Samy me dicto por telefono se lo pasamos de contravando y nos tardamos un rato pero ya esta este capitulo ya cuando ella regrese lo arreglara io solo escribi y le pase lo de ortografya
weno disfrutenlo a ber si samy ya se recupera
Mentiras blancas
El interior de la oficina de Hiashi era una pintura en claroscuro. Las paredes y los muebles eran negruscos salvo algunas cosas, y la iluminación entraba únicamente por la ventana dibujando claramente la figura que temía ver. La de su padre.
Estaba de espaladas mirando el jardín de su gran casa lleno de esplendor y vida que no podía quitar la expresión de furia vana por el todo y la nada a la vez.
Hinata recorrió con la mirada la oficina topándose con el y guardando silencio por seguridad de su persona. De las paredes se despedía un frio tremendo que calaba hasta los huesos, y en lo absoluto se mezclaba bien en esos momentos y en la situación en la que estaba. La hostilidad de su padre la hacían vulnerable a callar con resignación y eso era lo que menos deseaba hacer, así que tomo fuerzas de lo mas recóndito de sus entrañas y cerró la puerta a sus espaldas.
Hiashi la escucho abrir la puerta, dudar un segundo en entrar al verlo y mas pronto de lo que el espera el sonido de la puerta cerrándose.
-Estoy aquí. Padre- oyó su voz segura y sincera. No le fue difícil deducir que no iba a ser tan fácil como la última vez en la que la entretuvo durante horas contándole vestigios de su pasado roto y desprendido de su conocimiento.
Ahora no había que ocultar nada, es más, al haber desobedecido merodeando en los lugares equivocados le había pasado lo que le pasó y Akatsuki tuvo que intervenir para salvarle de los Yakuza. Cuando volteó a verla Hinata se congelo al ver el hielo que emanaba de los ojos blancos de su padre. Eran como dos témpanos de hielo sin sentimientos ni compasión.
¿Era ese en verdad su padre?
Lo había sido siempre; pero esta vez podía ver con crudeza y ya sin ocultarlo más con mentiras a si misma la clase de hombre que era su padre. Estaba ante un ser corrompido lleno de odio y recelo, y sed de poder.
Lo desconocía completamente.
-Siéntate- le ordenó, pero ella no obedeció como siempre lo hacía.
-Debo hablar contigo- contestó en lugar de acatar lo que había dicho. Hiashi se molestó –Padre- Completó por cortesía.
-No seas insolente, dije que te sientes- se despegó de la ventana caminando hacia su hija. Por más que Hinata tuviere la necesidad de dar por lo menos un paso hacia atrás para rehuirle a su padre no se movió ni un centímetro de su lugar. Su cuerpo no reaccionaba ante las ordenes de su cerebro de comportarse sumisa por su propia protección, pero de inmediato reconoció en si misma esa reacción: era más y nada menos que su fuerza de voluntad, algo desconocida en su totalidad por ella misma de será tan poderoso como para mantenerla así volviéndola resistente ante todo. Por lo menos a mucho.
Hiashi la miró con despreció ¿Era esa su hija la que se había dejado en Tokio antes de marcharse para reunirse con socios en otro lado? ¿En donde dejó toda su timidez? ¿En el hospital? ¿Con Akatsuki? Aunque el ver la seguridad y firmeza de su hija en su expresión dulce y herida le movió en la mente la idea de imaginarla, si cambiaba realmente y después de llevar a cabo los planes que tenía pactados con Madara, como la legitima dirigente de la empresa Hyuuga. Pero la idea se disipó inmediatamente a la misma velocidad con la que llegó.
