Podría decirse que la situación actual podía empeorar y, de hecho, así sería aunque quisiese evitarlo.
Una vez Takashi dejó de reírse, Keigo lo ayudó a subirse a la cama de nuevo, quedando sentado en el borde de la misma. A decir verdad, aquello había conseguido hacerle olvidar todo lo ocurrido en su vida en el último mes pero, al volver a la normalidad, los recuerdos volvieron atropelladamente a su cabeza. Ahora tenía que enfrentarse a sus verdugos y esperar su condena. No quería girarse y encararlos, así que no lo hizo. Bajó su cabeza, su mirada y sus manos se aferraron con fuerza a la sábana. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Qué debía hacer?
Los que se encontraban en el pasillo, junto con Syusuke que había ido al baño y se había reanudado al grupo poco después de que empezaran a reírse, entraron poco a poco a la habitación, analizando cada mínimo centímetro de piel expuesta y las vendas que lo cubrían. Ninguno recordaba haberle visto tan demacrado en años. ¿Era el mismo que habían estado viendo el último mes en el colegio? Definitivamente, Atobe tenía razón. Por mucho que les jodiese, tendrían que haberlo visto venir. Tendrían que haberle ayudado.
El primero en acercarse a él fue Momoshiro, seguido de cerca por un angustiado Oishi y un demasiado nervioso e hiperactivo Eiji. Los tres se le quedaron mirando, arrodillados frente a él; reflejada en sus ojos estaba la culpa que pesaba en sus respectivos cuerpos, torturándoles como si estuviesen metidos en una olla llena de agua, hirviendo a fuego lento. Takashi les devolvía una mirada apaciguadora, tranquilizadora y dubitativa. Todavía no tenía muy claro si debía decirles la verdad como había hecho con Tezuka, Kabaji o Atobe, más conociéndoles como los conocía. Estaba seguro de que tras escuchar las primeras palabras o le echarían algo en cara, o se irían corriendo a partirles la cara a ambos hermanos. No era como si no se lo merecieran pero aún así, no les deseaba algo parecido a ninguno de los dos. El amor es caprichoso.
La idiotez también.
El silencio estaba siendo un arma de doble filo para Takashi. El hecho de tener a ocho personas a su alrededor y que ninguna dijese nada le hacía sentirse diminuto y avergonzado. Blanco de todas las miradas sabía que no tardaría en sonrojarse o esconderse bajo la sábana para que dejaran de mirarle, analizarle, taladrarle con aquellos ojos llenos de preocupación. ¿La situación lo valía? ¿Valía su pena, su desasosiego, su lástima? Porque seguramente eso era lo que había de trasfondo. Lástima. Aún sin saber lo que había pasado, aún sin conocer los detalles, tenía el presentimiento de que sentían lástima. Todos y cada uno de ellos.
Empezaba a marearse.
Alguien a quien aquel silencio empezó a molestarle, dio un par de pasos al frente, encaminándose hacia Takashi. Dio tres empujones lo suficientemente fuertes como para apartar a los tres que se habían quedado allí medio muertos ante él, pero lo suficientemente controlados como para no desestabilizarles por completo y que cayesen al suelo. Acto seguido se arrodilló justo frente a sus pies, levantando su mirada a tiempo para ver como el otro se la esquivaba con inesperada rapidez. Tomó su rostro con ambas manos y lo obligó a mirarle a los ojos. La súbita acción asustó a Takashi, ya no sólo por la rudeza del acto en sí, sino por la cercanía.
Le estaba tocando.
Sus latidos se desbocaron mientras su cabeza no terminaba de procesar lo que pasaba. Le tocaba. Sus manos estaban en su cuerpo. En su cara. Sabía que no le haría lo mismo que ellos. Lo sabía y, aún así, sentía miedo. Su respiración se empezó a agitar al mismo tiempo que lo recorría un sudor repentinamente frío. Hiperventilaba.
No.
No.
