Edward
-¡Pero ni si quiera lo conozco! – me cayó como un balde de ladrillos.
Era imposible, seguramente había un error, esta hermosa niña de 17 años, no podía ser la mujer con la que estuve. Trate de disimular, esta aturdido.
-¿Cuándo…sucedió esto? – no me correspondía preguntar algo personal, pero debía asegurarme que no era ella.
Ella me miro, sin entender mi reacción, frunció el ceño y jugó con su cabello.
-El sábado, en una salida de amigas – sabía que no necesitaba más pista, no podía ser, era ella.
No, era un abusador, le llevaba casi 9 años ¡voy a ir preso! Tome una bocanada de aire, para no perder el control. Estaba muy nervioso.
¡Yo le había sacado su virginidad! ¡¿En qué demonios estaba pensando?
-Cuando tengas los resultados tráelos – mi mente estaba en blanco. No asimilaba haber sacado la perfección de hermosa niña.
-Gracias, hasta pronto – se marcho.
Lo peor aun no pasaba. Aun no estaba seguro si ella estaría embaraza. Todos los recuerdos vinieron a mi cabeza, de la nada. Esa inolvidable noche de placer.
Algo dentro de mí, se retorcijaba de placer, por haber sido el primero en su vida. Nunca desvirgine a una mujer ¿pero en que estoy pensando?
No pude concentrarme en mi trabajo, me el día libre, no me sentía capaz de atender las consultas. Recibí la llamada de Rosalie, diciendo que me esperaría en casa. ¿Cómo iba a mirarla?
-¿Por qué saliste temprano cariño? – se acerco apenas abrí la puerta, colgándome de su cuello, dándome un beso, pero no deje a su lengua entrar.
-Vine, porque estoy muy cansado – dije apartándola a un lado. Sacando mi chaqueta.
-Deseaba estar contigo – sabia donde quería llegar.
-Rosalie, estoy cansado, por eso vine a casa a dormir un poco – su cara cambio totalmente.
-Está bien, volveré más tarde – dijo recogiendo sus cosas y azotando la puerta.
En unos meses más, ya tendría que cambiarla por otra puerta que resista.
A veces me sacaba de mis cabales. No le di importancia. Me recosté en mi cama, intentando dejar de pensar en Isabella, y dormir. Pero no lo conseguí.
Bella
Llame a Alice, para darle la terrible noticia, me aconsejo que me diera un tiempo con Jake, pero ¿dejarlo de la nada? Alice dijo que si las cosas salían mal, iba a ayudarme a deshacer del problema. Aunque la conciencia me torturaría toda la vida, era lo correcto.
Emmet, me asesina. Literalmente. Jake tuvo que dejar que él lo golpeara, para que pudiera salir conmigo. El me llevaba ocho años.
No podía traer a un…bueno eso al mundo, sin si quiera tener una idea de quién era su padre.
Tamoco podia seguir huyendo de jake, debía enferentarlo. Hoy no tenia ninguna escusa.
Me espero a la salida del instituto, como de costumbre.
-Debemos hablar – dijo besando mi cuello.
Sin decir nada, me subi en su moto, y fuimos a su casa.
Al llegar, me sente en uno de los sillones de la sala.
-Vamos a mi cuarto – sabia que cada vez que subíamos, debía rechazarlo para tener sexo.
-Primero debemos hablar – dije hasta que se me ocurriera una escusa. Se sento delante de mi.
-¿Qué paso este fin de semana que no pudiste verme?
-Esto…solo quería pasar más tiempo con las chicas – se que no me creyó.
-¿Qué dijo el Dr.? – lo que menos quería era recordarlo, ese rostro tan perfecto del Dr. Cullen vino a mi mente. Sacudí disimuladamente la cabeza, haciendo que la imagen se fuera.
-Eh…debo esperar los resultados de unos exámenes, que estarán en 20 días aproximadamente.
-¿tanta vuelta para tener sexo?
-Es lo único que te interesa ¿verdad? – me levante, con la escusa perfecta. Su comentario no me molesto, pero era ideal para irme.