No había el terror de antes, eso lo enfurecía, y tenía una razón de ser: cuando estuvieron bajo un lluvia de balas al final de aquella carrera clandestina en la que tanto Naruto como sus amigos fueron lo suficientemente capaces para escapar ilesos pero no sin tener que pelear con todas sus fuerzas, Hinata comprendió que su amistad valía oro puro y la adrenalina que circulaba por sus venas era la necesaria para sostenerle la mirada y rayar en la altivez si era necesario. No podría amenazarla con hacerle daño a sus amigos y a su novio… por lo menos no hasta hablar más para dar en el clavo en el momento preciso. Tenía que ser astuto, determinando el instante adecuado. Iba a tenerla bajo su poder nuevamente sin que ella lo supiera. La táctica en la guerra más famosa por el espejismo de una falsa vicotoría: acatacar al fingir retirarse.
Hinata veía el rostro duro y severo de su padre, más alto que ella notablemente, pero no se movía. Así que solo pudo cerrar los ojos instintivamente como reacción cuando Hiashi le levanto la mano para voltearla la cara con la palma de su varonil mano confiada y fuerte. La cabeza de la pelinegra giro de tal forma que su cabello voló por el aire con sigilo y puso un pie hacia atrás para no perder el equilibrio. Lo único que salió de su boca fue un quejido de su dulce voz cortado por el golpe. No lo esperaba.
-Todo lo que te pasó fue culpa tuya- la miro inquisitivo. Hinata volteó a verlo con una mano sobre su mejilla dolorida que estaba tornándose rojiza, había sido injusto. Lo miraba con rencor.
Si tan solo no reprimiera el querer responderle eses golpe.
-Siéntate- ordenó de nuevo –No voy a escucharte si no lo haces- dictaminó.
La ojiblanca se vio obligada a hacerlo, por lo que se dirigió al mullido sillón frente al escritorio de ébano de su padre. La agresión física se la esperaba, pero el que el mismo hubiera dicho que iba a escucharla le daba por lo menos una luz de esperanza.
Paso un minuto de silencio incómodo cuando por fin Hiashi fue el que habló. Hinata le tenía más rencor por el golpe.
Caminó en la alfombra de su despacho pensando solamente en lo que había platicado con Madara esa mañana. Las ideas burbujeaban en su mente confundiéndolo al grado de no saber cual era el lado bueno ahora ¿El suyo con Akatsuki por tener protección y poder, o el de peligroso en el que podían ganar un enemigo más al rechazar ayudar a Madara?
No, ninguno era bueno, pero para el la idea del poder ya estaba tan arraigada en su ser que ya no se sentía capaz de deshacerse de ella solo con decidirlo.
Miro a Hinata. Su cabello negro azulado. Era tan parecida a su madre. Hanabi y Neji tenían el cabello castaño al igual, podía ser negro, pero resaltaba el café en cada hebra; en cambio la cabellera de Hinata era azul como el océano de virtudes que era su fallecida esposa. La odiaba por parecerse tanto y, sin embargo, no tener la osadía y fortaleza de su madre.
Detuvo sus pasos detrás del asiento de Hinata, su postura era erguida, no iba a agachar la cabeza ante el nunca más. Ya había soportado suficiente de el.
De verdad iba a caer rendida cuando esas fuerzas que la impulsaban en ese momento la abandonaran.
-Cuando me fui de Tokio confié en tu sensatez de siempre- En su voz había… veneno… Hiashi caminó de nuevo dirigiéndose por la espalada al otro sillón del lado derecho del que estaba sentada su hija -No serás la más brillante de las mujeres de tu edad, pero por lo menos no eras tan estúpida como para irte a meter a pleitos callejeros con esas basuras con las que te has estado juntando- Hinata se mordió el labio inferior con fuerza. Hasta ese momento no había declarado su odio total hacía su padre, solo parcialmente, pero con lo que le estaba diciendo se lo ganó todo sin disputa. –Eso pasa cuando te juntas con las idiotas de tu escuela con las que te encontraste. Han estado influenciándote-
Hinata apretó sus manos con la tela de su falda en entre ellas. Una palabra más y se sangraría el labio. Su entrecejo se vio bajo y cerrado por la furia.
