Paso número uno: pierdes a un ser querido. Paso número dos: ¡viajas a donde no hay computadoras ni internet! Paso número tres: fallas en la escuela, te explotan laboralmente, haces todos los trabajos tu sola y te humillan de la forma mas tácita y abominable posible ante tus rivales habiéndote puesto en manos de alguien a quien respetabas y admirabas por ser tu maestro y el mejor de todos, (de hecho es maestra)... Resultado: un mes horrible y caótico. Con lo de la humillación de mi maestra me basté para convencerme a mi misma de nunca volver a escribir, pues resultó ser una experiencia más estigmatizante de lo que yo me trataba de creer. Pero al final la mande mucho por un tubo a ella y a sus convocatorias del asco. No volveré a escucharla ni a hacerle caso, ni siquiera la veré con los mismos ojos. Así todo estará bien... :3

No permitiré que su desleal traición habiéndome lanzando al fuego como un pedazo de carne me quite las ganas de escribir, por que me gusta escribir y seguiré escribiendo aún cuando ella diga, piense, crea y diga lo contrario. Si bien antes tenía mi admiración ahora se gana mi recelo. ¡Y no por ella y sus insensatos comentarios voy a abandonar mis historias!

Les pido disculpas por haber dudado tanto en volver a sentarme frente al ordenador a continuar escribiendo fanfiction pero tenía que desahogarme y quitarme estas absurdas ideas de la cabeza para pensar con claridad.

Así que continuaré... u


-¡Oh vamos, una botella más!- decía ya bastante ebrio Kiba con la ayuda de Shino para no perder el equilibrio, por supuesto que el Aburame no estaba nada contento con la situación, pero a como diera lugar no podía abandonar a su amigo tan perdido a pesar de estar pasando por un gran ridículo ante la gente del lugar y sus propios amigos. –No se obtiene el oro todos los días, ¡debemos seguir celebrando!- levantó la cerveza que aún llevaba en la mano.

Sus amigos habían festejado el triunfo y sugeridos por Yamato, (únicamente sugeridos), se fueron a la misma disco de siempre a descargarse en la pista de baile. Pero Kiba se había sobrepasado en la barra pidiendo bebida tras bebida en un vago intento por recuperar su fogoso libido amainado desde ya hacía mucho tiempo.

-Ya bebiste suficiente por hoy- recalcó Sasuke mientras le quitaba la bebida de las manos y el Inuzuka le reclamaba inmaduro al Uchiha siendo que este ni siquiera le ponía la debida atención al regresar la mirada a unos cuantos metros donde Naruto y Hinata bailaban la canción más sonada en la radio y la red con una sonrisa limpia en la cara al hacer tocante movimiento. Sus dientes parecía crujir como inevitable reacción.

Konoha Gakuen:

Los caminos de la vida en Naruto

Ellos estaban felices, Hinata sabía bailar, pero no más allá de los vals y bailes lentos que en su costoso internado aprendió, así que se había dejado mover con el ritmo de la música alentada por Naruto y su contagiador entusiasmo de siempre. Lo que no sabía era que él estaba en la misma situación, a penas si sabía moverse, aunque con la alegría que llevaba de saberse pronto a una entrevista para la universidad a la que él quería ir debido a la competencia que había ganado ese día se movía junto con Hinata enérgicamente.

Estaban felices, miraban al otro y sonreían, realmente felices

-Ya vámonos de aquí- arrastró Shino al chico perro con él, estaba seguro de que no tardaría en perder el sentido –Sasuke ¿te quedas?- se dirigió a él, pero al no encontrar respuesta y percatarse de hacia donde estaba mirando prefirió no decir más.

Capítulo 37: Tormento

El azabache aún en su mundo apretó los puños con fuerza. La odiaba cuando lo miraba así, de esa manera, con tanto amor. La detestaba, había aprendido a blasfemarla en silencio solo con la mirada, a imaginarla pasando por lo peor, víctima de lo más terrible que se pudiera elucubrar estando en su sitio. Como enamorado taciturno perdido en su personalidad pura. Esclavo de su figura. Tal vez imaginándola perdiéndolo todo…

Destensó los brazos derrotado, se reprendió a si mismo por desearle tanto mal, era su amiga también y la novia de Naruto, no podía desearle eso aunque solo fuere por rencor.

