Disclaimer applied

Capítulo dedicado a Valee404 por su cumpleaños con una semana de retraso (trata de imaginar que es el martes pasado :P)


El albedrío de los condenados

Capítulo 19. Te odio, amor

—¿Qué hiciste qué? —Preguntó Sasuke con voz fría.

Karin comenzó a temblar levemente. Había estado tan concentrada en su propia angustia, en Suigetsu reconfortándola, que no se había sentido a Sasuke y Juugo acercándose por el pasillo justo a tiempo para oír esa última frase que la había condenado. Casi parecía una tétrica coreografía orquestada para acabar con ella por su propia bocaza.

—Sasuke —dijo Suigetsu levantándose tranquilamente. Karin deseó sujetarlo para retenerlo a su lado—. No te preocupes, compañero, ya está todo bajo control.

—¿Nos has estado traicionando? —siseó peligrosamente el Uchiha hacia la chica ignorando a Suigetsu. Ahora encajaban muchas cosas como el hecho de que los ANBU siempre perecieran saber dónde encontrarlos y el por qué Karin había decidido ayudarlos tan dócilmente después de que él tratara de matarla. Lo que ocurría es que estaba planeando su propia venganza contra él, engañándolo en sus narices, creyendo que podía salir inmune de aquello.

Karin abrió la boca pero no pudo decir nada, simplemente lo miró acurrucada desde el suelo con las mejillas llenas de lágrimas.

—…Lo siento… —consiguió pronunciar finalmente. Notó como el rojo iris moteado de los ojos de Sasuke giraba peligrosamente y sintió que el aire le faltaba. No podía gritar, sólo boquear desesperada por aire mientras la cabeza le daba vueltas y el dolor iba en aumento.

—Y más que lo vas a sentir —dijo el chico en tono mortalmente helado enfocando su Sharingan para hacer que Karin se retorciera.

—Sasuke —dijo Suigetsu más seriamente interponiéndose en el camino del Uchiha, evitando mirar como la chica temblaba violentamente—. Todo eso se acabó, Karin ha recapacitado. Y los ANBU tampoco eran una gran amenaza para nosotros.

—No creo que Sakura esté muy de acuerdo con eso teniendo en cuenta que casi la matan —espetó Sasuke sin dejar de utilizar su Sharingan contra Karin.

Suigetsu pensó en recordarle que había sido él mismo quien había querido matar a la pelirrosa, pero teniendo en cuenta el nivel de ira del Uchiha no le pareció demasiado prudente hacerlo.

—Pero no lo hicieron, ella está bien —añadió Suigetsu alzando las palmas como gesto de calma—. Déjala, Sasuke, ya es suficiente.

Los ojos de Sasuke que habían estado fulminando a Karin se movieron bruscamente hasta los de Suigetsu y aferró violentamente la pechera de su camiseta con un puño.

—Quítate de en medio, Suigetsu —le advirtió el Uchiha peligrosamente, haciendo que su cuerpo soltara chispas eléctricas que provocaron que Suigetsu apretara los dientes con dolor.

—No quiero pelear contigo, en serio —dijo Suigetsu. No era idiota, Sasuke no tardaría ni dos segundos en acabar con él, más todavía si no tenía su espada y él seguía mandándole descargas.

—Desde luego que no quieres —se mofó Sasuke apretando los dientes. Suigetsu era especialista en salvar su propio culo, lo raro es que estuviera interponiéndose de ese modo sabiendo lo que podía pasarle al enfrentarse a él—. Ella también te traicionó a ti ¿sabes?

—Sasuke… —se atrevió a decir Juugo acercándose levemente y mirando compasivamente a Karin que había vomitado sobre el suelo y temblaba.

Karin miró a Suigetsu de pie frente a ella defendiéndola, a la chica que se pasaba la vida insultando, haciéndo frente a Sasuke por ella cuando siempre se había preocupado únicamente por su propio pellejo. ¿Sería capaz de oponerse realmente a Sasuke o sólo era una pose que desaparecería en cuanto su trasero peligrara? Algo en su actitud le decía que no se acobardaría esta vez, jamás lo había visto tan serio.

