Capítulo 3. Desilusiones
Era cerca del mediodía y el palacio estaba lleno de movimiento; esta vez, todos los criados iban de un lado a otro para limpiar y ordenar el lugar después de la fiesta del día anterior.
- Katniss, apúrate, tenemos que ver a tu padre y ya se hizo tarde – la voz de su madre, tan molesta a sus oídos como siempre lo había sido, resonaba en todo el palacio – Mira que quedarse dormida. ¿Qué estuviste haciendo ayer después de la fiesta? En tu cama no estabas. ¿Otra vez te dedicaste a pasear por el jardín? Vaya pérdida de tiempo…
- Ya voy, ya voy – dijo ella, cansada, saliendo de su habitación - ¿a qué tanta prisa? ¿Por qué salió mi padre tan temprano?
- Tenía que ver un asunto importante, hay no se qué problema con las tierras del reino – dijo la reina sin darle importancia al asunto, empezando a caminar con dirección a la salida seguida por su hija.
- ¿Vamos a almorzar con él? – Katniss trataba de seguirle el paso.
- Así es. En una posada nueva y muy elegante. Dijo él algo de un invitado especial. Así que camina, debemos llegar a tiempo ya que nos veremos en la plaza. Sabes cómo se molesta tu padre con la impuntualidad.
La puerta principal se abrió dejando a la vista un jardín hermosamente cuidado y frente a él, un carruaje listo para partir.
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Peeta se encontraba recostado debajo de un árbol en la plaza central de la ciudad, con la mirada perdida en una flor que deshojaba inconscientemente. El silencio reinaba esa mañana a pesar del ajetreo de la gente que iba de un lado al otro, y el sol, casi en su punto más alto, iluminaba el ambiente y lo llenaba de una calidez especial. Perdido en sus pensamientos, no notó la presencia de la persona que se dirigía en ese momento hacia el lugar donde él soñaba despierto.
- Veamos – escuchó que una voz decía, sin escuchar realmente – mirada perdida deshojando una flor y quizás sin escuchar las palabras que de mi boca salen, acompañados de un ambiente apartado del mundo e incitador de sueños de día, son síntomas claros del sujeto perdidamente enamorado. Indicaciones: hacer que el sujeto en cuestión deje de pensar en ese amor imposible, y vuelva a la realidad.
- Cállate, Finnick – dijo Peeta con una extraña felicidad.
- Dime, estás pensando en Delly, ¿no es cierto?
- Ese nombre ya no me suena amor. Creo que ya lo he olvidado por completo – dijo entre suspiros.
- Si tú lo dices…de todos modos – dijo Finnick mirando inquisitivamente a su amigo – no te creo. Ayer desapareciste después de la fiesta y hoy apareces aquí, dos cosas que Peeta hace solamente cuando una dama tiene cautivo su corazón. A la única que conozco es a Delly. ¿O es que habrá otra?
- Bueno, yo-
Sonidos de trompetas interrumpieron su conversación. En ese momento, llegó un carruaje real a la plaza y de él bajaron el rey Haymitch y un acompañante, alguien de la nobleza, por lo que Peeta pudo deducir. Al instante, casi con segundos de diferencia, llegó otro carruaje idéntico al primero. De él bajó primero una dama, y por la corona que llevaba puesta, se podía decir fácilmente que era la esposa del rey Haymitch, la reina Effie. Los pobladores miraban con curiosidad; ese tipo de visitas no eran muy comunes. Todos se habían detenido a observar abriendo paso a la realeza. Entonces pasó lo que Peeta nunca hubiera esperado que pasase: del carruaje salió una chica morena, que llevaba su largo pelo recogido en un moño y encima de su cabeza lucía una pequeña corona, más modesta que la de la reina, la cual indicaba su título en la monarquía: la princesa. El corazón del joven enamorado dio un vuelco en su lugar y la alegría en su rostro se evaporó al reconocer en tan noble persona a la causa de su existencia: Katniss.
- Es…la princesa… - balbuceó. El sabía muy bien que las relaciones entre la realeza y los plebeyos estaban completamente prohibidas por la ley que dictaba la sociedad. El amor que sentían ambos nunca iba ser permitido…y mucho menos aceptado.
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Abriéndose el paso entre la multitud que los rodeaba, la familia real y el invitado especial del rey se dirigían ya a la posada que tan bien publicitada había sido por el monarca. Se podía distinguir con claridad el enojo de Katniss que aún permanecía en su rostro después de descubrir que el invitado de su padre era ese duque, Gale, el cual le había parecido un pedante pretencioso y un adulador el día anterior en el cual que tuvo que bailar con él. Entró molesta al pequeño pero acogedor lugar, y tratando de disimular su fastidio, se sentó al lado de su padre simulando una sonrisa y una mirada humilde.
- Y bien, Katniss, supongo que ya conoces a este respetado caballero – dijo su padre, señalando con un ademán al duque, quien sonrió coquetamente.
- Como no ha de conocerlo – dijo la reina, en tono pícaro – si es el soltero más cotizado de la región.
- ¡Madre! – Katniss, quien sabía que su madre nunca medía sus palabras, se había escandalizado. ¿Qué era lo que quería decirle con eso?
- No se preocupe, princesa – dijo el duque – para mi ese comentario es un halago.
