Que bueno es caminar entre los vivos… Ahora, esta conti va como adeudo de lo que no he podido escribir, así que aunque no duerma los fines de semana voy a procurar publicar cada viernes… o madrugada de sábado.
Espero que Maggy no les haya causado muchos problemas escribiendo el capítulo anterior, pero en serio, encerrada y en observación no me concentraba mucho y nos tardamos las horas…
No estrujen su corazón con ansias de matarme por los conflictos del fic, la historia no es eterna, yo soy la que se la pasa describiendo tanto… Espero me perdonen…
Sin más que agregar, les traigo la continuación.
En cuanto llegó Temari al hospital y vio a Hinata llorando silenciosamente en los brazos de Naruto y la expresión demacrada de este, no pudo evitar pensar mal al sentir un hueco en el pecho. ¿Podía haber pasado la desgracia que había temido durante tanto tiempo en el que él estuvo en coma acabar pasando precisamente ese día en que sus ilusiones la golpeaban a muerte como flechas salvajes rompiendo el aire?
Afortunadamente no era así, pero igualmente era triste y desastroso.
Konoha Gakuen:
Los caminos de la vida en Naruto
Shikamaru estaba para ella en todo momento, era su apoyo para evitar caerse de rodillas y llorar a lágrima vida todas sus penas, pero al verla quedarse inmóvil observando a unos cuantos metros en la recepción del hospital a sus amigos con esa fría y deprimente expresión también llego a pensar en lo que ninguno quería imaginar con respecto a Gaara.
¿Tan débil podía haber quedado como para no resistir teniendo que abandonar este mundo?
Al verlos llegar Naruto bajo de nuevo la mirada hacia Hinata acariciando su cabello para que se retirara de su pecho y pudiera ver a la rubia. La ojiperla así lo hizo, y una vez divisó a su amiga en la lejanía, -en ese instante donde todo parece avanzar lento a los alrededores y los únicos importantes en la estancia son los más inmutables al movimiento por su propia acción-, reprimió el doloroso suspiro que quería escapársele de los labios, aún con los ojos húmedos.
Capítulo 35: Futuras decisiones
-¿Eh?- se quedó con la boca abierta una vez Hinata le informó del estado de Gaara con suma tristeza. No se acordaba de ella, entonces ¿recordaría a su hermana?
La sola idea la medio mató. Pero tuvo el valor para entrar a verlo a pesar de que las piernas le flaqueaban, ya que la fortaleza también puede ser una máscara para la debilidad y el miedo.
Su cama era blanca y de medianas proporciones, no era un catre, pero tampoco era la gran cosa para tratarse de un hospital tan exclusivo. La intravenosa de su brazo lo fastidiaba, aquella gota de solución cayendo a cada rato junto con todo lo de la habitación era tan monótono y aburrido que podría dormir a cualquiera de aburrimiento por la inactividad, pero este no era el caso de Gaara.
Su cabeza daba vueltas con una sola imagen, una sola frase y un solo sentimiento: arrepentimiento.
No era capaz de cumplir con lo que se juraba a si mismo y le había confesado a Naruto que haría, pues era una enorme mentira que crecería paulatinamente como parásito alojado.
El sonido de mediana fuerza al abrir la puerta de su habitación lo obligó a apartar los ojos de la ventana para dirigirlos a esta. Un vago y resistente a desaparecer deseo lo hizo pensar, con toda la maldad del mundo, en que fuere Hinata, para poder así recuperar su alma del infierno a donde la había condenado a morir. Pero no, no era ella.
Una rubia de ojos profundos y sagaces entró a la habitación con la mirada tensa y las facciones que un rostro que refleja firmeza podría tener dibujadas.
A penas hubo entrado se le quedo viendo intensamente esperando cualquier clase de reacción que le indicara con su simple gesto el si debía continuar o no. Si era lo correcto dar el siguiente paso y cerrar la puerta o retroceder dejándolo solo para pensar un poco y respirar profundo en su soledad aclarando la mente y saber bien lo que haría.
Pero no fue necesario al ver como su hermano menor la miraba directamente acusadoramente y hasta con rencor. No tendría que hacer lo que estaba haciendo si ella no le hubiera ocultado tantas cosas con respecto al paradero de Hinata cuando ya tenía tiempo para ir a buscarla.
