VI. LA PERDIDA DE LA INOCENCIA

Después de la larga ducha reconfortante salió apresurado por Aioros que aporreaba la puerta hacía un rato.

-¡Aioria por Atena! ¡Date prisa quiero usar el baño!.-

-¡Ya voy demonios!.- Finalmente abrió y Aioros lo empujó para poder entrar azotando la puerta tras de sí. Se vistió y se encerró en la habitación para luego escaparse apenas Aioros se descuidó. Media hora después de que Aioria se había ido Aioros fue a su habitación para llamarle a cenar.

-¿Aioria? Ya está la cena… ¿Aioria?…- Abrió la puerta de la habitación del león y la encontró desierta. –Maldito Aioria se volvió a marchar.-

La noche estaba bastante despejada, mientras caminaba por los rincones oscuros del santuario miraba las estrellas y se dirigía a la zona de las kòres, despacio, respirando el aire del mediterráneo, llenándose los pulmones de ese aire de Atenas. Al pasar por el camino que llevaba a la cabaña donde vivía Cristal se preguntó que estaría haciendo. Se detuvo un momento en la encrucijada, tuvo ganas de ir ahí pero se detuvo, con la sonrisa a flor de piel cambio de dirección para llegar con Marin.

Una vez más a escondidas en la oscuridad de la noche se deslizó con cuidado por el área donde están las kòres, pero curiosamente esa noche había más movimiento, estuvo a punto de ser descubierto en dos ocasiones. Llegó hasta la morada de Marin y se adentró de inmediato, cerrando la puerta tras el con cuidado, se recargó contra la pared y suspiró aliviado.

-Estuvieron a punto de pescarme, había mucha gente fuera, es raro ¿No crees?.-

Marin se encontraba sirviendo en la mesa la cena, todo estaba listo para los dos.

-Que raro, no sé por que, tal vez Shaina esté de nuevo con su paranoia de que hay hombres infiltrados en este lugar, salvo tú no sé de nadie más que se aventure hasta aquí.-

-Ummm huele muy bien, con el hambre que tengo.-

Escucharon ruidos afuera y se quedaron en silencio, Marin jaló a Aioria hasta donde ella estaba hasta que las voces de alejaron, estaba tan cerca de él que sentía cada parte del musculoso cuerpo del león cerca de ella, se estremeció por la simple idea de tenerlo tan cerca. Estaban en silencio, si bien ella sentía la cercanía de Aioria, él también podía sentir el cuerpo de ella, ninguno de los dos se movía ni decía nada. La máscara comenzaba a darle calor de verdad, levantó la mano y se la sacó, sin pensárselo ni un minuto más se pegó completamente a él, con una mano acarició el rostro varonil y le hizo agacharse tomándolo por la nuca, hasta que lo tuvo a la altura sello sus labios con un beso desesperado, cansada de aguantarse y cansada de negarse aquello se entregó al acto, Aioria sorprendido no tuvo más remedio que corresponderle, la abrazó por la cintura, ella dejó caer la máscara al piso, al caer dio varias vueltas antes de detenerse contra la pata de la mesa. Marin comenzó a empujar casi por inercia a Aioria hacía la cama, hasta que lo hizo caer en el colchón con ella encima, la inercia de la pasión tanto tiempo reprimida.

-Marin… ¿Qué estás haciendo?.-

-No me vas a decir ahora que solo haz estado con hombres.-

-No es eso… es que…-

-Aioria, ¿Sabes cual es la condición de aquellos caballeros femeninos que han descubierto su rostro ante un hombre?.-

-No, pero sé que es una deshonra para ustedes.-

-Si, y no solo eso, a partir del momento en que esto sucede es deber de nosotras decidir si matamos a ese hombre o si nos convertimos en su amante.-

Aioria se quedo sorprendido ante lo que le había dicho, ahora entendía por que había cambiado tanto con él desde que le había mostrado su rostro, ahora entendía por que se encelaba tanto de Cristal.

