Disclaimer applied


El albedrío de los condenados

Capítulo 20. Un día

—No puede ser… Esto no ha podido pasar…

—Calla, te lo advierto, cállate.

—No es posible… No ha pasado… Ha sido un error…

—¡Cállate, joder, zanahoria! ¡Me estás poniendo nervioso! —gritó finalmente Suigetsu terminando de ponerse los pantalones y dando saltitos a la pata coja para tratar de colocarse las sandalias ninja.

Karin miraba al techo tumbada encima del diván destartalado, todavía en estado de negación. Todavía en shock por la —cómo ella la denominaba— "aberración" que había sucedido allí aquella noche.

—Es enfermizo…

—Escúchame —dijo Suigetsu apuntándola nerviosamente con un dedo—. Esto no ha ocurrido. ¿De acuerdo? Jamás ha pasado y nunca volveremos a hablar de ello.

—Eso… nos olvidaremos de este retorcido asunto —asintió Karin ansiosamente—. No ha pasado y nadie lo sabrá.

—Genial, ahora quítate esa camiseta y sigamos con nuestras vidas —suspiró Suigetsu aliviado.

—¡¿Es que estás mal de la cabeza, imbécil?! ¡Termina de vestirte y sal de aquí! —bufó Karin anonadada y enrojeciendo por su descaro.

—Lo haría con mucho gusto —siseó el chico con furia—. Pero lo que llevas puesto es mi camiseta y la necesito para eso.

—Oh… —musitó la pelirroja sonrojándose todavía más al comprobar que, efectivamente, llevaba puesta la camiseta morada de Suigetsu.

—Oh —repitió el chico sarcásticamente cruzándose de brazos.

—Date la vuelta, pervertido —advirtió Karin.

—Cómo si tuvieras algo que no haya visto ya —bufó Suigetsu dándole la espalda de mala gana.

—No vuelvas a decir eso —dijo la pelirroja—. Me pone los pelos de punta.

Suigetsu se mordió la lengua a tiempo para no soltar lo que se le vino a la mente en ese momento sobre poner algo de punta. Lo último que necesitaba eran más gritos, tenía que salir de allí cuanto antes y olvidar toda aquella locura o sería él quien se volvería loco.

—Tal vez deberías quedártela hasta que encontraras el resto de tu ropa —le aconsejó Suigetsu—. Yo tengo otra.

—Ya está —dijo entonces Karin lanzándole la prenda que chocó contra su espalda.

En ese momento la puerta se abrió bañándolos con la luminosidad procedente del pasillo, recortada por la silueta de Juugo que les miraba desde la puerta.

—Karin… —comenzó el gigantón.

—¡No es lo que parece! —se apresuró a señalar Suigetsu agitando las manos. Aunque tampoco sabía exactamente que excusa iba a dar para que Karin se encontrara prácticamente desnuda en el diván y él allí plantado con la camiseta en la mano.

—Cierra la boca, imbécil —le susurró Karin.

—¿Y qué es lo que tiene que parecer? —preguntó Juugo algo perdido.

En ese momento, Suigetsu se dio cuenta de que Karin estaba completamente vestida y le miraba con cara de advertencia. Juugo ni siquiera se había dado cuenta debido a la penumbra de la habitación, de que él estaba descamisado. Se apresuró a vestirse antes de que su compañero se percatara de nada, notando que el olor de la pelirroja se había quedado en la ropa.

—Nada, grandullón. Tonterías mías —cambió de tema el muchacho—. Y… ¿Qué dices que querías?

—Sasuke quiere hablar con Karin —dijo Juugo.

Karin palideció y las palabras parecieron trabarse en su boca. Se había olvidado del asunto de la traición que había cometido con el shock de haberse acostado con Suigetsu. Pero ahora, todo el peso volvía a caer sobre sus hombros. ¿La mataría realmente Sasuke? Era lo más probable.