- Hombre, no seas tan modesto – el rey miraba distraídamente la carta – pues bien te lo mereces. La noticia de tu gallardía se extiende hasta los extremos del mundo, más allá del mar que rodea todas mis tierras. ¡Mesero! – Haymitch levantó su mano e inmediatamente hizo que el joven que atendía las mesas se acercara a él – ya estamos listos para ordenar.
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Después de todo el jaleo que había causado la llegada del rey a la plaza, la vida en el pueblo había vuelto a la normalidad. El único detalle a destacar eran los cuchicheos que se escuchaban por todo el lugar y las caras de los pueblerinos que se miraban pícaramente al escuchar todos esos rumores que se habían dado origen después de tan significativo acontecimiento. Peeta había decidido seguir a Finnick quien en ese momento se dirigía a la casa de Cato para almorzar. Aún triste, solo había tomado esa decisión para alejarse un poco de todos esos malos presagios que llenaban su cabeza. Inconscientemente, comenzó a escuchar a las señoras más suspicaces contar a sus vecinas:
- …dicen que se reservó la posada toda solo para ese momento…
- …pues oí que, como es un lugar nuevo, siempre la realeza lo "estrena"…
- …y trajo a toda su familia, ¿qué estará pensando?...
-…su hija ya está en edad de casarse…
- …dicen que es una chica muy rebelde…
- …según escuche por ahí el rey está buscando, por la insistencia de la reina, un esposo para la muchacha, y ella no lo sabe…
- …pues a mí me dijeron que el rey ya había escogido al muchacho que lo acompañaba, ese duque tan apuesto que vieron ahí, como el futuro marido de su hija y que la boda sería muy pronto…
- ¿Qué? – la voz de Peeta pronunció esta palabra en un susurro y sintió como el pesar y la tristeza lo envolvían nuevamente, llenando de confusión su cabeza.
- Mira que dárselas de importantes – la voz molesta de Finnick lo sacó de sus pensamientos – llegando en el carruaje real y armando semejante escándalo entre los habitantes del pueblo, de quienes ni siquiera se preocupan.
- Finnick – dijo Peeta – creo que tengo algo que decirte, pero tendrá que esperar hasta después del almuerzo.
- Peeta, pero… - miró su rostro y notó que eso era lo que él quería exactamente - bueno.
El tono triste y sin vida de su amigo lo habían preocupado demasiado.
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Entre malos chistes, un brindis y risas fingidas, el tiempo que había pasado volando para sus padres le había parecido a Katniss una eternidad. Era sospechoso para ella que de un momento a otro sus padres hicieran que ella viera al duque con frecuencia, y eso la había molestado durante toda el almuerzo. Habiendo llegado el momento de la despedida, pidió permiso a sus padres y con la excusa de que iba ir al mercado a comprar flores y que luego volvería al palacio, había escapado de ellos para darse un respiro caminando por el pueblo.
- Me pregunto – se decía a sí misma, olvidando ya todo el problema de hace media hora atrás y concentrándose en la idea que había ocupado su cabeza toda la noche anterior – donde lo volveré a ver. Quizás se haya marchado – dijo con desilusión - …pero no, esa idea no puede pasar por mi cabeza. Yo confío en él, pero…nunca me dijo quien era en realidad…de todos modos no importaría – dijo con firmeza - . Mi amor no está sujeto a condiciones, yo lo amo y lo seguiré amando sin importar que título adorne su frente, o que no tenga título alguno…
- Katniss, ¿es todavía tan temprano y ya te encuentras pensando en nuevo material para tus poemas? – de nuevo, una vocecita siempre familiar interrumpía sus ideas.
- ¡Annie! ¡Deja de hacer eso! ¡No sabes el susto que me diste!
- Lo siento. ¿A dónde te diriges?
- Al mercado, por unas flores.
- ¿Excusa para alejarte de toda la vida que no disfrutas en el palacio?
- Si – asintió, como era de esperar, Annie siempre lo sabía todo.
- Pues déjame acompañarte, y en el camino, me cuentas de la fiesta de ayer y esas otras cositas que ya sé que me estás ocultando.
- ¡Annie!
" El amor es tan dulce y a la vez tan amargo
puedes estar celebrando la dicha de que tu corazón sea su morada
pero nunca sabes si la otra persona quizás por esa misma causa esté sufriendo
lamentando la suerte de haberte encontrado y tener que ese mismo momento perderte"
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Hola, aquí esta el capitulo que les debía desde la semana pasada, espero y no me odien, pero este es el semestre más pesado que tendré ya que entre tareas, leer, estudiar y mi horario no ayudan mucho, hasta los sábados tengo clase, así que solo tengo libre los domingos u.u
Gracias por su comentario y por darle follow o ponerla entre sus favoritos esta historia se los agradezco de corazón =)
Pero especialmente gracias a:
MarEverdeen,DandelioN2,Coraline Kinomoto,Ane-Potter17,rochay97,Ekishka,akatsuki84,amy negro nota y a todos aquellos que solo la leen.
De una vez les aviso que no se que día actualice pero no pasa de una semana en que lo haga. Saludos y ya saben quejas,comentarios felicitaciones, reclamos un review, los contesto en MP y los que no tienen cuenta por aquí =)
Hasta Pronto!
