IV. TRES CORAZONES

Se revolvía entre sueños, había conciliado por fin fuera de sí pues aquel episodio de Marin le había alterado lo indecible. Entre aquel sueño inquieto veía el hermoso rostro de su compañera y también veía al extranjero de ojos azules. Entre tantas imágenes mezcladas recordó a aquel chico y abrió los ojos, apenas amanecía.

-Es verdad, tengo que hablar con él y evitar que vaya por ahí con chismes.- Se levanto de la austera cama y se dirigió al baño igualmente austero para tomar la ducha matinal.

Se relajaba en la regadera cuando Aioros irrumpió en el baño comiendo unas fresas en una taza.

En realidad a Aioria le daba igual que lo viese desnudo, total eran hermanos.

-¿Y bien? ¿Qué sucedió?.- Inquirió mientras se llevaba una fresa a los labios recargado en el lavabo.

-Bueno, no mucho, tuve una discusión con Marin y antes ese pequeño idiota me hizo enfadar.- Le contestó arrugando el rostro.

-Jajaja ¿Quién? ¿El discípulo de Camus? Bueno Aioria quien sabe que le habrás hecho o que le intentaste hacer, ya ves no eres infalible y espero que las cosas salgan bien con Marin- Le acerco la toalla cuando vio que cerraba las llaves.

Aioria le miró furioso y le arrebató la toalla.

-Yo no hice nada esta vez.-

-Ya bueno, no te enojes y apúrate para que desayunemos y me acompañes al pueblo.-

-¿Al pueblo? ¿No vamos a entrenar?.- Le miró sorprendido.

-Tengo un poco de pereza a demás tiene siglos que no voy al pueblo y hay que comprar víveres.- Levanto ambas cejas curioso pero no dijo nada y se limitó a salir del baño y a vestirse.

-¿Qué te parece si mejor desayunamos allá?.-

-Me parece bien, no quiero comer nada quemado.-

-¡Aioria! La vez pasada fue un accidente.-

-¿Si? ¿Y la antepasada? Bueno ya, ahora mismo te alcanzo.-

Dicho lo cual Aioros salió de la habitación y fue a su propia habitación por algo de dinero.

Era aún temprano cuándo los dos salieron platicando, bajaban a toda prisa por las escaleras jugando y más que nada por que el hambre apremiaba.

El pueblo de día era muy diferente a lo que era de noche, estaba lleno de gente que iba de un lugar a otro y el mercado estaba a reventar. Los dos acordaron saciar primero su hambre y después hacer la compra.

Así que se dirigieron a la parte donde vendían todo tipo de comida; compraron unas baguetes rellenas de una especie de paté y agua de frutas, así como unos duraznos como postre. Después del frugal desayuno comenzaron por ir a comprar la carne y queso, mismo que Aioria se empecino en llevar un enorme trozo pues le gusta mucho.

-Pero esto debe de durar al menos 3 semanas, ¿Oíste Aioria?.-

-Me gusta, ¿Qué quieres que haga?.-

-Que no seas tan tragón.-

Andaban entre risas, los dos llevando las bolsas con las compras cuando Aioros se encontró de frente con alguien y se puso a platicar, el león que se había quedado atrás comprando fruta se acercó y vio de quien se trataba, saludó amistosamente.

-Hola Camus.-

-Hola Aioria, veo que tu hermano consintió traerte al pueblo de día jajaja.-

-Camus no le des cuerda ¿Quieres?.-

Estaba por hacer una broma cuando vio que se acercaba a ellos aquel tipo, el de los ojos azules, torció los labios en un gesto de desagrado. Aioros se dio cuenta y le dio un codazo.

-Hola Cristal, ¿También turisteando?.-

-Si, bueno, no conocía bien el pueblo, lo atravesé a toda prisa y no vi nada, el mercado es sorprendente. Hola Aioria.- Le dijo tímidamente, un poco para provocarlo.

