Lo bueno de las inyecciones cuando me enfermo es que no estoy postrada en la cama... aunque si pegada a la computadora aunque solo sea por unas horas, pues digamos que aún tengo trabajo y va para largo. Pero sigo escribiendo tut
Asumo que con lo que sigue en la historia van a querer herirme a punta de pistola por lo controversial e intenso de las cosas, pero así tiene que ser... No, respiren, se verá en los siguientes capítulos, así que ahora las cosas estan light... por ahora, solo por ahora...
-¡¿Ero sennin?- gritó desconcertado. Era la imagen del hombre a que respetaba -y a la vez criticaba- por ser quien era, alguien con éxito que había conocido a sus padres y que lo trataba como a un hijo, la que estaba dibujándosele a unos cuantos metros en la sala, y que en esos últimos meses había abandonado desentiéndose de él y haciéndose un rencor bastante silente muy en su interior.
Era hora de enfrentarlo y desecharlo.
Konoha Gakuen:
Los caminos de la vida en Naruto
-Baja la voz, ya no son horas para estar haciendo escándalo en el edificio- caminó hacia detrás de él para cerrar la puerta en su lugar.
-Tu… ¿De verdad estas aquí?- toco la piel del brazo de su padrino con recelo usando solamente la punta de su dedo índice, estaba incrédulo a admitir que realmente se trataba de él, por lo menos en primera instancia.
-Ha… Naruto…- se le quedó viendo extraño Jiraya el sentir como pellizcaba su brazo cual cliente que verifica todas partes de la mercancía que va adquirir – ¿Te molestaría dejar de hacer eso? Es un poco incómodo…-
-¿Incómodo…?- llegó a sonar inocente su voz ante el comentario del abuelo -¡Incómodo!- le lanzó un puñetazo imprevisto y que Jiraya no pudo evitar dándole en el pómulo y desequilibrándolo, aunque el siguiente que lanzara sí.
Capítulo 38: Aperitivo del destino
-¿Qué rayos crees que haces?- sujetaba con la mano el puño cerrado de su carismático y extraño ahijado con asombro.
- ¿Y todavía lo preguntas?- Naruto lanzó otro puñetazo con la mano que le quedaba libre, pero de igual forma fue detenido por su maestro. –Noviembre. Diciembre- comenzó a lanzar un golpe por cada mes que decía, pero ninguno asestaba – Enero. Marzo. Abril ¡Mayo!...- fue su último error -Debería darte una paliza diaria durante toda una semana para perdonarte!- se liberó del las manos de su maestro para dedicarle esta vez una patada, aunque cerca de llegar a su objetivo el antebrazo de Jiraya lo detuvo.
-Tal parece decidiste dejar las artes marciales permanentemente para dedicarte a los clavados- lo tiró al piso después de haberle hecho una llave que lo desplomara. –No te culpo si con eso quieres demostrar algo…-
Naruto sintió una puñalada muy profunda con eso. Su quijada se inmovilizó ante el crujir de su garganta.
-No quiero tu dinero, ni el de mi padre tampoco…- sentencio con recelo e ira ante los impactados ojos de Jiraya por sus palabras. Aquello que tanto había guardado y juraba no sentir era en realidad una huella inevitable así como imposible de borrar…
-Naruto…- se congrego en las sombras cuando en ese preciso momento se iba la luz en toda la zona dejándolos a merced del brillo de la luna entrando por los enormes ventanales del departamento para iluminarlos.
-No los necesito a ninguno de los dos…- clavó los ojos en el suelo tirado en la alfombra de la sala y recargado en el sofá del lugar. En su pierna doblada recargaba su muñeca y en ella recogía su rubia cabellera alborotada. El anciano solo pudo sentarse en el suelo también justo en frente de su ahijado y autodenominado nieto en un intento de consuelo para él, pero era irreal tratar de quitarle la idea de la cabeza si desde hacía años se culpaba por haber llamado a su padre para que llegara temprano a casa siendo esta la causa que lo llevaría a morir pisando la calle.
