VII. LA DECISIÓN FINAL

Despertaron ya entrada la mañana pues la noche anterior habían estado amándose una y otra vez, Cristal resulto ser un amante insaciable dispuesto a cuanto quisiese Aioria, a pesar de haber sido la primera noche no había dado muestras de un dolor que sin duda le había lacerado, al contrario parecía desear más y más, habían caído finalmente rendidos de cansancio, abrazados, cubiertos de sudor, se habían quedado dormidos entre gemidos, susurros y palabras cariñosas. El primero en abrir los ojos fue Cristal, estaba tumbado boca abajo, cubierto por el cuerpo de Aioria, bostezó un poco y se movió, pero parecía que eso al león no le importaba pues dormía plácidamente.

-¿Aioria? Aioria despierta…-

-Buenos días… ¿Peso mucho?…- Abrió los ojos y abrazó a Cristal así como estaban, dio un beso en su hombro y se movió a un lado del caballero de plata.

-No, no pesas pero me era algo incómodo moverme así.- Le miro… pero algo en aquellos ojos había cambiado, ya no miraba frío y distante, miraba cómplice de lo que había sucedido y con un cariño apenas descubierto.

-Lo siento… ¿Amaneciste adolorado?.-

-Un poquito…- Le sonrió tímidamente mientras se abrazaba de nuevo a él.

-Es normal, lo que no es normal es que quisieras que…- No le dejó continuar por que le cubrió los labios con un dedo. –Tengo sed…-

-Siempre terminas con el encanto…- Reprochó Cristal

-Jajaja lo siento… ¿Qué hora es?.-

-Debe pasar de medio día.-

-¡Medio día! Vaya hemos dormido mucho.- Se separó de él y se sentó en la cama tratándose de alisar el revuelto cabello, tras un breve bostezó se puso de píe completamente desnudo para dirigirse a la cocina. Cristal observó el hermoso cuerpo de Aioria, musculoso, piel dorada, se ruborizó al darse cuenta que ya le deseaba de nuevo, lo escuchó servirse un vaso con agua y vaciarlo para volver a llenarlo.

-¿Quieres agua?.- Le dijo desde la cocina.

-Si, gracias.-

Llevó la jarra de agua con los vasos hasta la cama, de nuevo la mirada de Cristal volvió a posarse en el cuerpo desnudo del león, el cuerpo que había imaginado alguna vez pero que era mucho mejor de lo que penso una vez que le vio desnudo en todo su esplendor.

-Toma…- Le alargó el vaso y lo bebió completo. –Jajaja deja de mirarme así.- Sonrió ampliamente cuando se percató de la sábana que se levantó ligeramente en la entrepierna de Cristal, se sentó en la cama a su lado y se inclinó para besarlo, trató de retirar la sábana que lo cubría pero Cristal se negó sujetándola con fuerza.

-Vamos ¿Qué sucede?.-

-No quiero que veas.-

-Ya te vi anoche…-

-No es eso…-

-Anda no es para tanto…- Tiró de la sábana hasta quitarla y observar su cuerpo desnudo, se fijó en las pequeñas gotas de sangre seca en la sábana blanca. –Lo siento, no quería lastimarte…- Le dijo apenado.

-No me lastimaste, además yo deseaba que fuera así, lo único que me duele son estas marcas.- Le señalo en ambos muslos unos cardenales del tamaño de una moneda, uno en cada muslo, en la parte interna.

-Es normal, son los moretones que te hicieron mi cadera, como nunca antes habías estado con alguien por eso…- Por un momento llegaron a su mente como arrojadas cruelmente muchas imágenes de sus anteriores conquistas, muchos lugares, muchas camas… y por alguna extraña razón pensó en Marin, la conciencia lo traicionó, debía hablar con ella, merecía una explicación.

-Aioria… es tarde, tu hermano debe estar buscándote como loco…-

De inmediato se percató que tenía razón, que no había llegado a dormir, cosa que nunca había hecho, en todo su historial de correrías jamás había faltado ni una noche a dormir a su cama, era cierto que llegaba a veces bien entrada la madrugada pero siempre llegaba, seguro Aioros lo colgaría.

-No importa, vale la pena cualquier reprimenda, hasta los azotes recibiría de buen grado, lo que sea.-

-Pero yo no quiero que te azoten.-

-Ya vale, voy a vestirme y me marcho ¿Te veré esta noche?.-

-No lo creo, tú debes descansar para mañana que hagas la prueba para ganar tu armadura, una vez que lo consigas te veré siempre que quieras.- Aunque sabía perfectamente que mentía pues en dos semanas más se tendría que marchar.

-Bien bien, no voy a discutir contigo.- Se apresuró a darse una ducha mientras Cristal ponía un poco de café en la cocina, cuando termino fue al baño donde Aioria aún se secaba, s ele quedó mirando desde la puerta, el cuerpo del griego robaba su atención completamente pues era hermoso, cada milímetro.

