V. TRES SON DEMASIADO

Lo deposito con presteza en la sencilla cama de la habitación se le quedó mirando y esbozó una ligera sonrisa.

-¿Necesitas algo?.-

-No, estoy bien, gracias Aioria.-

-De nada caballerito, bueno me voy, espero que estés mejor mañana.-

Tonto, dile que se quede, dile que quieres algo de compañía, ¡No! Aioria no es la clase de personas que solo hacen compañía.

Lo observo por la espalda mientras se marchaba pensando mil cosas que decir, mil pretextos pero los labios permanecieron completamente cerrados y solo se conformó con mirarle mientras le dejaba solo… siempre solo…

A los pocos metros de la cabaña justo en la bifurcación del camino hacia las kòres una mano le sujetó por la muñeca, se volvió sorprendido para encontrarse ante la pequeña figura de Marin. Una sonrisa cínica mientras le observaba con ojos felinos.

-¡Vaya que sorpresa! Veo que es una costumbre espiar en el Santuario, ¿Qué haces aquí?.-

Tras aquella máscara de plata un rostro congestionado por los celos y por la tristeza.

-Iba a mi cabaña cuando te vi llegando con Cristal, ¿Te haz liado con él?.- Dejó ir sin ningún tapujo, sabiendo que se arriesgaba a la ira del león. Efectivamente el rostro de Aioria perdió su encanto y molesto se zafó de la mano de Marin.

-¿Qué más te da?.-

-Solo era una pregunta Aioria, lo siento, no quería incomodarte.-

-Que raro, parece que desde que Cristal está más cerca tu pareces más interesada en mí, a diferencia de tantos años que yo era el interesado.-

Marin guardo silencio, no sabía como decirle que siempre estuvo interesada y que sí, que efectivamente desde que Cristal estaba cerca no podía evitar verle como alguien que le estorbaba.

-Aioria, cometí tal vez un error al… -

-¿Al haberme mostrado tu rostro?… bueno como quieras, no pienso hacerte cambiar de opinión, piensa lo que quieras.- Se la quedó mirando con confusión y siguió su camino sin reparar más en ella.

No Aioria… cometí un error al haberte amado…

Dormido como estaba parecía un ángel la respiración acompasada y el rostro relajado, una patada en el colchón le hizo despertar malhumorado, pronuncio algunas malas palabras en griego mientras se tallaba los ojos.

-Ya levántate Aioria, de verdad eres flojo como un león jajaja.- Aioros estaba ya de pie mirando a su hermano que apenas podía ubicarle a causa del sueño.

-Aioros, ¿Tienes que hacer eso cada mañana?.-

-No lo tendría que hacer si no fueras tan flojo, y la verdad es que me extraña pues las últimas noches no te he visto salir a hurtadillas para irte de juerga, sería más común que al dormir tus horas debería levantarte temprano. ¿Acaso se acabaron tus escapadas nocturnas? ¿Con quién te peleaste?.-

-No me he peleado con nadie, simplemente no he querido.- Contestó cortante al arquero.

-Ya hombre no te sulfures faltan menos días para la prueba así que espero que estés listo para entonces.-

-Lo estaré hermano, he entrenado mucho para conseguir la armadura y eso haré, la conseguiré.-

-Me alegra escuchar que tienes confianza en ti mismo pero como sabes tienes que derrotarme a mí, ¿Podrás hacerlo?.-

Aquellos últimos días había entrenado ferozmente como nunca tal vez, a conciencia, sabía perfectamente cada uno de sus puntos débiles y se esforzaba por corregirlos, sus golpes eran cada vez más potentes y más certeros a tal grado que fue para Marin imposible seguir entrenando con él, la había sobrepasado hace mucho pero ahora era más evidente pues ya no podía detenerle con facilidad y muchas veces iba a parar al piso, así que Aioros la mayor parte del día entrenaba a su hermano, orgulloso de que al fin Aioria era consciente de su poder y de que se convertía cada día en un peligroso adversario digno de la armadura dorada de Leo. Marin no era la única que observaba a los hermanos entrenar tan duramente, escondido entre la gente, en las gradas también estaba el caballero de plata que no perdía de vista al joven griego y se deleitaba viéndole, se podría decir que aquellos 3 últimos días se habían convertido también en una pelea encarnizada entre los dos caballeros de plata, Marin y Cristal, para conseguir la atención de Aioria y lo más curioso de todo es que Aioria no parecía nada contento con eso, en otros tiempos lo hubiese visto como algo común y hasta divertido pero tratándose de aquellos dos por los cuales no sabía bien lo que sentía le ponía los nervios de punta así que mejor se concentraba en su entrenamiento.

-¡RAYO DE VOLTAJE!.- La luz dorada salió disparada hacía Aioros y a pesar de que trató de retenerla no le fue posible y fue derribado de espaldas hasta chocar con uno de los muros. Se levanto cubierto de polvo sonriente como siempre.

-¡Buffff! Por hoy es suficiente cachorro, por fin conseguiste derribarme y no creas que dentro de dos días será así, seré menos indulgente contigo y pelearemos de verdad.-

-¡Vamos Aioros! No quieras ocultar que te he ganado jajaja.- Mientras se acercaba a él y le sacudía el polvo del cabello.

-¡Cachorro bocón!.- Le dio un codazo en las costillas mientras se alejaba de donde estaba Aioria. –Te quiero en el templo para la cena de momento puedes hacer lo que te venga en gana.-

-Jajaja aunque no me lo digas sabes que haré lo que me venga en gana.- Marin se acercó a Aioria y le tendió una toalla húmeda para que se quitara el polvo y el sudor del rostro.