De ahí provenía su deseo de independencia y rencor precisamente, pero a la vez siendo ira y culpa por si mismo.
-Lo siento- se escuchó la voz de Jiraya después de la horrible tensión y el frio silencio que estaba consumiéndolo todo. Sabía como se sentía su nieto y quería hacerlo sentir mejor cuando la culpa tocaba a las puertas de su alma, solo que no todas las veces podía evitarlo…
Naruto prefirió guardar su voz para si sin soltar palabra alguna. Algunas veces no se sabe como pedir disculpas ni tampoco como recibirlas, así que acabó desestresándose y retomando su personalidad normal aunque fuere muy lentamente.
-Estamos a mano- declaró. No todas las veces hablaba de su padre en esa forma, pero estar con el hombre que lo cuidó y procuró toda su vida hasta apoyarlo en su matrimonio con Kushina y con él al morir ambos, sentía una extensa culpabilidad en los huesos.
-Esta bien, yo fui el que se la paso ausente todo este tiempo- sonrió levemente algo más calmado. Conocía a Naruto desde que estaba en pañales y balbuceaba palabras incoherentes, en esos momentos no había persona familiar más cercana a él que se sintiera tan orgulloso a como lo estaba Jiraya. Aunque quizas, tal vez, Tsunade sí. El pequeño que había acogido en sus brazos huérfano de ambos padres se había convertido en hombre.
-También te agradezco los boletos de la premier en enero- habló sin pensar.
-Si… no hay problema…- recordó, habían sido muchas las cosas que le había mandado a Naruto desde su viaje. Esa, resultaba ser solamente una nimiedad. -Bueno, entonces lleguemos a lo de envergadura de una buena vez- retomó la palabra segundos después. -¿Conseguiste la entrevista para la universidad?- preguntó ya de mejores ánimos.
Naruto sonrió sinceramente apartándose la pesadumbre.
-¿Tu que crees?- exclamó triunfante. –El próximo sábado es mi cita con el rector del plantel-
-Deberás lucir formal… pero también debes recordar no dejar de ser humilde ¿De acuerdo?- el rubio se sintió desorientado.
-¿De cuando acá me he sentido engreído alguna vez? No soy el teme de Sasuke…- reclamó infantilmente.
La macabra, perversa y saciada mueca de Jiraya era abrumadora. Y como respuesta el Uzumaki no supo que pensar de ella. Con una sola frase de Jiraya se podía cambiar del más pésimo y negativo humor a la más vergonzante y promiscua situación en la mente y en la realidad, y esa no iba a ser la excepción.
-Por lo visto no te gusta presumir el que tengas la mayor de las suertes en la Konoha Gakuen… - llegó a poner ojos de fantasía erótica ante un indignado Naruto que se paraba como rayo solo al verlo.
-¿De que rayos estas hablando?- replicó altanero con la boca hecha un ovillo de molestia.
-Oh vamos, no te desentiendas de mí- se paro de igual modo pero con pereza, casi como si la cara de pervertido que se cargaba pesara de más para su cuello. Y antes de que Naruto volviera a reclamarle para que hablara sin más rodeos, Jiraya se explicó a la perfección: -¿Cuanto tiempo tarda un moretón en marcársete en la piel?- se acercó a él halándole el cuello de la camisa y mirándolo con suma indiscreción y vicio.
-Hey…- se soltó de él entre asustado, nervioso y obviamente sonrojado por lo que acababa de deducir su padrino.
-Tal parece que la chica con la que te estás acostando tiene talento para estas cosas…- se burló en su cara haciendo que el ya de por sí avergonzado Naruto se pusiera a echar humo por la cabeza.
-¡Pero que carajos dices!- le gritó, pero el hombre al que se dirigía había desparecido de ahí corriendo a los estantes del segundo piso para mirar todas las portadas de los libros eróticos que tenía en su colección y otros tantos que eran las primeras ediciones de los que había escrito también. -¡No me dejes hablando solo!- escuchó los reclamos de Naruto en el piso de abajo desde el barandal.
