Bella

Edward resultaba, a veces demasiado molesto, cuidaba que no me tropezará, que no caminara, poco que no respiraba. Me llamaba a casa cada cinco minutos. Para saber si estaba viva. Si no había una fuga de gas, o si las baldosas estaban sueltas.

Una tarde nos juntamos las 2 parejas de hermanos, a decidir el nombre del bebe. Por poco Alice y yo, nos agarramos a jalarnos los cabellos. Edward y Emmet a golpes.

Thomas Anthony Cullen, salió de estas 4 personas "moradas". Bufe. Me divertí mucho eligiendo el nombre. Me dolía en estomago de tanto reírme.

El lunes por la tarde Edward llego temprano del trabajo. Me pareció extraño. Le di un apasionado beso de bienvenida.

-¿Qué haces aquí, tan temprano? – pregunte, envolviendo mis brazos a su torso. Claro que con esta pelota, el estaba d espalda.

-Vine a buscarte. Iremos a una clase materna así te…

-OH no eso si que no – salí corriendo al cuarto, y me aferre a los barrotes de la cama.

-Bella… - se acerco.

-Ni loca voy a esa cosa materna – que horror.

-Pero es para que…

-No, no ,no y no – llore y suplique.

Termino convenciéndome que una profesora vendría a casa a darme clases particulares.

Con mis nauseas, dolor de espalda, y esto iban a matarme.

Dormía todo el día, pero al llegar la noche mi cerebro recién se activaba. Y despertaba a Edward con la TV o haciendo ruidos en las cocinas. Esos de las 3. Como reloj, se antojaba algo. La otra noche Edward tuvo que ir a comprarme helado de frutilla. Sé que lo estaba enloqueciendo. Pero insoportable tener estos antojos.

Cuando llego el día de mi cumpleaños. Por fin 18 años, había esperado tanto pare ser mayor de edad, pero ahora ya no le encontraba sentido. De que me servía tener 18, si no podre ir a las discotecas, en fin, ya no puedo llorar sobre la leche derramada.

Festeje en las casa de los Cullen, fue algo muy intimo. Recibí mas regalo, para el bebe, que para mí. Era mi cumpleaños no el de el. Tuve que brindar con agua. Edward creo que me haría un tacle, si me veía probar alcohol.

Las "clases" particulares, era muy vergonzosas, y ver a mi marido con una pelota bajo su suéter peor. Era inevitable no reírme, y tomarlas en serio. Debía complacerlo, el hacia todo por mí, todo este tiempo lo enloquecí. Y nunca me regaño o me dijo nada, por estilo.

A pesar de que amaba hacer el amor con el, no se como el tenia estomago de hacerlo conmigo. Hasta a mi me daba "cosa", esta pelota. Aun empezaba a tomarle cariño. A pesar que a veces no me dejaba dormir, se movía para todos lados.

Me daba vergüenza ajena cuando Edward tenía esas charlas privadas con la pelota. Me preguntaba seriamente, si esperaba que le contestara. Mimaba más el que a mí.

Esa noche le pegunte por Rosalie, y hubo una larga pausa. Dijo que e fue de viaje por un tiempo. Sus últimas palabras fueron "volveré". Igual no podrá hacer anda, más allá de un papel que no une. Ahora es un hijo. El me amaba y no dudaría del.

Faltaba poco para que terminara el año, estábamos en diciembre, mi embarazo llegaba a su fin. Me resultaba horrible, por parte estar embarazada. Pero lo más bello era tener todo este tiempo la atención de Edward.

Cada vez que se iba a trabajar me dejaba con su madre, o Alice bajo su cuidado.

No volví a saber nada de Jacob, su último mensaje de texto fue hace unos meses atrás. Pidiendo disculpa y que fuera muy feliz. Se había tirado más alcohol.

Por suerte Emmet estaba un poco más librado de mí, se la pasaba en casa con Alice. Y me cuidaba de la misma manera que Edward.

Una noche me quede sola, Edward tuvo una cena con unos médicos extranjeros.

Fui al balcón y me quede contemplando la noche estrellada. Recapitulaba mi vida. Todas las cosas que habían vivido en tan poco tiempo. Todos los errores que cometí desde la muerte de mis padres. Una perdida muy dolora. Verlo a Emmet como se desvelaba y esforzaba en varios trabajos. Verlo como lo explotaban por unos dólares extras. Desde que Alice llego a su vida, las cosas cambiaron. El era más feliz.

El teléfono sonó y sonó.

-Hola…Hola…Hola – colgó. Solo sentí una respiración al otro lado.

Imagine que es Alice haciendo una broma, pero no volvió a sonar.

Tenía que ir de compras y comprar los obsequios para navidad. Me senté al borde de la cama a hacer la lista de que le compraría a cada uno. Mi único regalo seria Thomas. Mañana en navidad.

