DISCLAIMER: Los personajes de los juegos del hambre, le pertenecen a Suzanne Collins, la historia es de Claudy SGS y gracias a que me permite adaptarla con dichos personajes pues aquí se las traigo.
Capítulo 9. Lágrimas
Al día siguiente Katniss se levantó mucho más feliz de lo que era usual. Toda la noche había pensado en él y durante sus sueños había planeado su boda. Ni siquiera se había preocupado cuando vio al "duque de cuarta" salir del palacio cuando ella llegó la noche anterior, y aquella misteriosa sonrisa que él le había dedicado. Se vistió rápidamente y bajó a desayunar. En el camino saludó a todos, cosa que no era muy común para ella.
- Buenos días, Prim.
- Buenos días. ¿Por qué tan alegre, hermanita?
- No lo sé, debería estar triste por tener despertar en este lugar, ¿no? – dijo en son de burla.
-Katniss – su madre entró acompañada del rey. Por una extraña situación, parecía complacida con algo, como cuando traía "buenas noticias".
- Señora – interrumpió una criada – la mesa está lista para el desayuno.
- Gracias Portia, pero ahora déjanos a solas un rato, y que nadie nos interrumpa – indicó el rey.
- Si su majestad.
Effie esperó hasta que la puerta estuviera cerrada para comenzar a hablar.
- Katniss – comenzó a decir su madre - Sabes bien que el Duque Gale te ha estado pretendiendo desde que te conoció.
- Sí – respondió cambiando su alegría por preocupación. Ya temía el fin de la charla.
- Es un gran amigo de tu padre, y yo lo tengo como un hombre muy respetado y querido.
Katniss asintió. En esos casos era mejor no responder mordazmente.
- Por eso, el nos ha pedido tu mano, y nosotros hemos aceptado – el rostro de Katniss se tornó algo pálido, y trataba de articular alguna palabra, pero no podía por la sorpresa. Su madre lo había dicho tan naturalmente, como si se tratara de cualquier decisión sobre la decoración de la casa – Ya está todo listo para la boda.
- ¿Qué…? Pero… - de una tristeza repentina, la expresión de su rostro se transformó en confusión y rabia - ¡No me pueden hacer esto! – Gritó - ¿Porqué debo casarme con él, si ni una sola vez me ha hablado de amor? No lo puedo creer… madre, de las horribles cosas que me has hecho en esta vida, te aseguro que ésta es la peor de todas – su expresión se había llenado de resentimiento, y luego dijo decidida – ¡NO! No me voy a casar con él.
Ante las palabras de Katniss, su padre y la reina se sorprendieron, y guardaron silencio unos instantes. Era la primera vez que Katniss se había revelado, y ante la consternación de ellos, parecía aliviada y decidida, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.
- ¿Qué dices? – Effie se acercaba a ella, con sigilo y con una mirada asesina – ¿No te vas a casar?
- No lo haré. Antes prefiero estar muerta – dijo sin apartar la mirada. Effie se puso histérica. La agarró por el cuello del vestido y la empujó contra la pared.
- Dime que estás mintiendo, Katniss - entablaron un duelo de miradas, donde ninguna cedió – ¿No vas a aceptarlo? ¿Me vas a decir que no vas a aceptar por esposo a un hombre rico, apuesto, culto y educado? – Katniss seguía mirándola sin decir nada. Effie se molestó aún más y comenzó a zarandearla contra la pared mientras gritaba a todo pulmón - ¡Por un capricho tuyo vas a perder todo esto que te ofrecemos, que es un pasaje seguro a una vida llena de alegrías, a la felicidad!
- ¡A la felicidad, lo sé, Effie, pero no a la mía sino a la tuya!
- ¡Niña malcriada! – Effie levantó un brazo lista para responder a lo que consideraba una insolencia. Prim, quien observaba la situación desde la esquina de la habitación, corrió a detener el golpe de su madre agarrándola por el brazo.
- Madre, basta por favor… - suplicó.
- ¡No te metas, Prim! - Effie se soltó instantáneamente, y luego dirigió su mirada acusadora a su otra hija - ¡Responde! – levantó el brazo de nuevo ante la falta de reacción, pero esta vez fue Haymitch quien la detuvo.
- ¡Effie, basta! – Gritó Haymitch – Esta no es la manera de solucionar un problema.
Effie no pudo librarse y con su brazo preso entre los de su esposo comenzó a calmarse y a pensar.