Levanto la vista tratando de despejarse, procurando recuperar el aliento y, probablemente, la cordura, pero solo se topó de nuevo con la pareja del rubio y la morena bailando ahora una canción lenta abrazados tiernamente. Ella con su expresión dichosa recargada en su pecho, inclinada en su hombro, y Naruto disfrutando de esto.

Apartó los ojos, no quería verlos más si se torturaba tanto por admirar desde la penumbra de aquel antro lo que no podía poseer. Y al fondo descubrió a una pelirosa, con el cabello revuelto de tanto haber bailado como poseída, al lado de un hombre joven pero que de seguro le levantaba más de cinco años de edad.

La veía usando un vestido rosa corto, llegándole a penas a los muslos, tacones de aguja y una cerveza en la mano, platicando con aquel sujeto con fines obvios. Le leyó los labios en su plática.

-No sabes lo que es estar en mis zapatos Mizuki, es complicado…- decía entre ebria y entre cuerda.

-Deberías al menos quitarte esas ideas de la cabeza por una noche… ¿no lo crees?- volvió a sonreír aquel tipo haciendo que en ella también se dibujara una sonrisa. ¿Qué acaso no podía verlo? Solo estaba flirteando con ella por que quería llevársela a la cama.

Lo ignoró, no le importaba Sakura ni mucho menos lo que hiciere con su vida., así que prefirió tomar otra cerveza de la barra y salir, ya estaba harto, no quería saber nada de ellos ni de nadie. Así que desapareció en la nada conduciendo su auto, recordando con fiereza que con ese mismo vehículo Naruto había enfrentado una carrera con la mafia para rescatar a Hinata. De nuevo el martirio…

Puso la imagen de los dos bailando hasta hacía unos instantes, él, vestido de forma formal pero ya desarreglado con la camisa afuera y abierta y sin corbata, ella vestida de la misma forma en que Sakura había ido por pura casualidad, pero era más que obvio que el atuendo de Hinata era de mayor calidad y precio además de no tener escote y ser más largo. Tenía un aro en la parte del pecho conectado con el lazo que rodeaba su cuello de cisne así como unos tirantes del mismo grosor del lazo principal. Con los brazos descubiertos usaba brazaletes, y su calzado -igual de tacones pero de plataforma- tenía pedrería brillando con las luces de la pista. Se descubrió a si mismo habiéndole observado hasta los pies, y se sumió en esa ira que ocultaba de nuevo. Estaba feliz ante sus amigos, pero con el orgullo herido por la victoria de Naruto y por el apoyo y afecto de Hinata incondicionalmente, sus celos eran tóxicos, venenosos hasta más no poder. Parecía que el propio diablo los escuchaba, susurrándole a sus oídos intervenir, como rogando y clamando el que sucediera algo…

Pero mientras tanto ellos seguían felices celebrando en la pista tenerse sin pasar nada que arruinara el momento.

-Naruto…- murmuró en voz baja mientras la canción llegaba a su fin y el no la soltaba ni en el más ínfimo descuido.

-Dime- respondió tranquilo. Íntegro. Completo…

-Te amo…- lo abrazó más dichosa que nunca a lo que el respondió igual.

-Hinata…- clamó su nombre segundos después obligándola así a mirarlo, feliz y dulce… -¿Vendrías conmigo?- preguntó quedo, solo para ella, quien sonrió de nuevo, aún más al escucharlo.

-¿A dónde?- le siguió después de una breve risa.

El rubio la tomó de la mano apartándola de todo lo demás para salir por la puerta trasera del lugar, al principio creyó adivinar sus intenciones pero al seguir por el callejón oscuro hasta salir a la calle y abordar un taxi le asaltó la duda. -¿Naruto?- ¿A dónde la estaba llevando?