—No creo que te haga daño, Karin —la tranquilizó Juugo adivinando sus dudas—. Si hubiera querido matarte habría venido él a buscarte.

—Alentador —ironizó la chica con un suspiro.

. */*/*/*/* .

Sakura despertó sin saber muy bien dónde se encontraba. Lo que sí supo enseguida fue que estaba completamente desnuda, únicamente cubierta con lo que parecía ser una polvorienta cortina o sábana blanca. Un sonrojo subió a sus mejillas cuando recordó el por qué de su situación. Extendió una mano, todavía con los ojos entrecerrados por el sueño, para buscar a Sasuke tendido en el suelo a su lado, y descubrió que ni estaba en el suelo ni Sasuke estaba junto a ella.

La chica abrió del todo los ojos y se incorporó un poco, sujetándose la sábana para cubrirse. Resultó que estaba tendida sobre un viejo sofá en el que no recordaba haberse tumbado, lo último que recordaba antes de dormirse profundamente era estar echada sobre el suelo con Sasuke a su lado. No pudo evitar un sentimiento de decepción y tristeza al despertar sin él. No es que realmente hubiera esperado nada pero… Suspiró abatida. Tal ver fuera lo mejor, no sabía si iba a poder volver a mirarle a la cara después de lo de esa noche.

De pronto oyó un carraspeo y se dio cuenta de que no estaba tan sola como creía, en cuanto sus ojos conectaron con otros oscuros, la chica enrojeció repentinamente.

Sentado sobre aquella especie de trono en el que lo había encontrado la noche anterior, se encontraba Sasuke mirándola en silencio. Un silencio que ninguno de los dos se atrevió a romper, ambos parecían a la espera de la reacción del otro, demasiado cohibidos, sin atreverse a decir nada hasta tener una pista de que reacción iba a tener.

Sasuke se había despertado un par de horas antes tendido en el suelo junto a Sakura, más bien prácticamente sobre ella, ya que ambos estaban durmiendo enlazados en algún tipo de abrazo. El muchacho se había apartado con cuidado para no despertarla, todavía algo aturdido por lo que había ocurrido. No podía creerse lo que habían hecho, aunque, cada vez que lo recordaba un agradable cosquilleo se extendía por su piel y la vergüenza encendía sus mejillas. ¿A qué estaba jugando? Todo aquello no podía ser, no podía ocurrir. Ella no iba a quedarse con él mientras se dedicaba a destruir todo lo que amaba, la conocía, lucharía contra él si era necesario del mismo modo que él lo haría por su venganza, y ese lazo que habían formado sólo sería un lastre para ambos cuando volvieran a estar en bandos contrarios… si es que alguna vez habían dejado de estarlo.

Había buscado su ropa desperdigada por el suelo para poder vestirse y después había mirado a la chica durmiente en el suelo. Ella se había acurrucado hacia el lado en el que había estado él, como si buscase su presencia en sueños. Sasuke cogió una de las pesadas sábanas blancas que cubrían los espejos y cuadros que había tenido aquella habitación, y cubrió a la chica con ella. Después la levantó con cuidado para depositarla en un pequeño sofá con una pata medio rota por la carcoma.

Debería haberse ido, sin embargo, se sentó a observarla añadiendo eso a la lista de errores en lo que respecta al tema de Sakura. Una lista que ya empezaba a ser demasiado larga, con consecuencias demasiado grandes. Y cuando ella se despertó y lo miró sonrojada, supo que ya era demasiado tarde como para dar marcha atrás.

Sakura se envolvió más en la tela blanca sentándose sobre el sofá con las rodillas pegadas al pecho, lanzándole miradas nerviosas a Sasuke que la observaba con seriedad desde su asiento. ¿Qué pasaría ahora? Anoche no había pensado en absoluto en las consecuencias que traería por la mañana, ni siquiera habían sabido muy bien lo que hacían. La chica se había dejado perder entre besos y caricias sin tener en cuenta nada más que el momento y no se arrepentía de ello, pasara lo que pasase a continuación, ella siempre tendría el recuerdo de la noche en la que había sido feliz.