- Entonces será de la siguiente manera – dijo de manera seria y firme, luego de un molesto silencio – La boda es este jueves. Tienes hasta el día miércoles por la mañana para pensarlo bien, y decirme si te vas a casar o no. Si la respuesta es afirmativa, te casarás con él y todo este asunto será olvidado. Si no es así, por desobedecer las órdenes de quién te ha dado la vida, tu castigo será la muerte.
Effie dio una vuelta para salir de la habitación después de lanzar aquella devastadora amenaza, y fue seguida por Haymitch. Katniss mantuvo la mirada firme hasta que la puerta se cerró detrás de sus padres y derrotada, cayó de rodillas al piso. Pequeñas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, al darse cuenta del giro de su destino, y de la penosa situación en la que había sido puesta. Prim trató de acercarse y puso su brazo alrededor de ella, pero Katniss se zafó del abrazo y corrió a su habitación, tan solo preguntándose por qué.
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Era lunes por la mañana. Cegada por la indignación, Effie había decidido encerrar a Katniss en su cuarto hasta la mañana de la respuesta. Ella no opuso resistencia. Yacía en su lecho lamentando su suerte, y lamentando más aún no poder comunicarse con él.
- ¿Katniss? – unos golpes en la puerta la sobresaltaron.
- No me molestes, Prim.
Escuchó como la llave abría el seguro que la tenía prisionera, y su hermana pasó a su cuarto. Tenía el semblante triste, y llevaba una bandeja con comida y algo de beber.
- Debes comer algo, sino te vas a poner mal.
- No tengo hambre – dijo cortantemente – ¿Y crees que no estoy mal ahora?
Dejó la bandeja en la mesita de noche, y se sentó al lado de su hermana. A Katniss no le molestó, más bien ese algo de compañía la hacía sentirse mejor. Se hizo presente un silencio incómodo, pero Prim se decidió a hablar con un tono de comprensión y cariño como el que nunca había escuchado de sus padres:
- Tú…amas a otra persona, ¿verdad?
- ¿Qué…? – musitó.
- Katniss, todo este tiempo que estuve fuera de casa, he logrado aprender a descifrar las causas de las alegrías de las personas. Al llegar pude ver en tu rostro la felicidad cuyo origen es el amor correspondido y sincero – hizo una pausa – dime… ¿quién es?
- Él… se llama Peeta…
Katniss entonces le contó todas las maravillosas cosas que había vivido con él. Prim escuchaba atentamente con una sonrisa, alegre porque después de tantos años de silencio podía tener una charla así con su hermana.
- El único problema es que no proviene de una familia aristócrata ni tiene algún título de nobleza.
- Ya veo…
Hubo un corto silencio.
- Hermanita, seca tus lágrimas – le dijo dulcemente, y pasó el dorso de su mano por la mejilla de su hermana – Una princesa no debe llorar ni mostrarse débil ante algo que tiene solución. Especialmente alguien tan fuerte como tú.
Su hermana esbozó una sonrisa triste.
- ¿Crees que todo se resuelva?
- Claro que sí. Y sabes, no sé cómo, pero de alguna manera te voy a ayudar.
Katniss subió la mirada, y la pasó fugazmente por el medallón rosado en el cuello de su hermana.
- Gracias, Prim – dijo mientras se apoyaba en su hombro, y ella la rodeaba con su brazo.
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Sentada en su silla especial, miraba vagamente a través del espejo como las criadas acicalaban su pelo y arreglaban su imagen. Difícil tarea, pues aún seguía molesta y se movía incesantemente en el asiento. Finalmente preguntó:
- ¿Mi hija?
- La princesa Katniss sigue en su habitación, majestad – respondió una de las muchachas.
- No me refiero a esa malcriada. Ella ya no es mi hija.
- Si señora…La princesa Prim salió a dar un paseo, señora.
Un soldado entró llevando una nota en la mano. Parecía algo sorprendido.
- Su alteza Effie, tiene una visita – dijo, después de hacer una pequeña reverencia.
- No me importa. Dile que se vaya, estoy ocupada en este momento.
- Pero majestad…
- Inventa una excusa, dile que los lunes por la tarde no hay audiencias.
- Pero dice que es urgente, que tiene información confidencial sobre su hija Katniss y un… muchacho.
Interesada, la reina miró al soldado. ¿Sería que…?
- Dile que pase – recibió el papel que el soldado llevaba. Luego miró a las empleadas, y con el mismo tono con el que había despachado al soldado, agregó – Ustedes márchense. No les incumbe. ¡Ah! – exclamó al momento que el soldado y las criadas cruzaban la puerta, y se detuvieron – Una palabra acerca de mi visita y todo lo relacionado a ésta, considérense muertos. Literalmente.