-No lo estoy haciendo- se explicó dándole la espalda. –Solo quiero ver de donde sacaste la inspiración para… oh…- descubrió un hueco en el librero sintiendo una enorme satisfacción en su interior una vez hallaba el título del libro que debería estar ahí. Incluso se sintió culpable por achacarle tantos pensamientos e imaginación al rubio colocando la mano entre los libros. El título de aquel escrito resultaba ser muy ligero para todo lo que había pensado de él. - ¿Ángel caído?- lo miro interrogante al voltear -¿Estudiaste Ángel Caído?-
-¿Estudiar?- se interrogó así mismo Naruto. No entendía que quería decir con eso. En un principio, una vez recuperada la situación creyó que todo sería como suave mantequilla resbalando en el pan conforme a su reencuentro, pero ahora Jiraya había metido su cuchara en donde no debía…
-¡Eso ni siquiera es pornografía!- saltó el barandal del pasillo en el segundo piso para aterrizar en la sala y sacudir a su nieto con violencia -¿En que estabas pensando? ¡Te hubiera valido más sacar el kamasutra de la biblioteca pública o comprar una película tres equis para que se te pegara al menos algo!-
-¡¿YO, QUÉ?- se zafó del agarre de Jiraya aún más rojo y enojado.
Recordaba ese libro, antes del primer campeonato de clavados previo a las vacaciones de invierno, lo había leído. Y como Jiraya había asumido, las cosas habían pasado muy similarmente aquella vez en que él y Hinata se habían dejado guiar por la situación y las circunstancias una vez tuvieron el valor para decir sus sentimientos.
-Da lo mismo- resumió Jiraya sacando de la nada libreta y pluma junto a una grabadora mientras se ponía los lentes y se acercaba a Naruto con interés –Comienza a hablar, quiero saber todo con lujo de detalles, tu primera vez, su primer beso, su primera cita, si tu primera vez fue en tu primera cita, si cuando la conociste fue su primera cita y perdiste la virginidad al mismo tiempo, si cuando la viste todo se te fue de las manos, si ella tenía más experiencia que tú o si al contrario le diste clases, si ella era virgen. Todo, absolutamente todo.- escribía a prisa en la libreta frente a un mudo y extremado rubio sin palabras y apenas con un tic visible únicamente en su ojo derecho y en las venas palpitándole en los puños y en la frente. –Si- dejo de escribir antes de que Naruto pudiera articular si quiera un monosílabo –Serán mi nueva inspiración y modelo para mi nuevo gran éxito: ¡Fantasías secretas de una correcta e inocente chica de familia!- gritó con emoción –Aunque lo de inocente es opcional dependiendo de lo que digas…- incluyó mordiendo la tapa de la pluma a la espera de la respuesta del rubio de ojos azules casi catatónico frente a él.
-¡Ella es mi novia pervertido!-. Por segunda vez en la noche, en esa emotiva reunión familiar, Jiraya recibió el puño de su ahijado en la cara.
-Eso no importaaa…- alcanzó a decir antes de caer al suelo. A los golpes estaba más que acostumbrado al acabar recibiendo palizas cada día por las mujeres de la calle y de hecho cualquier parte que se pusiera a acosar.
En cuanto se puso de pie siguió escribiendo.
-El nivel de fuerza con el que me golpeaste fue mejor que el primero, lo que significa que debe haber mucha pasión en su relación como para querer destruir a cualquiera que se atreviera a hablar de ella de forma incorrecta…- anotaba en una sola hoja la palabra pasión subrayándola más de una vez. –Eso significa…- volvió a poner su nociva cara de entrometido. -… que ella es buena en la cama?...-
Eso fue lo último para el rubio y lo que su paciencia podía soportar.
-¡Eso no es de tu incumbencia!- gritó de nuevo dándole tremendo golpe en la coronilla de la cabeza que bien hizo sonar su cráneo fragmentándose. Pero antes de seguir moliéndolo con puños y patadas, se quedo serio y desconcertado al recordar lo que había dicho Jiraya al principio antes de que se irritara y perdiera los estribos.
