Bella

-Siéntate – dijo entrando a la sala.

Me recosté en el cómodo sillón. El volvió con su maletín de "primeros auxilios"

Levanto delicadamente mi suéter, tocando mi abdomen desnudo.

-Dime donde te duele – tocaba en los extremos de mi cadera, haciendo presión.

-¡Ahí! – que mentirosas eres Bella.

-A lo mejor es un dolor premenstrual.

Saco una caja de analgésicos y me dijo que me tomara una capsula.

-Con eso te sentirá mejor.

-¿Puedo llamarte por tu nombre? – tenía un nombre precioso.

-Claro.

-Edward, me gustas – el levanto la mirada mientras, guardaba las cosas en el maletín. Se encontraba sentado a mi lado. Al borde del sillón.

Sin esperar un "sí o no" tome su rostro entre mis manos. Se tenso, pero no se resistió. Nuestro labios, se unieron, pero luego de suplicar, el dio entrada a que mi lengua explorara su boca.

Fue un beso forzoso, y robado. Pero luego se volvió pasional y desenfrenado. Me tomo del cuello con fuerza, llevándome a acostarme en el sillón.

Podía sentir su excitación sobre mi pantalón. Sonreí a por causarlo tan rápido. Mis besos funcionaban.

-No, Bella, no puedo – no deje que se alejara.

-No puedo alejarme de ti, hay algo que me atrae de ti – susurre a su oído.

Se levanto y se fue frustrado a la cocina. Lo seguí.

-Tú no entiendes Bella – dijo apretando los dientes.

-Solo quiero que tú me quieras, Edward – nadie creería, ni si quiera yo, lo rápido que me había enamorado de él. , resultaba con un imán para mí.

-Por favor – suplique. Ni si quiera sin saber por qué.

El me abrazo, encajando en el cueco de mi cuello. Beso mi mejilla. Corrí la cara para que fueran mis labios, quien gozara de los suyos.

Estaba mal, acostarme con un "desconocido" , pero era un ginecólogo, debía tener todas precauciones.

Lo arrincone contra la encimera de su cocina. Sin soltar su deliciosa lengua.

Me tomo del a cintura, levantándome mi suéter, acaricio la parte de debajo de mi busto.

Una leona en celos, se apodero de mí ser interior. Despertando una lujuria nueva para mí.

"desabotone", arranque su camisa, quedando su pecho, blanco y perfecto, desnudo.

Llevo su mano a mi entre pierna, causándome placer aun por encima de mi jean. No me atreví a tocar su zona. Se deshizo de mi suéter y playera. Quede solo con mi sostén.

Masajeo mis pechos, respire y lleve mi mano hasta su miembro. Me encontré con algo de contextura ancha, dura y grande. Estaba segura que ese no era el tamaño promedio.

Desabroche su pantalón, para tener mejor acceso. Hice que me regalara un gemido, que reboto en mi boca, cuando apreté su miembro, mojado.

-Solo quiero ser tuya – jade.

Desabrocho mi pantalón, pero en minutos ya no lo tenía. Sus manos viajaban por mis piernas.

Me giro y me acostó sobre la encimera. Mis pechos sentían el frio de los azulejos.

Apoye mi mejilla de lado, solo pensando en el momento mágico a su lado.

Acariciaba con fricción mi espalda, y un poco más abajo. En segundos, bajo mi braga. Con desenfreno y locura.

El animal que se apodero de mi "Dr." Ceso. Recorrió mi espalda besándola con besos cortos, y succionándola.

Envolvió uno de sus brazos a mi abdomen, atrayéndome contra su espalda. Gire y me beso.

Me sentó sobre la encimera, separándome ambas piernas, comenzó abajar. Quedándome en cuclillas frente a mí centro.

No quise mirarlo, me sonroje a más no poder, un calor me invadía el cuerpo.

Sobresalte, cuando su lengua todo mi clítoris. Me aferre con fuerza de su cabello, eso parece haberlo inspirado. Su lengua se movió en forma circular por mi centro húmedo.

Arquee la espalda, creí que moriría en ese momento, tuve como un deja bu. Como si ese extremo placer, ya lo sentí. Intente recuperar el aire, después de ese orgasmo.

Vino directo a mis labios. Me llevo entre sus brazos, envuelto su torsos con mis piernas, a su habitación.

Allí, perdió el control, me hizo suya con desesperación, dándome y recibiendo simultáneamente placer.

No pensé en nada, absolutamente en nada. Nos movíamos unísonos, conocí poses jamás vista. Sensaciones nunca sentidas. Ninguno tuvo idea de donde empezaba el cuerpo de uno y terminaba el del otro.

Luego de ese momento glorioso de placer, me abrazo y quedo mirándome. Hasta que me quede dormida entre sus brazos.

Abrí mis ojitos, y solo una luz que provenía de la sala, alumbraba la habitación. Era más hermoso cuando dormía.

Mire su reloj sobre la mesa de luz, marcaba las 2 de la madrugada. ¡Oh dios Emmet me va a matar!

-Edward – estaba afónica de tanto gritar. Sonaba raro llamarlo por su nombre. Me sentía especial – Edward – bese sus labios.

-¿Qué sucede? – abrió los ojos somnolientos.

-Debo irme – estaba completamente despierto.

-Está bien. Vamos a cambiarnos.

