Disclaimer applied
El albedrío de los condenados
Capítulo 23. Bien hecho
Sakura sintió que perdía fuerza en las piernas y estas dejaban de sostenerla, pero fue como si le estuviera ocurriendo a otra persona, a alguien que todavía podía sentir. No notó el golpe, ni hizo nada para evitar que el agua del suelo empapara aun más sus ropas. No trató de levantarse, ya no importaba, oía un lejano ruido de sollozos sabiendo que debía ser ella la que lo producía acurrucada en el suelo mojado mientras la lluvia caía sobre su piel. Algo cálido cayó sobre sus hombros y notó como alguien levantaba su cuerpo del suelo.
—Tranquila, todo va a estar bien —susurró tranquilizadoramente Juugo mientras la cargaba en brazos.
Karin y Suigetsu observaban a Juugo desde el portal en el que los tres habían presenciado toda la escena. Después de ver cómo Sasuke casi había golpeado a Sakura, habían temido que cuando la chica salió tras él, el Uchiha pudiera herirla realmente, así que la habían seguido. Sólo Karin podía intuir realmente el por qué de la furia de Sasuke.
—Ella le engañó. No estábamos buscando a Naruto y ahora él lo ha descubierto —les había dicho Karin cuando los otros dos preguntaron qué ocurría mientras corrían tras Sakura.
Después, refugiados en un pequeño porche, habían sido testigos de las palabras de Sakura, de su confesión y sus lágrimas. Ella realmente quería a Sasuke de una manera desgarradora y él no se lo merecía. No podían creer que después de todo lo que ella le había dicho, él simplemente eligiera su puñetera venganza.
Suigetsu frunció el ceño mirando como Juugo levantaba a Sakura, después de envolverla en su capa, y pasaba con ella en brazos llevándola de vuelta a la casa.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Karin reteniéndolo del brazo cuando hizo ademán de andar.
—Lo que me gustaría hacer es gritarle a Sasuke lo gilipollas que es y darle una patada en el culo —suspiró Suigetsu—. Lo que voy a hacer en realidad es enterarme de lo que planea ahora para decidir qué nos conviene más y únicamente insinuarle que es gilipollas.
—No seas imbécil, ahora está furioso y la tomará contigo —advirtió duramente Karin.
—¿Te preocupas por mí, zanahoria? —Preguntó Suigetsu en tono zalamero— Yo pensaba que estabas demasiado ocupada evitándome.
Karin enrojeció furiosa.
—No me preocupo —se apresuró a aclarar la chica—. Y eres tú el que ha estado actuando raro, idiota.
—Ya… eso es porque estaba incómodo después de hacerte todas esas cosas pervertidas —dijo Suigetsu indolentemente.
—¿Pero cómo dices eso tan tranquilo, anormal? —Espetó Karin alarmada, enrojeciendo hasta la raíz del cabello.
—Es que nunca te había visto como a una chica —continuó el muchacho sin hacer caso de su pregunta—, eres bastante marimacho ¿sabes? Fue bastante traumático para mí asumirlo.
—¿Y…y te crees que para mí no? ¡Yo te detesto, por el amor de…! —Karin respiró hondo tratando de tranquilizarse— No creo que sea el momento adecuado para hablar de esto. Es más creo que acordamos NO hablar nunca de esto.
—Sí… pero después de ver esto. He pensado que tal vez deberíamos dejar de perder el tiempo —dijo Suigetsu provocando que la chica le mirara con sorpresa—. Lo que pasó entre nosotros, teniendo en cuenta quienes somos, fue enfermizo y horrible hasta un punto morbosamente atrayente ¿No crees? ¿No has pensado desde el principio que de algún modo íbamos a terminar así?
—No —contestó Karin sucintamente con seguridad.
—Naa, yo tampoco —admitió Suigetsu moviendo una mano desinteresadamente—. Sólo estaba probándote.
—Eres raro —dijo la chica mirándolo con una mezcla de sospecha y escepticismo.
Suigetsu se limitó a encogerse de hombros aparentemente orgulloso de sus estupideces.
—Prefiero excéntrico, si no te importa, soy demasiado guapo para ser llamado raro —apuntó Suigetsu con un mohín antes de cambiar de tema—. De cualquier forma, deberías ir a ayudar a Juugo.