"Fantasías secretas de una correcta e inocente… chica de familia"...
-¿Cómo sabes tú que ella es una chica de familia?- bajó hasta él mirándolo con incertidumbre -¿La conocías de antes?-
-No exactamente…- se sobaba la cabeza el abuelo.-Esta en boca de cualquier reunión de la alta sociedad Naruto- se puso de pie más serio –La importante primogénita de Hiashi Hyuuga, el más controversial empresario de Tokio, saliendo con un chico problema…- entornó la vista a él viéndolo serio y hasta turbado –Pero creo que el término ahora esta incorrecto ¿no es cierto?- tomó de el asiento del sofá principal de la sala una hoja con una tabla en ella y varios números impresos a computadora y firmada con una pluma tinta fuente azul.
Naruto la tomo entre sus manos percatándose de que esas eran todas sus calificaciones y como constancia estaba firmado por la mismísima directora de la institución.
-Tsunade me hizo llegar todas tus notas desde que comenzó mi viaje- explicó –Creí que te ibas a desplomar, pero cuando pensaba regresar a verte sacaste una calificación perfecta en inglés – rió. –Tengo que admitir que al principio creí que habías comprado a tu maestro, pero Kakashi no acepta sobornos de nadie, así que tenía que ser un factor clave el que te hiciera reaccionar para sacar la escuela adelante-
El rubio se encerró en su propio mundo recordando cada calificación de las que se iba enterando como resultado de sus tutorías con Hinata. La primera vez que la había abrazado había sido cuando había obtenido más de tres calificaciones perfectas en un solo periodo de evaluación y se había dejado llevar por la efusividad cargándola frente a todo el salón. Era por esas fechas en las que apenas estaba empezando a sentirse atraído por la Hyuuga como algo más que solo amigos.
-Vaya… debí haberme despreocupado mucho de ti al no estar siquiera cerca cuando dejaste de lado la inocencia…- siguió mofándose mezclando su característica imprudencia. –El sexo es la mejor cura para todo, incluso para un corazón roto- sonrió descuidado ante otro descolón de su nieto al regresarle la boleta de calificaciones con un golpe en el pecho. Si se iba a poner a hablar de Shion no quería escucharlo, pues Jiraya se había marchado una vez iniciado el último año de preparatoria en la que contando tiempo en la rubia clara había engañado a Naruto ya habían pasado más de dos meses sin novedad ni más alteración para el rubio de ojos azules, el cual no tardó en recuperar la sonrisa de siempre.
-Deja de referirte así de Hinata- dijo misteriosamente pasivo a su padrino, incluso asombrando al mismo. –Ya te dije que es mi novia-.
-Eso ya lo sé- le puso una mano en el hombro con familiaridad –Los vi juntos en el torneo que ganaste… Que bruto eres, casi me dio un paro cardiaco cuando improvisaste…-
Naruto arqueó una ceja.
-¿Cómo sabes que improvisé?-
-¿Qué parte de Tsunade me lo dijo todo estos meses no captas?- le golpeó la frente con le índice mientras la electricidad se restablecía en el edificio y en la comunidad y los dos se desviaban un poco para capatar esto. -Ahora, con respecto a que sea una Hyuuga… Que suerte tienes…- felicitó a un negable ojiazul con una gota de sudor en la cabeza, había una parte negativa en aquello innegable y peligrosa.
-¿Por esto vino al tema la humildad?- retomó lo antes dicho por su padrino.
-Si-.
-No tienes remedio- comenzó a subir las escaleras cansado. Quería dormir lo que quedaba de la noche y madrugada, tal vez llegar hasta la tarde.
-Oye, antes de que te vayas…- lo alcanzó el anciano reacomodándose las gafas desde escalones abajo. –Podrías al menos soltar algún detalle…?-
Naruto negó con la cabeza aturdido por el acoso de Jiraya. Acabó rindiéndose mientras resoplaba con fastidio.