-Así es Aioria y yo he decidido no matarte… sabes lo que quiero decir… he decidido entregarme a ti, te entregaré lo que tan celosamente guarde hasta ahora.-

-Pero no…- Lo hizo callar con un beso mientras sus manos acariciaban el cuerpo debajo de ella, el deseo crecía cada vez más hasta ser casi insoportable.

-¡MARIN! ¡ABRE LA PUERTA! ¡SE QUE ESTÁS CON ALGUIEN!.- La voz de otra kòre del otro lado de la puerta tocando con violencia.

-¡Maldita sea! Es Shaina, será mejor que te vayas de inmediato.- Se levanto de un salto de encima de Aioria, se colocó la máscara a toda velocidad y quitó el plato extra de la mesa justo a tiempo antes de que Shaina abriera de golpe la puerta, Aioria salía en ese momento por una de las ventanas mientras echaba a andar para salir de ahí.

-¿Con quien estabas Marin?.- Mientras se acercaba a ella como un gato.

-No estaba con nadie estás paranoica.-

-Sabes que si descubro que estabas con alguien te meterás en problemas, además si se ha escondido lo encontrarán los guardias.-

En ese momento escucharon a los guardias correr tras alguien.

-¡Allá va! ¡Atrápenlo!.-

Aioria… espero que estés bien Pensó para sus adentros.

Dado que Aioria estaba por ser un caballero dorado no le costó trabajo librarse de los primeros guardias pero pronto surgieron más y no le quedó más que correr, si alguien lo reconocía estaría en serios problemas junto con Marin, aún cuando los dejó atrás uno de ellos lo había herido cuando una lanza lo alcanzó a cortar en el brazo izquierdo. Llego hasta el camino que llevaba al Santuario pero no siguió por ahí pues seguro habría guardias con todo el alboroto que se hizo así que se dirigió a la cabaña de Cristal.

Estaba mirándose en el espejo después de salir de la regadera, aún algo empañada miraba su imagen y pensaba que diablos haría con aquello que sentía por el aspirante de Leo, levantó una mano y la dejó resbalar por el empañado espejo.

-Te estas haciendo falsas esperanzas Cristal…- Unos pasos afuera le hicieron mirar por la ventana del baño, no vio a nadie pero estaba seguro de haber escuchado algo, n quiso quedarse con la duda y salió del baño, se echó encima una ligera bata de seda y salió de la cabaña preparado para atacar a cualquier intruso, el viento estaba soplando fuerte.

-¿Hola? ¿Quién está ahí?.-

De nuevo ruidos, esta vez en la parte posterior de la cabaña, rodeó hasta llegar atrás pero seguía sin ver nada de pronto alguien le rodeo la cintura con un brazo levantándolo del piso y cuando estaba por decir algo otra mano le cubrió la boca, la otra persona lo llevó tras un árbol y se quedó ahí escondido tomándolo con fuerza a pesar de que el pateaba y trataba de librarse, sentía el cuerpo de un hombre pegado al suyo y luego como pegaba los labios a su oído para hablarle en un susurro.

-Soy yo Aioria… por favor no grites.-

Dejó de moverse y se quedó quieto aún algo asustado, Aioria quitó la mano de su boca.

-¿Qué rayos haces aquí en medio de la noche…?.-

-Shhhh…-

En ese momento escucharon a los guardias acercarse hasta la cabaña y tocar la puerta.

-¡Búsquenlo! No debe andar lejos de aquí.-

Algunos guardias se precipitaron a la parte de atrás donde ellos estaban pero los arboles les ocultaban y en especial el grueso árbol donde estaban ocultos sin moverse casi sin respirar, dos guardias pasaron muy cerca pero no les vieron.

-No está aquí, tal vez se ha ido al Santuario o ha corrido al descampado.-

-¡Vamonos! Tenemos que dar con él o la señorita Shaina nos hará colgar.-

Se marcharon decepcionados hacia diferentes lados.