—Sí —musitó Karin recordando a Sakura con tristeza.
Había sido horrible ver como Sasuke la destrozaba después de que ella le abriera su corazón. Era un auténtico hijo de puta egoísta, después de todo lo que esa chica había hecho por él no podía simplemente olvidarla sólo porque se sentía traicionado. Sakura había renunciado a su vida para salvar la suya, si hubiera sido ella habría dejado que ese desagradecido asesino se pudriera en una celda.
—Suigetsu, haz el favor de tener cuidado —bufó Karin a regañadientes antes de darse la vuelta e irse. Ese idiota era lo suficientemente estúpido como para irse de la lengua delante de Sasuke y acabar con un Chidori en el culo.
—Descuida, amo demasiado mi pellejo como para hacerme el héroe —aseguró Suigetsu a su espalda.
Afortunadamente, aunque seguía lloviendo un poco ya no diluviaba como minutos antes, así que Suigetsu no tuvo que esperar mucho para salir en busca de Sasuke. Demasiado tarde, se le ocurrió que podría haberle pedido a Karin que rastreara su chakra para evitar dar vueltas sin sentido. De cualquier modo, no tardó demasiado en encontrarle. Aquella aldea no era demasiado grande y aparentemente sólo había una especie de deprimente taberna abierta. El local estaba prácticamente vacío a excepción de un par de personas en una mesa del fondo que se habían asegurado de tomar el lugar más alejado del Uchiha.
Sasuke estaba sentado en un taburete frente a la barra mirando sin mucho interés el vaso que el camarero había colocado frente a él. Suigetsu pidió a todos los seres celestiales que se le ocurrieron que, por favor, no estuviera borracho.
—¿Qué mierda haces aquí? ¿Qué quieres? —espetó hostilmente Sasuke sin levantar la vista, cuando Suigetsu se apoyó en la barra junto a él. Menos mal, parecía estar completamente sobrio. Aunque pensándolo mejor, tal vez le habría venido bien que tuviera la puntería algo trastocada.
—Eso me preguntaba yo. ¿Vas a emborracharte? —Preguntó Suigetsu enarcando una ceja— No lo habría dicho de ti.
En realidad, no parecía que Sasuke tuviera muchas ganas de tocar su bebida. Ni siquiera tenía pinta de haberla probado.
—No es asunto tuyo —gruñó de mal humor. Estaba claro que había llegado rápidamente al límite de preguntas estúpidas que estaba dispuesto a aguantar.
—Desde luego —reconoció el chico levantando las manos para desentenderse del asunto y adoptando después un aire más serio—. Vas a ir contra Konoha ¿verdad?
Sasuke levantó la vista por fin dedicándole a Suigetsu una mirada vacía y oscura a pesar de que el Sharingan coloreaba sus ojos. Tenía las córneas enrojecidas también. No era una mirada agradable a fin de cuentas. El chico se dio cuenta de que se parecía más al Sasuke que había conocido cuando formaban Taka, que al que había viajado junto a ellos esos últimos días. Y supo que su pregunta se contestaba sola.
—Vamos a quedarnos con Sakura —declaró Suigetsu con decisión.
—Hmp. Ella no va a decirte nunca quien tiene tu espada —añadió Sasuke desdeñoso.
—Ya sé quien la tiene —espetó el chico—. Ese tipo de Konoha la llevaba en la espalda, no estoy ciego. No es por eso. Es… Ella es buena, Sasuke, buena de una forma que es difícil de encontrar en el mundo ninja. Es mejor que tú, mejor que yo y no me gustaría que esos ANBU le hicieran daño. De alguna forma me he dado cuenta de que dejar que otros se preocupen por ti y cuidar a esas personas es más gratificante que ser un cabrón que sólo se ocupa de sus propias mierdas.
—No trates de darme lecciones de moral —siseó el Uchiha con advertencia.
—Quédate con ella, Sasuke —continuó Suigetsu sin hacerle caso—. La quieres, lo he visto, trágate el puto orgullo por una vez y admítelo. Quédate y ayúdala como ella te ayudó a ti.
