Bella

Emmet no me dirigió la palabra. Dejo una nota, que volvería mañana sábado por la tarde. Se iba con Alice a obviamente a tener sexo toda la noche, en la casa de verano de mis padres.

Iba a ponerme a estudiar. Resultaba gracioso "yo estudiando un viernes + libros = aburrido"

No quera quedar con materias pendientes. Tener que sacrificar mis vacaciones otra vez. Ni de broma.

Prepare café, y me senté en la mesa con mi mp3, libros, apuntes y voluntad para estudiar.

Leía un resumen de bilogía, un golpeteo fuerte en la puerta me sobresalto.

Asustada me levante.

-¡Bella, Bella! – gritaba a la puerta.

Mire por la ventana y era Jake. Abrí y al entrar, emanaba olor a alcohol. Estaba borracho.

-¿Qué haces aquí? – entro a mi casa tambaleándose.

-Bella, te amo ¿Por qué? ¿Por qué me haces esto? – arrastraba las palabras al hablar, apenas lograba entenderlo.

-Jake estas ebrio, vete a casa.

-No, vamos hacer el amor – se colgó de mi hombro.

-Vete Jake.

-No, siempre me dices no. Ahora lo haremos. Soy tu novio y eres mía.

-Vete ahora mismo.

Me empujo tirándome al suelo, en la sala. Cerró la puerta.

-¿Jake qué haces? Déjame – se estaba desprendiendo el pantalón.

Se tiro encima de mí rompiendo mi playera.

-No, Jake, déjame – grite. En esos momentos me agarro de las muñecas con fuerzas. Fue inútil intentar zafarme. Me golpeo, haciendo sangra mi labio inferior.

Bajo mi pantalón a tirones, me beso violentamente. Mordí su lengua, y a cambio vino un golpe.

-Jake por favor, suéltame, por favor – suplique en medio de lagrimas.

Tapo mi boca con mi remera.

-Noooo – grite de dolor, cuando me penetro. Una cosa frígida y seca, rompió algo en mí. Se movía con fuerza que hacía que el dolor aumentara.

El dolor me impedía gritar, estaba sin aire, dolía y mucho ¿Por qué me hacia esto?

Comenzó a dar vuelta toda la sala, iba a desmayarme.

-Jake, Jake – suplique, hasta que en la última estocada violenta. E levanto y me observo.

Se agarro la cabeza y confuso se fue.

Me arrastre hasta la mesa, para coger mi celular. Marque el numero de la secretaria de Edward y le rogué gritos que me diera su número de celular.

-hola – contesto somnoliento.

-Edward, Edward, por favor ayúdame – dije entre grito y llantos.

-¿Bella? ¿Qué sucede?

-Por favor, ven, por favor Edward me duele.

-Cálmate, salga para ahí – me colgó.

Creo que fueron los 15 minutos más largos y tortuosos de mi vida. Me revolcaba del ardor. Los músculos se me contraían.

Entro desesperado buscándome. Me encontraba tendida al lado de la mesa.

-¿Bella? ¿Qué paso? – apenas había conseguido subirme el pantalón.

-Me duele, Edward, me duele.

-¿Dónde?

-Ahí abajo, te juro que no quise, nunca otro hombre me toco – no entendía de que hablaba – Pero me obligo – su rostro de desfiguro, como si hubiera visto a un fantasma.

-¿De qué hablas? ¿Quién te hizo esto?

-Jacob, mi ex novio – grite – me duele.

-Voy a matarlo, juro que lo matare – dijo apretando los dientes.

-Por favor, haz que pase.

Me cogió entre sus brazos y me puso en su auto. Manejo a mil por horas. Hasta llegar a su consultorio.

Al entrar, me puso en la camilla, y vio la evidencia.

-Estas sangrando. Ese maldito te desgarro – solo deseaba que el dolor pasara.

Coloco algo frio, y me dio unos analgésicos. No sé que me hizo pero el dolor calmo un poco.

-Edward, perdóname – llore. Sentía como si lo hubiera traicionada – perdóname.

-No, no tengo nada que perdonar. Solo quiero que estés bien, no voy a dejar que nada malo vuelva a ocurrirte. Esto no va quedar asi.

-No, Edward…

-Si, Bella, te violo ¡Demonios! ¿Qué no entiendes? Juro que lo matare.

-Por favor, abrázame – hizo lo que le pedí y consoló mi dolor. Llore hasta quedar dormida.

Edward

La lleve a mi apartamento, la deje dormida y segura en mi cama.

La furia que corría por dentro, no la pude controlar.

Fui a casa de Bella a ver si ese maldito aparecía, estuvo dos horas esperando, pero nada.

Recorrí la ciudad, buscándolo. No lo conocía, pero no me importaba. Sabía que era inútil.

Ya amaneciendo, volví a ver a como estaba Bella. Aun dormía, me acerque y acaricie su mejilla. Un maldito me había usurpado lo que era mío.