Aioria suspiró y recargó la cabeza en el tronco del árbol mientras mantenía a Cristal aún abrazado por la cintura.

-¿Qué demonios ha sido todo eso? ¿Por qué te estaban cazando?.-

-Tuve que salir huyendo de la zona de las kòres y los guardias me comenzaron a perseguir.-

-¿Estabas con Marin?.-

-Si, pero otra chica ha ido a la cabaña y casi nos encuentra ahí.-

-¿Haciendo que?.- Preguntó evidentemente molesto.

-Nada, no estabamos haciendo nada, ¿Por qué te molestas?.-

Por que sí…- Contestó con violencia tratándose de zafar del abrazo de Aioria pero éste le tenía bien sujeto y no lo dejo salir.

-Tú no te vas a escapar.-

-¡Suéltame Aioria! Ya se fueron los guardias ya te puedes ir.-

-No te voy a dejar ir hasta que no me digas por que te pones así siempre que hablo de Marin o de alguien más, además no puedo regresar ahorita al Santuario.-

Cristal siguió luchando inútilmente para librarse de los brazos del león pero no lo conseguía y finalmente ¿Qué le podía decir? ¿Qué estaba loco por él? ¿Qué sentía celos cada vez que miraba a alguien más?. Sorpresivamente Aioria comenzó a besarle delicadamente en la nuca, al sentir el contacto de sus labios en su piel Cristal se quedó completamente desarmado, seguía tratando de soltarse pero cada vez con menos fuerza, aquellos labios lo estaban dejando sin posibilidades de escape.

-No… Aioria, detente… por favor…-

-No hasta que me digas por que te enojas tanto conmigo.-

Dejó de apretarle aflojando el abrazo y Cristal se recargó completamente contra él ya sin pelear, entonces el león se aventuró a subir la otra mano acariciándole hasta llegar a su cuello y acariciarlo, la barbilla, los labios delicados entre abiertos.

-Aioria… por favor…-

Buscó la piel del grácil cuello, besó diestramente lamiendo un poco.

-Dilo…-

-No…-

-Si, dilo…-

-Aioria…-

-Dilo Cristal.-

-Aioria… tú… me gustas.- El rostro se le cubrió de un rubor violento al escuchar lo que había salido de sus labios, causado por la excitación tan nueva que sentía y por la forma en que se lo había dicho finalmente. La mano de Aioria tomó su barbilla y le hizo ladear la cabeza para mirarlo.

-Tu también me gustas Cristal… mucho… te he tomado cariño en este tiempo.- Acercó su rostro al de Cristal y acaricio sus labios con los suyos, era delicioso, aquellos labios prácticamente vírgenes como el resto del cuerpo, los ojos azul profundo que brillaban cristalinos en la oscuridad cerro los ojos y beso con más intensidad sus labios el viento comenzó a soplar más fuerte como para llevarse sus dudas, la bata comenzó a volar con el viento abriéndose ligeramente, mientras separaba despacio los labios de Cristal y acariciaba su lengua introdujo una mano en la abertura de la bata para tocar el abdomen, el vientre completamente liso, por debajo del ombligo, el caballero de plata dejo escapar un gemido y detuvo la mano de Aioria con la suya.

-No… aquí no…-

Se separó de sus labios y de su abrazo, se quedó de frente mirándolo aún sin creerlo, acarició su rostro y le dio un beso cálido en los labios, tomó su mano y lo llevó a la cabaña.

Tal vez sea un error entregarme a él, pero será un error digno de recordar y un error que volvería a cometer.

Aioria cerro la puerta tras él y levantó a Cristal en sus brazos hasta llevarlo a la cama donde lo dejo con cuidado acostado, se tendió sobre él mientras miraba su rostro y lo dibujaba con el dedo índice.