—No tengo tiempo para estar jugando a las redenciones con Sakura, jamás conseguirá que vuelva a Konoha. Esa aldea me lo ha quitado todo —dijo Sasuke con odio—. Lárgate y déjame en paz o yo mismo me desharé de ti.
Suigetsu se levantó para marcharse. Si ese imbécil estaba decidido a seguir siendo un miserable era cosa suya. Sakura había estado esperando por él, había hecho todo lo que había podido para salvarle incluso de si mismo pero ella no iba a esperar para siempre. Tarde o temprano decidiría seguir viviendo y descubriría que podía ser feliz con alguien que no fuera un completo gilipollas. Sabía que Sasuke era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de eso también.
—Puede que Konoha te quitara muchas cosas, pero eres tú quien insiste en seguir perdiendo todo lo demás —dijo Suigetsu antes de abrir la puerta y salir de allí.
Sasuke frunció el ceño y apretó su vaso.
Ese imbécil no tenía ni idea de lo que estaba hablando. No sabía nada de él, ni de Sakura, ni de Konoha. Las cosas no eran tan sencillas como elegir o no quedarse, todo era demasiado complejo ahora. Había pensado que sólo se trataba de un estúpido plan de rescate, de salvar a Naruto y se acabó, pero había resultado que todo era un intrincado plan de Sakura para salvarle a él.
"La quieres…"
Sasuke bufó ante las palabras de Suigetsu. ¿Qué importaba si la quería? No iba a quedarse, no después de aquello, era imposible. La decisión ya estaba tomada. No valía la pena torturarse pensando en qué hubiera pasado si él no fuera quien es y pudiera dejarlo todo y ser feliz.
El chico levantó el vaso y derramó su contenido intacto en el suelo con una mueca de desagrado antes de levantarse con determinación y caminar hacia la puerta bajo la mirada contrariada del dueño del local.
Aquello nunca se había tratado de que él fuera feliz.
. */*/*/*/* .
Temari caminaba tras su hermano sujetando firmemente un sobre contra su pecho. Estaban de camino hacia la reunión de los Kages de la Alianza y mentiría si dijera que no estaba nerviosa por lo que iba a ocurrir.
Gaara caminaba imperturbable por delante de ella, siempre tan seguro y tranquilo. A veces envidiaba esa parte de su carácter, ella era bastante explosiva y sus emociones la delataban enseguida. Aunque, podía decir que la información que Shikamaru le había pedido que compartiera con él le había arrancado una expresión de sorpresa. Aun así, él se había hecho cargo enseguida de la situación, aceptando el pedido de Shikamaru, maravillado por la inteligencia que había mostrado al idearlo.
Por fin llegaron al lugar de reunión. No le sorprendió ver a Shikamaru casualmente apoyado en la pared del pasillo, cerca de la entrada, pues no estaba autorizado a asistir a la reunión. Temari le dedicó un leve y disimulado asentimiento de cabeza antes de entrar junto a su hermano y colocarse tras él en su lugar correspondiente.
En unos minutos todos los Kages estuvieron sentados en sus puestos escoltados por sus habituales ninjas de confianza.
—Bien, como todos sabéis, el Kazekage ha solicitado que nos reuniéramos ya que debía comunicarnos un tema de suma importancia —comenzó a hablar el Raikage, haciendo un gesto hacia Gaara para invitarle a explicar el motivo de la reunión.
Todas las miradas se posaron en el muchacho, y Temari, tras él, cambió el peso de un pie a otro, tratando de no parecer demasiado nerviosa.
—El motivo de que os haya reunido a todos aquí hoy es que ha llegado a mi poder una información que podría cambiar el curso de muchas cosas —comenzó Gaara con aplomo—. Y sobre todo, creo que es de vital importancia para la aldea de Konoha.
Tsunade frunció el ceño asegurándose de mostrarse debidamente intrigada y preocupada por sus palabras. Por supuesto, Shikamaru ya la había puesto al corriente de cómo había ideado que el Kazekage revelara la información sobre el Consejo para que pudieran usarla.
Gaara extendió la mano pidiendo a Temari que le pasara el sobre que había estado sosteniendo y explicó, mientras sacaba diversos documentos, que al recibir aquella información interceptada casualmente por el departamento de inteligencia de Suna, había decidido inmediatamente que tanto Konoha como la Alianza debían saberlo y actuar en consecuencia, ya que los hechos que demostraban aquellos papeles se habían realizado a espaldas de la Hokage.