-Eres hermoso Aioria…-

Aioria levantó la vista sonriente aún con el cabello húmedo y pegado a la frente, lo abrazó por la cintura y besó sus labios.

-No sigas… ya no querré que te vayas…-

-Pídeme que me quede y lo haré.-

-No, tienes que irte a descansar, si te quedas no vas a descansar te lo aseguro.-

Bebió en el comedor una taza de café y una rebanada de pan tostado antes de marcharse, se puso de pie mientras Cristal lo seguía al menos para acompañarle a la puerta. El león le dio un pequeño beso.

-Te veré en un par de días…-

-Te estaré esperando.-

Bajó el sinuoso camino hasta llegar de nueva cuenta a los doce templos, para cuando lo hizo era ya temprano por la tarde, camino con lentitud y con una sonrisa en los labios, ni cuenta se había dado que ya estaba en la puerta del templo de Sagitario, entro tratando de no hacer ruido pero Aioros estaba ahí en el patio principal, desde luego había sentido cuando se acercaba su hermano.

-¿Dónde carajo andabas?.- Lanzó furioso, los ojos verdes coléricos, inquisitivos, los puños cerrados a sus costados.

-Bueno Aioros, es que yo…-

-¡Claro! Que pregunta estúpida ¿No? A juzgar por las marcas en tu cuello seguro estabas revolcándote con alguna puta… o alguno. Toda la noche esperándote y toda la mañana, esperaba si quiera que tuvieras el decoro de llegar a tu entrenamiento pero ni eso.-

-¡No estaba con ninguna puta!.- Aquellas palabras le habían ofendido infinitamente.

Aioros no pudo contenerse más y le cruzó el rostro con una bofetada tan fuerte que Aioria dio un par de pasos hacia atrás, se llevo la mano a la mejilla que se empezaba a poner escarlata, era la segunda vez en toda su vida que le daba una bofetada.

-No tienes respeto Aioria, ni por ti, ni por mí ni por nadie, de nada te vale ser tan buen caballero si todo lo tomas a la ligera, mañana harás la prueba, estés listo o no, ahora márchate a tu habitación, no te quiero ver.-

Ya no dijo nada más, aquellas palabras tan duras de verdad le habían dolido, en especial por que venían de su hermano, echó a andar abatido y se encerró en su habitación el resto de la tarde, se quedó dormido hasta que unos ligeros golpes en la ventana le hicieron despertar.

-¿Marin?.- Se apresuró a la ventana y la abrió para dejarla pasar. -¿Qué haces aquí?.- Hablando casi en susurros.

-Bueno siempre eres tú el que se fuga para verme así que esta vez me tocaba a mí, a demás estaba preocupada por ti, no supe que sucedió anoche y esta mañana no llegaste, tu hermano estaba furioso.-

-Si lo sé, me ha puesto una regañada…-

-¿Dónde te metiste?.- Se acercó a él sacándose la máscara y dejándola sobre la cama, lo abrazó por la cintura escondiendo el rostro en su musculoso pecho. –Pensé que algo grave te había pasado.-

-Marin, no tenías por que hacer esto, no me paso nada, ¿Ya lo ves?… Tengo que hablar contigo de lo que sucedió…-

-Si yo también quiero hablar contigo… te dije la verdad Aioria… no voy a echarme para atrás en lo que te dije.-

-Algo más paso anoche…-

-¿Qué quieres decir?.- Pregunto esta vez mirándole a los ojos, llena de preocupación, sin querer se fijo en su cuello, llevaba las pruebas de que había pasado la noche con alguien más. –Estuviste con alguien más ¿Verdad?… si lo dices por esto…- Le señalo el cuello. –Lo entiendo…-

-Marin, no es tan fácil, si, si estuve con alguien más… estuve con Cristal.- Declaró finalmente mordiéndose un labio y bajando la vista.

-¿Qué? ¿Estuviste con ese tipo? Bueno pero no significa nada, solo ha sido cosa de una noche ¿No es así?- Aioria no le contestó guardo un silencio nervioso. -¿Aioria, no es así?.- Le levantó el rostro con una mano buscando sus ojos verdes.

-Lo siento Marin, yo no puedo tomarte, somos amigos tal vez en otro tiempo lo hubiese hecho, pero no ahora, consérvate para la persona que ames realmente.-

-Yo… te amo a ti.-

-Marin…- Los ojos de ella empezaban a nublarse las lágrimas luchaban por no escapar de sus ojos azules.

-¿Lo quieres?.-

-Si…-

-¿Lo amas?.-

-No lo sé… tal vez sí.-

-A mi no me importaría compartirte con él.-

-No Marin, no es justo, ni para ti ni para él… no puedo.-

-¿Esa es tú decisión final?.-

-Si…-

-Muy bien, entonces la respetaré, ¿Sabes? Siempre me gustaste, pero creo que muy tarde me decidí a decírtelo, ojalá seas feliz con él… yo te estaré esperando, siempre…- Lo soltó y le dio un ligero beso en los labios, ahora las lágrimas corrían libres por su rostro, dio la vuelta, tomó la máscara y se la puso, se acercó de nuevo a la ventana para salir.