- Si su majestad – dieron una vuelta y se marcharon.
Segundos después, el hombre que había venido a visitarla entró con la mayor naturalidad, como si entrara a su propia casa. Llevaba ropas algo gastadas, y tenía un aire de arrogancia y seguridad que molestó a Effie.
- Muy bien, "señor"…Marvel – dijo a secas, mirando el papel – Vamos al grano. ¿Qué hay con mi hija?
- Mire su majestad, la información que he de darle es muy valiosa, y no puedo dársela sin recibir nada a cambio. ¿Entiende?
- ¿Cuánto quieres?
- Diez mil – dijo seguro de sí mismo.
- Te daré cien – respondió la reina, como si no lo hubiera escuchado – Ahora desembucha.
- Bien – dijo resignado - creo que esto no le va a agradar.
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Era de noche. Veía con tristeza las estrellas detrás de su ventana, mientras sentada frente al velador peinaba su largo pelo. Miraba de vez en cuando el colgante de corazón que Peeta le había obsequiado, y sin que pudiera evitarlo la embargaba la tristeza.
- Peeta…
Pensaba en él cuando unos golpes en la puerta que daba al balcón de su cuarto la sorprendieron. Asustada, se acercó y no pudo ver nada, todo estaba negro.
- Katniss, ábreme.
- ¿Peeta? – susurró, reconociendo la voz de su amado. Apoyó la mano en el vidrio de la puerta, y del otro lado él hizo lo mismo, como si se pudieran tocar a través de la pared de cristal.
- Katniss… hace mucho tiempo que no escuchaba tu hermosa voz…
Abrió la puerta con entusiasmo y lo abrazó como nunca antes había deseado hacerlo.
- Peeta, te he extrañado tanto – lágrimas de felicidad resbalaron por su rostro. Permaneció abrazada de él por un largo tiempo, sintiendo por dentro una alegría sin comparación alguna.
- Katniss, te prometo que haremos algo para solucionar todo este problema – dijo separándose un poco de ella, y acariciando su mejilla.
- Ya lo sé, Peeta…Pero dime, ¿cómo pudiste entrar? Mi madre ha doblado la seguridad y es muy difícil siquiera salir.
- Fue muy complicado, pero obtuve algo de ayuda – sacó del bolsillo de su camisa un medallón rosado – Esa mujer no me reveló su identidad – le dijo – pero me dio esto, y me pidió que te lo entregara.
- Prim… - musitó la princesa, mientras tomada el medallón de su hermana, aquel que llevaba desde el momento en el que nació.
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- Muy bien – dijo secamente – si lo que me dijo ese vagabundo es verdad, y se encuentra en este palacio, mañana por la mañana me las pagará caro.
- Pero su majestad… - dijo uno de los soldados, interrumpiendo a la reina.
- ¡Pero nada! Alista todo para mañana. Pon a tus hombres en sus posiciones.
- Si, alteza.
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Las estrellas pronto empezaron a desaparecer. El cuarto se iba iluminando, y el canto de la alondra anunciaba la salida del sol. Sobre la cama, Katniss seguía acariciando los cabellos de Peeta, quien se había recostado sobre sus faldas toda la noche.
- Debiste haber descansado un poco – le dijo él – no dormiste toda la noche.
- Ahh, ¿y tu si? – Lo miró con burla, y luego sonrió – No… prefiero aprovechar cada instante que me queda contigo.
- ¿Queda? – Preguntó él – estás muy equivocada. No hables como si fuéramos a separarnos. Nada nos "queda", porque estaré contigo siempre – se incorporó, y se acercó a darle un pequeño beso. Katniss sonrió.
- Está bien, señor optimista.
Peeta cambió de posición, y sentado en la cama detrás de ella, la abrazó por la espalda, y puso su rostro cerca del cuello de Katniss.
- ¿Cuánto tiempo estuvimos hablando? – preguntó.
- No lo sé…pasó tan rápido…que ya amaneció. Solo recuerdo que me decías que mi hermana visitó a Annie antes de ir a tu casa, y que Prim te había contado toda la situación... Dime Peeta, ¿Tus padre ya saben que estás aquí?
- Sí, ellos saben todo – hizo una breve pausa, y besó su cuello, tratando de aliviar la preocupación que de nuevo expresaba el rostro de Katniss – hablando de mis padres… me preguntaron a dónde iríamos de luna de miel.