Los ojos de Sakura se enfrentaron por fin a la mirada de Sasuke, pensó que debería decir algo, cualquier cosa. Entonces, Sasuke movió la mano que tenía apoyada en el reposabrazos de la silla, colocando la palma hacia arriba, extendiendo la mano hacia ella, tendiéndosela. Su mirada, antes distante, se había vuelto algo titubeante, como si no estuviera muy seguro de estar haciendo lo que debía, aun así, no apartó los ojos… ni la mano.

Sakura sabía lo que significaba. Lentamente se puso en pie, sin romper el contacto visual, sujetándose firmemente la tela que la cubría. El sonido de sus pies descalzos golpeteando con rápidos pasos contra el suelo llenó la silenciosa estancia, mientras ella acortaba la poca distancia que la separaba de Sasuke y deslizaba su mano en la de él. Sasuke suspiró abatido y la estrechó.

—Esto no puede ser. Lo sabes, ¿verdad? —Dijo Sasuke con la mirada puesta en el infinito pero sin soltar su mano—. No podemos. Yo no puedo.

Sakura lo sabía, lo había sabido desde el primer momento, pero no por ello era menos doloroso. Parpadeó cuando sintió que los ojos le ardían, no iba a llorar, no por esto. Lentamente retiró su mano de la de Sasuke y el chico cerró los dedos sintiéndola vacía.

—Si eso es lo que quieres… —musitó la chica. Sabía que él tenía razón, ambos lo sabían, pero no podía evitar que la decepción se colara en su tono.

—¿Lo que quiero? —siseó Sasuke con fría cautela, levantándose lentamente para encararla—. Lo que yo quiero no tiene nada que ver.

Sakura retrocedió un paso agarrando más su sábana mientras los ojos oscuros de Sasuke la taladraban. Le había hecho enfadar y lo sabía, pero al menos la furia era mejor que la resignación, que la certeza de que ninguno podía hacer nada para cambiar aquella situación abocada al fracaso.

—¿Qué se supone que debo hacer? —continuó el Uchiha con ira contenida—. Llevarte conmigo ¿Eh? ¿Vendrías conmigo? ¿Te harías la sorda mientras yo destrozo Konoha? ¿Me sonreirías cuando volviera de matar a los que amas? ¿Dejarías que te tocara cada noche con las manos manchadas de la sangre de tus amigos? Porque eso es lo que ocurrirá. ¡¿En qué te convertiría eso?!

La chica lo contemplaba horrorizada por sus crueles palabras, encajándolas una tras otra como golpes, sabiendo que cada una de ellas era verdad por mucho que quisiera negársela. Sasuke seguía siendo Sasuke. Un Sasuke que no quería matarla, sí, que la besaba y la hacía volar, pero que seguía queriendo acabar con todo lo demás.

—Y ahora te pregunto yo. ¿Eso es lo que quieres? —pronunció el muchacho despacio, retándola.

—…No —susurró Sakura entrecortadamente

—Hmp —gruñó Sasuke con desdén. Por supuesto que no, ella jamás renunciaría a todo eso por él. Nunca compartiría sus objetivos, y aunque estaba bien, aunque eso era lo que la hacía quien era, no dejaba de ser como una patada en el estómago. Ella prefería a Naruto, ese idiota era todo lo que él jamás podría ser, prefería su luz a la oscuridad que él podía ofrecerle y aunque la idea de arrastrarla con él a las tinieblas era más que tentadora sabía que eso la destruiría.

—Pero… todo eso aun no ha ocurrido —dijo entonces la chica tomándole por sorpresa—. Quien sabe lo que pasará…

—Yo sé lo que pasará. No voy a renunciar a mi venganza, Sakura —la interrumpió el Uchiha—. Ni siquiera por ti. Pagarán por lo que le hicieron a mi hermano, se lo debo. Además, ya oíste a Madara. Los Uchiha no pueden escapar al destino de odio, sangre y venganza.