-Fue aquí, en la sala y en mi cuarto cuando quisimos huir juntos, ¿Satisfecho?-
Jiraya se quedó estupefacto, era más de lo que necesitaba saber, así que ni siquiera lo escribió, se le había tatuado en la cabeza.
-Me voy a dormir- resolvió el rubio.
-Aguarda- volvió a intervenir. -¿Estas completamente seguro de lo que haces?- preguntó -El padre de esa chica es de cuidado, hay más que solo rumores con respecto a sus nexos con la mafia…-
-Akatsuki- respondió de inmediato con tranquilidad a pesar de ser un remolino interno al recordarlo todo. Por ese día no habían tocado el tema ni siquiera pensado en ello, pues querían al menos ignorarlo por un rato para no amargarse la vida.
-¿Qué…?-
-Esa es la misteriosa mafia con la que esta envuelto Hiashi-
-N… Naruto…- sintió nervios por primera vez de su nieto –No me digas que esa chica ha hecho de ti…-
-Por supuesto que no- respondió resuelto antes de que terminara su frase Jiraya. –Es precisamente de ellos de quien tenemos que cuidarnos la espalda todo el tiempo-. El alma de Jiraya quería escaparse de su cuerpo.
-De acuerdo- puso ambas manos frente a él con los codos semidoblados y una mirada exorbitante en recelo –Solo responde una cosa, pues se que ya eres lo suficientemente maduro como para saber lo que quieres hacer con tu vida...: ¿de verdad vale la pena arriesgarte tanto al salir con ella?- puso toda la seriedad del mundo que podría caber en su ser para formular esa pregunta en cuestión.
Naruto sonrió de lado a lado de la forma más indómita posible. Solo una era su respuesta.
-Claro que si…- volteó a verlo por última vez antes de dejar a Jiraya perplejo y pensativo en la sala.
-Nunca más lo volveré a dejar solo, nunca más lo volveré a dejar solo, nunca más lo volveré a dejar solo…- repetía su mente una y otra vez. Solo que al conocer a Hinata tiempo después y percatarse de su noble corazón toda la preocupación se vació hacia los tratos peligrosos de su padre y no en ella.
De cierta forma, viéndolos tan felices juntos, recordaba una pareja de jóvenes enamorados en su juventud...
-Kushina va en mi misma escuela Jiraya, la conozco desde hace mucho… es solo que, nunca antes me había atrevido a hablarle…-
*8*8*8*
-¡¿Cómo que te vas?- azotó la puerta de la suite de su hermano menor a su paso con escándalo y alboroto por lo que acababa de decirle en el pasillo del hotel en el que estaba hospedado y al cual había ido a buscarlo.
Gaara por su parte estaba misteriosamente más resuelto y ligero. Parecía haber trasmutado muy en su interior.
-Deja de ser un problema para mí, es lo que he decidido y no tienes por que intervenir en ello- reclamó un pelirrojo de camisa desabrochada y corbata suelta en el cuello mientras sostenía en la mano un trago doble y del otro la botella de su bebida. Estaba caminando hacia el balcón cuando se detuvo a pocos pasos del vidrio de la puerta recargándose en un brazo para pensar mientras veía a la gente diminuta desde el piso en el que estaba. Resultaba ser algo estimulante el ser más alto que toda la gente que estaba tranquilamente paseando por la calle aunque solo fuera en un edificio.
-¿Por qué a solo mes y medio de terminar la escuela?- trató de continuar rebatiéndolo su hermana. Después de haberlo visto refugiarse en el estudio fuera de la escuela, abandonándola por completo, no quería que su hermano acabara cerrando ese capítulo de su vida sin concluir.
-Tan interesada que estas por la vida de los demás y no te dignaste a investigar más sobre mi decisión… eso fue muy descuidado para tu curiosidad delimitada y nata…-
-¿Qué quieres darme a entender con eso exactamente?- Temari se cruzó de brazos algo ofendida. Solo le preocupaban las personas que eran importantes para ella. –Si mientras subía a tu habitación me enteré de toda la clase de mujeres que has traído contigo cada noche e incluso me tomaron como si fuera una de las tipas a las que les pagas para dormir contigo con solamente mencionar tu nombre en la recepción ¿de donde quieres que saque la tranquilidad de dejarte solo por un instante?-
Gaara la miró con desafío. Determinante.
