III. LA MÁSCARA DE PLATA

Estaba de nuevo sentada en la silla, esperándolo, a un lado del hogar, justo a tiempo, escucho los pasos acercarse a su puerta, había llegado.

Se puso de pie y abrió la puerta antes de que él tocara e hiciera ruido, lo hizo pasar en completo silencio. Aioria se sentó en la cama y espero a que Marin tomara las cosas que llevarían. La mujer de la máscara levanto de la mesa una pequeña canasta, Aioria se puso de pie y le quito la canasta aunque ella protestó. Salieron juntos sigilosamente de la cabaña y se alejaron de aquel lugar prohibido.

Siguieron andando en silencio hasta mucho más adelante, cuándo ya al fin habían salido de la zona de las kòres.

-Creí que no llegarías…-

-Me demore por que tuve que acompañar a un niño a su hogar…- Contesto Aioria bromeando un poco.

-¿Un niño? Que bondadoso Aioria…-

-Gracias… jajaja ya lo sé…-

Anduvieron un rato más hasta al fin llegar a una colina… subieron por esta hasta el final dónde había unos cuantos árboles, una vez ahí se sentaron a la orilla de los árboles, la vista era muy agradable, podían ver la mayor parte del Santuario. Marin extendió delante un mantel y sacó lo que tenía en la canasta. Ellos algunas veces hacían eso, ir de picnic por las noches y aunque Marin se quitaba la máscara Aioria la respetaba y no miraba su rostro, platicaban animadamente por horas hasta que el sueño les agotaba.

Tomo lugar a un lado de Aioria y se recargó en su hombro. Los nervios invadieron al joven pues Marín le gustaba, siempre le había gustado y un silencio nervioso se apoderó de los dos, hasta que pasado un rato Marin fue la que habló.

-¿Tienes hambre?-

-Si un poco…-

-Bien, entonces vamos a comer.- Se levantó y colocó las rebanadas de queso en cada plato así como las hogazas de pan y el jamón en pequeños rollos, sirvió un vino tinto en un par de copas y le extendió la suya a Aioria.

-Gracias Marin, se ve delicioso todo.- Mientras daba un trago a la copa y se relamía los labios saboreándolo, impulsivamente tomó una mano de su compañera y le dio un ligero beso, cosa que hizo estremecer a Marin, un enrojecimiento le cubrió el rostro, pero Aioria no podía verlo con la máscara puesta.

-Aioria…-

-¿Qué pasa? ¿Te molesta que haga eso?.- Preguntó con una sonrisa vanidosa en el rostro y sujetando aún la mano de Marin.

-No, no me molesta es solo que… Aioria… ¿Quieres ver mi rostro?.- Le lanzó casi sin pensarlo, sorprendida de lo que acababa de decir y dejando atónito, al mismísimo Aioria que con nada parecía perturbarse.

-Marin… yo… vamos, estás de broma ¿Verdad?.- Un ligero temblor en su voz, era cierto que siempre quiso saber que aspecto tendría, pero aquella propuesta iba más allá de lo que fantaseaba y Marin nunca solía hacer esa clase de bromas.

-No Aioria, no estoy bromeando…- Se sentó frente a él, dejó la copa en el piso y se llevó la mano a la máscara plateada que llevaba en el rostro, casi parecía que el viento se había detenido en ese momento y que la Tierra había dejado de girar, poco a poco fue desprendiendo la máscara, descubriendo un poco de piel de un lado de su rostro, antes de que descubriera más Aioria le tomo la mano y la detuvo.

-No es necesario Marin, a demás sé que si haces eso quedarías deshonrada como kòre.-

-Yo quiero hacerlo…- Y zafo su mano de la de Aioria, retiro lentamente la máscara hasta finalmente dejar al descubierto su rostro. Un rostro angelical que nadie había visto salvo él. No lo podía creer, abrió los ojos significativamente observando detalle a detalle ese rostro que le parecía desconocido, prohibido y a la vez atrayente, no quitaba los ojos de encima, tenía una piel blanca, lozana, nariz pequeña y respingada, los labios igualmente pequeños y rosados y los ojos… fue lo que más le llamó la atención, unos ojos azules centelleantes que hacían juego con el cabello del color del fuego y en aquel rostro un ligero rubor le cubría las mejillas, esperaba una respuesta interrogante e impaciente.

-Marin… ¿Con que así luces?.- Las manos sin poder evitarlo levantaron su barbilla para observarla mejor y casi por instinto se permitió acercarse a ella, sin embargo ella no le rechazó como tantas veces había hecho y se quedo quieta esperando las reacciones del aspirante a la armadura de Leo. Se sentía mareada e hipnotizada por los ojos verdes de Aioria, verdes como las esmeraldas. La distancia entre los dos se hizo nula y los labios estaban casi rozándose cuándo un ruido en la cercanía les puso alerta, el crujir de las hojas secas, alguien estaba ahí posiblemente espiándoles.

Aioria se puso de pie de un salto y Marin salió de su sopor y se colocó rápido la máscara.

-¿Quién anda ahí?.- Preguntó en voz alta el león sin obtener respuesta, después escucharon los pasos alejarse corriendo por la vereda. Sin pensarlo dos veces Aioria salió disparado en dirección al ruido para atrapar a quien quiera que fuese.