Si, estaba tratando de señalar con el dedo a un culpable para su desgracia al no querer aceptar completamente que era culpa suya.
-Vete de aquí- giró su cabeza ignorándola y regresando a clavar la mirada en la ventana.
Temari se quedó sin voz al oírlo. La reconocía.
De inmediato cerró la puerta y caminó hacia el con decisión; pero no lo soportó cuando llegó hasta el y lo abrazó con tanta euforia y desesperación que Gaara se sentía asfixiado por la fuerza de la rubia.
-¿Qué crees que haces?- siguió indiferente y sonando molesto en su voz al querer quitársela de encima. Forcejeó con casi nulas intensiones de realmente hacerlo, pues cuando sintió las lágrimas de su hermana caer a su cara apresada a su pecho, supo reconocer y callar resignado al gesto de Temari. Después de todo ella debía haber pasado por mucho en medio de la angustia y el miedo a perderlo o tenerlo para siempre en ese estado de eterno sueño tan lastimoso para su pobre razón.
Rotó los ojos hacia otro lado mientras ella apretaba cada vez más fuerte su cuerpo contra el suyo, aferrándose a el por temor a que en un descuido se desvaneciera en el aire y todo resultara ser solo un sueño su modestamente dramático subconsciente...
-¿Por qué sigues aquí?- le preguntó cuando ya recuperó la calma y supo contenerse. Habían pasado ya unos minutos en donde la rubia se quedó sin palabras ni preguntas para hacerle si había gastado todas esas energías en abrazarlo. Pero al escucharlo pareció molestarle la pregunta. ¿Tan fría la consideraba?
-¿Qué otra razón puedo tener Gaara?- se dirigió a él. Gaara no habló ni se atrevió a mirarla.
-Quiero estar solo- dijo con toda confianza y desdén posible.
Trató de nuevo, pero no contestó, entonces estalló.
-¡Ya basta Gaara!- se levanto de la silla en el que se había sentado para estar junto a el al lado de su cama. –No quieres recibir ayuda, no quieres hablar, ni siquiera sabes en que estado te encuentras ¡Y no parece siquiera importarte!- logró captar su atención volteando a verla a la cara de nuevo- ¿Qué clase de ser humano eres entonces? ¿Qué paso contigo?-
Otra vez ese silencio pesado y sofocante inundó la habitación ensombreciéndola cuando una enorme nube tapo el sol afuera.
-Hasta ahora sueltas lo que quieres decirme…- la miro por el rabillo del ojo con desdén.
-¡Gaara!- clamó triste, se sintió ofuscada por la actitud de este para con ella, y con el mismo también.
-No me interesa-
-¡Deja de actuar como un niño inmaduro! No sabes lo que hemos estado pasando todos por tu estado- dejo ver la parte herida que tenía guardada desde hacía ya un tiempo -...en especial Hinata…- se paró en seco con la cara desfigurada por el impacto de haber mencionado el nombre de su amiga, cosa que no debió haber hecho si se suponía que Gaara no recordaba nada.
Pero entonces el rostro del pelirrojo se torno sombrío ocultando sus ojos en las sombras de su piel con la iluminación. Temari no supo como reaccionar al haber dicho lo que dijo, pero al ver la expresión de su hermano, vacía y sufrida, acabó comprendiendo.
-Mentiste…- pronunció con tal tono que parecía rogar por que no fuera cierto lo que estaba declarando, pero era cierto, había caído en la cuenta de lo que era la red de engaño de su hermano para con los demás. Podía engañar a Hinata pero no a su hermana con esa palabrería de amnesia por partes.
-No te perdonare si hablas- alzó la mirada con ojos asesinos.
-¿Pero que rayos crees que estas haciendo con esto?- se sintió burlada, y todo lo dulce que pudo estar por que despertara se le amargó. Gaara estaba poniéndose dificil y había comenzado mal -Nos mantienes colgando de un hilo pensando en lo que te paso, y tu nos tratas como si fuéramos…-
-Me marcharé de sus vidas- la interrumpió antes de que pudiera continuar.