-Es mi vida- acabó por decir. –Y con lo de la escuela puedes andar sin cuidado, acabé el año a título con un examen general de cada materia el viernes pasado, así que mañana mismo me voy a Europa- sonrió de medio lado al provocar el desconcierto en su hermana con lo que había dicho –Voy a viajar por el mundo- admitió por fin. Temari se había quedado anonada.
-Pero… Gaara…-
-Yo fui el que le propuso viajar por el mundo sabes…- cambió de inmediato su postura mirando hacia el cielo desde la ventana, estaba limpio y soleado. Su hermana permaneció quieta, atenta, escuchándolo. Eran pocas las veces que su hermano menor se abría con ella, y siendo esa una de esas escasas ocasiones no quiso desperdiciarla siendo necia.
-Tan solo me gustaría, por lo menos, aunque solo fuere una vez en la vida, saber que pasa exactamente por tu cabeza Gaara…-
–De cierta forma quería atarla a mí para que me siguiera- sirvió su trago nuevamente. – Tantos sitios a los que viajé durante años… y nunca visité nada de lo que quería ver… -bebió, mirando con detenimiento el líquido dentro de su copa después. –Londres, París, el Cairo, incluso Hawai. Todo eran negocios para mí.- regresó la botella a su sitio en el bar. –Me parece que esta vez podré hacerlo. Sin Hinata por supuesto, pues puedo ver que ha encontrado su sitio en este mundo y tiene más de un motivo suficiente como para quedarse, así que ya no quiero fingir más- se inclinó hacia su escritorio viendo los boletos que acababa de comprar en un paquete de vacaciones en donde recorrería el mundo de forma humilde con gente de clase media para conocer más acerca de lo que sus propios clientes querrían del servicio turístico que ofreciere su empresa hotelera y así regresar a la misma con la frente en alto y una revolución total. Miró su boleto de avión con incredulidad, pero después de frustrantes dos segundo una sonrisa por fin pudo dibujarse en su cara.
Temari caminó hasta él notando con desánimo que no podría hacer cambiar de opinión a su hermano, y asumiendo que tal vez esa sería en realidad la mejor cosa que podría hacer para despejar su mente tal y como se lo merecía después de tantos altercados en tan poco tiempo, sonrió por él.
–Te quiero pedir un último favor antes de irme- alcanzó su estilográfica en el escritorio para escribir. La tinta china de la misma parecía lograr formas elocuentes y bellas por si sola. Le extendió un sobre a la rubia poco después. – ¿Podrías hacer llegar esto a quien debe recibirlo?-
La chica de coletas tomó la carta entre sus manos una vez su hermano hubo sellado el sobre. Sonrió de nuevo al leer el destinatario con vergüenza por si misma llevándose una mano a la frente.
-Somos muy crueles…- rio fingidamente antes de que todo se volviera polvo en el recuerdo.
Un denso y difícil polvo…
-Los voy a extrañar a ambos…-
*8*8*8*
-¡Itachi saaan!- agitaba con rapidez su mano en un cordial y entusiasta saludo para darle la bienvenida al pelinegro mientras bajaba de su avión, la divisiva y regresaba el gesto con un simple movimiento junto a su cabello.
Ese día Hiashi y Fugaku, acompañados por Hinata y Sasuke obviamente, fueron al aeropuerto para recibir a Itachi y a su socio directamente de Los Angeles. La tan esperada frenta entre los Uchiha y los Hyuuga estaba al tope, solo aquel acuerdo les entregaría el poder absoluto del bajo mundo como la segunda fuerza en la mafia más poderosa de todo oriente. Solo tenían que estar juntos legalmente Itachi y Hinata. Solo eso.
Aunque para las oscuras intenciones de Madara Hiashi y Hinata parecían no ser tan importantes después de todo. No si ya había hecho planes con Danzo maquiavélicamente para ser él el único jefe y señor por encima de todas las cosas.