-Y además…-continuó –Tal vez ahora ya sepas la clase de persona que ese noviecito tuyo al estar corriendo clandestinamente. Sabía que era un vándalo desde que lo vi, pero te permití estar con el solo por complacerte ese estúpido capricho tuyo, pero ya no lo voy a consentir. No tienes ni idea del peligro en que te expuso al arrastrarte a ir allá. Ese estúpido…-
-¡Ya basta!- se paró del asiento doblegada por la ira dándole la espalda. –No sabes como fueron las cosas…-
Hiashi negó con la cabeza después de atravesarla con la mirada ¿Se había atrevido a responderle?
-Me importa poco como sucedió- espetó con furia -Esta actitud tuya tiene que cambiar, ya te he permitido demasiado- caminó con dirección a sentarse en su escritorio. Fue ahí donde Hinata explotó. Acababa de salir del hospital gracias Sasori, un miembro de Akatsuki y ahora el hablaba como si nada de su desobediencia en vez de las cosas de envergadura que la tenían como estaba.
-¿Permitirme?- soltó en tono irónico y con los ojos rojos -¡Si hasta tengo que pedirte permiso para respirar esperando humildemente a que tú me lo permitas!- Hiashi calló por la reacción de su hija mayor. Definitivamente estaba acelerada.
-Insolente…-
-¡Te trato como tienes derecho a ser tratado por mi!- respondió colérica –Pude haber cometido un error al ir a esa carrera, por que fue mi decisión ir, nadie, ni mis amigas, me influenciaron. Fue por cuenta mía- se autoseñaló con la mano en medio de varios ademanes. Hiashi rabiaba por la actitud de Hinata –Me privaron de la libertad durante días, siempre estuve vigilada por esos sujetos de Akatsuki que no sabía si temer por mi vida o llorar. Pero ahora lo comprendo todo padre- respiro -Comprendo que tus nexos con la mafia sean los de Akatsuki y por lo tanto tu seas su socio. Comprendo que estuve vigilada todo ese tiempo por mi "protección". Comprendo que todo lo que rumoran de ti en los medios y entre le gente sea verdad. Eres un monstruo.
Hiashi Hyuuga estuvo a punto de golpear de nuevo a Hinata cuando su voz lo detuvo en seco.
-Adelante, hazlo. Golpéame, es lo menos que puedes hacerme después de todo, dominas mi vida, es tuya, y te complace destrozarla entre tus manos a tu sádico antojo…- comenzaron a humedecerse sus ojos. –¿Eres tu?- preguntó quebrándosele la voz.
-Hinata…- No paso por inadvertido esto.
-¿Eres tu el indicado para decírmelo? ¿Me dirás por que no tuve que haber temido nada mientras estaba con Akatsuki sin saber si iba a vivir el día siguiente o no? ¿Si te estaban extorsionando?- paró para respirar sintiendo calcinantes lágrimas mojar su cara –Tu… ¿estas con Akatsuki?- se rompió.
Hiashi calló durante unos segundos viendo a su hija llorar amargamente y en silencio. Quejandose y reprimiendo su dolor. La lucidez que lo había abandonado por tanto tiempo le regresó de golpe por un momento fugaz ¿Qué clase de padre era el?
-Si- respondió por fin después de verla durante tanto tiempo y después dejar hablar a su alma con un suspiro –Estoy con ellos…-
Ya todos lo sabían, ahora estaba confirmado.
Hinata se bebió sus lágrimas limpiando su rastro de sus ojos, pero seguía persistente en marcharse esa humedad de ellos.
-Entonces… ¿Por qué los dejaste quedarse conmigo?- pregunto soprendiendo mucho a Hiashi por la pregunta -¿Por qué me abandonaste a mi?- lo miró con tanta necesidad de saberlo que el no pudo negarle la verdad. Ya que si era la verdad.