—La zanahoria cometió un error. Vale, una cagada enorme. Pero merece una segunda oportunidad. ¿Nunca has cometido un error, colega? —preguntó Suigetsu frunciendo el ceño.

Errores… por supuesto que había cometido errores, en ese momento toda su vida era un grandísimo y puñetero error, y lo peor es que sabía que volvería a caer en la mayoría de ellos una y otra vez. Suigetsu había dicho que Karin merecía una segunda oportunidad, pero él había aprendido a base de golpes que las segundas oportunidades no existían, una vez que hacías algo cargabas con ello tratando de que no te aplastara. Entonces la imagen de Sakura abrazándole cruzó su mente igual que la había tenido presente todo el maldito día, él había tratado de matarla varias veces y sin embargo…

—Fuera de mi vista hasta que decida qué hacer contigo —siseó Sasuke a Karin a regañadientes soltando bruscamente a Suigetsu.

Antes de que hubiera acabado de decirlo, Karin sintió como Suigetsu tiraba de ella para ponerla en pie y la empujaba tambaleantemente por el pasillo, seguidos de Juugo.

—Ay, joder, por poco hace que me mee encima el muy cabrón. ¿Has visto cómo mira? —Se quejó Suigetsu en cuanto estuvieron lo suficientemente alejados de Sasuke—. Después de esto me vas a deber una muy gorda, zanahoria.

Juugo se separó de ellos, continuando por el pasillo cuando giraron y se metieron en una habitación vacía.

—Creo que será mejor quitarnos del medio por el momento, hasta que esto se calme —masculló Suigetsu cerrando la puerta a sus espaldas.

—¿Dónde va Juugo? —preguntó la muchacha nerviosa.

—Juugo ha ido a buscar a Sakura para que ella convenza a Sasuke de lo necesaria que eres y lo arrepentida que estás —contestó el chico despatarrándose sobre un diván lleno de polvo—. Espero que hayas hecho algo para caerle bien y quiera salvarte el culo.

—¿No vas a ayudarme a largarme de aquí? —preguntó Karin algo ansiosa.

—¿Largarte? Eh, para el carro —dijo Suigetsu—. ¿Es que no me escuchas cuando hablo? Ya te lo dije, si te vas por tu cuenta no durarás mucho, tonta. Además, yo me aburriré infinitamente.

—¡No voy a jugarme el cuello para que tú no te aburras, idiota! ¡No soy tu payaso! —Espetó Karin volviendo a las buenas costumbres ahora que estaba más recuperada del ataque de Sasuke.

—¡Entonces deja de comportarte como uno! —Contestó el muchacho exasperado levantándose del diván con las manos en alto.

—¡El único que se comporta así eres tú! —Replicó Karin encarándosele—. Estaría más segura en cualquier otro lugar que estuviera a kilómetros de ese psicópata.

—Vale ya de drama, Sasuke no va a hacerte nada —dijo el chico con gesto indolente.

—¡Acaba de intentar matarme otra vez hace cinco minutos! —gritó Karin exasperada.

—Venga ya, estaba cabreado, pero no ha sido para tanto —opinó Suigetsu rodando los ojos—. Créeme, estar aquí es la mejor opción. A Sasuke se le pasará.

—¡¿Pero tú me has visto vomitar?! —Gritó la chica indignada con un tono varias octavas más agudo del normal.

—Uf, sí. Tal vez deberías beber un poco de agua —aconsejó el muchacho tendiéndole su cantimplora con una mueca.

—¡Esto me pasa por pensar que podías ser una persona normal aunque fuera por cinco minutos! —bramó Karin todavía indignada pero aceptando el recipiente de agua.

—Ohhh… ¿Por qué? ¿Es que quieres darme otro abrazo? —Se burló Suigetsu con voz fingidamente afectada.

—Eres un… —la pelirroja hizo una mueca de ira como si buscara un adjetivo lo suficientemente horrible para describirle—. ¡No te tocaría ni con un palo de veinte metros, imbécil!