No le contestó solo asintió con la cabeza y le observó con ojos felinos directamente a los suyos esperando que se acobardara y bajara la vista, efectivamente tras mirarle un rato no aguanto la mirada y volteó hacia un lado ocultando los ojos. Aioria sonrió complacido al ver que triunfaba.

Ambos caballeros dorados se adelantaron unos metros dejando a Aioria y a Cristal detrás.

-¿Y cómo vas con Milo? ¿Ya mejor las cosas?.-

-Bueno sí, ya sabes tenemos peleas frecuentes, pequeños pleitos pero los solucionamos…- Contestó imaginando como los solucionaban y sonrió.

-Jajaja si ya sé, solucionan los líos entre las sábanas, muy propio de Milo y me sorprende que le sigas la corriente.-

-¡Aioros! Habla más bajo que te van a escuchar.-

-¿Y qué? ¿Qué tiene de malo que escuchen que eres feliz con el hombre que amas?.-

-Bueno, bueno, espero que tu hagas lo mismo y soluciones tus diferencias en la cama de Shura jajaja.- Aioros se ruborizó.

-Pues es lo que estoy esperando y ¿Quién sabe? Tal vez cuando regrese no lo dejaré levantarse de la cama, para solucionar todo de una vez…-

-Aioros eres un pervertido, ya veo de donde Aioria saca esa pasión desenfrenada por el sexo.-

-¡Oye no! Aioria es punto y además por todo lo que dicen ya me superó hace mucho tiempo.-

Mientras aquellos animados platicaban al dar la vuelta en una calle Aioria aprovechó y tiró de la muñeca de Cristal, llevándolo a un callejón solitario, lo recargó de manera brusca contra la pared y le cerró el paso con las palmas apoyadas en el muro.

-¿Qué te pasa?, déjame ir, ¿Qué quieres?.- Cristal miraba para todos lados viéndose atrapado y sin posibilidades de escapar, miró su rostro moreno tan de cerca, podía ver cada rasgo en ese rostro varonil, se dio cuenta de por que el aspirante de Leo era tan conquistador y sintió un poco de envidia de la dueña de su corazón.

-Tú estabas anoche espiándome con Marin.- Le lanzó acusador.

-No… yo no, ¿De que hablas?.- Evidentemente nervioso.

-No te hagas el tonto conmigo, corrí tras de ti pero no pude alcanzarte, ¿Por qué me seguiste?.-

-… Me dio curiosidad saber a donde ibas, te perdí de vista y casualmente llegué a ese lugar donde estabas con ella.-

-Eso aquí en Grecia se llama espiar, ¿Qué querías ver? Si solo fue casualidad, ¿Por qué te quedaste escondido mirando? ¿Te gusta ver?.- Cristal se puso colorado de manera violenta y suspiró, estaba muy apenado, relajó el cuerpo.

-Me dio miedo que vieran salir corriendo y me quedé escondido, cuando ya me iba pise las hojas secas y fue cuando corrí. Quería ver que clase persona eres normalmente, es todo.-

-Cristal, tu viste cosas que no debías… tendré que matarte.-

Los ojos del caballero de plata se abrieron como platos y sintió miedo de ver a aquel hombre dominándolo.

-Estás jugando Aioria, no es para tanto… te juro que no vi el rostro de la chica… a demás no iré con el cuento a nadie.-

Aioria relajó el rostro pero siguió aprisionándole y mirando intensamente sus ojos azules.

-Está bien solo quería asegurarme que guardarías el secreto. ¿Así que querías ver que clase de persona soy o que es lo que hago?.- Le contestó evidentemente jugando con él, mirando con lascivia sus labios. Cristal le dedicó una mirada fría y luego sonrió.