-Falta cada vez menos Aioria, ¿No estás nervioso?.-

-No que va, se que lo conseguiré, mi hermano se ha esforzado mucho para entrenarme y es lo menos que puedo hacer para pagarle, conseguir esa armadura.-

-En hora buena, todo saldrá bien entonces, puesto que a partir de mañana ya no podré verte ¿Por qué nos vemos esta noche? Te prepararé una cena especial.- Aioria había notado algo diferente en Marin parecía tensa, nerviosa con sus presencia aún así decidió aceptar y averiguar que era lo que sucedía con ella.

-Jajaja me parece bien, esta noche, a la misma hora, ahora me voy a descansar y a darme un baño, te veré esta noche chica de cabello rojo.- Le revolvió un poco el cabello y se alejó rumbo al Santuario.

Cristal se había marchado antes de que lo pudiesen ver, perdiéndose entre la gente, apresuradamente.

¿Qué te pasa Cristal? ¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué no puedes dejar de pensar en él? ¿Acaso…?

Seguía caminando con prisa sin un rumbo, llegó hasta el pueblo torturado por sus propios pensamientos, una parte de él deseaba aceptar a Aioria y la otra parte estaba renuente a tenerle cerca, la atracción por él era muy fuerte pero también tenía miedo pues nunca había experimentado antes algo así. Llegó a una plaza pequeña tan vacía que se antojaba sentarse a pensar, se acercó a la orilla de la fuente tomó asiento, metió los dedos en el interior y empezó a crear escarcha de hielo que flotaba sobre el agua, hundiéndose en ella, recordaba las palabras de Camus y más confuso se sentía.

-Te he visto mirar al pupilo de Aioros a escondidas, ¿Te gusta? Es muy guapo, cuando yo lo vi por primera vez también me gustó.

-No, no me gusta solo me da curiosidad.-

-Entonces ¿Por qué pareces tan pensativo últimamente?.-

-….-

-Si te gusta deberías hablar con él, en realidad no es malo, tiene buen corazón y es un chico muy divertido, claro que tendrás que dominarlo para evitar que ande de cama en cama como acostumbra… a veces me recuerda a Milo, los dos se parecen en eso, eran compañeros de juerga.-

-Me iré en dos semanas…-

-Razón de más para decirle la verdad.-

-¿Cómo hiciste para mantener a Milo a tú lado?.-

-Eso… lo tendrás que averiguar en la intimidad jajaja.-

-¡Camus!.-

Tenía los ojos azules llenos de dudas y no sabía que hacer ni que pensar, mucho menos que decir, unas manos le cubrieron los ojos, subió la mano para tocar aquellas que le cegaban.

-¿Quién es?.-

-Un admirador…-

-¡Aioria!.- Las manos que le cubrían los ojos le dejaron libre y volteo a verle con una pequeña sonrisa.

-¿Qué haces tan solo fuera del Santuario?.-

-Eso mismo debería preguntarte a ti.-

-Tuve antojo de duraznos y vine al pueblo a comprar algunos.- Le mostró la bolsa con los duraznos, sacó uno y se lo dio.

-Deberías descansar, dentro de muy poco harás la prueba final para ganar la armadura dorada.- Limpio entre sus manos el hermoso durazno y dio una pequeña mordida.

-Te pareces a mi hermano, si ya lo sé, pero si me quedo echado todo el día me muero de aburricion. En Japón los duraznos simulan el peinado de las geishas, dicen que es algo erótico por que hacen alusión a la virginidad femenina.-

Cristal se sonrojo y se quedó mirando el durazno que tenía entre los dedos.

-Jajaja vamos no es para tanto.-

-¿Tienes algo que hacer por la noche? Ya que siempre te escapas pensé que tal vez podrías mostrarme a dónde vas por las noches.- No pudo evitar sonrojarse ante la propuesta que le hizo a Aioria.

-Lo siento Cristal, ya he hecho planes con Marin,pero cualquier otra noche te mostraré lo que quieras.- Los ojos verdes de Aioria brillaban con intensidad mientras miraba a Cristal que puso una mirada triste y fingió que no le importaba.

-Ah… entiendo, déjalo así entonces.-

-¿Qué pasa, por que estás molesto?.-

-No estoy molesto.- Se puso de pie y echó a andar.

-¡Ey espérame! ¿Vas al Santuario? Te acompaño yo voy para allá.-

-No, no voy al Santuario, voy a otro lado.-

El león se quedó sin palabras mientras el caballero de los ojos azules se alejaba de él.

-Genial, todos parecen andar sensibles últimamente.- Se llevo un durazno a los labios y continuo caminando y pateando pequeñas rocas que encontraba a su paso.

-¿En que piensas Camus?.- Pregunto el escorpión celeste mientras abrazaba a Camus por la cintura, estaban en la cama de Milo completamente desnudos, cansados de hacerse el amor.

-En Cristal, pienso que se ha enamorado de Aioria y me preocupa.-

-Jajaja ¿De Aioria? Vaya el león si que la ha hecho buena ¿Y por que te preocupa?.-

-No sé, no quiero que salga lastimado, tú perfectamente bien sabes como es Aioria y no me gustaría que jugara con Cristal, él es muy sensible y nunca había experimentado algo así por alguien.-

-No creo que Aioria juegue con él pero si quieres puedo hablar con el león.-

-No es buena idea, son cosas de ellos dos, solo espero que Cristal no se meta en líos.-