Debía controlarse. No sería capaz de hacerle nada malo. No delante de tanta gente, no cuando sus ojos no le daban a entender eso. Estaba ahogándose en un vaso de agua y no había necesidad de hacerlo por una tontería, ¿verdad? Debía tranquilizarse o empezaría a chillar, colérico. Lo último que quería era asustar a sus amigos pero si la situación continuaba, no estaba seguro de cómo iba a reaccionar finalmente.
—Dame una sola razón para no dejarles un puto hueso sano—tan cordial, sereno y simpático como siempre, Akutsu no pudo evitar gruñir aquel osco murmullo. Le había jodido tanto ver todavía más vendas en su cuerpo que había reaccionado de manera instintiva—. Sólo una jodida razón.
Sentimientos contradictorios rodeaban a Takashi ante aquellas palabras. ¿Quería una venganza por lo que le habían hecho? Sí. ¿Se la deseaba? No. ¿Sabía una mínima razón para cabrear lo suficiente a cualquiera de los que allí se encontraban para que, al día siguiente, las caras de ambos hermanos aparecieran en todos los periódicos como víctimas de una brutal paliza? Sí. ¿La diría? No. Dijera lo que dijera, pensase lo que pensase. A cada pregunta se le aparecía otra que contradecía ambas respuestas. Quizá tener una personalidad tan afable era lo que lo tenía así, en aquella situación. O en cualquiera.
Volvió a envidiar al ser que tenía delante, de su nula capacidad para pensar dos veces un mismo asunto. De su pasotismo crónico ante cualquier tipo de situación, bajo cualquier condición climática o presión hacia su persona. Tenía tanto que aprender de él y, a la vez, tan poco…
—No quiero saber lo que te han hecho—por otro lado, ni lo necesitaba para lo que él pedía. Normalmente no necesitaba razones para machacar a alguien. —Quiero que me des permiso para machacarles todos y cada uno de sus huesos hasta dejarles hechos una mierda en el suelo.
—No sabía que necesitaras mi permiso para hacer algo—ni tampoco cómo pudo controlar su voz para que no se le notara que estaba sufriendo por el contacto que seguían manteniendo sus mejillas con sus manos.
—Ese Ishida es tu novio, o lo era—se permitió aclarar antes de abrir alguna posible herida. Lo había hecho de todas maneras. De igual manera, retiró sus manos con lentitud al ver la mirada temblorosa y cristalizada de Takashi, apoyándolas en ambos lados del colchón—Te conozco lo suficiente como para saber que aún lo quieres—por mucho que no lo entendiese. Sabía, por motivos que no venían al caso, que Takashi tardaba mucho tiempo en dejar de querer a una persona. Si la relación se acaba, ya no debes seguir preocupándote. Ni qué decir que debes dejar de suspirar por ella, él en este caso—A mí me importaría una mierda darles lo que se merecen, tú eres jodidamente extraño—demasiado contrario a él y aún así…—Dámela, Kawamura.
—Guarda tus ansias de pelea para cuando termine de hablar con vosotros, Akutsu—esta vez no había hablado Takashi, sino Atobe. Había visto cada cambio en la cara del moreno desde que habían entrado en la habitación por si tenía que echarlos de allí al mínimo movimiento negativo por su parte. Sabía que estaba asustado e incómodo, pero lo que no podía hacer era decírselo a Akutsu directamente porque si no, todo el esfuerzo que estaba haciendo Takashi por no excitarse de mala manera se vendría abajo como un castillo de naipes. —Si es que quiere contároslo. —La mirada que recibió por parte de Takashi ni le decía que sí ni lo contrario por lo que se mantuvo al margen de toda decisión para no obligarle a hacer nada que no quisiese. Sin embargo, el repentino asentimiento que hizo con la cabeza hizo que estuviese a punto de suspirar, aunque no supo de alivio o de resignación—. Siendo así, deberíais acomodaros.
Señaló con desgana hacia un mueble con textura de sofá que se extendía por lo largo de la pared de la habitación y que se cortaba por el ventanal, continuando en la misma recta. Por su parte, no dudó en caminar hacia la pared contraria y reposar su espalda en ella, cruzando sus brazos y sus piernas de manera que pudiera seguir en equilibrio.