-Marin espera…-

-No Aioria… hasta luego, suerte.-

-Gracias Marin.- Y la vio marcharse con gran pesar en su corazón, era tentador tenerla a ella también pero no quería mentir más, ya no quería seguir jugando con las personas.

Se acostó de nuevo con los brazos tras la cabeza pensando en si había tomado la decisión correcta hasta que se quedó dormido.

-Aioria, levántate ya es hora…- Aioros entró a la habitación de su hermano esperando encontrarlo dormido como siempre pero no fue así, ya estaba de pie con el uniforme puesto.

-Me sorprendes, creí que tendría que patear tu cama como siempre.-

-Jajaja no, esta vez te equivocaste.-

-Aioria… lamento lo de ayer pero…-

-Ya lo sé, me lo merecía, y no te preocupes verás que lo conseguiré, es lo menos que puedo hacer para pagarte tantos años de entrenamiento.-

-Cachorro…-

El coliseo estaba lleno, de curiosos y de la propia gente del Santuario y entre la multitud lo reconoció a él… al caballero de los hielos, sentado junto a Camus y el resto de caballeros dorados y curiosamente también estaba ahí Shion el antiguo caballero de Aries y ahora patriarca, se había apresurado en su viaje pues sabía que pronto el último de los caballeros dorados tomaría la armadura de Leo. Para aquella prueba Aioria tendría que derrotar a Aioros su maestro, era una especie de ley en el Santuario, todo pupilo que desease subir de rango debía derrotar a su propio maestro en combate, ambos estaban en la arena esperando la indicación.

-Ahí está Shura…-

-Si ya lo ví… no trates de distraerme para que te sea más fácil ganar.-

-Jajaja no, no lo hago por eso.-

El propio Shion fue quien dio la indicación de que la pelea por la armadura dorada de Leo daba inicio y tras una reverencia de ambos hermanos dio comienzo.

Golpe tras golpe Aioria fue derribado muchas veces pues no conseguía ver los golpes de Aioros y no fue hasta que elevó sus cosmoenergía al máximo cuando pudo darse cuenta de la trayectoria de sus golpes, maltrecho y sangrante lanzó sus mejores golpes aún sin conseguir mucho.

-¡RAYO DE VOLTAJE!.-

-Necesitas más que eso para derrotarme cachorro ¡SAGITARIUS GOLDEN ARROW!.-

Aioria pudo ver a través de su golpe y a tiempo lo esquivó moviéndose a contra corriente hasta poder quedar cerca de él, su cosmo comenzó a crecer más y más hasta volverse tan luminoso que casi cegaba, el cabello volaba con su propio impulso y las piedercillas sueltas en el piso se destruían, la pontente luz en su mano creció hasta convertirse en una bola de energía.

-¡RAYO DE PLASMA!.- La esfera de energía salió disparada a una velocidad vertiginosa y esta vez el que no pudo ver a través del golpe fue Aioros, trató de retenerla entre sus manos desnudas pero era demasiado impulso e incluso le quemaba la piel, acabo impactandose en el muro muchos metros lejos de Aioria, finalmente lo había derrotado, había derribado a un caballero dorado de igual poder. Escuchó los aplausos de los curiosos y vagamente escucho también a Shion que lo declaraba como el caballero dorado de Leo. Buscó los ojos azules, azul profundo, ahí seguía, viéndole, sonriendo… fue lo último que vio antes de caer al piso inconsciente por el esfuerzo y los golpes recibidos.

El cuerpo aún le pesaba no quería ni abrir los párpados, se movió en la mullida cama, no reconocía aquel lugar, una habitación grande y lujosa.

-Hola flojo…-

-¿Aioros? Hola… ¿He dormido mucho?.-

-Desde ayer que te trajimos inconsciente.-

-¡Wow! ¿Desde ayer?.-

-Si, ¿No adivinas donde estamos?.-

-No, ¿En tu habitación?.-

-Claro que no cachorro, mira ahí.- Le indicó un rincón de la habitación donde estaba la armadura dorada de Leo.

-El templo de Leo…-

-Así es, tu nueva casa y espero que le des un uso digno.-

-Jajaja si, lo haré.-

-Todos han venido a preguntar como estabas en especial aquel chico, el caballero de plata, será mejor que lo vayas a ver antes de que se muera de la angustia jajaja.-

-¡Aioros!.- Le lanzó un cojín que fue a parar directamente en su rostro.

-Ya vale, no te pongas así, procura no demorar mucho que los demás han preparado una cena para ti.- Se acercó de nuevo a él y le dijo bajito en el oído. –Y procura no agotarte mucho con él…-

-¡AIOROS!.-