-Por tu seguridad…-
Los yakuza buscaron a Hinata por días hasta que Sasori les envió la prueba necesaria para abandonar su búsqueda y dejar a la chica a un lado. De esto se había enterado Hiashi y por eso decidió que la retuvieran en el hospital más tiempo para poder deshacerse de la intromisión de los yakuza. Madara estuvo de acuerdo con el en un principio, pero no asimiló bien el que a pesar de ya haber acabado ese peligro por un tácito pacto entre mafias en cuestión de honor, Hiashi quisiera retenerla más en con Sasori y Dedidara. Si, se había enterado por boca de Pein.
Pero la razón de la decisión de Hiashi estaba muy clara para el, no era solo el hecho de que aún no se sentía capaz de poder enfrentar a su hija, era algo mucho más complicado. Comenzaba a desconfiar de Madara y su palabra.
Siendo socio no tenía derecho a saber los asuntos completos de Akatsuki por que ni siquiera las cabecillas los conocían, así que no podía pedir lo que nunca le iban a dar. Pero la duda de quien era el líder de todos ellos lo asaltó… ¿Pein? No, el solo regía debajo del líder junto con su esposa Konan y su amigo y camarada Nagato siendo cabecillas al lado de Madara, no conocían la verdadera identidad del líder, solo hablan sobre alguien singularmente hablando ya que era lo mas cercano del principal de su mafia. Solo una palabra, dos silabas, cuatro letras: Tobi.
No había escuchado ni visto a ese sujeto, pero desconfiaba de Madara. Lo había visto andar en tratos con un sujeto llamado Danzo, y no le estaba gustando en lo absoluto lo que cruzaba por su imaginación. ¿Acaso estaría cayendo en una trampara para entregar su empresa a una mafia sin saberlo? ¿Qué pasaría entonces con su familia, con sus hijas?
¿Qué pasaría con Hinata?
-Mi seguridad…- repitió después de aquellos minutos de gélido silencio entre los dos. Padre e hija y sin embargo tratándose y sintiendo al otro como un extraño.
Lo había logrado, lo había logrado por completo, se había ganado el odio y el despreció de su hija. No podía escapar de sus ojos y su fría mirada de hielo, no había duda de que era su sangre.
-Ya lo sabes. Tómalo como quieras tomarlo, pero estas con las manos atadas al igual que yo. Tienes tu vida aún, ya no estará bajo mi control si eso es lo que deseas, estudia, entrena, nada, viaja si es lo que realmente quieres –confesó haciendo un gran impacto en su hija por sus palabras ¿Era eso cierto? ¿Era libre? –Pero tienes que saber una cosa antes- interrumpió la expresión de sorpresa de Hinata –Si no soy yo el que controla tu vida será la mafia la que lo hará-
La pelinegra guardó silencio.
-Esa es la cruz que he puesto sobre nuestra familia a pesar de que mi único fin era garantizar la seguridad de todos, garantizar… nuestras vidas- miró el suelo sin bajar la cabeza, solo no mirando a su hija por temor de ver en ella la misma mirada fulminante que su esposa tenía con el reencarnada en la imagen de Hinata –Ni siquiera yo soy libre- expresó con tanta sinceridad que por primera vez Hinata sintió poder confiar en el, tal vez no estaba tan corrupto como pensaba.
Sin decir ni media palabra le dio la espalda para salir de la habitación. Sasori estaría bien, era un Akatsuki y debió haber recibido órdenes para liberarla. Tal vez su acercamiento hacia ella era solo por lástima o cariño por piedad de su destino, no lo sabía, pero estaba casi segura de ya no volver a verlo.
Caminando a su habitación sintió pánico, no por su padre sino por lo que hizo para haberlos llevado a cuestas a todos bajo el domino de Akatsuki y los mafiosos que lo manejaran, la intranquilidad de su padre la había desconcertado, no sabía como sentirse al respecto… ¿Llorar? ¿Con que lágrimas? ¿Lamentarse? ¿Con que voz? Estaba atrapada, ya no por su padre según sentía por los cambios que habría en un futuro en su relación.