Habló sobre la verdad detrás de la masacre Uchiha, de cómo Itachi había sido presionado por Danzou y el Consejo para tomar esa responsabilidad y salvar así a su hermano que de otro modo habría muerto con los demás. Una a una fueron saliendo todas las acciones turbias en las que el Consejo de Konoha había actuado por su cuenta pasando por encima de cualquier cosa para obtener un beneficio para la Hoja.
Fuera de la sala en la que se habían reunido los líderes de la Alianza, Shikamaru esperaba pacientemente. Llevaban más de dos horas encerrados allí. Y aunque era alguien muy difícil de alterar, debía admitir que a pesar de parecer relajado estaba ansioso por saber que estaba pasando y cómo afectaría eso a la situación. Hacía una media hora, su corazón había dado un salto cuando alguien había salido de la sala para ir a buscar a Yamanaka Inoichi, lo que quería decir que iban a enviar un mensaje. Sin embargo, las posibilidades que abría aquello eran tantas que era lo mismo que no saber nada. Podía enumerarlas, hacer una lista mental con las probabilidades de que cada una fuera lo que realmente estaba pasando y seguiría sabiendo lo mismo. Nada.
Por eso cuando finalmente las puertas se abrieron y todo el mundo comenzó a salir, Shikamaru se irguió al instante buscando con la mirada a Temari o Tsunade para que le explicaran qué era lo que había pasado al final.
No tuvo que esperar mucho hasta que la propia Hokage fue quien lo buscó a él. Trató de hacerse una idea de cómo había ido la reunión por su expresión, pero ella se mantuvo imperturbable hasta llegar frente a él.
—Shikamaru, necesito que partas inmediatamente. Tengo una misión para ti —dijo Tsunade con rotundidad, mirándolo con una fuerza en los ojos que hacía mucho tiempo que no veía en ella.
. */*/*/*/* .
No quería levantarse, no quería abrir los ojos, ya ni siquiera tenía fuerzas para llorar. Simplemente seguía agazapada en el regazo de Juugo que la mecía sentado en un sillón como si fuera una niña pequeña. En algún lugar de su mente que todavía pensaba algo coherente estaba agradecida de que él estuviera con ella tratando de consolarla, que le susurrara con su voz grave palabras tranquilizadoras que no lograba entender pero que poco a poco la calmaban. Ahora comprendía por qué Juugo tenía tan buena mano con los animales pese a su imponente aspecto.
Ojalá pudiera dormirse y dejar de pensar. Trataba de caer en una especie de vacío que alejara sus pensamientos pero tras unos segundos siempre volvía a su mente algo que la hacía caer de nuevo en el profundo pozo de la tristeza. No dejaba de repetirse "Tal vez sí se lo hubiera dicho…" "Quizá si hubiera hecho…" Era patética, lo sabía.
Al final, ni siquiera había podido marcar ninguna diferencia. Sasuke estaba más furioso que nunca, no dudaba que iría a atacar Konoha y entonces o moriría o mataría a la gente que ella amaba, puede que incluso ambas cosas. Y como siempre, ella sólo podía quedarse a un lado y llorar, lamentarse y pedir al aire que, de alguna manera, todo se arreglara. Nada había cambiado, seguía siendo la misma niña débil, invisible cuando sus dos compañeros peleaban entre sí, incapaz de ser notada por mucho que se dejara la voz suplicándoles que se detuvieran.
Qué ingenua había sido al pensar que podía cambiar algo, que podía ser una gran kunoichi, fuerte, capaz de proteger por sí misma aquello que es importante. Había querido romper sus cadenas, hacer lo que le parecía correcto porque lo creía así, no porque se lo indicaran, había creído que eso la haría libre. ¿Pero dónde estaba su libertad? ¿Era estar sola, sin nada que perder ni ganar? Ya no podía saberlo, ya no distinguía en qué había creído o no.
—…Se están acercando, creo que han descubierto que estamos aquí —susurraba Karin hablando rápidamente con Suigetsu mientras lanzaba nerviosas miradas a Sakura.
