Antes de nada quiero dar las gracias a todos aquellos que le dieron una oportunidad a esta historia, de verdad que se agradece. Por otro lado, he hecho una comunidad en livejournal sobre Prince of Tennis para hacer un RPG, el link está en mi perfil, por si hay alguien interesado.
Tan sólo pasaron un par de segundos hasta que se dieron cuenta de lo que significaba que la puerta estuviese abierta y no hubiese rastro de Takashi por la habitación. El primero en salir tras él había sido Kabaji, quién había hecho caso omiso de las últimas discrepancias de los que allí se encontraban para centrarse en la víctima de todo aquello. Acto seguido le había seguido para no perderle de vista ni un segundo.
―Me pregunto por qué cojones os he dejado entrar, ―consciente de que Munehino no estaba, pudo respirar tranquilo pues sabía que no le dejaría hacer ninguna tontería. ― ¿No sabes estarte callado o es que el pseudónimo de genio te tocó en un sorteo? ―Aquello le había indignado por completo. Alguien que no sabía lo que se sentía en una situación parecida a la que había sufrido no podía tomarse el tema tan a la ligera. ―Sí, se aprovecharon de él, lo violaron, torturaron, ataron, amordazaron; le quitaron todo aquello que lo caracterizaba como persona, ―clavó su irritada mirada en la molesta de Fuji. ― ¿Pero era necesario decirlo estando Kawamura presente? ―Parecía que ni siquiera lo habían recordado mientras hablaban. ―Ha sufrido durante todo este tiempo en silencio y soledad para no contároslo y una vez que os lo dice, os pasáis todo ese sufrimiento por la suela del zapato.
Kaidoh y Momoshiro bajaron la mirada, dándose cuenta de que todavía mantenían sujeto a Akutsu. Este, al verse libre, se dirigió hacia la puerta con decisión. Había visto por qué lado se habían ido, con un poco de suerte lograba alcanzarles o, al menos, no aguantaría su extrema gilipollez. Otra persona se levantó tras él que no fue otro que el mismísimo Ryoma Echizen, harto de lo que había escuchado. No entendía la situación, era muy joven para hacerlo, pero hacer ese tipo de cosas no podía ser de personas normales.
―Cuando el tema más lo necesita, menos adultos os hacéis ver, ―soltó antes de seguir a Jin por la mansión. No sabía qué decirle a su mayor cuando lo encontrase, pero estaba seguro de que al menos estaría allí para lo que necesitase.
― ¿Qué os parece eso? Hasta un niño os da lecciones de educación, ―tras sus palabras siguió el camino de ambos jóvenes, caminando al lado de Tezuka quién también se escabullía de la habitación para evitar decir algo que le pedía el cuerpo.
En otro lugar de la casa, más concretamente en los jardines, cerca de la piscina, Takashi no dejaba de gritar, llorar y descargar su frustración arrancándose las vendas de los brazos, sentado en la hierba y con la espalda apoyada contra la pared del edificio. Kabaji lo escuchaba desde la puerta trasera de la cocina, por donde había salido hacia el exterior. Guardaba una distancia prudente, lo suficiente como para no perderle de vista y que no se sintiese agobiado por su mirada de preocupación. Sólo con oírle el sufrimiento que tenía dentro era incalculable. No quería ver su desesperación, había cosas que a su edad no quería conocer y una persona desesperada era sumamente imprevisible.
A su espalda escuchó unos pasos resonar en las baldosas de la cocina, blancas y relucientes, por lo que giró su cabeza mínimamente para ver a Akutsu acercándosele. Sin decir nada, ni siquiera le miró, se apoyó frente a él en el interior de la cocina, mirando de reojo hacia fuera. Le sangraba el labio inferior y la ceja izquierda, seguramente de los golpes que había recibido por parte de los de segundo año. Le inquietaba no saber qué tipo de relación mantenía con Takashi, sabía que se conocían pero no a qué nivel y por la mirada que tenía, parecía más profunda de lo que dejaban a conocimiento cualquiera de los dos.