-¿Como?- se sintió confusa -¡¿Crees que eso nos va a ayudar en algo?!- reaccionó mal, indignada de que ese joven de extraña madurez fuera su hermano. Pero entonces terminó por callarse todos sus reclamos al escucharlo. Dias y días soñando, repitiendo las imágenes en su cabeza de toda su vida, lo más importante, lo más grato, lo hicieron dar vueltas en círculos y meterle de nuevo la espina que ya estaba sacándose.
-¿Ya he hecho suficiente daño no lo crees?- se escuchó el autocompadecimiento de Gaara con tanto dolor que su hermana inmediatamente sintió lástima por el y vergüenza por de misma, como si todas las palabras de ira que acaba de lanzarle se deshicieran como el vaho de su boca en el aire cuando el frio reina.
Cayó de espaldas en la silla y miro al suelo callada y pensativa. Cerró con fuerza los ojos y soltó el aire de sus pulmones con dificultad y presión.
Tanto habían pasado en los años de su noviazgo que había dejado estigmatizado a Gaara de la forma más dura e irredimible posible. El amar con tanta pasión y entrega llega a mutar tan terriblemente en obseción y fijación que pierdes los estribos por el bien de hacer tu propia justicia para tu atrapada alma con el fin de ser feliz. Tratas de pelear con tus demonios interiores y pones las escusas más irrazonables que existan, pero que terminan por funcionar.
Y entonces te engañas a ti mismo sabiendo que tu crueldad ha superado los límites, pasando del conflicto interior al sadismo por querer seguir intentando lo que ya es un caso perdido.
Pero aún no has sangrado ni sufrido lo suficiente y quieres hacer que los demás sientan al menos un poco de lo que pasas y sigues pasando solo por tu necedad.
Y mueres por dentro. Te matas lentamente.
Eres tu propio verdugo.
*
¿A dónde se ha marchado tu cordura y tu perdón? ¿En donde quedó la razón?
¿Por qué seguir?
*
*8*8*8*
*
-Te faltan dos semanas para recuperarte por completo- veía las radiografías de las costillas de Hinata a la luz de la ventana con cuidado y atención al más ínfimo detalle. Era una doctora y dirigente ejemplar.
-Gracias Tsunade sama, he seguido sus indicaciones y tomé las pastillas que me dio- contestaba ella con pulcredad. Su rostro mostraba mejora y estabilidad a solo dos días de haberse topado con la amnesia de Gaara que el fingía pero ella creía era verdad al igual que todos, a excepción de unos cuantos que conocían su secreto.
Lloró, claro que lo hizo, no paraba de curarse de una herida cuando otra ya le venía encima y la hacía vulnerable a su debilidad nuevamente, así que tenia que levantarse, quitarse la amargura que acumuló lanzándola al viento como arena en la brisa del desierto para mantener la frente en alto y seguir adelante.
Lo pensó toda la noche una vez separada de Naruto, sabía que la culpa la tendría sobre sus hombros por ser la causante de la pérdida de Gaara, pero no pondría en juego su felicidad otra vez, pues todas las direcciones apuntaban a que ella regresara al lado del pelirrojo para estar a su lado y no volver a abandonarlo nunca más. Pero la voz de la razón la hizo reaccionar justo a tiempo para evitar una pena llena de crueldad y flagelación, pues si Gaara no la recordaba le estaría haciendo un favor al evaporarse ella de su vida por completo.
-¿Me estas escuchando Hinata?- la distrajo de su ensimismamiento al verla tan pensativa con la vista en el vacio.
-Hum? SI- agito la cabeza de un lado a otro infantilmente –No pasa nada- reiteró. Tsunade no quiso decir más.
-Bueno- regresó a su mullida silla detrás del escritorio tomando su bolígrafo para anotar en unas hojas el nombre de un medicamento –Entonces sigamos con el mismo tratamiento y estarás bien más pronto de lo que esperábamos. Te dije que este fármaco era excelente- escribió con kanjis mal acomodados en una receta de su libreta que arrancaría para dársela a su alumna. El silencio de esta la hacían reflexionar sobre mucho.