—¿Quiénes son? ¿Los ANBU o los otros? —preguntó el chico con la misma gravedad.
—Los otros, aunque no creo que los ANBU anden muy lejos —contestó la kunoichi—. ¿Por qué?
—Porque ellos no parecían interesados en atacar a Sakura sino a Sasuke —explicó Suigetsu—. Y Sasuke se ha ido. Tal vez podamos llegar a algún tipo de acuerdo, al fin y al cabo, ese rubio gritón era el famoso Naruto que se suponía que estábamos buscando. Sí son tan amigos en algo tiene que beneficiarnos.
—… No percibo el chakra de Naruto entre ellos —informó Karin frunciendo el ceño, extrañada.
—De cualquier manera, hay que intentar algo —dijo Suigetsu encogiéndose de hombros.
—Dime que esto no es sólo por esa espada —pidió de pronto la chica mirándole con seriedad a los ojos—. He visto que ese ninja del pelo gris la tenía.
Suigetsu la miró fijamente sin ningún rastro de burla o chiste en su rostro.
—Karin…
—No —le cortó la chica—. No pienso estar preocupándome por tu estúpido culo si lo que vas a hacer es conseguir esa puta espada y largarte.
Suigetsu esbozó una media sonrisa melancólica y suspiró.
—Eso es lo que habría hecho cuando me uní a esto. Mi plan era aprovechar la protección de Sasuke, conseguir la espada y desaparecer sin mirar atrás —confesó el chico—. Pero… como le dije a él, tal vez tener alguien por quien preocuparte y que se preocupe por ti sea mejor que simplemente ser un cabrón que se ocupa de sus mierdas, no lo sé. Puede que me equivoque o puede que no… Dímelo tú.
—…No te equivocas —contestó Karin.
—Entonces, esto no es sólo por esa espada —confirmó Suigetsu con una sonrisa torcida—. Puedes preocuparte por mi estúpido culo y yo haré lo mismo por el tuyo.
La chica enrojeció repentinamente cruzándose de brazos incómoda y haciendo un mohín molesto mientras trataba de mirar a cualquier lugar menos a él.
—Lárgate de una vez, imbécil —masculló Karin enfurruñada.
Oyó cómo Suigetsu se reía y entonces sintió cómo la tomaba por los hombros para acercarla más a él. La chica alzó la vista sonrojada para ver cómo Suigetsu se inclinaba sobre ella… y sacaba la lengua para chupetearle el cristal derecho de sus gafas. Maldito guarro.
—¡¿Pero qué haces, anormal?! —Gritó Karin que sólo veía por un ojo por tener el cristal del otro empañado.
—¿Qué creías que iba a hacer? —Preguntó Suigetsu enarcando una ceja y sonriendo con picardía— Qué pensamientos más impuros tienes, pelirroja.
—¡Ese eres tú! —Espetó Karin soltándole un golpe en la coronilla— ¡Vete de una vez, idiota!
Karin se quitó las gafas para limpiar los cristales mientras Suigetsu se marchaba mascullando algo sobre la "brutalidad injustificada". Imbécil. Sólo esperaba que de verdad no le pasara nada. Esos ninjas de Konoha nunca les habían atacado, pero al fin y al cabo les habían perseguido hasta allí ¿Qué intenciones podían tener? ¿Qué salida tenían ellos mismos ahora? Todo se había derrumbado sin… La chica abrió los ojos repentinamente y dejó escapar un jadeo de sorpresa.
—¡Sakura! ¡Sakura!
La kunoichi de Konoha abrió una pequeña rendija sus ojos enrojecidos y la miró sin interés. Deberían irse, pensó, le daba igual que los ninjas que la perseguían la atraparan, que Konoha hiciera lo que quisiera con ella, había aceptado eso desde el momento en el que había sacado a Sasuke de esa celda.
—¡Es Itachi! —Exclamó Karin— Le he encontrado.
. */*/*/*/* .
El viento era fuerte y azotaba el pelo negro de Sasuke hacia todas partes, dándole en el rostro y sobre los ojos. Sin embargo, él no parecía molestarse por ello, siguió avanzando hasta detenerse frente al precipicio y contempló el valle a sus pies. La tormenta había pasado allí y el sol comenzaba a filtrarse entre pequeños claros de nubes. Finalmente fijó su vista al frente, al otro lado de la gran catarata que caía con fuerza. De pié como él, frente al precipicio opuesto, estaba otra persona mirándole con seriedad.