Sus instintos volvieron al exterior al escuchar pisadas en la hierba. Contuvo la respiración hasta que vio que sólo era la mascota de la familia, un bearded collie de apenas cinco meses de vida. Regalo de la madre hacia el hijo.
― ¿Tú también vas a echarme algo en cara, pequeño? ―Escucharon que decía con la voz tomada por las lágrimas y los nervios. Se le acababa de enroscar en una pierna, haciéndole cosquillas con el pelo. ―V-Ven aquí y deja mi pierna en paz, ―lo cogió en brazos acariciando su lomo con cariño. ―Qué suave tienes el pelo, seguro que Atobe te trata como una joya, ―suspiró con profundidad, reteniendo un sollozo más. ― ¡No me lamas la cara! ―En un acto sincero y que había hecho con anterioridad con su amo, había lamido sus mejillas para borrar sus lágrimas. Acto seguido se había hecho una bola en su regazo, dejándose acariciar sin dejar de proporcionarle calor y compañía. Takashi se le quedó mirando con el reflejo del pasado anidándole en los ojos. ―Eres tan cariñoso como él y no paras de recordármelo, ―por la suavidad que había en sus palabras no parecía que hablase de ninguno de los Ishida. ― ¡Quita de encima, baboso! ―Ambos observantes vieron como el perro corría alegremente hacia ellos, moviendo la cola sin parar hasta que se perdió por el pasillo. ―Cómo me ha puesto de babas, por favor.
Al volver a escuchar pisadas, esta vez supieron que eran de Takashi, se escondieron lo máximo que pudieron para no ser vistos. Sin embargo, no se dirigió hacia la cocina, sino que siguió de largo hasta que llegó al borde de la piscina, a tan sólo unos metros de él. Tanteó la superficie con un pie para ver cómo estaba de fría el agua, comprobando que estaba él más frío que esta. Con razón estaba tiritando, de manga corta y un día nublado, sólo a él se le había ocurrido salir fuera. Al menos, se había relajado lo suficiente con el ataque amistoso del perro que se había olvidado de lo mal que lo había pasado minutos antes.
La mirada de Akutsu y la de Kabaji se cruzaron cuando escucharon un chapoteo no muy lejos de donde se encontraban. Se colaron en el jardín y observaron la piscina apoyados en la pared, sin molestarse en ocultarse, como los pies de Takashi subían de vez en cuando a la superficie pero su cabeza se mantenía sumergida. Más le valía no querer ahogarse o si no le resucitarían para luego matarle. No pasaron ni diez segundos cuando vieron aparecer su cabeza en la superficie. Estaba de espaldas a ellos por lo que no debían preocuparse. Justo después nadaba suavemente hacia el borde para quitarse la camiseta del pijama, dejando ver la cantidad de vendas que tenía enrolladas en el cuerpo.
Poco a poco, sin tener constancia de que lo observaban no sólo desde el jardín sino desde el interior de la casa también, empezó a quitarse las vendas. Al estar mojadas pesaban mucho más y además le dificultaban la movilidad por lo que, con lentitud y mucho cuidado, fue desenrollándolas. A medida que su piel era expuesta, la sorpresa en los ojos de los recién llegados era mayor. Parecía que tenía sarampión pero con manchas de centímetros de grosor, por no decir de los arañazos que cubrían sus hombros y los dientes rodeando sus pezones, sólo visibles aquellas partes de estos para los que más cerca se encontraban en los que la sangre había estado presente.
Cuando terminó no quiso ni mirarse, volvió a meter la cabeza en el agua y cuando salió a flote otra vez, apoyó ambos brazos en el bordillo, la cabeza sobre estos y allí se quedó sin moverse, dejándose llevar por las pequeñas ondas que había originado.