-Hinata- la llamó a lo que ella se dirigió hacia su maestra desde el diván en el que se encontraba sentada –Me he enterado de la buena nueva, felicidades, es todo un privilegio que Francia no haya dudado ni un solo segundo en aceptarte- comenzó a hablar dando en el clavo de su otro pesar…
Al día siguiente de haber visto a Gaara llegó de la escuela a la mansión como siempre a pesar de estar aún perdida en el espacio de todo lo que pasaba en tan corto tiempo, primero retomar la escuela, después las competencias de clavados, y de la nada el despertar de Gaara. Oh si, era suficiente como para mantenerla agotada. Pero no, faltaba cansarla más.
Afuera llovía, y al entrar Hinata le dio su paraguas a uno de los sirvientes.
-Le llegó correo Señorita Hyuuga- la recibió una de las chicas de servicio de la mansión en la entrada.
-¿Correo?- no estaba acostumbrada a recibirlo.
-Si, lo deje en su habitación-
Subió como si nada con algo de paz taciturna mientras cavilaba en lo mismo de siempre con respecto a su vida cuando entró a su cuarto y se topo en la luna, junto a su cepillo para el cabello plateado, la carta menos esperada en su existencia. Y menos en esos momentos tan complicados y estresantes…
•Conservatoire National Supérieur de Musique et de Danse de Paris•
-Es un gran honor ¿no crees? Los franceses interesados en una japonesa, que peculiar…- sonreía la directora de la Universidad de Konoha felizmente, Sai le había confesado sus intenciones de mandar ese demo con las interpretaciones de Hinata que había grabado sin que ella se diera por enterada y las mandó sin preguntar primero. Solo como un arrebato. Como buena confidente guardó el secreto, pero no pudo evitar pensar en Naruto y en el como recibiría la noticia, pues al ver la cara de Hinata al día siguiente en la preparatoria Sai, con todo lo que sabía de la mente, el subconciente y la personalidad de la gente por lo que se había dedicado a leer de psicoanálisis, supo de inmediato que Hinata había sido aceptada sin dudarlo. Y fue a decírselo a Tsunade…
-Yo…- trató de responder, pero de nuevo recordó todas esas veces tan seguidas desde que regresó a su casa de haber estado con Akatsuki en que se puso a tocar el piano noche y día, incluso en la escuela. Siempre piezas suaves y las más hermosas y complicadas que tocaba con tanta maestría propia de su naturaleza. Solo tocando la sinfonía de la vida se olvidaba de las cosas y podía ver con sinceridad a los ojos de Naruto sabiéndose entera por estar con el y que valía la pena todo.
-Siéndo honesta no se que pensar- trató de decir con sumo cuidado.
-¿Eh?- soltó Hinata. Primero Tsunade la estaba felicitando y ahora parecía retractarse.
-Vamos, sabes que cuentas con todo mi apoyo Hinata, como Directora estoy orgullosa de ti ante esta grandiosa oportunidad de poder irte a estudiar música a París… pero…- se detuvo dubitativamente sin saber si terminar su frase o no. De seguro Hinata se sentía en conflicto por eso.
–No se como vaya a tomarlo Naruto-Termino Hinata por ella.
Tsunade calló observándola con dulzura maternal. El rostro de una niña tomando decisiones de mujer…
-Tal vez lo deba rechazar…- pensó –En un principio dije que lo que quería ser era dedicarme a los clavados, hasta que caí en la cuenta de que solo lo hacía para honrar el recuerdo de mi madre y solo por eso. Me gusta, pero no tanto como el piano… o la cocina…- entonces se llevó ambas manos a la cabeza negando por su confusión. La directora solo suspiraba por ella, había hablado de más…
-Tranquilízate Hinata, escojas lo que escojas estará bien- la hizo recuperarse de lo acongojada que estaba poniéndose –Además, ¿Qué no el amor es capaz de superar las fronteras así como toda clase de la distancia?- le pelinegra se sorprendió por sus palabras robándole una sonrisa que realmente le ayudó.
-Gracias…-
-De nada- se levantó –Ahora vamos- se acercó a ella extendiéndole la mano -La final va a comenzar en unas cuantas horas y no podemos perdernos a Naruto y a Sasuke en ellas, el trafico a estas horas del sábado es pesado por la salida diez- declaraba mientras directora y alumna salían de la oficina para ir a la alberca olímpica oficial de la ciudad en donde se estaban celebrando las nacionales entre escuelas en los clavados. Hasta allá habían llegado Sasuke y Naruto, y ahora, encarados frente a frente, darían la máxima prueba de sus habilidades superiores con respecto al otro en la batalla deportiva más decisiva y esperada por ambos desde que había pasado la victoria de Naruto en esa carrera de autos en donde le ganó a Sasuke obligándolo a regresar con el a su vida de antes.