-Confía en mí- dijo él brindándole a ella aliento para calmarse, después de todo al tomar su mano sabía que todo en el mundo era perfecto, sin recordar a su padre, a la mafia o su futuro… era solo él en ese instante, y por eso era felíz. Completamente felíz.

De nuevo otro suspiro, era el cuarto para ser solamente una canción, así que Shikamaru decidió poner más atención a su novia y su demacrada apariencia, pues aún cuando los dos llegaban a separarse de los demás para querer un poco de privacidad, ese día Temari parecía querer aislarse tanto del mundo entero así como de él. Estuvo a punto de preguntar, unos cuantos segundos más y hubiera podido pronunciar palabra, sin embargo ella acabó leyéndole el pensamiento al sentir sus ojos sobre y asi adelantarse a sus intenciones con mayor disposición de él.

-Todo esto me hace sentir algo culpable por mi hermano…- reveló mirando una de tantas mesas privadas en la que estaban separados por paneles elegantes y llamativos.

El chico de coleta estaba recargado en el sillón al lado de ella con su trago en la mano, viéndola intranquila. Para llevar poco tiempo de noviazgo los dos tenían una sincronía incomparable y misteriosa. Una sincronización realmente bella.

-No he sabido nada de él últimamente- bebió otro sorbo con calma y en silencio -¿Esta bien?-

-No lo se…- tardo en responderle -ni siquiera yo lo sé…- negó con la cabeza, cansada emocionalmente –Debería sentir algo, por lo menos, intentar…-

-¿Recuperar la memoria?- completó por ella, y ante esa cuestión la rubia guardó silencio pensando en la enorme mentira que Gaara había creado con respecto al accidente. Era un desastre, se había vuelto un testarudo renegado. No trabajaba, no estudiaba, había dejado la escuela y había abandonado sus negocios también, seguía siendo el dueño de Ai Sunna Inn, pero no hacía ya nada ni mostraba interés, parecía haberle perdido el sentido a la vida. Y ella guardaba el secreto.

-Si, eso…- respondió después de un largo tiempo en el que meditó sobre lo pesado que era mantener aquello oculto. También la consumía por dentro.

Su novio la miró perderse en su propio mundo y solo accedió a tomar de nuevo de la copa de su mano. Así como ella podía leerlo el también la leía a ella. Tal vez incluso más y mejor...

-Es injusto tener que callar únicamente por ser su hermana…- soltó como si nada después de un incómodo silencio por parte de ambos al instante que ella volteaba a mirarlo con impacto y soslayo. Lo sabía, él lo sabía, y eso la espantó como nunca, y su novio supo ver en los ojos de Temari su preocupación, asustada de que alguien más estuviera enterado. Estaba completamente anonadada…

–Tranquila- la calmó -nadie aparte de mi lo sabe- se acercó acariciándola de la barbilla antes de que la rubia estrechara su mano entre las suyas pegándolo a su rostro con tristeza, abatida y apenada por la situación en la que se encontraba a pesar de ser ese un día de celebración así fuere ajena y compartida…

-Lo siento…- se disculpó por la mentira que había alimentado consiente de lo que con eso se conllevaba.

-No tienes por que- decretó rígido -Es su decisión apartarse de Hinata para tratar de olvidarla, lo has de saber bien…- siguió acariciando su suave rostro.

-No es eso lo que me preocupa…- respondió una vez aceptado que él supiera el estado de Gaara y sus mentiras. –Él es demasiado terco…- comenzó a sentir inmensas ganas de llorar por lo que hablaban… -No se si sepa rendirse con todo lo que ha pasado. Ya perdió, eso esta más que claro, Hinata nunca regresará con él, pero…-

-El no puede olvidarla…-

-No…- confirmó escarmentada –No es eso. Pasaron muchas cosas cuando estaban juntos… ellos, parecían el uno para el otro, e incluso habían planeado viajar por el mundo lado a lado…- suspiró -En eso se había basado su vida, en ella… pero ahora…- se detuvo insegura de continuar.