-¡Aioria! Regresa…- Le gritó Marin al verlo alejarse.

Corrió lo más rápido que pudo tras de aquel intruso pero no lograba alcanzarle lo único que podía ver es que llevaba una túnica o una capa blanca, ya que esta volaba tras él, por que era seguro que era un hombre, ninguna chica del Santuario era tan veloz, lo más probable era que fuese otro caballero.

-¡Si te alcanzo verás lo que te sucede por espiar!.- Gritaba mientras corría, y aquel intruso no le contestaba nada, cosa que lo desesperaba más, finalmente se rindió, no le daba alcance y se detuvo echando a andar de regreso a donde estaba Marin.

Una vez ahí encontró a Marin con la máscara fuera de su rostro y comiendo un poco de su plato. Volteo a mirarle preocupada.

-¿Lograste ver quién era?.-

-No, corría muy rápido, no le di alcance y a juzgar por su falta de dirección juraría que no era algún guardia, tal vez alguien que simplemente se perdió…- Le dijo algo molesto y a la vez pensativo…

Y yo conozco a un forastero que pudo haber sido… pensó en silencio.

-Ya déjalo seguro no es nada importante.- Le sacó de sus pensamientos.

-Si no importa…- Mientras se volvía a sentar y tomaba su plato para comer, tras aquel incidente siguieron charlando como sí nada, aunque Marin no traía la máscara y le miraba directamente al rostro Aioria no hacía ningún gesto, era como si siempre la hubiese visto así, aunque a decir verdad cada que sonreía o se reía abiertamente no perdía detalle. Pasaron un largo rato hablando y bromeando hasta que Marin se canso y recargada en las piernas de Aioria se quedó dormida. Éste le acariciaba el cabello jugando con el entre sus dedos.

-Eres hermosa…- Le dijo aunque no estaba seguro si ella le escuchaba. La dejo dormir un par de horas, y en aquella tranquilidad pensaba inquieto en quien demonios les había espiado. Si era un guardia seguro se meterían en líos severos los dos.

No, no pudo ser un guardia, de ser así ya hubieran venido a emboscarnos… si fue un caballero del Santuario también habría avisado… tuvo que haber sido aquel sujeto… ¿Quién más? Ya tendré tiempo para averiguarlo.

Movió cuidadosamente el hombro de Marin para despertarla y esta gruño…

Marin… ya es hora que nos vayamos… ya es tarde.-

Ella abrió los ojos despacio para encontrarse con los de Aioria y le sonrió.

-¿He dormido mucho?.-

-Si, hasta estabas roncando jajaja.-

-¡No es verdad! Yo nunca hago eso.- Se reincorporo y se acerco al joven frente a ella para darle un beso en la mejilla. –Ahora el que parece apenado eres tú, ¿Será posible que el todo poderoso Aioria esté apenado? Jajaja.-

-No que va, es que me haz tomado por sorpresa.- Se puso de pie a la par que ella y vio como se colocaba de nuevo la máscara, recogieron todo y se dispusieron a irse. Impulsivamente Aioria abrazó a Marin y esta le rechazó.

-¿Qué sucede?.-

-Nada, pero evita hacer eso.-

-¡Oh vamos! ¿Qué tiene de malo?.- Se quejó.

-Sabes que no se puede…-

-¿Qué no se puede qué? Si hace unas horas me haz mostrado tu rostro…-

-Aioria… tienes que olvidar lo que viste… eso fue antes y ahora es ahora.- Le contesto cortante como siempre.

Se quedó callado tratando de calibrar las cosas y le tomo de una muñeca.

-¿A que juegas? ¿Estás jugando conmigo? Hace un rato parecías otra y ahora me tratas como si fuese un idiota más.-

-¡Suéltame! No juego a nada, pero lo que ha sucedido es muy peligroso.-

-¿Peligroso por que? Yo no voy a ir corriendo al Santuario a decir que te he visto sin máscara.-

-Olvídalo… no lo entenderías.-

-Y va otra vez, ¡Me estas tratando como a un retrasado! Que astuta, me estabas probando ¿Verdad? ¿Para que? ¿Para ver que tanto poder tienes sobre mí?.- Le dijo totalmente ofuscado.

-¿Cómo puedes decir eso?.- Y le cruzo el rostro con una bofetada. Aioria se puso la mano sobre la mejilla que había golpeado y le miro entre triste y enojado, iba a contestarle algo pero prefirió guardar silencio y dio media vuelta dejándola ahí.

Lo siento Aioria pero ahora que me haz visto… ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer contigo? Pensó triste Marin mientras observaba al guapo griego alejarse de ella.

Aioros estaba aún despierto cuándo escucho los pasos de su hermano entrando al templo de Sagitario, se puso de pie dispuesto a regañarlo cuándo se dio cuenta que estaba más que furioso y con una mejilla enrojecida.

-¿Aioria estás bien? ¿Qué sucedió?.- Le pregunto preocupado.

-Nada, estoy bien, mañana me regañas, ¿Quieres? Ahora necesito descansar.- Y sin decir nada más le dejo solo y subió a su habitación azotando la puerta.

-Genial, esta vez me ha dejado sin palabras.-