De la cocina volvió a salir el pequeño perro portando una toalla en su espalda, toalla que había colocado allí el propio Atobe al ver la escena desde uno de los ventanales del pasillo. Para llamar su atención dio un ladrido ante el cual levantó la cabeza. Justo cuando lo hizo, el perro le dio un lametazo en la cara, haciéndole irse de nuevo al fondo de la piscina al separarse con rapidez de él.
― ¡Cómo te gusta dar lametazos! ―otro ladrido, esta vez feliz, salió de entre sus colmillos. ―Siéntete orgulloso, sí, ―se apoyó en el borde y se subió a él, terminando por sentarse. Cogió la toalla de su lomo y le torció una sonrisa. ―Muchas gracias.
Mientras se secaba la cara y los brazos, ignorando las heridas de sus muñecas con toda su alma, notó la lengua áspera del animal en su espalda, como queriendo borrar las marcas de su martirio. Esta acción sólo le hizo recordar por lo que se giró en redondo y sujetó al perro entre sus brazos, dejando que se apoyase en su regazo con las patas traseras.
―Por mucho que les pases la lengua no se van a borrar, ―se pasó la toalla por encima de los hombros y secó con una de las puntas lo poco que había mojado al pobre perro. ―Incluso cuando se vayan las seguiré notando a fuego. ―Suspiró, dejando salir también una pequeña tos. ―No sé qué hago hablando con un perro, si ni siquiera me entiendes.
―Happy es muy inteligente, Kawamura-san, ―sus palabras le sorprendieron aunque no supo qué le había sorprendido más, si el hecho de que Munehino hablase o de ver a Akutsu a su lado. Bajó su mirada hacia el perro, Happy, un nombre que no podía venirle más acorde.
―No lo pondré en duda viniendo de ti, ―casi inconscientemente se cubrió un poco más con la toalla, incómodo por si habían visto su cuerpo. No volvió a levantar su mirada en los siguientes minutos, todavía acariciando el ser entre sus brazos, disfrutando con él un placer que nunca había experimentado.
―Musculman, ―fue un llamado suave que Takashi no pudo oír, por lo que Kabaji intuyó que era para él. Al girarse hacia Jin lo vio mirándole fijamente, sin parpadear, demostrando gran seguridad en sí mismo. ― ¿Puedes dejarnos solos? ―Al no haber agresividad y sabiendo la posible y dudosa relación de amistad entre ellos, asintió no sin antes dejarle como aviso una mirada de lo más desconfiada. Akutsu sabía que no se iría lejos, pero le bastaba con no verle cerca.
Una vez le perdió la pista, miró hacia Takashi de nuevo mientras se quitaba los zapatos con suma lentitud. Ningún movimiento brusco para no asustarle ni tampoco llamar su atención. Caminó hacia él con los pies ya descalzos y se sentó a su lado.
Ni siquiera entonces levantó la mirada.
―Llamé a tus padres para que no se preocupasen más por ti, ―dejó caer como si nada, acariciando también a Happy. No podía estar más feliz el animal.
―Gracias, ―sus manos se rozaron con suavidad, pero no se detuvieron. Takashi simplemente alejó un poco más sus manos de la de Jin.
Se mantuvieron en silencio un par de minutos, dejando el tiempo pasar como si este no importase. En realidad no lo hacía.
―A veces me pregunto por qué fui tan idiota y te aparté de mí, ―ninguno de los dos miraba al otro, era el perro quien recibía todas las miradas. Uno la mantenía baja por vergüenza, el otro simplemente para no encararle.
Para entender sus palabras tenía que remontarse a tres años antes. Su relación por aquel entonces era notoriamente mejor que la de ahora, sus padres se invitaban mutuamente a comer los fines de semana, fechas en las cuales ellos aprovechaban para quedarse a dormir en casa del que invitaba. También predominaban sus salidas en busca de aventuras por la gran ciudad o simplemente caminatas hacia la dulcería que más lejos quedaba de su barrio para poder saborear innumerables y deliciosos postres sin que sus padres los descubriesen. Eran casi como hermanos por lo que actos como colgarse el uno del otro, quitarse mutuamente la comida que tenían pegada en la cara con la boca o pequeñas muestras de cariño tales como ir cogidos de la mano cuando corrían eran tan habituales para ellos que no les incomodaban.