Ninguno volvió a hablar de lo ocurrido, Hinata se sentía más libre, pero no lo era, y eso era algo que no veía con claridad por que la trampa de Hiashi había sido perfecta. La confundiría y temería a alguien más que solo a el, su odio se esparciría por todos los de Akatsuki incluyéndolo a el, y lo haría una carga menos pesada, pero como resultado seguiría siendo una chica cuya vida no estaba completamente en sus manos todavía. Es decir, seguía en las mismas a pesar de que Hiashi no estuviera sobre ella como arpía con ganas de roer su carne.
¿La razón de por que planear tan rebuscada estrategia para engañar a Hinata y mantenerla en casa aún? Simple, necesitaba tiempo. Esperó pacientemente a que cumpliera dieciocho años, para presentarla con Madara Uchiha y quien, sin saberlo, se convertiría en su futuro esposo según lo planeado para lograr la fusión legal de ambas empresas. Entonces solo se desharían de Itachi y como viuda Hinata sería despojada del poder de los dos bancos.
Tenía amigos, lo sabía, su novio y toda la bola de fracasados que la acompañaban, como el los sentía, eran un peligro para sus planes. Todos le brindarían ayuda si ella quisiera dejar la mansión Uchiha, ya tenía la mayoría de edad como para ser independiente, pero no quería dejarla ir, no si ya tenía un pacto con Madara.
Ese estúpido novio que tenía era un estorbo, el regreso de Gaara, del cual se enteró no hacía mucho lo hizo recuperar la esperanza de que ella abandonara al rubio Uzumaki, pero tal parecía no fue así. De todas formas si Gaara moría en el hospital para el sería ventajoso. Un distractor menos en el camino de su deuda y planes con Akatsuki.
Y es que no quería comprometer a su familia en los asuntos que el tenía con la mafia hasta que se dio cuenta de la utilidad de Hinata para los trámites legales de su golpe. Era la mayor y el la detestaba por débil e ilusa, así que el único uso que podría darle era el de herramienta, mas no contó con el espíritu resurgido de ella entre las cenizas del fénix cuando conoció la luz del sol declarando su amor por Naruto.
¿Llegar virgen al matrimonio cuando se casara con Itachi? El era mayor que ella y el casarlo era un farza, no era por amor o sacrificio, solo trámite para Akatsuki, pues al final eliminarían al Uchiha.
No, Hiashi no era una buena persona. Su mente era ya pura oscuridad cubierta por una densa neblina de ansias.
Cuando no la vió llegar a la escuela Naruto salió de las instalaciones para ir a buscarla. Se sentía mal por haberla dejado ir el día anterior, pero tuvo que hacerlo tratando de ignorar el nudo que se le había formado en la garganta. Corrió hasta las zonas residenciales de Konoha pasando la reja de superioridad que los acaudalados habitantes tenían y llegó a la mansión.
Hiashi no estaba, pero al pasar tantas cosas en la casa no sabían a quien obedecer y lo dejaron pasar para ver a Hinata. Entró, todo era lujo, elegancia y opulencia en el interior. Columnas de mármol blanco, piso del mismo material con grandes alfombras de medio oriente y candelabros inmensos, pesados y deslumbrantes en el techo. Una escalera gigante para el segundo piso y seguía hasta arriba al dividirse en dos por los lados. No había visto lujo igual a ecpeción de la casa de Sasuke, pero siempre había algo que no podía pasar por alto: esa soledad de la riqueza que acompaña solemnemente a la gente de dinero que vive con cargas en la espalda.
Entro al comedor, no estaba, en la estancia no la vio y se decidió a pasar a otra estancia donde la encontró, sentada, con un suéter de lana azul con cuello de tortuga y unos jeans negros ajustados al cuerpo. Estaba descalza, con el frio del piso pegándole directamente en la piel denuda de sus pies, y con una taza de te en la mano, mirando la nada, con un vacio en los ojos inmenso y profundo, difícil de decifrar para la mayoría. Inclsuo para Naruto al verla.
-¿Hinata?- la llamó al verla tan perdida. Aún tenía vendadas las heridas del accidente. Volteo a verlo con tristeza y el supo callar para acompañarla en su silencio, pero no en su soledad.