Unos calambres, y dolor en la ingle, me dejaron sin aire. Se me contrajo el cuerpo, suponía que eso eran las contracciones. Empecé a tomar bocanadas de aire, para no entrar en pánico. Me arrastre a buscar mi teléfono, y llamar a Edward, pero estos dolores me impedían hablar. Un liquido bajo de mi entrepierna. Me entro la desesperación.

-Edward, ven…me duele – no dijo nada y colgó.

Estuve tendida en el suelo, cuando llego primero Alice, con su papa y Emmet. Yo solo quería a Edward a mi lado. Gritaba de dolor.

Me llevaron a la clínica donde daría a luz. Las lágrimas de dolor hicieron que mis ojos ardieran y s irritaran.

-¿Dónde está? Edward, Edward – grite, lo necesitaba a él. Cada vez soportaba meno el dolor. Me trasladaron a una habitación en silla de ruedas, y me colocaron una ajuga que iba directo a la vena. Entro del suero me dieron unos medicamentos, pero el dolor no cesaba.

Vi la cara de desesperación de Edward cuando entro a mi habitación, lo abrace fuerte y pedí que no se alejara de mi.

No podía oír nada de lo que me decían, todo pasaba en cámara lenta. Mis ojos se cerraron.

Edward

Al recibir la llamada de Bella, me entro una mezcla de sensaciones por todo el cuerpo. Rápido me Salí de la cena. Y llame a Alice que fuera y la llevaran, iba a demorarme en llegar a casa.

Entre a la clínica desesperado buscándola, no me dijo nada solo gritaba de dolor, los analgésicos que le habían inyectado no hacían efecto. De pronto Bella se descompensó en mis brazos. ¿Venia a desmayarse justo ahora?

Las enfermeras me obligaron a salir de la habitación.

Daba vueltas y vueltas en la sala de espera. Cuando la vi que la sacaban en camilla.

-¿Dónde la llevan? – pregunte atormentado.

-Lo siento, no podemos hacer que vuelva en sí. Tendremos que hacerle cesaría, el feto se esta asfixiando – intente entrar con ella, pero vino seguridad y me detuvo.

-Cálmate Edward – me dijo mi padre – todo saldrá bien.

Paso como una hora, eran cerca de las 12 de la noche. El médico de parto salió.

-¿Qué paso? – me pare y lo ataque.

-Cálmese, ambos están bien. Acaba de nacer justo en navidad. Felices fiestas a todos, en un momento podrá verlo a ambos – un alivio vino a todo mi cuerpo. Cuando el médico medio la maravillosa noticia.

Una enfermera vino y me llevo a la habitación de Bella, ella aun dormía. El estaba a su lado en una pequeña cuna. Con sus ojos cerrados. Eran tan pequeño. Con toda la delicadeza y precaución lo tome en mis brazos. Era tan delicado y precioso blanco y con esas mejillas sonrojadas. No tenía palabras para describir la mezcla de sensaciones que tuve cuando estuvo en mis brazos. La Felicidad y la tranquilidad fueron mis únicos amigos en esos momentos.

Corrí el mechón de cabello que posaba en la frente de Bella. Le agradecida a dios y a ella por darme tan hermoso regalo esta navidad.

Bella abrió los ojos, y tardo en dase cuenta en donde estaba.

-¿Dónde esta? ¿mi bebe? – su pulso se acelero. Y se altero

-Aquí esta – le entregue suavemente en brazos. La mirada de Bella hacia el niño, fue llena de ternura, ilusión, llena de sueños. No lo dejo de contemplar.

-Edward es hermoso – dijo anonada con unos ojos llenos de brillo e ilusión.

-Gracias por hacerme el hombre más feliz de este mundo – bese a ambos, a mis dos razones de ser.

-Thomas, eres nuestro regalo de navidad – dijo mirando el reloj.

-El mejor – toda la familia entro a ver al bebe.

Ver a Bella tan feliz, con su hijo en brazo, me hacia aun más feliz. Seguramente parezco un tonto. Pero tener un hijo de la mujer que amas, es lo mejor que puede sucederte. Cualquier cosa pasa a estar segundo.

Las enfermeras se llevaron al bebe. Eran cerca de las 2 de la mañana. Y pusieron a dormir a Bella. Se encontraba débil.

-¿Puedo quedarme con ella? – pregunte a la enfermera a cargo.

-No, lo siento. Puede quedarse en la sala. Le recomiendo que vaya a casa debe descansar – aconsejo la enfermera.

-Yo me quedare con mama, ve a dormir. Vienes mañana a primera hora – dijo Alice.

-Está bien, llámame cualquier cosa.

Me fui preocupado, no quería dejarlos solos. El resto nos fuimos a casa.

lamento si no describi bien el parto de Bella, pero no estoy muy infoprmada rspecto a eso. y debo confesarl que le tengo cierto xenofofia a los embabarzos, con mi persona personalemte, me da un pokito de cosa, pero supongo q es la edad. y q mi tia me traumo con sus explicaciones espero lo entiendan. pero no tengo nada contras las que esten embarazadas