Nos levantamos de nuestro "lecho de amor". No quería irme.

Listos ya, partimos a casa.

No dijo ni una palabra de lo ocurrido. No sabía cómo romper el silencio.

Claro, que si antes me sentía una zorra, ahora lo confirmaba. Pero realmente lo deseaba. Y si no lo hacía ahora, tal vez nunca. No me arrepentía de hacer el amor. Aunque para él sea solo sexo.

Por un instante hizo que olvidara todos mis problemas.

-Debemos hablar, Bella, esto no puede continuar – la sangre huyo de mi rostro.

-¡¿Qué? Y me lo dices ahora. Después de que te acostaste conmigo – no era nadie para reclamarle nada. Comencé a sollozar.

-Cálmate, no llores – como iba hacerlo, si el hombre más perfecto me estaba rechazando.

-no entiendo porque me gustas tanto, no lo entiendo – dije levantando la voz.

-¡Yo sí! – grito. Me calle y lo quede mirando - ¡Fui yo con quien estuviste en la disco!

Mi rostro se horrorizo, mis manos temblaban ¿podía existir la casualidad? ¿O el destino? Ralamente el mundo era un pañuelo.

-¿Por qué me lo dices ahora? – no me sentía mal que me lo haya ocultado. No podía enojarme con él. Era imposible.

-No estaba tan seguro, pero todo encajo, iba a esperar hasta los resultados para hablar contigo. Bella no quiero lastimarte. Pero estoy comprometido – su última oración produjo un dolor en mi pecho.

-¿Qué? Déjame aquí – solo quería irme. Los celos me cegaron.

-Tranquilízate Bella, falta poco…

-No ¿Cómo pudiste mentirme? – estaba diciendo incoherencias, yo también tenía novio.

Acelero y me llevo a casa lo más rápido. Al llegar me baje corriendo del auto. El no me detuvo. Eso me enfureció aun más.

Al cruzar la sala de casa. Sentí la bofetada de Emmet en mi rostro.

-¿Qué demonios te pasa a ti? ¿Dónde estabas?

-Con mis amigas – Emmet era demasiado temperamental.

-Mentira, hable con tu mugroso novio, y tus compañeras – me agarro del brazo con fuerza, para confesara.

-Salí por ahí ¿vas a golpearme? ¡Hazlo! – grite. Nunca había tenido ese nivel de enfrentamiento con mi hermano.

Golpeo con fuerza la pared, para que no fuera mi rostro y se fue.

Estaba furiosa y lloraba de los nervios. Subí a mi habitación, pero no pude conciliar el sueño.

Edward

Bella estaba importándome más de lo que debía. Me resultaba un "mal necesario"

Quería que fuera mía. Pero eso iba a traer graves consecuencias. O podía dejar a Rosalie, por una niña caprichosa.

Todo esto era mi culpa, por dejar que llegara tan lejos.

Aun no le devolvía la llamada a Rosalie, estaba extendiéndola demasiado.

¡Maldita sea! Aun no sabía si estaba embarazada. ¿Si lo estaba? ¡Oh no! No había considerado esa idea.

Iba a sentarme hablar con ella primero. Lo única información que poseía era su nombre y edad.

Sin embargo, la noche con Bella fue inolvidable. Su segunda vez fue como u primera vez. La sentía tan mía, me deseaba y yo a ella.

Nuestros cuerpos hablaban por si solo. Se entrego a mi completa. No se si resultaba una aventura para ella, pero no me importaba ser su juguete nuevo de esa niña. Su esclavo sexual.

No estaba en mis planes apartarme de ella.

Por suerte el día pasó rápido. En mi pequeño receso, en el consultorio. Llego la hora de mi café.

Paz y tranquilidad.

Azoto la puerta al entrar, arrojo todas las cosas que estaban sobre mi escritorio. Terminado con una bofetada en mi rostro.

-¿Qué sucede? – pregunte, desconcertado.

-Lo siento Dr. - intente detenerla – interrumpió mi secretaria.

La empujo sacándola fuera y cerrando la puerta con seguro.

-¿Quién es? Contesta Edward.

-¿De qué hablas?

-¡De esto! – grito, sacando una brillo de labios de su cartera. ¿Qué podía salir peor?

-Rosalie…

-Eres un imbécil, no creí que fueras capas de algo así – estaba totalmente sacada. Pegaba gritos y me arrojaba con lo que tenía a su alcance.

No tenía argumentos, ni fundamentos, ni escusas. No iba a mentirle en la cara. Mi silencio la enfureció y comenzó a llorar y golpearme en mi pecho.

-Te odio Edward. No quiero volver a verte – sabía que era impulsiva e iba a arrepentirse. Siempre hacia lo mismo.

Montaba una escena dramática, y luego pedía disculpa.

Intente detenerla, pero fue inútil. Fui a clamar a mi secretaria, estaba asustada por la locura de Rosalie.

Una especie de alivio, vino. Era como si me agradaba estar solo. Libre para ella.

Nunca creí en el amor a primera vista. ¿Por qué hacerlo ahora?

Mis padres llamaron para saber lo sucedido con mi ex. Dije que luego hablaría con ellos.

La jornada laboral, termino. Me contuvo para no llamarla.

Me puse a leer un libro para distraerme. Hasta que el cansancio y el estrés me otorgaron el placer de poder dormir.