-Temari…- el Nara hizo que lo mirara. Tenía que escuchar y asimilar lo que iba a decirle. –La vida de uno no puede girar siempre entorno a una sola cosa o persona que podría desaparecer de nuestras manos en un abrir y cerrar de ojos aún cuando no lo queramos.- pasó su pulgar por el pómulo de la rubia –Existe más de una razón para vivir ¿no lo crees así?... Si, es duro renunciar a lo que más amamos en este mundo, incluso yo comprendería estando en sus zapatos por lo que pasa, pero desahogarse con alcohol en soledad..., esa no es la solución. Gaara tiene que aprender a vivir sin Hinata por más desgarrador que le sea enfrentar esto-.

-Shikamaru...- escapó de sus labios al mirar la determinación de su novio, parecía tener en claro todos los escenarios posibles y conocer de antemano el futuro como si el propio tiempo se lo hubiera revelado con anterioridad. Y sin dar más espacio a alguna otra palabra o ademán juntaron sus labios en un tierno y preciso beso alentador.

-Hermano...-

*8*8*8*

Casi como premonición, caminando noctámbulo por las instalaciones de la Konoha Gakuen completamente vacía y con las heladas paredes como espectadores de su pesar, Gaara recorría el pasillo por el cual el día en que había iniciado clases en esa escuela había reconocido a Hinata entre los demás alumnos y había armado todo un escándalo entre los rumores de las escuela por haber ido hasta ella al lado de su novio y besarla. Sonrió triste, sorprendido de hecho por sonreir, pero resignado. Esa palabra, novio, en lo que a Hinata se refería en el tiempo presente ya no se refería en nada a Gaara si su elaborada mentira de amnesia que había sido concebida y no había marcha atrás sin quedar marcado como farzante.

Tuvo esperanzas, el último intento al despertar de haber soñado hiladamente con ellos y lo que habían sido juntos. Pero lo que habían vivido, compartido y planeado se había vuelto polvo y melancolía, no había ya más. Su carta final había sido una leve idea de arrepentimiento por parte de ella si la culpa la apesumbraba para dejar todo de lado -y como efecto calumniador a lo que ya había decidido tiempo atrás- acabara regresando con él así fuere solo por lástima u obligación.

Mas no contó con que la Hinata que había vuelto a ver en Konoha era otra, una muy distinta y cambiada a la imagen débil que proyectaba en Akai Mizu zen do de ser siempre a quien debía proteger y cuidar, a una peleadora más prudente y segura de si misma. Sabía a la perfección el motivo de ese cambio, el surgimiento de una llama alentadora digna de admiración, y a quien aún siendo su amigo le había guardado rencor y celos por tener ahora lo que él había dejado ir. Tanto había cuidado a su empresa a costa del autocompadecimiento que se tenía por el rompimiento de su relación, que ahora, una vez vista Hinata perdida por completo parecía ya no importarle ganar o no dinero ampliando las fronteras de su inversión.

Si bien era el descubrimiento del siglo en economía por ser un empresario exitoso a tan temprana edad, ahora, por una mujer, se vería la caída de una estrella produciendo lástima a cualquiera cuyos ojos se posaran en él.

De tenerlo todo pasaría a acabar en la nada. Sin su empresa y sin Hinata.

Sosteniendo con dificultad las imágenes de Hinata entrenando en la plataforma de clavados arduamente con el traje de baño negro del internado cuando estaban en la misma escuela y aún eran pareja, Gaara se dejo guiar hacia el edificio de la piscina techada entrando por la puerta de servicio que misteriosamente también estaba abierta, para descansar un rato en las gradas mientras los reflejos del agua cristalina de abajo se proyectaba en el techo y en diversos puntos por igual debido a la luz que entraba por los ventanales en los que la luna, ya en pos de la apareciente noche, llegaba a alumbrar.

Se quedó ahí largo rato hasta que decidió marcharse por fin, mas cuando bajaba las escaleras para salir escuchando voces y pasos veloces se vio en la necesidad de ocultarse entre la penumbra de debajo de las gradas espiando inconscientemente a quienes se aproximaban.