—Madara no te conoce, no sabe nada de ti —espetó Sakura con decisión—. Tú eres más que un apellido, eres Sasuke-kun… Puede que ser un Uchiha sea parte de ti pero no es todo lo que eres. Sasuke es quien debería ser dueño del destino de Sasuke, no los Uchiha, no Itachi, no Konoha.

El muchacho se quedó sin aliento ante sus palabras, por como ella creía en él, por como pronunciaba su nombre con suavidad una y otra vez haciéndolo sonar como si fuera algo valioso, no con odio, temor o desprecio como normalmente lo oía de los demás. Sakura había dejado de tenerle miedo, ya no tenía ese brillo de cautela en la mirada al acercarse a él, ya no se encogía al decirle dolorosas verdades. No esperaba nada de él, no le exigía nada. No había un "véngate", "ódiame" o "vuelve" tras sus palabras, solo "se tú" ¿Pero quién era él en realidad? ¿Quién era sin contar todo lo que los demás habían depositado sobre él?

Sasuke levantó una mano levemente como si fuera a acariciarle la mejilla, sin embargo, antes de llegar a tocarla la dejó caer.

—La mayoría de las veces, las cosas no son cómo deberían —dijo apartando la vista, no sin que antes Sakura pudiera ver un pequeño destello de dolor en ellos—. Voy a decirle a Juugo que traiga a Karin aquí para comunicarle que no voy a matarla a no ser que cometa otra estupidez. Tiene suerte de que necesitemos sus habilidades o la echaría de aquí. No perdono que la gente que me traicione.

El chico salió de la habitación dejando a Sakura sola con sus palabras retumbando en sus oídos. "No perdono que la gente me traicione". ¿Y qué era lo que estaba haciendo ella? Le estaba ocultando la verdad, obligándolo a acompañarla para salvar a nadie. ¿Cuándo tiempo más podría mantener esa mentira? Iba a odiarla cuando supiera que le había mentido…

Sakura suspiró, todo se había vuelto demasiado complicado, más de lo que había sido en un primer momento. Encontró su ropa doblada a un lado del sofá en el que había despertado, seguramente Sasuke la había recogido y dejado ahí para ella mientras dormía. Sin saber por qué, este hecho casi la hizo llorar. Parpadeó para alejar sus tontas lágrimas y se apresuró a vestirse antes de que volviera.

. */*/*/*/* .

Sasuke estaba sentado de nuevo sobre el "trono", que no era otra cosa que una silla un poco más alta e imponente que las demás, pero que a él parecía haberle gustado. Sakura le había dicho que no se sentara ahí para hablar con Karin. "Da miedo, pareces un juez del infierno" le había dicho, al lo que él había asentido satisfecho sin moverse del sitio.

Karin había llegado caminando junto a Juugo, sin atreverse a mirar a nadie y recolocándose las gafas continuamente con un gesto nervioso. Suigetsu había acudido también, pero al contrario de otras ocasiones en las que siempre se encargaba de ocupar el primer plano, había decidido quedarse apoyado en la pared algo alejado.

—Lamento mucho lo que hice, de verdad —comenzó Karin mirando suplicantemente a Sakura que estaba de pie detrás del asiento de Sasuke—. Pensaba que era mi única opción, estaba dolida y desesperada… y… me equivoqué.

—Nos traicionaste —cortó Sasuke.

—Sí —musitó la pelirroja bajando la vista avergonzada.

—Debería matarte por eso —bufó el Uchiha—. Sin embargo, teniendo en cuenta las circunstancias…

El tono de Sasuke era reacio, no le gustaba la situación. Si no fuera porque necesitaban las habilidades de Karin la habría arrojado fuera sin contemplaciones. También estaba el hecho de que él había tratado de matarla. No lo lamentaba. En ese aquel momento, cuando Tobi le había dicho que matara a Karin porque sabía demasiado y había dejado de ser útil, él lo había encontrado razonable, como también había encontrado razonable tratar de matar a Sakura minutos después. No valía la pena afligirse por decisiones pasadas, cada uno toma lo que le parece la mejor decisión en cada circunstancia, puedes equivocarte o no pero una vez hecho no puedes hacer nada para cambiarlo. Aun así, podía comprender el resentimiento de Karin.