-¿Siempre juegas con la gente? Llegará un día en el que te enamores y tú serás el juguete… y por cierto creo que necesitas ayuda con esto…- Cristal bajó su mano hasta la entrepierna de Aioria dejándola sobre su sexo que reaccionó al tacto. Se sorprendió de aquella acción y le sonrió, bajó un brazo al sentir un escalofrío.

-Pues ese día todavía no llega vaya y yo que pensaba que eras tan mojigato.-

Sin pensarlo más ante aquellas palabras tan duras concentro aire frío en la mano y le dio una ráfaga de frío justo en aquella parte sensible.

-Ahí tienes tu ayuda…-

-¡Oye eso duele!.- Doblándose del dolor.

-Hasta luego Aioria…- Mientras se escapaba por el lado que había dejado libre.

-Maldito niño bonito…- Se quejo mientras se recuperaba recargado en la pared.

La semana había pasado volando y a partir de aquel encuentro con Cristal las cosas siguieron de mal en peor, ya que las comidas eran en el gran salón todos los caballeros dorados tenían que estar ahí a su vez sus discípulos, se tenían que ver todos los días. Era cosa de que uno empezara las bromas pesadas por que el otro seguía y era cuento de nunca acabar. Muchas veces el caballero de plata le congeló la comida a Aioria y otras tantas él le calentó la comida tanto que era imposible comerla. Y entre todos aquellos líos estaba lo de Marin que seguía negándose a hablar de lo sucedido en la colina. Al fin una tarde en la que se encontraban solos en uno de los pasillos del templo del patriarca pudo hablar con ella sin nadie más presente.

-Marin tenemos que hablar.-

-¿De que quieres hablar?.-

-¿De qué? No te hagas Marin, sabes de que quiero hablar… de tú actitud hacía mi últimamente.-

-Aioria, ya sabes que eso no puede ser, a demás te he visto bastante interesado en el chico nuevo.-

-¿Quién? ¿Cristal? Vamos Marin me llevo muy mal con él, ¿Estás celosa acaso?.-

-Jajaja vaya así se llama, tal vez sí estoy celosa… por cierto mira quien viene ahí.-

En ese momento Aioria volteo hacía donde le indicaba Marin y vio al caballero de Plata venir sobre el pasillo donde estaban ellos, buscaba a alguien con la mirada y cuando les vio se acerco a ellos.

-Hola, lamento interrumpir, me ha enviado tu hermano a buscarte…-

-¿Para qué?.- Pregunto visiblemente molesto.

-Bueno, es que en realidad yo necesito tú ayuda, quiero tomar algunas fotos de paisajes para llevármelas como recuerdo y tu hermano me dijo que tú conoces muchos lugares hermosos y si no tienes nada que hacer me gustaría que me acompañaras a tomar esas fotos…-

-Bueno chicos yo me retiro, en otra ocasión hablamos Aioria corazón de león.- Sin esperar respuesta dio media vuelta y echo a andar.

-Cerca de donde estás viviendo hay muchos lugares hermosos, ¿Cómo es que no los haz visto?.-

-Bueno es que me da miedo andar yo solo buscando.-

-Jajaja eres un inútil.-

-No soy ningún inútil, solo no quiero meterme en líos.-

-Ya ya tranquilo, vamos entonces.-

Caminaron por el Santuario sin ofenderse mutuamente como solían hacer, solo platicaban, llegaron hasta la plaza principal y tomaron el camino hasta la cabaña donde vivía Cristal.

-¿Quieres pasar y tomar algo?.- Le preguntó tímido, haciéndolo parecer casual.

-No gracias, solo quiero bañarme, pero ya lo haré en la poza mientras tú tomas tus fotos, ¿Ya haz ido ahí?.

Negó con la cabeza.

-No es muy lejos de aquí. Me extraña que no hayas ido, con lo curioso que eres.- Le comentó insinuando la ocasión en que lo espió.

-¡Aioria! Creía que ya lo habías olvidado.-

-Shhh… por hoy basta de peleas estoy de buen humor.- Con un dedo en los labios del caballero.