-¿Te marcharás después de esto?.-

-¿Tu quieres que me marche?.-

-No… quiero que te quedes… conmigo…-

-Me quedaré entonces.-

-Siempre… quédate…-

Beso su frente, los párpados, las mejillas, y finalmente sus labios hermosos y a pesar de todo Cristal le besaba con una pasión desbordante, natural, muy de él, se escapo de debajo suyo, se sentó en la cama, frente a frente le sacó la ropa, prenda por prenda, acariciando su piel dorada, el cuerpo musculoso de una tersura inimaginable, Aioria se dejaba desvestir estremeciéndose al sentir sus manos sobre él.

-Tienes lastimado el brazo…- Se puso de pie y fue al baño, regresó con una toalla húmeda y limpio la herida de su brazo izquierdo.

-No es gran cosa…- Tomo la mano que le estaba limpiando la herida y la llevó a sus labios, soltó la toalla y continuo hasta quitar las botas de entrenamiento, Aioria estaba completamente desnudo delante de Cristal y por un breve instante sintió un poco de miedo, tal vez por que era la primera vez que estaba delante de alguien que realmente le interesaba, completamente desnudo. Un beso más intenso entre los dos mientras se fundían en un abrazo y esta vez fue Aioria quien desprendió la seda que cubría a Cristal. Así abrazado como lo tenía lo fue acostando poco a poco sobre la cama, lo contemplo desnudo y le sonrió.

-Eres hermoso… demasiado hermoso como para lastimarte…-

-Se que duele, pero yo quiero que lo hagas… quiero que tú seas el primero, el único, no tengas miedo…-

Besó sus labios y continuo besando y acariciando toda la extensión de la piel de aquel caballero de plata, resultaba excitante explorarse por primera vez pero resultaba aún más excitante por que era algo que no estaba manchado por la lascivia que normalmente imprimía Aioria a sus parejas. Llegó hasta el templo intacto de Cristal, separo tiernamente sus muslos y dedico especial cuidado en atender aquella zona que mancillaría posteriormente, lamiendo lentamente por fuera primero y luego por dentro, Cristal arqueo la espalda al sentir la calidez y la humedad en su interior, para luego gemir al contacto de los labios de Aioria con su miembro, fue bajando con los labios desde el frenillo hasta la empuñadura para luego volver a subir, las manos de Cristal acariciaban su cabello, jugando con él, se sorprendió de lo fino y suave que era, tras algunos minutos los gemidos de Cristal finalmente cesaron cuando terminó en el interior de la boca de Aioria, tenía ambas manos aferradas a las cobijas. El griego se reincorporó para besar sus labios, colocándose entre sus piernas, aún llevaba en los labios el sabor a semen, acarició su rostro.

-Estaré bien…- Le dijo bajito Cristal.

Levantó una pierna y la colocó en su cintura mientras buscaba la pequeña entrada de aquel templo sin profanar, una vez que la hubo encontrado separo las manos de Cristal de las cobijas y se hizo abrazar por él, empujo poco a poco, milímetro a milímetro, Cristal se retorcía debajo de él por el dolor de la unión, trató de apaciguar el dolor besando los labios del león, finalmente le estocó hasta la empuñadura, estaban completamente unidos, se quedó quieto sobre él para no lastimarle aún más, la entrada era muy pequeña y sabía que debía de estar doliendo mucho.

-Estoy bien… sigue… -

-No quiero lastimarte.-

-Sabía que sería así, vamos, sigue.-

Lentamente se movía, entraba y salía unos pocos centímetros hasta que finalmente empezó a ceder y pudo moverse con mayor libertad. Cristal completamente abrazado a él pudo sentir por primera vez otros placeres que no eran los de su propia mano tocándose, sonreía en medio de aquel acto entre aquellos besos apasionados que se dedicaban dolió al principio pero poco a poco el dolor pasó para ser sustituido por un placer indescriptible. Ambos gemían, besaban, acariciaban, mordían, aferrados el uno del otro hasta que un gemido más largo de Aioria puso punto final cuando explotó en el interior de Cristal.

-Es… muy cálido.-

-Eres adorable…-