—Te dejaré vivir —continuó Sasuke—, pero eso será todo. Si vuelves a intentar algo así no habrá nada que pueda salvarte de mí. No me fío de ti, lo único que me impide echarte de aquí es que todavía nos hacen falta tus habilidades.

Karin apretó los labios e hizo un seco asentimiento con la cabeza desviando la vista hacia otro lugar. Aunque estaba aliviada por el hecho de que Sasuke hubiera decidido "perdonarla" no podía evitar que le dolieran sus palabras, no era como si hubiera esperado otra cosa, sabía que ella no era nada para él, pero saber de sus labios que la única razón por la que aguantaba su presencia era su habilidad era, cuanto menos, humillante. ¡Él se lo debía, maldita sea! ¡Había tratado de matarla! ¿Pensarían todos del mismo modo? ¿Tan odiosa era? Estaba claro que para Sasuke sí y tenía que admitir que el sentimiento era mutuo. Pero ¿Y los demás? Suigetsu la había defendido aunque ahora la evitara —ella también desearía poder evitarlo una temporada después de lo de esa noche—, Juugo la había apoyado tratando de tranquilizarla y Sakura había intercedido por ella ante Sasuke. ¿Habría sido eso por ella o porque era la única manera de que su chakra siguiera oculto a sus enemigos?

—¿Llegaste a decirle a esos ANBU que estábamos aquí? —preguntó el Uchiha fríamente.

Era una pregunta estúpida, pensó la pelirroja. Si ella hubiera informado de su paradero, ellos ya les habrían atacado.

—No, lo último que les dije fue que nos dirigíamos hacia el norte pasando por el oeste del Valle del Fin —contestó Karin secamente—. No saben nada de este lugar, he ocultado nuestro chakra y por eso no nos han descubierto. Sin embargo, he notado que han pedido refuerzos y están registrando la zona, sólo es cuestión de tiempo que den con nosotros.

—Entonces quizá deberíamos largarnos ya de aquí —apuntó Suigetsu con tono algo áspero—. El moho de las paredes va a empezar a crecernos por encima. Además, si nos encuentran aquí este sitio es como una ratonera. Sólo vayámonos y fin del problema.

—No —dijo Sasuke repentinamente, sorprendiéndolos a todos—. No, nos quedaremos una noche más. Mañana dejaremos este lugar. Un día y nos iremos.

Giró un poco la cara hacia atrás dónde estaba Sakura de pie, con las manos aferradas al respaldo de su asiento, comprendiendo perfectamente lo que el Uchiha quería decir en realidad. Le estaba concediendo un día, a ella, a él mismo. Un último día antes de volver a la realidad, un único día para olvidarse de que eran quienes eran.

—Genial —masculló Suigetsu rodando los ojos como si reusara a tratar de comprender lo que pasaba por la mente de Sasuke. Extrañamente, desapareció rápidamente por la puerta sin añadir ninguno de sus habituales chascarrillos burlones.

—¿Le pasa algo a Suigetsu? —Preguntó Sakura desconcertada por su huraña actitud.

Karin que había estado mirando la puerta con el ceño fruncido desde que Suigetsu había salido a zancadas por ella bufó un "y yo que sé" enfurruñado por respuesta y salió también.

—¿He dicho algo malo? —dijo Sakura entre asombrada y preocupada.

Sasuke puso los ojos en blanco y soltó un gruñido de "qué importa" mientras se reclinaba acomodándose en su asiento.

—Han estado raros desde que he ido a buscarlos —reconoció Juugo encogiéndose de hombros—. Tal vez hayan vuelto a discutir, creo que han tenido que dormir en la misma habitación hoy así que no sería raro.