No supo que contestar y solo guardó silencio y le siguió por un camino casi en su totalidad cubierto por árboles, no anduvieron mucho, llegaron a una colina en cuyo extremo pegada a la pared rocosa había una poza termal, desprendía un vapor que atraía de inmediato y frente a esta el paisaje era glorioso, kilómetros de valles en su mayoría verdes.

-Toma las que quieras, puedes bajar por aquella vereda para ver mejor y por atrás de la poza hay una pradera llena de flores, mientras te diviertes explorando voy a darme un baño, cualquier cosa que necesites me avisas.-

-Es hermoso este lugar y pensar que lo tenía tan cerca.- Cristal veía todo bebiéndose el paisaje, sorprendido. –Está bien, voy a pasear un rato, prometo no espiarte.- Le sonrió, era la primera vez que no le sonreía con burla.

Aioria correspondió a su sonrisa divertido.

-Jajaja bueno confío en ti si lo haces tendré que espiarte yo, tengo una mejor idea, te arrojo a la poza con todo y ropa.-

Cristal se marchó con la cámara lista y Aioria comenzó a sacarse la ropa, llevaba una túnica hasta la rodilla y sandalias. Dejó todo apilado pulcramente sobre una roca y metió un pie en la poza, midiendo la temperatura del agua, estaba caliente, muy caliente pero era deliciosa, se metió poco a poco, cerrando los ojos hasta quedar sentado con el agua cubriéndole a la mitad del pecho, después se zambulló completamente y recargó la cabeza en la pared.

Pasó una hora, ya se estaba quedando dormido cuando un clic lo despertó, abrió los ojos y vio a Cristal frente a él con la cámara en la mano.

-Vas a salir muy bien en esa foto, tal vez le ponga de título: Hermoso hombre griego.- No pudo evitar sonrojarse por lo que había dicho.

-Espias, tomas fotos infraganti, ¿Qué mas haces Cristal? ¿Qué tal tus fotos?.- Se levantó en ese momento, lo único que lo cubría era un enredo de una tela delicada a manera de ropa interior y que al estar mojada dejaba ver las líneas de su cuerpo, el caballero de plata se quedó helado, quería bajar la vista, pero no podía, algo en aquella piel, en los ojos se lo impedía, por un momento deseó fervientemente ver caer la escasa tela que cubría al león.

-Bien… tome… muchas…-

¿Qué te pasa Cristal? ¿Qué estás haciendo? Se decía interiormente completamente turbado.

Aioria se acercó paso a paso a él, vio la turbación en sus ojos y le sonrió.

-¿Qué sucede? ¿Qué estás mirando?.-

-No… yo… nada… - Soltó la cámara cuando lo vio tan cerca de él, el joven griego la cachó antes de que cayera al suelo la dejo sobre su ropa.

-Casi echas a perder tu cámara…- Cristal retrocedía a cada paso que daba el león estaba entre aterrado y maravillado, los nervios lo traicionaron, pisó una roca, el pie se le dobló, dio un aullido de dolor y calló de espaldas.

Aioria se asusto pues calló con un ruido sordo, se acercó a él de rodillas en donde quedó tendido, le levanto un poco la túnica larga que llevaba para poder echar un vistazo a su pie, Cristal instintivamente le quitó la mano.

-Tengo que ver si te haz lastimado…-

Levantó la túnica hasta su rodilla y observo el tobillo algo hinchado, le sacó la sandalia y puso la mano en la parte lastimada, encendió un poco de energía en su mano dándole calor al tobillo hasta desaparecer el dolor, luego comenzó a sobarle.

-Listo, te dolerá menos, para mañana estarás mejor.-

-Gracias Aioria.-

-De nada…- Y continuo con aquellas maneras sugestivas que ya había empezado a usar con él, con una rodilla entre sus dos piernas y los dos brazos apoyados a ambos lados de su cabeza comenzó a bajar hacía donde estaba tendido, observando sus ojos azul profundo y perdiéndose en aquellos labios delicados.