—¡¿Ah, sí?! ¡Pues yo no te tocaría ni con veinte palos de veinte metros atados entre sí! —Contraatacó el chico.

—¡Mas quisieras, idiota!

—¡Loca!

—¡Te odio!

Nunca supieron quien de los dos se lanzó sobre el otro o si fueron ambos al mismo tiempo, pero sin haber dejado de insultarse se fundieron en un beso apasionado y frenético.

. */*/*/*/* .

Sakura se había pasado toda la tarde con Suigetsu revolviendo entre los cacharros que Orochimaru había dejado allí. Habían encontrado cosas bastante raras, desde espeluznantes tarros con algo flotando dentro hasta la extraña bola que mutaba en un pincho y que había entusiasmado al chico de tal manera que había salido corriendo a enseñárselo a alguien.

La pelirrosa se había quedado curioseando entre aquel montón de trastos. No era un secreto que el Sannin había realizado múltiples experimentos médicos, y aunque la ética de esos posibles descubrimientos era más que cuestionable, no podía negarse que la posibilidad de saber algo nuevo la llamaba como cantos de sirena. Aunque en realidad, la verdadera razón de que estuviera en aquella habitación llena de basura era que sabía que desde la noche anterior Sasuke la evitaba… y ella también lo evitaba a él. Era demasiado complicado pensar en lo que había pasado entre ellos, demasiado doloroso.

Sin embargo, cuando Juugo llegó contándole apresuradamente lo que había pasado, supo que no tenía otra opción que ir a ver a Sasuke. Al principio, enterarse de la traición de Karin la había enfurecido. ¿Cómo había podido hacer una cosa así después de todo? Ella había salvado a esa chica de Sasuke en más de una ocasión y aun así ella la había vendido a aquellos ANBU. Puede que no la hubiera considerado una amiga como podía pensar de Ino, por ejemplo, pero había pensado que se llevaban bien, al menos que compartían algo de aprecio, más aún cuando ella no la había delatado con la historia de Naruto.

Pero aunque se sintiera decepcionada, comprendió que no podía dejar que Sasuke le hiciera daño. Juugo le contó que Karin estaba arrepentida y que había cometido un error. Sakura sabía que la vida de esa chica no había sido fácil, que Sasuke le había hecho mucho daño al tratar de matarla y eso podía entenderlo bien.

De modo que empezó a recorrer los pasillos buscando al Uchiha, agradeció que estuvieran en una guarida pequeña para los estándares de Orochimaru porque si no habría estado horas buscando. Finalmente, encontró a Sasuke en la penumbra de lo que parecía haber sido un salón bastante amplio con espejos o cuadros cubiertos por pesadas telas blancas. Estaba sentado en una silla de brazos y alto respaldo que podría haber sido algo así como un trono. Tenía el codo apoyado en un de los brazos y reposaba la frente en el puño.

—Supongo que ya te han ido con el cuento —espetó Sasuke amargamente, levantando la vista al oírla entrar y enderezándose en el asiento.

Sakura no dijo nada pero avanzó dejando que la puerta se cerrara tras ella. El sonido que hizo la puerta, pese a ser suave, reverberó por toda la estancia haciendo que pareciera enorme, y al mismo tiempo sin suficiente espacio para que estuvieran los dos al mismo tiempo, ya que la conciencia de la presencia del otro estaba demasiado presente en ellos y estrechaba las paredes hasta hacer parecer cualquier distancia demasiado próxima, demasiado incómoda.

—¿Has venido a suplicarme por su vida? —siseó el Uchiha con desdén.

—He venido a preguntarte qué vas a hacer —contestó Sakura acercándose hasta dónde él estaba sentado.

Sasuke bufó y se removió en el asiento.

—Karin me traicionó —dijo con furia—. Y a ti también, te recuerdo que lo que querían esos ANBU era tu cabeza, no la mía… por una vez. Podríamos haber muerto todos por su estupidez.

—Ella sólo lo hizo porque pensó que era su única opción —replicó Sakura—. Creyó que nadie más iba a ayudarla ¿Crees realmente que tenía verdadera elección?