- ¡Peeta!
- ¡Te lo digo en serio! ¿Quisieras visitar las grandes ciudades, o preferirías ir a las montañas?
- ¿Podemos… ir a la playa? – dijo tímidamente.
- Lo que tú digas – susurró en su oído, provocando una sonrisa en el rostro de la princesa.
- ¡Katniss! – Prim abrió de golpe la puerta y con la misma rapidez la cerró con llave, por precaución.
- ¡Qué sucede! Dime, Prim… - Katniss y Peeta se levantaron rápidamente de la cama.
- La reina viene en camino… no sé porqué, pero viene con unos guardias. Hermana, algo malo pasa…
- Peeta… - Katniss lo miró a los ojos - será mejor que te marches – lo tomó del brazo y lo guió hasta la puerta que daba al balcón. Lo miró de nuevo y le dio un beso rápido – Vete, que algo malo sucede, y no puedo arriesgarme a perderte.
- Ven conmigo – le dijo él, deteniendo la mano de Katniss que intentaba abrir la puerta de vidrio.
- No puedo hacerlo – subió la mano que Peeta había tomado por el brazo de él hasta llegar a su mejilla – no puedo irme contigo arriesgando tu vida si te encuentran a mi lado… Pero te estaré esperando. Solo prométeme que vendrás por mí.
- Lo prometo – Peeta besó sus labios y abriendo la puerta de vidrio salió hacia el balcón. Justo en el instante en el que desaparecía de su vista la puerta de la habitación se abrió de golpe y aún más fuerte que cuando había entrado Prim, quien seguía allí.
- Katniss, creo que tienes muchas cosas que explicar – Effie entró con su séquito de guardias y registró toda la habitación con su penetrante mirada - ¿Dónde está?
- No se dé que hablas, madre – dijo con la cabeza alta, dándose la vuelta y mirándola.
- ¡No seas cínica! – gritó, y luego miró hacia la puerta que daba al balcón, donde encontró algo muy interesante que podría utilizar a su beneficio. - ¿Dónde está ese muchacho, el plebeyo? – preguntó de nuevo.
Katniss se quedó callada. Mantenía la mirada firme en la de su madre, y no apartaba los ojos de ella.
- ¿No vas a decir nada? – La miró de manera burlona – Aparte de traidora y mentirosa, todavía lo cubres… ¡Insolente! Te estoy dando una oportunidad, pero parece que no la vas a tomar. Por última vez, dime donde está.
- No lo sé - dijo decidida, sin apartar la mirada.
- Bien… - Effie chasqueó los dedos, y la puerta de vidrio del balcón se abrió revelando a dos soldados que sujetaban fuertemente a Peeta por ambos brazos y se adentraban en la habitación, llamando la atención de Katniss.
- ¡Peeta! Era una emboscada… – dijo Katniss en voz baja, con una gran confusión.
- Me subestimaste mucho, princesita – Effie se acercó al muchacho, y levantó su rostro, haciendo que la mirara de frente. Luego de ofrecerle una risa burlona a la indignación en el rostro de Peeta, bajó bruscamente su mano – Mira que tratar de engañarme a mí. Claro que tuve algo de ayuda… Pero eso es lo de menos.
- No podrás salirte con la tuya – dijo Katniss.
- Al contrario – respondió – ya lo hice. ¡Llévenselo al calabozo más oscuro, donde nadie tenga contacto con él! – Gritó a los soldados que sostenían a Peeta – Y preparen todo, porque esta misma tarde será degollado, acusado de alta traición.
Katniss ahogó un pequeño grito de angustia y preocupación. Miró a Peeta, y pudo ver en sus ojos una gran tristeza. Tenía la cabeza gacha, cansado de forcejear con los soldados.
– En cuanto a ti, princesita, mañana es miércoles – agregó la reina - Seguiré esperando tu respuesta. Ahora, ¡Todos afuera! Quiero que todo esté listo pronto para la ejecución de esta tarde.
Dio media vuelta y arrogantemente salió de la habitación, seguida por todas aquellas personas que se encontraban dentro. Peeta, que iba de último con los guardias, giró su cabeza, y miró por unos instantes a la princesa que se encontraba sentada en el piso, derrotada.
- Katniss…– le dijo, casi gritando para que lo escuchara – Lamento mucho que esto haya pasado. Si me libero, cumpliré la promesa que hice de volver por ti. Pero en caso contrario…
- ¡Peeta! – gritó Katniss desesperadamente, mientras lágrimas resbalaban sin cesar por sus mejillas.