—Sabía que vendrías —dijo el otro muchacho mirando a Sasuke—. Este lugar me trae recuerdos de hace mucho tiempo 'ttebayo.
—Naruto… —siseó el Uchiha estrechando los ojos hacia él—. De lo único que me trae recuerdos es de cómo te derroté miserablemente y cómo voy a hacerlo de nuevo.
El Valle del Fin, por fin, la pelea que había empezado allí iba a tener que terminar en el mismo lugar. Mirándose desde lo alto de las estatuas de Senju Hashirama y Uchiha Madara ambos pensaron que siempre habían sabido que volverían allí a enfrentarse de nuevo y que esa vez sería la definitiva. Por eso cuando Naruto le había gritado "tendremos que enfrentarnos en el fin", Sasuke había comprendido perfectamente lo que había querido decir y había acudido al encuentro.
—No soy el mismo que en ese entonces —advirtió Naruto.
—Yo tampoco —dijo Sasuke con oscuro deleite, activando su Sharingan.
—¿Dónde está Sakura-chan? —Preguntó Naruto— ¿Qué le has hecho dattebayo?
—Muchas cosas y ninguna de tu incumbencia —dijo el Uchiha con una macabra sonrisa torcida—. Al final le encontré alguna utilidad.
Naruto apretó los puños con indignación.
—¡Es de Sakura de quien hablamos! ¡Te salvó la vida maldito hijo de puta! Si le has puesto un dedo encima te juro que…
—¿Qué? ¿Me matarás? Pensaba que venías a eso ¿o acaso eres demasiado cobarde? —Le provocó Sasuke— ¿Crees que ella correrá a tus brazos cuando seas el héroe que salvó Konoha y acabó con Uchiha Sasuke? JA. Sakura siempre me prefirió a mí por mucho que eso te duela, perdedor.
—Tú nunca la has valorado, bastardo —espetó Naruto—. Permitiste que ella condenara su vida para salvar la tuya. Y yo voy a arreglar eso dattebayo, si tengo que matarte para que ella viva, lo haré.
—Hmp. Lo intentarás —siseó Sasuke frunciendo el ceño.
Ambos saltaron a la vez, encontrando en el aire los filos de sus armas que chocaron con un ruido metálico. Intercambiaron, golpes ataques y jutsus sin que ninguno dejara ganar terreno al otro, impulsándose en el agua, las rocas o ellos mismos con tal de herir al oponente. Hasta que al final, como un deja vu ambos invocaron sus tan esperados jutsus para lanzarse el uno contra el otro.
—¡CHIDORI!
—¡RASENGAN!
Los dos chicos corrían rápidamente el uno contra el otro sobre la cabeza de la estatua de Madara, con sus letales ataques brillando fuertemente en sus manos, acercándose a una velocidad de vértigo, listos para herir o ser heridos con una furia ciega.
No podía perder, pensaba Naruto, esa vez no se trataba de salvar a Sasuke, sino a Sakura. Si tenía que morir en el intento lo haría, merecía la pena. Pero entonces, cuando el impacto ya era inminente, Sasuke desvió de pronto su Chidori haciendo que esquivara a Naruto y recibió el Rasengan en medio del estómago un segundo antes de cruzar su mirada con la sorprendida de Naruto.
El rubio se quedó paralizado sintiendo como su mano se llenaba de la cálida sangre de Sasuke a través de la mortal herida que él le había provocado.
—…Bien hecho… —musitó la jadeante voz del Uchiha en el oído de Naruto.
Hola! Hoy actualizo mientras muero lentamente (así que no hace falta que me matéis por el final). No digáis que no os aprecio.
En fin, espero que os haya gustado el capítulo, creo que ha sido bastante variado, ha tenido un poco de todo. Me habría gustado desarrollar más el enfrentamiento entre Naruto y Sasuke pero ahora no tengo fuerzas ni tiempo. Tal vez intente editarlo en otra ocasión.
Muchas gracias por los reviews :) sois geniales.
Besos, Ela.