—¡Todo el mundo puede elegir, Sakura! No vuelvas con eso —bufó el chico con desdén—. Lo que la gente no soporta son las consecuencias de sus elecciones, esa es la jodida verdad. Nadie puede impedir a otro elegir, lo que tira hacia un lado u otro es lo que pasará cuando lo hagas. La única verdad aquí es si tienes las suficientes agallas como para cargar con lo que realmente quieres hacer o no.

—¿Y qué vas a elegir tú? —Preguntó Sakura— ¿Matarla? ¿Esa es la consecuencia de la elección de Karin? ¿De elegir tratar de salvar su vida lo mejor que pudo? Cometió un error.

Sasuke frunció el ceño con molestia y la fulminó con la mirada.

—Por supuesto, había olvidado que todo el mundo tiene una excusa justa para "Santa Sakura" —espetó con ira—. Da igual quién seas o lo que hayas hecho porque ella te absolverá al instante. ¿Por qué no te das cuenta de una puta vez, Sakura? La mayoría de la gente no es buena, sólo sirve a sus propios motivos egoístas. Karin te vendió a los ANBU y sabía perfectamente lo que eso significaba, cambió su vida por la tuya sin dudarlo, y si te hubieran matado no te habría dedicado más de un pensamiento antes de seguir tratando de sobrevivir con su propia mierda. ¡El mundo es así! ¡Y no van a darte un jodido premio por ser tan comprensiva! ¡¿Es que no eres capaz de enfurecerte por nada?!

—Sí soy capaz —musitó Sakura casi inaudiblemente.

—Siempre tan santa, sin odiar jamás nada ni a nadie. Siempre queriendo a todo el mundo, da igual quién sea —continuó Sasuke cruelmente.

Sasuke sabía que se estaba desquitando con ella porque estaba furioso con la traición de Karin y porque llevaba todo el día pensando en lo que había pasado entre ellos la noche anterior, tratando de buscar una excusa, odiándola por hacerle sentir de aquel modo. Estaba echándole encima todo el veneno que llevaba dentro pero no le importó, quería ver todo el daño que le hacían sus palabras porque sabía que tenía razón. Ella siempre perdonaba a todo el mundo sin importarle lo que hubieran hecho, siempre buscando excusas aunque no hubiera ninguna, incapaz de odiar. Por eso no le odiaba a él, por eso le había perdonado que tratase de matarla, porque ella perdonaba a todo el mundo, porque quería a cualquiera con quien se cruzara por igual. No era especial, simplemente era el desgraciado de turno a quien Sakura era incapaz de guardar rencor.

—Eso no es cierto —contestó la pelirrosa frunciendo el ceño.

—Por supuesto que lo es —se regodeó el chico poniéndose en pie altivamente para remarcar su altura sobre ella—. Eres incapaz de odiar nada ni a nadie.

—¿Eso crees? —Espetó Sakura furiosa— ¡No tienes ni puta idea, Sasuke! ¿Piensas que porque trate de entender los motivos de los demás no siento odio? ¿Crees que no me enfurece la traición de Karin? ¡Por supuesto que sé odiar! ¡Odio tantas cosas que ni te imaginas! Odié a Naruto por dejarme sola cuando tú te marchaste, te odié a ti, odié a Kakashi por permitir todo lo que pasó, odié a Orochimaru, a Akatsuki cuando destruyó Konoha. Odio el olor del hospital, odio no ser lo suficientemente fuerte como para marcar la diferencia, odio cada jodida banca de Konoha porque me recuerda que me dejaste allí, odio que mi propia aldea me persiga y me odio a mí por no poder olvidarte aun después de todo. ¡Lo odio todo!

Sasuke se había quedado en silencio, observando el estallido de Sakura. Siendo testigo de aquella mota de oscuridad en su luminoso corazón. Ella odiaba pero no se dejaba dominar por ese odio, esa era la diferencia.

—Así que no te equivoques. Yo no sólo amo, al igual que tú no sólo odias —finalizó Sakura con la barbilla en alto.