Se sentó a su lado y tomo su mano, ella pareció responderle con necesidad y afecto al aferrarse a el con fuerza en su apretón.
No quiso preguntar que había pasado, ella podía decidir no decirle, por lo menos hasta que se calmara, pero decidió hablarle para contarle como iban a ser las cosas de ese momento en adelante.
-Soy libre de el- absolvió todo en una sola frase. Naruto se quedo estupefacto.
-¿Cómo?- fue lo único que reaccióno a responder.
-Soy libre, mañana se ira a Kioto de nuevo y me dejará terminar la preparatorio y estudiar lo que yo quiera-
-¿Qué?- sonaba demasiado milagroso para ser verdad -¿Es eso cierto? ¿En verdad? –Demasiado…
Ella asintió, pero después bajo la mirada. A Naruto se le borró la sonrisa y la efusividad que estaba empezando a asomársele al verla.
-Pero… entones… Hinata…-
-No- lo interrumpió antes de que preguntara –No es de el de quien debo cuidarme- Naruto dejo de respirar por un segundo, sabía lo que iba a decir y sus dientes se apretaron automáticamente por la impotencia y la furia de ello –Debo cuidarme de Akatuki…-
Alcanzar la mayoría de edad no significa ser ya un adulto hecho y derecho completamente responsable. Aún no había terminado la preparatoria y la vida ya comenzaba a tratarlos como unos…
Con el paso de los días las cosas fueron con calma. Madara seguía reuniéndose con Danzo maquinando planes nuevos mientras Pein se encargaba de Orochimaru. A la primera oportunidad que tuvo Otogakure de poner un negocio clandestino Nagato y Pein se pusieron de acuerdo para arruinarles todo metiéndolos en disputas con los yakuza y acabando en un enfrentamiento en el cual la policía a penas si apareció y no hizo nada. Fue un golpe grande para Orochimaru, pero Kabuto se había encargado de salvar las ganancias y recuperar algunas de las chicas que tenían trabajando como sexoservidoras debido al tráfico de personas.
Definitivamente Otogakure se volvería un dolor de cabeza para Akatsuki, pues Orochimaru no quitaba el dedo del renglón de querer vengarse de Pein por una rivalidad severa arrastrada desde hacía lustros. Por lo tanto Kabuto seguía siendo la mano derecha de Orochimaru a pesar de su corta edad, siempre había soñado con estudiar medicina pues era muy bueno en ello, pero su profesión como asesino no lo iba a llevar a ello, así que sacrificó csu sueño por encontrar otro camino más cómodo para su animosidad.
Cuando se enteró del secuestro de Hinata por parte de los Akatsuki supo que las cosas se pondrías feas, ya que de seguro tendrían algo entre manos para quererla sana y salva.
Aún recordaba a esa dulce niña que era atrapada en el cuerpo de una escultural jovencita que participaba en la competencia de clavados. Alguien tan puro e inocente no merecía un peso tan grande, y llegó a estremecerle la idea de que Sasori hubiera estado con ella en el tiempo de su "secuestro", pues resulta que Pein, al enterarse de que el par de Sasori y Deidara habían "secuestrado" -después de salvar de los yakuza- a la hija de uno de los socios de Madara, su superior, pero no cualquier socio sino el mismísimo Hiashi Hyuuga, no dudó dos veces en querer hacerlos pagar por su enorme equivocación. Sobre todo a Deidara, pues el era el irresponsable.
Poco sabía acerca de que la verdadera mente maestra de ese plan había sido Sasori y las rídiculas razones que había tenido para hacerlo gracias a esa aborrecible obsesión que había nacido en el para con la chica.