Una vez se levantaron del suelo los que seguían allí arrodillados, procedió a contar el relato un tanto deshilachado para evitar sermones y reacciones que no le iban a gustar. Jin había tardado un poco más ya que Takashi había aprovechado la intromisión de Keigo en su discurso, haciendo que todos mirasen hacia él, para posar con cierto temor sus manos sobre las suyas y agradecerle el hecho de que estuviera allí con sólo una mirada.
Respiró profundamente y expulsó todavía más lentamente el aire de sus pulmones. Su estómago empezaba a dolerle aunque no sabía si era que tenía hambre o los nervios que no se habían ido.
Con decirles la versión censurada del asunto llegaría y sobraría para tenerlos mínimamente contentos. Además, le ahorraría tener que recordar el asunto por millonésima vez.
—H-Hace un par de meses, después de jugar contra el F-Fudomine—Dios, sí ya le costaba pronunciar el nombre del equipo, cuando tuviera que hablar de ellos estaba seguro de que se pondría a llorar—empecé a quedar con—vamos, respira—T-Tetsuo. A-Al principio sólo entrenábamos juntos pero digamos que nuestros sentimientos fueron cambiando a medida que pasábamos tiempo…A solas—bien. Podía hacerlo. Y si seguía mirando hacia el suelo con tanta devoción, más fácilmente aún—T-Todo se fue a pique cuando j-jugamos contra el Shitenhouji en los nacionales. N-No les sentó muy bien que ganara—o eso era lo que se empeñaba en creer porque su mente no asimilaba que Tetsuo estuviese jugando con él desde el principio y por eso mismo no le importaba compartirle con su hermano. No quería creer eso.
—Taka-san—Syusuke se adelantó a cualquiera de los que allí estaban pues se había mentalizado para lo peor desde el momento en que había desaparecido. Había cosas que no le encajaban bien y así se lo haría saber. En esa historia faltaban datos y por su hermano que los averiguaría—Por muy buena persona que seas, llevas entrenándote en kárate desde los nueve años. El instinto de defenderte cuando te van a pegar lo tienes dentro sin importar en qué situación te encuentres.
—E-Eso no es exactamente así—por todos los medios, Takashi trató de que cambiara su mentalidad. Incluso si tenía que mentir para con seguirlo—C-Cuando un puño viene hacia ti y estás acostumbrado, tu cuerpo actúa sólo si te lo esperas. Y-Yo no me lo esperaba, menos de mi novio—hubo un silencio en el que cada cual meditó en aquellas palabras. Sin embargo, había uno que no tenía nada en qué pensar y que se acababa de cabrear de nuevo. Si es que, acaso, había dejado de estarlo en algún momento.
—A estos les puedes engañar, pero a mí no me la das, Kawamura—no había caído en la cuenta de que Akutsu seguía allí—Si un puño viene hacia ti, te apartas. Es un acto reflejo que tu cuerpo asimila cuando haces kárate—como si lo tuviera planeado, esquivó con agilidad los puñetazos de Momoshiro y de Kaidoh, sentados a su lado por ambos lados—. Invéntate otro argumento más convincente, por favor—volvió a recostarse contra la pared, dirigiéndole una mirada de completo enfado y desafío.
¿Qué diría ahora para librarse de las miradas de reproche que estaba recibiendo?
—Kawamura-san sigue siendo una persona—la grave, fuerte y serena voz de Kabaji hizo que algunos se encogieran. Entre estos se encontraba Takashi, quien se giró levemente para mirarle. No se esperaba que hablase, mucho menos que lo defendiese—No tenéis el derecho de hacerle esto.