—Intenta que no se maten el uno al otro —pidió Sasuke con aburrimiento—. O en todo caso que el que muera sea Suigetsu, es el más inútil.

—Haré lo que pueda —aseguró Juugo saliendo en pos de sus compañeros.

En cuanto estuvieron los dos solos, el silencio cayó sobre ellos resonando en sus oídos. Ninguno sabía muy bien qué decir para romperlo. Finalmente, Sakura dio un par de pasos al frente para que pudieran verse las caras.

—Te encanta estar sentado ahí, ¿verdad? —Preguntó la chica enarcando una ceja, burlona— Dando órdenes como si fueras un rey.

Sasuke se encogió de hombros pero una minúscula insinuación de sonrisa tiró de la comisura derecha de su boca y tampoco negó sus palabras.

—A ti también te gustaría —se limitó a señalar con petulancia. Sin embargo, abrió los ojos sorprendido cuando Sakura se acercó y consiguió hacerse un hueco para sentarse junto a él.

El asiento era lo suficientemente grande para que ambos cupieran en él, aunque quedaban totalmente pegados el uno al otro. Sasuke se sintió algo incómodo por la repentina invasión de su espacio personal, todavía no estaba acostumbrado a tanta cercanía. Contradiciendo sus pensamientos, las imágenes de lo que había ocurrido la noche anterior desfilaron por su memoria recordándole cuanta cercanía era capaz de obtener de buen grado. Rezó para que Sakura no notara su repentino acaloramiento.

—Tienes razón, es un buen sitio —sonrió Sakura recostándose en el respaldo, sus pies quedaban colgando a unos pocos centímetros del suelo pues sus piernas no eran lo suficientemente largas, dándole un aire travieso e infantil.

—Orochimaru solía sentarse aquí —le contó Sasuke— y Kabuto normalmente estaba de pie tras él, como tú antes. Recuerdo lo incómodo que me sentía mientras me observaban desde aquí, era como si se estuvieran riendo continuamente de mi por algo que no acertaba a comprender… era irritante.

Sakura lo miró con curiosidad. La verdad es que nunca se había parado a pensar en cómo había pasado Sasuke esos años con Orochimaru, por supuesto que se había preguntado mil veces dónde estaría o qué estaría haciendo, pero no si estaría asustado, si estaba realmente feliz con su decisión o había momentos de duda en los que deseaba volver, si se sentía solo…

La mirada de la chica se desvió automáticamente hasta el cuello de Sasuke, el lugar en el que había estado el sello maldito complicándoles la vida a todos, pudo recordar sus gritos mientras le apretaba la mano, y el miedo que ella sintió cuando se desmayó y se vio sola sin saber qué hacer.

—Ya no tienes el sello maldito —hizo notar Sakura tímidamente—. Conseguiste deshacerte de él al final.

—Fue mi hermano… cuando… —Sasuke frunció el ceño y fijó su mirada en el infinito sin llegar a terminar la frase.

—Recuerdo cuando Orochimaru te marcó, en el bosque durante aquel examen —continuó la pelirrosa—. Gritabas y te dolía tanto que ni siquiera podías tenerte en pie. Estaba tan asustada, nunca he tenido tanto miedo y… tan furiosa que le grité a Orochimaru, le habría sacado los ojos con mis propias uñas.

—¿Le gritaste? —Preguntó Sasuke enarcando las cejas entre asombrado e incrédulo.

—Sí, tú estabas allí, debiste oírme —contestó Sakura sin entender qué tenía de especial—. Le dije algo sobre que no querríamos ver su cara de nuevo y luego le exigí que me dijera qué te había hecho. ¿Qué?

