II. LOS OJOS AZULES

Cristal caminaba presuroso, el fino rostro escarlata, estaba muerto de pena a la vez que de coraje incontenible hacia Aioria.

-Es un insolente, un idiota… demonios.- Se decía a sí mismo mientras llegaba de nuevo a las escaleras de los 12 templos.

Después de dejar a Aioros fue a buscar a Camus pero no lo encontró, por eso había decidido dar un paseo por los alrededores del Santuario y sin tener rumbo llegó al Coliseo. Se sorprendió de la magnificencia del lugar, los ojos no le alcanzaban para abarcar el hermoso lugar.

En Siberia no había nada parecido. Atenas era increíble.

No solo el exterior era hermoso, el interior le robo el corazón.

Ahí lo vio otra vez. ¿Por qué le llamó la atención?, no lo sabía, tal vez por su conducta irreverente y hasta presuntuosa. Tuvo curiosidad de saber que tan poderoso era.

En silencio e inundado en sus pensamientos llego al templo del Escorpión celeste, ahí encontró a Camus platicando animadamente con el guardián del octavo templo.

Ambos caballeros se sorprendieron de ver al visitante extranjero.

-Os saludo caballeros, Cristal caballero de plata a vuestras ordenes.-

-¡Cristal! ¿Cuándo llegaste?.- Preguntó sorprendido Camus mientras se acercaba a estrechar su mano.

-Esta mañana, había pasado a tu templo pero no te había encontrado.-

Camus se ruborizó, él estaba en el templo de Milo, dormido profundamente en sus brazos.

-Bueno entonces ya habrás conocido a la mayoría de los caballeros dorados.- Comentó divertido Milo.

-Sí… a la mayoría…- Dijo de mal talante al recordar el encuentro con el aspirante a la armadura de Leo.

-¿Sucede algo?.- Inquirió Camus.

-No, nada. Maestro he venido para solicitar su aprobación para aceptar al nuevo caballero de hielo, guardián del Cisne.-

-Así que tu alumno a terminado su entrenamiento… que rápido pasa el tiempo… pero Cristal en este momento no se encuentra Shion, el Patriarca. Regresará en cosa de un mes.-

-Ya veo, he llegado tarde.-

-¿Por qué no te quedas en el Santuario? Tu alumno ya estará muy avanzado y no creo que le moleste que te ausentes. Además si te marchas tendrías que regresar otra vez.- Milo le sonreía a Cristal y a su vez a Camus.

-Milo tiene razón Cristal, quédate, tómate unas pequeñas vacaciones.-

-Esta bien me quedaré hasta que llegue el Patriarca.-

-Bien, te instalaré en una cabaña cercana. ¿Dónde están tus cosas?.-

-Las dejé en el templo de Aioros.-

-Vamos por ellas y te acompaño a tu nueva casa.-

Una vez fuera del templo de Milo se dirigían los dos platicando amistosamente, recordando viejos tiempos en Siberia. Sus risas se vieron interrumpidas por una discusión en el interior del templo de Sagitario.

-¿Y que quieres que haga? ¿Qué me quede de brazos cruzados?.- Gritó una voz, la voz de Aioria.

-No tienes por que crear líos en el pueblo.- Contestó violento Aioros.

-No fui a crear líos, solo intervine por que era una injusticia.-

-Para empezar no tendrías que estar fuera del Santuario. ¿Crees que no sé que buscabas allá afuera? No soy idiota…-

-¿A ti que más te da?… tú estás aquí en el "Sacro Santo Santuario" revolcándote con Shura…-

Aioros se levantó de la mesa donde cenaban y estaba apunto de abofetear el rostro de su hermano cuando Camus entró al templo seguido de Cristal.

-Aioros ¿Interrumpimos?.-

-¡Camus! Que sorpresa.- Dijo Aioros relajando el convulsionado rostro. A la vez que Aioria le sonreía con burla a Cristal. Éste bajó la mirada y le ignoró.