-No… Aioria… ¿Qué haces?… detente…- No salía de su asombro, estaba tan cerca de él, unos cuantos centímetros más y podría tocar sus labios, su rostro era hermoso, los ojos verdes brillaban con intensidad. Por primera vez en su vida deseo ardientemente sentir unos labios sobre los suyos, por primera vez en su vida tuvo la clase de pensamientos pecaminosos que le estaban prohibidos… deseo saber que se sentía tener un cuerpo cálido sobre el suyo… deseo sentir el placer dado por alguien más que no fuese su mano tocándose en mitad de la noche después de tener sueños lúbricos.

Cristal tonto, ¿Qué no ves que solo busca seducirte?

Pensó con crueldad saliendo de pronto del estupor en el que se había sumergido ante el futuro caballero de Leo. Levantó una mano y le dio una bofetada, dejando el hermoso rostro rojo ahí donde había pegado.

-¡No te sobrepases Aioria!.- El joven león le miró con rencor.

-¿Qué te pasa? Parece que te da miedo que te toquen, ¿Nunca te han tocado?.- Le pregunto con crueldad, Cristal se puso furioso y lo empujo a un lado haciendo que perdiera el equilibrio, trato de reincorporarse pero el tobillo lo molestaba si quiera para dar un paso, dio un quejido y se tambaleo, Aioria lo atrapó antes de que cayera y el otro trato de evitarlo, era inútil, con un pie lastimado y ante el león no tenía nada que hacer.

-Ya deja de portarte como un crío, solo me visto y te llevo de regreso a tu cabaña.- Lo obligo a sentarse en una roca y después tomó su ropa para echársela encima, tomó su cámara y se la colgó del cuello luego lo cargó en su espalda, y aunque Cristal se negó no le quedó más que obedecer.

-No es necesario y no por eso voy a permitir que…-

-¿Siempre protestas?.-

-…- No dijo más, guardó silencio y se abrazo un poco más de su cuello con ambos brazos mientras las piernas eran sostenidas por el griego.

Que bien se siente estar cerca de él… es una latoso pero es agradable… me gusta como me trata… ¿Cómo objeto? Se espetó a sí mismo en esa pequeña pelea interna consigo mismo, torció el gesto con desagrado ante la idea final.

La pelirroja caminaba entre la gente que se movía dentro del Santuario ensimismada pensando que hacer, que decir, la verdad es que desde hacía días que hubiese corrido a los brazos de Aioria de no ser por la maldita culpa que le atormentaba ¿Sería capaz de romper el código de las kòres? Ya había comenzado a hacerlo, empezando por las noches en las que se escapaba con Aioria y siguiendo con la cercanía con la que trataba con él y ya para decorar el repertorio de faltas, el día que le mostró su rostro y estuvo por besarlo.

¿Qué hago? Me gusta mucho, me gusta estar con él, pero es peligroso y más ahora que está por obtener la armadura…si alguien se da cuenta ¿Tomar el riesgo o no tomarlo? Aioria… debí hacer caso cuando la entrenadora me dijo que tú solo me traerías problemas.

Empezó el ascenso por la vereda de la poza, era la manera más fácil de cortar camino y llegar a la zona de kòres, se le ocurrió que tal vez estaría aún Aioria por los parajes, unos metros más y llegó a la bifurcación del camino, desde ahí veía la rústica cabaña donde el caballero de plata estaba instalado. Una risa conocida. Se escondió aprisa en un matorral, Aioria llevaba en su espalda al caballero de plata, parloteando y riendo. Tras la máscara un rostro furioso pues había sentido por primera vez celos, celos de aquel hombre que sin duda era hermoso y en el que seguramente el león tenía como presa segura, celos de que él si pudiese estar tan cerca…

Aioria… yo…