¡Bella era mía!

Quede inmóvil con saber lo que realmente pensaba. No quiera verla sufrir. Cuando la vi, ahí lastimada, me desespere, por hacer que ese dolor se vaya. Deseaba matar a golpes a ese maldito.

No pude dormir. Bella se quejo toda la mañana. Abrió sus hermosos ojos verdes.

-Buenos días princesa ¿Cómo te encuentras?

-Me duele un poco – me levante de inmediato, para traerle algo para desayunar y un analgésico.

Desgarrarse un musculo femenino, era terrible. No le deseaba a ninguna mujer, o hombre, ese dolor. Por suerte no tuve que hacerle sutura.

-Gracias, por venir – dijo afónica, casi sin poder hablar.

-Siempre estaré para protegerte – fue algo que me salió de adentro decirlo. Ella ocupaba gran parte de mi corazón.

-¿Puedes decirme que paso? – necesitaba saberlo.

-Mi hermano se fue y vuelve hoy por la tarde. Me quede sola en casa a estudiar. Estaba ebrio…entonces…no lo sé… en qué momento – rompió en llanto. La abrace con fuerza.

-Perdóname, por hacerte hablar de esto.

Se dio un baño, y podía evitar escucharla quejarse. Se puso unas de mis camisas y volvió a la cama.

A su lado, me sentía muy bien. Era tan frágil, y necesitaba de mi cuidado. Era mi niña, mi Bella.

No iba alejarme de ella, menos ahora que después de lo que ocurrió.

Se puso algo de mi ropa y la lleve a su casa, antes de que su hermano volviera.

-Te llamare, para ver como sigues.

-Gracias. Edward – beso mis labios y bajo del auto.

No fui al consultorio, preferí quedarme con ella toda la mañana. Maneje hasta la casa de mis padres. Para sacarme la frustración.

Bella

Un desgarro era peor que quebrarme una pierna. Maldito, nunca lo creí capas de algo así. Esto no iba a quedar así. Emmet iba a darse cuenta, si ni quiera podía caminar.

Edward se porto tan dulce y tierno. Dándome el cuidado que necesitaba.

Su cuerpo tosco encima de mí, los moretones de mis piernas y brazos eran la evidencia de su asqueroso "crimen".

Se atrevió a llamar y dejar mensajes disculpándose. Jacob Black murió para mí. Ya no necesitaba escusas, mentiras para dejarlo.

No deseaba querer volver a recordar ese momento. Lo elimine de mi disco dirigido y memoria RAM. Fue como un virus y ya fue eliminado.

¿Acciones legales? No, no iba a empeorar las cosas y hacerlas más grande.

La persona que conocí estos dos últimos años, fue consumido por una noche de despecho, deseo y alcohol.

Hablaría de esto con Emmet, tampoco iba a salir ileso de esto.

Me coloque hielo en mí entre piernas, y tome los analgésicos que Edward me había dejado.

Acostada, espere a mi hermano. No baje por que el dolor no me permitía.

Mi hermoso y amable Dr. Me llamo para ver cómo me encontraba. Pidió que no me moviera de la cama. Así el musculo hiciera reposo y se regenerara.

¡Oh no nunca más tendré sexo con Edward! El no me querrá. Creo que los analgésicos me hacían delirar.

Escuche la llegada de Emmet. Tome una bocanada larga de aire.

Pegue un grito diciendo que subiera. Sabía las consecuencias de decirle. Pero lo menos que se merecía.

-¿Qué haces en la cama? – dijo mirándome.

-Anoche vino Jacob… - no sabía por dónde comenzar.

-¿Qué? Sabes que no…

-Yo no lo invite, vino ebrio e intento abusar de mi y…me golpeo – la cara de Emmet era inescrutable. Irreconocible.

Se mordió el labio inferior y salió ciego a buscarlo.

El "¿Cómo te encuentras?" Vendría después. Primero cobraría venganza.

Se lo iba a contar a Alice cuando viniera a buscarme para salir.

Dormí un poco, para recuperar ganas y energías.

Emmet se acerco y beso mi frente. Se acostó a mi lado y me abrazo.

-No volverá hacerte daño – dijo más tranquilo.

-¿No lo mataste verdad?

-no, pero no podrá caminar por unos días.

-Gracias hermanito – fue el momento de calidad con él.

Vi el reloj y eran cerca de las 9 de la noche. Le conté a Alice lo que paso por teléfono. Le que no viniera, no saldría hoy.

Me sentía por un lado feliz, de que Edward haya sido mi primer hombre. No fue como yo lo esperaba, pero lo poco que recuerdo me agrado. Y lo comprobé anoche en su apartamento.

Nuestra relación era "imposible" era mayor. Peor el amor no conocía, la edad, la raza, ninguna diferencia.

Pobre Alice, la deje preocupada. Preferí que saliera con mi hermano, siempre me dedicaba más tiempo a mí.