-No te enfades – me tomo del brazo.
-Nos vemos Jake, tomare un taxi, no te moleste en acompañarme – me zafe de su brazo.
-Bella…
-No lo hagas. Adiós.
Me dolía hacerle esto a Jake, no se lo merecía.
Camine a casa pensando en lo mal que hice las cosas. Me detuve en el pórtico de un lujoso edificio. La tarde estaba más fría, el viento soplaba un aire frio.
Me envolví en mis brazos, llevando mis rodillas a mi pecho. Por escapara de Jake, olvide que no traje dinero para un taxi.
-Cn permiso – dijo una voz masculina.
Me levante, dándole lugar, y me encontré con esos ojos dorados. El se sorprendió más que yo al verme. Abrió sus ojos como platos.
-Hola Dr. – dije sonriéndole.
-Hola…Eh – se puso nervioso con mi presencia - ¿Qué haces por aquí? – quiso saber.
-Solo me detuve a descansar, iba caminando a casa – un plan maquiavélico vino a mi mente.
-Vas a pescar un resfriado – se saco su abrigo y me lo entrego.
-¿Usted?
-Vivo aquí – sabía que no debía, pero no me aguataba.
-¿Cree que puedo utilizar su baño?
-esto…Claro – sonrió.
El edificio era más hermoso por dentro. Subimos al ascensor, el se encontraba en el 12 piso.
Se lleno de gente en el 4 piso, quedando muy pegada a el. Lo mire de reojo y note un lindo color rosado en sus mejillas.
Al llegar, abrió la puerta invitándome primero a pasar. Su apartamento era enorme.
-Al fondo a la derecha, se encuentra el baño – dijo señalando con su mano izquierda.
-Gracias.
Me saque su abrigo, aquí no hacía falta usarlo. Era muy hermoso, no podía negarlo. Claro, que jamás se fijaría en mi. ¿En qué pensaba ¡? No, no Jake, Jake.
Cuando Salí, el estaba en la sala sentado, esperándome. Al percatarse de mi presencia, se levanto y tomo el vaso de agua de la mesa. Pero en un torpe movimiento, me trómpese con su pequeña mesa, y ambos nos mojamos.
-Lo siento, lo siento – repetí, el solo se rio y yo me sonroje.
-Traeré toallas – me mire y él se sonrojo, mi camisa blanca se volvió trasparente, haciendo que mis pechos se marcaran. ¡Qué vergüenza!
Volvió con una toalla, y se cambio su playera.
-Ponte esto, pondré tu uniforme en la lavadora, asi no te regañen en casa. Estará en 5 minutos.
-Gracias – sentí la sangre en mis mejillas.
Volví al baño, su camisa me llegaba hasta cerca de las rodillas, era mas larga que mi falda del instituto.
Me quede sentada en la sala esperándolo.
-En unos…minutos…ya estará lista – bajo la mirada para no ocultar su sonrojes.
-Lo lamento, de verdad – me disculpe.
-No te preocupes ¿vives cerca?
-No, como unas 20 calles, creo.
-¿Y te vas caminado? – me miro sorprendido.
-Esto…es que olvide el dinero – le dedique media sonrisa.
-No me pareces que andes solas a estas horas. Si me permites te llevare a casa.
-¡Oh no! Ya te cause muchos problemas – sonreí.
-Descuida. Voy hacer algo de café, hasta que tu uniforme esté listo – era tan tierno y caballero.
A los minutos volvió con dos tazas de café, una en cada mano. Esta vez la agarre con cuidado.
-¿Estas en ultimo año? – pregunto tomando un sorbo de su tasa.
-Si, por suerte. Pero aun no he decidido que seguir.
-Tienes tiempo. Eres una niña – note cierta vacilación y preocupación en su mirada.
-Tal vez vaya al exterior a estudiar. Es una de mis opciones – aun no estaba segura sobre eso.
Ya había oscurecido. El timbre de la lavadora sonó. Volví a ponerme mi uniforme. Bajamos al estacionamiento. Listo paraqué me lleve a casa en su auto.