Adentro del aeropuerto, con una mirada distinta y volteando repentinamente a las líneas de aterrizaje, un pelirrojo de ojos aguamarina rodeados de negro y un particular tatuaje en la frente, descubría a una pelinegra a varios metros descendientes lejos de él.
-Hinata…-
-Ya voy…- decía una dulce y tierna voz lejos de los hombres a los que estaba acompañando en el aeropuerto. Nunca podría imaginar que pasando precisamente por las puertas de los baños del restaurante en el que Itachi se había atrevido a comprarle un cono de helado a Hinata, ella misma se toparía con el pelirrojo de su pasado saliendo del baño de hombres.
Su cabello volando al aire libre en oscuros mechones delgados y ligeros pareció acomodarse en su espalda en cascada ondulante al parar en seco cuando se percató de su presencia ahí mismo también. Gaara había ido a lavarse las manos antes de abordar su vuelo, pues ya era hora de irse y había sentido la necesidad de querer regalarse un poco de tranquilidad empapándose la cara antes de que comenzara la senda que el había elegido desde hacía mucho antes, incluso de conocer a Hinata, como su camino en la vida.
Iba precisamente recogiéndose su rojizo cabello al habérsele humedecido un poco cuando la noto en la entrada del pasillo deteniéndose estupefacta al verlo y murmurando su nombre casi sin voz, y, por lo que la luz podía revelar, algunas lágrimas inevitables asomándose por su mirar.
Se sintió culpable, no había evitado la rigidez de sus músculos al verla, era quien menos había esperado encontrarse en el aeropuerto el día en que iba a irse, y si bien la había visto entre las pistas de aterrizaje recibiendo a un invitado en un jet privado, no se le cruzo por la cabeza el encontrarla ni topársela en el camino.
-Hinata…- sintió el recuerdo regresar de su elaborada mentira regresar. Sabía que no podía actuar como si la conociera, pero no significaba que no podía actuar como si no quisiera conocerla.
En un intento de huir, Hinata bajó la mirada tratando de ocultarse mientras le rogaba a la tierra que la tragara, pero antes de poder caminar un solo paso, Gaara acabó acercándose tanto a ella que entre sus rostros no quedaban más que cinco centímetros de distancia. Y por más que su primera reacción hubiese sido sonrojarse hasta el tope por su cercanía, tan solo un tímido rojo se poso de sus mejillas ante una mueca de tristeza hasta para Gaara por ver entre la profundidad de sus ojos y sus brillantes lágrimas próximas a salir todo el pasado que un primer amor de colegiales había dejado huella en ellos.
-Eres la chica del hospital- guardó todo el sufrimiento bajo llave sabiéndose libre incoherentemente, así que comenzó a fingir de nuevo la anmesia con la que quería ponerla en jaque aún si el mismo destruía a su rey en un juego que ya no quería jugar.
Hinata por su parte cerró los ojos con fuerza al verse acorralada en la pared por el pelirrojo al poner un brazo en la pared impidiéndole salir corriendo como bien le urgía hacer, pero con la notoria condición de que sus piernas no respondían. Atestiguar como Gaara trataba de indagar sobre ella era la prueba fidedigna de que no recordaba nada, y mucho menos tratando de conquistarla de la forma en como estaba tratando… según ella.
-¿Te importaría responderme solamente una pregunta?- preguntó el tratando de retenerse, pero acercársele tanto resultaba una carga demasiado pesada de sobrellevar sin sentirse aturdido por el rostro de a quien tanto había amado en el ayer pero que ahora olvidaba pedazo a pedazo, y solo uno más faltaba.
Hinata asintió con la cabeza llevándose una mano a la boca mientras las lágrimas se le salían sin tener más fuerza para retenerlas. Gaara tomo su mano con precisión, siendo esa su última y definitiva despedida para tomar valor en lo que iba a preguntarle, pues no sería su respuesta, sino su tono, lo que dijera absolutamente todo para él.