¿Sería eso cierto? Se preguntó Sasuke observándola con curiosidad. ¿Si Sakura no era toda luz podría no ser él todo oscuridad? Había pensado que conocía a la chica como la palma de su mano, tan pura, tan ejemplarmente buena. Y aunque seguía siendo luz, también había algo de oscuridad en su interior, una nueva faceta que jamás habría sospechado en ella y que a su pesar, había conseguido atraerle todavía más. Quería acercarse más, quería saberlo todo de esa nueva Sakura que siempre había estado ahí. Estaba tan cerca que podía sentir el calor de su piel, evocando la noche anterior en la que la había besado.

—No voy a matar a Karin —dijo Sasuke con voz ronca tras unos segundos en silencio.

Sakura alzó los ojos para encontrar los suyos demasiado cerca y tragó con nerviosismo.

—Gracias —dijo la muchacha finalmente, tratando de mantener su respiración en calma ante la proximidad del chico, mientras en su mente desfilaban las imágenes de los labios de él acariciando los suyos.

—No lo hago porque me lo hayas pedido —aclaró Sasuke alternando la vista entre los labios y los ojos de Sakura.

—Lo sé —contestó la chica en un susurro ahogándose en la tensión que crecía entre ellos.

Sakura notó la mano de Sasuke sobre su cintura sin dejar de mirarse a los ojos. Tan cerca que respiraban el uno sobre el otro mezclando sus agitadas respiraciones, tratando de resistirse a lo inevitable, a lo que cada célula de su cuerpo gritaba por hacer.

—No podemos hacer esto —musitó Sasuke en un jadeo, ciñendo la cintura de Sakura con el brazo, cómo si esto fuera lo único que se permitiera. Cómo meter un pié en el océano cuando lo que quieres es nadar en sus profundas aguas. Porque eso es lo que era aquella chica para él, le llamaba tanto como lo había hecho el mar y él trataba de resistirse del mismo modo que lo había hecho entonces.

—También lo sé —consiguió decir Sakura antes de sentir los labios de Sasuke sobre los suyos con desesperación. Y fue como si se sintieran caer y flotar al mismo tiempo sabiendo que aquello no estaba bien pero que era inútil tratar de evitarlo. Sentían la calidez de la boca del otro, los labios suaves con alguna aspereza provocada por mordérselos por las preocupaciones.

Sakura enlazó los brazos a su cuello atrayéndolo más, sintiendo la piel de su nuca bajo las yemas de sus dedos, mientras él estrechaba su cintura apretando en puños la parte de atrás de la camiseta de ella, presionando más aquel beso como si luchara con fuerza por seguir ahí. "No podemos hacer esto" ambos lo sabían, pero no habían podido resistirse. En ese momento cualquier pensamiento coherente había muerto en sus mentes sustituido por el fuego que les devoraba.

La espalda de Sakura encontró la pared mientras la boca de Sasuke abandonaba la suya y ambos tomaban aire con las mejillas sonrojadas. El chico envalentonándose, deslizó los labios por su cuello arrancándole suspiros. La kunoichi consiguió abrir su camisa hasta que cayó de sus hombros, y pasó sus manos sobre su pecho liso. Gimió cuando él la alzó del suelo y la hizo rodear su cadera con las piernas. No había espacio para la cordura entre la pared y su cuerpo, y si todavía le quedaba algo, esta se perdió cuando la mano de Sasuke se coló bajo su camisa acariciando tentativamente la piel de su vientre, poniéndole la piel de gallina con cada caricia, haciéndola desear más, ardiendo bajo su tacto.

Sus respiraciones volvieron a encontrarse, mezclándose entre jadeos, volviendo la entrada de aire cada vez más difícil, más escasa por los besos que se tornaban más feroces a cada momento. Perdidos entre tantas nuevas sensaciones, la presión de sus lenguas, el calor de sus labios, la suavidad de la piel bajo sus manos.

