Edward
Maldita sea, no podía sacarme de la cabeza. Estaba preocupado por ella. Era peor, seguir negándolo, Bella me atraía, mucho.
Me fui a casa al terminar con mi trabajo.
Cuando llegue a casa quede atónito. Ver a Bella sentada en el sillón de la sala. Se acerco lentamente, tomándome de la corbata y llevándome hasta mi cuarto.
Quede sin moverme, recostado en el medio de mi cama. Intentando asimilar lo que estaba ocurriendo.
-¿Puedes desnudarte? – pregunto con una sonrisa, caminado a gatas hacia mí.
Me aferre con unas a las sabanas. Mientras me desabrochaba el pantalón.
Estaba completamente, inmóvil y erecto. De pronto, su dedo estuvo acariciando la punta de mi miembro, hizo que temblara. Sentí hacer lo mismo con su lengua. No podía hablar. Las palabras no salían de mí.
Llevo mi miembro, a su boca, introduciéndolo todo en su boca. Combinando sus movimientos con su lengua. Sentía que iba a morir.
Se levanto, y se dirigió al sofá, al lado de mi cama. Quedando totalmente desnuda.
Nuestras miradas no se despejaban del uno al otro. En cámara lenta, separa ambas piernas. Dándome un panorama perfecto.
Seductivamente recorrió, con su mano todo su cuerpo, comenzando por sus pechos, terminado en su centro. Sin esperarlo introdujo su dedo en su centro. Soltando un gemido musical. Bella estaba masturbándose para mí.
El celular sonó y salte de un susto, me encontré en la oficina de mi apartamento, dormido entre los papeles.
¿Qué había sido ese sueño? ¿Un sueño mojado?
-hola – conteste sobresaltado, y mojado.
-Me canse de llamarte, Edward ¿Qué pasa contigo?
-Estaba dormido.
-¿Sabes? Búscame cuando te pasa esa estupidez en la que estas – claro que todo esto lo dijo pegando gritos.
No culpaba a Rosalie por reaccionar de esa manera. Me merecía algo peor.
Tome mi cabeza entre mis manos. Frustrado por toda esta situación.
Quería decirle a Bella que era yo el hombre con la que estuvo esa noche.
Ya era hora de irme a trabajar. No había dormido en toda la noche.
Fui al consultorio ansioso por verla. Como nunca entre por la puerta principal.
Estaba ahí sentada, esperando que llegara. Sabía que estaba abusando de mi profesión.
-Vamos, pasa – le dije. Ella traía puesto unos jeans, y un suéter rosado. Sin levantar su mirada me siguió.
Se sentó al frente de mi escritorio. Hoy iba a armarme de valor, y decirle.
-Dr.… - ambos hablamos a la vez.
-Bella…comienza tu.
-Me gustaría que saliéramos a tomar algo – no me esperaba eso. Sus mejillas se sonrojaron.
Dude de proseguir, ella sentía algo, y no quería que se confundiera.
¿Si se enamoraba de mi? Yo no lo haría, es una niña.
-Pero…no es correcto – lamentaba decirle eso.
-¿Qué iba decirme?
-Esto…te daré una orden para unos exámenes – maldito mentiroso, fue lo primero que me vino a la mente.
Antes e irse, Bella se acerco a despedirse, besando mi mejilla. Y se marcho.
Quede tonto con su beso, no podía creer que una niña produzca esto en mi.
Cuando saque mi pluma, para firmar unos papeles, un papel rosa cayo de mi bolsillo. Mi corazón se contrajo.
"1555522025 LLAMAME: BELLA"
Esa niña quería matarme.
Calcule el horario para llamarla, suponía que salía a un horario parecido al de Alice.
Mi reloj marco las 5 de la tarde, la llame.
-Hola – contesto – hola.
-Bella, soy Edward.
-Oh…gracias por llamar – tenía una voz tan dulce.
-¿Dónde quieres que nos veamos? – le pregunte.
-Estaré en una librería-café cerca de instituto Wintesminter, queda a dos calles.
-Se cual es – Pasaba por ahí cuando buscaba a Alice.
-¿A las 8?
-A las 8. Adiós - colgué
No podía controlarme. Deseaba verla, hablar con ella, conocerla.
Bella
Era imposible, estaba tan contenta, me había llamado tal vez lo hizo para aclararme que no debía acosarlo. Pero por lo menos lo intente.
No iba a decírselo a Alice aun, no creo que comparta la ida que salga CON MI Dr.
Estuve con Jake en casa, bajo la custodia de Emmet. Por suerte.
Cuando uno está pensando en otra persona, no puede concentrarse en otra cosa. No me apetecía besar, ni abrazar, ni que me tocara Jake. Su paciencia colapsaría en cualquier momento, e iba a reclamarme algo seguro.
Se marcho, y volé a mi cuarto a prepararme para mi "cita" o "rechazo" quien sabe. Los hombres son tan confusos.
Lo más factible, era que me dijera que no, no podía estar tranquila sin no lo escuchaba de su boca.
Le dije a mi hermano que iría con mis amigas a dar una vuelta. Que no llegaría tarde. Debido a que Alice vendría a casa, a estar con él, no me dijo nada.
Al llegar me senté en una de las mesas de la sala del fondo. Para tener un poco de privacidad.
-Hola- dijo esa voz musical, se lo notaba tenso. No hizo que esperara ni cinco minutos.
Se sentó a mi lado, sacándose su chaq ueta, y colgándola en el espaldar de la silla. Se encontraba muy serio.
-Gracias por venir – le dedique una sonrisa, paraqué se le fuera un poco lo serio.
¿Qué quieres tomar? – me pregunto al verlo que el mozo, se aproximaba.
-Un café, está bien – pedí.
-Tráeme dos café, gracias – el mozo anoto la orden y se marcho.
-¿Por qué viniste? – quise saber.
-No lo sé – hizo una sonrisa torcida, encantadora.
Necesitaba un plan B. alguna estrategia para salir de aquí. No era el mejor lugar para encontrarme con él.
Jake, Alice o mi hermano podían aparecer. No quería arecer una niña, diciéndole que me controlaban.
Alice tal vez tenía razón, debía dejar de leer las leyes de Maquiavelo.
Puse cara de dolor, y me sujete con fuerza mi estomago. Tensando la mandíbula. El se levanto, asustado, acercándose a mí, preocupado.
-¿Qué sucede? – pregunto.
-Una…puntada…Dr.… -era buena actriz. Pero ya tenía reservado un vip en el infierno.
-Vamos te llevare a casa – tomo mi brazo, para ayudar a levantarme.
-No, no…no puedo ir a casa – el me miro desconcertado. Pero puse mi esfuerzo en mi actuación.
-Te revisare en mi apartamento, el consultorio queda lejos de aquí – misión cumplida. Blanco cayendo. Pero no segura.
-Gra…cias – de alguna manera la ley de causa y efecto se iba a encargar de mi.
Subí a su auto, sin dejar de "sufrir", el me abrocho el cinturón de seguridad. Mientras mi "yo" interior se regocijaba por dentro de la risa.
Sentía la vibración de mi celular, en mi bolsillo trasera. Estaba segura que era Jake.
Al llegar, ayudo a que me bajara. Cogimos el ascensor. El me sujeto entre sus brazos. Me gire quedando de espaldas a él.