Afortunadamente los dos salvaron sus pellejos al encontrar el pretexto perfecto para retener a Hinata con ellos en lugar de entregarla a su padre desde el primer día, pues no tenían escusa para haberlo hecho, y eso era la presencia de los Yakuza. Kuramoto Takeshi mandó a uno de los más peligrosos asesinos del clan para hallar el paradero de Hinata y tomarla para su mafia, pero no esperó encontrarse con Sasori en el camino y acabar desmembrado de la forma en que terminó su cuerpo. Y es que el escorpión de Akatsuki no temía ensuciarse las manos por que la sangre de sus enemigos le hacía el mismo daño que el viento. Después le ordenó a Deidara llevar el cuerpo a donde los yakuzas lo hallarían y captarían por completo el mensaje:
Hinata era, desde tiempo antes de que los yakuza fijaran su vista en ella, propiedad de Akatsuki.
Así que no intervinieron más. Después de todo, fuerte o no Roen había sido solo un peón más de los yakuzas que no fue lo suficientemente fuerte como para sostenerle la pelea a Sasori, así que era un deshora y no valía la pena vengarse, pues cualquiera, a pesar de querer tomarlo personal, lo pensaría dos veces antes de meterse con Sasori o Deidara.
Akatsuki, con pocos hombres, era un riesgo para la vida con solo mirarlos a los ojos.
Dos semanas después, con Hinata recuperándose y volviendo a sonreír comenzaron las competencias de la escuela contra su eterno rival Akai Mizu zen do, ya que las otras escuelas ni les pisaban los talones a estas dos. Hinata no participó, pero en las semifinales Naruto logró quedar en primer lugar arriba de Sasuke, lo cual hizo que el Uchiha bufará del enojo. Ya se sentía lo suficientemente humillado con el asunto de que Hinata fuere novia de su mejor amigo como para darse el lujo de perder ante el en lo que siempre fue él el mejor.
Debido a sus lesiones Hinata no pudo participar, pero no se perdió de animar a los chicos junto con Sakura e Ino.
Y tres días antes de la gran final ocurrió el milagro…
Temari, convencida por Shikamaru, se dejo consentir dejando a un lado todo lo que había tenido que soportar en las últimas semanas con su hermano menor en coma, la angustia de Kankuro en Akai Mizu zen do, el regreso de Hinata y la situación de esta con su padre y la mafia. Iban saliendo del hotel de la montaña del valle Aoi precisamente cuando el celular de Temari sonó. Al escuchar la noticia tan impactante callo de rodillas sobre la nieve con lágrias en los ojos…
-Gaara…- sollozó.
-¡¿Qué?!-
-Como lo oyes Hinata- hablaba desde el otro lado de la línea Temari.
-Pero ¿Cómo?-
-No lo se, solo no puedo dejar de estar feliz- respondió ella –Escucha, Shikamaru y yo estamos de camino para la ciudad, ¿podrías pasar a verlo por mi?... ¿Hinata?-
-Claro que si, ahorita mismo vamos-
Al escuchar esto Naruto comenzó a sentir curiosidad por la llamada que Hinata había recibido.
-Naruto- se dirigió a el un vez colgó –Vamos- lo tomo del brazo parándolo de la banca en la que estaban sentados en la escuela. Las clases ya habían terminado, pero les gustaba quedarse un rato más a veces recordando temas de la escuela por ser un su tutora Hinata. A final de cuentas daban vueltas a todo para estar juntos siempre.
-¿Qué? ¿A dónde?-
-Al hospital- lo miro a los ojos con una chispa de felicidad en aquel brillo perla su alma. –Gaara despertó-
Ante la noticia Naruto se alegró, el pelirrojo se iba a recuperar. Pero tan pronto como hablo quiso no volver a abrir la boca cuando pasó lo que pasó cuando llegaron a verlo.
-¡Gaara!- entró Hinata en la habitación seguida del rubio quien solo saludó con un simple gesto. El pelirrojo de ojos aguamarina se le quedó viendo inquisitivamente a la pelinegra cuando se acercó a su cama, estuvo a punto de hablar cuando ella continuó –Creí que… creí que no volvería a verte entre nosotros de nuevo- lo miró con tanta ternura desprendida de su ser que incluso Gaara se ruborizó, y ella se atrevió a abrazarlo.