- Si llegara mi fin – Peeta se detuvo, pensando en aquella posibilidad - …Katniss, amarte fue una de mis mayores dichas, y por favor, si me quisiste tanto como yo a ti, hazme la promesa de que en ese caso no elegirás la muerte. Vive e intenta ser feliz, aunque sea con otra persona. Recuerda que yo nunca te olvidaré…Te amo, Katniss.
- ¡No, no! ¡Peeta! – hizo un esfuerzo por incorporarse y correr hacia él. Justo cuando iba a alcanzar su rostro las puertas fueron cerradas frente a ella, y pudo escuchar el horrible sonido del candado cerrándose e impidiendo su salida.
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Vio a través del vidrio que a la vez reflejaba las primeras estrellas de la noche cómo la criada entraba y dejaba una bandeja sobre el velador. La muchacha hizo una reverencia ante ella después de acercarse y suavemente le dijo:
- Su Majestad Effie me encargó informarle que acaban de decapitar al plebeyo. No entendí a que se refería, pero ese era su mensaje.
- Entiendo – musitó Katniss – puedes irte.
- Con permiso – dijo la muchacha, y se marchó.
Miró una vez más el anillo de compromiso que sostenía en su mano y lo apretó contra su corazón, mientras una lágrima solitaria cayó en el dorso de su mano.
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Abrió la puerta cuando aún el sol no había salido completamente, y la vio mirando por la ventana que daba al balcón. Katniss no se dio cuenta de su presencia; seguía inmersa en sus meditaciones, recordando aún las últimas palabras que le había escuchado.
- Sabes porque estoy aquí – dijo la reina, quien sigilosamente se había acercado a ella.
- Ya tomé una decisión – respondió tranquilamente, sin emoción alguna – Voy a casarme con el duque.
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Hola, aquí esta el penúltimo capitulo de esta historia, espero y lo disfruten. Perdón por la tardanza pero apenas hoy tuve tiempo de subir y de prisa porque mañana tengo práctica y aunque ya este de vacaciones (wiiiiiiii) pero aun asi tengo, espero y solo sea este sabado en fin...
Gracias a todos los que han comentado, leído y puesto entre sus favoritas esta historia, me han hecho muy feliz. y les vuelvo a poner las historias que tengo permiso para adaptarlas ya en el próximo cap. les diré cual subiré y ocupara el lugar de esta.
Aquí les van los resúmenes de dichas historias...
CHANTAJE A UNA ESPOSA (ADAPTACIÓN) Peeta Mellark era un despiadado magnate acostumbrado a conseguir todo lo que deseaba. Pero para obtener el complejo hotelero que deseaba, iba a tener que cambiar de imagen. La única persona que podía ayudarlo era la mujer que lo había traicionado hacía cinco años: ¡su esposa!
LA MUERTE EN UN DÍA (ADAPTACIÓN) Por causas del destino Peeta y Katniss no pueden estar juntos, y a causa de los celos de alguien más, tal vez no lo estén nunca. ¿Qué tanto tendrá que hacer Peeta para que Katniss vuelva a la vida? y ¿cuál fue la principal causa de su muerte?
EL CAMPAMENTO(ADAPTACIÓN): Peeta y Katniss se van de campamento con sus amigos. Lo que no sabe Peeta, es que descubrirá un sentimiento que ha estado oculto durante 15 años. Claro eso si... Ojalá que no sea demasiado tarde!.
EL TRATO (ADAPTACIÓN): Mediante un trato en común, Peeta y Katniss lograrán sus objetivos... Pero quizás, no sean los que establecieron desde un principio...
EL AMOR ES MÁS FUERTE (ADAPTACIÓN): Pasaron cinco años de lo que fue la mejor época de sus vidas. El destino los reencontrará cara a cara, y entonces tendrán que decidir si el rencor o el amor que se tuvieron y todavía sienten, es más fuerte...
LOCURAS POR AMOR (ADAPTACIÓN): Si ese sentimiento no viene acompañado de locura, no es amor... Cuando crees que tienes la vida perfecta y todo asegurado, un giro te hará ver las cosas de otra manera.
Bueno están son algunas de las historias que tengo permiso para adaptarlas así que ustedes decidirán cual subo primero vale?
Comentarios, quejas, sugerencias y más en un review!
Saludos!
Pd. Felices vacaciones a los que tengan n.n Nos vemos en el último capitulo.