—Kabaji-kun tiene razón—un largo suspiró se dejó oír de parte de la mitad tranquila de la pareja dorada, haciendo que la vista de Takashi volviese al frente. Se preocupaba por él más de lo que podían hacer otros pero la preocupación no debía confundirse con las ganas de saber todo lo que había pasado para tenerle así—. Taka-san está en su derecho de no decirnos la verdad, después de todo…
—Ni siquiera sabíamos por lo que estaba pasando—finalizó Eiji, sonriendo con una tristeza poco característica. ¿Cómo no lo habían visto? Muy buena pregunta.
—Sin embargo—a Syusuke no le importaban ni las palabras de uno ni las de los otros. Estaba seguro de que Akutsu e Inui, quién seguía haciendo cuentas y gráficos en su cuaderno, también estaban de su lado y, aunque no lo estuviesen, le daba igual. Quería saber qué demonios le habían hecho para hacérselo a ellos multiplicado por mil—cuando le pegas a una persona sueles dejarle algún tipo de marca en la cara—sus ojos azules lo analizaron por completo, deteniéndose con sumo detalle en su rostro—Lo único que me dice tu cara es que no has dormido, Taka-san. Y que has comido poco, sino nada—puntualizó.
—Quizá no querían dejar huellas visibles, Fuji-sempai—le rebatió Kaidoh esta vez, ignorando el gruñido que soltó Jin a su lado—Después de todo iban a acosarlo a casa.
—Ese es otro punto interesante, ¿cómo no escuchaban tus padres los golpes?—el debate que se estaba formando ante él estaba haciendo que el dolor de su cabeza, y el de su estómago, empeorase por momentos. Pero nunca lo averiguarían, ¿verdad? Era imposible.
—Su habitación está insonorizada—fue el sutil murmullo de Akutsu. Su madre se lo había dicho en una de sus cortas y poco habituales charlas matutinas que mantenían antes de que se fuera a trabajar.
— ¿Y por qué ir a acosarle a casa, nya?—cuando se les daba por averiguar algo, se convertían en auténticos detectives paliza. Todos y cada uno de ellos—Es más fácil pillarle después del cole o algo así, ¿no?—buscó apoyo en Oishi, pero este negó con la cabeza. Ya había demasiada gente metida en la discusión, no quería expresar sus dudas él también.
—Creo que estáis empezando a desvariar—Keigo, sabiendo de antemano cómo funcionaba la mente de Fuji, decidió meterse de por medio antes de que sacaran conclusiones precipitadas.
Y acertadas.
—Todo lo contrario.
Todos se giraron hacia Inui, quién había bajado su cuaderno y giraba su bolígrafo con sutil gracia entre sus dedos. La información estaba completa. Tomó aire antes de soltar todas y cada una de sus sospechas, mirando fijamente hacia Takashi, aunque, en realidad, eso no pudiera ser demostrable.
—Sabiendo de antemano la relación que mantenías con Tetsuo Ishida, el hecho de que este se paseara por el restaurante no se me hacía raro hasta hace un mes, que se unió misteriosamente Gin Ishida, su hermano. Teniendo en cuenta que, a pesar de estar en septiembre, todavía hace mucho calor por la calle, que te aparecieses por clase con el uniforme de invierno se me hizo todavía más extraño que lo anterior. Mi cabeza unió tu repentina afición por los cuellos altos y mangas largas a algún tipo de venganza por parte de alguno de los dos Ishida, resultando ser ambos los que te tenían así ya que, de haber sido alguna marca producto de la pasión, no la hubieses ocultado con tanto esmero pues no es el primer chupetón que te veo—se colocó bien las gafas y los cristales de éstas brillaron con un cierto toque de misterio que consiguió atemorizar todavía más a Takashi—. Las posibilidades de que te estuviesen maltratando físicamente eran considerablemente altas hasta hace un par de minutos. El hecho de que no duermas desde hace un mes y no comas desde hace menos de dos semanas, cosa que saco a entender viendo tu índice de masa corporal, me da a entender que podrías estar sufriendo también un maltrato psicológico de algún tipo. Sin embargo, no es una