La oscuridad de Sasuke no se había apagado, por el contrario, había encontrado un nuevo detonador, pero la luz de Naruto irradiaba más que nunca a la par de este. Los dos estaban en los mismo términos, y a pesar de tener a Hinata de por medio sin que Naruto conociera o adivinara al menos el resentimiento de Sasuke por que tener lo que el quería para si mismo, este enfrentamiento entre ambos estaba completamente envuelto en su rivalidad aparte de los sentimentalismos. Simplemente los dos se lo debían.
Akai Mizu zen do seguía en la lucha, claro que sí, pero la verdadera guerra se vería entre los participantes de la misma escuela ganadora del primero y segundo lugar en las semifinales. Naruto y Sasuke.
*8*8*8*
-Tal vez debería meterle colores frios…- meditaba un joven e inspirado dibujante afuera de las instalaciones de la alberca olímpica en donde su novia y compañeros de la escuela habían asistido junto con el demás público y la prensa para ver la competencia, pues incluso había buscadores de talento entre la gente en espera de encontrar al siguiente candidato a competir representando al imperio japonés en el Mundial de Clavados y en los próximos juegos olímpicos, si era posible.
Pero por el momento Sai solo se concentraba en el trazo de su dibujo casi parecido a una fotografía por lo preciso que había hecho de Hinata para regalárselo como su presente de felicitaciones por haber logrado entrar al Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París solo con que la institución hubiera escuchado las piezas que ella había interpretado un cálido día normal, común y corriente para ella.
Sai supo reconocer el talento de Hinata, pero confundió una dedicación musical por amor a este arte por una profesión y se lo llevó a los extremos al decidir enviarlo a Europa en vez de limitarse solo a Japón, pues el lo consideraba como avanzar hacia la cima del reconocimiento universal. Mas no sabía que lo que el había visto como una cosa era otra, y Hinata simplemente estaba indecisa de que estudiar y hacer realmente con su vida al dar fallo a su primera decisión solo por unos cuantos inocentes comentarios que la perturbaron.
Necesitaba definirse… pero por el amor del Dios, ¡¡¿Por qué a otro continente?!!
-Acuarela, óleo ó acrílico… acuarela, óleo ó acrílico…- trataba de decidirse que técnica utilizar para el fino y perfecto trazo que había hecho de casi un metro de altura, pues era un cuadro completo y le gustaba andar haciendo las cosas mas extrañas en los lugares menos indicados. –Óleo- decidió una vez vio mejor la perspectiva, la línea y el detalle, pues merecían la mayor dedicación y esfuerzo. Iba a ser un gran cuadro. Iba…
Una guitarra comenzó a sonar con acordes dedicados seguido de una voz admirable cantando:
"Sou sa niku no wareme kayou buta ni toikakete mina
Mitasareta kazu dake kane wo BARA maki kokoro wo ushinau" a gran velocidad, pero deteniéndose al segundo verso de la canción cuando Sai respondió.
-Mushi mushi- hablo con su paz de siempre. Pero al reconocer la voz de quien la hablaba no pudo evitar pasar saliva.
-Así que mi administrador favorito esta retomando de nuevo sus dibujos… que encantador- asco, le producía asco su voz.
Tuvo que pasar un segudo para respirar profundo y así poderle responder.
-Danzo san…- espetó desinteresado, pero no despreocupado.
-Solías decirme Danzo sama…- replicó por sus modales.
-Y solía tener un hermano mayor-
Sai no era la clase de persona que mostrara sus sentimientos, y Sai no era su nombre, pero sí lo era en esta nueva identidad con la que había comenzado una nueva vida estudiando en Kanto, en la capital del país Tokio y no en su natal Osaka.