—Eras una niña de doce años, sola, en medio de un peligroso bosque, frente al terrorífico hombre que acababa de intentar matarte y había dejado fuera de combate a tus dos compañeros, más poderosos que tú, y cuando por fin iba a irse, afortunadamente sin hacerte daño, tú le reclamaste a gritos que te contara sus planes. Lo que estoy empezando a preguntarme es cómo demonios has conseguido mantenerte con vida estos años —explicó Sasuke.

Sakura abrió y cerró la boca como un pez, desconcertada, porque explicado así, ciertamente había sido algo bastante imprudente.

—Eh… pues… —la chica parecía estar realmente buscando una respuesta cuando frunció levemente el ceño—… ¿Te… ¿Eso ha sido un chiste?... ¿Te estás riendo?

La verdad era que acababa de darse cuenta de que no creía haber oído nunca a Sasuke utilizar el sarcasmo para una frase tan larga sin ánimo de ser cruel. Y aunque lo había dicho con su eterna expresión estoica, había un brillo en sus ojos que le permitía ver la burla en él.

—No. Es una duda perfectamente razonable —se defendió el muchacho sin inmutarse.

—Mentiroso —le picó Sakura sonriendo divertida—. Puedo verlo en tus ojos, estás a punto de reírte.

—No lo creo —contradijo Sasuke enarcando una ceja.

—Hazlo, ríete para mí —pidió la pelirrosa repentinamente—. Nunca te he oído reír.

—Sí que me has oído —dijo el chico haciendo una pequeña mueca.

Sakura estaba presente cuando tras matar a Danzou, Kakashi le pidió que se olvidara de su venganza, que se detuviera, y él estalló a reír como un maníaco, estuvo riéndose a pleno pulmón por unos buenos minutos. No fue una risa agradable pero fue una risa.

—Esa vez no cuenta —desechó la pelirrosa rápidamente evitando pensar en ello—. Yo quiero una risa de verdad.

Sasuke la miró directamente a los ojos, repentinamente serio, conectando sus miradas de una manera atrapante que hacía imposible que Sakura pudiera escapar.

—¿Qué te hace pensar que esa vez no fue de verdad? Lo fue —le dijo el chico—. ¿Crees acaso que soy una persona diferente a la que encontraste en aquella celda?

Sakura tragó saliva recordando con temor la mirada fría y despreciativa que había tenido Sasuke en aquel momento, la misma que seguía poniendo cada vez que hablaba de Konoha. Rememoró la brutalidad con la que se había enfrentado a los ANBU hasta que ella había impedido que los matara, y cómo había luchado consigo mismo por la decisión de acabar con ella o dejarla con vida.

—No —contestó la chica con rotundidad haciendo que los ojos de Sasuke brillaran extrañamente—. Sé que eres esa persona, que nunca dejarás de serlo, pero también eres quien le dio su comida a Naruto cuando estaba atado a ese tronco y se interpuso entre el ataque de Haku y él, y el que entrenaba con su equipo, y el capullo arrogante que siempre me ignoraba, y el que me dijo gracias antes de marcharse… Eres todos ellos porque todos ellos son tú. Sigues siendo el que encontré en esa celda, pero lo que fuiste sigue formando parte de ti.

—¿Cómo estás tan segura de eso? —preguntó Sasuke, ni siquiera él lo estaba. Siempre había creído que todo eso se había quedado atrás, como partes de otra vida, de una persona con la que ya no tenía nada en común.

—Me has dado un día… —contestó sencillamente Sakura con una sonrisa triste y levantó la mano para apartarle delicadamente el pelo que le caía sobre los ojos, la propia mano de Sasuke la atrapó antes de que lo hiciera sin dejar de mirarla a los ojos.

—Un día… —dijo el chico con voz ronca.

De pronto sintió dolor, tan agudo como si fuera realmente físico. Un día era tan poco tiempo, era nada, un suspiro, y luego volvería la oscuridad. ¿Sería capaz de soportarlo otra vez? ¿Podría realmente dejarla ir? Algo salvaje y egoísta surgió en su interior como una bestia dormida, no, no quería. Quería quedársela, quería su luz, su piel suave, su risa y sus besos, era suya. ¿Por qué iba a conformarse con un día? ¿Por qué iba a renunciar a la única persona que le aceptaba como era, que no le juzgaba a pesar de todo, que no trataba de cambiarle, que nunca le traicionaría?... La única persona que le quería a él y no a lo que debería ser, fuera lo que fuera eso.