La puerta se abrió de súbito y entraron entre corriendo y fingiendo, dos figuras altas riendo alegre y juguetonamente. Esa risa, ese tono de voz lo reconocía, y al voltear pudo confirmar que se trataba nada más y nada menos que de Naruto y Hinata los que estaban persiguiéndose junto a la piscina abrazándose y compartiendo miradas intensas y tenaces ante los brillos del líquido a un lado suyo y el aroma a cloro respirable en el aire.

Se abrazaron posando las manos entrelazadas en la espalda baja del otro haciendo una cadena de solo dos eslabones. Ella venia descalza, había llevado los tacones en una mano, pero al pasar por las gradas los había dejado a su paso mientras continuaba con el juego que Naruto y ella habían empezado desde que llegaron robándose caricias y besos de tiernos a calurosos.

Comenzaron besándose limpiamente en la entrada con apenas un roce de labios. Fueron unos pasos más adentro, tomados de la mano y balanceando su unión, cuando Naruto fue el que comenzó empujando levemente a Hinata y que esta respondiera de igual forma hasta el acabar persiguiéndose por el pasillo del edificio de la alberca. Fue él también quien acabó acorralándola en la pared con ambas manos a sus costados para después hundir su cabeza en el ángulo de su clavícula y el hombro depositando leves e incitantes besos húmedos sobre su suave y nívea piel.

Tan solo una mirada, un brillo especial y revelador en sus ojos, y resultó más que obvio que el sentimiento era mutuo. Y en un audaz movimiento Hinata escapó de su cercanía corriendo entre risas y más insinuaciones hacia la alberca seguida de un vano Naruto sintiendo al igual que ella, mientras acortaban la distancia entre sus labios una vez frente a la alberca, como la temperatura de sus cuerpos iba en aumento compaginando sus emociones y alterando el ambiente que los rodeaba.

El simple contacto de sus labios los hizo profundizar más el beso que se daban mientras las palabras no sonoras de sus voces solo lograban producir alguno que otro gemido apagado y contrastado por la respiración agitada de ambos.

Nada, absolutamente nada, los haría percatarse ni llegar a imaginar por consiguiente, la presencia de Gaara oculto entre los asientos viendo con atisbo el réquiem de su final tocando fondo con esa única escena.

Los dos habían bajado el ritmo, cortando su apasionado beso para recuperar el aliento mientras mantenían juntas sus frentes y tenían la vista perdida en pensamientos mutuos, justo antes de que Naruto comenzara a besabrochar de la espalda el vestido de la morena bajando lentamente su vestido azul brillante por sus delineados hombros, deteniéndose en estos para sentir entre sus manos lo terso de su piel a lo que ella respondía segundos después desabrochando los botones de su camisa, tomándolo con tranquilidad de las solapas detallando cada contraste de sombras en su varonil cuello y torso.

Se miraron nuevamente, buscando con los ojos los del otro. Observándose de la misma manera, para recordar una y otra vez los sentimientos que los llevaban a palpar el arder de sus cuerpos con ímpetu en su semblante, dejándose llevar por el torbellino de reacciones que los movía a ambos.

Posteriormente para Gaara, lo demás fue demasiado nublado, quizá por que incluso llegó hasta él el calor de ambos fundiéndose a la vez, desde que estaban desnudándose bajo la luz de la luna, hasta cuando estaban nadando en el agua templada de la piscina con el movimiento rítmico de las caderas de Hinata rodeando a Naruto de la cintura con las piernas mientras el la apretaba cada vez más hacia si para llegar los dos juntos cada vez más profundo con cada penetración en medio de gruñidos y gemidos de placer, sin voz, con la mente perdida en la lujuria y el vigor de su energía recorrer cada fibra de su ser con una descarga eléctrica indescriptible mientras hacían el amor como dos amantes ocultos de la gente, vertiendo sus ansias de cercanía por calor humano e innegable atracción que se tenían.