Sin embargo, cuando sus miradas empezaron a cambiar de profunda amistad a otra cosa igual de profunda pero que nada tenía que ver, ambos se asustaron, Akutsu el que más, por lo que puso tierra de por medio y se alejó cuanto pudo de Takashi.
―Porque tenías once años y no sabías lo que te ocurría, ―admitió con dificultad.
A él le había pasado tres cuartos de lo mismo pero debido a su personalidad más afable y comprensiva, no le había afectado tanto como a su amigo. Incluso había logrado comprenderlo porque se lo había preguntado a su madre, jurando y perjurando que no era él el que se sentía confuso sino alguien de la escuela. Una madre conoce demasiado a su hijo y conocer a ese hijo en cuestión no era difícil puesto que era más transparente que una gota de agua evaporada.
―Sí, ―llevó su mano desde el lomo de Happy hasta la barbilla de Takashi, pellizcándola con suavidad para llamar su atención. Acto seguido la bajó de nuevo, teniendo cuidado de no tocar sus manos de nuevo. ― ¿Es muy tarde para intentar recuperar aquello?
La mirada del moreno, tan pronto como había escuchado sus palabras, había bajado con lentitud hacia abajo con una expresión de duda y miedo en la cara. No podía contestar aquello, no ahora.
―Puede que lo sea, ya no soy el mismo de antes, ―el animal se quejó en su regazo con un ladrido de inconformidad. Ambos habían detenido sus caricias.
―Sí lo eres, nada ha cambiado. ―Sonaba curiosamente irónico oírle decir eso. ¿Nada había cambiado? Seguro…―Nada puede cambiarte. Tus ojos siguen igual de grandes, tu nariz igual de pequeña y tienes el mismo remolino en el pelo que cuando te conocí. Igual de rebelde e incontrolable, ―puntualizó, rascándole detrás de las orejas al perro, haciéndole ladrar de felicidad esta vez.
―Como tú, ―sonrió suavemente, jugueteando con el pelo de Happy.
―Algo malo tenía que haber en ti, ―fingiendo indignación, añadió, ―no soy tan difícil de controlar. Tú siempre me has tenido dominado.
―Porque te dejas dominar por mí, que es distinto, ―sus palabras habían salido sin pensar de su boca, pero no se detuvo a pensar en el doble significado que podrían tener. No quería pensar en dominación, suficiente con la que había sufrido. ―Es algo que nunca entendí cuando era pequeño y que ahora no quiero entender.
Sin embargo, Akutsu sabía que lo entendía, a pesar de no querer. Había cosas que entre ellos no podían ocultarse ni aunque quisiesen. Como tampoco podía decir nada más, y Takashi no parecía por la labor de querer seguir hablando puesto que estaba demasiado entretenido con el cachorro, se quedaron en silencio nuevamente, siendo observados por más pares de ojos.
A la visualización de la charla de ambos muchachos se habían unido los seis que todavía quedaban en la habitación, recargándose los unos en los otros para darse apoyo moral y relajar sus estados de ánimo lo suficiente como para no crear más sangre.
―Te pagaremos la reparación de la puerta, Atobe, ―se había apuntado tanto a él mismo como a Inui, quien asintió ante las palabras del moreno. ―Ha sido culpa nuestra, mayoritariamente.
Keigo, sin retirar la mirada de la escena que estaba sucediendo en el jardín, ladeó suavemente su cabeza, reteniendo un suspiro. Arreglar aquello estaba muy por encima del nivel bancario de ambas familias juntas.