Naruto observó la escena con recelo, si bien a pesar de saber que Hinata lo amaba a el no podía retener ese sentimiento de celos, ya que Gaara había sido el primer amor de Hinata en su vida.
El chico del tatuaje de amor en la frente miró al rubio con el filo del ojo con tanta profundidad que tomo determinación para tomar a Hinata de los brazos y quitársela d encima.
-¿Gaara?- lo desconoció de parte de el, pero creyendo que sería por sus heridas acepto alejarse un poco –Estaba muy preocupada…- se llevo la mano al corazón como casi siempre lo hacía –Yo…-
-Disculpa- la interrumpió el pelirrojo antes de que continuara. La miro fijamente con sus profundos ojos aguamarina rodeados de negro y por fin habló de nuevo -¿Te conozco?- preguntó con cierta soltura precavida.
Naruto se quedó boquiabierto, Hinata estaba estupefacta, muy dentro de su interior, en su pecho, algo se escuchó romperse. Se le heló la sangre y su pulso aumento, bombeaba sangre como loco su corazón. Y entonces cayó en la cuenta completamente: Gaara no recordaba nada.
Sus ojos se nublaron de lágrimas, a pesar de todo lo quería, a pesar de todo lo sentía cercano a ella como amigo, por que lo conocía, por todo el tiempo que pasaron juntos. Ahora, sin memoria, todo se iba a la basura como si nunca hubiera existido y solo se quedara como un sueño en su imaginación que nunca fue real.
Era solo su amigo, solamente su amigo, pero de todas formas dolía.
Naruto se cercó a ella, estaba temblando, pero Hinata solo sintió deseos de correr y huyó de la habitación empujando la puerta.
-¡Hinata!- quiso correr tras ella el rubio, pero fue detenido por el mismo Gaara.
-Aguarda Naruto- lo alcanzó de la camisa, el rubio volteó desconcertado ¿Sabía su nombre? ¿Cómo? Si no tenía memoria –Dejalo así- le indico.
El Uzumaki se relajó mirándolo confundido.
-¿Por qué?- lo miro extrañado, quería saber sus razones.
-Es mejor para los dos si es así- bajó la mirada, su mentira más grande para ella, la que lo alejaría definitivamente de Hinata para que ella pudiera ser feliz y el pudiera olvidarla, pues aunque ella quisiera que solo fueran amigos, el sabía que nunca podría ser amigo de la persona a la cual seguía amando con locura. Por eso lo hizo. Por eso decidió lastimarla. –Tú sales beneficiado de esto Naruto-
El rubio se enojo por el comentario.
-Hinata te quiere como amigo, no deberías hacerla sufrir así- lo regañó –No tienes ni la más mínima idea de lo que ha estado pasando, no deberías arrebatarle la felicidad. Vino hasta aquí por que despertaste y tu solo la haces llorar mintiéndole con esta falsa amnesia-
-Yo no quiero su amistad Naruto- lo detuvo antes de que siguiera para mirarlo, el rubio supo ver en sus ojos lo mucho que la amaba –Es mejor así, si estoy lejos no seré yo el que sea lastimado por verla contigo- sonrió tristemente.
Cuando Naruto lo dejó Gaara le hizo prometer que no le diría nada a Hinata, pero para el, esa conversación que tuvieron ni siquiera existió, era decisión de el decirle a ella la verdad o no.
Su cabeza daba vueltas ¿Tanto la quería Gaara como para llegar a tales extremos?
En la cama del hospital, mirando las sábanas en las que estaba acostado, Gaara recordó el último halo de esperanza que tuvo cuando estaban en la motocicleta antes de chocar. Un deseo que no quería que pasara y lo evitó, pero no podía negar que hubiera deseado estar con ella eternamente aunque solo fuera una ilusión al ser alcanzados por las balas de Deidara y así morir juntos.
Juntos…
-Hinata…- soltó al aire en un suspiro –Si no puedo tenerte entonces voy a alejarte…-
