Karin que volvía a tener la mirada perdida y angustiada—. ¿Estás enferma? ¿Por eso estás lloriqueando aquí sola?... No será contagioso...

—No me pasa nada —aseguró la pelirroja con voz apagada.

—Ya veo, estás tratando de enrojecer tus ojos para que hagan juego con tu cabellera ¿no? Muy lista —comentó Suigetsu con ironía.

—¿De veras te criaste entrenando como un espadachín? —preguntó Karin tanto por curiosidad como por cambiar de tema. Si seguía preguntándole seguramente iba a ponerse a llorar otra vez.

Suigetsu sonrió aunque a la chica le pareció que su sonrisa era algo forzada.

—Claro —contestó con orgullo—. ¿No lo has notado al ver la asombrosa habilidad con la que manejaba a Kubikiribōchō?

—No sabía que dar mandobles como un loco se considerara hábil —dijo Karin con malicia.

—Para que lo sepas se requieren años de entrenamiento sólo para levantar esa espada —comentó Suigetsu pagado de sí mismo—. No es una espada cualquiera, es una de las siete espadas legendarias de la Niebla.

—Son esas que estás buscando ¿no? —Preguntó Karin torciendo el gesto— No sé para qué las quieres todas, no serías capaz de usar las siete.

—Conocí a alguien que consiguió dominarlas todas —le contó Suigetsu con emoción contenida mientras sus ojos brillaban—. Desde los chispeantes Colmillos hasta la arisca Samehada. Suya era la pesada y letal Hiramekarei. El líder de los Siete espadachines, Hozuki Mangetsu… mi hermano mayor —terminó con una sonrisa que pretendió ser casual pero se tornó nostálgica—. Crecimos juntos, siempre entrenándonos, soportando cualquier misión. Nuestro sueño era formar parte de los espadachines. Mangetsu lo logró, se convirtió en el más fuerte de todos, las espadas eran como una extensión de sí mismo. Yo seguí entrenándome para seguir sus pasos, no había cosa que deseara más… pero las cosas se torcieron… mi hermano murió y… y yo acabé con Orochimaru. Pero me juré que algún día conseguiría reunir las siete espadas y dominarlas para fundar de nuevo a los Siete, dirigiéndolos para seguir los pasos de Mangetsu.

Karin lo miró como si lo viera por primera vez. Nunca lo había oído hablar con ese tono serio desprovisto de burlas o chistes, teñido de fuerza y dolor, jamás habría sospechado que tuviera un hermano, ni se había preguntado cómo o dónde había crecido. Era tan poco lo que sabía de él… lo que sabía de todos, de sus sueños. Y aun así los había vendido como si no valieran nada, como si tuviera derecho a pasar por encima de sus anhelos, de sus vidas solo para preservar la suya.

—¿Por qué me cuentas esto a mi? —preguntó Karin con un hilo de voz.

Suigetsu se encogió de hombros restándole importancia.

—Tal vez quería darte algo de pena para que me ayudes a sonsacarle dónde está la espada a Sakura —contestó el chico esbozando una maliciosa sonrisa y volviendo a su actitud habitual como si pretendiera quitarle hierro al asunto—. En serio, esa chica es una tumba guardando secretos, no…

—He estado informando a los ANBU de Konoha sobre nuestra posición desde que me encontrasteis —soltó repentinamente Karin cortando sus palabras. Ni siquiera había planeado decirlo, simplemente había escapado de su boca como si no hubiera podido retenerlo más.

Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras miraban abiertos con horror cómo Suigetsu se callaba y la miraba con seriedad.

—Lo sé —contestó el chico simple y llanamente.

—¿Lo…Lo sabes? ¿Desde cuándo? —acertó a preguntar sorprendida.

—Empecé a sospechar cuando esos ANBU nos atacaron sin que los detectaras —dijo Suigetsu—. Soy más observador de lo que parezco ¿sabes?

Eso era cierto, pensó Karin, había sido él quien se había dado cuenta del comportamiento extraño de Sasuke y Sakura adivinando al final el sello que les unía. Si lo que decía era cierto, hacía mucho tiempo que sabía que ella les estaba traicionando. Sin embargo…

—¿Y por qué no dijiste nada? —Preguntó la chica— ¿Por qué no me delataste si os estaba taicionando? Podrían haberos matado por mi culpa.

Suigetsu clavó sus ojos violetas en ella con seriedad por un segundo y luego hizo una mueca terminada en una sonrisa cansada.