de las posibilidades con más altos niveles de acierto—en la habitación todos parecían atentos a cada palabra que salía por su boca, haciendo que las suyas propias se fuesen abriendo a medida que la información llegaba a sus cerebros tan analizada—. La disposición de las vendas también resulta llamativa—señaló hacia sus brazos con el bolígrafo—Tus muñecas están vendadas, pero no el resto del brazo. El cuello también lo tienes cubierto, al igual que la mitad superior de tus muslos pero no la pierna entera—Keigo se maldijo por no haberle puesto un pijama largo aquella mañana cuando se duchó. —Adjunto a este detalle está el hecho de que tanto Atobe como Kabaji han tratado de que no sigamos presionándote para sacar una respuesta correcta, haciendo que una nueva posibilidad saliera a flote. Además, he visto la manera en que te asustaste cuando las manos de Akutsu tocaron tus mejillas, como si la más mínima caricia te recordase un pasado atroz—cruzó sus brazos con solemnidad, bajando su mirada hacia el suelo antes de cerrar los ojos—Lo único que explicaría que nada más que tuvieses el tronco vendado, la defensa incondicional de dos personas con las que no has cruzado más de dos palabras en tu vida, el acto involuntario que hizo tu cuerpo ante ese toque, la vergüenza que sientes tan presente que ni siquiera te atreves a mirarnos a la cara…Todo eso unido a los comentarios que han ido diciendo Fuji, Akutsu, Eiji y Kaidoh a lo largo de nuestra estancia en la habitación y la cara de puro terror que tienes en este momento, he podido sacar en claro una única posibilidad que anula por completo al resto.
—Inui—el tono severo de su capitán hizo que no continuase con su discurso—Cállate—esta situación estaba pudiendo con sus nervios de acero.
—No, Tezuka—intervino Fuji, taladrándolo con la mirada—Déjale que hable—aunque ya supiese con exactitud qué le habían hecho, necesitaba que las mentes menos espabiladas y jóvenes se pusiesen a tono para ir a cortar en pedazos a ambos hermanos.
— ¿Podríais pararos a pensar en alguien que no fueseis vosotros mismos?—a pesar de que sonaba a pura ironía saliendo de su boca, fue lo único que le salió del alma a Keigo. Y después hablaban de amistad y equipo. Hipócritas—Por ejemplo, en Kawamura—quién estaba sufriendo un ataque de pánico como nunca antes.
—Jamás estuve tan de acuerdo con una persona como lo estoy contigo, ricachón—todavía recostado en la pared, Akutsu miraba de reojo hacia Syusuke, prometiéndole una brutal paliza como no cerrase la boca—Cállate.
—Me callo si me da la gana—rugió el moreno, abriendo sus ojos con furia. El brillo que desprendía recordaba al fuego del mismísimo infierno pero eso no era nada en comparación con el de Akutsu.
— ¿De dónde sacas los huevos para hablarme así, eh?—se avecinaba una pelea sustanciosa y sumamente agresiva si nadie la detenía. El ambiente estaba demasiado caldeado y lo peor, con diferencia, era el hecho de que nadie parecía recordar el tema por el que estaban allí ni a la persona por la que tan preocupados habían estado—. Ni a mi madre le permito ese tono de puta barata.
— ¡Con Fuji no te metas, salvaje!—como si fuese un muelle, Eiji dio un salto para ponerse de pie, dispuesto a repartir a quién hiciese falta para recuperar la honra de su amigo.
—Este salvaje va a hacer que te huelas la nuca con tu propia nariz—en el impulso que iba a coger no tenía previsto los dos codazos sincronizados, por parte de los de segundo año, en su estómago ni sus respectivos puños, en la cara.
Sin embargo, el plato fuerte no fue dado por ninguno de ellos. Un golpe atroz que consiguió dejarlos helados en el sitio, sin llegar a moverse un milímetro por miedo a que pudiese pasar algo peor si respiraban.
Lo único de lo que tuvieron constancia cuando salieron del shock, aparte de que la puerta se encontraba fuera de las bisagras, fue que Takashi ya no estaba en la habitación.