Naruto tenía decenas de personas que le querían, tenía la admiración y la gloria ¿por qué no podía él quedarse con Sakura?

—¿Sasuke-kun? —preguntó Sakura con preocupación.

Sin darse cuenta, Sasuke había comenzado a respirar fuertemente y todavía no había soltado la mano de Sakura que apretaba con la suya como si temiera que fuera a desvanecerse de un momento a otro. Con su mano libre, la pelirrosa le acarició el rostro, deslizando la yema de sus dedos por su ceja, bajando por su mejilla hasta delinear sus labios. El chico cerró los ojos rindiéndose, disfrutando del contacto hasta que tímidamente el roce de sus dedos fue sustituido por el de sus labios.

—Algún día conseguiré hacerte reír —susurró Sakura cuando se separó de él dedicándole una triste sonrisa.

Mentira. Sabía que estaba mintiendo y él también. No habría más días. No podía haber más días, la sonrisa de Sakura no duraría mucho si se quedaba junto a él para ver como masacraba su aldea, el amor no tardaría en tornarse en odio. ¿Y entonces qué? ¿Cuánto tardaría su propia voluntad en flaquear al verla sufrir por su culpa?

—Puedes intentarlo —la retó Sasuke con una media sonrisa arrogante y después juntó sus labios de nuevo.

Un día era poco tiempo, un día para sentir y todos los demás para vivir con el recuerdo. Pero era lo que tenían que hacer, sus caminos eran diferentes y a pesar de haberse cruzado, jamás podrían seguir la misma dirección. Y aunque aquel efímero día pasó demasiado rápido se encargaron de disfrutarlo al máximo.

El amanecer llegó antes de que pudieran darse cuenta y con él la hora de volver a retomar lo que eran y lo que tenían que hacer sin importar lo que pudieran sentir.

. */*/*/*/* .

—El rastro se hace más fuerte en esta dirección —gritó Kiba emocionado desde el lomo de Akamaru para después doblarse con dolor y toser.

—Kiba-kun —musitó Hinata llevándose una mano a la boca con preocupación

—¡Kiba! ¡¿Cómo tengo que decirte que no hagas esfuerzos?! —Le regañó Ino acercándose para ayudarle— ¡Te juro que si vuelves a hacer eso te vuelves a Konoha!

—Sí, sí —trató de quitarle importancia el Inuzuka agarrándose las costillas entre profundas toses.

Neji frunció el ceño y activó su Byakugan sondeando la dirección en la que había apuntado el muchacho antes de su crisis.

—¡Naruto! Creo que he encontrado algo —informó rápidamente Neji.

Naruto se giró bruscamente y sin perder tiempo se lanzó a correr en la dirección que él indicaba.

—Ino quédate con Kiba —ordenó Kakashi antes de lanzarse tras el rubio seguido del resto.


Hola!

Espero que os haya gustado el capítulo, ha sido como una especie de segunda parte del anterior, las consecuencias de lo que pasó, más o menos.

Sasuke se debate entre lo que quiere y lo que sabe que no puede tener y Sakura cada vez se siente más culpable por engañarle.

Sé que estáis esperando el choque definitivo entre Naruto y Sasuke para que se descubra todo el pastel. Os prometo que no tendréis que esperar mucho para ello, Naruto ya está sobre la pista así que es inminente que se encuentren.

Suigetsu y Karin llevan su propia marcha y lio en la cabeza.

Tengo la sensación de que se me olvida comentar algo pero bueno, si no ya me lo recordaréis (tengo mala memoria y soy despistada, lo siento).

Gracias por los reviews :)

Besos, Ela.