—Sasuke te habría matado y después yo me habría muerto de aburrimiento —reconoció con tono ligero—. Juugo es buen tipo pero es un muermo la mayor parte del tiempo, Sasuke y Sakura están demasiado ocupados el uno con el otro, aquí la única que tiene marcha eres tú… Además, no eres mala persona, Karin, sólo quieres alcanzar tu sueño, igual que todos los demás —terminó Suigetsu con voz más seria.

—¿Mi sueño? —Logró decir la pelirroja en una especie de incrédula y amarga carcajada salida entre sus lágrimas. La chica sorbió su nariz y trató de limpiarse las lágrimas pasando el dorso de la mano por sus ojos, debajo de las gafas. Él creía que era una buena persona y eso sólo la hacía sentirse más miserable por tener que sacarle de su error, ella simplemente había sido egoísta y no le había preocupado la vida de sus compañeros con tal de salvar la suya.

—Claro que sí, zanahoria —suspiró Suigetsu con paciencia—. Yo tengo lo mío con las espadas; Sasuke, su venganza; Juugo, ese rollo raro de Kimimaro; Sakura quiere proteger a sus seres queridos a toda costa; y tú, tú sólo quieres dejar de tener miedo, que nadie venga por ti para usarte de nuevo.

Karin se quedó sin habla, mirándolo a través de sus gafas de cristales empañados, sabiendo que tenía razón y preguntándose cómo era posible que pudiera conocerla mejor que ella misma. Siempre había despreciado a Suigetsu tratándolo como un imbécil que sólo vivía para molestarla y hacer payasadas, sin embargo, estaba claro que era mucho más que eso. Sin poder contenerse se inclinó hacia él y le abrazó hundiendo la cara en su pecho mientras sollozaba.

—Lo siento… lo siento… —decía Karin inconsolable.

Suigetsu se había quedado muy sorprendido con el gesto de la pelirroja, la miraba con las cejas enarcadas y las manos en alto. Por primera vez, podía decir que le había pillado tan desprevenido que ni siquiera sabía qué decir. Aunque pronto se adaptó a la nueva situación terminando por pasar los dedos por su pelo peinando sus cabellos rojos como el fuego.

Lo malo de los sueños es que la mayoría de las veces chocan contra los de los demás y consiguen enfrentarte a otros aunque no lo hubieras querido así, porque cada quién lucha por su propio objetivo. Por ejemplo, para obtener su espada, él seguramente tendría que hacer daño a alguien que Sakura quería, y para proteger a los suyos, ella había tratado de impedir que Sasuke cumpliera su venganza contra Konoha. Del mismo modo, Karin había creído que haciendo lo que le pedían, delatándolos, podría conseguir estar a salvo por fin. Pero los sueños también pueden cambiar y muchas veces, al igual que sobrevivir, resultan no ser suficiente.

—No soy una buena persona, Suigetsu… —continuaba sollozando Karin, un poco más calmada—. Lo que hice fue horrible. Os traicioné a todos, os vendí a esos ANBU… podríais haber muerto por ello…

—¿Qué hiciste qué? —preguntó fríamente una voz que todos conocían bien.

Karin comenzó a temblar cuando al levantar la vista vio que los ojos rojos de Sasuke la miraban con furia desde la esquina del pasillo.


Hola!

Pobre Karin, que bocazas, pero quien iba a imaginar que Sasuke iba a aparecer justo a tiempo para oír su confesión.

Al final ya sabemos que trama Shikamaru ¿De verdad nadie pensó que él era el traidor? Lo puse con toda la intención de engañaros jaja ya no os fiais de mi. Felicidades a las que acertaron sus sospechas sobre Karin.

Sé que este capítulo ha tenido poco Sasusaku propiamente dicho, sólo alguna mención indirecta, pero era necesario explicar todo esto antes de seguir con la trama, creo que ha sido un capítulo con bastante miga aunque no haya tenido romance propiamente dicho, tal vez un poco de SuiKarin, que también era bastante esperado por aquí.

Bien, explicaciones sobre la nota de inicio de capítulo: La semana que viene tengo que salir de viaje por lo que no tendré acceso ni a internet ni a mis archivos y por lo tanto me será imposible subir la publicación a tiempo, por lo que me comprometo a hacerlo el martes siguiente 11, sin falta. Ya sabéis que odio hacer esto pero no tengo alternativa, espero que nadie se moleste y sepan comprender. Trataré de compensaros, lo prometo.

Besos, Ela.