-Supongo que ya conoces a mí alumno.-

-Si esta mañana lo conocí y dejo su equipaje aquí en lo que te encontraba.-

-Si a eso venimos, voy a instalar a Cristal en la vieja cabaña cercana a la poza termal en lo que llega Shion.

Aioria guardaba silencio mientras bebía su taza de té de flores. Lo propio hacía Cristal.

-Llegará en un mes tengo entendido, junto con Shura.- Al decir esto Aioros reflejaba el dolor que sentía. Había tenido una pelea con él antes de que se marchara. Camus se dio cuenta y quiso hablar con él a solas, cosa que Aioros identificó.

-Aioria, lleva a Cristal a instalarse.-

-Estoy cenando…-

-Es una orden…-

-Ya voy… - Contestó fastidiado mientras apuraba la taza de té. Esta vez el que sonreía divertido era Cristal. Se puso de pie y se dirigió a la salida.

-Y Aioria te quiero aquí en una hora, máximo dos.-

-Eso está por verse.-

-¡Aioria!.- Gritó furioso su hermano.

-Déjalo no te enfades.- Comentó Camus aguantándose la carcajada.

-Parece que disfruta hacerme enojar.-

-Jajaja encontraste la horma de tu zapato en tu hermano.-

Ya iba de salida con Cristal siguiéndole de cerca.

-¡Espera! Necesito llevar mi equipaje.-

-Bien, voy por él…- Y regresó a la estancia donde estaba la maleta de Cristal, la levantó y la llevó hasta donde Cristal le esperaba. Sin soltar el equipaje se plantó frente a él.

-¿Es todo?.-

-Si gracias, ya puedes dármela…-

-Yo la llevo, no quiero que se diga que los griegos somos mal educados con los extranjeros.- Y sin esperar respuesta echó a andar con la maleta en la mano cargándola como si de cualquier cosa se tratará. Algo que sorprendió a Cristal. Era una maleta pesada sin duda y a él mismo le había costado trabajo subir las escaleras con ella a cuestas, sin embargo a Aioria no parecía molestarle en lo absoluto el peso de esta.

Cruzaron los templos a paso veloz en completo silencio hasta llegar al primer templo, el templo del Carnero, una vez ahí Aioria bajó hasta la explanada y torció hacía un camino algo escondido que en su mayoría ascendía sinuosamente. El sol se estaba ocultando pero aún así los últimos rayos que éste disparaba les daban de lleno en el rostro cegándolos y torturándolos por el calor y el esfuerzo de subir.

Llegaron hasta el descampado, ya no se escuchaba nada ni se veía nada, el silencio era más profundo… fue Cristal el primero en romperlo.

-¿Este camino a donde lleva?.- Le preguntó algo tímido.

-A una poza termal que está cerca de la cabaña donde vas a vivir… hay un camino antes de llegar a la cabaña que lleva hasta el pueblo… muy útil si quieres escapar del Santuario sin ser visto.-

-¿Tú escapas por ahí?.-

-Si la mayor parte del tiempo por las noches, ¿Acaso quieres acompañarme una noche de estas? Jajaja.- Volteó a verle para divertirse más de su cara de desaprobación.

-¡Claro que no!.- Dijo indignado mirándole a la cara.

-Ya lo imaginaba, demasiado peligro para un niño bonito como tú.- Mientras le volvía a dar la espalda y seguía caminando un par de metros delante de él.

-No soy un niño pero no me parece correcto escapar en medio de la noche.-

-¡Ya sé! Tal vez te gustaría acompañarme hasta donde están las kòres de Atena… no es lejos de aquí…-

-¿Estás loco? Ese lugar está prohibido a los varones…-

-Ya ya… te estás pareciendo a Marin…-

-¿La pelirroja?.-

-Si, esa… ¿Como sabes?.-

-La vi que entrenaba contigo…- Respondió molesto por la grosería que le hizo.