Ante la impotencia, renegado entre las sobras e imposibilitado de moverse y poder escapar de ahí sin dar signos de su presencia, Gaara reprimía su furia e impotencia mordiéndose un puño con fuerza deseando no estar ahí o no haber existido nunca, pero siempre señalando todo a la misma dirección para culpar y culpar en un círculo vicioso interminable: Hinata.

Su vida hubiera sido más apacible y tranquila si no la hubiera conocido. Así se hubiera ahorrado todo ese sufrimiento innecesario con el cual se martirizaba aún más y más atrozmente.

No lo soportó más, y, corriendo sin ser notado por la pareja de la piscina al seguir deshaciéndose unidos en cuerpo y alma, tomó rumbo a la salida con la voz cortada de Hinata envuelta en placer sexual, sintiendo el amor a flor de piel, clavado en la mente como el más filoso y cortante cuchillo atravesándolo. Se tragó sus lágrimas y su propia ingenuidad en su carrera, no quería mirar atrás, no quería pensar en ella, no quería volver a ponerla en su cabeza. Tenía que olvidarla, olvidarla por completo. Borrarla de su mente y también de su corazón para siempre.

*8*8*8*

-¿Te veré mañana?- preguntaba bastante entretenido admirando a Hinata aún abrazado a ella en el pórtico de la mansión Hyuuga, más allá de la reja en donde ambos se estaban despidiendo. Ella solo asintió con el cabello aún despidiendo el aroma a cloro, algo mojado.

-Te invito a ver una película- sonrió infantilmente mientras Naruto la besaba en la mejilla.

-Esta dicho- se fue separando aún cuando no tenía ganas de alejarse, pero tenían que admitir que ya era bastante tarde para haber sido un día tan ajetreado y emocionante como el que habían vivido ese sábado. –Yo te marco- bajo el primer escalon de las escaleras caminando hacia atrás aún pendiente de la figura de su novia diciendo adiós a lo que hizo un ademán con la mano como si tuviera un teléfono junto al oído.

Y una vez Hinata vio a su novio virar completamente y bajar por las escaleras, entro a la mansión sigilosamente con pasos sutiles, subiendo las escaleras centrales hasta su habitación.

Se percató, para su mala suerte, que la carta de la cual había charlado con Tsunade ese día en la oficina de la directora estaba todavía en su tocador pacientemente a que fuera ella la que la volviera a leer. Sin embargo muy al contrario a lo que podría haber hecho inicialmente, la ojiblanca dejo caer los hombros suspirando con una sonrisa tenue dibujada en su rostro para después seguir su camino como si no la hubiere visto.

-Pianista...- rio con algo de mofa por si misma antes de tocar su cuello sintiendo una de tantas marcas Naruto le había hecho sobre la piel y que de seguro al día siguiente tendría que ocultar de Neji –No lo creo...- exhaló complacida por los pensamientos y sensaciones que surcaban por ella en ese intervalo de tiempo. Estaba demasiado conforme con su vida como para querer cambiar algo.

Tal parecía ese día se había olvidado por completo de todo lo que la atormentaba constantemente como pecados al criminal arrepentido. El universo no tardaría en volver a apalearla...

*8*8*8*

Caminando en paz con la vida y campante de todo y por todo, Naruto sacó las llaves de su bolsillo para abrir la puerta de su apartamento tranquilamente sin esperarse encontrar con la reunión más inesperada de todas, y menos a esa hora.

La luz estaba encendida en la estancia, y un particular aroma a lima desde el interior hizo que sus entrañas dieran un respingo ante la inevitable vista de aquel particular personaje de cabello cano sentado en el sillón de la sala, de espaldas a él, leyendo un libro al parecer.

-¿Pero qué horas son estas de llegar Naruto?- escuchó clavándosele los pies al piso por la impresión, y caminando hacía la trayectoria de la voz después.

No había duda alguna. Era su padrino.

-¡¿Ero sennin?...-


Oh bueno, si quieren algo fuerte en el lemon deberán esperar, a penas estoy calentando para los siguientes capítulos... TuT

Que fortuna estar de vuelta *u*