El maldito chucho de Jacob, no había para de llamar. ¡Descarado!

Le deje una nota a Emmet, diciendo que estaría en el café-literario. Deseaba despejarme.

Tome un libro de Paulo Coelho, sinceramente no le encontraba coherencia, mi mente se encontraba ocupada solo en el, Edward.

Mi impulso, me llevo a marcar su número ¿para qué lo tuviste que conseguir Bella?

-Hola – dijo esa voz tan perfecta y musical para mis oídos.

-Hola…Edward – el corazón me latía a mil por hora, y un nudo en mi garganta me impedía hablar con fluidez.

-¿Cómo te encuentras? – oh era tan lindo.

-Bien, Salí a tomar un poco de aire.

-¿Sola? Debes guardar reposo.

-Sí, vine al café literario.

-Quiero verte – una larga pausa intervino, solo nuestra respiración retumbaba en el teléfono – Te estaré esperando, no te demores – colgué.

No iba a darle la oportunidad de que me rechazara, en todo caso me devolvería la llamada para decirme que no lo espere.

¡Oh dios! Odiaba esperar. Las mariposas en mis estomago revoloteaban, incomodándome mas, y haciendo la espera intranquila.

Todos mis sentidos se detuvieron. Lo vi entrar, tan glamurosamente. Traía una camisa gris, un pantalón negro, zapatos negros, y su chaqueta colgando de su brazo. Aun más hermoso. Archive la radiografía de rayos x que le saque.

Morí de celos, al recordad que no era solo mío, que le pertenecía a otra y no a mi solamente.

Me dirigió la mirada, negando con la cabeza, y sonriendo de lado. – Lo amo, lo amo, no puede ser tan hermoso – es lo único que rondaba por mi cabeza. Su sonrisa torcida, hacia que me arrodillara a él.

-¿Cómo decirte no a ti? - ¿Qué? ¿Había escuchado bien? Oh si, no pudo negarse. Se sentó a mi lado.

-No, no te sientes. Vamos a caminar - puse cara de perrito mojado bajo la lluvia. Deseaba verlo bajo la tenue luz del a noche estrellada.

Coff…y fantasear con el…Coff…haciendo el amor bajo la luna.

-Estas así ¿y tú quieres caminar? – Frunció el ceño, molesto -Bella, debes hacer reposo…pero si quieres, vamos en mi auto – maldita herida, no podría hacer nada con él.

Sonreí contenta por su propuesta, y lo seguí. Camino a mi paso, lento.

Anduvimos por toda la cuidad, iluminada llena de gente. ¡Era sábado! Nos detuvimos en un mirador, varios autos nos acompañaban. Era una panorámica deleitante. De ese lugar de podía contemplar toda la cuidad de noche.

Bajamos del auto, y me senté sobre el capo del auto. Se apoyo a mi lado.

-Es hermoso – claro, estar junto a él. Solo faltaba una sola cosa. ¡Basta Bella!

¡OH por dios! Me volví sexo adicta por su culpa. Aun que eso no era nada malo ¿o sí?

-No me arrepiento que seas tú, quien haya sido mi primer hombre – el quedo mirándome con sus ojos como plato. Lo agarre desprevenido. Tome aire y lo dije. Un alivio me recorrió.

-Yo tampoco - ¡OMG! – pero no podemos estar juntos.

-¿Por qué? ¿Qué hay de malo?

-¡Eres una niña! – error. Lo era.

-Espérame, en pocos meses cumpliré 18 años. Y me graduó este año – las lagrima brotaron de mis ojos. Parecía una nena caprichosa, llorando.

No contesto a mis berrinches. Envolvió sus brazos a mi cintura, y m beso. Sabía tan bien su boca. Era un experto en besos. Que ciega estaba.

-Eres una niña…tan hermosa – esa rase quedo dándome vueltas en mi cabeza.

-Tú eres un hombre muy sexy – se sonrojo, pero lucia aun más bello. No podía ser más perfecto, perfecto.

Me llevo de vuelta a casa. No soltó mi mano en todo el camino. Sincronizaba para poner los cambios mientras manejaba. Para no soltar mi mano.

Me apoye en su hombro, respirando su exquisito perfume. Olía tan bien. Tan hombre.

-Llegamos – me levante y desbroche mi cinturón.

-Gracias la pase muy bien – mas que bien. Pero muy tranquilo.

-Yo también. Que descanses – antes de bajarme, lo bese. Solo choque nuestros labios.

-Buenas noches Dr. – risueña entre a casa.

Emmet por suerte, no llego. Cerré las puertas y ventanas. Entre a mi cuarto, tumbándome en la cama. A pensar solo en el. Todo era color de rosas en este momento "eres una niña tan hermosa".

Parecía una nena de 13 años enamorada. Aun no me apetecía dormir, me senté en mi escritorio a terminar unos ensayos, que debía entregar el lunes. Obvio, que la realidad era que no tenía otra cosa que hacer.