El tacto de la ropa de Sakura directamente sobre la piel desnuda de su torso estaba volviendo loco a Sasuke sin querer siquiera imaginar cómo sería tocar directamente su piel, sólo de pensarlo el aire escapó de sus labios con un jadeo ahogado casi un gemido que Sakura atrapó en un beso.

—Te odio —le dijo Sasuke entrecortadamente con los ojos nublados por el deseo mientras apretaba las caderas de la chica contra él. Y era cierto, odiaba sentirse tan vulnerable, tan completamente a su merced, incapaz de apartarse de ella de evitar que el calor y la electricidad le recorrieran por dentro llevándole a extremos que no había creído posibles.

Un gruñido se escapó de los labios de Sasuke cuando la chica comenzó a frotar sus caderas contra él, acercándose más, presionando, volviéndolo loco, provocándole inconscientemente a seguir su vaivén. Ella deslizó su boca hasta la esquina de su mandíbula y trazó un camino de besos por la piel de su cuello hasta llegar a su clavícula dónde un leve mordisco, un roce de dientes hizo jadear de sorpresa y deleite a Sasuke que la apretó más contra la pared.

—Yo también —respondió Sakura con igual deseo, tirando de su cabello negro hasta que sus labios volvieron a unirse desesperadamente al tiempo que el chico aferraba las mallas ninja de ella haciendo que sonaran las costuras como si fuera a arrancárselas.

Y ambos se perdieron en un mundo de jadeos, besos, lametones, caricias, embestidas y mordiscos. Olvidándose de cualquier cosa que no estuviera en la piel del otro. Guiándose por el instinto del deseo para suplir la experiencia en algo que fue un poco torpe, rápido y caótico pero que jamás olvidarían.

. */*/*/*/* .

—Kiba… creo que… tal vez deberías haberte quedado… —tartamudeó Hinata con su vocecilla insegura.

El Inuzuka iba montado en su gran perro Akamaru y disimulaba muecas de dolor cuando el animal, a pesar de ser cuidadoso con su amo, hacía algún movimiento brusco. Aun así el ninja no se había quejado en todo el camino, aparte de soltar algún gruñido y llevarse la mano al costado.

—Keh… No te preocupes Hinata. Estoy perfectamente —sonrió Kiba radiantemente—. Además, como tu compañero de equipo debo cuidarte. He visto que Naruto te mira como un pervertido, no me fio de él.

La Hyuuga cambió el pálido de su cara por un tono rojo como un farolillo y empezó a boquear como un pez fuera del agua.

—¡¿Pero qué crees que dices dattebayo?! ¡Aquí el único pervertido eres tú! —replicó Naruto con una mezcla de sonrojo e indignación. Levantó el puño para darle un coscorrón en la cabeza.

—¡Estoy convaleciente! —Le recordó Kiba levantando las manos para protegerse.

—¡Naruto estate quieto! —Gritó Ino asestándole ella misma un coscorrón al rubio que se llevó las manos a la coronilla lamentándose de dolor—. Hinata tiene razón, Kiba. Todavía estás demasiado débil para esto. Casi te mueres.

—Débil para luchar, pero no para encontrar un rastro —se defendió Kiba por enésima vez.

En cuanto Naruto se había enterado de lo que estaba pasando con Sasuke y Sakura, había decidido que él mismo iba a ocuparse del asunto. Iba a salvar a Sakura como fuera, no podía soportar que ella se sacrificara de esa manera. Había removido cielo y tierra para hablar con Tsunade y el Raikage, para convencerles de que le dieran la oportunidad de salvar a sus dos compañeros, pero la respuesta había sido la que ya conocía. Sakura sería juzgada por traición, y no había esperanzas de que su sentencia fuera muy favorable si Sasuke estaba por ahí atacando a Konoha y a la Alianza.

Nuevamente, sólo había quedado una salida posible. Debía parar a Sasuke para que Sakura pudiera vivir… tenía que matarle por mucho que eso le destrozara. Naruto siempre había defendido que salvaría al Uchiha, que conseguiría que abandonara su camino de odio y que volviera con ellos a Konoha, dónde pertenecía… pero tal vez, su amigo había cruzado hacía mucho la línea de no retorno, tal vez ahora la única forma de ayudarle era evitar que siguiera haciéndose daño a sí mismo y a los demás.