―No pasa nada, hoy me siento generoso, ―a su lado, Tezuka le dedicó una mirada agradecida que el dueño de la casa no pudo ver. Le gustaba el lado amable de su rival, salvo que su petulancia lo aborrecía a sobremanera, lo que hacía que su relación se mantuviese estancada en un corto cruce de palabras moderadamente ofensivas. Ambos eran caballeros después de todo. ―Sólo con verle sonreír como está haciendo ahora, la puerta me duele menos, ―actualmente, ambos estaban riendo, todavía sentados en el borde de la piscina. Happy se había tirado al agua y los había salpicado no una vez, sino dos, puesto que cuando regresó a la hierba, no dudó en sacudirse para secar su suave melena. ― ¿Alguien sabe qué tipo de relación tienen esos dos?
―Se conocen desde hace años, ―contestó Eiji, cruzándose de brazos y arrugando la nariz. ―Aunque no sabía que se llevaran así de bien.
―Conozco poco a Akutsu, digamos que no le presto atención a jugadores de cuarta, pero diría por su aspecto que no es alguien que pueda hacer eso sin preocuparse por su reputación, ―la verdad, verle jugar con el perro como de un niño se tratase, sin preocuparse ni por si mojaba su ropa, haciendo reír como un condenado a Kawamura, era bastante... ―Vaya, ―así que eso era.
―Está intentado que se olvide de lo que ha pasado, no es como si no le preocupase, ―como siempre, la buena observación de Tezuka no podía faltar. Tampoco conocía muy bien a Jin, pero todo parecía indicar hacia esa dirección.
―Yo diría que hay algo más detrás. ¿Os acordáis del cabreo que se traía cuando llegó al restaurante? ―Recordó Momoshiro, hablando por primera vez en toda su estancia en la mansión. Para él, Takashi era un superhéroe, verle tan martirizado le había hecho mucho más daño que creía que sufriría al hacerlo y su lengua se había quedado muerta en su boca.
―O de lo mal que nos habló cuando se enteró que había desaparecido, ―añadió esta vez Oishi, rascándose la cabeza con una sensación de inconformidad llenándole.
―Es como si nos hubiera dejado a cargo de Taka-san y le hubiésemos fallado, ―Fuji se les quedó mirando con los ojos entreabiertos, mostrando una pequeña sonrisa cuando ambos animales cayeron al agua salpicando a Takashi.
Pronto, el cachorro salió a flote, apoyado en la cabeza de Akutsu, mientras este expulsaba agua por la boca como de una fuente se tratase. Kawamura, por su parte, se rebozaba en la hierba de la risa, dejando olvidada la toalla cerca del borde de la piscina.
―Todavía no me creo que se dejase hacer eso, ―suspiró Kaidoh, apoyando su cabeza en el hombro de Inui. ― ¿Estaba tan enamorado como para que no le importase? ―Su pregunta cayó en un silencio de corta duración. ¿Era el amor capaz de hacer algo como aquello?
Keigo paladeó una respuesta sin pararse a pensar demasiado, haciendo una nota mental de que tenía que llamar a la peluquera canina que venía una vez por semana para que le arreglase el vello al animal.
―Quizá al principio sí, después la rutina puede llegar a atraparte, ―para bien o para mal. En este caso había sido para mal puesto que ninguno de los Ishida tenía la intención de contenerse a la hora de mostrar su peculiar forma de cariño. ―Eran dos contra uno y no quería llamar la atención de sus padres o de su hermana menor. ―Contuvo el aliento durante unos segundos, recordando la hora que era. ―He mandado que preparasen el desayuno, seguramente ya deba estar listo.
Sin decir una palabra más, se encaminó hacia el comedor sin prestar atención a si le seguían o no. Problema suyo si después no encontraban el camino.