-¿Que tanto me conocías antes de que perdiera la memoria?- sujeto su mano sintiendo incluso como se helaba su piel por lo que acababa de formularle.
La cabeza la taladraba con tantas cosas, la verdad, la mentira y la realidad.
Gaara, el primer chico que había amado en su vida y con el cual había pasado años enteros en una larga y romántica relación era ahora parte de un ayer que dolía recordar, pero a la vez que había superado.
Él por su parte tenía en su memoria la vez en que ambos habían huido de Sasori y Deidara en una pelea entre mafias por el territorio en plena victoria de Naruto al haberle ganado a un yakuza en una carrera de autos.
-Te pido perdón por herirte tanto al amar a Naruto…- le había dicho antes de que su accidente pasara al haberla arriesgado tanto en una carrera contra el tiempo y la vida con los de Akatsuki.
Ese día se había despedido de ella, pero al despertar, en otro tiempo y con la convicción alterada al salir de coma habiendo tenido sueños involuntarios, el querer al menos buscar las sobras de algo ya sin cuerpo lo llevó a sufrir el último golpe bajo al descubrir a Hinata entregándose al hombre que amaba y el cual se había ganado su corazón de forma limpia. Así fue como se abrió en él la primera grieta a su libertad sin que el así lo planeara o hubiere asumido de buenas a primeras.
Solo quería ver ese día, teniéndola frente a frente, si ella también era capaz de olvidarlo todo como si el no hubiera estado en Tokio nunca a pesar de todo lo que había pasado…
Y ella tenía un respuesta.
-No lo suficiente como para responderte si quisieras preguntarme algo más- bajó la mirada después de mirarlo a los ojos con determinación. Eso era todo, la respuesta correcta y el tono perfecto. No necesitaba más, y ya podría dejar de actuar para por fin despedirse sin decir ya nada.
Tomo su mano nuevamente y la observó mientras suspiraba para devolvérsela.
-Entonces espero que seas feliz- sonrió. Hinata se sintió impávida ante las palabras del pelirrojo, pues con un solo ademan de la mano se despidió de ella mochila al hombro saliendo del establecimiento para ir a abordar su vuelo al escuchar por el altavoz el llamado a los pasajeros. –Cuídate- Fue la última palabra que recibió de él.
Sus lágrimas se secaron sin razón aparente, también se sentía libre a pesar de no saber la verdad acerca de la mentira de Gaara, pero eso resultaba ser lo mejor. Así podía mantenerlo en su recuerdo como un bello ayer sin recelo ni rencor ni mucho menos frustración, pues amaba a alguien más y no planeaba dejarlo.
Aún así poder asumir todo aquello de golpe no le iba a ser tan fácil, y caminando de regreso al lado de su padre y los demás, comenzó a marchársele la nitidez de la vista.
-¿Hinata?- la vio acercarse Sasuke con pasos pesados y mirada perdida, no le fue difícil descubrirle en la cara el que había llorado, y a Neji tampoco.
-¡Hinata!- la atrapó Itachi adelantándosele a todos a captarla en el aire en el instante justo en que ella se desvanecía para caer inconsciente y de rodillas entre los brazos del Uchiha.
Los celos de Sasuke fueron obvios y notorios; la preocupación de Neji, también.
Madara por su parte veía como sus suposiciones acerca de la Hyuuga eran ciertas: su debilidad no le permitiría manejarla ni mucho menos quererla para lo que el deseaba aún si solamente iba a ser esposa de Sasuke una vez matara a Itachi aún si este se la entregaba a su hermano. Pero para lo que sí la necesitaba era para eliminarla, pues el vacío que generara en Sasuke si llegaba a amarlo resultaba ser lo que necesitaba en medida justa y exacta, el punto clave para mantenerlo para siempre en las sombras aún si Itachi si metía en su sus planes para tratar de arruinarlo todo, pues el dolor de Sasuke no tendría límites ni redención.
Solo tenía que morir el corazón de Hinata, perder la fe, su mundo y la tierra bajo sus pies. Y para eso solo faltaban días...