De modo, que habían organizado de nuevo un grupo para encontrar a Sasuke y Sakura de una vez por todas. En esta ocasión ninguno estaba dispuesto a volver con las manos vacías o llegar siempre en el último momento. Había sido imposible dejar a Kiba fuera del asunto por mucho que estuviera recuperándose de su reciente roce con la muerte. El Inuzuka había alegado que con su sentido del olfato conseguirían dar con ellos, ya lo había hecho en una ocasión, y nadie pudo llevarle la contraria. Tampoco hubo forma de disuadir a Ino para que se quedara como enlace de comunicación. Así que finalmente, al grupo de búsqueda se habían añadido, Kiba, Ino, Naruto e Hinata.

Habían decidido que lo mejor era empezar a buscar por los alrededores del lugar en el que habían peleado con Madara, cerca de donde el valle del Fin marcaba la frontera del país del Fuego. Kakashi estaba seguro de que se habrían quedado algunos días en algún lugar cercano para recuperarse de las heridas de la batalla. Aunque habían pasado varios días, sabían que los ANBU que el Consejo había mandado seguían inspeccionando los alrededores, así que lo tomaron como una señal de que sus compañeros no podían estar muy lejos.

Neji y Kakashi habían dejado de indagar sobre el asunto de si había o no un traidor entre ellos. No podían pensar que ninguno de los que estaban allí pudiera siquiera pensar en traicionar a su compañera, todos sentían afecto por Sakura y algunos le debían incluso la vida. Tal vez todo el asunto de que los ANBU parecieran ir un paso por delante de ellos se debiera a que interceptaron alguna comunicación o simplemente puede que fuera suerte. Lo que más les preocupaba ahora no era que ellos se enteraran de algo, sino el hecho de que Naruto parecía decidido a acabar con Sasuke. Había aceptado con aplomo esa responsabilidad aunque todos sabían lo mucho que le costaba tomar aquella decisión.

—¿Crees que podrá hacerlo? —preguntó Sai señalando con la cabeza al rubio que discutía con Ino y Kiba varios metros por delante.

En ese momento Akamaru soltó un ladrido y olisqueó el suelo.

—Creo que hemos encontrado un rastro —gritó Kiba.

—Pronto lo sabremos —contestó seriamente Kakashi a Sai.


Hola! Por fin ha llegado el día prometido jaja y tal como dije en el capítulo pasado, aquí está la actualización. Espero que estos días de espera no hayan sido demasiado largos, muchas gracias por vuestra paciencia. Lamento no poder traer un doble capítulo como algunas habéis pedido pero os diré que este es uno de los capítulos más largos que he escrito. He tratado también de incluir algo cercano al lemon, lo mejor que pudiera sin llegar a ser totalmente explicito por las normas de la página que seguramente conocéis. Espero que os haya gustado.

Como sospechabais Karin no lo ha pasado exactamente bien enfrentándose a Sasuke que monta en cólera, menos mal que Suigetsu ha contribuido a desviar el tema. ¿Qué os ha parecido el SuiKarin? ¿Ha quedado un poco repentino? No sé si he quedado muy conforme con eso.

Por otra parte, el cerco de Naruto y Sasuke se estrecha cada vez más.

Sobre el odio de Sakura, para mi cumpleaños mi amiga y compañera de RIC, Azhy me escribió un drabble titulado "Miércoles de dos por uno" (os lo recomiendo mucho, podéis encontrarlo en mis favs) en el que se podía ver que Sakura no era sólo bondad y sonrisas sino que en su interior era capaz de odiar, ni que decir tiene que me encantó ese enfoque y me pareció muy real para el personaje. Creo que además de sonreír y tratar de ver lo mejor, en el fondo también tiene resentimiento por las cosas malas que le han pasado.

Muchísimas gracias por todos vuestros reviews que siempre consiguen sacarme una sonrisa.

Besos, Ela.