Unos metros más abajo en el jardín, Takashi se reponía de su ataque de risa mirando hacia las nubes con una sonrisa floja en la boca. ¿Cuánto hacía que no se reía así? Más de un mes por lo menos, que él recordase y todo gracias a Akutsu, el niño serio, malhumorado y con ese carácter tan suyo que se había convertido en su amigo años atrás. A pesar del tiempo que había pasado, tres años era un amplio rango a cubrir, todavía era capaz de alegrarle incluso cuando la situación era nefasta. Quizá tenía razón y nada había cambiado después de todo, sólo infortunios pasajeros que pueden terminarse.
Y que terminarían.
― ¿Te importa que la use?
Su voz llamó su atención, haciendo que desviase su mirada hacia la dirección de Akutsu para ver a qué se refería, encontrándoselo con la toalla en la mano. Debido al estado en el que se encontraba su piel, agradeció que le mirase directamente a los ojos e hiciese caso omiso del resto de su cuerpo.
―La necesitas más que yo, ―ya se había quitado la chaqueta, la camiseta, las deportivas y los calcetines, dejándolo casi tan expuesto como estaba Takashi. Esto sirvió para que este se fijase en lo pálida que estaba su piel en comparación y lo poco musculado que estaba su amigo para la fuerza que tenía.
Al notar cómo no le quitaba el ojo de encima, no pudo sino sentirse cohibido, pero no hizo nada para evitarlo. Al contrario, incluso optó por una postura en la que su cuerpo fuese más visible al secarle el hocico a Happy con la esquina de la toalla. Sin embargo, no pudo resistirse a avergonzarle.
― ¿Disfrutando de la vista? ―Lo que no se esperaba fue que en vez de un sonrojo lo que acudiese a las mejillas del moreno fuese una palidez propia de alguien que llevaba muerto días.
¿Disfrutando la vista, Takashi?
La voz de Tetsuo Ishida había resonado tan real en su cabeza que tuvo que mirar a los lados para comprobar que sólo estaban ellos dos y el perro en el lugar, haciendo plantearse a Jin si la había cagado de alguna manera.
― ¿Estás bien? ―De nuevo sobresaltado, esta vez por palabras reales, tuvo que tomar aire abundante para expulsarlo después con lentitud. Atobe le había dicho que lo hiciese cuando los latidos se le acelerasen demasiado para no sufrir taquicardias o incluso un ataque de nervios. ―Kawamura.
―S-Sí, estoy bien, ―negó un par de veces con la cabeza, titubeante. Por un lado quería decirle que había alucinado oyendo una voz que era imposible que oyese allí y por el otro se pateó por siquiera plantearlo. Seguro que pensaba que estaba loco. ―Creo que me ha bajado el azúcar.
―Claro, ―en su tono había un deje de incredulidad que hizo que Takashi bajase la mirada. ―Está bien si no me lo quieres contar, pero creo que te haría bien hablar de ello.
―Es sólo que, ―por si acaso había alguien cerca escuchando, se le acercó gateando, sentándose de nuevo en el borde de la piscina. ―T-Tetsuo me dijo lo mismo y su voz, ―se abrazó a sus piernas, tratando de confortarse a sí mismo por lo que había pasado. ―Parecía tan real, ―el sonido de una palmada le sorprendió, haciendo que mirase hacia Akutsu para verle con ambas manos en la cara, sobre sus mejillas. Al parecer se había abofeteado a sí mismo.
¿Cómo se podía ser tan gilipollas de no caer en la cuenta de que ese tipo de cosas podrían habérselas dicho eses hijos de la gran puta?
―Lo siento, ―la sinceridad en sus palabras hizo que Takashi sonriese.
―Definitivamente tengo el oído mal o la cabeza no me rige bien porque estoy seguro de que no te he oído disculparte, ―Akutsu iba a decirle que sí lo había escuchado perfectamente, pero conociendo como lo conocía, seguramente trataba de no hacerle perder su dignidad como matón.
Antes de que Kabaji fuese a avisarles de que el desayuno estaba servido, ambos se dieron cuenta de que sus pies, metidos en el agua, estaban enredados mutuamente. Las viejas costumbres siempre salen a flote.