-Camina más rápido que falta poco para anochecer y tengo cosas que hacer…-

-No puedo andar más aprisa…-

-Que quejoso eres…-

-No estoy acostumbrado como tú al sol de Grecia… ni a andar por caminos terregosos…- Le contestó molesto y justo en ese momento tropezó y cayó, sin siquiera poder meter las manos fue a dar al piso. Aioria volteo a verle pensando en burlarse pero como vio que trabajosamente se levantaba dejo la maleta en el piso y se acercó a él ofreciéndole la mano.

-¿Estás bien? ¿Ya te cansaste? Falta poco…- Mientras lo ayudaba a ponerse de pie.

-Es el calor… no estoy acostumbrado a este clima…-

-Entonces no sé como eres caballero si no aguantas el clima…-

Cristal se enfureció y avanzó hasta tomar su maleta y caminar con ella, ya le había cansado la actitud de Aioria, este le alcanzó en un par de zancadas y le trató de quitar la maleta.

-Ya no tienes por que enfadarte yo la llevo.-

-¡Suelta! Yo puedo solo.- Le ordenó jadeando a causa del esfuerzo. Aioria tenía la maleta también sujeta del asa, sus dedos tocaron ligeramente los de Cristal y este dio un respingo y quito la mano automáticamente como si le quemara…

-Y en vista de que no puedes dar para más…- se acercó a él y lo levantó colocándolo sobre su hombro, lo asió por la cintura para sujetarlo y levanto la maleta.

-¡AIORIA! ¿Qué rayos haces? ¡Bájame ahora mismo!.- Mientras pataleaba y le daba de puñetazos en la espalda. Aioria lo ignoró y siguió andando.

-Si sigues así vas a lograr que los dos caigamos cuesta abajo.- Aún así llevando el peso de Cristal y la maleta avanzaba más rápido que esperándole, unos cuantos metros más adelante por fin vieron la cabaña. Buscó un lugar más o menos plano y lo puso en el suelo.

-¡Eres un idiota!.- Mirándole con profundo rencor, se le acerca y le arrebata la maleta, se adelanta rápidamente hacía la cabaña.

-Oye podrías darme las gracias… aunque sea con un beso… jajaja.- Mientras corría tras él.

-Vete al cuerno…- Apresuró los metros que faltaban y abrió la puerta cerrándola justo en la cara de Aioria.

-De menos un vaso con agua… y mira quien tiene malos modales ahora…- Le hablaba a través de la puerta cerrada. Cristal se metió a la cocina de la cabaña y sirvió agua en un vaso. Abrió la puerta y se le quedó mirando.

-Toma para que te refresques…- Acto seguido le arrojo el agua del vaso en el rostro. Aioria se quedo inmóvil, sorprendido al sentir el agua escurriéndole. Iba a protestar pero Cristal no le dejo hablar.

-Y esto es para que te seques…- Le arrojo al rostro mojado su pañuelo y volvió a cerrar la puerta.

-Gracias Cristal que amable, he de confesar que con un beso me hubiera conformado.- Dijo mitad molesto mitad bromeando mientras se secaba la cara con el pañuelo.

Cristal escuchaba aquello recargado contra la puerta y se cubría la boca para no echarse a reír, lo escucho marcharse y se dirigió con calma a la habitación para sacar su equipaje con una sonrisa en el rostro…

Aioria caminaba un tanto molesto de regreso hasta toparse con el camino que llevaba al pueblo mientras se acababa de secar el rostro.

¡Maldito niño tonto!No aguanta una broma…

Iba a arrojar lo que traía en la mano, con lo que se había secado el rostro, cuando se dio cuenta que era un pañuelo de seda, muy hermoso… se le quedó mirando y por alguna extraña razón lo guardo en su bolsillo, torció al camino que llevaba a los campos de entrenamiento de las kòres de Atena.