Su pasado estaba lleno de sombras y sus manos estaban cubiertas de sangre y odio, el y su hermano, al ser huérfanos y huyendo de los maltratos de su hogar adoptivo, se involucraron con las personas equivocadas para poder pagar sus estudios haciendo cosas incontables por el nivel de barbaridad que representan. Su hermano era un genio en el kendo que lo llevó a ser la mano derecha de Danzo como líder independiente y a corta escala y alcance del bajo mundo; y debido a su genio para las finanzas Sai era la otra mano de Danzo administrando sus negocios. Hasta que su hermano murió a manos de la recién formada Otogakure y el se retiró de ese camino cambiando su nombre y su identidad por ayudar a la policía a atrapar a los asesinos de su hermano, pero al mismo tiempo, sin que el lo predispusiera así, localizar a Danzo.
Excluido y tratado de traidor y con los criminales libres por el terrible sistema de justicia, tuvo que cuidarse la espalda, por lo que harto de ello y ya consiguida su nueva identidad, con solo unos cuantos yenes en el bolsillo llegó a Tokio con esperanzas de poder dejar su pasado en Osaka y así comenzar de nuevo.
Era brillante, no por nada estaba en Konoha Gakuen becado.
Pero al estar recibiendo esa llamada Ino le vino a la cabeza como relámpago. La amaba demasiado como para exponerla así al igual como para perderla diciéndole la verdad o marchándose él de su lado. Por primera vez un amigo de Naruto sentía en zapatos propios lo que era estar en una situación como esa por culpa de la mafia y un turbulento pasado. La posibilidad estaba ahi, pero no se desarrollaba.
-¿Qué es lo que quieres?- oculto su alteración. El frio Sai estaba nervioso.
-Tu novia es bastante bonita he de admitir…-
El dibujo de Sai cayó al suelo directamente a un charco producto de la lluvia del día anterior.
-Tranquilo, una futura modelo con tanto talento como ella no debería perder su futuro si se le arruinara el rostro… ¿no crees?…-comenzó la parte fea con una abominable sonrisa en su arrugado rostro rajado –Sabes como podríamos evitar eso ¿verdad?-
Sai apretó los dientes con furia. Si Naruto no se había escapado de los vestigios de su tormentoso pasado, él menos.
-¿Qué te importa más...? Eres Sai ahora ¿verdad?- continuaba feliz de su extorción con su desgraciada alma negra -¿Tu libertad libre de mi o… tu querida novia?-
Madara le había puesto sobre la mesa a Danzo un trato que no podía despreciar. Necesitaba a Sai.
El cielo antes soleado se cubrió de nubes mientras un pelinegro desaparecía del edificio y un Chrysler Crossfire color plata entraba al estacionamiento del mismo con Tsunade y Hinata en su interior.
Sakura e Ino saludaban desde la acera a su amiga al lado de Sasuke, Naruto, Kiba, Shino y Choji. El rubio no pudo evitar sonreír de lado a lado al ver llegar a su novia y Sasuke de nuevo bufo para sus adentros molesto por sentirse impotente ante esa situación de Hinata al grado de incluso odiarla con todas sus fuerzas deseándole el mal y el bien a la vez.
Afuera el dibujo de Sai arruinado por el agua del charco acababa por borrar las líneas que había trazado de Hinata tocando el piano. Casi como un presagio.
Antes de entrar, con Hinata siendo abrazada por Naruto y con Ino preguntándose en donde estaría Sai si lo había visto hacía un instante en el caul el salió a dar una vuelta en búsqueda de aire e inspiración mientras ella se quedaba a platicar con Sakura, Shino hiso una sabia reflexión al postrar sus ojos más arriba de las copas de los árboles en un sitio más alto que los edificios.
-El cielo acaba de entristecerse-…
Gaara… aprenderá su lección =) y seguirá con su vida =I??????
Con lo de Sai, bueno, en el manga y en el anime sigue siendo una sombra de misterio muy interesante para mi, ya tenía contemplado mezclar a Ino y Sai en esto junto con los demás (es que hasta ahora solo han estado de anexados, pero se verá la relevancia en el futuro –no de todos, hay quienes ya tuvieron su momento-), pero ya verán lo demás… (muajajajaja).
Con respecto a Sasuke también tendrán que esperar a que se revele lo que se tiene que revelar para él de la familia Uchiha…
Y con lo de la competencia… habrá que ver quien gana ¿no?
¿Hinata dejara a Naruto por su sueño o... dejara su sueño por Naruto? ¿O pasara algo más? ¿O no es ese sueño?... YuO
ViX
